Guía alternativa con esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa

Con el término olisipófilo se define a “aquella persona que ama o le tiene un afecto superlativo a la ciudad de Lisboa, la cual los romanos denominaban Olissipo en lengua latina”. La vez que supe de la existencia de esta curiosa filia me di cuenta de que la padecía por los cuatro costados. Pero que no se trataba de nada malo en absoluto. Al contrario, eso explicaba que todos mis viajes a ella me parezcan pocos y que siempre me quede con ganas de más. Si bien ya había podido estar unas cuantas veces en la capital portuguesa, incluyendo petición de matrimonio en uno de los fines de semana más románticos que he vivido nunca, tuve la suerte de regresar una ocasión más abandonando los consejos de las guías de viaje y de repetir las mismas visitas a la parte más monumental de la ciudad. Tenía ganas de conocer otra Lisboa, la de los alfacinhas (que significa lechuguitas, el apodo cariñoso con el que se les conoce también a los lisboetas en Portugal por sus cultivos de lechugas en la antigüedad) y así descubrir nuevos escenarios en los que no había reparado en mis anteriores recorridos.

Tranvías de Lisboa (Portugal)

En una escapada express de 48 horas hice una visita alternativa que me sirviera para conocer esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa. Una ruta diferente, con un toque de fado, arte urbano, cementerios que parecen museos, jardines majestuosos que no quedan a la vista, factorías reconvertidas en cultura, historias curiosísimas e incluso pastelerías donde preparan unos pastelitos de nata tan buenos o más que los de Belém (y eso es decir mucho). Y tras regresar de la ciudad de los tranvías amarillos, del Tajo, de Camões, Pessoa o del aroma al mejor café que se toma en Europa me gustaría compartir con vosotros una breve guía alternativa con la que sacarle más partido a un viaje sólo apto para olisipófilos reincidentes.  Leer artículo completo ➜

Un paseo en blanco y negro en el Cementerio de los Placeres de Lisboa

El Cémiterio dos Prazeres (en castellano Cementerio de los Placeres) es a la ciudad de Lisboa lo que Père-Lachaise a París, La Recoleta a Buenos Aires o San Isidro a Madrid. Camposanto de ilustres que quisieron hacerse eternos en la fría piedra de sus túmulos, en esos panteones convertidos en hogares que albergaran la que fue su vida antes de apagarse definitivamente. Una devastadora epidemia de cólera forzó el levantamiento en 1833 de un cementerio en lo alto de una colina de Campo de Ourique, con vistas al río Tajo, muy cerca de donde vivía la aristocracia portuguesa, así como quienes se habían hecho ricos o habían pasado a ser verdaderas celebridades en el primer cuarto del siglo XIX. A diferencia del Cemitério do Alto de São João, en la parte oriental y más humilde de la ciudad, los Placeres se convirtieron el último reposo de pudientes lisboetas que buscaron alcanzar la inmortalidad refugiados en la fría piedra de sus jazigos o panteones.

Detalle del Cementerio de los Placeres de Lisboa

Una ruta más allá de lo típico de la capital portuguesa nos llevó a conocer el Cementerio de los Placeres de Lisboa de manera guiada y explicada por locales. Os propongo hacer con nosotros un lento paseo fotográfico en blanco y negro en busca de los símbolos de la vida pasada, la muerte y la eterna saudadeLeer artículo completo ➜