Archivo de la categoría ‘> Europa’
Tengo que reconocer que a París la Navidad le sienta fenomenal. Una capa de color, música y algarabía alegre maquilla la sobriedad y señorío de fachadas y aceras de la capital francesa. Es como si se dibujara una sonrisa que hiciera de puente entre las orillas del Sena y la Torre Eiffel se erigiera en ocasional abeto navideño para los parisinos y los muchos turistas que se reúnen junto a ella. La ciudad agranda tres tallas su chaqueta y hace sonar las campanillas, mientras que miles de guirnaldas, estrellas y luces de colores van de la mano de la ilusión y esperanza de quienes todavía sienten algo especial en uns fechas tan señaladas. París se viste de Navidad, y lo hace manteniendo por completo esa elegancia y exclusividad que le caracteriza.

Con motivo de mi último viaje a la Ciudad de la Luz os traigo una serie de ideas y lugares en los que vivir y, sobre todo, sentir una Navidad puramente parisina. Si os apetece, podemos pasear juntos por los escenarios más navideños de París y pintar un Christmas muy especial para felicitar estas fiestas. Leer el resto de esta entrada »
Érase en Lituania una pequeña colina rodeada de prados y pastos. Se cuenta que allí durante la Edad Media aparecieron de la nada cruces de madera y hierro para recordar los muertos en la batalla con los Caballeros Teutónicos que habían conquistado aquella tierra. Mucho tiempo después, cuando Rusia expandió sus dominios hacia el Báltico en el Siglo XIX, se repitó lo que se pensaba había sido una Leyenda popular y varias cruces fueron clavadas en aquel lugar solitario. La colina se convirtió en un símbolo silencioso ante la opresión foránea, aunque nada comparable a lo que sucedería con posterioridad a la II Guerra Mundial. Con Lituania dentro de la URSS decenas de cruces brotaron cada noche en la hierba, con la consiguiente desaprobación de los rusos que no dudaron en retirar de inmediato lo que consideraron afrentas del pueblo contra el régimen. Éste, que además es un país con unas creencias católicas muy férreas, protestaba ante los soviéticos de esa manera y puso todas las noches más y más cruces. A raíz de una revuelta en los años 60, a la Fe se le machacaba a base de fuerza y los militares rusos hicieron lo posible por acabar con semejante icono de resistencia. Se incendió la colina varias veces, los tractores rompieron incluso la forma natural de la colina, se arrojó basura para convertirla en vertedero, se declaró falsamente el lugar como zona con rabia y se prohibió terminantemente el paso. Pero nada sirvió porque las decenas se conviertieron en cientos y éstos en miles. Se planteó incluso construir una presa y, de ese modo, inundar por completo aquellos parajes, aunque finalmente el tiempo se detuvo en la Unión Soviética y Lituania logró su independencia en 1991. La colina de las cruces ha visto llover miles de cruces más desde entonces y erigirse como un lugar sagrado en el que, de una forma u otra, nació un país libre.

Hoy en día más de cien mil cruces se abalanzan ante la mirada del viajero, convirtiéndose en el mayor reclamo de peregrinos y turistas que ponen sus pies en Lituania. Dentro de mi viaje a los Países Bálticos tenía la premisa indiscutible de verlo con mis propios ojos y así lo hice. Me fui a perder en este laberinto tan enigmático y cargado con el alma de quienes una vez comprobaron que resistir es sinónimo de victoria. Leer el resto de esta entrada »
Cēsis es Letonia y Letonia es Cēsis. No se puede concebir la una sin la otra. El motor de la Historia letona demuestra constantemente que sus raíces como Nación se agarran a ese suelo removido por la Naturaleza de los bosques milenarios que tapizan el Valle del Gauja. Allí la Edad Media nos trae la sede de una Orden de Caballeros, los Hermanos Livonios de la Espada, que constituían el brazo templario y cruzado en las lejanas tierras bálticas. Por los apostentos de un grueso castillo fueron pasando los Maestres de la Orden desde el año 1209 hasta 1561. A imagen y semejanza de las fortificaciones que los Cruzados habían ido levantando en Tierra Santa para luchar y protegerse del infiel, el Castillo de Cēsis fue durante siglos la armadura más poderosa de Livonia. Eso lo sabían sus enemigos, por lo que en siglos posteriores fue rendido a batallas contra los suecos primero y los rusos después en la Gran Guerra del Norte (primer tercio del S. XVIII) por la supremacía del territorio bañado por el Mar Báltico. El declive irremediable de un castillo casi en ruinas se detuvo cuando el Conde Carl Sievers pasó a ser su dueño, levantando incluso uno nuevo sobre los antiguos establos. Hoy en día permanece en pie el esqueleto de piedra roído de la Orden de Livonia, un castillo de aspecto misterioso que durante mi último viaje a las Repúblicas Bálticas tuve la suerte de visitar con la única compañía de un farol que debía sostener con mis manos mientras rogaba al cielo que no se apagara su luz en pleno ascenso a un oscuro torreón.

Parece una historia de fantasmas, de castillos encantados y sonido de cadenas. Pero es únicamente una de las sorpresas que nos guarda la bella población de Cēsis, a escasos 90 kilómetros de Riga, congelada en el tiempo y con un lugar enigmático enclavado sobre una verde colina que aún requiere la tenue luz de una vela. Leer el resto de esta entrada »
En mi reciente viaje a las Repúblicas Bálticas me llamó mucho la atención que sobre todo en un país, Estonia, hubiese tantos puntos wi-fi abiertos y, por lo tanto, gratuitos. Era posible cruzar Tallinn de norte a sur y de este a oeste con el smartphone conectado a internet durante todo el camino. Y lo más impresionante, pude tener varias conexiones dentro de un bosque cerrado como es del del Soomaa National Park, en el que habitan los osos, los lobos y los alces, y apenas hay unas pocas cabañas de madera en su interior. Tuve contacto online con mis amigos y mandar información instantánea tanto a la web como a las plataformas sociales Facebook y Twitter. Asímismo en el 100% de las gasolineras en las que me detuve pude utilizar Google maps para guiarme, encontrar lugares de interés a mi alrededor o simplemente enviar un mensaje a mi familia. Estonia vive conectada constantemente e incluso se relaciona con sus ciudadanos a través de la red. Es todo un ejemplo a seguir, tanto que ya se la conoce como E-stonia o Estonia 2.0, ese país en el que uno puede navegar por internet en el bosque.

Para mí dice mucho de un país su apertura a las nuevas tecnologías de cara a su propia gente y a quienes les visitan. Sin duda el acceso de calidad y barato (gratis en muchos casos) a la información y a la comunicación entre las personas es un varapalo a países y organizaciones atrasadas que especulan y se enriquecen a costa de algo que debería ser un Derecho Fundamental. El crecimiento también tiene que ver con esto, aunque algunos no quieran darse cuenta. Leer el resto de esta entrada »

En las Repúblicas Bálticas nos encontramos tres pequeños países que formaron parte de la URSS hasta el año 91 y que ahora vuelan solos mirando hacia atrás lo justo y necesario. Pocos pensaron que se fueran a soltar tan rápido de la mano de la potencia que las absorbía y tuviesen un avance semejante para incorporarse de pleno a la Unión Europea. Con muchas ganas, de la mano y, sobre todo, con mucho trabajo, Estonia, Letonia y Lituania se abrieron al mundo orgullosas de su Historia, su cultura, su naturaleza y su gente. Desde ese momento el crecimiento del turismo en los países Bálticos progresó tanto que se convirtió en una de las mejores noticias para los viajeros que poco antes debían recurrir a la burocracia para obtener sus permisos de entrada. Ahora apenas queda rastro de los tiempos grises y se considera normal la absoluta libertad y facilidad de acceder a ciudades maravillosas como Tallinn, Riga o Vilnius (las tres capitales son Patrimonio de la Humanidad), recorrer profundos bosques o el litoral bañado por el Mar Báltico, y conocer pueblos verdaderamente auténticos con los que tocar la tradicionalidad con las yemas de los dedos.

Aprovechando que al regreso del viaje a Uzbekistán hacíamos escala en Riga pude prolongar esta “parada técnica” más tiempo y así realizar una ruta en coche de alquiler que no estaba en absoluto planificada. 2000 kilómetros después me gustaría mostraros en qué consistió dicho viaje de una semana por los Países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), cuáles fueron los lugares que visité, así como algunas claves y consejos prácticos para quien desee vérselas con este trío de Repúblicas tan particulares como fascinantes. Leer el resto de esta entrada »

Centellean las cúpulas de Samarkanda, se oyen los cantos en los minaretes de Bukhara, las murallas de Khiva parecen más fuertes que nunca y los pastores se alejan del calor del desierto con sus rebaños para que pasten junto al Río Oxus, ahora Amu Daria. Ahora sí que sí, el Gran Viaje del verano ha comenzado. Uzbekistán, el corazón de la Ruta de la Seda, late con la sangre de los Marco Polo, Tamerlán, Ibn Battuta, y se pasea con el alma de las caravanas y camelleros que un día surcaron ese camino en el que se hicieron transfusiones de sabiduría tanto o más que de mercancías. Nuestros pies buscan también posarse sobre este lugar que se rompe en la Historia del mundo mezclada en este lejano rincón de Asia Central. Pero no todo acaba allí, ya que la emoción de bifurcará en una última semana recorriendo las Repúblicas Bálticas, esos países de la ex-Unión soviética que brillan con luz propia que siempre se pronuncian al unísono y en el mismo orden: Estonia, Letonia o Lituania. Dos viajes, dos aventuras y mil retos viajan en el interior de nuestras mochilas.

No sabéis qué alegría me da deciros que esta es una realidad, que hasta que termine el mes de julio no se hablará de regresar sino de aprender de otras personas, de otros modos de vida, de lo que supone perderse dentro de las huellas de la propia Historia. Leer el resto de esta entrada »

LEER LA 1ª PARTE DE LAS NOTAS DE UNA RUTA POR EL SUR DE BAVIERA
Pensábamos que con nuestra entrada al Castillo del Rey Loco habría desaparecido el encantamiento, que dejar atrás el cisne de piedra nos haría despertar de nuestros sueños en el sur bávaro. Pero estábamos equivocados porque ese halo mágico nos acompañaría durante todo lo que quedaba de viaje, que no era poco. Aún teníamos dos jornadas por delante en las cuales nos dejaríamos llevar en función de los lugares que se fueran presentando por el camino, algunos de los cuales los tenía anotados en la libreta por si acaso (como Oberammergau o el Palacio Linderhof), pero de los que no existía ningún orden ni ninguna premisa clara. El domingo por la mañana desconocíamos dónde íbamos a comenzar y, sobre todo, dónde íbamos a terminar. Fue el momento, la improvisación… o el viento el que decidía si ir hacia uno u otro lado. El viaje estaba en más manos que las nuestras. Y fue una bendición que así fuera.

Hay quien piensa que el Sur de Baviera es el castillo y poco más. Que sea lo más conocido no quita que debamos taparnos los ojos ante otras muchas maravillas que hay en la región. Porque el cuento de hadas bávaro no pone nunca el final en ninguna de sus hojas. Leer el resto de esta entrada »

Me gustan Inglaterra y sus clásicos. El té de las cinco, las cabinas de teléfono de color rojo, los pubs, la música pop-rock, caminar por pasillos enmoquetados,
las baked beans del desayuno, los callejones en penumbra donde sale solo el nombre de Jack el Destripador, la neblina nocturna, el pastel de zanahoria y lo solemnes y orgullosos que son los ingleses que se ven como continente y al resto de Europa como isla. Tan protocolarios en sus rutinas, tan excesivos en su tiempo libre… Viajar al Reino Unido implica sumergirse en ese mar de tópicos y permanecer inalterable al clima para vivir lo que me gusta denominar como una British Experience, es decir, absorber y participar en las peculiaridades del país situado al otro lado del Canal de la Mancha. Precisamente para ello nos juntamos un buen grupo de amigos viajeros, quienes nos decidimos por llevar a cabo un Weekend inolvidable en dos ciudades en las que ninguno habíamos estado. Bristol y, sobre todo, Bath, fueron el fondo de una bonita historia en la que unos locos unidos por una misma pasión compartimos 48 horas viajando sin parar.

Bristol (UK). De izquierda a derecha: David, Víctor el asturiano, Paula, Isaac, Eva, Víctor (Maka) y Alicia. En el suelo…yo
Grandes amigos y grandes destinos dentro de una aventura de bajo presupuesto. Bath es para mí la ciudad más bella que he conocido en Inglaterra, y Bristol un espacio que huele a grandes navieras que aprovecha sus viejos muelles para revitalizarse. En fín, Inglaterra, probablemente el país mejor comunicado de Europa a través de vuelos baratos, tiene tantas sorpresas que hay que ir destapándolas poco a poco. En el relato de hoy lo hacemos en muy buena compañía. Leer el resto de esta entrada »

Un lago completamente congelado tras el cual tomaban altura los Alpes con sus cumbres blancas en forma de pico ocultándose en el cielo corresponde a la imagen que por las mañanas observábamos desde la habitación de la casa de madera en la que nos quedábamos a dormir. La calidez cortaba el hielo a un centímetro del cristal, mientras que ya empezábamos a sentir el aroma de un café humeante y de bollos recién salidos del horno. A muy pocos kilómetros de Füssen, en el extremo más meridional del Estado Federado de Baviera, teníamos establecida nuestra base desde la que salíamos a explorar los confines del territorio alemán, que va a morir a la frontera montañosa que lo separa de Austria y Suiza. El Sur bávaro y sus inmensos paisajes esconden tantos lugares magníficos que hacen que cualquier ruta, por muy pequeña que sea, se convierta en extraordinaria. Aquí viven los castillos de los cuentos igual de mágicos como el de la Bella Dumiente, o Palacios versallescos en el interior de un bosque, o casitas con las paredes pintadas contándonos la historia de Caperucita Roja y de los hermanos Hansel y Gretel. Como telón de fondo, el indescriptible y escarpado paisaje alpino aún presa de un invierno frío que ha logrado interrumpir la marcha del agua de las cascadas para convertirlas en punzadas de hielo sobre las rocas. Casi nada…

Así es el sur de Baviera, y si no me creéis no tenéis más que caminar conmigo a través de estas líneas para comprobarlo. He tenido a bien recopilar unas notas relativas a este viaje con las que recordar qué fue lo que nos deparó en el mismo. Un viaje que vino motivado por el deseo exhacerbado de ver el Castillo del Rey Loco (Schloss Neuschwanstein) con nuestros propios ojos y que se derramó en otras muchas maravillas que pudimos visitar alrededor suyo. La undécima ocasión en que pude pisar suelo alemán mantuvo la excelencia de las demás incursiones al que es probablemente mi país preferido de Europa. Veámoslo entonces! Leer el resto de esta entrada »

El amanecer en la Toscana es distinto a cualquier otro. Una niebla de extraordinaria densidad roba el protagonismo al Sol y hace prácticamente opacos los primeros rayos de del día. Una maraña blanquecina se vuelve arboleda en el campo y muralla en la ciudad, se cuela por las puertas y ventanas e inhibe cualquier sonido. Humedece y limpia el aire, y una vez conseguido se marcha muy lentamente, convirtiéndose en brillo matutino, en una nubecilla insignificante, en una mota de polvo que se dispersa sin más. Será entonces cuando brote el color de los viñedos y olivares, el motor de una vespa despierte y del horizonte emerjan las ciudades y pueblos majestuosos que aún mantienen la esencia que les ha permitido sobrevivir a los etruscos, los romanos, los bárbaros, a la Edad Media, al hombre renacentista y a todo lo que llegó después. ¿Que cuál es la esencia? La belleza prestada por las civilizaciones que pasaron por ahí, que dejaron sus huellas, que hicieron Arte para el mundo y su lejana posteridad. La Región de la Toscana, probablemente la más hermosa de Italia, está repleta de lugares asombrosos, tantos que serían muchos los viajes que habría que hacer para descubrirlos todos. En nuestro caso, tras embriagarnos de Siena, nos encomendamos a nuestro Fiat para recorrer en un domingo majestuoso las ciudades de San Gimignano o Volterra, y una muralla perfecta sobre la colina en Monteriggioni.

San Gimignano, un pueblo con los primeros rascacielos de piedra que se levantaron en el Siglo XIII. Volterra, un municipio que viaja de Etruria al Renacimiento bajándose en la Edad Media y recibiendo una fama postrera por aparecer en la saga vampírica de Crepúsculo (Twilight). Monteriggioni y sus muros circulares de los que escribiera Dante en la Divina Comedia. Con ellos pasamos un domingo difícil de olvidar. Leer el resto de esta entrada »














