No todo lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas

Nunca sale el Sol en Las Vegas. La noche y el neón son su cielo, envolviendo todo lo que queda bajo sus pies en una alfombra de alquitrán que ve apurar un cigarrillo tras otro. Se hace llamar Sin City o Ciudad del Pecado, quizás porque cuando se traspasa el límite del cartel que dice Welcome to Fabulous Las Vegas para llegar a The Strip no tienen cabida ni la moral, ni la culpa ni tus propios límites. En ese momento deja de existir la persona que eres realmente y salen a la luz muchos de los instintos más profundos, algunos de los cuales desconoces. La ciudad de Las Vegas, incrustada como si nada en el árido Desierto de Nevada, es ese resorte que quiebra las esferas de los relojes y alienta el Universo de las Pasiones que vive en nosotros. Los lazos se deshacen y los grilletes de la convencionalidad más anodina se convierten en cenizas. Resurge un nuevo personaje, un nuevo ser con decisión dispuesto a dejarse arder por las llamas que iluminan la habitación del hotel, que falsean las apariencias y que hacen rodar una ruleta infinita.

Nadie parece recordar que Las Vegas nació como la ensoñación de gángsters, mafiosos y personajes de la peor calaña, que supieron ver el negocio de sus vidas en los años 30. En pleno Siglo XXI todo el mundo es bienvenido a la capital del juego y el entretenimiento. Hoy me he levantado con ganas romper ese tópico de que todo lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas y anotar en este blog reflexiones varias de una ciudad que me dio mucho más de lo que jamás pude imaginar. Leer artículo completo ➜

Relato de un viaje al Oeste de USA: Mi primer sueño americano

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ME TEMO QUE TENGO UN PLAN

Después de conseguir unos días en la empresa para poderlos juntar en la Semana en que el 1 y 2 de mayo eran festivos en Madrid, empecé a buscar vuelos e internet y a sondear numerosas alternativas posibles para llevar a cabo un viaje de los buenos. En principio, la aventura estaba planteada para hacerla en solitario, y me atraían varias opciones, pero después de una charla con un buen amigo y de leer un artículo de revista viajera me incliné por la opción del Oeste de los Estados Unidos. Encontré un vuelo de precio más o menos asequible para Los Ángeles (con Lufthansa) y tomé la decisión de hacer mi primera visita a USA. Quería un viaje donde poder comprobar de primera mano “el sueño americano” y si los tópicos hollywoodienses eran ciertos o más bien una milonga. Fue entonces cuando llamé a mi amiguísima Rebeca, partícipe en sendas rutas a Dinamarca, una a Londres y otra a Cerdeña, exitosas todas ellas, y le pregunté si se apuntaba al plan de un Roadtrip por la Costa Oeste. Fue el “Sí, quiero” más rápido y sencillo de la Historia. Los billetes fueron comprados esa misma tarde. La maquinaria se había puesto en marcha y faltaba algo menos de mes y medio para preparar algo gordo.

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