Visita a los castillos señoriales en el valle del río Esgueva

El vallisoletano más universal, Don Miguel Delibes, tenía una forma muy original de explicar la razón por la cual la gente de Valladolid tiende a llamar desde siempre la Esgueva al río Esgueva y en cambio el Pisuerga conserva intocable su género masculino. Decía que “Esgueva es la, femenino, tal vez por sus curvas y redondeces, tal vez por sus arrebatos intempestivos que, en determinados momentos de la historia, pusieron a remojo la ciudad. El Pisuerga, como río macho, es más ancho y corpulento, pero también más controlado”. No le faltaba razón al definir a la Esgueva como curvada e intempestiva si seguimos su último viaje hasta fundirse definitivamente con el Pisuerga. Los aproximadamente 60 km que el río recorre en Valladolid dejan un mar de páramos teñidos en primavera con el blanco de los almendros, un suave aroma a vino en bodegas agazapadas bajo inocentes lomas y la robustez de castillos señoriales capaces de impedir que los siglos imiten el curso acelerado de las aguas. En Valle Esgueva todo es posible menos el tiempo.

Castillo de Villafuerte de Esgueva (Valle Esgueva, Valladolid)

Precisamente en el castillo de Villafuerte, así como en el castillo de Encinas, ambos con el río Esgueva como insigne apellido, nos detuvimos a admirar sus murallas cuadradas y su torre del homenaje. Y aprendimos que no todos los castillos estuvieron hechos para la guerra. Es el caso de los castillos señoriales que enderezan la silueta del Valle del río Esgueva nos encontramos con símbolos inequívocos de la ostentación de familias de rancio abolengo que con los siglos se olvidaron incluso de su propia existencia. Os animamos a que nos acompañéis en esta ruta poco conocida en una provincia como Valladolid que no deja de sacar ases en la manga que nos obligan a regresar una y otra vez.  Leer artículo completo ➜

El tren de vapor de Yorkshire, un viaje en el tiempo

Si escuchas por primera vez el sonido de una locomotora de vapor cuando el tren está a punto de partir sabes que su melodía nunca se te va a quitar de la cabeza. Hoy día, en la época de los trenes bala japoneses, de los Intercity y el AVE, nos hemos alejado lógicamente de los viejos y estruendosos ferrocarriles a vapor en los que la sala de máquinas olía a carbón y donde la británica Agatha Christie se imaginaba asesinatos a diestro y siniestro. La literatura y, por supuesto, el cine, nos han ayudado a mantener vivo el recuerdo de lo que supuso una revolución en el transporte e incluso nos han situado estos trenes de siempre en contextos clásicos como el lejano oeste, el Orient Express y el corazón de esa Gran Bretaña de las novelas de suspense en cuyos mapas se desligan infinidad de rutas ferroviarias.

Tren de vapor de Whitby a Pickering (Yorkshire, Inglaterra)

Precisamente en Whitby, en la costa de Yorkshire (nordeste de Inglaterra), tuve la oportunidad (y la suerte) de cumplir un sueño que tenía desde niño subiéndome a un tren de vapor de los de antes para adentrarme a los páramos de North York Moors y retroceder en el tiempo a mitad del siglo XIX.  Leer artículo completo ➜

No me busquéis en casa… ¡Estoy en Islandia!

Frailecillos, aves cuya población mayoritaria se encuentra en Islandia

Hoy ha sido una noche larga pero tras llevarlo mucho tiempo esperándolo amanezco en Islandia. El país de hielo y fuego, ese lugar en el que comprendes de primera mano que el planeta Tierra es un ser vivo, nutre un viaje que promete sensaciones inmensas y pasiones desmedidas. Siento una ilusión tremenda por estar aquí y no es momento de comenzar una ruta que me va a llevar a dar la vuelta completa a la isla. Es aún abril y hace frío, muchos caminos aún están congelados y tendremos que rogarle a los elfos que nos regale alguna de las últimas auroras boreales de la temporada. Pero estoy feliz, me encuentro radiante de sólo pensar que desde hoy estaré recorriendo uno de los países más hermosos del mundo.  Leer artículo completo ➜

10 fotografías que inspiran viajar a Yorkshire

Tenía ganas de hincarle bien el diente a Inglaterra, olvidarme por un instante de Londres y las grandes urbes británicas para despejar a solas diversas incógnitas en la campiña, en ciudades diminutas de valor medieval y vida tranquila, así como en esos pueblos de costeros en los que aún se cuentan historias de piratas y contrabandistas. Deseaba realizar un viaje en coche y empezar a hablar en millas y rotondas que se toman por la izquierda. Dicho y hecho. El destino me llevó a Yorkshire, en el norte, considerado el condado histórico más grande de Inglaterra. Allí me dejé perder en los callejones estrechos de York, en la fina Harrogate, en las vidrieras de Ripon y en las ruinas de abadías huecas con la hierba como suelo y el aire como ventanal de silencio y oración. También busqué las huellas de Robin Hood en la bahía que lleva su nombre, al misterioso Drácula de Bram Stoker en la incomparable Whitby e incluso tuve la suerte de perseguir el vuelo de frailecillos y alcatraces en los majestuosos acantilados de Bempton.

Calle de Whitby (Yorkshire, Inglaterra)

Tengo todavía mil imágenes de este viaje dándome vueltas en la cabeza. De hecho sólo he tenido tiempo de revisar a fondo el material de mi cámara. Así que antes de desenvolverme con los escritos, ¿qué tal si repasamos 10 fotografías de momentos que inspiran viajar a Yorkshire y que pude vivir in situ?  Leer artículo completo ➜

El cementerio de los trenes olvidados de Uyuni

Esqueletos de locomotoras y vagones esparcidos por el gélido suelo del altiplano, amasijos de hierros oxidados que se retuercen en su propio abandono, en su propia indiferencia… Una vez hubo una línea de ferrocarril en Bolivia, inaugurada en el último suspiro del Siglo XIX, que comunicó Uyuni con Antofagasta (ahora chileno) y que sirvió para transportar minerales como estaño, plata e incluso oro. Durante décadas fue un símbolo del progreso que parecía tocar al pueblo boliviano con la yema de los dedos pero con el tiempo y la pérdida en la guerra de su única porción de mar, resultó que no fue así y que las máquinas que se llevaban a arreglar cerca de la Estación de Uyuni, la primera del país, no volvieron jamás a deslizarse sobre raíles ni a despedir humo de sus gruesas chimeneas. Hoy el óxido decolora las piezas desgastadas de una esperanza en el conocido como Cementerio de los trenes olvidados.

Tren oxidado de Uyuni (Bolivia)

La visita al cementerio de trenes de Uyuni es una de las opciones más interesantes para el viajero romántico al que le gusta ir siguiendo las huellas de un pasado no tan lejano. Leer artículo completo ➜

San Cebrián de Mazote, el espíritu mozárabe de Castilla

A mediados del siglo X la convivencia de los cristianos en territorio musulmán de Al-Andalus se hacía cada vez más irrespirable. No fueron pocos monjes precisamente los que huyeron del sur hasta situarse en un lugar más seguro al otro lado de la línea donde las campañas de reconquista de la península por los reinos los reinos cristianos habían dejado el territorio despejado de enemigos para ser repoblado. Uno de los casos más evidentes fue el de un grupo de sacerdotes cordobeses que se establecieron en un lugar conocido como Monzoute, a poco más de 40 km al oeste de Valladolid, y levantaron sobre el viejo templo visigodo existente una iglesia de planta basilical con infinidad de elementos mozárabes. La consagraron a Ciprianus, un santo nacido en Cartago, y utilizaron unas técnicas propias del arte islámico aplicadas a un edificio religioso cristiano. Hoy día Monzoute es la vallisoletana San Cebrián de Mazote y San Cipriano el mayor templo mozárabe que podemos disfrutar en Castilla.

Iglesia mozárabe de San Cipriano en San Cebrián de Mazote (Valladolid)

El municipio de San Cebrián de Mazote, de apenas doscientos habitantes y atravesado por el río Bajoz, parece haberse paralizado en el tiempo para seguir en el primer milenio de nuestra era y ser uno de los pocos lugares de la provincia donde se puede respirar el aire mozárabe más puro y escuchar las campanas de una de las iglesias más hermosas y recomendables para visitar de toda la provincia de ValladolidLeer artículo completo ➜

El placer de navegar en un barco-casa por el Lago Alqueva

Hace algo más de una década el Guadiana a su paso por el Alentejo en Portugal se transformó en el lago artificial más grande de Europa occidental tras la construcción de una gran presa que inundó más de 25.000 hectáreas de dehesas con encinares, olivares, viñedos y aldeas centenarias. El Lago Alqueva o Grande Lago, como titulan los portugueses a un proceso que necesitó de varias décadas para materializarse, es una especie de mar de interior y agua dulce el cual ha logrado armonizarse a las mil maravillas con el entorno recreando un paraje natural de primer orden. Y un espacio acuático donde poder navegar a tus anchas en alguno de los barcos-casa que no necesitan permisos y que alquilan en el muelle de Amieira Marina, lugar al que nos dirigimos para ponernos al timón durante unas vacaciones entre amigos y así recorrer el Lago Alqueva y algunos de los rincones imprescindibles que ver en él.

Atardecer en el Lago Alqueva (Alentejo, Portugal)

Me gustaría hablaros del placer de navegar en un barco-casa sin permiso en el Grande Lago Alqueva, de una opción de turismo vacacional no demasiado conocida e ideal para descubrir una de las facetas más extraordinarias e interesantes de la región del Alentejo, esa Portugal que aún sigue siendo tan de verdad.  Leer artículo completo ➜

Voy en busca de los pueblos más bellos de Yorkshire

Cuando estéis leyendo estas líneas ya habré aterrizado en el aeropuerto de Manchester y muy probablemente me encuentre conduciendo un vehículo por la izquierda rumbo al norte de Inglaterra, en concreto a la ciudad de York. Inicio de esta manera un viaje en solitario de seis días completos a un condado emblemático como Yorkshire con un reto por delante, descubrir cuáles son sus pueblos más hermosos.

Patio de una casa antigua

Será un viaje de carretera, manta (y GPS) en busca de rincones medievales, paisajes fulgurantes de acantilados y senderos sinuosos así como las letras de Agatha Cristie y Bram Stoker escapándose de los libros para escribir las realidades de una de las regiones inglesas más atractivas que se me ocurren.  Leer artículo completo ➜

El osario de Wamba, la muerte entre cuatro paredes

“Como te ves, yo me vi, como me ves te verás. Todo acaba en esto aquí. Piénsalo y no pecarás” se puede leer e incluso escuchar de la voz de tu acompañante en el momento de entrar a un cubículo cerrado inundado de calaveras y fémures perfectamente ordenados como en un puzzle de huesos sin límite. Nos encontramos en un caso único en España, un osario con restos de más de 2000 personas entre monjes, mujeres e incluso niños que se recopilaron desde la Alta Edad Media por razones que no se explican. Todo son hipótesis en Wamba, una pequeña localidad vallisoletana en los Montes Torozos con legendario pasado visigótico, mozárabe y que vio posarse a la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén hasta asentarse en el lugar de forma definitiva.

Calavera del osario de Wamba (Valladolid)

El osario de Wamba es un viaje al mundo de la muerte donde el mensaje aparece escritos con tinta de huesos y calaveras. Una metáfora macabra de lo efímero de la vida en uno de los habitáculos monacales que resiten adosados a la iglesia mozárabe de Santa Maria de la OLeer artículo completo ➜

Encuentro con el gran tiburón blanco en Sudáfrica

Hay momentos en la vida que nunca se olvidan. El primer día de colegio, el primer beso, el día de tu boda, ese cumpleaños que acabó en borrachera o incluso la primera vez en que realizas un viaje al extranjero. A toda esta retahíla de aconteceres convendría añadir otro instante no menos importante como, por ejemplo, la primera vez en que ves de cerca al gran tiburón blanco. Y no precisamente en la confortabilidad y alta definición de un televisor de plasma sino cara a cara en el que es su hogar, el mar, sin más separación que la que ofrecen los barrotes de una jaula de metal donde agarrarse para soportar el incesante vaivén de las olas. Durante mi último viaje a Sudáfrica tuve la ocasión de tomar un barco en el puerto sureño de Gansbaai para salir al encuentro de uno de los mayores depredadores del océano. No cabe duda de que se trataba de una apuesta segura dado que no resulta descabellado aseverar que no existe mejor lugar en el mundo donde poder ver de cerca a los tiburones blancos en su estado natural.

Tiburón blanco en Gansbaai (Sudáfrica)

La mera posibilidad de mirar a los ojos al gran tiburón blanco es una de las experiencias más gratificantes e impactantes que pude vivir en Sudáfrica. A pesar de que hacerlo no fuera tan fácil ni divertido como imaginaba… Leer artículo completo ➜

1 año después de la gran aventura en el desierto de Egipto

Ha pasado un año de una de las grandes aventuras de mi vida. En compañía de arqueólogos, geógrafos y reporteros de grandes medios como National Geographic, me vi envuelto en una expedición sin igual… en los últimos 80 años. Participar en Expedición Kamal por los rincones más desconocidos del desierto Líbico de Egipto nos sumergió a todo el equipo en un mar de dunas infinitas, altiplanos con pinturas prehistóricas únicas en cuevas e innumerables huellas de vehículos de la II Guerra Mundial que se hundieron en la arena.  Personajes como el príncipe Kamal, descubridor de la meseta de Gilf-el-Kebir o László Almásy, “el Paciente inglés” nos acompañaron en espíritu guiándonos a través de mapas y rodadas interminables.

Desierto líbico de Egipto

Cuando se celebra el primer aniversario de esta aventura todavía puedo oler el polvo del desierto y contemplar el cielo escupiendo estrellas sin parar. Sueño todavía con mi pequeña tienda de campaña, con el plato de judías que ilustraba cada desayuno a la intemperie y la primera vez que vi aquellos dibujos de nadadores en el Sáhara más profundo y desconocido.  Leer artículo completo ➜