Angulema, un viaje a la ciudad del cómic

Dicen que para visitar Angulema (Angoulême en francés) además de patearse las calles uno debe pasar sus hojas a todo color como si lo hiciera con un tebeo de toda la vida. Quizás porque toda ella forma parte de un gran cómic universal en el que las calles se escriben dentro de bocadillos y las onomatopeyas forman parte del argot local. En realidad basta con buscar los murales pintados con historietas de ayer y hoy que, involucrados en la vida de esta ciudad en pleno País del Cognac, dentro de la región francesa de Poitou-Charentes, pasan a formar parte de su día a día. Angulema vive de la genialidad de aquellos dibujantes que han visto cómo de las fachadas de los edificios surgen escenas, héroes y personajes nacidos de su propia imaginación. La responsable de acoger el Festival Internacional del Cómic más importante de Europa no sólo se limita a promover la lectura de un género considerado por muchos como el noveno arte, sino de convertir la ciudad en el orgullo de todos los que aman esta forma ir más allá a la hora de narrar con ilustraciones este y otros mundos.

El Jardín Extraterrestre es una de las pinturas más célebres de Angulema, capital del cómic

Escaparse a Angulema es llevar a cabo un viaje a la ciudad del cómic y ver cómo escapan por la ventana los hermanos Dalton sin que Lucky Luke se de cuenta mientras la estilizada figura de Corto Maltés busca nuevas aventuras consumiendo lentamente un cigarrillo. La fantasía de un universo paralelo está en el subconsciente de quienes visitan esta curiosa, agradable e intrépida ciudad a orillas del CharenteLeer artículo completo ➜

20 consejos para hacer un safari en África

Leona en el Parque Nacional Kruger (Sudáfrica)

No cabe duda que hacer un safari en África está entre las ensoñaciones de muchos viajeros que desean encontrarse cara a cara con la naturaleza más auténtica. La mera posibilidad de salir a buscar leones, leopardos, elefantes o rinocerontes a los que tomar fotografías a una distancia que sólo creías posible en documentales televisivos es algo que podríamos calificar de apasionante. Si estáis pensando en hacer próximamente este viaje tan especial me gustaría poder brindaros una serie de recomendaciones o consejos para hacer un safari en África y lograr que la experiencia sea óptima. Qué hacer y qué no hacer, en qué países se pueden vivir los safaris más espectaculares, cuál es la mejor época para irse de safari o cómo diferenciar un rinoceronte blanco de un negro (y ya adelanto que la clave no es el color) son algunas de las cosas que conviene tener muy claras antes de emprender una gran aventura que poco o nada tendrá que ver con la película Memorias de África, pero que puede ser si cabe más gratificante.  Leer artículo completo ➜

Yemen, la guerra de la que nadie habla

En los últimos meses una guerra silenciada, que no silenciosa, está rompiendo Yemen. El conflicto liderado por Arabia Saudí en territorio yemení está llevando a los infiernos a uno de los países más pobres del Medio Oriente. La vieja Sana’a, de la que quienes la han visto aseguran es la ciudad más bella del mundo, ve menguar bomba a bomba sus edificios de adobe. Y lo que es peor, la vidas de la población local se ahogan en una injusticia de fuego y crueldad que se asoma por las puertas de sus casas, en los colegios y en los hospitales.

Imagen de un bombardeo sobre Yemen

Nunca he viajado a Yemen. Jamás he pisado las calles de Sana’a o de la ciudad amurallada de Shibam, ambas Patrimonio de la Humanidad ahora en peligro. Tampoco he conocido Socotra, aunque siempre he soñado con hacerlo. Por eso hoy no soy yo quien os va a habar de Yemen y la guerra que asfixia a su gente. Quiero dar la palabra a mi amiga Eva Erill, quien no sólo se limita a conocer, amar y llorar el sufrimiento de un país olvidado, sino también a poner su granito de arena por medio de un acto cargado de solidaridad que ella misma se va a encargar que conozcáis. 

Leer artículo completo ➜

A solas con los frailecillos en Islandia

Los viajes no se componen tan sólo de lugares. Son, en realidad, los momentos que pasamos en ellos, todo lo que nos va sucediendo en el camino, lo que configura esa aventura que recordaremos mientras vivamos. Tras un largo viaje en coche por Islandia en el sentido de las agujas del reloj a finales de abril, esperaba con ansia la llegada primaveral de las aves más características del país, los frailecillos, quienes regresan siempre por esta época procedentes de fríos y duros meses de pesca en las aguas del Ártico. Muchos islandeses me habían dicho que esperara y fuera paciente, que poco antes de llegar mayo empezaría a ver frailecillos en los acantilados, donde acuden cada año para tener a sus crías. Faltaba un día para que terminara el viaje (así como mayo), y justo en la última oportunidad que me quedaba antes de marcharme de vuelta a casa llegué a horas tardías, aunque con algo de luz, al promontorio de Dyrhólaey, en el sur de Islandia, donde nevaba con gran intensidad. ¡Ahora o nunca! – me dije mientras buscaba altura en una estrecha carretera donde no pasaba un sólo coche.. Aparqué mi vehículo y comencé a caminar. No necesité dar más de tres pasos para ver la mirada de una pareja de curiosos frailecillos al filo del acantilado. Ya estaban aquí…

Frailecillos en Islandia

El cielo encapotado y los copos de nieve no me impidieron apreciar la escena y que me acercara lentamente hacia ellos. Entonces los dos frailecillos se multiplicaron por cien, por doscientos, por trescientos… Lo que tenía delante era una gran colonia de hermosos puffins, nombre con el que se les conoce en casi todo el mundo a los frailecillos (lundi es en islandés). Entonces me senté a apenas un par de metros de ellos, tomé fotografías, grabé algún pequeño vídeo (que os mostraré a continuación) y disfruté en silencio de uno de los momentos más memorables y emocionantes de mi viaje a IslandiaLeer artículo completo ➜

Isla de Ré, un baño de luz en la costa atlántica de Francia

Dicen que aquellos lugares acariciados por la luz con cierta persistencia son mucho más felices y se respira un cierto optimismo que supera la mera banalidad. Y estoy convencido de que en cierto modo es verdad. Hace muy poco comprobé en Isla de Ré que, sin duda, la luz es su piedra filosofal. De hecho, este trocito de paz inmerso en el Charente Marítimo, en plena Francia Atlántica, recibe al año tantos días de cielos luminosos como la célebre Costa Azul en el Mediterráneo. Una suerte en el que la brisa suave y el olor a salitre inundan los callejones de casas blancas y malvarrosas siempre a punto para ser olidas con deleite. Al otro lado de La Rochelle flota una isla marcada por pueblos cargados de hermosura y vitalidad, magníficas playas de arena fina, una historia intensa que se aprecia en la construcción de bastiones defensivos que la volvieron inmortal así como poderosos faros retando al océano que vieron saltar a más de mil ballenas.

Torre de las ballenas (Isla de Ré, Francia)

Isla de Ré (en francés Île de Ré), una de las escapadas vacacionales más sorprendentes y agradables de toda Francia, es un paréntesis de luz y tranquilidad en la bravura de un Atlántico que muestra una docilidad inusual. Posee muchos atractivos que ver y de los que disfrutar, unos imprescindibles y otros, simplemente, a gusto del consumidor. Porque hay una isla por cada tipo de viajero.  Leer artículo completo ➜

La abadía de San Bavón, el cuartel español de Gante

Hay rincones que se escapan muy a menudo de las guías turísticas y en los que se debe indagar más de la cuenta para llegar hasta ellos. O, a veces, simplemente dejarse llevar por la casualidad. Estando en Gante con mi bicicleta para buscar las huellas de los españoles en Flandes tuve la fortuna de que me acompañara un gantés que hablaba perfecto castellano y que me daría muchas de las claves de la época de Carlos V y los famosos tercios en este territorio. Pero no se limitó a compartir información, sino que se trataba de uno de los pocos ciudadanos de Gante que tenían a su disposición las llaves de la vieja abadía de San Bavón, un monasterio en ruinas al otro lado del río que no era muy conocido entre los turistas. Y cuyos muros podían ser el hilo perfecto para vislumbrar el pasado de los españoles en Gante dentro de un espacio cargado de romanticismo y nostalgia del que se había conservado poco pero suficiente.

Detalle de la Abadía de San Bavón (Gante, Flandes)

Nos dirigimos hasta la calle Spanjardstraat (calle de los españoles) y de los muros ennegrecidos de una iglesia pudimos distinguir una puerta roja metálica que estaba cerrada. ¿Entramos? – me preguntó Eugeen, que así se llamaba el tipo. ¡Por supuesto! repliqué con la misma pasión de un Goonie infantiloide. Y tras dejar las bicicletas a buen recaudo comenzamos una visita del todo inesperada.  Leer artículo completo ➜

Una ruta en bicicleta entre Brujas y Damme

Que Brujas se sitúa en entre las ciudades más “de cuento” de toda Europa es una obviedad. El corazón de Flandes emerge de forma sugerente de sus canales para proporcionar al viajero un entramado urbano delicado, hermosísimo, casi perfecto. Brujas no sólo se pasea a través de su afombra rugosa de adoquín o la hierba que recorre una inexistente muralla. También se navega desde uno de los botes que se toman en el embarcadero, a un paso de la plaza Markt. Y, por supuesto, pide a gritos un recorrido sobre dos ruedas sentados en un sillín y guiándonos por las calles mientras pedaleamos. Sobre esta tercera y entretenida opción de recorrer Brujas en bicicleta trata la experiencia de hoy después de rascar bien profundo para encontrar mis genes ciclistas que, aunque bien escondidos, los tengo. Sacamos la bici de paseo, afinamos el timbre para no atropellar a nadie, y salimos con cierta parsimonia de esta Venecia del norte rumbo a un pueblecito encantador de la campiña flamenca cuyo nombre es Damme.

Sele en bicicleta en Damme (Flandes, Bélgica)

Érase una preciosa ruta en bicicleta entre Brujas y Damme en la que hay que pasar por canales, beaterios, molinos de viento y campos de patatas. Érase una de las formas más divertidas y “flamencas” que se me ocurren de moverse por una región en la que no nos esperan cuestas sino planicies absolutas y paisajes bucólicos. ¿Me acompañáis?  Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer de viaje por Gante

Tengo grabada en la mente la primera vez que miré a los ojos a Gante. Acababa de venir de Brujas y me hallaba en el Puente de San Miguel (Sint-Michielsbrug) al poco de bajarme de un tranvía proveniente de la estación. En ese punto concreto puedo asegurar que comenzó mi idilio con Gante y el que a la postre sería una especie de amor platónico. Frente a mí se disponía de forma casi milagrosa un paisaje urbano lleno de monumentalidad y armonía. Y no sólo eso, disfrutaba de una de las postales más hermosas que jamás vería en Europa. A posteriori descubriría sus rincones más bellos como Graslei y Korenlei, los muelles principales de la ciudad, o el imponente castillo de los Condes de Flandes. Pero no tuve más remedio que provocar aposta que no fuera aquel mi único viaje a Gante y poder regresar a la ciudad flamenca, mi preferida en la región, cuantas veces fuera necesario. De ese modo, seguiría indagando por sus calles y canales, incluso utilizando la bicicleta para moverme. Con esta última van ya tres escapadas a Gante, todas muy diferentes entre sí.

Graslei en Gante (Flandes, Bélgica)

Para quienes no conozcan aún Gante o quieran retomar su idilio con la capital de Flandes Oriental que vio nacer a Carlos V, he dispuesto una serie de ideas y consejos rescatados de mi cuaderno de notas con los que aprovechar al máximo la estancia en la ciudad. Me gustaría mostraros a continuación 12 cosas que ver y hacer en Gante, la que para mi es la más incomparable de las ciudades flamencas.  Leer artículo completo ➜

Las abadías abandonadas de North Yorkshire

Rayos de luz penetrantes acceden sin resistencia al antiguo coro de la iglesia abacial. Me encuentro en North Yorkshire, Inglaterra. Nunca había entrado a un templo cristiano pisando hierba en vez de suelo, pero esta es una forma usual de seguir las huellas del abandono de los monasterios británicos tras su disolución en el siglo XVI por Enrique VIII cuando, de manera unilateral, decidió fundar la iglesia anglicana cortando radicalmente con Roma. Grandes estancias monásticas, que en el pasado fueran ricas y pobladas, son hoy esqueletos de piedra, de puertas huecas y ventanas vacías donde no queda cristal. En Whitby, por ejemplo, la salitre del mar ha carcomido los sillares, dejando un aspecto fantasmagórico y desnaturalizado. En Fountains Abbey, el monasterio más grande de esta ruta de abadías abandonadas de North Yorkshire y símbolo del romanticismo más bécqueriano o la nostalgia trasladados a los lienzos de William Turner, muy amante de las ruinas, hay que hacer un ejercicio de imaginación para vislumbrar las riquezas confiscadas, robadas o destruidas a propósito o por el paso de los años. Mientras tanto en Rievaulx Abbey se rompen las nubes de plomo para atravesar la piedra y dibujar un paisaje deshabitado y espectral que bien podría formar parte del universo de pesadillas de Tim Burton.

Abadía de Whitby (Yorkshire Inglaterra)

Durante mi último viaje a Yorkshire me dispuse a conocer tres de las muchas abadías abandonadas que resurgen de su dejación y muerte para convertirse en auténticos atractivos para visitar por parte de los viajeros que llegan hasta Inglaterra. Monasterios en ruinas que dibujan un sendero de silencio, historias y raíces cortadas por un monarca que cambió para siempre la historia y religión de su país.  Leer artículo completo ➜

Guía de lugares increíbles que ver en el sur de Islandia

No hace mucho publicaba 50 consejos prácticos para viajar a Islandia con el objeto concretar en la pantalla los apuntes tomados en mi cuaderno de notas durante mi estancia en el país nórdico. Tras llevar a cabo en coche de alquiler la ruta circular por la isla se me quedaron grabados numerosos lugares y, sobre todo, momentos que tienen que ver con este viaje a Islandia en el que uno cree regresar a los orígenes de la Tierra para conocer tal cual pudo ser hace millones de años. Una y otra vez pienso en las lenguas de hielo del Vatnajökull, el mayor glaciar de Europa, en las muchas cascadas que surgían en un paisaje abrumador que me empequeñecían en cada kilómetro que hacía. O en esas playas de ceniza volcánica donde la sombra de los acantilados sirve de hogar a los frailecillos que observan impertérritos auténticas esculturas naturales de magma y oleaje. Si bien el norte me recibió con un temporal que puso las cosas demasiado fáciles, el sur de Islandia fue el abrazo que necesitaba. Sus cielos azules forjaron un escudo lo bastante fuerte como para poder disfrutar y degustar rincones imposibles de una de las áreas más prolíficas del país.

Cascada Seljalandsfoss (Islandia)

La cantidad de lugares maravillosos que ver en el sur de Islandia me ha llevado a preparar una breve guía para el viajero que se encuentre haciendo una ruta en coche por el país y quiera conocer esos sitios que no se puede perder (o a los que regresar si es reincidente). Si bien Islandia está cargada de imprescindibles hay que reconocer que gran parte de los sitios más memorables se encuentran en su enigmático surLeer artículo completo ➜

La experiencia de dormir en una yurta en Uzbekistán

En los pueblos nómadas de Asia Central existía la tradición de ir con la casa a cuestas. Grandes y complejas tiendas de campaña, forradas en piel y lana, y con una estructura de madera como esqueleto, eran montadas y desmontadas por las familias que encontraban en las estepas y desiertos más inhóspitos un lugar idóneo para pasar una temporada. Preparadas para soportar condiciones meteorológicas extremas, tanto de calor como frío, se convirtieron en un auténtico modo de vida. Se las conoce normalmente como yurtas (en mongol gers), y representan mejor que ninguna otra cosa el nomadismo más auténtico. En países como Mongolia, Kazajistán, Kirguizistán o Tajikistán, y en menor medida en Uzbekistán, todavía es posible encontrarse una o varias yurtas en la inmensidad de un paisaje con el que parece tener cierta simbiosis. Sus estilizadas figuras nos hacen volver a los orígenes del ser humano antes de que nos convirtiéramos en seres sedentarios que nacemos, vivimos y morimos en el mismo lugar. Por ello la yurta es una metáfora del todo cambia y nada permanece, de la vida marcada por el movimiento y la nostalgia de pensar que, en realidad, todos somos nómadas.

Yurtas en Uzbekistán

Durante el último viaje que hicimos a Uzbekistán quisimos probar la experiencia de dormir en yurtas, algo que yo había tenido la suerte de hacer en Mongolia años atrás. Después de días de ciudad en ciudad encontramos el silencio más puro en un auténtico desierto olvidado por el curso del Amu Daria bajo la sombra de Ayaz Qala, una atalaya del antiguo Reino Corasmio (Khorezm) fundida con la colina como si fuera arcilla a punto de derretirse. Uno de los pocos campos de yurtas que existen en el país nos brindó una estancia magnífica en la lejanía de las tierras centroasiáticas. Leer artículo completo ➜