Látrabjarg, el acantilado de los frailecillos en los Fiordos del Oeste (Islandia)

Siempre me he sentido atrapado emocionalmente por aquellos lugares considerados confines. Umbrales geográficos donde el término del latín Finis terrae alcanza todo su sentido. Durante mi último viaje al norte de Islandia indagué en solitario por la región de los Fiordos del Oeste, un territorio que fusiona el mar con las montañas mientras que permanece casi desconectado con el resto del país. Mi intención no era otra que arribar al extremo más occidental de Islandia, Látrabjarg, no por mero capricho, sino con el objeto de ver y fotografiar frailecillos en el que se considera uno de los mejores acantilados del país para hacerlo, con perdón de Dyrhólaey (en el sur), Borgarfjördur y las islas Vestman. Las horas que requiere llegar hasta este lugar, así como el estado de la carretera en su mayor parte de grava, sigue siendo hoy día una manera eficaz de disuadir a los visitantes. De ahí que no sea un rincón de Islandia demasiado concurrido, lo que ayuda bastante a disfrutar sobremanera de una gran experiencia que os aseguro va más allá de contar con la presencia de estos simpáticos pájaros voladores de picos coloreados a pincel, los cuales cuando vuelan dan la sensación de que fueran aviones con los motores escacharrados.

Frailecillo en Látrabjarg (Fiordos del oeste, Islandia)

Los acantilados de Látrabjarg, así como sus solitarias playas anaranjadas, convierten al límite más meridional de los Fiordos del Oeste en lo más parecido al lienzo de un genio impresionista de finales del XIX. Allí, embelesado por la mejor luz de Islandia, conviví con largas y silenciosas mañanas caminando por la arena, el viento revolviendo algunos libros de viajes que traje en la maleta e intensas tardes de fotografía en compañía de mis queridos frailecillos.  Leer artículo completo ➜

60 consejos prácticos para viajar al Tíbet

¿Qué significa viajar al Tíbet? Son demasiadas cosas en realidad. Caminar por un reino atávico y remoto con los Himalayas como barrera natural, hacer una kora alrededor de un lugar sagrado en compañía de gente apasionada y maravillosa que vive por y para su espiritualidad, asomarse por la ventanilla del tren hacia una llanura salpicada de cientos de yaks y aceptar junto al templo un té con mantequilla de estas vacas peludas aunque tenga el sabor más horrible del mundo. Realizar un viaje al Tíbet representa la posibilidad inequívoca de marcar un antes y un después en tu cuaderno de bitácora vital, como si contemplar las paredes níveas del Monte Everest, ascender por las escaleras del Potala o ver volar miles de banderas de oración de colores junto a un glaciar o un lago salado se convirtiese por un instante en lo único que te importa.

Consejos para viajar al Tíbet

Tras regresar de un sensacional viaje a Tíbet entrando en el tren de las nubes he preparado un escrito de carácter práctico con una recopilación de información que pueda resultar útil a los viajeros y viajeras que tengan interés en embarcarse en una aventura de este tipo. Por medio de anotaciones realizadas durante una intensa y emocionante experiencia en el techo del mundo nace esta lista documentada que agrupa nada menos que 60 consejos para viajar al Tíbet con los que ayudar a poner las bases para cumplir el sueño de toda una vida. Leer artículo completo ➜

Rumbo al norte de Islandia

Hace algunos años, mientras hacía la ruta circular por Islandia en coche, me topé con en el norte del país con un fortísimo temporal de nieve y viento. Lo que en el sur de Islandia había sido muy fácil y soleado, el norte se convirtió en una auténtica pesadilla. Hielo en la carretera, nieve cayendo de manera horizontal, visibilidad reducida en exceso (tanto que pasé por varias cascadas como Goðafoss que sólo pude escuchar y no ver). Hubo un momento que darse la vuelta o continuar era igual de peligroso y me quedé varias veces tirado con el coche, cosa que con ayuda y una pala en el maletero pude ir subsanando. Hasta que no llegué a los fiordos del este, justo poco después de toparme con un grupo de renos que cruzaban el río tan acostumbrados al clima duro islandés, no me sentí a salvo. En ese momento me dije que esa cuenta pendiente me la tenía que cobrar algún día y que volvería, nuevamente en solitario, a cubrir los tramos que me lo habían puesto tan difícil.

Renos en Islandia

Ahora regreso al norte de Islandia para cerrar definitivamente esta aventura. Deseo visitar los Goðafoss, Detifoss, Myvatn, Akureyri y compañía sin el blanco opaco y resbaladizo que tuve delante todo el tiempo. Además aprovecharé a conocer los fiordos del oeste, la península de Snaefellness y, por fin, regresar habiendo sido testigo de una Islandia a todo color, sin haber tenido que depender de la máquina quitanieves para avanzar. ¡Allá voy!  Leer artículo completo ➜

Cannes

Cannes, ciudad con sabor a cine en la Costa Azul

Tener una segunda residencia en Cannes fue durante los años veinte una moda entre los más pudientes de Francia y Reino Unido. El clima, la luz y la belleza del litoral que circunda la privilegiada Riviera francesa resultaban ideales para escapar de los fríos y lluviosos inviernos del norte de Europa. Surgieron villas palaciegas, hoteles de lujo y un paseo mítico: La […]

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Guía de viaje a Santo Tomé y Príncipe (Qué ver y hacer)

Guía de lugares increíbles que ver en un viaje a Santo Tomé y Príncipe

Entre palmeras, baobabs y otros árboles inmensos haciéndole cosquillas al cielo se entremezclan las nubes de un pedacito verde y florido que permanece varado en el Golfo de Guinea. Su nombre, Santo Tomé y Príncipe, un paraíso insular de cacao, vainilla y café donde antes hubiera territorio portugués y que vuela libre desde el año […]

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