Archivo de la categoría ‘RELATOS DE VIAJES’

Pocas costumbres son tan típicamente inglesas como la del té de las cinco. Eso lo sabe hasta el más pintado. Quizás lo que no se suele decir es que ese té envuelto delicadamente en bolsitas viene de muy lejos y que dejarse caer en el agua caliente de una taza es tan sólo el final de un proceso realmente largo. Sri Lanka, al igual que países como India o Kenia, es una de las mayores potencias en la producción de hojas de té negro. La denominación de origen Ceylon Tea (Té de Ceilán) es ciertamente indiscutible. Su cultivo en la Naturaleza de áreas tropicales o subtropicales mejora el resultado, aunque el toque de calidad ideal viene si a este factor le sumamos la altura. Precisamente en las Tierras altas de Sri Lanka, también conocidas como El País de las montañas, nace el que probablemente está considerado el mejor té del mundo. Se empezó a cultivar en el Siglo XIX cuando se demostró que aquel suelo (entre 1000 y 2000 m. de altura) era el más idóneo para situar las plantaciones. Nuwara Eliya, una villa puramente colonial de sabor inglés a la que se le conoce coloquialmente como “Little England” (la pequeña Inglaterra), fue la base de los cultivos de un té verdaderamente prodigioso, de gran pureza y mejor aroma. Allí los colonos británicos establecieron sus fincas y sus casitas de campo, aprovechando un clima más fresco y similar al de la Madre Patria. Nació con ellos un negocio que hoy en día sigue dando grandes resultados y que el país ha tomado como propio. Las estampas de las mujeres tamiles recolectando hojas de té a una velocidad de vértigo son ya parte de la esencia de Sri Lanka.

Nuestro largo viaje en tren por las Tierras altas nos llevó en su primera etapa a Nuwara Eliya donde nos establecimos en un antiguo cottage inglés para salir a conocer una villa colonial realmente encantadora y perdernos en la frescura de las plantaciones de té. El lugar donde comienza todo antes de que aproximes lentamente la taza a tus labios… Leer el resto de esta entrada »
La belleza suele encontrarse en las cosas más sencillas que nos rodean. En ocasiones hay lugares que pasan desapercibidos por ser, simplemente, humildes. Si nos fijamos bien en ellos, estaremos más cerca de sentir la magia de esos rincones pequeños capaces de devolvernos sentimientos que creíamos tener olvidados. El ejemplo que os traigo hoy es el de “Alí Babá y los 40 ladrones”, la tienda más especial y amable que encontramos en nuestro viaje a Uzbekistán, la cual se dedica a la fabricación y venta de marionetas de papier maché. En la ciudad de Khiva, una auténtica joya en mitad del desierto, se pasea la magia de las Mil y una noches del brazo de madrasas, palacios y elevados minaretes, pero también de lo que hay detrás de algunas puertas en las que los artesanos dan la vida a los objetos. Es el caso de quien moldea los rostros divertidos de unos simpáticos títeres ataviados con trajes típicos uzbekos que tratan de acompañarte en un viaje a lo mejor de la infancia.

Me gustaría que conociérais el interior de esta entrañable tienda que refleja la magia de lo simple. Pasemos un instante para quedarnos a solas con todas aquellas caras coloreadas que esperan hallar un nuevo amigo que se las lleve a casa. A través de un vídeo conoceremos lo que se cuece en esta fábrica de ilusiones tan envuelta en la tradición. Leer el resto de esta entrada »
Érase en Lituania una pequeña colina rodeada de prados y pastos. Se cuenta que allí durante la Edad Media aparecieron de la nada cruces de madera y hierro para recordar los muertos en la batalla con los Caballeros Teutónicos que habían conquistado aquella tierra. Mucho tiempo después, cuando Rusia expandió sus dominios hacia el Báltico en el Siglo XIX, se repitó lo que se pensaba había sido una Leyenda popular y varias cruces fueron clavadas en aquel lugar solitario. La colina se convirtió en un símbolo silencioso ante la opresión foránea, aunque nada comparable a lo que sucedería con posterioridad a la II Guerra Mundial. Con Lituania dentro de la URSS decenas de cruces brotaron cada noche en la hierba, con la consiguiente desaprobación de los rusos que no dudaron en retirar de inmediato lo que consideraron afrentas del pueblo contra el régimen. Éste, que además es un país con unas creencias católicas muy férreas, protestaba ante los soviéticos de esa manera y puso todas las noches más y más cruces. A raíz de una revuelta en los años 60, a la Fe se le machacaba a base de fuerza y los militares rusos hicieron lo posible por acabar con semejante icono de resistencia. Se incendió la colina varias veces, los tractores rompieron incluso la forma natural de la colina, se arrojó basura para convertirla en vertedero, se declaró falsamente el lugar como zona con rabia y se prohibió terminantemente el paso. Pero nada sirvió porque las decenas se conviertieron en cientos y éstos en miles. Se planteó incluso construir una presa y, de ese modo, inundar por completo aquellos parajes, aunque finalmente el tiempo se detuvo en la Unión Soviética y Lituania logró su independencia en 1991. La colina de las cruces ha visto llover miles de cruces más desde entonces y erigirse como un lugar sagrado en el que, de una forma u otra, nació un país libre.

Hoy en día más de cien mil cruces se abalanzan ante la mirada del viajero, convirtiéndose en el mayor reclamo de peregrinos y turistas que ponen sus pies en Lituania. Dentro de mi viaje a los Países Bálticos tenía la premisa indiscutible de verlo con mis propios ojos y así lo hice. Me fui a perder en este laberinto tan enigmático y cargado con el alma de quienes una vez comprobaron que resistir es sinónimo de victoria. Leer el resto de esta entrada »

Atravesar la región de las Tierras altas de Sri Lanka en trenes de juguete, deteniéndonos en pequeñas estaciones del Siglo XIX con maquinaria original, y disfrutando de unas panorámicas excelentes de las montañas se convirtió en una de las experiencias más fascinantes del viaje. Allá donde la niebla se funde por los campos de té, las nubes bajan al suelo y los niños que acuden al colegio atravesando caminos de barro saludan con pasión a los viajeros, no existe más universo que el que se sostiene tembloroso sobre raíles de vía estrecha. Cuando las distancias se miden en horas, los otros pasajeros se convierten en tu familia y las ventanas por las que miras te regalan el Paraíso, no importa lo demás en absoluto. La mejor decisión posible para conocer y palpar de lleno el espíritu de Sri Lanka fue subirnos al tren y formar parte de un auténtico museo viviente del ferrocarril que dieron a luz los colonos británicos en 1864 cuando comenzó a funcionar el primero de todos ellos. Desde entonces poco o nada ha cambiado y esa cultura ferroviaria decimonónica sigue desafiando a las alturas en los adentros del País de las montañas.

Viajajamos en tren desde Kandy hasta Ella parando en Nuwara Eliya. Pero hoy no toca hablaros de estos inolvidables destinos. Deseo mostraros cómo fue nuestra aventura en el interior de un vagón recorriendo las Tierras Altas. Los nostálgicos de los trenes antiguos y los viajeros de siempre que prefieren ir con los pies en el suelo tienen su asiento asegurado. Comienza el viaje, dáos prisa… viajeros al tren! Leer el resto de esta entrada »

Se cuenta que cuando murió Siddharta Gautama, Buda, y estaba siendo incinerado como era costumbre hacer con los muertos, alguien rescató de la pira uno de sus dientes. Acababa de nacer una de las más importanes reliquias de la religión budista, forjándose además la creencia de que el poseedor del diente tenía el Derecho divino a gobernar la tierra en la que residiera. Éste fue trasladado a Ceilán por una princesa del Reino indio de Kalinga, quien lo escondió en su cabello para protegerlo y asegurar que llegara sano y salvo a su destino, que era el mayor baluarte del Budismo en aquella época. Primero se llevó la reliquia a la que era la capital de la isla, Anuradhapura, convertida a los nuevos preceptos de Fe por otro príncipe indio, Mahinda. Allí fue guardada durante siglos, aunque cuando Anuradhapura fue abandonada pasó a estar guardada en un santuario de Polonnaruwa. Su última morada, a pesar de ser robada en varias ocasiones por holandeses, ingleses y portugueses, ha sido y es la ciudad de Kandy, la cual custodia la venerada reliquia en el espectacular Templo del Diente de Buda. Abrazada por las montañas, goza de un escenario magnífico que nadie debe perderse si viaja a Sri Lanka. Y es que Kandy, la incomparable Kandy, tiene algo que va más allá de un diente sagrado que se salvó del fuego.

Allá donde nacen las primeras plantaciones de té en un fantástico preludio de las Tierras altas, Kandy representa dos facetas de Sri Lanka, la del arraigo a sus tradiciones más antiguas y la de la absorción de los vientos venidos en los tiempos en que fueron Colonia británica. Esa mezcla nos trae una ciudad realmente agradable y con alma propia, y quizás nunca deje de irradiar su energía al no dejar de latir por ser el corazón de ese país sorprendente llamado Sri Lanka. Leer el resto de esta entrada »
Cēsis es Letonia y Letonia es Cēsis. No se puede concebir la una sin la otra. El motor de la Historia letona demuestra constantemente que sus raíces como Nación se agarran a ese suelo removido por la Naturaleza de los bosques milenarios que tapizan el Valle del Gauja. Allí la Edad Media nos trae la sede de una Orden de Caballeros, los Hermanos Livonios de la Espada, que constituían el brazo templario y cruzado en las lejanas tierras bálticas. Por los apostentos de un grueso castillo fueron pasando los Maestres de la Orden desde el año 1209 hasta 1561. A imagen y semejanza de las fortificaciones que los Cruzados habían ido levantando en Tierra Santa para luchar y protegerse del infiel, el Castillo de Cēsis fue durante siglos la armadura más poderosa de Livonia. Eso lo sabían sus enemigos, por lo que en siglos posteriores fue rendido a batallas contra los suecos primero y los rusos después en la Gran Guerra del Norte (primer tercio del S. XVIII) por la supremacía del territorio bañado por el Mar Báltico. El declive irremediable de un castillo casi en ruinas se detuvo cuando el Conde Carl Sievers pasó a ser su dueño, levantando incluso uno nuevo sobre los antiguos establos. Hoy en día permanece en pie el esqueleto de piedra roído de la Orden de Livonia, un castillo de aspecto misterioso que durante mi último viaje a las Repúblicas Bálticas tuve la suerte de visitar con la única compañía de un farol que debía sostener con mis manos mientras rogaba al cielo que no se apagara su luz en pleno ascenso a un oscuro torreón.

Parece una historia de fantasmas, de castillos encantados y sonido de cadenas. Pero es únicamente una de las sorpresas que nos guarda la bella población de Cēsis, a escasos 90 kilómetros de Riga, congelada en el tiempo y con un lugar enigmático enclavado sobre una verde colina que aún requiere la tenue luz de una vela. Leer el resto de esta entrada »
En mi reciente viaje a las Repúblicas Bálticas me llamó mucho la atención que sobre todo en un país, Estonia, hubiese tantos puntos wi-fi abiertos y, por lo tanto, gratuitos. Era posible cruzar Tallinn de norte a sur y de este a oeste con el smartphone conectado a internet durante todo el camino. Y lo más impresionante, pude tener varias conexiones dentro de un bosque cerrado como es del del Soomaa National Park, en el que habitan los osos, los lobos y los alces, y apenas hay unas pocas cabañas de madera en su interior. Tuve contacto online con mis amigos y mandar información instantánea tanto a la web como a las plataformas sociales Facebook y Twitter. Asímismo en el 100% de las gasolineras en las que me detuve pude utilizar Google maps para guiarme, encontrar lugares de interés a mi alrededor o simplemente enviar un mensaje a mi familia. Estonia vive conectada constantemente e incluso se relaciona con sus ciudadanos a través de la red. Es todo un ejemplo a seguir, tanto que ya se la conoce como E-stonia o Estonia 2.0, ese país en el que uno puede navegar por internet en el bosque.

Para mí dice mucho de un país su apertura a las nuevas tecnologías de cara a su propia gente y a quienes les visitan. Sin duda el acceso de calidad y barato (gratis en muchos casos) a la información y a la comunicación entre las personas es un varapalo a países y organizaciones atrasadas que especulan y se enriquecen a costa de algo que debería ser un Derecho Fundamental. El crecimiento también tiene que ver con esto, aunque algunos no quieran darse cuenta. Leer el resto de esta entrada »

En las Repúblicas Bálticas nos encontramos tres pequeños países que formaron parte de la URSS hasta el año 91 y que ahora vuelan solos mirando hacia atrás lo justo y necesario. Pocos pensaron que se fueran a soltar tan rápido de la mano de la potencia que las absorbía y tuviesen un avance semejante para incorporarse de pleno a la Unión Europea. Con muchas ganas, de la mano y, sobre todo, con mucho trabajo, Estonia, Letonia y Lituania se abrieron al mundo orgullosas de su Historia, su cultura, su naturaleza y su gente. Desde ese momento el crecimiento del turismo en los países Bálticos progresó tanto que se convirtió en una de las mejores noticias para los viajeros que poco antes debían recurrir a la burocracia para obtener sus permisos de entrada. Ahora apenas queda rastro de los tiempos grises y se considera normal la absoluta libertad y facilidad de acceder a ciudades maravillosas como Tallinn, Riga o Vilnius (las tres capitales son Patrimonio de la Humanidad), recorrer profundos bosques o el litoral bañado por el Mar Báltico, y conocer pueblos verdaderamente auténticos con los que tocar la tradicionalidad con las yemas de los dedos.

Aprovechando que al regreso del viaje a Uzbekistán hacíamos escala en Riga pude prolongar esta “parada técnica” más tiempo y así realizar una ruta en coche de alquiler que no estaba en absoluto planificada. 2000 kilómetros después me gustaría mostraros en qué consistió dicho viaje de una semana por los Países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), cuáles fueron los lugares que visité, así como algunas claves y consejos prácticos para quien desee vérselas con este trío de Repúblicas tan particulares como fascinantes. Leer el resto de esta entrada »
Cuenta la Leyenda que una de las muchas esposas de Tamerlán, Bibi Khanum, quiso hacer un gran regalo a su marido mientras éste se encontraba en una de sus largas campañas militares, y mandó construir en Samarkanda la Mezquita más grande y ornamentada que jamás hubiesen visto sus ojos. Los mejores artesanos trabajaron en hacerla realmente hermosa, empleándose incluso zafiros y turquesas para engalanar tan magna obra. Pero cuando estaba a punto de terminarse, el arquitecto de la Mezquita, que se había enamorado de la mujer del conquistador, le pidió a ésta que si quería ver culminado su gran regalo debía darle al menos un beso. Ella, al principio, se negó y le ofreció la mujer que quisiera en Samarkanda, pero él no aceptó a ninguna otra que no fuera ella. Finalmente, ya que estaba próximo el regreso de Tamerlán, Bibi Khanum dijo sí a la proposición del arquitecto y le besó, aunque no inocentemente. Ambos se besaron con una pasión incontenible, tanto que él le mordió en los labios dejándole una pequeña marca. Cuando poco después volvió Tamerlán de la guerra y vio a la que era su mujer favorita del harén, se entusiasmó con el regalo que le había preparado, pero astuto de él, se dio cuenta de que la señal que tenía en los labios se la había hecho otro hombre. Sin decir nada, subió con ella a uno de los minaretes con la excusa de observar las estrellas juntos. Y fue ahí donde Amir Timur, Tamerlán, perpetró su venganza, empujándola desde las alturas para acabar con su vida. Hoy la Mezquita lleva el nombre de Bibi Khanum y aún su enorme cúpula azul turquesa llora la muerte de la infortunada esposa.

La de Bibi Khanum es una de las muchas Leyendas e historias que recorren los rincones de Samarkanda más allá de la Plaza del Registán. En este post vamos a comprobar cómo la más emblemática de las ciudades de Asia Central es poseedora de tesoros grandiosos esparcidos dentro de su dibujo soviético. Shah-i-Zinda, el Mausoleo Gur-e Amir o la propia Mezquita en la que Tamerlán sufrió su traición, son los ejemplos de que además del Registán (del que ya hablamos), Samarkanda tiene lugares magníficos donde la Ruta de la Seda vuelve a revivir con todo su fulgor. Leer el resto de esta entrada »
No tiene mar pero es azul. Las olas son las curvas de las cúpulas que brillan en el horizonte de la ciudad con mayor esplendor de la Ruta de la Seda. Susurrar Samarkanda es homenajear al más mítico y hermoso de los nombres que un lugar puede poseer. El camino de los viajeros siempre se detiene aquí, en el Universo del conquistador Tamerlán, en la encrucijada de culturas, de saberes, de lenguas venidas de aquí y de allá… Las corrientes de Oriente y Occidente confluyen en una ciudad mecida por la seda y las palabras de los más grandes. Cuando Alejandro Magno la vio por primera vez dijo: “Todo lo que había oído sobre Samarkanda es verdad, excepto que es mas hermosa de lo que había imaginado”. Y eso que aún no existía el Registán, ni Bibi Khanum, ni Gur-e-Amir ni tantas joyas timúridas que resplandecen robándole protagonismo al mismo cielo.

Samarkanda no es sólo un lugar físico. Representa como ninguna la migración del saber a todos los confines del mundo. Hubo un momento en que todas las ideas confluían en ella, en su Plaza…el Registán. Superviviente de mil y una contiendas, siempre resguardó sus tesoros incluso de la sovietización express a la que fue sometida, al igual que tuvieron que hacer otras en Uzbekistán. Nadie osó robarle al mundo el alma aún nómada que se posa en los azulejos turquesas que consiguen hipnotizarte con sus destellos. Samarkanda es Leyenda. Y no tiene mar, pero es azul… Leer el resto de esta entrada »














