Chile en 10 experiencias imprescindibles (Qué ver y hacer en Chile)

Pocos países en el mundo como Chile poseen una conexión semejante con la naturaleza que le rodea. En una larga y delgada franja de más de 4300 kilómetros, abrazada en ambos lados por la cordillera de Los Andes así como por la inmensa muralla líquida que forman olas del océano Pacífico, se deslizan paisajes tan diversos como categóricos. De los desiertos más áridos del planeta y vaporosos géiseres altiplánicos del norte pasamos a un territorio de picos nevados, glaciares que se quiebran en inmensos bloques de hielo y colas de ballena ocultándose en solitarias bahías. También surgen de la nada lagos que reflejan conos humeantes de volcanes aún activos, grandes extensiones de viñedos que se pierden en el horizonte y, por supuesto, islas que nos permiten volver a creer en la existencia de los imposibles. En la tierra del mapuche, el rapanui, el atacameño o el yagán viaja por todos los rincones la lengua castellana que Pablo Neruda convirtió en pura artesanía.

Moáis de Isla de Pascua (impresdincibles que ver en Chile)

Me gustaría hacer un recorrido juntos y contaros algunos de los lugares que ver en un viaje a Chile, los cuales me parecieron esenciales para una primera aventura en el país más largo del planeta. Una lista de 10 experiencias imprescindibles chilenas donde ser testigos de toda una colección de paisajes espectaculares y pueblos con carácter. Leer artículo completo ➜

Un paseo en blanco y negro en el Cementerio de la Recoleta

Cuando viajo a una ciudad, donde quiera que esté, trato de incluir en la ruta una visita a algún cementerio interesante. En las grandes capitales no falta su camposanto de notables, de gente que se quiso ir de este mundo en la opulencia de grandes panteones y estatuas de mármol, como si fuese un último suspiro al viento de quién fue y cómo vivió. Detrás de cada tumba, desde la más trabajada a la más sencilla, caminan distintas historias que se juntan en un mismo desenlace, la afilada guadaña de lo verdaderamente inevitable. De mis viajes por el mundo, uno de los cementerios más hermosos y curiosos en los que he estado es el célebre Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires, donde florecen las figuras y los detalles dentro de un océano de sepulturas grises y silenciosas. En realidad caminar entre los estrechos callejones de la Recoleta es llevar a cabo un viaje a la otra Buenos Aires, donde el glamour de los cafés, los teatros y librerías de viejo se traslada al arte voluptuoso y sentido de quienes nunca serán olvidados mientras sus nombres forjados en hierro se sostengan en la pared de un sepulcro. En este lugar los tangos o milongas no se bailan, languidecen solos en todas y cada una de las rejas que esconden la historia de una vida apagada.

Estatua del cementerio de la Recoleta (Buenos Aires, Argentina)

Dado que la del Cementerio de la Recoleta es una visita imprescindible en Buenos Aires, me gustaría diésemos juntos un paseo por el más bello de los camposantos de Sudamérica y a la vez descubramos algunas de sus imágenes más curiosas. Sin color, en blanco y negro, que es la única forma en la que sé apreciar lugares como este… Leer artículo completo ➜

El valle de Cocora o el secreto de los mil verdes

En el Departamento del Quindío, corazón robusto y amable del Eje Cafetero en Colombia, se halla un lugar que esconde el alma de una princesa quimbaya llamada Cocora. El nombre de quien fuera hija del cacique del pueblo quiere decir “estrella de agua” es pronunciado cada mañana bajo el canto de algunos pájaros que todavía la extrañan. El río Quindío atraviesa este valle encantado que recrea el que a todas luces es un paraíso en el que se cuenta el secreto de los mil verdes, que tiene que ver con la infinidad de tonalidades que dicho color regala a los ojos de quienes caminan por sus veredas. Por todos conocido como valle de Cocora, en honor a la hermosa princesa, dibuja uno de los paisajes más extraordinarios que uno puede encontrarse no sólo en Colombia sino en todo el mundo. Quizás por sus colores, por ser capaz de provocar una sonrisa fuera y dentro de ti, o también por sus altas y espigadas palmeras que se enzarzan en el letargo de espesas neblinas. Allí descubrí en qué consistía el secreto de los mil verdes, la pasión convertida en valle.

Valle de Cocora (Colombia)

Colombia guardaba más de mil motivos para que me enloqueciera con ella. Pero resultó ser el valle de Cocora, con sus palmas de cera clavadas en la hierba y en el cielo, el lugar que definitivamente me hizo perder la razón. Leer artículo completo ➜

Izamal, el pueblo más mágico de Yucatán

A mitad de camino entre las ruinas mayas de Chichen-Itzá y la ciudad yucateca de Mérida se vislumbran los colores amarillos que tiñen muros y fachadas de Izamal, declarado dentro de la prestigiosa y siempre apetecible lista de los pueblos mágicos de México. La casualidad hizo que nos detuviésemos en esta localidad que sobresale en la espesura rodeada de pirámides mayas y con un claro carácter colonial en cada una de sus lineas urbanas. El trazado cuadriculado propio de las ciudades de nueva planta apunta a un mismo lugar, el que fuera convento de San Antonio de Padua, donde la figura histórica del fraile franciscano Diego de Landa, quien manejara los hilos durante los albores de la conquista, sigue imponiendo respeto.

Convento de San Antonio de Padua en Izamal (México)

Izamal es uno de esos lugares del Estado de Yucatán a los que merece la pena hacerle una visita y tomarse las cosas con calma. Porque su empedrado rezuma sosiego, el amarillo de las paredes resulta hipnótico y el rumor de que estamos en uno de los pueblos mágicos más bellos de todo México se vuelve cierto… Leer artículo completo ➜

8 lugares imprescindibles que ver en un viaje a Costa Rica

Costa Rica es un país se define en su propio lema: Pura Vida. Una nación de encajonada en Centroamérica que carece de ejército, que permanece abierto a los visitantes como pocos, con la mitad de su territorio cubierto de bosques y selvas, y un 25% del mismo protegido bajo la figura de reserva o parque natural. Resulta lógico, por tanto, que se le considere como uno de los destinos mejor valorados por los viajeros de todo el mundo. El apodo de paraíso verde podría estamparse en la bandera costarricense, un país de un superficie semejante a la de Extremadura o Aragón, pero con uno de lo índices más ricos en biodiversidad de todo el planeta. Un destino de aventura, pero también de relax, que te permite caminar sobre los árboles de un bosque nublado escuchando el grito de los monos aulladores y terminar la jornada bebiendo unos mojitos en aguas termales bajo las faldas de un volcán activo que no deja de rugir. Así es Costa Rica y en eso consiste precisamente la pura vida.

Playa en el Parque Nacional de Corcovado (Uno de los imprescidibles que ver en Costa Rica)

En Costa Rica puedes despertar en una playa del Caribe y ver cómo se oculta el sol por la tarde en el Pacífico. ¡Todo en un solo día! Pero para quienes nos gusta viajar con tiempo suficiente y absorber cada instante, os voy a contar cuáles son mis rincones favoritos que ver en Costa Rica y que no deberíais perderos por nada del mundo.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XVIII: Amanecer extraterrestre en Uyuni

Amanecer en el Salar de Uyuni (Bolivia)

Aquella mañana no es que hiciera frío. Más bien parecía que el mundo entero estuviese hibernando a casi cuatro mil metros de altura. Con el cielo aún oscuro un viento más gélido imposible se ocupaba de segar la poca piel que no habíamos sido prudentes de mantener a cubierto. Nunca había deseado con tantas ganas la llegada del amanecer. Pero la motivación que teníamos por delante justificaba de manera sobrada aquella espera que se hacía eterna. Porque en el instante en que comenzaron a asomarse las primeras luces del alba, del invierno pasamos a un verano de ánimos, de palpitaciones incontrolables. El paisaje que teníamos frente a nosotros correspondía a lo que nos habían contado del Salar de Uyuni, el desierto blanco de Bolivia, que a esas horas teñía sus siluetas con tonalidades fucsias, azules y violetas las cuales se mecían sinuosas en un gran horizonte de agua, cielo y salLeer artículo completo ➜

Los Saltos del Monday, desconocida joya natural de Paraguay

En el mundo hay rincones sumamente extraordinarios de los que nunca o casi nunca se habla, que por alguna razón carecen de la publicidad de otros grandes lugares y que terminan siendo un auténtico regalo para quien llega hasta ellos. Tuve la suerte de que en Paraguay, muy cerca de la frontera con Brasil (Foz do Iguaçú) donde me estaba quedando a dormir para recorrer en varios días las fabulosas Cataratas de Iguazú, descubriera un tesoro natural magnífico en el que no me encontré un solo visitante. Se trata de los Saltos del Río Monday, el cual, antes de desembocar en el gran Paraná, cae estrepitosamente más de cuarenta metros rompiéndose en un lejano vacío de bruma y vapor. El estar a no muchos kilómetros de una de las 7 maravillas naturales del mundo forma la pared que lo hace invisible a la mirada del turismo, pero en el fondo es su mayor baza, y los viajeros encuentran premio seguro en lo que precisamente le falta a Iguazú, la soledad. De esa forma cuando llegué pude disfrutar de estas espectaculares caídas de agua sin más compañía que la de los pájaros o la del rumor quebradizo que se genera en semejante estallido de naturaleza. Sin duda mereció la pena salirse de las rutas marcadas una vez más y echar por tierra ese muro de desconocimiento nacido por tener un hermano mayor mucho más famoso.

Saltos del Monday (Paraguay)

A continuación os contaré más acerca de esta maravilla natural paraguaya y cómo pude llegar hasta ella. Sin duda una opción más que interesante para quienes tengan pensado estar un tiempo visitando Iguazú y quieran ir un poco más allá. Paraguay está casi al lado esperando a que paséis a conocerla y los Saltos del Monday son una gran oportunidad de darle un primer pellizco al país guaraní. Leer artículo completo ➜

Galena, el pueblo con más encanto del Estado de Illinois

Estando en Chicago y a falta de previsión ante el siguiente paso que íbamos a dar, terminamos decidiendo el último día y a última hora que nos alquilaríamos un coche en el aeropuerto y nos perderíamos por la Great River Road, una carretera escénica con mucha historia, que va bordeando todo el río Mississippi. No teníamos tiempo para hacerla completa, desde Nueva Orleans hasta prácticamente Canadá, pero sí de seguirla a través de tres estados norteamericanos como Illinois, Iowa y Wisconsin, sobre todo la primera. Teníamos ganas de vivir la América profunda, esas huellas de los colonos que en el Siglo XIX fueron avanzando paso a paso marcando el gran Mississippi como una de sus lindes. De esa manera nace uno de los pueblos más históricos no sólo de Illinois, sino de los Estados Unidos de América, cuyo nombre es Galena puesto que por la zona se extraía ese mineral grisáceo que se utilizaría más adelante para hacer posibles las primeras radios de la Historia. La ciudad histórica de Galena, según los estadounidenses, aunque tenga una población que no llegue a las 4000 personas, parece haberse detenido en la primera mitad del Siglo XIX y hoy en día es una de las poblaciones más bellas del país. Y fuera de sus fronteras una de las menos conocidas, por lo que permanece en ella ese aire que la hace única y que embelesa al viajero en cuanto cruza por uno de sus puentes o entra a alguna de esas tiendas de antaño con el cartelón de la puerta tan bien puesto.

Galena (Ilinois, Estados Unidos)

Por sus mansiones de película, sus automóviles clásicos aparcados en la calle, los comercios encantadores de Main Street, las historias de fantasmas que recorren cada casa y el saberse uno de los destinos más interesantes que se pueden hacer viajando desde Chicago, Galena se convirtió para nosotros de la noche a la mañana en una de las mejores sorpresas que destapamos en nuestro paso por los Estados Unidos. Leer artículo completo ➜

¡Esta carretera es un infierno!

No sé si aquella era la peor carretera del mundo, pero seguro que al menos se le parecía mucho. En Bolivia, el país de la conocida como “Carretera de la muerte” por sus estrecheces y sus acantilados poco seguros entre La Paz y las Yungas, se habla bastante de la peligrosidad de las vías incluso en documentales emitidos en Televisión. Pero esa tan célebre no era la ruta a la que me refiero. Mucho más al norte, entre Rurrenabaque y Santa Rosa, solitarias localidades bolivianas que se resguardan entre selvas y pantanales que preludian la Amazonía, me hallé en un contexto de barro y mucha agua, de decenas de vehículos atrapados durante días, de rabia e indignación de quienes no podían salir de allí porque se habían quedado clavados en un camino inexistente. Las lluvias torrenciales de la última noche convirtieron nuestra ruta en un lodazal, en un terreno de arenas movedizas en las que había que tener verdadera destreza para lograr avanzar unos pocos metros.

Carretera de Santa Rosa en Bolivia

Esta carretera fue un infierno que tuvimos que recorrer tanto para ir como para regresar de nuestro destino, las Pampas de Río Yacuma, el Pantanal de Bolivia. Hubo que bajar al barro y pringarse, pero nos lo tomamos con muy buen sentido del humor porque sólo con cierta actitud las cosas que parecen imposibles dejan de serlo. Leer artículo completo ➜

10 lugares que ver en un viaje a Bolivia

Érase un país llamado Bolivia capaz de enarbolar la esencia de la Sudamérica más pura y genuina. Es en este lugar donde el viento andino revuelve la arena del desierto contra las cimas de viejos volcanes nevados mientras repican las campanas de una iglesia de fachada barroca colonial con santos cristianos esculpidos junto a Inti, el Dios Sol en la mitología inca. Las lenguas que se hablan en los senderos vienen de muy atrás en el tiempo, aunque terminan encontrando en el castellano ese fondo común en el que comunicarse con el viajero, ya sea en un terreno donde pastorean las llamas y las alpacas o incluso en la calle más rocambolesca de La Paz. Este disparate de paisajes, ciudades y pueblos removidos por el soroche sube y baja montañas infinitas de la cordillera de los Andes hasta llegar a los ríos que empapan la Amazonía, ese pulmón que oxigena tanto a al continente como al mundo. Como veis, son razones más que suficientes para que tenga a Bolivia en mi recuerdo como uno de los destinos viajeros más increíbles y emocionales en los que he estado en toda mi vida.

Mujeres y niño en San Francisco (La Paz, Bolivia)

Voy a contar algunos de los lugares que ver en un viaje a Bolivia, los cuales me parecieron esenciales para una primera aventura en el país andino. Una lista de 10 imprescindibles bolivianos donde vivir (pero, sobre todo, sentir) la espectacularidad y autenticidad de un destino que merece la pena hacer por tu cuenta.

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De ruta en Quetzaltenango, la Guatemala de sangre caliente

Quetzaltenango es de sangre caliente. No sólo porque su suelo esté en constante ebullición al encontrarse en una zona esencialmente volcánica, sino también por una rebeldía innata mantenida por las tres cuartas partes de población de origen indígena. Cuentan que éste fue era lugar de quetzales y de ahí deriva su nombre, aunque a los guatemaltecos les gusta llamarlo Xela derivando en quiché a Xelahú. Hoy en día, además de la segunda ciudad en importancia de Guatemala tras la capital, es el nombre de un Departamento o provincia en que viajar resulta una experiencia fabulosa, quizás por ser mucho más íntima e inédita. Y es que posee lugares nada masificados en los que la autenticidad y su carácter nativo te capturan a través de sensaciones no descritas en multitud de libros de viajes. Por eso precisamente recorrer Quetzaltenango es una continua sorpresa en la que siempre se parte con cierta ventaja.

Escena en el Mercado de Almolonga (Guatemala)

Enmarcado en el último viaje a Guatemala me aventuré a conocer algunos de los lugares que hay que ver en Quetzaltenango, en la amable y vaporosa Xela, donde el término “típico” tiene sólo una connotación local. A continuación describiré los movimientos de una ruta que quizás pueda servir a otros viajeros que deseen profundizar en ciertos rincones de Guatemala cargados de verdad.

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