60 consejos prácticos para viajar a Alaska en autocaravana

Por una carretera solitaria custodiada por paisajes imperiales vamos en busca de la verdadera Alaska, aquella a la que dicen que se trata de la última frontera. Por la ventanilla de la autocaravana contemplamos un reguero infinito montañas con la cúspide siempre blanca, el rigor de grandes glaciares modelando los valles del mañana y extremamos la precaución por si aparece de la nada un alce, un lobo o incluso un enorme oso. Para nosotros el sueño era ese, llevar a cabo un roadtrip al rincón más salvaje de los Estados Unidos donde los bosques, los lagos o los volcanes se ocuparan de dibujar una aventura donde podríamos ver más animales en libertad de lo que jamás hubiésemos imaginado. Y sin rumbo fijo con una casa de ruedas que cada noche se convertía en un hotel de mil estrellas. Tras regresar de un apasionante viaje a Alaska ponemos a vuestra disposición en este blog un escrito con múltiple información práctica que pueda resultarle útil a quienes estén interesados en realizar un viaje de este tipo. Por medio de anotaciones realizadas durante una intensa experiencia en tierras del norte nace esta lista documentada que agrupa nada menos que 60 consejos para viajar a Alaska en autocaravana con los que ayudar a planificar una ruta del todo inolvidable.

Oso en Alaska (Foto de nuestro viaje a Alaska en autocaravana)

¿Cuál es la mejor época para visitar Alaska? ¿Es fácil o difícil manejarse con la autocaravana? ¿Cuál es el mejor sitio para ver osos salvajes? ¿Cómo son los precios? ¿Compensaría ir con coche y de hotel en hotel? ¿Cuántos días se recomiendan? ¿Cuál es el estado de las carreteras? ¿Cómo llegar a Alaska? ¿Se ven auroras boreales? Como veis, son muchos temas los que conviene tener en cuenta a la hora de preparar un roadtrip de este tipo, por lo que os recomiendo que no os perdáis esta serie de consejos prácticos aplicables en un viaje a Alaska en autocaravanaLeer artículo completo ➜

Al encuentro de los osos en Alaska

Nunca me hubiera imaginado que algún día aterrizaría en avioneta en una playa desierta. Ni llevando unas botas de goma que cubriesen hasta los muslos, como esos pescadores tan entusiastas que se meten al río más allá de las rodillas. Ni mucho menos que, tras caminar por la arena con la marea baja, contemplaría la silueta a contraluz de una fila perfecta de osos pardos. Sin otra distancia que la brisa marina, sin objeto alguno que no fuera la cámara fotográfica. Delante de nuestras narices teníamos una de las escenas más impresionantes que podía regalar la naturaleza. Estábamos en Lake Clark, una zona salvaje de Alaska donde no existen ni pueblos, ni carreteras ni nada que huela a humano a cientos de kilómetros a la redonda. Aquel Edén al norte de Katmai, famoso por albergar una de las mayores poblaciones de osos pardos del planeta, nos estaba mostrando el significado de la vida, la suerte de mirar a la naturaleza directamente a los ojos.

Osos en Lake Clark (Alaska)

El gran objetivo marcado en la hoja de ruta de nuestro viaje a Alaska en autocaravana estaba justo a unos metros. En aquella playa de Lake Clark National Park los osos engañaban a su propio estómago desenterrando moluscos mientras esperaban la incipiente remontada de los salmones. Como cada verano desde hace millones de años. Nos disponíamos a ver osos en Alaska tan cerca que podíamos escuchar cómo sus garras se hundían en la arena mojada, incluso cómo nos olían en la distancia como seres extraños que éramos para ellos.  Leer artículo completo ➜

Hoja de ruta de un viaje a Alaska en autocaravana

Alrededor de 2300 millas fueron añadidas al cuentakilómetros de la autocaravana con la que viajamos por Alaska. Al menos por una parte con carreteras asfaltadas o pistas de grava, consideración que veo necesaria sobre todo cuando más del 80% del Estado es absolutamente salvaje y carece de las mismas. Existen pocos roadtrips más emocionantes que cuando te embadurnas de paisajes radiantes de montañas, bosques, taiga, tundra y un buen puñado de glaciares rompiéndose a cada minuto delante de tus narices. Donde los únicos peatones pueden ser alces o, mejor aún, los osos que se sienten libres en el que consideran su territorio. Recorrer Alaska vive mucho de impulsos, de emociones capaces de arrugar mapas y adivinar gasolineras donde sólo se advierte un Ford de los años cuarenta tan oxidado como las historias de los antiguos buscadores de oro.

Viaje a Alaska en autocaravana a vista de drone

Durante un par de semanas hicimos una hermosa ruta por Alaska como mandan los cánones, con una casa rodante a cuestas. Y como primerizos, no sólo en el destino sino también a la hora de ponernos al volante de lo que más bien parecía un autobús de nueve metros de “eslora”. ¿Queréis saber qué ver y hacer en un viaje por Alaska en autocaravana como el nuestro? A continuación os mostraré todos los lugares que formaron parte de un itinerario tan improvisado como estimulante.  Leer artículo completo ➜

12 especies animales que ver y fotografiar en un viaje a Alaska

No hay mayor dicha en Alaska que ser testigo de la vida silvestre en un territorio tan gigantesco. La observación de fauna en este paraíso natural de Norteamérica se convierte en uno de los atractivos, sino obsesiones, de quienes visitamos un destino al que la palabra salvaje se le queda incluso pequeña. Porque viajar a Alaska no sólo consiste en disfrutar de paisajes superlativos por tierra, mar y aire sino de comprender que todos aquellos bosques, montañas, islas y bahías enfriadas por glaciares e icebergs son el hogar de un elevado número de animales que los habitan en completa libertad.

Cría de oso pardo en Alaska (Lake Clark)

Os proponemos pasear durante un instante a tierras indómitas en el extremo noroeste de los Estados Unidos, que toméis la cámara, así como papel y lápiz y pasemos juntos lista a esas especies animales que tuvimos la suerte de ver y fotografiar haciendo un viaje por Alaska (así como a otras que se nos resistieron).  Leer artículo completo ➜

Carta desde Alaska, la última frontera

Sobre la mesa de la autocaravana con la que estamos recorriendo Alaska me dirijo a ti que, aunque seguramente no nos conozcamos personalmente, has venido a parar aquí, probablemente por casualidad. Escribo esta carta desde McCarthy o, mejor dicho, el bosque que rodea McCarthy en el Parque Nacional Wrangell-St Elias, el más grande de los Estados Unidos (ahí es nada). Aquí esos pioneros buscavidas que trabajaron las minas del cobre y batearon los ríos en busca de oro dejaron una ciudad del lejano oeste abandonada empequeñecida por los años y el frío viento que escupe el glaciar Root, una mole de hielo a la que no se le llega a ver el final. Tras una primera semana de viaje, y con otros tantos días por venir, me gustaría dedicarte unas palabras en caliente, como más me gusta, para expresar esas primeras sensaciones que me está dejando Alaska.

Oso en una playa de Lake Clark National Park de Alaska

Recorrer la conocida como última frontera de Norteamérica es una acumulación de sueños y deseos donde las imágenes de icebergs, ballenas, bosques impenetrables, osos y alces se entremezclan en una sucesión de experiencias que se terminan convirtiendo en la única verdad. Leer artículo completo ➜

Rumbo a Alaska en autocaravana (y sin planes)

Llevo toda mi vida soñando con Alaska. Siempre he visualizado la idea de contemplar un mar de árboles y montañas, así como glaciares quebrándose a pocos metros. O la idea de ir conduciendo por una larga y solitaria carretera y tener que detener el vehículo para dejar cruzar a un alce. En mi cabeza aparece también la imagen de un oso con mitad del cuerpo sumergido un río enrabietado para pescar todos los salmones que pueda después de meses hibernando. Y esa frase de Into the wild (Hacia rutas salvajes) que trato de repetir todos y cada uno de los días de mi vida que asegura que“La libertad y la simple belleza son demasiado buenas para dejarlas pasar.” Pues Alaska es una de esas cosas demasiado buenas. Y ya mismo comienza esta aventura hacia ese sueño.

La que será nuestra autocaravana en Alaska

Vamos rumbo a Alaska en autocaravana. Y sin planes ni hojas escritas en una agenda. Porque la improvisación en un mapa de carretera, de esos tan grandes que después resulta imposible volverlos a plegar, puede ser algo maravilloso.  Leer artículo completo ➜