Collage de paisajes en Madeira

De Madeira podría quedarme con sus espetadas a la brasa en una noche estrellada de verano, con el lomo curvo de una ballena confundiéndose con las olas o con la capacidad de Funchal para reinventarse a sí misma una y otra vez. Pero lo que me hace volverme un entusiasta y absoluto creyente de Ilha da Madeira es la gran cantidad y variedad de paisajes que mutan a cada kilómetro, o más bien a cada paso, dando la impresión de que este barco anclado en el Atlántico se empeñara en crear el collage más hermoso del mundo. La isla acumula tantas tonalidades y relieves que resulta complicado adjetivarlos todos, como si ésta fuese un Arca como el de Noé que en vez de animales salvaguardara bosques de laurisilva, saltos de agua, barrancos imposibles y cuevas de lava petrificada.

Islotes de Ribeira da Janela en Madeira

Sin duda Madeira se trata de una isla pequeña de tamaño pero de corazón verde. Un territorio de la Macaronesia que permite a los viajeros agarrar las nubes con las manos para después deslizarse por ellas con los pies. Porque en un lugar así resulta sencillo perder la perspectiva de si el cielo está encima o debajo de nosotros.  Leer artículo completo ➜

Guía de una ruta en coche por La Mancha en busca de Don Quijote (Parte primera)

Me niego a caer en la tentación de comenzar este escrito con el clásico “en un lugar de La Mancha”, aunque de una forma u otra ya lo haya hecho. Semejante imprecisión nada azarosa tiene tan sólo un dueño, Don Miguel de Cervantes Saavedra, genio de la literatura universal quien se ocupó, sin saberlo, de llevar la lengua castellana a millones de hogares de todo el mundo con el mayor antihéroe de todos los tiempos. Porque La Mancha sería, en sí misma, “ese lugar”, un escenario con horizontes rayando el infinito, ajadas ventas esparcidas en cruces de caminos y siluetas de molinos y castillos medievales recortando atardeceres sin parar. Me considero un apasionado de todo lo que tenga que ver con el caballero de la triste figura y siempre que puedo, salgo en busca de esos paisajes y recodos quijotescos que, sin abundar en topónimos tanto como los estudiosos hubiesen querido, abarcó Cervantes en su obra más exitosa. Pero esta vez quise ponerle un principio y un final y, por eso, durante varios días (cuatro concretamente) llevé a cabo “mi propia ruta de Don Quijote” en tierras manchegas sin más pretensiones que empaparme de una región llena de sorpresas que, por lo pronto, aseguro me acordaré de ella mientras no se me seque el cerebro.

Patio manchego en El Toboso (Ciudad Real, ruta de Don Quijote en coche)

A partir de mi experiencia, de lugares planificados e incluso improvisados, me gustaría compartir con todos vosotros el recuerdo de una ruta en coche por La Mancha en busca de Don Quijote o, más bien, de todos esos parajes, pueblos y monumentos que nos trasladan a esos escenarios que Miguel de Cervantes garabateó con su privilegiada pluma. Concretamente, en este artículo, comentaré lugares visitados en las dos primeras jornadas de viaje, entre Quintanar de la Orden y las Lagunas de Ruidera, como Mota del Cuervo, Belmonte, El Toboso, Campo de Criptana o Argamasilla de AlbaLeer artículo completo ➜

El viaje de la extinción a la esperanza de la gacela Mhorr

En las áridas planicies del Sáhara, en esa parte del norte de África en el que quema la tierra, hacía décadas que no se disfrutaba del elegante salto de una gacela dama (también conocida como gacela Mhorr o Mohor). Tras las guerras, el furtivismo descontrolado y cierta desatención las consideradas como gacelas más grandes del mundo fueron erradicadas de su propio territorio. La labor ardua y arriesgada del naturalista José Antonio Valverde, más conocido por su férrea defensa de Doñana, sirvió para sacar del Sáhara in extremis a once ejemplares, probablemente los últimos, de las garras de la muerte. Era el año 1971, un punto de inflexión para una especie hasta entonces abocada a ser vista únicamente en las hojas de polvorientos libros con fotos de animales desaparecidos por culpa del ser humano. La intención del biólogo ante una extinción inevitable fue poder salvar a un pequeño grupo de gacelas con las que poder trabajar en diversos proyectos de reproducción y así tratar de reintroducirlas en el futuro en su hábitat natural. De ese modo estas auténticas supervivientes fueron llevadas a Almería y de ahí a distintas instituciones y centros de conservación para lograr el arriesgado propósito del profesor Valverde.

Gacelas Mhorr

Durante décadas de un Sáhara sin gacelas Mhorr, los muchos trabajos llevados a cabo con el linaje salvado en el último momento han permitido conseguir en pleno siglo XXI que la palabra “extinta” quizás no resulte definitiva para estos animales. Y es que ya ha visto la luz la reintroducción de las mismas al que siempre fue su hogar.  Leer artículo completo ➜

Guía con 50 consejos prácticos para viajar a Venecia

Se le atribuye al gran Truman Capote una de las mejores frases sobre Venecia que se recuerdan. Dijo el escritor estadounidense que “Venecia es como comerse una caja entera de bombones de licor de una sola vez”. Quizás porque permanezcan amarradas sobre la laguna veneciana demasiadas maravillas juntas, tantas que a algunos empalaga mientras que otros se contagian de manera instantánea […]

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