Notas de una Ruta por el Sur de Baviera (Parte 2 de 2)

LEER LA 1ª PARTE DE LAS NOTAS DE UNA RUTA POR EL SUR DE BAVIERA

Pensábamos que con nuestra entrada al Castillo del Rey Loco habría desaparecido el encantamiento, que dejar atrás el cisne de piedra nos haría despertar de nuestros sueños en el sur bávaro. Pero estábamos equivocados porque ese halo mágico nos acompañaría durante todo lo que quedaba de viaje, que no era poco. Aún teníamos dos jornadas por delante en las cuales nos dejaríamos llevar en función de los lugares que se fueran presentando por el camino, algunos de los cuales los tenía anotados en la libreta por si acaso (como Oberammergau o el Palacio Linderhof), pero de los que no existía ningún orden ni ninguna premisa clara. El domingo por la mañana desconocíamos dónde íbamos a comenzar y, sobre todo, dónde íbamos a terminar. Fue el momento, la improvisación… o el viento el que decidía si ir hacia uno u otro lado. El viaje estaba en más manos que las nuestras. Y fue una bendición que así fuera.

Hay quien piensa que el Sur de Baviera es el castillo y poco más. Que sea lo más conocido no quita que debamos taparnos los ojos ante otras muchas maravillas que hay en la región. Porque el cuento de hadas bávaro no pone nunca el final en ninguna de sus hojas.  Leer artículo completo ➜

Notas de una Ruta por el Sur de Baviera (Parte 1 de 2)

Un lago completamente congelado tras el cual tomaban altura los Alpes con sus cumbres blancas en forma de pico ocultándose en el cielo corresponde a la imagen que por las mañanas observábamos desde la habitación de la casa de madera en la que nos quedábamos a dormir. La calidez cortaba el hielo a un centímetro del cristal, mientras que ya empezábamos a sentir el aroma de un café humeante y de bollos recién salidos del horno. A muy pocos kilómetros de Füssen, en el extremo más meridional del Estado Federado de Baviera, teníamos establecida nuestra base desde la que salíamos a explorar los confines del territorio alemán, que va a morir a la frontera montañosa que lo separa de Austria y Suiza. El Sur bávaro y sus inmensos paisajes esconden tantos lugares magníficos que hacen que cualquier ruta, por muy pequeña que sea, se convierta en extraordinaria. Aquí viven los castillos de los cuentos igual de mágicos como el de la Bella Dumiente, o Palacios versallescos en el interior de un bosque, o casitas con las paredes pintadas contándonos la historia de Caperucita Roja y de los hermanos Hansel y Gretel. Como telón de fondo, el indescriptible y escarpado paisaje alpino aún presa de un invierno frío que ha logrado interrumpir la marcha del agua de las cascadas para convertirlas en punzadas de hielo sobre las rocas. Casi nada…

Así es el sur de Baviera, y si no me creéis no tenéis más que caminar conmigo a través de estas líneas para comprobarlo. He tenido a bien recopilar unas notas relativas a este viaje con las que recordar qué fue lo que nos deparó en el mismo. Un viaje que vino motivado por el deseo exhacerbado de ver el Castillo del Rey Loco (Schloss Neuschwanstein) con nuestros propios ojos y que se derramó en otras muchas maravillas que pudimos visitar alrededor suyo. La undécima ocasión en que pude pisar suelo alemán mantuvo la excelencia de las demás incursiones al que es probablemente mi país preferido de Europa. Veámoslo entonces! Leer artículo completo ➜