Noche de auroras boreales en Laponia Noruega

Un largo viaje de Madrid hasta Tromsø nos había hecho llegar bien entrada la noche a nuestra pequeña cabaña de color rojo al otro lado del gran puente. La corriente de un río helado se dejaba escuchar a pocos metros y las nubes pugnaban con las estrellas por adueñarse de los cielos polares de este pequeño punto de Laponia Noruega. De repente alguien señaló el cielo y una banda luminosa que al principio percibimos como gris pasó por encima de nuestras cabezas. Tras correr como locos adentro y preparar los trípodes y las cámaras salimos fuera ante lo que para el grupo se trataba nada menos que nuestra primera aurora boreal.

Aurora boreal en Laponia Noruega

La mirada enseguida se hizo a la oscuridad y lo que al principio era gris se volvió verde. Parecía imposible pero un juego de luces empezó a jugar con nosotros. Si bien el gran objetivo de nuestro viaje a Laponia Noruega era precisamente ver en directo auroras boreales, no había hecho falta más que aproximarnos a las puertas de la cabaña para disfrutar de uno de los mayores espectáculos que la naturaleza es capaz de ofrecer en estas latitudes. Leer artículo completo ➜

Érase un avión abandonado en una playa de Islandia

No se me ocurre un escenario más inspirador para ir a tomar fotos. Se trata del cuerpo de un viejo avión abandonado sobre la arena negra de una playa tan inmensa que parece un desierto. Apenas se le intuyen unas alas que no tiene, ni la cola. Hueco por dentro, no es más que un amasijo de recuerdos en el silencio de su varamiento forzoso. Hace ya más de cuatro décadas que este avión militar que perteneciera a las fuerzas aéreas norteamericanas destacadas en Islandia en plena Guerra Fría tuvo que realizar un aterrizaje forzoso sobre la tierra volcánica de Sólheimasandur sin lamentar la pérdida de vidas humanas. Y allí se quedó, testigo mudo de una catástrofe interrumpida in extremis.

Avión abandonado en Islandia

Hoy día saber dónde está el avión abandonado de Islandia es uno de los retos más bonitos y curiosos que tienen los viajeros que recorren el país en coche. Y es que para fotografiar su deteriorado fuselaje hay que localizarlo primero. Para ello me gustaría contar exactamente en qué lugar se encuentra y cómo llegar hasta él.  Leer artículo completo ➜

Postales de una primavera en Islas Lofoten

Al otro lado del Círculo Polar Ártico, bañadas por el Mar de Noruega y tocadas con la varita de las noches infinitas del invierno, así como de un verano en el que nunca se apaga el sol, surgen las Islas Lofoten. Un archipiélago de picos nevados casi todo el año, fiordos horadando acantilados y secaderos de bacalao nutriéndose de viento y salitre. La región de Laponia en Noruega cuenta con el privilegio de poseer una adorable colección de estampas de naturaleza y tradición varadas en el oleje nórdico, logrando una fusión de paisajes deslumbrantes salpicados de minúsculas aldeas que apenas logran reunir unas pocas cabañas de madera que los pescadores pintaron de rojo o amarillo hace mucho tiempo.

Paisaje de Islas Lofoten (Noruega)

La intensa noche polar hace a Islas Lofoten enormemente atractivas durante el invierno, mientras que el sol de medianoche las convierte en un destino perfecto para recorrer en verano. Pero es quizás la primavera uno de sus recursos más preciados, ya que buena parte de la misma permite una mezcla con lo mejor de ambos períodos. Auroras boreales y largas jornadas de sol, un clima más benévolo para recorrer en coche o hacer buenos trekkings y la apetitosa posibilidad de escapar de la temporada alta. Leer artículo completo ➜

Rumbo al Ártico noruego: Nos vamos a Islas Lofoten

Pasamos del reto del tigre de Bengala en el calor de la India a surcar el Mar de Noruega por encima del Círculo Polar Ártico para disfrutar de los paisajes puntiagudos de Islas Lofoten y Vesteralen. Y sin solución de continuidad. En esta ocasión tomaremos latitud norte y nos abrigaremos bien para vivir la esencia de uno de los lugares más pintorescos que se pueden visitar hoy día en Noruega. Recorreremos estas islas en barco, en automóvil, con raquetas de nieve y hasta en trineo para aprovechar las últimas horas de un largo invierno que está a punto de quedar atrás para que en pocos meses reine el sol de medianoche de manera definitiva.

Islas Lofoten (Noruega)

En uno de los panoramas más extremos y extraordinarios de Escandinavia ahondaremos en deliciosos parajes naturales, en los pueblos de pescadores, en las tradiciones ancestrales de sus gentes y, por supuesto, trataremos de echar el lazo a un sueño que viene de largo, presenciar en directo el espectáculo de las auroras boreales. Leer artículo completo ➜

Guía alternativa con esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa

Con el término olisipófilo se define a “aquella persona que ama o le tiene un afecto superlativo a la ciudad de Lisboa, la cual los romanos denominaban Olissipo en lengua latina”. La vez que supe de la existencia de esta curiosa filia me di cuenta de que la padecía por los cuatro costados. Pero que no se trataba de nada malo en absoluto. Al contrario, eso explicaba que todos mis viajes a ella me parezcan pocos y que siempre me quede con ganas de más. Si bien ya había podido estar unas cuantas veces en la capital portuguesa, incluyendo petición de matrimonio en uno de los fines de semana más románticos que he vivido nunca, tuve la suerte de regresar una ocasión más abandonando los consejos de las guías de viaje y de repetir las mismas visitas a la parte más monumental de la ciudad. Tenía ganas de conocer otra Lisboa, la de los alfacinhas (que significa lechuguitas, el apodo cariñoso con el que se les conoce también a los lisboetas en Portugal por sus cultivos de lechugas en la antigüedad) y así descubrir nuevos escenarios en los que no había reparado en mis anteriores recorridos.

Tranvías de Lisboa (Portugal)

En una escapada express de 48 horas hice una visita alternativa que me sirviera para conocer esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa. Una ruta diferente, con un toque de fado, arte urbano, cementerios que parecen museos, jardines majestuosos que no quedan a la vista, factorías reconvertidas en cultura, historias curiosísimas e incluso pastelerías donde preparan unos pastelitos de nata tan buenos o más que los de Belém (y eso es decir mucho). Y tras regresar de la ciudad de los tranvías amarillos, del Tajo, de Camões, Pessoa o del aroma al mejor café que se toma en Europa me gustaría compartir con vosotros una breve guía alternativa con la que sacarle más partido a un viaje sólo apto para olisipófilos reincidentes.  Leer artículo completo ➜

Un paseo en blanco y negro en el Cementerio de los Placeres de Lisboa

El Cémiterio dos Prazeres (en castellano Cementerio de los Placeres) es a la ciudad de Lisboa lo que Père-Lachaise a París, La Recoleta a Buenos Aires o San Isidro a Madrid. Camposanto de ilustres que quisieron hacerse eternos en la fría piedra de sus túmulos, en esos panteones convertidos en hogares que albergaran la que fue su vida antes de apagarse definitivamente. Una devastadora epidemia de cólera forzó el levantamiento en 1833 de un cementerio en lo alto de una colina de Campo de Ourique, con vistas al río Tajo, muy cerca de donde vivía la aristocracia portuguesa, así como quienes se habían hecho ricos o habían pasado a ser verdaderas celebridades en el primer cuarto del siglo XIX. A diferencia del Cemitério do Alto de São João, en la parte oriental y más humilde de la ciudad, los Placeres se convirtieron el último reposo de pudientes lisboetas que buscaron alcanzar la inmortalidad refugiados en la fría piedra de sus jazigos o panteones.

Detalle del Cementerio de los Placeres de Lisboa

Una ruta más allá de lo típico de la capital portuguesa nos llevó a conocer el Cementerio de los Placeres de Lisboa de manera guiada y explicada por locales. Os propongo hacer con nosotros un lento paseo fotográfico en blanco y negro en busca de los símbolos de la vida pasada, la muerte y la eterna saudadeLeer artículo completo ➜

Los pueblos de interior más bonitos del País Vasco francés

Una frontera de papel dobla en dos partes la tierra del euskera, la txapela, los txikitos del aperitivo y toda una forma de ver la vida. A uno y otro lado de las montañas, ya sea desde España o desde Francia, los prados tienen una gama de verdes únicos en la paleta de colores. Y en ellos podemos descubrir algunos rincones de belleza infinita que no suelen copan demasiados reportajes turísticos ni guías. Regresando de un roadtrip por Midi-Pyrénées le dedicamos un aparte a nuestro viaje. Decidimos dejar a un lado las localidades marítimas de la costa vasca y así sumergimos en una ruta diferente por el corazón del País Vasco francés para ir en busca de los pueblos de interior más bonitos que se esconden en valles encantados y en cuyas fachadas con traviesas de madera rojas, verdes o azules se deja secar el pimiento.

Fachadas de La Bastide-Clairence, típicas del País Vasco francés

Siempre tuve un especial interés en conocer esos pueblos con encanto más allá de la frontera que conserva la tradición vasca a flor de piel. Y para ello llevamos a cabo una ruta en coche por los pueblos de interior del País Vasco francés con objeto de descubrir cuáles son los lugares más recomendables para ver en la zona. ¿El resultado? Aquí lo tenéis… Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer en Sevilla (Guía para primerizos)

Arturo Pérez-Reverte en La piel del tambor describía Sevilla como “una superposición de historias, de vínculos imposibles de explicar unos sin otros” y como un “rosario de tiempo, y sangre, y rezos en lenguas diferentes bajo un cielo azul” donde resulta fácil abstraerse de todo para escuchar incluso hablar a las piedras supervivientes de una historia sin igual. La primera vez que uno ve Sevilla con sus propios ojos no sabe dónde mirar o con qué escena quedarse, si con un mar de tópicos del sur volcados en los ajimeces de la Giralda, con un toque de guitarra retumbando en un callejón estrecho de la judería o con una frontera entre dos mundos en mitad del puente de Triana. Si de Toledo dicen que fue la ciudad de las tres culturas, de Sevilla habría que añadirle una cuarta, la del arte impregnado de alegría, la de la música y el vocerío a deshoras y, en definitiva, la cultura de vivir la vida como si fuera cada día el último.

Giralda de Sevilla

Me entusiasma Sevilla. Me temo que no soy sospechoso de lo contrario. Para compartir una de mis pasiones con otros viajeros he preparado una guía rápida para primerizos con lo mejor que ver y hacer en Sevilla en una escapada de un par de días. Se trata de una suma de lugares y momentos dignos de vivir en la capital andaluza. Volver ya será otra historia porque la vieja Híspalis nunca se termina de conocer nunca…  Leer artículo completo ➜

Visita al castillo de Cēsis sosteniendo un viejo farol

Cēsis es Letonia y Letonia es Cēsis. No se puede concebir la una sin la otra. El motor de la historia letona demuestra constantemente que sus raíces como nación se agarran a ese suelo removido por la naturaleza de los bosques milenarios que tapizan el valle del Gauja. Allí la Edad Media nos trae la sede de una Orden de Caballeros, los Hermanos Livonios de la Espada, que constituían el brazo templario y cruzado en las lejanas tierras bálticas. Por los aposentos de un grueso castillo fueron pasando los Maestres de la Orden desde el año 1209 hasta 1561. A imagen y semejanza de las fortificaciones que los Cruzados habían ido levantando en Tierra Santa para luchar y protegerse del infiel, el castillo de Cēsis fue durante siglos la armadura más poderosa de Livonia. Eso lo sabían sus enemigos, por lo que en siglos posteriores fue rendido a batallas contra los suecos primero y los rusos después en la Gran Guerra del Norte (primer tercio del S. XVIII) por la supremacía del territorio bañado por el Mar Báltico. El declive irremediable de un castillo casi en ruinas se detuvo cuando el Conde Carl Sievers pasó a ser su dueño, levantando incluso uno nuevo sobre los antiguos establos. Hoy en día permanece en pie el esqueleto de piedra roído de la Orden de Livonia, un castillo de aspecto misterioso que durante el viaje que hice a las Repúblicas Bálticas tuve la suerte de visitar con la única compañía de un farol que debía sostener con mis manos mientras rogaba al cielo que no se apagara su luz en pleno ascenso a un oscuro torreón.

El castillo de Cesis (Letonia) sosteniendo un viejo farol

Parece una historia de fantasmas, de castillos encantados y sonido de cadenas. Pero es únicamente una de las sorpresas que nos guarda la bella población de Cēsis, a escasos 90 kilómetros de Riga, congelada en el tiempo y con un lugar enigmático enclavado sobre una verde colina que aún requiere la tenue luz de una vela. Leer artículo completo ➜

Una visita al Museo Postal y Telegráfico en Madrid (Cartero por un día)

Me vienen a la mente esos tiempos no tan lejanos en que recibir una carta de un familiar que vivía en el extranjero, de ese amor de verano que vivía en la otra punta del país o una postal de tu mejor amigo durante sus vacaciones, se convertía en todo un acontecimiento. El mero hecho de recoger del buzón una carta manuscrita y descifrar las curvas de una letra algo enrevesada escrita a bolígrafo se trataba de una noticia que por sí misma era capaz de arrancarme una sonrisa. Hoy día, cuando no se recibe correspondencia como antes, los Christmas te llegan por whatsapp y los sobres no esconden más que tristes facturas, no viene mal recordar cómo funcionaban los envíos postales antes de que llegara la Era de internet. Y para ello me gustaría hablaros de un lugar que he tenido la suerte de conocer recientemente en Madrid y del que no sabía ni de su existencia hasta apenas días antes de visitarlo. Se trata del Museo Postal y Telegráfico, historia viva de las comunicaciones en España y en el mundo, que durante un buen rato fue capaz de trasladarme a esos tiempos de carteros en bicicleta, buzones con cabezas de león y sellos de solapa. O de los primeros telégrafos con código morse así como esas centralitas de madera en que todavía resuena la frase con voz femenina de “Le paso”.

Buzón del Museo Postal y Telegráfico de Madrid

Una visita al Museo Postal y Telegráfico permite darse un paseo bien entretenido por los dos últimos siglos no sólo para aprender sino también para revivir con nostalgia ese instante en que prácticamente se esperaba al cartero a la puerta de casa para recibir de sus manos el mensaje que uno tanto llevaba esperando. Y no me estoy refiriendo de tiempos pretéritos en blanco y negro, sino de ayer mismo… Leer artículo completo ➜

El castillo de Gormaz, la mayor fortaleza califal en Europa

Entre los siglos X y XI, cuando el río Duero ejercía de difícil frontera entre musulmanes y cristianos, las luchas se sucedían en uno y otro bando. La tan ansiada Reconquista de la Península Ibérica para serle devuelta a la cristiandad pasaba por un hecho o, más bien por un lugar. El castillo de Gormaz, bajo el poder califal y considerado como la fortaleza más grande y poderosa de la Europa medieval, debía ser derrotado. Quien se hiciera con este enclave vital (situado en el interior de la actual provincia de Soria) daría el paso más importante durante los siete siglos de reconquista. Desde lo alto de una colina, protegido por un perímetro amurallado de más de un kilómetro, las huestes árabes vigilaron aquella tierra de nadie que todos ansiaban controlar hasta que se decantó la balanza en el año 1060. Sería bajo el reinado de Fernando I de León cuando la guerra se puso cuesta abajo para los cristianos. Destaca la insigne figura de El Cid Campeador como Señor del castillo dos décadas más tarde. Sin Gormaz ni un califa tan guerrero como Almanzor, hacerse con la totalidad de la península era cuestión de tiempo.

Puerta califal en el Castillo de Gormaz (Soria)

Hoy día las ruinas de la mayor fortaleza califal jamás construida en territorio europeo son la sombra de un pasado de asedios y batallas cruentas. Solitario, olvidado de su propia fama y bajo un sol impenitente restregándose sobre la meseta soriana, el castillo de Gormaz se limita a mirar con sus arcos de herradura como ojos esos campos de Castilla a los que nos llevara la poesía del gran Machado. Su carácter humilde contrasta con su papel en la Historia de España y son los viajeros quienes, extraordinariamente asombrados, devuelven el orgullo a este lugar con piropos y suspiros.  Leer artículo completo ➜