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22 de marzo de 2010: ENTRADA A CAMBOYA POR PHNOM PENH, UNA CIUDAD CON LUCES Y SOMBRAS
No tomaba un rickshaw desde hacía un año cuando viajé por primera vez a la India. Esa especie de motocicleta con carruaje detrás forma parte de la idiosincrasia de muchas ciudades de Asia, inundando carreteras y rasgando el sonido con sus ruidosos tubos de escape. En Camboya esto no es menos, y junto a las motos, son los vehículos que más se ven a lo largo y ancho de toda su geografía. Por tanto qué mejor manera que ir desde el Aeropuerto al hotel que había reservado en Phnom Penh junto a la venerada colina de Wat Phnom que en este medio de transporte eficaz y, sobre todo, económico. Es tan loco que resulta incluso divertido ver cómo el conductor sortea mil kamikazes que circulan a contracorriente, a un peatón cruzando sin mirar o a un perro callejero que no teme al peligro. Pero el ser incauto no significa perecer en el intento, por lo que lo que uno debe hacer es santigüarse, agarrarse bien fuerte y no quitar ojo de todas esas escenas urbanas que se despliegan ante tí.
Adoro el caos y Phnom Penh es caos. Una ciudad que tiene lo peor y lo mejor de Asia, que mucha gente obvia como un mero paso intermedio a Angkor, pero que es capaz de deslumbrar por sí misma y mostrar al mundo sus maravillas…y también sus miserias. Ambos contrapuntos son la definición más evidente de esta ciudad, rodeada de claros y sombras que reflejan sus dos pasados, el más glorioso y el más ruín. El primero están comenzando a ensalzarlo y el segundo a dejarlo atrás lo antes posible, aunque para esto aún hace falta tiempo.

Tan sólo harían falta unos minutos para comprobar esta impactante dualidad y sumergirme en una nueva ciudad, un nuevo país y una nueva forma de ver la vida. El viaje tomaba una nueva dimensión. Subido a un tuk tuk , como se le llama oficiosamente a los rickshaw, iniciaba un apasionante aventura en Camboya. Leer el resto de esta entrada »

21 de marzo de 2010: VIAJE A LA JUNGLA TROPICAL Y URBANA DE SINGAPUR
Se suele identificar siempre a Singapur con muchas cosas como sus rascacielos, las calles abarrotadas, los templos de distintas religiones, los pubs y discotecas más fashion, las tiendas de marca, los food center, el visitadísimo Merlion Park y las luces nocturnas de los Teatros de la Bahía. Son más o menos las señas de identidad de una ciudad grandiosa que para seguir creciendo no tiene más remedio que robarle espacio al mar. Pero nadie o muy pocos recuerdan que la Isla de Singapur fue hasta hace un siglo una isla cubierta de vegetación propia de climas tropicales húmedos. Un
bosque en toda regla con una destacada variedad de flora y fauna. Había, por ejemplo, una amplísima población de tigres que tenían atemorizados a los locales que vivían en las áreas costeras y no se atrevían a adentrarse en las espesura. A pesar de ser una isla separada de la península malaya por el Estrecho de Johor, la representación de animales, árboles y plantas de las áreas más tropicales Sudeste asiático era más que evidente. Un arca de Noé viviente que se ocuparon de vaciar los británicos a su llegada cartucho a cartucho, disparo a disparo. Y así fue muriendo lentamente este mar verde de raíces bien arraigadas hasta eliminar de la lista a decenas de especies que habitaban la isla. De hecho el último tigre fue abatido en 1902 en las proximidades del Raffles Hotel. A partir de ahí surgió algo bien distinto, un conglomerado urbano que invadió cielo, mar y bosque con todos esos elementos que enumeraba en las primeras líneas de este capítulo. Singapur desde entonces es otra cosa. Pero, ¿queda algo de todo aquello que fue?
La respuesta es que sí. Aún resta en el centro de la isla un resquicio de biodiversidad que ha sobrevivido al tiempo y a la especulación. Son 163 hectáreas en torno a una colina tapizadas de puro bosque primario del que se asegura que hay más especies de árboles y plantas que en toda Norteamérica. Obviamente ya no hay tigres, pero sí que hay rastro de algún leopardo revoltoso que no se resigna a desaparecer. La Reserva Natural de Bukit Timah, que significa en lengua malaya “Colina de estaño”, representa al último guerrero que habita la Isla de Singapur desde hace millones y millones de años. Y ese viaje a la selva aún es posible. No es demasiado conocido para los turistas, pero sí para los singapurenses que quieren huir del stress y el olor a asfalto. A tan sólo 10 kilómetros del bullicio reside la paz, el silencio importunado por los chillidos de los macacos y el aleteo de los pájaros e insectos que se esconden del sol. No es el Amazonas, pero sí la única oportunidad de desprenderse del ruido de una ciudad y sentir por un instante que estás en una selva húmeda donde no hace tanto nadie se atrevía a pasar.

Mis planes del día pasaban, por tanto, por conocer, sin solución de continuidad, dos facetas de Singapur. Su pequeñísima “jungla vegetal” de Bukit Timah, y regresar a la “jungla urbana” de Orchard Road, el paraíso de las compras más exclusivas, para terminar la jornada en el Barrio Chino “más chino” del mundo. Al fin y al cabo Singapur es todo eso y mucho más. Leer el resto de esta entrada »

18 de marzo de 2010: DEL TRABAJO AL AVIÓN SIN SOLUCIÓN DE CONTINUIDAD
Ya estaba otra vez en faena. La misma rutina de siempre cuando me marcho de viaje y me toca trabajar ese día. El equipaje debajo de la mesa, los nervios encima de ella y mis compañeros asistiendo en directo a las últimas horas, los últimos preparativos y las últimas dudas. Realmente es muy complicado concentrarse para el trabajo diario cuando uno va a tomar dos aviones por la tarde, el primero a Londres y el segundo nada menos que a Singapur. Sumando las horas de los dos vuelos me salían quince horas, que ya era tiempo. Ciertamente ya estaba más allí que aquí, pero en realidad entre la duración del vuelo y el constante transpasar de husos horarios no me vería en Singapur hasta la tarde del viernes 19, día de San José y del Padre.
Afortunadamente se pasó rápida mi estancia en la oficina y cuando me quise dar cuenta ya estaba en la gigantesca e inabarcable Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas. Buscar el stand de la compañía (British Airways), facturar el equipaje, pasar los odiosos controles de seguridad (fuera cinturón, móviles, líquidos y portátil para que la maquinita termine pitando igual), recorrer los kilométricos pasillos de la T-4, ir a la Puerta de Embarque, embarcar y…para adentro. Rutina dentro de la rutina para la primera etapa de este viaje. Ir a Londres fue pan comido. Me puse en el netbook la película de “Los Gritos del Silencio” (Título original: The Killing Fields) para irme empapando de la Historia más cruel e inhumana de Camboya, y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en el Gran Centro Comercial de Heathrow. Ya, ya sé que es un aeropuerto pero si no fuera por los aviones en la pista hubiera pensado que estaba en la planta tres de Harrods y que me iba encontrar de cara con Mohammed Al Fayed y hasta con Santa Claus. Eso sí que es un negocio y lo demás son tonterías…

Aproveché a cambiar euros por dólares, que en iba a ser la moneda de la que más iba a tirar durante el viaje, y a cenar un poco de sushi a cinco libras la caja. Estaba loco ya por desaparecer de Heathrow y que fueran los focos asiáticos los que dieran luz a mis días. Sin olvidarme de que iba directo al verano, algo que después del invierno más frío y crudo de mi vida era de agradecer.

Comentaba antes de embarcarme en este viaje que Asia era un destino que había logrado embrujarme, que siempre permanecería grabado a fuego en mi corazón por muchos motivos. En este caso incluso se ha querido quedar conmigo en mi casa incluso unos días después del regreso. Aunque en esta ocasión ha sido en forma de fiebre o de a saber qué virus que me ha dejado realmente baldado hasta el día de hoy en que parece que soy capaz de juntar letras con un mínimo sentido. Son esas otras cosas que tiene el viajar, caer enfermo y nublar las imágenes durante un período de tiempo concreto. Afortunadamente todo fue muy al final y no afectó para nada ni a la planificación ni a los objetivos que me había enmarcado previamente. Es otra anécdota más, otra forma de vivir las cosas, que no siempre van de cara al 100%. Pero viajar es eso y hay que estar siempre abierto a los contratiempos que surgen como brazos taponándote el camino. Para eso estamos nosotros, para poder quitar todos esos obstáculos y observar con luz clara los senderos que se suceden delante de nosotros. Y regresar y deciros sinceramente: Amigos, ha sido fabuloso.
Porque esta aventura vivida en Camboya y Singapur ha sido fabulosa, ilusionante, divertida, apasionada y electrizante. Hacía exactamente un año que no me marchaba solo y dos en que no lo hacía durante tanto tiempo. En esta ocasión he vivido 18 jornadas realmente intensas en las que he vuelto a sentir la plenitud y la satisfacción de contemplar algunos de los más grandes tesoros que guarda nuestro Planeta, de corresponder miradas puras y sinceras, de gastar mis suelas en parajes sin igual y de poder tener compañía tanto física como virtual bajo un penetrante Sol oriental.

Es momento pues de que me acompañéis de nuevo en este recorrido, de que os atéis fuerte las botas y de que nos volvamos a adentrar a los hasta hace poco impenetrables Templos de Angkor, de que busquemos juntos un bote que remonte el Río Mekong, y de que nos perdamos en la jungla urbana de Singapur. Hoy empezaremos de forma más suave, con un capítulo introductorio en el que se especifica qué lugares componen este puzzle, cómo llegué hasta ellos, cuáles fueron las moradas de descanso, así como una serie de consejos prácticos que pueden ser útiles para recomponer esta aventura de forma previa a los relatos que se irán sucediendo a lo largo de las próximas semanas. Leer el resto de esta entrada »

* Fecha de inicio del viaje: 18 de marzo de 2010
* Fecha de fin del viaje: 4 de abril de 2010
* Países incluídos en la ruta: Camboya y Singapur (Sudeste Asiático)
* Alistados al viaje: Sele
* Medios de transporte a utilizar: Avión, autobús, rickshaw, lancha y alguno más quizás
Asia engancha. Esa es una de las cosas más claras que tengo en mi vida. Da igual que hayas ido al norte o al sur, al este o al oeste, o que sea el continente más grande del Planeta. Creo que la primera vez que tus pies se posan en Asia respiras un veneno que se queda en la sangre para siempre y que ejerce influjos tan extraños como irremediables. Te ata, te obsesiona, te apasiona y, sobre todo, te imanta para regresar cuantas veces sea necesario. Y nunca será sufiente.
Será su gente, amable, hospitalaria, con un punto de ingenuidad enternecedor, y que sabe cómo acoger al extranjero. O serán sus paisajes variados y enigmáticos, de limpias aguas, frondosa jungla o incluso de duro y solitario desierto. Quizás sus construcciones buscando siempre el horizonte de la armonía y la pureza. O quien sabe si su deliciosa gastronomía… En realidad creo que es un compendio de todas esas cosas.

El embrujo asiático me invadió ya hace unos años. Y creo que fue esencial para que nuevamente me decantara por adentrarme a un país que siempre me tuvo hechizado: Camboya. La sola imagen de los templos enigmáticos de Angkor atrapados en la espesa jungla era suficiente para cumplir uno de mis más fuertes anhelos. Leyendo sobre este país de agitada historia, tanto antigua como reciente, me convencí a mí mismo para traspasar las fronteras del Imperio Jemer y conocer además otros recovecos que aún no han sido batidos por las hordas del turismo. La base de conexión en el Sudeste asiático para este viaje la conforma la Ciudad-Estado de Singapur, símbolo del nuevo capitalismo que se respira en el Continente. La versión exótica de Nueva York en el Lejano Oriente es una amalgama de culturas venidas de India, China, Malasia o Filipinas y que está creciendo mucho más allá de su pequeño espacio isleño.

Son, por tanto, Camboya y Singapur los países que protagonizarán este viaje que tiene su inicio hoy jueves 18 de marzo y que pondrá su rúbrica el domingo 4 de abril. En total dieciocho días en los que sentiré de nuevo los efectos de ese veneno tan potente llamado Asia. Una aventura en solitario en la que he volcado muchas esperanzas. Leer el resto de esta entrada »

11 de diciembre: VIAJE A LA CELDA H2 DE HEBRÓN

Aquel viernes fue un día con una gran intensidad emocional tal y como era nuestra pretensión antes de partir a la ciudad palestina de Hebrón. Un lugar que mañana se visitará como un Museo de Horrores de la Guerra o un Museo de la Ocupación. Pero hoy día, y por mucho tiempo, el que vaya hasta allí podrá ver con sus propios ojos la injusticia y los daños en tiempo real o sentir esa calma tensa que estalla cuando el viento cambia de dirección. Probablemente estemos hablando de uno de los lugares de Cisjordania con la situación más compleja, enrevesada e incomprensible. De esos que se mencionan en la televisión cientos de veces pero que terminan siendo únicamente una noticia más de las que ponen a la hora de comer. Hay dos opciones, o apagar la televisión para no escuchar historias desagradables e ir a otra cosa, o continuar leyendo y acompañarnos en este viaje a un punto caliente del Conflicto entre israelíes y palestinos.

10 de diciembre: CAMPANAS DE BELÉN
Desde los ventanales traseros del comedor del hotel que se asomaban al este de la ciudad era claramente apreciable
el muro que divide Israel de los Territorios palestinos. Cisjordania está separada brutalmente de suelo israelí por una brecha de hormigón y alambre. El polémico “muro de la vergüenza”, considerado ilegal por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, es en Jerusalén Oriental una larga serpiente de piedra que corta de raíz los límites “relativos” de dos jurisdicciones. Justo detrás, prácticamente unida al muro se encuentra una de las ciudades más célebres y visitadas de Tierra Santa. Y la más mencionada durante la Navidad en villancicos, cantos y felicitaciones. Belén, campanas de Belén, que los ángeles toquen, qué nueva nos traéis… Precisamente nuestro siguiente objetivo, la ciudad “del portal” en el que Jesús nació en un humilde pesebre. A tan sólo diez kilómetros de donde nos encontrábamos amanecía un nuevo día en Belén. Más allá del muro…

9 de diciembre: PALESTINA DE IMPROVISO

¡El primer autobús a Jerusalén sale a las ocho y media! exclamé a Rebeca después de mirar en el tablón de recepción los horarios de los buses Egged a la capital de Israel. En la información que me descargué en internet venía claramente que era a las ocho. Que son sólo treinta minutos de nada, pero suponía que no podíamos enlazar el siguiente autobús que se dirigía desde Jerusalén a la ciudad palestina de Hebrón, lo que suponía que como pronto llegaríamos a nuestro destino a las dos menos cuarto de la tarde. Contando que anochece pasadas las cuatro se nos reducía considerablemente el tiempo a pasar allí. Y particularmente Hebrón era un lugar en el que había volcado bastante interés. Era una gran oportunidad de observar en primera persona la crudeza del conflicto palestino-israelí.
Nos subimos al autobús sin saber que hacer. Si ir a Hebrón previo paso por la Estación Central de Jerusalén (con un paréntesis de dos horas) con tan poco tiempo o si dejarlo para otro día y volver sin más a Jerusalén, donde podíamos complementar nuestra visita a otros sitios a los que no habíamos ido ni el domingo ni el lunes. Realmente ninguna de las opciones me gustaba, sobre todo la primera, pero es que no habíamos pensado otra alternativa.Cuando ya llevábamos un rato bordeando el Mar Muerto le sugerí a Rebeca que hiciéramos algo improvisado… Leer el resto de esta entrada »

8 de diciembre: EN EL MAR MUERTO SALIMOS A FLOTE


Había dejado de llover e incluso el cielo estaba prácticamente despejado a primeras horas de la mañana. Esa era una noticia estupenda para nuestras pretensiones en el Mar Muerto. El autobús a Masada salía a las nueve, por lo que a las ocho ya habíamos dejado nuestra habitación. El equipaje se quedó guardado en recepción a la espera del retorno a la noche siguiente ya que dejamos reservado el cuarto número 514, que se había convertido en nuestra más especial base de operaciones durante el viaje. Nos fuimos caminando a Jaffa Gate, a la primera parada del bus de línea nº 20, atravesando las resbaladizas callejuelas de la ciudad vieja, en las que aún había agua de la noche anterior. Éste tardó no más de veinte minutos en hacer el trayecto a la Estación Central porque no había demasiado tráfico a esas horas. Con nosotros viajaban varias niñas que iban leyendo la Torá, que bien parecía que se aprendían de memoria. Algunas de ellas cubrían su pelo con pañuelos bien ajustados a la cabeza, que mecían suavemente como acompasando su lectura. La religión en Jerusalén es una constante que nunca falta.

7 de diciembre: DEL MONTE DEL TEMPLO AL MONTE DE LOS OLIVOS

La oscuridad de una larga noche se vió interrumpida con el correr de cortinas al que le sucedió una inyección de luz proveniente de la gran Cúpula de la Roca. Ese instante añadió una hoja más al calendario, puso cuerda a los relojes y en marcha nuestros espíritus ante una segunda incursión a Jerusalén. Esta vez la ruta consistiría en visitar el Monte del Templo, también conocido como la Explanada de las Mezquitas, y fuera de las murallas algunas zonas de gran interés como son el Monte de los Olivos y el Valle del Cedrón. Lugares emblemáticos y esenciales en todo viaje que se realice a Jerusalén. Un paseo a través de la Historia, el Arte, las Profecías y los espacios mencionados tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

6 de diciembre: PRIMERA INCURSIÓN A LA CIUDAD VIEJA DE JERUSALÉN
Lo primero que hicimos al despertar fue correr la cortina y tener de frente la panorámica de la ciudad antigua. Dicho acto fue secundado con un “ohhhhh” prolongado ante semejante imagen. Las murallas abrazaban una colmena de viejas casas de piedra que parecen superpuestas las unas sobre las otras. De ellas emergían espigados campanarios y minaretes a la par que cúpulas que clausuran iglesias, mezquitas y sinagogas, lugares de culto y oración de las tres religiones que cincelan la estructura física y psíquica de esta ciudad.





