Hoja de ruta de un viaje a Alaska en autocaravana

Alrededor de 2300 millas fueron añadidas al cuentakilómetros de la autocaravana con la que viajamos por Alaska. Al menos por una parte con carreteras asfaltadas o pistas de grava, consideración que veo necesaria sobre todo cuando más del 80% del Estado es absolutamente salvaje y carece de las mismas. Existen pocos roadtrips más emocionantes que cuando te embadurnas de paisajes radiantes de montañas, bosques, taiga, tundra y un buen puñado de glaciares rompiéndose a cada minuto delante de tus narices. Donde los únicos peatones pueden ser alces o, mejor aún, los osos que se sienten libres en el que consideran su territorio. Recorrer Alaska vive mucho de impulsos, de emociones capaces de arrugar mapas y adivinar gasolineras donde sólo se advierte un Ford de los años cuarenta tan oxidado como las historias de los antiguos buscadores de oro.

Viaje a Alaska en autocaravana a vista de drone

Durante un par de semanas hicimos una hermosa ruta por Alaska como mandan los cánones, con una casa rodante a cuestas. Y como primerizos, no sólo en el destino sino también a la hora de ponernos al volante de lo que más bien parecía un autobús de nueve metros de “eslora”. ¿Queréis saber qué ver y hacer en un viaje por Alaska en autocaravana como el nuestro? A continuación os mostraré todos los lugares que formaron parte de un itinerario tan improvisado como estimulante. 

ALASKA EN AUTOCARAVANA: UN VIAJE DE 15 DÍAS CON LA CASA A CUESTAS

Llegamos a Anchorage tras un vuelo desde España con escala en Reykjavík (Islandia) en el que nos pusimos a restar horas al reloj como auténticos posesos. Resulta curioso jugar a saltarse meridianos sin parar. Tantos que llegamos a Alaska una hora antes de nuestra salida de Islandia (¡De Reykjavík partimos a las 17:00 y cuando aterrizamos en Anchorage eran las 16:00 del mismo día!). Enfatizo Anchorage como punto de salida y no la capital, Juneau, que es otro viaje, puesto que es la zona en la que hay una mayor cantidad de carreteras y posibilidades para llevar a cabo un roadtrip de este tipo.

Mapa de Alaska

Teníamos muy claro desde un principio que este viaje lo íbamos a plantear por completo en autocaravana. En un destino tan de naturaleza, donde un alojamiento mediocre puede llegar a costar más que muchos hoteles cinco estrellas en Europa (y en el mismo Estados Unidos), la manera para moverse con mayor libertad y flexibilidad es la autocaravana. De ese modo es posible olvidarse de reservar hotel, de tener que seguir una ruta estricta y, en definitiva, perder algo de magia en un roadtrip en el que tú pones cada noche el paisaje que quieres contemplar por la ventana cuando te levantes de la cama.

Nuestra autocaravana con la que fuimos de ruta por Alaska

Gestionamos tanto los vuelos como la autocaravana a través de la empresa española América Tours, quienes llevan bastante tiempo vendiendo viajes por Alaska en un formato “a tu aire”. Eso era precisamente lo que demandábamos para esta aventura, ir a nuestro aire, improvisar cada día y no tener una apretada agenda marcándonos el recorrido de cada día. Yo ya les conocía de cuando recorrí en coche Islandia y fueron algo más que un soporte para un roadtrip circular en solitario por el país del hielo y el fuego. A todo esto, no quiero obviar que este viaje lo hice con Isaac (Chavetas), compañero de grandes ocasiones como Irán, Islas Galápagos, o Laponia Noruega donde fuimos a la caza de la aurora boreal. Nos gusta liarlas bastante gordas y cuando surgió el nombre de Alaska nos pusimos manos a la obra para hacer una ruta lo más exitosa posible en autocaravana.

Sele e Isaac subidos a la autocaravana en Alaska

Así fue el recorrido que hicimos por Alaska en autocaravana

Si algo teníamos muy claro era que este viaje por Alaska tendría lugar durante la segunda quincena de junio y principios de julio (los mejores meses para viajar a Alaska son junio, julio, agosto y primera mitad de septiembre). De ese modo establecimos lógicos principio y final en la ciudad más poblada del Estado, que no es otra que Anchorage. A partir de nuestra llegada haríamos quince días de ruta (habría que añadir tres más entre la ida y la vuelta a casa). De todos estos días los únicos que guardamos a sabiendas fueron los primeros, dado que queríamos asegurar poder hacer un vuelo en avioneta desde Homer, en la península de Kenai, para salir a buscar los primeros osos pardos que llegan a la costa en esta época para esperar a los salmones y hacer tiempo en la playa desenterrando almejas.

Oso pardo de costa en Lake Clark (Alaska)

Teníamos reservado desde hacía mucho tiempo ese vuelo y dejamos un margen de dos días más como mínimo por si el tiempo no acompañaba y no podía salir la avioneta. Y bien que hicimos, porque sólo pudimos volar a Lake Clark National Park (al norte de Katmai) al tercer intento. La parte de los osos era absolutamente innegociable para nosotros. Una vez cumplido el objetivo podríamos salir de Homer e improvisar lo máximo posible un itinerario que quedó finalmente de la siguiente manera:

Mapa con la ruta por Alaska en autocaravana

Salida de Madrid con escala en Islandia (Iceland Air) – ANCHORAGE (recogida de la autocaravana) – Beluga Point – Homer – Lake Clark Ntl Park (travesía en avioneta) – Homer – Ninilchik – Seward – Crucero de un día en los fiordos de Kenai – Exit Glacier – Anchorage – Glenn Higway (Palmer, Matanuska glacier) – Valdez – Crucero de un día en Prince William Sound hasta el glaciar Columbia – Chitina – McCarty Road – McCarthy – Kennecott – McCarthy – Alrededores de Paxson – Denali Higway – Denali National Park – Fairbanks – North Pole – Chena River Hot Springs – Talkeetna – Eklutna lake (y cementerio atascabano) – ANCHORAGE (devolución de la autocaravana) – Regreso a Madrid con escala en Islandia (Saga Lounge de Iceland Air). 

Sele ojeando un mapa en Alaska

RELACIÓN DE LUGARES VISITADOS EN ALASKA

A continuación detallaré los lugares visitados o por los que pasamos durante nuestro roadtrip por tierras alaskeñas. Puede resultar útil o de ejemplo para saber qué ver y hacer en un viaje a Alaska en autocaravana de este tipo durante un periodo aproximado de dos semanas.

Anchorage, punto de partida

El lugar de comienzo y de fin de este roadtrip fue Anchorage, la ciudad más poblada de Alaska con unos 300.000 habitantes y donde llegan la mayor parte de los vuelos internacionales. No se trata de un bellezón precisamente y salvo observar a los hidroaviones partir y aterrizar en el lago que hay junto al aeropuerto no hay demasiado que hacer. Tiene en el centro un museo con una colección de los nativos de Alaska traída del Smithsonian de Washington, un intrascendente zoológico y poco más.

Aeropuerto de Anchorage (Alaska)

No hay que darle más vueltas. Anchorage es un mal menor en un viaje de este tipo. Siempre se recibe la autocaravana un día después de tomar el avión de vuelta y la devolución de la misma es un día antes, así que suele ser necesario reservar un hotel (con una calidad/precio que deja mucho que desear). Pero a este punto de partida se le puede sacar jugo en los preparativos de la ruta por carretera. Por ejemplo, en nuestro caso buena parte de la comida para las dos semanas de viaje la compramos en un supermercado a las afueras de la ciudad (Fred Meyer, el primero de muchos por el que pasamos al recoger la autocaravana), nos hicimos con una tarjeta SIM para tener internet en un AT&T (aunque nos dio para poco) y cuando regresamos de la península de Kenai llenamos el vehículo de gasolina, puesto que es más barata que en cualquier otro municipio de Alaska.

Sele de compras en Alaska

Dada la gran cantidad de agencias de viajes que tiene, que se promocionan además en todos los hoteles y moteles de la ciudad, puede servir para reservar alguna excursión concreta o vuelo escénico en hidroavión (los hay por los alrededores a módicos precios y más lejanos y costosos como Denali o los osos de Katmai/Lake Clark)

¿Dónde nos alojamos en Anchorage?

A la ida reservamos con antelación el Alex Hotel, que nos pareció aceptable  en relación calidad/precio, así como una valiosa cercanía al aeropuerto. A la vuelta, dado que el anterior había subido el precio de la habitación a comienzos de julio, en plena temporada alta, nos alojamos en el Barratt Inn, que era  algo más “baratín” (Unos 150$ la doble) y que, al menos, tenía servicio de lanzadera gratis al aeropuerto y un restaurante coreano debajo. Lo que en España no dejarían de hoteles de una estrella, en Anchorage (y en buena parte de Alaska) sería extraño que los precios de la habitación doble no sobrepasaran los 100$. Y que incluso lleguen a plantarse en los 200$. Razón de más para hacer un viaje de este tipo en autocaravana y olvidarse de los hoteles lo máximo posible.

Beluga Point, primera parada en la ruta a Kenai

En la carretera AK-1, la conocida como Seward Highway, apenas se sale de Anchorage y se empieza a bordear la ensenada de Turnagain, surgen miradores en los que detener el vehículo y tomar las primeras fotos del viaje. Beluga Point se trata de uno de los puntos de observación más atractivos de la ruta y durante los meses de julio y agosto es posible avistar en aguas lejanas tanto a belugas y otros tipos de cetáceos aunque, por lo que tenemos entendido, fácil tampoco es. Viene señalizado y tiene un parking de un tamaño considerable en el que se suelen contonear las autocaravanas recién salidas de la compañía de alquiler. Puede ser un buen lugar no sólo para hacer fotos de Turnagain Arm jugando con las mareas o de observar en los riscos de al otro lado de la carretera los curiosos Dall Sheep (carneros de Dall, que son completamente blancos), sino también una buena excusa para ir ganando confianza con la autocaravana. Los primeros kilómetros son los más difíciles para quienes nunca hayan conducido una.

Beluga Point (Alaska)

Homer, capital de la pesca en Alaska y lanzadera al sueño de los osos

Dicen que en Alaska no hay mejor lugar para pescar el inmenso Halibut que las aguas de Homer, una pequeña ciudad situada en el suroeste de la península de Kenai a orillas de la Bahía de Kachemak (A 220 millas – 354 kilómetros al sur de Anchorage). Cuenta con un corredor largo de siete kilómetros que se introduce en la bahía (The Split) con puerto, entrañables restaurantes y tiendas en pintorescas casas de madera, así como varios aparcamientos para autocaravanas (Heritage RV Park es el más completo, con wifi, duchas y electricidad por 40$, aunque pernoctamos a la entrada del Split en Mariner Park, sin carga eléctrica y a 20$).

Homer (Alaska)

Pero nuestro objeto de viajar a Homer no era otro que tomar una avioneta para atravesar la bahía e ir a ver los osos pardos de costa en Lake Clark o la Península de Katmai. Teníamos reservado un día y una hora concreta en el aeródromo de Homer con Scenic Bear Viewing (con una antelación de dos meses) y por eso fuimos allí el primer día desde Anchorage. Luego la climatología nos jugó una mala pasada y tuvimos que retrasar el vuelo al día siguiente. Aunque como íbamos en autocaravana sin absolutamente nada reservado, no fue impedimento alguno.

UN CONSEJO POR SI QUERÉIS HACER LA EXCURSIÓN DE LOS OSOS: Dada que es una salida cara que suele sobrepasar los 600 dólares por pasajero conviene ser flexibles con el tiempo en el punto de partida (sea Homer, Anchorage o Fairbanks). La climatología en Alaska es caprichosa y si el día es lluvioso o hay mucho viento las excursiones en avioneta para ver osos se cancelan. Y aunque os terminen devolviendo el dinero si no podéis llevarla a cabo, es preferible si deseáis hacerla de verdad (por que es alucinante) contar con unos días de margen “por si acaso” no ha sido posible salir en el primer intento. No es mala idea tampoco reservar para el primer/segundo o últimos dos días de viaje, para que no afecte al resto de la ruta. Basta con saber dónde comenzar o terminar.

Oso en Lake Clark (Alaska)

En Homer se organizan también travesías en barco en busca de fauna marina (cetáceos, nutrias, aves marinas, etc.). Y en nuestro caso fue el primer lugar de Alaska donde pudimos ver y fotografiar a la emblemática águila de cabeza blanca, que suele merodear por las playas del Split.

Vuelo escénico a Lake Clark y avistamiento de osos en la playa

Se trata de una de las actividades más costosas que se pueden hacer en Alaska (desde 600$ por persona), pero os aseguro que vale cada dólar que se paga. Porque en ningún sitio será tan fácil no sólo observar y fotografiar osos salvajes, sino tenerlos a una distancia ridícula durante horas. Ya sea en la Península de Katmai como al norte en Lake Clark se calcula que viven más de 3.000 osos pardos de costa (Brown Coastal Bear). Es una variante que difiere del Grizzly, más usual en zonas de interior, en un tamaño superior y, sobre todo, en la costumbre que tienen de bajar a orillas del mar cuando llega el buen tiempo. Y es que tras una larga hibernación a finales de mayo/principios de junio aprovechan la marea baja con el objeto de salir a “mariscar” desenterrando almejas de la arena de la playa para matar el gusanillo y combatir la espera de los primeros salmones de la temporada (que empiezan a remontar los ríos a principios/mediados del mes de julio hasta bien entrado septiembre).

Osos de costa en Lake Clark (Alaska)

Los vuelos escénicos suelen dividir sus experiencias, según la climatología o avistamientos anteriores, en Katmai y Lake Clark. Quizás Lake Clark es mejor para principios de temporada veraniega (el momento del “marisqueo” de los osos en la playa. Y Katmai es ideal para ver a nutridos grupos de osos esperando con la boca abierta (literal) a los salmones a contracorriente. Brook Falls, por ejemplo, se ha convertido en un mirador excepcional para captar esas imágenes míticas de osos en cascadas pescando salmones sin parar, aunque para ir allí (en avioneta también) conviene esperar a que avance el mes de julio (si es verano recomiendo asomarse a esta webcam en directo y alucinar).

Osezno en Lake Clark (Alaska)

En nuestro caso, tras un fabuloso vuelo escénico bordeando la cima del Monte Iliamna, un volcán de 2740 metros cubierto de nieve y rodeado de grandes glaciares, aterrizamos en una playa (en la arena) de la zona de Salmon Creek. Nada más bajarnos de la avioneta había una hembra con tres crías de poco más de un año de vida. Aprovechando la marea baja (siempre se viaje para allá aprovechando este aspecto) se encontraban buscando almejas y manteniendo el estómago entretenido. Así que con botas de pescador que llegaban hasta los muslos seguimos a nuestro piloto y guía en estricta fila india hasta acercarnos a esta familia de osos para los que debíamos ser prácticamente transparentes.

Sele e Isaac en la avioneta de Scenic Bear Viewing (Alaska)

No serían los únicos que veríamos aquella mañana. En total fue una decena de osos las que pudimos observar y fotografiar a una cercanía que jamás hubiésemos imaginado. Y las escenas vividas se quedarán con nosotros para toda la vida. Pocas experiencias en la naturaleza como ésta, os lo aseguro.

Oso en Lake Clark National Park (Alaska)

No os perdáis el reportaje sobre esta experiencia titulada Al encuentro de los osos en Alaska en el que narro de manera detallada cómo fueron tanto el vuelo panorámico como el avistamiento de osos de costa.

Ninilchik y la iglesia ortodoxa rusa

No demasiada gente sabe que Alaska fue colonizada a mediados del siglo XVIII por el Imperio ruso, como parte de su expansión al continente americano por las islas Aleutianas. Pero en 1867 toda Alaska fue vendida por la Rusia de los zares a los Estados Unidos por una cantidad de 7.200.000 dólares (probablemente el peor negocio de la Historia, puesto que con los pozos petrolíferos alaskeños en el Ártico, éste se trata del territorio más rico de Norteamérica con diferencia). Aún así las huellas que quedan de la estancia de los rusos es visible en diversas poblaciones y nombres, entre las que destaca Ninilchik, a 37 millas al norte de Homer. Allí se ha mantenido en parte de sus habitantes la tradición ortodoxa rusa, recordando a las formas de los amish de otras zonas de los Estados Unidos como Pensilvania. Del año 1901 data su iglesia, también ortodoxa, a la que merece la pena detenerse hacer una fotografía así como visitar su pequeño cementerio adyacente.

Iglesia de Ninilchik (Alaska)

En Ninilchik además de visitar la iglesia aprovechamos a repostar combustible antes de proseguir nuestro viaje hacia Seward. De camino es muy interesante ver a los pescadores de salmón sumergidos en las aguas del Russian River. ¡Hay uno cada dos metros!

Iglesia de Ninilchik (Alaska)

Seward y los fiordos de Kenai

Seward se encuentra al nordeste de la península de Kenai, a 168 millas (270 km) de Homer y a 222 millas (357 km) de la ciudad de Anchorage, con quien comparte ser cabecera de una de las más hermosas rutas escénicas en ferrocarril de Norteamérica. De hecho la llegada del tren convirtió a Seward en uno de los puertos principales de Alaska, dado que en Resurrection Bay, donde se ubica, no se congela el agua ni en el peor de los inviernos. Hoy día esta ciudad es un punto esencial para navegar por los conocidos como Fiordos de Kenai, un gigantesco parque nacional que supera las 200.000 hectáreas y donde se puede disfrutar de unos paisajes magníficos de montañas, glaciares y una abundantísima presencia de fauna marina.

Sele en Seward (Alaska)

Sin ser Seward la ciudad portuaria con más personalidad y encanto de Alaska (Nos gustó mucho más Valdez), la excursión en barco por los fiordos de Kenai es más que recomendable. En nuestro caso hicimos una ruta de siete horas y media con la compañía Major Marine Tours (precio 179$) que nos aproximó a las paredes de los glaciares Holgate y Aialik. Además de verse romper el hielo tuvimos la suerte de observar ballenas saltando, leones marinos, focas, nutrias marinas e incluso el vuelo aparentemente torpe de frailecillos y araos. Se nos resistieron las orcas, quienes en verano nadan por estas aguas y suele resultar más o menos sencillo avistarlas con sus largas y negras aletas dorsales.

Ballena saltando en los fiordos de Kenai (Alaska)

Dado que a Seward llegan los cruceros y los turistas de la ruta en ferrocarril, suele estar más concurrida. Hay pocos hoteles (y caros) y los RV Parks suelen estar hasta los topes (dormimos en Harborside RV Park sin electricidad 20$). Si se quiere hacer alguna de las excursiones en barco que se ofrecen (hay diversas compañías) lo más aconsejable es tenerla reservarla con antelación por internet.

Glaciar de Aialik (Kenai Fjords, Alaska)

Exit Glacier

A las afueras de Seward, apenas a un cuerto de hora de distancia en coche o autocaravana, se puede observar de cerca una lengua glaciar. El Exit Glacier ha retrocedido en los últimos años, de hecho hay marcas de dónde se situaba en años anteriores, pero sigue siendo uno de los grandes (y más asequibles) atractivos de la costa este de Kenai. Hay diversas caminatas hacia él y en ocasiones se puede observar fauna (apuntan los avistamientos del día en una pizarra a la entrada), aunque  lo más interesante es aproximarse a esta gran cascada de hielo en retroceso. El sendero es fácil (hay una buena parte preparado para las sillas de ruedas) y el tiempo para llegar de manera directa a la pared glaciar no supera la media hora.

Exit Glacier (Alaska)

Glenn Highway

Dado que meter la autocaravana en el ferry de Whittier (Península de Kenai, a 88 millas de Seward) a Valdez venía a superar el coste de 300 dólares, decidimos subir por Anchorage y atravesar por completo la Glenn Higway para aprovechar más el viaje y conducir por una de las carreteras escénicas más hermosas de Alaska. En la parte más pintoresca (cuando se abandona la autopista y se toma la carretera de doble sentido), desde Palmer hasta el final en Glennalen hay una distancia de 137 millas (220 km).

Glenn Highway (Alaska)

Se va siguiendo casi por completo las aguas bravas del río Matanuska, nacido de los hielos del glaciar del mismo nombre. Las paradas a los costados son numerosísimas y da para hacer esta carretera con toda la tranquilidad del mundo. Nosotros el trayecto Seward-Valdez lo hicimos en dos días, quedándonos a dormir pasado la mitad del recorrido de la Glenn Highway. ¿Es posible cubrir esta distancia en un día? Quizás, pero no merece la pena atravesarla sin pena ni gloria. Las ganas de ir deteniendo la autocaravana para tomar fotografías son una constante, el glaciar Matanuska es espectacular y además existen apartaderos en la carretera donde poder dormir tranquilamente (nosotros lo hicimos en uno pasado el pueblito de Nelchina).

Nuestra autocaravana en Alaska

Alguna parada recomendable en ruta (Glenn Highway, Alaska):

+ Centro de protección de los bueyes almizcleros en Palmer: Casi al comienzo de la ruta, apenas a un par de minutos de dejar atrás Palmer y en un brevísimo desvío a mano derecha (12850 E Archie Rd, Palmer) se puede visitar una granja de los años veinte que se ocupa de la cría, cuidado y conservación de una especie “prehistórica” que llegó a compartir escenarios con mamuts y otros animales ya extintos. El buey almizclero (en inglés Musk Ox) se trata de una especie ártica que recuerda al buey o al bisonte, pero que en realidad pertenece a la familia caprinae, la misma que agrupa a cabras y ovejas. Casi extinto en la naturaleza se está recuperando en las zonas árticas de Alaska o Groenlandia y el trabajo de la Musk Ox Farm se puede comprobar, así como ver de cerca a uno de estos grandullones, en una visita guiada de unos tres cuartos de hora que viene a costar 11 dólares.

Bueyes almizcleros en Palmer (Alaska)

Son muchas las especies animales que pudimos ver y fotografiar en Alaska. ¡No os perdáis las más emblemáticas! Porque aparecen desde osos hasta alces, lobos, águilas de cabeza blanca o los curiosos bueyes almizcleros.

+ Glaciar Matanuska: Y de repente el río que vamos siguiendo desde la carretera se convierte en un inmenso glaciar, el Matanuska. En la milla nº102 hay una Recreation Site con RV Park para autocaravanas y sitios para hacer pic-nic, aunque basta parar para hacer unas fotos del glaciar en la distancia y comprobar cómo se extiende por el valle como un auténtico río de hielo. Una milla más adelante está el acceso por tierra de grava al glaciar, aunque hay que pagar 30$ para verlo por tu cuenta o hacer un trekking con crampones de manera organizada por unos 100$ (ambas cosas se pueden reservar online en http://matanuskaglacieradventures.us).

Glaciar Matanuska (Glenn Highway, Alaska)

Un consejo a tener en cuenta: Aunque cuando se acceda a la carretera de grava que se dirige al glaciar aparezca un cartel en unos arbustos que diga “No Glacier Access” no hay que hacerle caso en absoluto, pues se refiere a una finca aledaña. La carretera se puede hacer hasta abajo por completo. Pero a las 21:00 horas no debe quedar nadie en el glaciar.

Un poco Richardson Highway hacia Valdez

Otra carretera mítica de Alaska es la que sube desde Valdez hasta Fairbanks a los largo de 368 millas (592 kilómetros). La última hora antes de arribar a Valdez cuando se viene del norte (ya sea de la propia Fairbanks o de Glennalen tras hacer la ya mencionada Glenn Highway) resulta fascinante con vertiginosos cañones de piedra, lenguas glaciales y cascadas surgidas de la nada. Paisajísticamente este tramo es una joya. Conviene pararse en (ordenado de norte a sur):

+ Milla 30,1: Primeras vistas del Glaciar Worthington y dos de sus lenguas. Aquí hay posibilidad de detenerse para tomar algunas fotos.

+ Milla 29,1: Otro parking con vistas al Worthington.

Worthington Glacier (Alaska)

+ Milla 28,7: Aquí se encuentra el Recreation Site para visitar el glaciar a pie (cuenta con un gran parking y WCs). El retroceso del mismo hace más complicado arrimarse a las paredes de hielo, pero es posible hacer una bonita caminata hasta el mismo.

Worthington Glacier (Alaska)

+ Milla 24,1: Hay que adentrarse una milla para observar el Blueberry Lake y utilizarlo como buena base para hacer pic-nic.

+ Milla 15,9: Comienza el Keystone Canyon. Las paredes de piedra de los lados cada vez están más cerca de la carretera. Así durante otras tres millas.

Keystone Canyon (Alaska)

+ Milla 14,8: Restos de un túnel ferroviario excavado en 1905 sin utilizar máquina alguna. Todo con esfuerzo humano. Eran los tiempos de la fiebre del oro y en esa zona, sobre todo, del cobre.

+ Milla 13,9: Bridal Veil Falls. La traducción de “cascadas velo de novia” lo dice todo. Una parada imprescindible.

Bridal Veil Falls (Richardson Highway, Alaska)

+ Milla 13,4: Otro fotogénico salto de agua de nombre Horsetail Falls. Más o menos aquí termina el Keystone Canyon.

Horsetail Falls (Alaska)

Valdez, el “puerto” de entrada al gran glaciar Columbia

Si antes decía que el boat tour de Seward por los fiordos de Lenai es esencial en todo viaje a Alaska, no lo es menos el de Valdez al área marítima protegida de Prince William Sound. Desde allí se accede en barco a uno de los glaciares más gigantescos e impresionantes de Norteamérica, el mítico glaciar Columbia. Es una excursión que ofrecen varias compañías entre las que destacan Stan Stephens Cruise y Lu-Lu Belle. Nosotros reservamos un par de días antes de presentarnos en Valdez con esta última, puesto que su único barco es bastante más pequeño y se acerca a una menor distancia de la gran pared del glaciar Columbia. Además sirven comida a bordo a precios bajos que no volveríamos a ver en Alaska.

En el barco Lulu-Belle de Valdez hacia el Glaciar Columbia (Alaska)

La excursión, prevista para una duración de siete horas, terminó durando casi nueve. Y es que el Capitán Fred se lo pasa como un niño haciendo disfrutar a la gente. Nuestra ruta con él fue sobresaliente. Avistamos y fotografiamos ballenas, nos acercamos a las rocas para admirar una colonia con cientos de leones marinos, gozamos de lo lindo con las nutrias marinas… Pero ver a la embarcación cómo atravesaba con el navío un territorio bañado por icebergs y témpanos de hielo de todos los tamaños nos pareció memorable. Creo que el frente del glaciar Columbia, así como todo lo que lo rodea, promete una de las imágenes más bellas que uno se puede llevar de Alaska. En nuestro caso así lo fue.

Glaciar Columbia (Valdez, Alaska)

Sele en el glaciar Columbia (Alaska)

Asimismo Valdez es una localidad portuaria pequeña y bien agradable, más coqueta y silenciosa que Seward, quizás porque allí no han llegado todavía los cruceros. De todas formas hay quien duda si hacer una u otra dentro de un viaje a Alaska por cuenta propia. Mi consejo es que conviene viajar a las dos y hacer dos excursiones en barco, que son bastante diferentes. También tiene mucho éxito el kayaking entre icebergs, y no me extraña en absoluto.

Sele e Isaac en Valdez (Alaska)

¿OSOS EN VALDEZ JUNTO A LA CARRETERA? 

Justo frente a Valdez, avanzando unos minutos por una carretera conocida como Dayville Road, hay una piscifactoría de salmones, The Solomon Gulch Hatchery. Hasta ahí nada extraño. Pero si sumamos los términos “temporada de salmones”, algo que ocurre durante julio, agosto y parte de septiembre, nos da de resultado la posibilidad nada desdeñable de avistar osos negros que se aproximan a la piscifactoría a ver si pueden pescar algo que llevarse a la boca. Junto a ésta hay un parking bastante grande y un montón de carteles advirtiendo del peligro de la presencia de osos y que hacer (sobre todo qué no hacer) cuando están merodeando por la zona. Nosotros fuimos en junio y aún no había salmones saltando, por lo que la probabilidad de avistar osos era escasa (nos conformamos con una foca alimentándose en la orilla). Pero hay muchísimos testimonios de personas que se han encontrado con varios de éstos. Basta tener fe, algo de suerte y mucha paciencia.

Foca cerca de Valdez (Alaska)

Chitina, la puerta de la mítica McCarthy Road

Retomamos la Richardson Highway para ascender durante 82 millas hasta el desvío de la AK-10, la carretera que lleva a Chitina tras hacer otras 33 millas. ¿Y por qué Chitina? Este pueblo con fachadas centenarias de poco más de un centenar de habitantes, ni la mitad durante el crudo invierno, es el último paso antes de tomar la conocida McCarthy Road, un sendero que durante 60 millas persigue una inexistente línea ferroviaria que comunicaba Chitina con las minas de cobre de Kennecott así como con la aldea fantasma “far west style” adyacente de McCarthy. Digamos que en Chitina se acaba la carretera pavimentada y comienza “otra ruta” más compleja al corazón del inmenso parque nacional Wrangell-St Elias (de un tamaño mayor a países como Costa Rica).

Chitina (Alaska)

Antes de hacer esta ruta, pernoctamos con la autocaravana en Chitina. Encontramos un wifi abierto por casualidad gracias a un joven alce al que nos acercamos. Así que decidimos quedarnos hasta la mañana siguiente y hacer en las mejores condiciones posibles una carretera de la que habíamos leído que “era muy difícil para todo tipo de vehículos, sobre todo autocaravanas”. Había que tener la mente despejada e informarnos en la oficina de turismo (una casa construida a base de troncos enteros hace casi un siglo) en cuanto nos levantáramos para ver qué de ciertas eran las informaciones que habíamos recopilado en internet.

Alce en Chitina (Alaska)

McCarthy Road

En el momento en que se descubrió uno de los yacimientos de cobre más importantes de Norteamérica, algo que ocurrió en el verano de 1900 tras una prospección al glaciar Kennicott, nació un complejo minero llamado Kennecott Mines Company que sería puntero en todo el mundo durante 4 décadas. A pesar de la dificultad para acceder al terreno se logró construir una línea de ferrocarril en muy poco tiempo que uniera las minas con Chitina por el oeste y con Cordova con el sur (para dar salida por barco al material). Hoy día los raíles no existen, ya que fueron sustituidos por un sendero no asfaltado en su mayor parte cuando las minas fueron abandonadas y por el que no pocos visitantes ávidos de conocer una zona fantasma de la Alaska profunda transitan con todas las precauciones del mundo.

McCarthy Road (Alaska)

La McCarthy Road, con 60 millas de longitud, al no estar pavimentada puede haber compañías de alquiler de vehículos o autocaravanas que no la recomienden (ni la cubra el seguro en caso de accidente). De hecho la información en internet (incluso la oficial) resulta bastante confusa y mucha gente no se atreve a atravesarla por miedo la estado de la vía. Pero después de hacerla puedo decir que es accesible a todo tipo de vehículos, incluida nuestra super autocaravana de 9 metros, y que simplemente hay que echarle paciencia y no pasar de una velocidad de 35-40 millas por hora. Porque el viaje merece la pena.

Águila de cabeza blanca en la McCarthy Road (Alaska)

¿Cuál es el estado actual de la McCarthy Road?

Esta carretera, que cierra por completo los inviernos, cuenta con un mantenimiento que, sin ser el de otras rutas de Alaska, parece que está haciéndola mejorar poco a poco. Desde Chitina, nada más comenzar, puede darnos la sensación por sus 2 ó 3 primeras millas que se trata de una carretera en un desastroso estado. Pero en cuanto se pasan y hasta el Kuskulana Bridge (en la milla 17,2), un fotogénico puente de hierro del año 1910, la cosa mejora notablemente. De hecho llega a tener visos de parecer una carretera casi normal. A partir de Kuskulana aumenta la cantidad de baches, pero disminuyendo algo la velocidad no sobrepasando las 40 MPH no supone problema alguno. La parte en peor estado es de la milla 30 a la 40. Ya las últimas 20 están en una condición bastante aceptable.

  Autocaravana en la McCarthy Road de Alaska

Un consejo: En la milla 44,5 surge de la nada una pequeña y encantadora cabaña de color rojo que, en realidad, es una heladería. ¡Tiene unos helados magníficos! (el de menta con chocolate es de premio). Ideal para celebrar que lo que queda de la “temible” McCarthy Road es pan comido.

Cabaña roja - heladería de la McCarthy Road (Alaska)

La totalidad de la McCarthy Road se puede hacer en un par de horas yendo muy rápido y sin parar, lo que no tiene demasiado sentido, y en tres si uno se lo toma con más calma y se detiene bastante a tomar fotografías tanto de los paisajes como de los restos de la que fue una importante ruta ferroviaria (en la milla 29 hay un precioso puente de madera de 1911).

Sele en el puente del río Kuskulana (McCarthy Road, Alaska)

McCarthy, el Far West de Alaska

Cuando en Kennicott se levantaron las minas y una ciudad de la nada se instauró en la misma Ley Seca, así como la prohibición de la prostitución y las apuestas. ¿Cuál fue la solución entonces? Crear otro pueblo apenas a 5 millas llamado McCarthy en el que poderse desmadrar con alcohol, el juego y meretrices. Cuando las minas echaron el cierre en 1938 McCarthy se convirtió en un pueblo fantasma muy alejado de sus gloriosas noches de whisky. Y todo lo que pasó en McCarthy, haciendo un símil de Las Vegas, se quedó en McCarthy. De manera literal. The Old Saloon, algunas casas y tiendas e incluso el prostíbulo. Hasta los ochenta el pueblo permaneció olvidado. Hoy día viven en McCarthy algo menos de una treintena de personas, tiene un hotel (The Ma Johnson’s Hotel, que parece un decorado del oeste y cuesta a 200$ la habitación sin baño), un par de bares (en The Golden Saloon se come muy bien) y un museo gratuito y muy bien explicado en lo que era el apeadero de la vieja estación de tren.

Ma Johnson Hotel de McCarthy (Alaska)

No se puede acceder a McCarthy en vehículo propio. Hay que dejarlo a la entrada junto a la oficina de turismo (o pagando un parking o RV Park junto al primer puente a 5$) y el resto hacerlo a pie (máximo 15 minutos). Pasado el segundo puente existe la posibilidad de continuar andando 5 minutos más si se quiere llegar al pueblo o tomar una minivan lanzadera (precio 5$) de las que salen cada media hora hasta Kennicott (se puede pagar en la ofi de turismo o antes de subirse al vehículo) si lo que queremos es ir a la antigua ciudad minera.

McCarthy (Alaska)

Kennicott, una ciudad minera congelada en el tiempo

La madera roja contrasta con la tierra oscura de un gran glaciar que se secó en los tiempos en que la mina y la vieja fábrica empezaron a funcionar. Si obviamos la catástrofe medioambiental de principios del siglo XX volvemos a una pequeña ciudad fantasma que se ha restaurado en buena parte para mostrar uno de los panoramas históricos más insólitos de Alaska. Precisamente “This is the real Alaska”, es la frase que más se dedican a repetir muchos de los ciudadanos del estado. Gente que siente las historias de la fiebre del oro o de los mineros de cobre de Kennicott como quien habla de las hazañas de Leonardo da Vinci o el Cid Campeador.

Sele e Isaac Chavetas en Kennecott (Alaska)

De los muchos supervivientes de Kennicott hay un edificio que merece mucho la pena (además del hospital, la escuela, la tienda principal de víveres o el adorable Kennecott Lodge). Se trata de “The old mill”, la vieja fábrica de 14 plantas en la que se procesaba el cobre que se extraía de las minas que horadaron la montaña. Era el cuartel general de Kennecott Mines Company (tal como se escribe, Kennecott con “e”, a pesar de que el glaciar y el pueblo se denominan Kennicott con “i”) y hoy día se puede visitar de manera guiada adquiriendo los tickets a la entrada del pueblo (hay varias visitas al día de 3 horas por 28$ por persona).

Edificio principal de Kennecott Mines Company (Alaska)

La maquinaria de la fábrica está intacta. Es como si de la noche a la mañana los trabajadores se hubiesen ido corriendo de allí. Recorrer las dependencias del edificio (con guía y casco de protección) es una experiencia fantástica. Los amantes de los lugares abandonados y la fotografía encuentran en Kennecott un lugar perfecto para desarrollar su pasión.

Kennicott (Alaska)

Y para quienes hayan venido a la zona para disfrutar del turismo activo queda la opción nada desdeñable de hacer trekking con crampones en el glaciar Root, al que se llega caminando desde la ciudad fantasma. Se trata de una actividad que se ofrece cada día (como los vuelos escénicos en avioneta a partir de 300$). Para llegar al mismo hay que pasar igualmente por la vieja Kennicott…

Cartel de peligro en Kennicott (Alaska)

Denali Highway

La carretera AK-10 ó, lo que es lo mismo, la Denali Higway, se ocupa de unir dos poblaciones como Paxson y Cantwell de este a oeste (sirve para pasar de la Richardson Higway a la George Parks Highway o AK-3 sin hacer la Glenn o tener que subir a Fairbanks). Fue nuestra manera de abandonar la Richardson Higway para dirigirnos a Denali por una de las carreteras escénicas más espléndidas de Alaska. 133 millas (214 kilómetros), la cual permite gozar de paisajes muy diversos, poquísima presencia de vehículos y una bonita posibilidad de salir a buscar caribúes (si no sabéis lo que es un caribú no os perdáis esta guía de fauna de Alaska).

Denali Highway (Alaska)

Se trata de una carretera de doble sentido que cierra completamente durante el invierno y cuyo estado de conservación recuerda en muchos tramos a la ya mencionada McCarthy Road. Si bien cuando fuimos vimos muchísima maquinaria arreglando el firme. Tiene muchos kilómetros en los que parece una carretera normal y corriente, pero también bastantes en los que el traqueteo de baches convierte la autocaravana en una batidora.

Nuestra autocaravana en la Denali Highway (Alaska)

Pero, ¿merece entonces la pena hacer la Denali Higway? Realmente no se me ocurre una mejor manera de viajar hasta Denali que ésta. Representa un preludio magnífico con un collage paisajístico de primer orden. La primera mitad de la ruta es tipo Highlands escoceses con tundra abundante y preciosos lagos por doquier (lo que también supone amplia presencia de mosquitos). Después surgen los bosques y las grandes montañas que dejan adivinar rotundos glaciares que visten de blanco, y a veces de azul, la orografía de la zona. Si bien es normal avistar bastante fauna, debo reconocer que nosotros nos tuvimos que conformar con las huellas frescas de un oso grizzly y un buen número de marmotas de la zona que salían de ambos lados de la carretera. Caribú ninguno (tendríamos que esperar al Denali National Park, al igual que con el lobo).

Nuestra autocaravana en la Denali Highway (Alaska)

Se suele recomendar que nadie abandone Paxson (o Cantwell, si el camino se hace a la inversa) sin echar combustible al vehículo que llevemos (sea o no autocaravana). Y no es mala idea, por supuesto. Pero debo decir encontramos pequeños hospedajes con gasolinera propia, aunque a precios muchos más elevados que en estaciones de servicio corrientes. De todas formas conviene tener en cuenta que en Paxson desde hace algún tiempo, y aunque lo indiquen mapas y guías, ya no hay gasolinera. Es un pueblo con cuatro casas que tenía un hotel con estación de servicio que en la actualidad parece un escenario de Walking Dead. Habría que remontarse algo más hacia el sur de la Richardson Higway (15,6 millas exactamente) para encontrar un restaurante con gasolinera junto a un alojamiento (Meiers Lake Roadhouse) muy cerca de la orilla más meridional de Paxson Lake.

Gasolinera de Paxson a la entrada de la Denali Highway (Alaska)

Tomad nota de algunos hitos destacados (en millas) de la Denali Higway desde Paxson:

+ 21,3: Tangle Lakes. Lagos muy fotogénicos (suele haber pescadores y gente con kayaks)

 

  Tangle Lakes (Denali Highway, Alaska)

 

+ 35: MacLaren Summit (el punto más elevado de la ruta con 1245 metros de altitud)

+ 79,5: Puente sobre el río Susitna (un punto escénico importante).

+ 111: Puente en Seatlle Creek (cuidado con los mosquitos)

+ 123, 128 y 130,3: En días claros puede verse bien el McKinley (o Mount Denali) desde aquí.

Suele haber aparcamientos, o más bien apartaderos para el coche o la autocaravana, con señales explicativas durante buena parte de la ruta. Y si hay un día en el que viene bien el repelente de mosquitos, es el mismo en el que se hace la Denali Higway.

Denali Highway (Alaska)

Denali National Park

Para muchos es el atractivo más conocido de Alaska y, con seguridad se trata del más visitado. El Parque Nacional y Reserva Denali hace referencia al Monte Denali (hasta hace pocos años llamado oficialmente McKinley), que con 6194 metros sobre el nivel del mar está clasificado como la montaña más alta de Norteamérica y una de las más difícilmente escalables del planeta a pesar de no tener parangón en tamaño con Aconcagua y los ochomiles del Himalaya. Su gruesa cima cubierta de glaciares y nieves perpetuas representa todo un símbolo no sólo en Alaska sino en los Estados Unidos. Pero lo que se considera parque (y reserva) nacional y completamente protegido no sólo es el monte, que la mayoría sólo conseguimos ver de lejos si las nubes no lo cubren (sólo un 30% de los visitantes logran observar al coloso), sino un espacio gigantesco de nada menos que 24.585 km² (comparable con Macedonia y sólo algo menor a la superficie de Bélgica).

Carretera escénica de Denali NP (Alaska)

Alrededor de Denali, tanto en la carretera de Cantwell a Healy, así como en la entrada del parque (con el Centro de Visitantes) hay un conglomerado de infaestructuras hoteleras, RV Parks, restaurantes, agencias (usuales para contratar vuelo escénico en avioneta bordeando el Monte Denali) inusual en otras partes de Alaska. También hay buena cantidad de campings y parkings de autocaravanas a medida uno se va adentrando por el parque, pero sus plazas se agotan en ocasiones con meses de antelación si no se reservan previamente a través de internet.

Monte Denali (antes McKinley) en Alaska

Dado que buena parte de la ruta por carretera DENTRO DE DENALI no se puede hacer por cuenta propia, se organizan excursiones en autobuses de varias horas en la que los conductores van explicando las particularidades del parque y se detienen cuando ven animales, algo que sucede bastante. Nosotros llegamos a ver osos en la lejanía (pero nada comparable con lo de Lake Clark), un lobo y muchos caribúes. Pero después de haber estado tantos días recorriendo por nuestra cuenta Alaska y viendo animales a bastante cercanía debo confesar que Denali nos supo a poco. Tiene sentido, quizás. Es un parque muy visitado y ponen coto a los cientos de miles de personas que lo visitan cada año. Porque la conservación es lo primero.

Caribú en Denali (Alaska)

Si hacemos la excursión de Denali en autobús.. ¿Hasta dónde ir?

 

Los recorridos más elegidos en bus o shuttle de Denali, dado que abarcan bastante, son los que van desde el comienzo del parque (Wilderness Access Center) hasta Eielson Visitor Center (66 millas en 6 horas entre ida y vuelta con paradas cada 2). Mucha gente continúa hasta Wonder Lake (85 millas desde el inicio, lo que supone un tour de 11 horas totales), algo que se  decide bien cuando se adquieren los tickets de entrada en el centro de visitantes o en varios de los campings de alrededor. Incluso si hemos decidido ir a Eielson y queremos continuar es posible comprar plaza allí mismo pagando un suplemento extra.  Con antelación es posible reservar una hora de partida concreta (muy recomendable a primera hora de la mañana) en la web www.reservedenali.com/tours-shuttles/shuttles/.

 

Bus de Denali a Eielson (Alaska)

Las opciones de trekking en Denali son muy amplias y es posible utilizar los shuttles para hacer determinadas rutas a pie. Igualmente los vuelos escénicos tienen mucho éxito. La experiencia de sobrevolar glaciares y acercarse al McKinley o Mount Denali está muy valorada por quienes la han llevado a cabo (aunque su precio es bastante costoso, desde los 400$).

Sea como sea o como lo queramos hacer, esta parte del viaje conviene dejarla bien planificada con tiempo dada la demanda que tiene, reservar plaza en un camping o RV Park lo más interior posible del parque y dejarse un par de días como mínimo. Y, si me aceptáis el consejo, no dejar Denali para el final y que os quede buen sabor de boca. Paisajísticamente es espectacular como pocos.

Denali National Park (Alaska)

¡OJO SI VAIS FUERA DE TEMPORADA! Denali permite el acceso de visitantes entre el 15 de mayo y el 15 de septiembre. Y en buena parte de los parques nacionales de Alaska, tres cuartas de lo mismo. Para los meses de otoño, invierno y primavera la opción número 1 de los viajeros es poder ver auroras boreales.

Healy y el Magic Bus de la película Into the wild

Aproximadamente a 12 millas norte de la salida de acceso a Denali por la AK-3 llegamos a Healy. Una población menor junto a la carretera que sigue teniendo a un costado los vastos paisajes del parque nacional más emblemático de Alaska. Hasta ahí todo normal. Pero, para quienes hemos leído (y/o visto la película) Into the Wild (en España traducido con “Hacia rutas salvajes”) os aseguro que Healy no es un punto más en el mapa. Realmente el principio del fin de la gran historia personal de Chris McCandless, quien se convirtió en Alex Supertramp dejando absolutamente todo para vivir en lo más profundo de la naturaleza de Alaska, tiene mucho que ver con Healy. En este pueblo, concretamente, en la antigua ruta minera de Stampede Trail caminó durante días internándose en Denali hasta llegar a un viejo autobus abandonado al que puso el nombre de Magic Bus. Y allí pasó varios meses en soledad y tratando de vivir de lo que la naturaleza le daba. Lamentablemente, según algunos que envenenado por alguna planta que ingirió y otros que por pura inanición, McCandless falleció en su autobús mágico poco después de escribir en su diario que “La felicidad sólo es real cuando se comparte”. Quizás el mayor aprendizaje que recibió en su corta pero intensa vida a la que cortó radicalmente las cadenas que le unían a todos los convencionalismos posibles.

Magic Bus (réplica exacta situada en Healy, Alaska)

El Magic Bus en que estuvo este personaje real sigue en el mismo sitio, 26 millas campo a través cuando acaba la parte asfaltada de Stampede Road, justo al norte de Healy. Para llegar hasta él hay que cruzar ríos y la dificultad es elevada para quien no esté preparado para un trekking de varios días entre ida y vuelta.

Sele en Stampede Road (Into the wild, Alaska)

Pero existe es la posibilidad de ver y entrar al autobús utilizado en la película dirigida por Sean Penn, que es una recreación exacta del original, aparcado junto a la fábrica de cerveza (y restaurante) 49th State Brewing Co que se sitúa en la milla 248.4 de la Parks Highway, en la propia Healy. Cuando terminó el rodaje de Into the Wild los dueños del restaurante (el cual recomiendo, sobre todo si os gusta mucho la cerveza) se quedaron con esta reliquia cinematográfica que además le permite, aunque sea en una posición más lejana, entender los últimos días del gran Alex Supertramp.

Sele en el Magic Bus de la película Into the Wild (Healy, Alaska)

North Pole, la casa de Papá Noel en Alaska

Pasamos Fairbanks de largo porque no nos interesaba lo más mínimo (sabíamos que de atractivos andaba bien corta). Un mero trámite para echar gasolina y tomar de nuevo la Richardson Highway (AK-2) durante apenas un cuarto de hora con el objeto de llegar a North Pole, un lugar en el que la Navidad se celebra durante los 365 días del año. Y es que a esta localidad de nombre sugerente se la considera en Alaska como el hogar de Santa Claus, nuestro Papá Noel. Una especie de Rovaniemi a la americana con farolas en forma de caramelo y calles que lo dicen todo: Santa Claus Lane o St Nicholas Drive. En esta última precisamente se encuentra Santa Claus House, una enorme tienda de productos navideños en la que cada día viene unas horas Papá Noel a hablar con los niños (aunque los padres se hacen todas las fotos posibles con él) y donde se respira atmósfera navideña aunque sea puro verano.

North Pole (Alaska)

En nuestro caso, que nos gusta más la Navidad que a un tonto una tiza, no pudimos evitar entrar, charlar unos segundos con Papá Noel y comprar algunos regalos. En mi caso, que la paternidad me espera muy pronto, me hice con algún que otro disfraz y decoración para la que promete ser una de las mejores navidades de mi vida. Con mi hijo… (Uff, aún no me lo creo).

Sele e Isaac Chavetas con Papá Noel en North Pole (Alaska)

Realmente North Pole es la versión cutresalchichera de Rovaniemi, pero tiene su gracia, aunque sea pasar por ella durante unos minutos y dejarse llevar. Que nadie vaya buscando un mercadillo alemán o la décima parte de Rovaniemi sino una “americanada navideña” en la que dejar caer unos dólares como recuerdo.

Sele en la casa de Papá Noel en North Pole (Alaska)

Chena River, el río de los alces

El mismo día que atravesamos Fairbanks para llegar a North Pole, metimos con calzador y en el último momento la que sería una de las grandes sorpresas del viaje. La ruta por carretera de 56 millas siguiendo el río Chena hacia las aguas termales (Chena Hot Springs) nos devolvió a lo que andábamos buscando desde el principio. Un lugar cargado de frondosidad en un curso fluvial donde se deja caer lo mejor de la fauna de Alaska. Al poco de salir fuimos testigos del baño de un alce. Durante muchos minutos estuvimos fotografiando a este imponente animal para el que parecíamos no existir. De hecho en ese mismo punto nos quedaríamos a dormir por la noche (cuando volviéramos de las termas), después de haber visto otro alce más cruzando la carretera.

Alce en Alaska

El final del camino es Chena Hot Springs, una zona de manantiales de agua caliente en la que hay que pagar para bañarse y utilizar las instalaciones (Precio 12$ para todo el día). También hay alojamiento, restaurante, un parking de autocaravanas y se organizan excursiones. Isaac y yo, además de darnos un relajante baño, nos internamos en el bosque siguiendo el rastro de un oso negro que no llegamos a encontrar. Al final nos tuvimos que contentar con huellas frescas de varios lobos que estaban merodeando por la zona.

Chena River (Alaska)

Talkeetna, el pueblo de Doctor en Alaska

A partir de Chena River ya no pudimos seguir subiendo (la Dalton Higway y el Ártico serán para otra ocasión). Se nos acababan los días y era momento de retornar a Anchorage, algo que llevaríamos a cabo en dos etapas. Nos esperaba la longitud de la Parks Highway y, sobre todo, un par de jornadas muy lluviosas. Durante el final de viaje el cielo se nos echó encima de forma literal (en Alaska cuando llueve, es que llueve de verdad) y no nos dio tregua alguna hasta llegar a Talkeetna, a casi tres horas al sur de la entrada principal de Denali. Allí se encuentra el pueblo en el que se basaron para la famosa serie de los años noventa Doctor en Alaska (cuyo título original era Northern Exposure y en Latinoamérica La última frontera).

Sele en Talkeetna (Alaska)

Talkeetna es uno de los pueblos más hermosos y con más carácter de Alaska. Cuenta con un buen número de casas de madera, algunas con más de un siglo de antigüedad, las cuales están vestidas con banderas, renos de madera y auténticas joyas de la artesanía local (no es mal sitio para hacer algunas compras). Hay también restaurantes y cervecerías donde escuchar buenas historias. Un lugar impagable, por ejemplo, es el bar del Fairview Inn en la calle principal del pueblo. Con un oso disecado en el techo y la sensación de que en cualquier momento va a cruzar la puerta Billy el Niño.

Interior del Fairview Inn (Talkeetna, Alaska)

Talkeetna es, además, buena base para hacer turismo activo (rafting, senderismo, etc.) y vuelos escénicos a Denali, que a tiro de avioneta está realmente cerca. Aunque los precios son similares a si se hacen estando en el propio parque.

Talkeetna (Alaska)

Eklutna Lake

Camino a Anchorage (a tan sólo media hora) fuimos a parar, casi por casualidad, en la zona de Eklutna. Conocida por ser área de nativos tatabascanos evangelizados en el cristianismo ortodoxo por los rusos en el siglo XIX, cuenta con un salto de agua y un enorme lago donde la gente de Fairbanks (y también extranjeros) viene a despejarse de ciudad para salir a caminar por el campo, hacer un buen pic-nic, montar en bicicleta o navegar en kayak. Una de las visitas que se suele hacer es Thunderbird Falls, un salto de agua que en invierno se congelan por completo. Aunque, adentrándose por Eklultna Lake Road se llega a uno de los aparcamientos a orillas del lago.

Eklutna Lake (Alaska)

Poco antes de llegar a Eklutna Lake nos encontramos con una pintoresca heladería de vivos colores que también servía comidas. Y allí nos comimos unas deliciosas hamburguesas caseras. Información de la que hubiera prescindido por completo en este artículo si no hubiesen estado tan ricas. Si vais tomad nota del nombre: Rochelles Ice Cream Stop. ¡Un rinconcito entrañable!

Rochelles Ice Cream Shop (Eklutna Lake, Alaska)

A las afueras de Eklutna visitamos un curioso cementerio atabascano-ortodoxo. Resultado de la fusión de creencias de los nativos con las traídas de Rusia por sacerdotes cristiano-ortodoxos. Tumbas de madera de vivos colores y dos pequeños templos ortodoxos forman languidecen en silencio.

 

Sele en el cementerio atabascano-ortodoxo de Eklutna (Alaska)

REGRESO A CASA DESDE ALASKA: FIN DEL VIAJE

Tras una última noche pernoctando en las proximidades de Beluga Point iniciamos un lento regreso a casa que nos llevó de Anchorage a Seattle, de Seattle a Reikiavik (Islandia) y de Reikiavik a Madrid. Afortunadamente en el aeropuerto de Keflavík, en la capital islandesa, tuvimos la suerte de estrenar la Saga Lounge de la aerolínea con la que volamos tanto a la ida como a la vuelta, Icelandair. Una cortesía que nos sirvió para despejarnos, darnos una buena ducha, comer salmón ahumado e incluso echar una pequeña siesta.

Saga Lounge (Keflavík Airport, Islandia)

Eso sí, el jetlag nos duró más de una semana. Esas 10 horas de diferencia horaria entre España y Alaska se hicieron notar a base de bien. De hecho cuando dejé de dormirme por las esquinas y me creía recuperado comencé otro viaje diferente, esta vez a Groenlandia. Y es que verano de 2017 no podía haber comenzado mejor.

Tengo muchas más cosas que contaros de este viaje a Alaska en autocaravana. Muy pronto compartiré una recopilación de consejos super prácticos para disfrutar a vuestro aire (y en autocaravana) de un viaje de este calado. ¡Así que no quitéis ojo a este blog, que vienen curvas!

Sele en el valle de Matanuska (Alaska)

Gracias por haber llegado hasta aquí y haber aguantado más de 8000 palabras hablando de un destino más que cautivador.

¡Salud y viajes!

Sele

+ En Twitter @elrincondesele

Canal Facebook

Canal Instagram @elrincondesele

Todos los relatos del viaje por Alaska en autocaravana

email

Un comentario en “Hoja de ruta de un viaje a Alaska en autocaravana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *