El instante viajero XX: Lecciones de fe en Shangri-La

Niños monjes (budistas) en el gran monasterio de Songzanlin de Shangri-La (Yunnan, China)

Aquella mañana en Shangri-La llovía con cierta saña. Las nubes bien agarradas a las montañas que rodean este utópico enclave tibetano de Yunnan se ocupaban de acallar el color de los bosques otoñales y las praderas inmensas donde pastaban los yaks. Sobre todas las cosas destacaba un único elemento que no había cedido un ápice de su fulgor y luchaba contra la monotonía gris que acarreaba el temporal. Se trataba del monasterio de Songzanlin, conocido en China como el pequeño Potala por su parecido con el gran símbolo de Lhasa, al que se considera la máxima expresión que existe en la arquitectura tibetana. De hecho ambos son coetáneos (Siglo XVII) y están emparentados más allá de sus formas, sus murallas blancas y las estupas que sobresalen en estos inmensos lamasterios.

Shangri-La hace referencia a “Horizontes perdidos”, la obra de James Hilton, con el que se narraban los condimentos de una sociedad perfecta y espiritual en un antiguo monasterio budista. No cabe duda de que su mente había viajado hasta Songzanlin como nosotros aquella mañana de lluvia.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XIX: Viajar con ella

Rebeca en Khor Virap (Armenia)

Generalmente en esta sección titulada El instante viajero trato de congelar momentos, y diseccionar escenas o lugares asombrosos. Hoy, prefiero dedicar la imagen y las palabras a una breve reflexión que tenía ganas de hacer sobre alguien que me hace feliz cada día. Y sí, hoy me he levantado sentimental. En la fotografía que podéis ver más arriba aparece mi mujer, Rebeca, subiendo un pequeño cerro en Armenia para poder disfrutar de la mejores vistas del monasterio de Khor Virap y el Monte Ararat. Este viaje a Armenia que hicimos juntos el último verano (y cuya ruta continuó después en Georgia) nos llevó a conocer lugares legendarios a los que ambos llevábamos mucho tiempo queriendo ir. Para mí este momento, este instante congelado, trata más bien del “quién” que de el “qué”. Porque la persona que sube alegre por las piedras es la misma con la que querría estar viajando siempre, la única capaz de dibujarme una sonrisa en esas ocasiones en las reír sea quizás la última de mis apetencias. Y porque recorrer el mundo con ella me enseñó que, al final, lo más bonito de esto a lo que llamamos viajar, es precisamente compartirlo con quien deseas estar toda la vida.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XVIII: Amanecer extraterrestre en Uyuni

Amanecer en el Salar de Uyuni (Bolivia)

Aquella mañana no es que hiciera frío. Más bien parecía que el mundo entero estuviese hibernando a casi cuatro mil metros de altura. Con el cielo aún oscuro un viento más gélido imposible se ocupaba de segar la poca piel que no habíamos sido prudentes de mantener a cubierto. Nunca había deseado con tantas ganas la llegada del amanecer. Pero la motivación que teníamos por delante justificaba de manera sobrada aquella espera que se hacía eterna. Porque en el instante en que comenzaron a asomarse las primeras luces del alba, del invierno pasamos a un verano de ánimos, de palpitaciones incontrolables. El paisaje que teníamos frente a nosotros correspondía a lo que nos habían contado del Salar de Uyuni, el desierto blanco de Bolivia, que a esas horas teñía sus siluetas con tonalidades fucsias, azules y violetas las cuales se mecían sinuosas en un gran horizonte de agua, cielo y salLeer artículo completo ➜

El instante viajero XVII: Una noche en Mashhad

Santuario de Imán Reza en Mashhad (Irán)

Mashhad alberga el Santuario de Imam Reza y su tumba. El que fuera el octavo imam o sucesor de Mahoma para la rama chiíta del Islam, murió envenenado precisamente en la ciudad persa allá por el siglo IX de nuestra Era. Y su culto se refleja en uno de los complejos religiosos más inmensos del mundo musulmán. De hecho el de Mashhad se trata de “La Meca” de Persia, un lugar al que los iraníes deben peregrinar al menos una vez en la vida puesto que está establecido como el monumento más sagrado del chiísimo en este país. Y eso en Irán, os lo aseguro, es decir mucho.

Nunca olvidaré aquella noche en el Santuario de Imam Reza en Mashhad, esa conjunción de fervor, lágrimas y oro en el que miles de personas rezaban a la vez. Y lloraban. Familias enteras buscaban aquel momento como si fuera el mejor de sus vidas, el definitivo. Los altavoces propagaban los versos del Corán, que se colaban en las rendijas, en las cúpulas persas y en cada uno de los azulejos que decoraban uno de los escenarios más bellos y, a su vez, más significativos de cuantos se pueden visitar en un viaje a Irán hoy día. También se colaban en los ojos vidriosos de los fieles, los verdaderos protagonistas de un rincón lleno de instantes emocionantes.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XVI: La mirada de los moáis

Moáis de Isla de Pascua

Hay que ver lo que cuesta sostenerle la mirada a un moái. Cuando te sientas frente a un grupo numeroso en el altar más impresionante de Isla de Pascua, Ahu Tongariki, con el océano a sus espaldas y a miles de kilómetros las costas chilenas, te das cuenta de que allí únicamente mandan ellos. Los moáis elaborados con piedra volcánica arrancada al Rano Raraku parecen recrear la figura de los ancestros de una aldea o tribu determinada. A pesar de que la isla es bien pequeña, había diversos grupos que no debían estar muy bien avenidos entre ellos, razón por la cual cuando el primer europeo llegó a Rapa Nui se encontró con todos los moáis (y eran cientos) tirados al suelo como si fuesen los últimos muertos de una guerra perenne. Leer artículo completo ➜

El instante viajero XV: El camellero de Merzouga

Camellero en el desierto del Sáhara (Marruecos)

Caminando en solitario por las dunas de Merzouga, esa alfombra ondulada que el todopoderoso Sáhara le regala a Marruecos, uno siente cómo la fuerza del desierto es capaz de empequeñecerte hasta convertirte en un minúsculo grano de arena. Allí es posible escuchar gritar al silencio, que el viento sea tu peor enemigo y perder la noción entre lo finito y lo infinito. Esa fue la enésima búsqueda que he hecho de mí mismo hasta ahora. Fue un día en el que dije “me marcho” y terminé comenzando el año a los pies de un mar de dunas persiguiendo estrellas fugaces y arrancando deseos en voz alta. Han pasado muchos años desde esa primera vez en territorio marroquí con una furgoneta alquilada convertida en mi máquina del tiempo particular. Era la primera vez en que hacía un viaje completamente solo… Leer artículo completo ➜

El instante viajero XIV: La cola de la ballena

Cola de ballena en el Estrecho de Magallanes

El agua fría del Estrecho de Magallanes viene a mezclar Atlántico y Pacífico con la brisa antártica perfumando un sendero imaginario. En este área de islotes vírgenes y glaciares donde lo mismo planea un cóndor que aparece nadando una familia de leones marinos o se distingue el color blanquinegro de varios pingüinos, todo puede suceder. Esta riqueza atrae además a aquellas ballenas jorobadas que, en su tránsito hacia la Antártida, se detienen a proveerse de nutrientes durante el verano austral. De hecho se dice que la que prueba las aguas del Estrecho de Magallanes nunca regresa a el continente de hielo y escoge de por vida hacer acopio de alimento en este lugar. Aunque durante décadas la industria ballenera acabó con todas las ballenas que venían hasta aquí, la lógica y nueva mentalidad de conservación medioambiental devolvió ese carácter sagrado al mamífero más grande del mundo, convirtiéndolo en monumento natural e impidiendo su caza. Los efectos se notaron enseguida. Años después de desaparecer el último barco ballenero en aguas patagónicas las ballenas retornaron a su despensa favorita. Por eso, cada vez que uno ve emerger la cola de una ballena jorobada en ese corredor acuático que ayudó a Fernando de Magallanes a esquivar el maldito Cabo de Hornos, es posible volver a creer en que no todo está perdido en nuestro planeta.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XIII: Niños afganos en una calle de Shiraz

Niños afganos en un callejón de Shiraz (Irán)

Un viernes en Shiraz, así como en todo Irán, es un viernes de puertas abiertas en mezquitas, santuarios y salas de oración, mientra que los candados echan el cierre a los comercios del bazar. Es el único día de la semana en que un zoco es un laberinto de silencio y oscuridad. Los pájaros se dejan oír mientras los vientos de Persépolis trazan su vuelo hasta que son interrumpidos por las cinco llamadas al rezo a todos los musulmanes del país persa. En Shiraz se apaga la normalidad de un trasiego infinito mientras se viste con el traje oscuro de un día enmudecido e incluso aburrido. En este caso son tan sólo los niños quienes llenan de color las calles. Sin escuela ni sus padres reclamando su ayuda en el negocio, salen a la calle a jugar a los juegos que son universales y para los que no hacen falta maquinitas, ni siquiera juguetes. Juegan a ser niños por un día, a correr detrás de los callejones del bazar en que no hay nadie más que ellos, y a llenarse de recuerdos de un día soleado que dentro de muchos años mirarán con nostalgia.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero (XII): Caminando con raquetas por la nieve hacia ningún lugar

Caminando con raquetas de nieve en Saint-Lary (Francia)

Mientras arañas la nieve y el hielo con tus pies metálicos piensas si realmente caminas hacia algún lugar en concreto o te dejas llevar sin más. Extasiado por el paisaje y el ruido blanco, considerando al viento una caricia y al frío una parte más del juego, tiendes a no pensar en nada en particular y centrarte en el desierto congelado por el que estás divagando sin otro motivo que el de tocar la naturaleza en el corazón del invierno. Las rocas de las montañas que muestran algunas muecas de su desnudez, el orgullo pétreo de no ser tapadas en su plenitud por el grueso manto blanco, son señales inequívocas dentro de un camino inexistente. Coincidir con un día tan despejado permite además admirar el cielo que se rompe de tan azul que es, que refleja la bondad de un día cualquiera en un rincón perdido y maravilloso de los Pirineos. Leer artículo completo ➜

El instante viajero (XI): Un pasadizo de puertas rojas en Japón

Templo de Fushimi Inari en Japón

Un instante también puede llegar a ser un lugar. Como si de un escenario posible únicamente en el anime o el manga se tratara aparece Fushimi Inari alejada lo suficiente del bullicio de Kyoto, apenas a cinco minutos en tren y en una zona de colinas boscosas donde gobierna el silencio. En realidad en este templo sintoísta, la religión ancestral japonesa presente en la vida de sus ciudadanos mucho antes de la llegada del budismo a las islas niponas, lo mundano se queda atrás. Una vez atraviesas la primera de sus puertas rojas sólo permanece el interior de uno mismo. Leer artículo completo ➜

El genio que convertía Niza en pompas de jabón

En el reciente viaje a la Costa Azul uno de nuestros destinos visitados fue la ciudad de Niza. Había estado una década antes pero apenas recordaba vagamente sus playas de piedra y los hoteles blancos del Promenade des anglais, el suculento y animado paseo marítimo. En esta ocasión nos dejamos llevar también por la Vieille ville, el casco viejo de la ciudad en el que el encanto acaricia cada plaza y cada calle. Navegar por los callejones de piedra con contraventanas pintadas de Mediterráneo es algo así como tomar un atajo a mundos de fantasía e imaginación. En uno de ellos un joven ataviado con gorra y camisa a cuadros divertía a los paseantes fabricando gigantescas pompas de jabón. Todos, absolutamente todos los que pasábamos junto a él, volvíamos a ser niños y a mirar las cosas con otro prisma, el de las burbujas que distorsionaban la realidad y dibujaban tiernas sonrisas.

Pompa de jabón en Niza

A este maestro anónimo, al creador de las pompas de jabón que aquel día convertía a Niza una ciudad si cabe más amable, van dedicadas estas fotografías con las que detener para siempre y compartir con los demás un momento que para mí fue especial. Leer artículo completo ➜