Crónicas de Tierra Santa (3): Del Monte del Templo al de los Olivos

7 de diciembre: DEL MONTE DEL TEMPLO AL MONTE DE LOS OLIVOS

La oscuridad de una larga noche se vió interrumpida con el correr de cortinas al que le sucedió una inyección de luz proveniente de la gran Cúpula de la Roca. Ese instante añadió una hoja más al calendario, puso cuerda a los relojes y en marcha nuestros espíritus ante una segunda incursión a Jerusalén. Esta vez la ruta consistiría en visitar el Monte del Templo, también conocido como la Explanada de las Mezquitas, y fuera de las murallas algunas zonas de gran interés como son el Monte de los Olivos y el Valle del Cedrón. Lugares emblemáticos y esenciales en todo viaje que se realice a Jerusalén. Un paseo a través de la Historia, el Arte, las Profecías y los espacios mencionados tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

PASARELA AL LUGAR MÁS CONTROVERTIDO Y DISPUTADO DEL MUNDO

Después de desayunar hicimos al pie el trayecto que separaba el hotel de la Dung Gate o Puerta de la Basura (también llamada Bab al Maghariba), acceso principal desde la muralla al Muro de las Lamentaciones y también a la Explanada de las Mezquitas, que era nuestro objetivo. Nos llevó apenas unos quince minutos, en su mayor parte cuesta abajo, llegar hasta allí. Unos metros antes del definitivo control de metales por el que se accede al Muro de los Lamentos P1100331había situada una pasarela a la derecha. Tras ella había no sólo un rutinario control en el que tuvimos que mostrar nuestras mochilas, sino también un cartel en la que las palabras firmadas por el Rabino Jefe de Israel conmina a los judíos a no entrar al Monte del Templo bajo ningún concepto. Esta prohibición se debe a que en la actual explanada estuvo milenios atrás el Sancta Sanctórum, que guardó el Arca de la Alianza, y al que únicamente tenía acceso el Sumo Pontífice. Y por no saber ubicarla con exactitud, un judío que caminara por allí podría poner sus pies justo donde se ubicó este lugar, lo que estaría terminantemente prohibido según sus Leyes. Los musulmanes además temen la profanación de sus lugares sagrados para construir el Tercer Templo por lo que la entrada de judíos no es bienvenida. Por ello, y después de no pocos altercados, sólo se admite la entrada (gratuita) a los seguidores de la Fe islámica y a los turistas no judíos.

El acceso se realiza por una pintoresca pasarela de madera cubierta que asciende hasta una puerta en lo más alto del Muro de los Lamentos. Desde allí vimos una fantástica panorámica del sitio en el que había una multitud de fieles judíos cubiertos con el talit (chal utilizado para la oración blanco, con rayas azules y flecos), inmersos en una ceremonia religiosa. Ese pasillo es algo así como una tierra de nadie, un limbo que separa dos mundos distintos como son el musulmán y el judío. Arriba, la Explanada de las Mezquitas (o Monte del Templo para los judíos) el tercer lugar más sagrado para el Islam. Y debajo, el Muro de las Lamentaciones, el primero para la religión judaica. Los salmos de la Torá y los versículos del Corán a apenas unos metros de distancia. La presencia de varios soldados al final de esta “curiosa” pasarela fue la señal de que inicábamos nuestra andadura en esta vasta extensión que hasta su nombre hiere susceptibilidades pero que es capaz de enamorar profundamente al entusiasta viajero que visita Jerusalén.

LOS PORQUÉS DE LA EXPLANADA DE LAS MEZQUITAS

Y se hizo el silencio. Fue poner nuestros pies en este lugar sagrado y olvidarnos por completo que nos encontrábamos en una ciudad. Entrar al Monte del Templo supone algo más que pasar a un monumento o a un recinto cualquiera. Es como ascender a otra dimensión a través de unos escalones y sentir desde un primer momento la Paz que jamás se asociaría a este pedazo de tierra para unos y símbolo vital para otros. Sólo pensar que este lugar ha sido causa y efecto de miles y miles de muertes a lo largo de décadas, siglos o incluso milenios, me pone la carne de gallina. La sacralidad y significado de este lugar sólo se comprende poniéndose en la piel de la Historia de los últimos tres mil años de Jerusalén.

Ya hablamos largo y tendido de los avatares vividos por esta ciudad y por el Templo en el primer capítulo de estas crónicas. Pero para concretar un poco más plasmaré una breve cronología de lo acontecido en el Monte Moria y las razones de su importancia:

* Génesis 22:1-19: El primero de los libros de la Biblia nos relata entre otras cosas el episodio del Sacrificio de Abraham a Isaac. Dios le pone a prueba a Abraham pidiéndole que lleve su hijo al Monte Moria y lo mate. Éste accede y lleva a su hijo hasta allí donde se prepara para degollarle. Cuando está a punto de hacerlo, un Ángel le detiene y le dice: “No extiendas tu mano sobre el muchacho ni le hagas nada, pues ya sé que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo, tu único hijo”. Finalmente Abraham sacrificó un cordero como ofrenda (acción que los musulmanes celebran todos los años mediante el sacrificio de un cordero, la Fiesta de Aid El Kebir). No hay que olvidar que a Abraham se le considera uno de los más importantes profetas de Islam por un lado y Padre del Pueblo Judío por otro.

* Siglo X a.C.: David, Rey de los judíos, elige la piedra del sacrificio de Isaac como lugar idóneo para levantar un templo que custodie el Arca de la Alianza, contenedor de las Tablas de la Ley entregadas por Dios a Moisés en el Monte Sinaí. Las obras del Primer Templo de Jerusalén las termina el hijo de David, el Rey Salomón, el cual crea el Sancta Sanctorum que guarda el Arca.

* 586 a.C.: Nabucodonosor II, Rey de Babilonia, profana y destruye el Templo. Los judíos son obligados a abandonar estas tierras y a marchar a Babilonia.

* 515 a.C.: Ciro el Grande permite regresar a los judíos, que levantan el Segundo Templo sobre las ruinas del primero. Ya no tienen el Arca de la Alianza.

* 332 – 164 a.C.: Los seleúcidas profanan en Templo para honrar al Dios Zeus hasta que es recuperado por los Macabeos para el Pueblo Judío.

* 20 a.C – 50 d.C.: El Rey Herodes inicia una restauración del Templo que conlleva su ampliación. Levanta nuevas murallas (el Muro de las Lamentaciones es de la época herodiana) y nuevas dependencias que traen el esplendor al Templo Sagrado. En ese tiempo durante la vida de Jesús de Nazaret se producen varios episodios como “la expulsión de los mercaderes del templo” o la “profecía de su destrucción”, hechos narrados en los Evangelios.

* 66-70 d.C.: Momento clave para la Historia del Judaísmo. El Emperador Romano Tito destruye por completo el Templo, quedando únicamente una pequeña parte del muro occidental (Muro de las Lamentaciones). El área fue consagrada por Adriano al Dios Júpiter. Nunca se volvió a construir el Templo Sagrado.

* 638 d. C.: El Califa Omar conquista la ciudad. A partir de ese momento la explanada donde estuvo el Templo se convierte en el más importante lugar sagrado para los musulmanes después de La Meca y Medina. Sobre la piedra del sacrificio de Isaac se construye la Cúpula de la Roca, ya que la veneran no sólo con este hecho (aunque según el Islam el hijo al que iba a matar Abraham fue Ismael y no Isaac) sino también porque que desde allí Mahoma subió a los cielos acompañado por el Arcángel Gabriel. Asímismo se levanta la Mezquita de Al-Aqsa, la tercera más importante para el mundo musulmán.

* Siglo XII: El Monte Moria es tomado por los Cruzados, convirtiendo los edificios musulmanes existentes en lugares de culto cristianos. Surgen en este momento los Caballeros Templarios, que estuvieron instalados en la Mezquita de Al-Aqsa. A finales de ese mismo siglo Saladino devuelve la Explanada al mundo islámico.

* Siglo XVI: Suleymán el Magnífico, probablemente el Sultán más importante que ha tenido el Imperio Otomano amuralló Jerusalén, y con ella los lados oeste y este de la Explanada de las Mezquitas.

* Siglo XX: A mediados de los noventa el Rey Hussein de Jordania dora la Cúpula de la Roca proporcionándola el aspecto que podemos ver actualmente.

* Siglo XXI: El siglo y el milenio se inicia con una visita del Primer Ministro israelí Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas, lo que fue visto como una provocación, generándose la Primera Intifada, una gran ola de protestas y revueltas de todo el mundo musulmán. Después de tantos tiempo es y sigue siendo un tema polémico que puede hacer saltar chispas toda probabilidad de Paz. Los judíos ansían la construcción del Tercer Templo, que antecederá a la llegada del Mesías según las antiguas profecías. Incluso se están recaudando fondos para ello. Pero con la presencia de la Roca y Al-Aqsa, el mundo islámico jamás admitirá que se lleve a cabo.

LA CÚPULA DE LA ROCA O LA MAGIA DE LO SUBLIME

Me reafirmo en lo que he dicho anteriormente. Parece mentira que un lugar tan maravilloso y tranquilo sea un foco de conflictos ayer, ahora y siempre. Afortunadamente toda disputa se olvida cuando caminas entre árboles, piedras y las cúpulas características del arte islámico. La Explanada de las Mezquitas es realmente hermosa y cuenta con un equilibrio de formas que logra abstraerte del mundo exterior. Muy cerca de la entrada se encuentra Al-Aqsa, capaz de congregar en su interior a cerca de 5000 personas, después de que la estructura original fuese ampliada por los templarios en la época cruzada. Pero es más fácil que la vista se dirija rápidamente hacia la izquierda para empezar a admirar el edificio que resalta por encima de todos los de Jerusalén, la Cúpula de la Roca.

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Cuatro arcos (llamadas balanzas porque según la tradición allí se colgarán las almas de los muertos en el Día del Juicio Final) y una escalera son los antecedentes físicos de un templo que está entre las obras más magníficas y perfectas que se han construído a lo largo de la Historia del Arte. La Cúpula de la Roca es una de esas Maravillas del Mundo que vale la pena ver al menos una vez en la vida. Es la excusa perfecta para planear un viaje a Jerusalén, una visita a Tierra Santa.

Cuando nos aproximamos cada vez más para ponernos a los pies de las escaleras el asombro fue in crescendo. Fue como la confirmación de un amor que existía mucho antes incluso de que tuviésemos uso de razón. Un leve cosquilleo en el estómago, manos sudorosas…síntomas de un enamoramiento galopante y de una pasión irrefrenable.

La Cúpula de la Roca, al contrario de lo que mucha gente piensa, no es en absoluto una Mezquita. Es, más bien, un santuario, un hermoso caparazón que cubre la roca del Sacrificio frustrado por Dios de Abraham a Isaac y desde la cual el Profeta Mahoma se reunió con Alá en los cielos. Pero no es la Mezquita de Omar ni mucho menos como he leído ya en más de una ocasión. Los musulmanes que visitan la Explanada acuden a las ceremonias religiosas que se celebran en la Mezquita de Al-Aqsa. A la Roca acuden como peregrinaje a uno de los mayores lugares santos para el Islam.

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La Cúpula de la Roca fue levantada a finales del Siglo VII por el Califa Abd el-Malik, aunque la rica decoración de azulejos y mármol proviene de los tiempos de Saladino y sus sucesores, que engalanaron el tesoro del “Santuario P1100374Venerable”, que es como le llaman los árabes a la Explanada de las Mezquitas (Al-Haram ash-Sharif). El edificio, de forma octogonal, posee cuatro puertas de entrada dirigidas a los cuatro puntos cardinales. Por cada uno de los ocho lados hay siete arcos ciegos, que con los del tambor de la cúpula conforman los puntos de luz. La decoración de la fachada es diferente en la zona inferior (hasta los dinteles de las puertas) y en la zona superior (hasta el domo dorado). Mientras la primera consta básicamente en mármol blanco procedente de Italia y Grecia con motivos geométricos y circulares dibujados sobre el mismo, la segunda es un minucioso trabajo en azulejos de mayólica que alterna geometría y flores en tonos azul turquesa y blanco. En la parte superior hay escritos distintos versículos del Corán, como suele ser normal en edificios de este calado donde el Arte caligráfico goza de su máximo esplendor.

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Hubo una anécdota en una de las ocasiones en que preparé el trípode para que pudiésemos salir en una fotografía Rebeca y yo juntos con el monumento. Cuando puse el brazo sobre sus hombros y tomé su mano se apresuró un hombre hacia nosotros para pedirnos por favor que no podíamos tocarnos, ya que estábamos en lugar sagrado. “Vaya, ni que estuviéramos haciendo una postura del Kamasutra” – le dije a este señor con una sonrisa. Y es que ninguna religión justifica que haya tanta falsa moral unida a tabúes inexplicables, que lo que hacen es fomentar el control sobre las personas y desembocan en una represión incurable. Dicha advertencia no tuvo demasiado efecto porque la foto nos la hicimos finalmente como quisimos (No apta para menores de 18 años, juzgad vosotros mismos).

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Estar allí, deslumbrado por el dorado de la cúpula y el juego de colores azules, verdes y blancos que pintan la fachada octogonal del santuario, me hizo sentirme tremendamente feliz y orgulloso. La quietud que rodea tanto a la Roca como a toda la Explanada me evadió por completo de la rutina. Fue como romper de cuajo los últimos grilletes de lo corriente, aunque únicamente durante unos días.

Rodeamos el edificio ya que desafortunadamente los no musulmanes no podemos entrar a él desde que se produjo la primera Intifada. Fuimos atrapando detalles, capturando imágenes para el recuerdo, congelando escenas como la de una mujer que leía absorta unos versos del Corán como si no existiese nada más alrededor. Mientras tanto un gran cúmulo de nubes se ocupó de cubrir uno a uno los espacios azules que quedaban libres en el cielo. Sería un día en el que terminaría predominando el gris y al que le acompañarían las lluvias ocasionales. Por una vez las predicciones meteorológicas acertaron. Aún así las temperaturas diurnas en Jerusalén en pleno diciembre eran realmente agradables. Mientras tanto en Europa comenzaban las nieves.

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Alrededor de la Roca hay un gran número de edificios de menor importancia pero que forman el decorado perfecto de la Explanada. Con un color a tono con el de toda la ciudad emergen minaretes, arcadas y sencillas cúpulas grises rematadas con círculos cerrados (lo normal que se representa en el Islam es la media luna, pero desconozco el significado en esta ocasión). Es un escenario propio de las Mil y una noches que armoniza un escenario sito en el Bíblico Monte Moria.

Se necesita entre una y dos horas en la Explanada para disfrutarla por completo. Recomiendo olvidarse la prisas el invertir el tiempo que el cuerpo y el alma reclamen al viajero. Para no encontrarse con sorpresas conviene saber que hay dos turnos que admiten visitas y que son de 7:00 a 10:30 y de 12:30 a 13:30. Esto se debe a las horas de la oración en que sólo permiten el acceso a los musulmanes. Por lo que si se quiere ir sin prisas y disfrutar de las pausas espacio-temporales del Santurario Venerable más vale irse temprano, si es posible que sea lo primero que se haga durante el día. Además es gratis…

La llamada de los fieles a Al-Aqsa forma parte del espectáculo, de un ir y venir de feligreses islamistas que atraviesan las diez puertas de acceso al Monte del Templo. Aunque todas convenientemente vigiladas con militares armados hasta los dientes. Es quizás cuando se les ve a estos deambular por la Explanada lo que resta puntos a esa paz que predomina en la totalidad del recinto. Hay un enorme silencio, pero nunca se sabe cuando se puede quebrar. Quizás esté sucediendo ahora mismo.

Abandonamos la Explanada por la Puerta de las Cadenas, la única salida que había dispuesta para los turistas en ese momento, aunque esas cosas varían dependiendo de la situación que haya en la ciudad. Dijimos adiós a aquel increíble tesoro que relucía a pesar de las nubes sombrías que teníamos encima. Cuando estábamos a punto de salir de allí giré el cuello para despedirme de “la magia de lo sublime”. Unos pasos más y retomamos el rumor de las calles de Jerusalén. Era una regreso al mundo terrenal.

Y si algo tiene esta ciudad que me apasiona es que se pasa en apenas unos segundos del Islam al Judaísmo sin solución de continuidad. Antes de que nos diéramos cuenta habíamos traspasado las fronteras físicas y psicológicas que nos hicieron cambiar la vista del Venerable Santuario por el Muro de los Lamentos. En este último además había fiesta porque muchos de los presentes iban llamativamente vestidos para la ocasión. Desconozco las razones pero daban bastante ánimo y color a la Plaza del Muro Occidental.

EL VALLE DEL CEDRÓN

A poca distancia al Este de la Ciudad vieja, separado por una carretera, corre un profundo valle áspero y seco que aparece en no pocas ocasiones en la Biblia. Para algunos es el Kidrón, pero el nombre que más ha perdurado es el de Valle de Josafat, que significa “Yahvé juzgará” ya que aquí las tres religiones coinciden en que será el lugar en que tendrá lugar el Juicio Final.

Joel II, 2; III, 12-17: “Tiemblen los habitantes de la tierra que se acerca el día de Yahvé. Día de tinieblas y oscuridad (. . .) Que se alce la gente y marche al valle de Josafat (valle del juicio), que ahí me sentaré a juzgar a los gentiles de en derredor (. . .) Porque su iniquidad es grande (. . .) El Sol y la Luna se oscurecen y las estrellas pierden su brillo.”

Este valle pasa por los a los pies del Monte de los Olivos, también largamente mencionado en los textos bíblicos por su relación con el Día del Juicio Final, y del Huerto de Getsemaní. Se accede al mismo por una escalera que hay pasada la Ciudad de David o unos metros antes de la Iglesia de Todas las Naciones, en función de por dónde se venga. Nosotros lo hicimos por la primera, ya que acabábamos de salir de la Dung Gate.

En ese tramo, justo al sur de Getsemaní, hay dispuestos en la dura roca tres monumentos funerarios de gran interés Arqueológico. El primero de ellos, conocido a través de los Siglos como Pilar de Absalón, está en un gran estado de P1100412conservación a pesar de pertenecer al primer siglo de nuestra Era. Siempre se ha considerado la tumba del hijo rebelde del Rey David, Absalón, que la Biblia lo define como “abyecto, cobarde, asesino, manipulador, controlador, dominante, frío, calculador, traidor” y un largo etcétera de calificativos. Conspiró contra su padre y su hermano Salomón para hacerse con el Trono de Israel. Es por ello que durante siglos existió la tradición de tirar piedras sobre su tumba, lo que ha borrado antiguas inscripciones. La veracidad de que ese precioso monumento funerario rematado con una cúpula cónica contrasta con la confirmación de que realmente fue levantado en el Siglo I, casi mil años antes de la existencia del desobediente hijo de David. Estudios recientes procedentes de los últimos descubrimientos han lanzado la luz la hipótesis de que realmente fuera la última morada de Simeón, Zacarías y Santiago el menor, ya que en su interior hay tres sepulcros. El tiempo nos dirá finalmente a quien pertenece ese precioso tesoro arqueológico.

No muy alejados del Pilar de Absalón se encuentran otros dos recintos funerarios excavados sobre la roca que me trajeron a la memoria las espléndidas ruinas de la Ciudad nabatea de Petra (en Jordania). El más sencillo tiene dos columnas dóricas y tras ellas una oscura gruta donde recibieron sepultura varios de los miembros de la familia Beni Hazir. Los Beni Hazir fue una influyente familia de sacerdotes del Templo Sagrado que en el Siglo I también fueron enterrados con todos los honores en la primera fila del lugar del Juicio a los gentiles. A lo largo de la Historia se ha dicho que aquí se refugió San Juan después de que Cristo fuera crucificado, pero como en tantas ocasiones estas tradiciones que pasaron del boca a boca no tienen prueba documental o arqueológica que las ampare.
Prácticamente junto a la Tumba de Beni Hazir está lo que sería una probable extensión de ésta, pero que a nuestros días ha llegado como la Tumba de Zacarías. Esta estructura monolítica de columnas jónicas destaca por la pirámide que cierra su techo.

Sin duda estos monumentos funerarios son los más destacados de una extensión de tumbas que se pierde hasta la cúspide del Monte de los Olivos. Verdaderas joyas de la Arqueología que aún se están estudiando pero que sorprenden su estado de abandono, ya que constituyen un refugio para los sin techo durante las frías noches del invierno de Jerusalén.

GETSEMANÍ

Abandonando el Valle de Josafat desde la escalinata que emerge a unos metros del Pilar de Absalón llegamos a las puertas de la Basílica de Todas las Naciones, también llamada Getsemaní de la Agonía. Es además a partir de ese punto desde el cual comienza el empinado ascenso al Monte de los Olivos, que muchos viajeros suben a pie para maravillarse con sus vistas en la cúspide. La primera parada, que es precisamente en esta Basílica moderna (1924), construída con los fondos de varios países (de ahí su nombre) sobre los restos de otras dos mucho más antiguas, tiene un especial significado para los cristianos. Y es que Getsemaní es el Huerto o Jardín en el que Jesús oró y fue traicionado por Judas para que fuera apresado. El pistoletazo de salida de la Pasión tuvo lugar en este huerto poblado de olivos que presenció las últimas horas en libertad de Jesucristo.

Evangelio de San Lucas 22:42 “Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”. 22:47 Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo. 22:48 Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?”

La Basílica de la Agonía no tiene pérdida ya que desde cualquier parte se advierte su gigantesco mosaico de estilo bizantino, pero no me llamó demasiado la atención. Creo que lo interesante está a sus pies, ya que se conserva un pequeño huerto de lo que debió ser el bíblico Getsemaní. Es más, sobreviven olivos que cuentan con más de dos mil años de antigüedad, los cuales pudieron estar presentes en la escena narrada por los evangelistas. Cuenta la Leyenda que de uno de éstos se colgó Judas, después de arrepentirse por haber entregado a Jesús.

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Cuando estábamos aquí me dió por tararear la canción Getsemaní del Musical Jesucristo Superstar que tan bien interpretó Camilo Sesto en los años setenta y que he escuchado tantas veces. Aún tengo el disco de vinilo en mi casa…

Yo tenía fe
cuando comencé
ahora estoy triste y cansado
mis tres años ya son miles
¿por qué entonces tengo miedo
de que ya todo termine?

EL MONTE DE LOS OLIVOS

Dejamos atrás el huerto para iniciar la marcha hacia lo más alto del Monte de los Olivos. La cuesta es un tanto pesada para hacer a pie, sobre todo en su último tramo. A mitad de camino nos llevamos la gran decepción de no poder entrar a la Iglesia de Santa María Magdalena, en la que destacan sus siete cúpulas de cebolla doradas propias de los templos ortodoxos rusos. En 1885 el Zar Alejandro III la mandó erigir en el Monte y de hecho es una de las imágenes más curiosas de Jerusalén, ya que parece que un trocito del Kremlin ha ido a parar a este lugar. Es una lástima que sus horarios de visita sean tan reducidos (martes y jueves de 10:00 a 11:30) y que la mayoría de los viajeros nos quedemos a las puertas de este emblemático templo ortodoxo.

Poco después advertimos que el Monte de los Olivos se convertía en un interminable cementerio judío cuyas sencillas lápidas teñían de blanco toda la loma. Las connotaciones religiosas y proféticas de este Monte ubicado al este de la Ciudad Vieja son la clave de que haya tantísima gente enterrada desde hace miles de años. Y es que distintos textos bíblicos vaticinan que aquí se “levantarán los muertos y se celebrará el Juicio Final”. Por ello para cristianos, judíos y musulmanes ha sido siempre muy importante recibir sepultura aquí.

Por ejemplo, en el capítulo 14 del Libro de Zacarías se dice:  “Se plantarán sus pies aquel día en el monte de los Olivos que está enfrente de Jerusalén, al oriente, y el monte de los Olivos se hendirá por el medio de oriente a occidente haciéndose un enorme valle: la mitad del monte se retirará al norte y la otra mitad al sur”

Hay además una Leyenda del Islam que cuenta que sobre las Balanzas que hay en la Explanada de las Mezquitas (en los arcos que rodean la Cúpula de la Roca) se tenderá una cerda de caballo que irá hasta el Monte de los Olivos. Por ella tendrán que pasar los resucitados, pero los que hayan cometido injusticias se caerán hasta la perdición eterna.

Incluso desde este Monte Jesús predijo la Destrucción del Templo: “No dejarán de tí piedra sobre piedra“. Una razón más por la que este lugar situado a extramuros de la Ciudad Vieja tiene tanta importancia para los peregrinos de las tres religiones, que visitan todos sus templos (Capilla de la Ascensión, Iglesia del Padre Nuestro, etc.) y las tumbas más significativas como la de algunos profetas del Antiguo Testamento como Zacarías, Malaquías y Ageo (Casi llegando a la cúspide, hay que buscar al guarda para que te lleve a las antiguas catacumbas). Pero por encima de todo, por encima de toda la Historia y de toda la Leyenda que rodea al Monte de los Olivos, hay unas vistas de la Ciudad Vieja de Jerusalén que quitan el sentido. Yo diría que las mejores…

Porque a esas alturas los cuatro barrios y muchos de los monumentos más destacados emergen los unos sobre los otros abalanzándose sobre las murallas, retando al tiempo y a una suerte en ocasiones esquiva. Un atardecer o un amanecer desde la cima del Monte de los Olivos merece ser también nombrado Patrimonio de la Humanidad, un honor y un gozo que no debería perderse nadie.

Durante el rato que allí estuvimos los nubarrones grises se rompieron para traer su lluvia, aunque ésta no llegó con demasiada fuerza e insistencia. Al menos la suficiente para quedarnos más tiempo y disfrutar de ver las gotas caer sobre el dorado impoluto de la Cúpula de la Roca, que brilla sin necesidad de tener un sol que alumbre constantemente su piel de oro.

Después de pasear entre las tumbas blancas del cementerio judío retomamos nuestro camino hacia la ciudad vieja, aunque esta vez haciéndolo cuesta abajo. A medio camino, hicimos un inciso en la Iglesia franciscana del Dominus Flevit (1955), que representa una modesta y sencilla lágrima. Con ella se rememora el episodio en que Jesús, estando en el Monte de los Olivos, lloró tras predecir el duro destino de Jerusalén. Precisamente Dominus Flevit significa en latín “El Señor lloró”.

Lucas 19:41-44. Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.»

La iglesia es pequeña y humilde, pero su belleza no tiene límites. Y no es precisamente por su decoración, prácticamente inexistente. Su altar es una mesa con un crucifijo y una ventana de cristal transparente. Sin más. Pero tener de fondo la imagen de la Ciudad vieja de Jerusalén, la misma sobre la que Jesús lloró, vale tanto como los ornamentos de una Catedral gótica. La sencillez de un vano apuntando a la ciudad amurallada es el mejor de los retablos posibles.

DE COMPRAS EN EL BARRIO CRISTIANO

Abandonamos el Monte de los Olivos bajo un telón de lluvia fina. En ese momento no quisimos exigirnos más visitas turísticas sino más bien pasear por la Jerusalén antigua. Lo que siempre vengo a llamar “callejear sin rumbo fijo”,  con el único fin de dejar deslizar nuestros pies por el laberinto de los cuatro barrios. Me encantan las galerías cerradas e interactuar con los inteligentes comerciantes que saben vender su género como nadie. Me encanta perderme en un repentino callejón sin saber dónde voy a terminar, en los que poder descubrir nuevos espacios que nunca esperas.

En los zocos del Barrio Cristiano, próximos al Santo Sepulcro, nos sumergimos en nuestras primeras compras. Bueno, sobre todo Rebeca, que le hace regalos hasta al primo del cuñado de la amiga de la vecina de su abuela. Da igual que haga un viaje que diez, que se vuelve con presentes para todos. No conozco a nadie que disfrute tanto regalando a los demás. Me temo que yo soy el contrapunto, porque en el caso de traer algo, lo hago en el último momento, cuando el árbitro está a punto de pitar el final del partido. Y no por ser agarrado, que puede ser, sino porque no me gusta ir cargando con cosas en la mochila. En tres palabras: Odio los lastres.

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Así que me gusta ver más el ambiente que las compras en sí. Quizás por eso siempre prefiero los zocos de las especias en las que se mira, se huele y en ocasiones se saborea el género. Los estantes son verdaderos mapas de color con cartelitos titulando a cada especia en cuestión. Porque de otra manera sería imposible para mí identificar a una sola de ellas.

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Al final terminamos con algún que otro regalito entre manos y subiendo a lo alto del campanario de la Iglesia luterana del Redentor, una de las situadas en el Moristán que no pudimos visitar el día anterior por estar cerrada. En sí el edificio es relativamente moderno, y como en todas las iglesias protestantes, las imágenes, adornos y galas brillan por su ausencia. Por ello lo más interesante es subir con estrecheces los escalones de su torre (precio: 5 shekels) para gozar de un 360º grados de la ciudad vieja, y sobre todo, tener la mejor vista de la Basílica del Santo Sepulcro. Una forma precisa de comprobar cómo la ciudad es en sí un caos urbano en el que unas casas se han ido comiendo a las otras hasta no saber dónde empieza una y termina la otra. Apenas se distingue suelo desde las alturas, siendo más bien un collage de azoteas y antenas de televisión. De fondo el Monte del Templo y de banda sonora la emocionante llamada a la oración, cuyas ondas rebotaban en patios, bóvedas, cúpulas antes de llegar a nuestros oídos.

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ESTA SERÁ TU NOVIA PARA LOS PRÓXIMOS AÑOS…

Cuando bajamos del campanario nos fuimos a dar una vuelta por el Santo Sepulcro, que estaba hasta los topes de gente. Las señoras frotaban sus rosarios por la piedra de la unción y daban besos a ésta, incluso con lágrimas en los ojos. Al estar muy nublado el cielo apenas entraba luz en la Basílica, por lo que aumentaban su utilidad los cientos de velas y lamparitas que cuelgan del techo.

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Terminamos después en el Barrio Judío, bajando hasta el Muro de las Lamentaciones. Tanto en éste como en las calles había multitud de gente joven, chicos y chicas adolescentes charlando animadamente. Pero en Israel no lo hacen como en cualquier parte. Lo hacen con un fusil o una metralleta colgada a su espalda. La razón es que en el país el Servicio Militar es obligatorio para hombres y mujeres a partir de 18 años. Y su duración es cuanto menos elevada, siendo de tres años para ellos y de dos para ellas. Sus exigencias son muchas y pueden ser destinados a cualquier parte con mayor o menor carga de peligrosidad. Lo que sí es seguro es que cuando comienzan “la mili” les dan un arma y no les permiten desprenderse de ella hasta que su Servicio a la Patria está terminado. Una mujer nos contó que cuando les entregan el fusil les dicen: “Esta será tu novia para los próximos años” y que tienen que ir con ella a absolutamente todas partes. Deben cuidar de su arma como si de un hijo se tratara.

Por ello a la mayoría de las personas que visitan Israel les sorprende ver a críos prácticamente imberbes llevar sus metralletas a las discotecas mientras se toman un cubata, montando en autobús, yendo de excursión con sus compañeros de clase o sentados con sus amigos comiéndose una hamburguesa. Temblaría si eso ocurriera en España. Sé que en Israel las cosas son bien distintas, pero no me dan nada de confianza vivir entre tantas armas. Ya se sabe lo que se dice de que las carga el Diablo…

FIN DE FIESTA EN JERUSALÉN OESTE

Cuando ya se hizo de noche nos fuimos a la parada que hay fuera de la Dung Gate para tomar el bus verde Egged de la línea 1 para ir a la Estación Central de Autobuses (Jaffa Road). No estaba muy lejano nuestro objetivo, pero los rodeos que daba el bus y el intenso tráfico que había a esas horas en la ciudad fueron la causa de que tardáramos unos cuarenta minutos en llegar. Desde la ventanilla pudimos ver que Jerusalén Oeste, puramente judía, es una ciudad absolutamente normal, casi casi occidental, a no ser porque muchos de los hombres iban vestidos de negro, con sus largas barbas y sus más que ocasionales rizos cayéndoles por los costados de la cabeza.

La última parada era la nuestra, la Estación Central de Autobuses, la principal de Jerusalén, desde donde hay transporte relativamente enconómico a todos los rincones de Israel, incluyendo las colonias judías ubicadas en Cisjordania. Nuestra intención era comprar los billetes para algunos de los trayectos que teníamos pensado hacer en los días sucesivos. Pero para llegar a las taquillas donde venden los tickets tuvimos que pasar un exhaustivo control de metales a la entrada, ya que este es un lugar con mucha gente que años atrás ya fue objetivo de terroristas que se inmolaron en su interior. Este procedimiento en casi cualquier lugar propenso a recibir multitudes es ya rutina en Israel, por lo que hay que acostumbrarse a vivirlo sin más inconvenientes que los que da tener que esperar colas y mostrar bolsos y mochilas cuando te lo pidan.

El interior de la Estación de autobuses es un Centro Comercial con tiendas y restaurantes de todo tipo. A esas horas de la tarde estaba lleno de gente haciendo sus compras. Subimos a la última planta donde estaban las taquillas y nos hicimos con los billetes de ida y vuelta de la ruta Jerusalén – Masada (línea 486), que eran los que necesitábamos con mayor inmediatez. Para otras rutas nos dijo la mujer que nos atendió que no hacía falta reservar con antelación, sino que lo más usual es subirse al autobús y pagarle directamente al conductor. Conviene reservar para los viajes más demandados por los turistas, que son eminentemente los que tienen que ver con la ciudad de Eilat, en el Mar Rojo. Pero para el resto, con conocer los horarios y precios es suficiente. Y la página www.egged.co.il/Eng/ (de la que hablé en la Introducción y Guía Práctica), cuenta con toda esa información actualizada.

 Después de tener asegurado el transporte del día siguiente aprovechamos para comer, aunque ya más bien era cena, en uno de los establecimientos de comida rápida que había en una zona habilitada para restaurantes y bares. Y ya que estábamos, visitamos un cibercafé para leer las últimas noticias, saber el tiempo que nos iba a hacer durante la semana y dejar un mensaje de “estamos bien” en la página. Aunque detesto escribir sin utilizar la eñe ni los acentos.

Nos volvimos a la ciudad vieja en el autobús número 20, que fue más directo que el de la línea 1 que habíamos tomado a la ida. Nos dejó en Jaffa Gate y ya el resto lo hicimos caminando “bajo la lluvia”. Sin baile, sin paragüas…y sin frenos. Y es que cuando llueve en Jerusalén, el pavimento escurre de lo lindo transformándose en un impresionante escaparate de resbalones y caídas. Así que empapados y bien agarrados para no tropezar, traspasamos la frontera de Jerusalén Oeste a Jerusalén Este, subiendo una buena pendiente en la que poco faltó para no salir rodando.

Sólo esperábamos que para el día siguiente el tiempo mejorara. Teníamos grandes esperanzas en vivir un espléndido día en el Desierto de Judea donde visitaríamos las fabulosas Ruinas de Masada, y nos daríamos un buen baño en el Mar Muerto para flotar como aceite sobre agua.

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10 comentarios en “Crónicas de Tierra Santa (3): Del Monte del Templo al de los Olivos

  1. Qué chévere que escribís, sos bárbaro, Sele.
    Venite a Argentina, viste, haceme caso y venite que por tu historial viajero observé que no has estado. Acá tratamos muy bien a los gallegos. Te invito a un mate si venís.
    Solo una pifia en tu crónica de Israel: lo de Gestemaní me suena a comer maní (cacahuetes que decís los gallegos) con un gesto. Creo que te refieres a Getsemaní. Corregilo, pibe.
    O no ? Igual habeis descubierto un lugar geográfico nuevo.
    Saludos, pibe. Seguí así. Que te vaya bien lindo.

    1. Isaac, no sabes las ganas que tengo de irme a Argentina. Le quiero dedicar tiempo suficiente, además que allí tengo familia. Lo de Patagonia es una asignatura pendiente así que da por hecho que iré para allá.

      Por cierto, ya he corregido la errata de Getsemaní. jejeje No, y no es un lugar geográfico nuevo. Por muchas veces que lea los relatos siempre se me escapa alguna letra torcida jejeje Gracias por tu comentario pibe!

      Rocío, ha sido un finde muy prolífico para trabajar en formatos y en textos. Debe ser el invierno crudo que me mantiene ocioso jejeje

      Hasta luego!!

      Sele

  2. ¡¡Geniales los cambios en la web!!
    Me ha encantado este capítulo.Cada día te lo curras más para ofrecer unos relatos completísimos.

  3. Hola Seleee!!

    IM.PRE.SIO.NANTE!!! Ya no se como calificarlo. Lo cierto es que ME HA ENCANTADO. Genial! Ahi me ves,comenzando a leer y enganchado hasta que he terminado la última linea. Ya estoy impaciente del siguiente, jeje. Relatos y blogs como este son los que verdaderamente enriquecen internet y el mundo viajero.

    Un abrazo desde tu web hermana,
    Isaac y Paula

  4. Cada vez que leo un relato tuyo revivo paso a paso cada momento que pase en Jerusalem y desearia estar allí contigo de nuevo. Este lugar se ha llevado un trocito de mi corazón. Se que volveré, no se cuando ni cómo, pero volveré a la habitación 514 del Jerusalem Panorama Hotel (y espero que sea contigo Jose)

  5. Hola Sele,

    Bueno, ya me he leido el esperado capítulo. La verdad es que está fenomenal y una información muy completa que me hace revivir los paseos que me di por esos lares, prácticamente haciendo la misma ruta que tú.

    Y ya aprovecho para aumentar la información del servicio militar israelí, que no sólo es que los hombres tengan que tirarse 3 años haciendo la mili sino que además una vez acabado dicho servicio, tienen que ir un mes al año hasta que cumplas 40 o 45 años, para no perder las habilidades. O sea, que 3 años de mili y luego 20 o 25 años yendo un mes al año.

    Y ya una curiosidad. No sé si habrás leído algo de esto pero al parecer es muy típico ver a turistas que sienten como una llamada divina exagerada (sobre todo en lugares como el Muro de las lamentaciones o la Iglesia del Santo Sepulcro) que se conoce como “síndrome de Jerusalén”. Yo no tuve ocasión de ver a ninguno…¿y tú?

    Un saludo y hasta el próximo

    1. Sí que sabía algo del síndrome de Jerusalén. Al parecer hay casos de mujeres que se creen la Virgen María o tipos que suben la Vía Dolorosa seguros de ser el mismísimo Jesucristo. Cuentan que los más famosos personajes bíblicos han tenido a sus representantes en la ciudad. No ví a ninguno que le entrara semejante locura, aunque reconozco que me hubiera gustado. Sé que hay quienes alquilan cruces de 40 kilos para subir hasta el Santo Sepulcro…

      Vaya con el servicio militar. El que teníamos comparado con el israelí es como ir de camping un fin de semana. Con lo a gusto que se está sin hacer la mili…

      Saludos!!!
      Sele

  6. Sele, hacía tiempo que no me animaba a “animarte” pero después de esta serie de Tierra Santa no he podido resistirme,jeje. Sinceramente, magnífica tu manera de relatar, con citas bíblicas, aspectos sociales y civiles de la sociedad de Jerusalén,…

    Sólo pedirte que continues con esta gran y envidiable afición que tienes y agradecerte todo el esfuerzo (que sé que debe ser mucho).

    Un saludo crack!!

  7. hola, realmente he quedado sorprendiido de JERUSALEN . nuestra tierra santa , me conmueve y me da centimientos al ver estos lugares con un gran significado para cada uno de nosotros al saber q nuestro dios supremo anduvo en estos lugares y a la vez admirado por las politicas del por los jovenes tener qu cargar con un fusill. desde El Salvador

  8. Otro capítulo sensacional… Sencillamente decirte que me muero de ganas de pisar esas fascinantes tierras que han significado tanto para la humanidad!
    En serio, una pasada, tío!

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