Collage de paisajes en Madeira

De Madeira podría quedarme con sus espetadas a la brasa en una noche estrellada de verano, con el lomo curvo de una ballena confundiéndose con las olas o con la capacidad de Funchal para reinventarse a sí misma una y otra vez. Pero lo que me hace volverme un entusiasta y absoluto creyente de Ilha da Madeira es la gran cantidad y variedad de paisajes que mutan a cada kilómetro, o más bien a cada paso, dando la impresión de que este barco anclado en el Atlántico se empeñara en crear el collage más hermoso del mundo. La isla acumula tantas tonalidades y relieves que resulta complicado adjetivarlos todos, como si ésta fuese un Arca como el de Noé que en vez de animales salvaguardara bosques de laurisilva, saltos de agua, barrancos imposibles y cuevas de lava petrificada.

Islotes de Ribeira da Janela en Madeira

Sin duda Madeira se trata de una isla pequeña de tamaño pero de corazón verde. Un territorio de la Macaronesia que permite a los viajeros agarrar las nubes con las manos para después deslizarse por ellas con los pies. Porque en un lugar así resulta sencillo perder la perspectiva de si el cielo está encima o debajo de nosotros. 

No te pierdas 10 razones que inspiran viajar a Madeira, entre las que se encuentra poder disfrutar de estos paisajes fabulosos.

Madeira, la isla de los mil paisajes

Decía hace algunas semanas en Carta desde Madeira, el paraíso templado, que este lugar debería calificarse como “la eterna primavera convertida en archipiélago”. Ofrece la sensación de que las benignas temperaturas que rondan siempre los veintintantos grados en cualquier época del año se hayan puesto en valor para dotar a este territorio de una colección de parajes primaverales siempre floridos y a punto para ser descubiertos. De ahí que el verde sea junto al azul del mar y el blanco de las nubes, el predominante. Aunque sería injusto generalizar con dicho color cuando hay infinitas tonalidades que le sirven de apellido. Esmeralda, pistacho, oliva, botella, el prolífico verde-hoja… y así podríamos estarnos toda una mañana.

Cascada en Madeira

“Debes saber que Madeira es fotogénica a más no poder. Sin ser demasiado grande (poco menos que Lanzarote), con 57 kilómetros de extremo a extremo y apenas 22 kilómetros de la costa sur a la costa norte, tiene una variedad brutal de paisajes. En muy pocos minutos se puede pasar de un acantilado junto al mar con plantaciones de mango y maracuyá a un denso bosque nublado de laurisilva. Y de allí a un entorno prácticamente lunar como el que acompaña al a Pico Ruivo, el más alto de Madeira con 1862 metros, o al Pico do Arieiro, con un observatorio que deja muy abajo a unas nubes que vuelan a tus pies a gran velocidad.”

Una vuelta al mundo a través de los paisajes de Madeira

El mero hecho de avanzar repercute en un cambio radical de los escenarios. Madeira muta de piel antes de que nos demos cuenta. Incluso la medición por kilómetros resulta insuficiente para poder coleccionar semejante variedad de paisajes. Una sucesión de pedacitos de este planeta parecen haber sido colocados adrede en la isla para conseguir una colección insuperable de panoramas. Basta con pulsar un botón para comprobarlo y creer que al admirar los norteños islotes de Riberia da Janela nos estamos topando probablemente con los trolls de piedra de la playa islandesa de Vík. El origen es el mismo, volcánico, y por momentos uno duda si se encuentra en Madeira o en el sur de Islandia y se va a ver sorprendido por el vuelo de los simpáticos frailecillos, aunque finalmente sean las gaviotas las que lo hagan.

Islotes de Ribeira da Janela en Madeira

En otros lugares como Punta de San Lorenzo, al este de la isla, el viento se ocupa de domesticar con firmeza un paisaje árido teñido de una tibia piel verde sin árboles. Sería imposible que éstos aguantaran las acometidas ventosas en un paraje que bien podría ser una continuación de los acantilados de Bempton en la británica Yorkshire o de la escarpada costa norirlandesa que tantas veces hemos visto en la serie Juego de Tronos.

Punta San Lorenzo en Madeira

El interior vuelve a ser prolífico en cuanto a la diversidad paisajística. Los cultivos escalonados en las proximidades de Serra da Água con los que se aprovecha al máximo la verticalidad del paisaje para la agricultura nos lleva a soñar con las terrazas de arroz asiáticas de Bali, Filipinas o Yunnan en el sur de China.

Bancales en Madeira

En cambio, los densos bosques de laurisilva que se expanden por las zonas más salvajes de la isla (y protegidos por la UNESCO) nos ofrecen una excusa válida para volar a Garajonay en La Gomera (Islas Canarias), a la también macaronésica Cabo Verde o, mucho más lejos, a las selvas nubladas y tupidas de entornos subtropicales de Brasil, Argentina o Paraguay.

Cascada en Madeira

Pero no sólo del color verde vive Madeira. También hay espacio para el turquesa propio del Caribe en las piscinas naturales de Porto Moniz, donde la lava petrificada aparta el oleaje del océano para detener las aguas en uno de los escenarios más bucólicos de la isla. Si bien la arena fina y las kilométricas playas habría que salir a buscarlas a la otra isla del archipiélago, Porto Santo, que no tiene mucho que envidiar a otros paraísos costeros del planeta.

Piscinas naturales de Porto Moniz (Madeira)

Ambicionar las cimas del Pico Ruivo, el más alto de Madeira con 1862 metros, o de su hermano el Pico do Arieiro, proporciona un hermosísimo viaje en el que nuestros pies se sobreponen a las veloces y distantes nubes que atraviesan la isla. Ellas hacen de sendero, al igual que el viento, que golpea un territorio árido que nada recuerda a los otros paraje  populares de la isla. Algo que también sucede en la vecina Tenerife o en la remota Isla Reunión, más concretamente a los aledaños del volcán Piton de la Fournaise, uno de los más activos del planeta.

Sele caminando cerca de Pico do Arieiro en la isla de Madeira

Un laberinto de levadas

En este collage de paisajes de Madeira no pueden faltar las levadas, esos canales que llevan agua de un lado a otro en una red con más de cuatro siglos de historia que ha superado de largo el millar de kilómetros. Precisamente la isla es un laberinto de levadas por las que no sólo corre el agua sino también el empeño de los viajeros de vivir un trekking apasionante en el que se ven seducidos por vertiginosos saltos de agua, escarpados terraplenes y casas de cuento con entramados de madera como las que sirven para iniciar el sendero do Caldeirão Verde , uno de los más famosos en todo el archipiélago.

Levada del Calderón Verde en Madeira

El paisaje urbano de la isla de Madeira

Es cierto que en Madeira priman las cascadas, las cuevas de lava, las levadas y los acantilados superlativos. Pero también el paisaje urbano se cuela en uno de los objetivos de los viajeros, que se lanzan primero con distancia y luego con ansia a conocer Funchal en un camino siempre empinado que, si no se hace a pie o en coche, se puede salvar en funicular sobrevolando los tejados de grandes casas blancas. ¡Para luego bajar descendiendo en carros de cesto empujados por dos personas!

Funchal (Madeira)

El panorama callejero de Funchal se vierte en una colección de puertas pintadas en el casco histórico, fortalezas de muros amarillos en el puerto y una sucesión incesante de restaurantes donde se sirven sin cesar fuentes de pescado fresco. Una ciudad que se entiende por la verticalidad de callejuelas tapizadas con la típica calçada portuguesa y porque cada noche las montañas se iluminan con millones de puntitos provenientes de ventanas y farolas de la capital madeirense.

Puerta pintada en Funchal (Madeira)

En definitiva, se puede decir de Madeira que recopila muchos más paisajes de los que nos podamos imaginar, tan fáciles de alcanzar que sólo basta con avanzar unos cuantos metros para conocer los micromundos que nos aguardan en esta isla collage.

Sele en Porto Moniz (Madeira)

Sele

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PD: Te damos 10 razones que inspiran viajar a Madeira. Pero es que además en este blog nos gusta mucho Portugal. Compruébalo a través de los muchos artículos que hay sobre este país.

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4 comentarios en “Collage de paisajes en Madeira

  1. Buen post y escrito con mucho cariño. Se nota que te gusta lo que ves. Preciosa y al mismo tiempo desconocida la isla de Madeira. Enhorabuena Sele por el artículo, por tus fotos y por la información que ofreces en este post.

    1. Muchas gracias Carmen!

      La verdad que Madeira es una desconocida que merece ser descubierta más ampliamente. ¡¡Te animo a visitarla!!

      Y mil gracias por dejar tu comentario,

      Sele

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