Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia IV

En 1916 la Gran Guerra se había estancado y mover posiciones, aunque fueran unos pocos metros en Frente occidental, tenía consecuencias letales. Un invierno en las trincheras era convivir puerta a puerta con el frío y la lluvia incesante que convertía todo lo que tocaba en barro inmundo. La moral de los soldados que habían sobrevivido a los dos primeros años de contienda estaba por los suelos. Tras varios intentos fallidos por parte del ejército aliado compuesto por franceses y otras nacionalidades de la Commonwealth se empezó a maquinar el principio del fin de la guerra. Desgajar las líneas alemanas en le Chemin des Dames y forzar su retroceso dependería por completo de una tarea de distracción que se preparó a conciencia durante casi un año en la ciudad de Arras.

Cantera Wellington (Arras, Artois, Nord-Pas de Calais)

Durante la Batalla de Arras, en la primavera de 1917, el factor sorpresa llegaría a través de túneles excavados desde hacía varios meses por un equipo de zapadores neozelandeses expertos en minería. Más de 20.000 soldados saldrían del subsuelo como auténticos muertos vivientes para cercenar al ejército germano al otro lado de Arras. Únicamente de esa manera podrían darle un vuelco a una Primera Guerra Mundial que sólo en el norte de Francia se había llevado a más de un millón de víctimas. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia III

Felices se las prometían unos y otros al inicio de Primera Guerra Mundial de la Historia. Cuando en el verano de 1914 se desencadenó el conflicto tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en la ciudad de Sarajevo, los alemanes no tenían dudas de que allá por navidades estarían celebrando su entrada en París. Y los franceses, así como sus aliados, sostenían lo mismo con respecto a Berlín. La guerra, según ellos, sería cuestión de semanas o pocos meses. Pero pronto se dieron cuenta de que ya no estaban en el siglo XIX y que cientos de miles, millones de soldados en realidad, perderían la vida y la inocencia en el barro de las trincheras, rodeados de cadáveres y de ratas durante cuatro años que se hicieron eternos.

Ruinas de una iglesia destruida durante la I Guerra Mundial (Saint Nazaire, Norte de Francia)

Recuperar la colina de Notre Dame de Lorette de las manos alemanas iba a costar muy caro. Tanto como cien mil franceses en una de las grandes derrotas del inicio de la Gran Guerra. Sólo por una colina, por avanzar unos metros y no dar un paso atrás. Hoy de aquello no queda más que un reguero de tumbas y un jardín regado por las lágrimas. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia II

Algunos extractos de cartas enviadas durante la I Guerra Mundial desde las trincheras por los soldados a sus familias son demoledores, a la vez que ilustran a la perfección lo que pasaba por su mente. Encuentro especialmente significativo un texto que reza lo siguiente: “Papá. Aquí para que te evacuen hace falta reventar. Me gustaría que el Gobierno estuviera en el frente durante dos horas y vería lo que es esto. Me da igual si la carta pasa la censura, no es más que la verdad. Perdóname, no quiero que nos hablen de campo, del honor, porque yo lo llamo carnicería. Porque esta guerra no es más que un juego de masacre para nosotros en el que se nos lleva como vacas o corderos al matadero. Tu hijo desesperado por volver con vida.”Cementerio portugués en Nord-Pas de Calais (Norte de Francia)

Mientras sigo los caminos de la memoria en el frente que dividía en dos Nord-Pas de Calais, en el norte de Francia que limita con Bélgica, no soy capaz de dejar atrás una sensación extraña. Tengo una sensación amarga en la garganta cada vez que veo un nombre incrustado en una lápida o que la tierra permanece removida por el estallido de los obuses que entre 1914 y 1918 desolaron estos campos. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia

“Cuando vuelva podré contarte cómo es la guerra, no la gloria que hay en ella, sino sus horrores” se puede leer una carta oculta en un desván durante casi un siglo. Formaba parte de uno de los muchos papeles enviados por correo postal con los que un jovencísimo soldado del Imperio británico informaba a su madre de las peripecias y desencantos vividos en la I Guerra Mundial. La cruenta Batalla de Fromelles desvaneció su deseo de regresar a casa y así narrar su difícil experiencia en la Gran Guerra librada en Europa que dejaría un continente destrozado. El norte de Francia se convirtió en su tumba, así como la de millones de personas que jamás pudieron volver a sus hogares. Gente que marchó en busca de gloria pero se encontró de frente con pozos de miseria, podredumbre y muerte en el barro pringoso de una trinchera inútil.

Tumba de la I Guerra Mundial en el Norte de Francia

En Nord-Pas de Calais, más conocido como el Flandes francés, pude iniciar un viaje de varios días a la I Guerra Mundial siguiendo las principales batallas que tuvieron lugar en la región. Allí fui testigo, un siglo después de la Gran Guerra, de cómo Europa se convirtió en un gran tablero de ajedrez que se quedó sin peones.

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