Alquerías de Las Hurdes, olvidados reinos de pizarra

La leyenda negra de Las Hurdes de la que nos hablaron Buñuel, Unamuno, Marañón, Legendre, Cela y compañía fue como un puñal de doble filo clavado con cierta saña en esta apartada comarca cacereña. Por un lado sacó a la luz un periodo de miseria y pobreza de un lugar aislado que, por qué no decirlo, no se diferenciaba tanto de muchos sitios de la España de principios del siglo XX. Pero, por el otro, colocó en el mapa para siempre a una zona extremadamente peculiar en la que su autenticidad se convirtió en motivo para mirar hacia delante con orgullo. Las singularidades hurdanas hoy día brillan con luz propia en su verde mar de montañas y de meandros, de jaras en flor y nieblas matutinas, de sabor a miel y a ensalada de limones. Y, por supuesto, a través de esa red de diminutas aldeas conocidas como alquerías en las que sobreviven casas y chozos de pizarra que antaño dieron cobijo a la vida rural de Las Hurdes.

Detalle de la alquería de El Gasco en Las Hurdes

Si bien una visita a las vertiginosas tierras hurdanas suele centrarse en disfrutar de un magnífico entorno natural, hay en las viejas alquerías mucho de lo que Las Hurdes fueron, lejanos micromundos u olvidados reinos de pizarra en los que pudo escasear el pan pero no las ganas de vivir.  Leer artículo completo ➜

Las Hurdes, un viaje de leyenda a todo color

Decía Don Miguel de Unamuno sobre la leyenda negra de Las Hurdes, en la que nunca creyó, que quienes llegan a la comarca “lo hacen para corroborar o para desmentir la leyenda”. Sin duda existen dos posibilidades a la hora de visitar Las Hurdes, seguir con la venda puesta en los ojos y salir a buscar Las Hurdes míseras y extremadamente pobres del documental de Buñuel “Tierra sin pan” de 1932 o caminar con una mirada nueva y sin prejuicios para abandonar definitivamente el blanco y negro y ponerle color a una visita que siempre deja una profunda huella. El sentido mágico y absolutamente legendario de esta comarca del norte de Cáceres se encuentra en su mar de sierras, en perseguir las curvas pronunciadas de sus cinco ríos, en acariciar la pizarra de su peculiarísima arquitectura negra superviviente en pueblos y alquerías o en olfatear brezo y flor de jara para después encontrar la miel en los platos bien generosos que sirven en las tabernas típicas.

Sele en el Meandro de El Melero desde el mirador de La Antigua (Las Hurdes, Cáceres)

Las Hurdes son un viaje de leyenda a todo color, un elogio a una comarca con sabores de antaño que resurge en un entorno natural prodigioso. Su aire a lugar remoto, aunque ahora de fácil acceso, está latente en el empeño de muchos que entramos siendo ignorantes del mundo hurdano y salimos orgullosos de haber encontrado otro paraíso en tierras extremeñas. Sabedores de que hay mucho que ver en Las Hurdes y de que que no hay escapadas suficientes para abarcar este pequeño y particular universo.  Leer artículo completo ➜

Ruta de los molinos de viento en La Mancha, los gigantes de Don Quijote

Los molinos de viento en los que Don Quijote sólo veía “desaforados gigantes” corresponden, sin duda, a la postal más reconocible de La Mancha. Más que un icono que representa a la madre de todas las quijotadas, la silueta de los molinos con sus aspas cercenando la llanura manchega es también un objetivo de muchos viajeros que se dirigen en busca de los tópicos clásicos de una región que llevan imaginando toda la vida. Y en ningún modo se marchan decepcionados. Al contrario, asomarse a los distintos balcones de La Mancha que cuentan con su colección de molinos de viento es una manera muy loable de comenzar un flirteo con aquello que nos mostró Miguel de Cervantes en la novela más universal escrita en castellano.

Molinos de viento en Consuegra (Ruta de Don Quijote en coche)

No son pocos los pueblos de Castilla-La Mancha en los que poder revivir la escena de la más desigual e inútil de las batallas originadas en El Quijote. Tras hacer varios viajes a la región me gustaría proponeros una ruta de los molinos de viento en La Mancha y así conocer de primera mano esos gigantes de brazos largos que aportan lustre a la meseta.  Leer artículo completo ➜

10 razones que inspiran viajar a Madeira

Una pequeña isla portuguesa capaz de atesorar paisajes de muchas partes del mundo, que te hace plantearte si tu vida no sería mejor estando siempre a veintitantos grados entre un tupido y nublado bosque de laurisilva o un acantilado para contemplar cada día un atardecer de película en el océano. Razones como éstas son muchas las que inspiran viajar a Madeira, el corazón de un archipiélago de la Macaronesia primo-hermano de las afortunadas Canarias, así como de Azores o Cabo Verde. Una gota color verde a la deriva en el Atlántico donde ondea con orgullo y desde hace casi seis siglos la bandera portuguesa.

Casas de Santana en Madeira

Porque dando dos pasos cambias de mundo, por su clima privilegiado y su estupenda gastronomía. Por las piscinas naturales más caribeñas en esta parte del planeta. Por esa delicia de casas esparcidas en la montaña que llega hasta el puerto llamada Funchal. Por su red de levadas para perderse en uno y mil trekkings. Si estás buscando razones para viajar a Madeira no tendrás excusa.  Leer artículo completo ➜

El tren de vapor de Yorkshire, un viaje en el tiempo

Si escuchas por primera vez el sonido de una locomotora de vapor cuando el tren está a punto de partir sabes que su melodía nunca se te va a quitar de la cabeza. Hoy día, en la época de los trenes bala japoneses, de los Intercity y el AVE, nos hemos alejado lógicamente de los viejos y estruendosos ferrocarriles a vapor en los que la sala de máquinas olía a carbón y donde la británica Agatha Christie se imaginaba asesinatos a diestro y siniestro. La literatura y, por supuesto, el cine, nos han ayudado a mantener vivo el recuerdo de lo que supuso una revolución en el transporte e incluso nos han situado estos trenes de siempre en contextos clásicos como el lejano oeste, el Orient Express y el corazón de esa Gran Bretaña de las novelas de suspense en cuyos mapas se desligan infinidad de rutas ferroviarias.

Tren de vapor de Whitby a Pickering (Yorkshire, Inglaterra)

Precisamente en Whitby, en la costa de Yorkshire (nordeste de Inglaterra), tuve la oportunidad (y la suerte) de cumplir un sueño que tenía desde niño subiéndome a un tren de vapor de los de antes para adentrarme a los páramos de North York Moors y retroceder en el tiempo a mitad del siglo XIX.  Leer artículo completo ➜

Esperando a Unai, el viaje de nuestra vida

No sé por dónde empezar. Quizás lo mejor sea evitar rodeos e ir directamente al grano. Rebeca y yo estamos esperando un hijo. La nueva del embarazo nos sorprendió en plenas navidades, apenas un par de días antes de la nochevieja. Pero hasta que no ha ido avanzando el asunto nos hemos ido reservando la noticia y la hemos contado a cuentagotas. Primero a la familia, a los amigos, a los compañeros de profesión y ahora aquí, en este blog en el que durante once años llevo compartiendo con todos vosotros no sólo viajes sino sensaciones sobre algunas experiencias vitales. Y esta, por supuesto, lo es.

Arranca de ese modo un recorrido muy largo hacía un lugar del que muchos nos han hablado pero que sólo se comprende cuando es el momento de iniciarlo. Empieza el viaje de nuestra vida. Y el destino, en esta ocasión, es niño y se llamará UnaiLeer artículo completo ➜

Guía de una ruta en coche por La Mancha en busca de Don Quijote (Parte segunda)

Ésta promete ser una segunda parte de la ruta del Don Quijote sin ediciones de Avellaneda ni apócrifos de por medio. Se trata, nada más y nada menos, de una continuación inmediata a las dos primeras jornadas de viaje explicadas en la guía de una ruta en coche por La Mancha en busca de Don Quijote que pudisteis leer hace algunos días en este cuaderno de bitácora. Un viaje que dejamos en plenos dulces sueños en la Venta del Celemín, entre Ossa de Montiel y las Lagunas de Ruidera, y que seguirá escudriñando escenarios como los de las bodas de Camacho en El Bonillo y Munera, lugares monumentales como Villanueva de los Infantes, quienes también buscan postularse como “el lugar de La Mancha”, o auténticas plazas convertidas en teatro (o viceversa) en San Carlos del Valle o Tembleque. En el recorrido aparecen Viso del Marqués, con un palacio renacentista dedicado a Lepanto y otras batallas en la mar, la Venta de Don Quijote en Puerto Lápice y la mejor rúbrica ante los molinos de viento de Consuegra.

Venta de Don Quijote en Puerto Lápice (Ciudad Real)

Como ya comenté entonces, esta guía se trata de una recopilación experiencial de lugares quijotescos, o más bien cervantinos, que representan un territorio como La Mancha por el que bien pudo haber cabalgado la imaginación de un genio llamado Miguel de Cervantes para colocar a los personajes de una novela que ha sido traducida a más idiomas del mundo de los que nos creeríamos incluso que existen.   Leer artículo completo ➜

Collage de paisajes en Madeira

De Madeira podría quedarme con sus espetadas a la brasa en una noche estrellada de verano, con el lomo curvo de una ballena confundiéndose con las olas o con la capacidad de Funchal para reinventarse a sí misma una y otra vez. Pero lo que me hace volverme un entusiasta y absoluto creyente de Ilha da Madeira es la gran cantidad y variedad de paisajes que mutan a cada kilómetro, o más bien a cada paso, dando la impresión de que este barco anclado en el Atlántico se empeñara en crear el collage más hermoso del mundo. La isla acumula tantas tonalidades y relieves que resulta complicado adjetivarlos todos, como si ésta fuese un Arca como el de Noé que en vez de animales salvaguardara bosques de laurisilva, saltos de agua, barrancos imposibles y cuevas de lava petrificada.

Islotes de Ribeira da Janela en Madeira

Sin duda Madeira se trata de una isla pequeña de tamaño pero de corazón verde. Un territorio de la Macaronesia que permite a los viajeros agarrar las nubes con las manos para después deslizarse por ellas con los pies. Porque en un lugar así resulta sencillo perder la perspectiva de si el cielo está encima o debajo de nosotros.  Leer artículo completo ➜

Guía de una ruta en coche por La Mancha en busca de Don Quijote (Parte primera)

Me niego a caer en la tentación de comenzar este escrito con el clásico “en un lugar de La Mancha”, aunque de una forma u otra ya lo haya hecho. Semejante imprecisión nada azarosa tiene tan sólo un dueño, Don Miguel de Cervantes Saavedra, genio de la literatura universal quien se ocupó, sin saberlo, de llevar la lengua castellana a millones de hogares de todo el mundo con el mayor antihéroe de todos los tiempos. Porque La Mancha sería, en sí misma, “ese lugar”, un escenario con horizontes rayando el infinito, ajadas ventas esparcidas en cruces de caminos y siluetas de molinos y castillos medievales recortando atardeceres sin parar. Me considero un apasionado de todo lo que tenga que ver con el caballero de la triste figura y siempre que puedo, salgo en busca de esos paisajes y recodos quijotescos que, sin abundar en topónimos tanto como los estudiosos hubiesen querido, abarcó Cervantes en su obra más exitosa. Pero esta vez quise ponerle un principio y un final y, por eso, durante varios días (cuatro concretamente) llevé a cabo “mi propia ruta de Don Quijote” en tierras manchegas sin más pretensiones que empaparme de una región llena de sorpresas que, por lo pronto, aseguro me acordaré de ella mientras no se me seque el cerebro.

Patio manchego en El Toboso (Ciudad Real, ruta de Don Quijote en coche)

A partir de mi experiencia, de lugares planificados e incluso improvisados, me gustaría compartir con todos vosotros el recuerdo de una ruta en coche por La Mancha en busca de Don Quijote o, más bien, de todos esos parajes, pueblos y monumentos que nos trasladan a esos escenarios que Miguel de Cervantes garabateó con su privilegiada pluma. Concretamente, en este artículo, comentaré lugares visitados en las dos primeras jornadas de viaje, entre Quintanar de la Orden y las Lagunas de Ruidera, como Mota del Cuervo, Belmonte, El Toboso, Campo de Criptana o Argamasilla de AlbaLeer artículo completo ➜

El viaje de la extinción a la esperanza de la gacela Mhorr

En las áridas planicies del Sáhara, en esa parte del norte de África en el que quema la tierra, hacía décadas que no se disfrutaba del elegante salto de una gacela dama (también conocida como gacela Mhorr o Mohor). Tras las guerras, el furtivismo descontrolado y cierta desatención las consideradas como gacelas más grandes del mundo fueron erradicadas de su propio territorio. La labor ardua y arriesgada del naturalista José Antonio Valverde, más conocido por su férrea defensa de Doñana, sirvió para sacar del Sáhara in extremis a once ejemplares, probablemente los últimos, de las garras de la muerte. Era el año 1971, un punto de inflexión para una especie hasta entonces abocada a ser vista únicamente en las hojas de polvorientos libros con fotos de animales desaparecidos por culpa del ser humano. La intención del biólogo ante una extinción inevitable fue poder salvar a un pequeño grupo de gacelas con las que poder trabajar en diversos proyectos de reproducción y así tratar de reintroducirlas en el futuro en su hábitat natural. De ese modo estas auténticas supervivientes fueron llevadas a Almería y de ahí a distintas instituciones y centros de conservación para lograr el arriesgado propósito del profesor Valverde.

Gacelas Mhorr

Durante décadas de un Sáhara sin gacelas Mhorr, los muchos trabajos llevados a cabo con el linaje salvado en el último momento han permitido conseguir en pleno siglo XXI que la palabra “extinta” quizás no resulte definitiva para estos animales. Y es que ya ha visto la luz la reintroducción de las mismas al que siempre fue su hogar.  Leer artículo completo ➜

Carta desde Madeira, el paraíso templado

Estimado lector. Hace ya mucho tiempo alguien me habló de un lugar de Portugal que le había llegado al corazón. Contaba que en pleno océano Atlántico se desenvolvía entre nubes y silencio un archipiélago de la Macaronesia tan hermano de las islas Canarias como de las Azores o Cabo Verde. Su nombre era Madeira, dicho de manera muy castellanizada, enfatizando una i latina que los portugueses apenas sugieren al pronunciar. Precisamente desde un balcón de Funchal, su capital, donde sólo escucho el mar meciéndose a mis espaldas, preparo unas palabras para contarte esta vez yo a ti que a una distancia 500 kilómetros de las costas africanas al oeste y de Tenerife al sur, así como a 800 kilómetros de Lisboa, surge una maraña volcánica poblada de acantilados afilados, con cascadas y kilométricas levadas fluyendo por doquier. Un toque de varios verdes que consiguen los intensos refugios de laurisilva que atesora este lugar, una selva templada y nubosa que desprende deliciosos aromas naturales.

Piscinas naturales de Porto Moniz (Madeira)

Algunos dicen que Madeira es la eterna primavera convertida en archipiélago. Otros, refiriéndose sólo a la ilha principal, la definen como la perla portuguesa en el Atlántico. Permíteme, querido lector y querida lectora, que en esta breve carta te narre lo que he encontrado yo en este pequeño y tranquilo paraíso.  Leer artículo completo ➜