Postales del otoño en el castañar de Casillas

A finales del mes de noviembre el otoño alcanza las cotas cromáticas más altas en lugares donde lo caduco se tiñe de amarillos, ocres y rojos, componiendo un puzzle desordenado de hojas que llueven al son del viento para cubrir la tierra de hermosos tapices. Cada año por estas fechas me gusta descubrir rincones en los que hacer una ruta fotográfica tras las huellas pictóricas de ese otoño fulgurante y vistoso. De ese modo me escapo con la cámara de fotos y busco paisajes en los que dejarme llevar por el crujir de las hojas secas y así traer conmigo escenarios que, aunque recomendables durante todo el año, tienen en la otoñada su mejor cara. Esta vez, hace apenas un par de días, me fui a conocer el entorno natural de Casillas, un pequeño pueblo de montaña en pleno valle del Tiétar (Ávila) rodeado de castaños centenarios que se ponen de forma elegante sus últimos trajes del año antes de rendirse al frío invierno. Son precisamente sus extensos castañares quienes le dan todo el sentido a una ruta por los senderos de uno de esos otoños dignos de ver y ser fotografiados.

Castañar de Casillas en otoño (Valle del Tiétar, Ávila)

Os propongo una escapada o paseo fotográfico por el castañar de Casillas para que que veáis lo que a uno le espera en la cumbre del otoño. Un paisaje deslumbrante a tan sólo 80 kilómetros de Madrid que deja con la boca abierta. ¿Queréis saber por qué? Adelante, pasad y sentiros cómodos, que comienza el viaje.  Leer artículo completo ➜

Hoja de ruta de un gran viaje en barco por las islas del Caribe (Crucero en Islas del Caribe)

Asomado a cubierta, acompañado por un ejército de alcatraces y gaviotas, el Caribe se desplegaba ante mis ojos con un puzzle de islas en el horizonte. Se sucedían en mi cabeza algunos capítulos de “La isla del tesoro” de Robert Louis Stevenson así como esas muchas historias de galeones, piratas y polizones a bordo surcando fronteras invisibles en busca de libertad y aventuras. Siempre había querido viajar a las islas del Caribe y dejarme llevar por la imaginación que durante mi infancia me impulsó a jugar con viejos mapas y catalejos sin cristal. Y allí estaba, a escasos minutos de desembarcar en una de esas islas dispuestas en un recorrido marcado por pequeños paraísos con playas de palmeras, aguas turquesas, volcanes dormidos, destilerías de ron, sabor a chocolate y ritmos africanos de descendientes de esclavos que ahora enarbolan con orgullo las banderas de diminutas naciones sobre el mar. Pienso, ahora en la vuelta, con todas las emociones de aquella travesía marítima aún en caliente, que mi primer crucero por las islas del Caribe fue fantástico.

San Vicente y las Granadinas (Islas del Caribe en crucero)

Desde Santo Domingo, la ciudad primada de América, disfruté de una ruta cautivadora que me llevó a algunas de las maravillas de las Antillas Menores como Martinica, Barbados, Granada o San Vicente y las Granadinas. Si te apetece seguirme y conocer más sobre lo mucho que pude ver y hacer en las islas del Caribe durante este crucero te animo a que continúes leyendo. ¡Se admiten parches en el ojo y patas de palo!   Leer artículo completo ➜

Pero entonces llegaste tú…

Los templos de Petra tornándose rosas al atardecer y los de Angkor abrazados por la fiereza de la selva. La Navidad en un mercadillo alemán, Bagan desde un globo o ser testigo de cómo una manada de leones caza su almuerzo en el corazón de BotswanaMachu Picchu entre neblinas, un baño en las aguas termales en Karlovy Vary o ese tiro de moneda a la Fontana di Trevi como garantía de un regreso soñado. No puedo compararlos con un segundo a tu lado. Ni tan siquiera amanecer sobre una duna en el Namib o nadar junto a una tortuga en las Galápagos. Nada es comparable al momento en el que tú naciste y a lo que vivo contigo y con tu madre cada día. Y es que llegaste tú y desde entonces mis sueños únicamente los puedo consultar en esos ojos convertidos en mi propio oráculo de Delfos. Sólo pienso en cómo me enternecen tus primeras sonrisas y esa forma en la que tienes de mirarme cuando te echo a la cuna. Ahora para mi todos esos amaneceres increíbles, ese iceberg a medio derretir y esas ruinas del antiguo Egipto las busco y las encuentro en ti, Unai.

Unai

Suena a tópico pero es increíble cómo te cambia la vida cuando sucede algo así. Es como si tu mente se reconstruyera por completo, de los cimientos al tejado y desapareciera por completo la primera persona del singular. Pero entonces llegaste tú y sólo existe lo que vivo junto a vosotros cada día. Leer artículo completo ➜

Oso fotografiado durante nuestro viaje a Alaska en Autocaravana

60 consejos prácticos para viajar a Alaska en autocaravana

Por una carretera solitaria custodiada por paisajes imperiales vamos en busca de la verdadera Alaska, aquella a la que dicen que se trata de la última frontera. Por la ventanilla de la autocaravana contemplamos un reguero infinito montañas con la cúspide siempre blanca, el rigor de grandes glaciares modelando los valles del mañana y extremamos la precaución […]

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Sele en Groenlandia

Abecedario para viajar a Groenlandia: Una experiencia de la A a la Z

Hay viajes que merecen su propio abecedario. Y puedo asegurar que Groenlandia se trata de uno de ellos. Sin lugar a dudas viajar a Groenlandia supuso para mí vivir un recorrido de emociones claramente definidas con consonantes y vocales en las que los fiordos, los frentes glaciares y sus hijos los icebergs, marcaron su territorio […]

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