Muy poca gente conoce, incluso en las regiones más australes de Sudamérica, que existe en la región de Tierra del fuego chilena una pequeña colonia de Pingüinos Rey, la cual parece haberse lejos de la Antártida y de las islas subantárticas donde es más lógico que se encuentren. En una playa absolutamente virgen muy cerca de Onaisín, bañada por las aguas del Estrecho de Magallanes que indagan en una Bahía curiosamente llamada Inútil, aparecieron repentinamente hace tres años varios miembros de esta llamativa especie de pecho amarillento-anaranjado. Y no sólo de visita, como si se han constatado casos de desplazamientos de cientos de kilómetros en busca de buenas aguas donde alimentarse, sino que, en efecto, han nidificado de forma estable y han tenido crías. Durante el viaje conocí gente que me habló por encima de la existencia en la zona de pingüinos “no magallánicos”, que son los propios de esta parte del mundo (y que ya había tenido la oportunidad de ver en Patagonia Atlántica), pero la cosa se quedó ahí. Cuando llegué a mi primer destino en Chile, la ciudad de Punta Arenas, al sur del sur de todo, me informé más de este asunto y me di cuenta que era posible observar a estos simpáticos pingüinos sin necesidad de llegar al Continente blanco. Un ferry a Porvenir y un buen tramo de carretera de grava que bordeó la mencionada Bahía Inútil, en compañía de otros apasionados por ver Naturaleza salvaje, nos acercó a lo que no parecía posible.

Pingüinos Rey en Tierra del Fuego

Imagen de los Pingüinos Rey que pudimos ver en Tierra del Fuego

Fue una experiencia increíble, única para todo el que ama ver animales en libertad, sentarse frente a un grupo de Pingüinos Rey y simplemente mirar lo que hacían. Algo que, bajo ningún concepto, tenía previsto antes de viajar a Chile. Pero esta es una tierra llena de sorpresas que llevan al viajero a tener los ojos siempre abiertos.

¿PINGÜINOS REY EN TIERRA DEL FUEGO CHILENA? ¿CÓMO ES POSIBLE? ¿DÓNDE?

Precisamente esa es una pregunta que se haría alguien como yo, que soñaba con observar alguna vez a estos animalitos y que me emplazaba a un hipotético, lejano, complejo y costoso viaje a la Antártida. Aunque cuando ví en el escaparate de la agencia Laguna Azul, afincada en Punta Arenas, no pude evitar llamar a la puerta y encontrarle una explicación a si el poster de pingüinos rey que tenían expuesto correspondía a una realidad o quién sabía si a un zoológico. Y resultó que lo que me habían contado aquellas viajeras fuenlabreñas con las que me había encontrado en varias ocasiones parecía ser totalmente cierto.

Al parecer la zona de Tierra del Fuego y del Estrecho de Magallanes, aún no siendo en absoluto lugar de nidificación del Pingüino Rey, sí del ejemplar magallánico mucho más pequeño y de aguas menos frías (Isla Magdalena, Seno Otway, etc..), fue de siempre un paso ocasional de éstos en busca de pececillos o crustáceos. De hecho investigaciones arqueológicas en torno a los indios onas y yaganes, que habitaban estas tierras, han dejado al descubierto que esta clase de pingüinos antárticos y subantárticos llegaron a formar parte de sus dietas. Pero en tiempos de colonización y caza incontrolada, si es que había algún caso de establecimiento más o menos permanente, la presencia aquí de los pingüinos rey se hizo, aún si cabe, menor.

Mapa de distribución del pingüino rey

Mapa de distribución de colonias de Pingüino Rey

Si algo tengo claro es que las decisiones de la Naturaleza son a veces inexplicables. Simplemente suceden. Y de ese modo, casi de la nada, apareció muy lejos de su radio habitual un grupo de varias decenas de pingüinos rey, los cuales encontraron todo lo necesario para nidificar y se establecieron ante la gran sorpresa de quienes se enteraron primero de su existencia. Y es que lo hicieron en una Estancia en la que, como en toda Patagonia, se dedica al ganado ovejero. A día de hoy son ellos quienes gestionan, de forma privada, el control, la investigación y el avistamiento de estas aves marinas por parte de quien quiera hacerlo. Todo ello muy cerca de Onaisín, a 114 kilómetros del cruce de ferry Punta Arenas-Porvenir y a unos 132 kilómetros del cruce de Punta Delgada y Bahía Azul, en la parte que atañe a Chile de Isla Grande (Tierra del Fuego).

Mapa de la colonia de piguinos rey de Onaisín

Pero surgen cuestiones difíciles de comprender. La primera es que las autoridades medioambientales chilenas no han establecido hoy día una protección a este animal, que no consideran estable en su territorio sino “visitante”, por lo que no se han llevado a cabo investigaciones de carácter público para observar su comportamiento ni se han lanzado medidas para controlar o preservar su establecimiento demostrado en la zona desde hace unos tres años. Por el momento todas actividades de gestión, conservación y estudio está en manos privadas.

La segunda incomprensión es que siendo un fenómeno natural de primera magnitud, no parece haber apenas eco turístico en Punta Arenas, la principal ciudad de la Región de Magallanes, ni mucho menos en otros lugares de Chile. Y es, probablemente, porque muchas personas lo desconocen completamente. Tan sólo la agencia de turismo antes mencionada, Laguna Azul (C/ José Menéndez 786, Punta Arenas), es la única que organiza viajes en grupos reducidos al otro lado del Estrecho de Magallanes a unos precios que rondan los 100 euros por persona y que incluyen los traslados (ferry + automóvil), entrada a la finca donde se observa al pingüino y al Museo de la localidad fueguina de Porvenir, por la cual se accede desde el barco proveniente de Punta Arenas. Son viajes de un día que se inicia temprano y se regresa a la noche, puesto que las distancias son absolutamente “patagónicas” (se hacen más de 400 km entre ida y vuelta).

Pero, sin duda, vale la pena, sobre todo para quien aprecie este tipo de cosas.

SENTADOS EN SILENCIO FRENTE A UNA VEINTENA DE PINGÜINOS REY

Casa de El PorvenirYa el viaje prometió desde el principio, con un Estrecho de Magallanes sorprendentemente calmado en las más de 2 horas de travesía y un cálido recibimiento por parte de un grupo de toninas overas (delfines pequeños de color blanco y negro, como si fueran orcas de metro y medio) minutos antes de llegar a la localidad costera de Porvenir, en la parte chilena de Isla Grande. Ya en Tierra del Fuego conocimos algo más de la historia de este lugar caminando por sus calles empinadas con casitas coloridas de madera y visitando el interesante Museo Municipal. Allí supimos sobre los indios onas que vivían en la zona hasta la llegada del hombre blanco (con ritos iniciáticos similares a los de muchas tribus africanas) a través de sus armas, sus utensilios de la vida diaria e incluso una momia con una posición de angustia realmente inquietante.

Momia Ona de El Museo de El Porvenir

Pero ese era apenas un aperitivo de lo que vendría después. Un aliciente a los 140 minutos de transbordador recién pasados y al centenar de kilómetros que teníamos todavía por delante. Una carretera de ripio bordeaba un tramo costero sin barcos ni más población que las ovejas pastando y los inquietos guanacos saltándose las cercas que marcan la división de las estancias ganaderas. De hecho es allí donde nace Bahía Inútil, denominada de tal manera por no ser aprovechable para la pesca ni fácilmente accesible en barca alguna.

Una hora y pocos minutos después de nuestra partida de El Porvenir accedimos al cruce de Onaisín y nos detuvimos frente a una alambrada tras la cual sólo había una tienda de campaña tipo domo y una pequeña caseta prefabricada. Un cartel daba título al “Parque Pingüino Rey”, sin el cual a uno no le haría sospechar en absoluto que a unos metros se encuentra la única colonia accesible y visitable de este pingüino en Sudamérica (dentro de la zona continental, en islas como Malvinas sí que anida). El alambrado para separarlo del resto de la Estancia San Clemente y evitar el paso de ganado o de algún desaprensivo que incomode, robe o ahuyente a este animal, es una de las últimas labores que se han podido realizar con una inversión exclusivamente privada (como antes dije no se reconoce a la especie de Pingüino Rey como propia de Chile, por lo que no entra dentro de Ley ambiental alguna).

Entramos para registrarnos a la entrada y hablar con Héctor, el guardaparques que vive por y para los pingüinos que allí residen, sabiendo que son sólo posibles grupos de doce personas las que se aproximen, con toda la prudencia del mundo, a estas aves marinas tan características. Caminamos hacia unos juncos y tras un pequeño riachuelo, dando la espalda al mar, nos encontramos de cara con un total de 21 ejemplares de pingüino rey (machos, hembras y crías incluidas) de los aproximadamente 90 que se calcula debe haber en la zona. Nos aproximamos en silencio y nos sentamos frente a ellos, con la única separación del riachuelo, para observarlos y tomar fotografías.

Debimos estar allí pasmados algo más de una hora. En silencio, con las únicas observaciones en voz baja por parte del cuidador del parque, unos prismáticos para no perder detalle de nada (aunque estabamos a una distancia de no más de 10 metros) y las cámaras fotográficas echando humo. No todos los días se comparte espacio y lugar con una especie visible en ciertas islas que rodean el continente antártico, a no ser que uno se vaya a un Zoológico o un Centro Oceanográfico, en los cuales la palabra cautiverio se escucha tras los cristales. Pero aquí simplemente se observa el paso de la Naturaleza, la libertad de movimientos, de querer o no querer aparecer ante un público reducido que debe ver, oir y callar. Es la vida misma sin otra barrera que la distancia que ellos decidan poner respecto a tí, ya que aquel es su hogar, al menos hasta que opinen lo contrario.

El Pingüino Rey, cuyo nombre científico es Aptenodytes Patagonicus, tiene un tamaño sólo superado por el Pingüino Emperador, que vive en su totalidad en la Antártida. Puede llegar a un metro de altura, aunque lo normal es que ronden los 90 centímetros cuando están erguidos (el Emperador mide en torno a 1´20 m.). Se caracteriza por su colorido gaznate que mezcla el amarillo y el naranja, así como por un largo pico anaranjado y unas motas del mismo color detrás de una cara rotundamente negra.

Sus aletas, que no alas, le sirven para propulsarse con velocidad por el agua y recorrer hasta los 100 km por día en busca de alimento. Toda la torpeza que denotan sus andares se convierte en suma agilidad cuando se adentran en el mar para cubrir amplias distancias y profundidades superiores a los 300 metros cuando así lo requieren. El agua, más que la tierra, es verdaderamente su medio.

Resultaba divertido, a la vez que enternecedor, verles caminar abriendo sus aletas, mostrando sus anchas espaldas y hacernos creer que llevaban un frac puesto en el que sólo les falta el sombrero de copa. La elegancia no es su virtud estética o física más grande, pero lo compensan fuertemente con su simpatía y esa sonrisa pintada de naranja decorando un pico la mar de afilado.

Su plumaje parecido al neopreno les prepara para las temperaturas gélidas que necesitan soportar. Son las crías las que aún deben pasar de ser una especie de patito feo de plumas marrones a un animal que alterna el blanco, el gris y el negro con esos caprichos que les han teñido algunas partes de un naranja mezclado con amarillo. De hecho cuando se vió a los pingüinos rey por primera vez se pensó que las crías ya crecidas que estaban junto a ellos pertenecían a especies diferentes.

Una de las bases del novísimo Parque de Pingüino Rey es que por fín se reconozca a esta especie como una más en territorio chileno, se proteja y se estudie para saber un poco más de ellos y, además, se lleve a cabo una experiencia turística única aunque siempre sostenible y enfocada en el respeto al medio ambiente. Pero aún es algo que está en pañales y son muy pocos los pasos dados hasta el momento y menos aún quienes han podido observar a los pingüinos rey a cientos de kilómetros de sus paraísos australes que flotan en aguas gélidas y, en ocasiones, inaccesibles.

Puedo dar fe que disfruté al máximo de esa hora larga junto a estos pingüinos rey, que aprendí de sus costumbres y que, sin tener que ir a la Antártida, viví algo que para nada esperaba durante este viaje que no deja de sorprenderme. Uno de los mejores momentos desde mi llegada a Chile me lo proporcionaron estas aves marinas por el simple hecho de estar allí y poder dejarse ver. Como amante de los animales siempre he dicho que en los viajes el apartado de la Naturaleza me resulta esencial por ser capaz de aportarme sensaciones extraordinarias, de hacerme olvidar de los artificialismos vacuos y percibir la libertad de lo que parece aún no hemos logrado mancillar con nuestra torpeza consciente o inconsciente.

Pero, ¿qué tal si además de fotografías los véis en movimiento? Dentro vídeo!

Si no visualizas el vídeo en pantalla pincha aquí para verlo en Vimeo

Para mí este es un pedacito más de vida que da sentido a este loco mundo. Saber que el Planeta aún puede mostrarnos parte de su pureza me hace creer en que aún no está todo perdido.

Sele

* El avance de la fase chilena del viaje está siendo fulgurante a la vez que productivo. Vengo de estar tres días en un barco-expedición por una de las áreas más angostas y salvajes del Estrecho de Magallanes, en las que el objetivo principal ha sido el avistamiento de Ballenas jorobadas que se quedan en este área para alimentarse en vez de bajar a Antártida. Islas, montañas, glaciares, fauna marina… lugares de Naturaleza salvaje. Toda una experiencia.
Ahora el viaje se encamina hacia las Torres del Paine y a recorrer los canales patagónicos en otra embarcación, el Navimag, de Puerto Natales a Puerto Montt. Será una semana intensa de fiordos y glaciares en la que careceré de toda conexión a intenet. Pero será, sin duda, una de las partes más apasionantes del viaje.
Ruta Puerto Natales a Puerto Montt en el Navimag

Ruta Puerto Natales a Puerto Montt en el Navimag

* Recuerda que puedes seguir todos los pasos de este viaje en MOCHILERO EN AMÉRICA

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6 comentarios para “El curioso caso de los Pingüinos Rey de Bahía Inútil”

  • Sergio:

    Si hasta los pinguinos tienen que emigrar, al menos parece que han encontrado un sitio en el que están a gusto y se les ve felices!!! :D

    Saludos

  • JonyMao:

    Me encantan esos animales. ¡Qué suerte poder disfrutarlos tan cerca!
    Sigue dándonos envidia.
    Un saludo

  • Pau:

    Qué fuerte, parece que estén totalmente fuera de context. Menuda suerte haberlos visto ;)

  • Miguel:

    Josele cogeme un pingüino de esos para casa.

  • José Carlos DS:

    Para mi la entrada a un acuario o a un zoológico está ya justificada si hay pingüinos, ni que decir tiene que ya verlos en libertad y encima fuera de su hábitat natural, menuda suerte :D

  • Natita:

    Nosotros estuvimos en este lugar los últimos 2 años.
    Hay que advertir que muchas personas molestan a estos pinguinos, ya que se encuentran relativamente cerca del camino y su única defensa aparante es un riachuelo.
    Muchas personas visten, tocan y molestan a estos pinguinos que son una rareza que lleva varioa años recalando en el lugar.
    Me parece que no son antarticos estos pinguinos,sino son de las Falklands.

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