Delfines en la costa del Alentejo: El estuario del río Sado

En Tróia, puerto del norte de la costa de la región del Alentejo en Portugal, se da un curioso caso que me llamó mucho la atención. El lugar donde va a morir el río Sado, en zona de marismas y salineras que llevan funcionando desde la época romana, cuenta con unos habitantes de lo más especiales. Un nutrido grupo de casi treinta delfines, llamados golfinhos en portugués, resisten en estas aguas tranquilas en las que han encontrado estabilidad a pesar de quedar cerca la ciudad de Setúbal, los astilleros y el paso regular de ferries y embarcaciones a motor. Tras haber menguado su población décadas atrás, parece que el declive de una colonia que estaba abocada a desaparecer se ha detenido, dándose incluso nuevos nacimientos con un elevado porcentaje de supervivencia.

Delfines en Troia (Alentejo, Portugal)

La observación de delfines en el estuario del río Sado, respetando todas las premisas del turismo sostenible y ecológico, se ha convertido en uno de los puntos fuertes en Tróia y los parajes naturales que la rodean. De hecho quienes conocen bien este lugar se saben de memoria los nombres de todos los delfines o golfinhos que se dejan ver en libertad y saltan junto a las barcas acompañados de decenas de gaviotas. Son, de una forma u otra, familia de la preciosa y salvaje costa alentejana. 

El arte (y placer) de observar delfines en el Alentejo

Llegamos fuera de temporada a Tróia, lejos de los voceríos veraniegos y de las playas hasta arriba. Esta zona de la costa de Alentejo cuenta con muchas de las mejores y más salvajes playas de Europa, siendo ésta una de sus bases en el norte de la región (muy cerca queda, por ejemplo Comporta o la zona de la Laguna de San Andrés). Mezcla modernidad en un puerto pequeño con el edificio Tróia Design Hotel como emblema y ejemplo con solitarios senderos de naturaleza que conducen a las interminables playas de arena en las que no existe todavía el concepto de primera línea (y que sea así por mucho tiempo). Todo ello con infinidad de parajes donde se observan aves marinas migratorias y unas ruinas romanas que se pueden visitar tanto a pie como en barco. En definitiva, reúne un poco de lo mejor que tiene el litoral atlántico en Portugal, sin haber sido aún invadidos por los pecados de las constructoras.

Hotel Design de Tróia (Alentejo, Portugal)

Excursión en lancha en Tróia por el estuario del río Sado

Precisamente que una colonia de delfines de nariz de botella, los mismos que podemos ver saltar en el Caribe, permanezca en la zona dice mucho de cómo están las cosas por aquí. Y eso en concreto es por donde queríamos empezar en un viaje al Alentejo muy diferente que nos iba a conducir de la costa al más profundo interior de la región más grande y más auténtica de Portugal. En dos horas nos habíamos plantado allí desde Lisboa con un coche alquilado, justo para llegar a uno de los pocos tours en barco que se hacen fuera de temporada (2 a la semana con Vertigem Azul, cuyos tickets se compran en el puerto, aunque se pueden reservar con antelación) a diferencia de las tres veces que salen al día durante el verano.

Barco para buscar delfines en Tróia (Alentejo)

El día estaba gris y la lluvia nos iba a respetar durante las dos horas aproximadas que iba a durar nuestro paseo en lancha para observar de cerca los asombrosos delfines del estuario del río Sado. Antes de que pudiésemos pronunciar una sola palabra ya estábamos sentados en una zodiak gris con la cámara de fotos lista para disparar si teníamos la suerte de se nos aparecieran los simpáticos golfinhos de Troia.

¡Delfines a la vista!

No tardaríamos en percatarnos de cómo los primeros delfines asomaban su cabeza e incluso saltaban para avisarnos que allí estaban y que no nos lo iban a poner muy difícil. Un grupo de unos diez, aunque al principio sólo veíamos dos, acompañados de un séquito de gaviotas y otras aves marinas que se aprovechaban de que sacaran pescado casi a la superficie, nos pasó primero a derecha y luego a izquierda, a suficiente velocidad como para convertir en mínimamente decente una fotografía. Hacer fotos a delfines en libertad, sea donde sea no es sencillo. Depende de la velocidad de uno, de la cámara y un sinfín de condiciones que a los fotógrafos aficionados nos resultan muy complejas por mucho que nos empeñemos. Por eso mismo además de intentar con relativo éxito retratar todo lo que iba sucediendo a nuestro lado, me rendía por minutos para observar la faena sin más. Como si tuviera que ser poco ver juguetear a los delfines.

Delfines en el río Sado (Troia, Alentejo)

Delfines en el río Sado (Alentejo)

Las empresas que hacen este tipo de tours en Tróia tienen reglas establecidas en tiempos, distancia y colocación de las embarcaciones para no molestar a los delfines. Por ejemplo, nunca pueden cortarles el paso poniéndose delante de un grupo, sino ir siempre a izquierda o derecha, incluso detrás, guardando suficientes metros de cortesía salvo que sean ellos quienes deseen acercarse (cosa que sucede muy a menudo). Y además toda la travesía no consiste por completo en ver delfines sino también en ir remontando el río y percatarse de las aves zancudas (hay flamencos y varias clases de garzas) además de los pequeños barcos de colores de los pescadores que navegan por el estuario en solitario.

Delfines saltando en el río Sado (Alentejo)

Tuvimos la suerte de que se asomara a la superficie un bebé delfín que iba junto a su madre. Se trataba de un recién llegado que no duda en brincar y salpicar todo lo necesario para darse a conocer. Es una prueba muy clara de que la población de golfinhos se mantiene estable con un ligero crecimiento que les aleja de los malos presagios de comienzos de los años ochenta. Los capitanes de barco que manejan las barcas de las excursiones son capaces diferenciar a los veintitantos miembros de este grupo con sólo fijarse en sus aletas, siempre diferentes. Es algo así como su huella dactilar, como las colas en el caso de las ballenas jorobadas tal y como pude estudiar en el buque HMS Fitz Roy en el Estrecho de Magallanes (Chile). Realmente son parte de la familia de los quienes habitan la península de Tróia, concienciados del valor ecológico de contar con un ejemplo extraño en el continente europeo. Que los delfines entren por los ríos de Europa no es algo muy usual, por eso lo que sucede en esta parte de la costa alentejana es tan interesante.

Delfines en el estuario del río Sado (Alentejo)

Tras treinta minutos con un avistamiento exitoso de casi todos los delfines del estuario del Sado, y antes de que rompieran las nubes sobre nosotros, pasamos por las viejas salineras romanas y los lugares en que los arqueólogos estudian todavía la huella de quienes vivieron aquí hace dos mil años. Un entorno magnífico, reserva natural, que nos dejó con muy buen sabor de boca y las ganas intactas de seguir bajando y sorprendiéndonos por la costa alentejana, la misma que vio nacer al gran Vasco de Gama (en Sines, para ser exactos), el navegante portugués por antonomasia. El segundo viaje en coche al Alentejo no había hecho más que comenzar. Y qué mejor que en el mar y en compañía de delfines.

Estuario del río Sado (Alentejo, Portugal)

Para tomar nota: Dos consejos para comer bien

La cocina alentejana es excelente y precisamente en nuestro primer día de viaje comimos en un lugar maravilloso y tradicional que sería un pecado no recomendar. Se trata del Restaurante A Escola, situado en la carretera 253 que une Comporta (a 14 km) y Alcacer do Sal (a 17 km) a la altura de la localidad de Cachopos. Se trata de una antigua escuela, como su propio nombre indica, que reconvertida en casa de comidas se ha llevado numerosos premios de prestigio por ser un referente de la comida regional alentejana y conservar el estilo y la autenticidad de la zona. La empanada de conejo es su especialidad, así como la cazuela de pescado y almejas, el pulpo con boniato (delicioso) y el postre de piñones. Un menú de lo más completo viene a costar entre 15 ó 20€. Aquí nadie sale quedándose con hambre.

Empanada de A Escola (Alcácer do Sal - Cachopos, Alentejo, Portugal)

Por otro lado cabe destacar en el propio puerto de Tróia el restaurante Portobeer, que sin ser un lugar de comida tradicional del Alentejo es de los pocos lugares que he encontrado fuera de Oporto en que preparan la famosa francesinha (un sándwich que lleva de todo y va regado de una salsa picante). Se encuentra en el mismo muelle, justo al lado del Tróia Design Hotel, y una cena no sale a más de 15€. También preparan unos chocos (calamares) fritos realmente buenos. Es una cervecería al uso más que un restaurante a buen precio, a pesar de su inmejorable ubicación e instalaciones.

Francesinha de Portobeer (Tróia, Alentejo)

Este jueves Tertulias viajeras del Alentejo

El jueves 22 de septiembre celebraremos una nueva edición de Tertulias viajeras. En esta ocasión estaremos en el Palacete de la Embajada de Portugal en Madrid (Pº Castellana 58) charlando sobre este destino. Personalmente será un honor compartir mi experiencia en esta región. Ha sido ya cuatro viajes al Alentejo los que he tenido la suerte de realizar. ¡Y los que están por llegar!

Sele

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3 comentarios en “Delfines en la costa del Alentejo: El estuario del río Sado

  1. Me encantan los delfines!! Nunca he visto uno en libertad así que puede ser un buen destino para verlos 🙂
    Probé las francesinhas en Oporto y son todo un manjar! Me encantaron!

  2. Qué envidia! Ver a los delfines en libertad tiene que ser toda una experiencia… me encantaría verlos algún día. Y que suerte con la cria de delfín! Tuvo que ser precioso.

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