Ruta con kayak entre icebergs en Groenlandia

Dicen los inuits que “uno no debe subirse a un kayak sin más sino ponérselo, lograr que la embarcación forme parte de tu propio cuerpo”. De hecho su significado viene a ser algo así como “hombre-barca”, un encaje perfecto a algo que va más allá de un mero objeto o medio de transporte. En eso precisamente se convertían sus inventores cuando miles de años atrás cruzaron el Estrecho de Bering o arribaron a las costas de Groenlandia para cazar focas, narvales o caribúes, tradición que se mantiene en los pueblos esquimales que habitan las regiones del Ártico en América. El uso del kayak se extendió, por supuesto, a una modalidad más deportiva y de ocio, y hoy día son muchos los aficionados a darle a la pala en todo el mundo y sentirse en plena comunión con el medio acuático. En mi caso, tuve la suerte de estrenarme con el kayak nada menos que en Groenlandia, al abrigo de una bahía inundada de icebergs y acompañado por las focas que asomaban su cabeza de manera fugaz para curiosear.

Sele y Álvaro haciendo kayak en Groenlandia (Bahía de los icebergs de Tasiusaq)

Practicar kayak en Groenlandia y hacer ruta entre los icebergs que flotaban en Tasiusaq fue una de las mejores experiencias que me llevé de aquel viaje por tierras polares. Creo que fue en ese preciso instante en el que me di cuenta de que no habría nunca marcha atrás. Ni con el kayak ni con Groenlandia. Aquel había sido un flechazo para toda la vida.  Leer artículo completo ➜

Gante a golpe de pedal (Ruta por Gante en bicicleta)

Hay destinos en el mundo que inspiran subirse a una bicicleta y recorrerlos a pedaladas. Y os aseguro que la región de Flandes representa a uno de los más importantes. Hay quien asegura que lo es porque su conglomerado urbano y rural se posa sobre una inquebrantable planicie. Uno se da cuenta en Gante, por ejemplo, de que la bici allí se lleva en la sangre, que se trata de un medio irremplazable para trasladarse de un lugar a otro acompañado de la silueta de torreones, castillos, palacetes y, en definitiva, una de las siluetas urbanas más espléndidas del continente europeo. Algo instaurado no sólo en la mentalidad de unos habitantes dispuestos a tomar cada día uno de los medios de transporte más limpios y saludables que existen, sino también en la de los turistas que se encuentran de repente con la necesidad de vivir grandes experiencias flamencas dando pedales.

Ruta en bicicleta por Gante

Sin ser precisamente un ciclista empedernido, me vi por Gante olvidándome de mis propios pasos para pensar en los minutos en bicicleta que había de un sitio a otro y de la enorme sensación de libertad que ofrece recorrer lugares apasionantes que hacen de esta ciudad y de toda Flandes una maravilla para la vista, así como un paraíso del cicloturismoLeer artículo completo ➜

Angulema, un viaje a la ciudad del cómic

Dicen que para visitar Angulema (Angoulême en francés) además de patearse las calles uno debe pasar sus hojas a todo color como si lo hiciera con un tebeo de toda la vida. Quizás porque toda ella forma parte de un gran cómic universal en el que las calles se escriben dentro de bocadillos y las onomatopeyas forman parte del argot local. En realidad basta con buscar los murales pintados con historietas de ayer y hoy que, involucrados en la vida de esta ciudad en pleno País del Cognac, dentro de la región francesa de Poitou-Charentes, pasan a formar parte de su día a día. Angulema vive de la genialidad de aquellos dibujantes que han visto cómo de las fachadas de los edificios surgen escenas, héroes y personajes nacidos de su propia imaginación. La responsable de acoger el Festival Internacional del Cómic más importante de Europa no sólo se limita a promover la lectura de un género considerado por muchos como el noveno arte, sino de convertir la ciudad en el orgullo de todos los que aman esta forma ir más allá a la hora de narrar con ilustraciones este y otros mundos.

El Jardín Extraterrestre es una de las pinturas más célebres de Angulema, capital del cómic

Escaparse a Angulema es llevar a cabo un viaje a la ciudad del cómic y ver cómo escapan por la ventana los hermanos Dalton sin que Lucky Luke se de cuenta mientras la estilizada figura de Corto Maltés busca nuevas aventuras consumiendo lentamente un cigarrillo. La fantasía de un universo paralelo está en el subconsciente de quienes visitan esta curiosa, agradable e intrépida ciudad a orillas del CharenteLeer artículo completo ➜

Sobrevolar el enigma: Las líneas de Nazca en avioneta

Hay hallazgos arqueológicos que dejan tantas dudas en el aire que acaban convirtiéndose en puros enigmas, traspasando incluso las fronteras de la razón y lo imposible. Uno de los lugares más increíbles en este sentido se encuentra al sur de Perú, en un terreno árido y caluroso que no queda muy lejos del océano Pacífico, pero del que no llega ni la más mínima brizna de brisa. Las Pampas de Nazca, Palpa y Socos son algo así como un enorme tapiz de tierra muerta que contiene “señales” que superan, en no pocas ocasiones, los dos mil años de antigüedad. Son las conocidas como Líneas de Nazca, una serie de dibujos y formas geométricas que, por raro que parezca, son apreciables únicamente desde el aire. Las hipótesis de los investigadores se mueven entre la posibilidad de que estos dibujos fueran meros centros ceremoniales del pueblo Nazca y las elucubraciones sobre representaciones hechas para honrar a los visitantes de otros mundos. Hay quien incluso piensa que se tratan de pistas de aterrizaje de objetos volantes no identificados. La arqueología aún no ha dado respuesta plena a tan extrañas formas, por lo que las especulaciones crecen en la literatura científica y más aún en la que trata sobre lo desconocido y el misterio. Pero por mucho que se hable lo mejor es verlas personalmente y, por ello, durante mi paso por Perú dentro de un gran viaje de siete meses por Sudamérica, no dudé en presentarme en la ciudad de Nazca (o Nasca) para tomar una avioneta y sobrevolar las líneas. Contemplar desde el aire semejantes señales consiguió que se multiplicaran las preguntas y el deseo de saber mucho más respecto a ellas.

Líneas de Nazca: la araña

Un recorrido aéreo por encima de los dibujos más sorprendentes e inexplicables del planeta. Un vuelo a lo enigmático y lo extraordinario. Las Líneas de Nazca en avioneta… Leer artículo completo ➜

Flandes en cinco días y cinco ciudades

Se le reconoce al corazón de Flandes por la capacidad de latir experiencias de manera constante. Vivencias de una región que permite hacer cicloturismo en Brujas entre molinos de viento, hacer una ruta de cervecerías en Lovaina, perseguir las huellas del Emperador Carlos V en su Gante natal, perderse en ese cuento de hadas llamado Malinas o llamar a las puertas de la casa-taller de Rubens en la siempre intensa Amberes. No por nada la región de Flandes se regocija de tener bajo sus filas a varias de las ciudades más indiscutiblemente bellas de toda Europa. Auténticas protagonistas de un viaje perfecto entre canales, fábricas de cerveza, silenciosos beaterios y una colección excelsa y única de patrimonio histórico-artístico.

Gante (Flandes)

Te propongo un viaje a Flandes a través de cinco días y cinco ciudades, todas a un paso en coche, bus o tren desde Bruselas, y perfectas para destapar el tarro de las esencias flamencas.  Leer artículo completo ➜

Chile en 10 experiencias imprescindibles (Qué ver y hacer en Chile)

Pocos países en el mundo como Chile poseen una conexión semejante con la naturaleza que le rodea. En una larga y delgada franja de más de 4300 kilómetros, abrazada en ambos lados por la cordillera de Los Andes así como por la inmensa muralla líquida que forman olas del océano Pacífico, se deslizan paisajes tan diversos como categóricos. De los desiertos más áridos del planeta y vaporosos géiseres altiplánicos del norte pasamos a un territorio de picos nevados, glaciares que se quiebran en inmensos bloques de hielo y colas de ballena ocultándose en solitarias bahías. También surgen de la nada lagos que reflejan conos humeantes de volcanes aún activos, grandes extensiones de viñedos que se pierden en el horizonte y, por supuesto, islas que nos permiten volver a creer en la existencia de los imposibles. En la tierra del mapuche, el rapanui, el atacameño o el yagán viaja por todos los rincones la lengua castellana que Pablo Neruda convirtió en pura artesanía.

Moáis de Isla de Pascua (impresdincibles que ver en Chile)

Me gustaría hacer un recorrido juntos y contaros algunos de los lugares que ver en un viaje a Chile, los cuales me parecieron esenciales para una primera aventura en el país más largo del planeta. Una lista de 10 experiencias imprescindibles chilenas donde ser testigos de toda una colección de paisajes espectaculares y pueblos con carácter. Leer artículo completo ➜

Al encuentro de los osos en Alaska

Nunca me hubiera imaginado que algún día aterrizaría en avioneta en una playa desierta. Ni llevando unas botas de goma que cubriesen hasta los muslos, como esos pescadores tan entusiastas que se meten al río más allá de las rodillas. Ni mucho menos que, tras caminar por la arena con la marea baja, contemplaría la silueta a contraluz de una fila perfecta de osos pardos. Sin otra distancia que la brisa marina, sin objeto alguno que no fuera la cámara fotográfica. Delante de nuestras narices teníamos una de las escenas más impresionantes que podía regalar la naturaleza. Estábamos en Lake Clark, una zona salvaje de Alaska donde no existen ni pueblos, ni carreteras ni nada que huela a humano a cientos de kilómetros a la redonda. Aquel Edén al norte de Katmai, famoso por albergar una de las mayores poblaciones de osos pardos del planeta, nos estaba mostrando el significado de la vida, la suerte de mirar a la naturaleza directamente a los ojos.

Osos en Lake Clark (Alaska)

El gran objetivo marcado en la hoja de ruta de nuestro viaje a Alaska en autocaravana estaba justo a unos metros. En aquella playa de Lake Clark National Park los osos engañaban a su propio estómago desenterrando moluscos mientras esperaban la incipiente remontada de los salmones. Como cada verano desde hace millones de años. Nos disponíamos a ver osos en Alaska tan cerca que podíamos escuchar cómo sus garras se hundían en la arena mojada, incluso cómo nos olían en la distancia como seres extraños que éramos para ellos.  Leer artículo completo ➜

Un gran glaciar en Groenlandia a vista de helicóptero

Groenlandia es el Imperio del hielo. De la pared vertical y azulada de un glaciar entregándole a sus hijos, los icebergs, al vasto mar, nace la metáfora perfecta de un lugar así. Sujeta al poder omnipresente de estas enormes masas de hielo glaciar fluye una isla de suelos blancos que hace algún tiempo dejó de pensar si el sueño de ver sus ríos siempre helados sería para siempre. Con el calentamiento global cuesta abajo y sin frenos en un planeta enloquecido, con el consiguiente y catastrófico derretimiento de los glaciares, Groenlandia se ha convertido en un laboratorio al aire libre en el que medir el cambio climático. Durante mi último viaje a tierras groenlandesas tuve la oportunidad de perseguir en helicóptero un gigantesco glaciar como es el Qorqup, para comprender desde arriba cómo nace y cómo muere un río de hielo de grotescas magnitudes. Precisamente en un medio utilizado día tras día con el que se vigila cualquier variación de tamaño en éstos.

Glaciar Qorqup desde un helicóptero (Viaje al Sur de Groenlandia con Tierras Polares)

La experiencia de volar en helicóptero sobre un glaciar de Groenlandia representó uno de los momentos más extraordinarios vividos en el corazón polar de la tierra de los inuits. Leer artículo completo ➜

La ceremonia de entrega de limosnas en Luang Prabang

Minutos antes de las seis de la mañana una hilera de ancianas arrodilladas en el suelo, bien de su calle o junto a los muros de un templo cualquiera, esperan pacientes y en silencio la llegada de los monjes budistas que nunca acuden tarde a su cita diaria. Tienen todo listo para cuando ellos lleguen. El arroz glutinoso ejerce su pastosa gravedad en una arrugada bolsa de plástico, así como las frutas y las especias. Muy pronto los monjes, casi todos infantes de no más de quince años, vendrán a buscar esta limosna que supondrá su única comida en toda la jornada. En Laos el conocido como Tak Bat es una costumbre bien arraigada y en Luang Prabang, la capital religiosa y cultural en ese país, no es menos teniendo en cuenta la cantidad de monasterios con los que cuenta la ciudad. Se trata de la ceremonia de entrega de limosnas, una tradición con la que se da por inaugurado el día. Para los monjes que abandonan por unos instantes sus estancias y rezos y, por supuesto, para los fieles, que con esta acción buscan desprenderse del mal karma. Turísticamente hablando se ha convertido también en un reclamo para los viajeros por esa autenticidad espiritual que uno espera en esta parte de Asia que aún mantiene el budismo como un baluarte. No cabe duda que posee un halo de magia y un colorido tal que presentarse a este ritual cotidiano, incluso desde la barrera, se convierte en una experiencia muy especial.

Monjes budistas en la ceremonia de entrega de limosnas en Luang Prabang (Laos)

Asistimos a la ceremonia de entrega de limosnas en Luang Prabang en dos lugares distintos, en la calle principal de la ciudad, próximos al templo Wat Mai, y en las afueras donde no llegan los turistas y nos acompañaron tan sólo los ladridos mañaneros de los perros.  Leer artículo completo ➜

El sur de Groenlandia en 1 minuto

Un pequeño aeropuerto dándonos la bienvenida, un mar de montañas nevadas o un gran glaciar a vista de pájaro (o más bien de helicóptero). Huellas de un glorioso pasado vikingo, una yegua con su potrillo y un mar de flores en Qassiarsuk a orillas del fiordo de Tunulliarfik, el mismo por el que arribara Erik El Rojo más de mil años atrás. Un niño inuit haciendo una señal con sus manos en Narsaq, casas de colores y una máscara de madera colgada de una puerta. Una cascada solitaria, dos cabras blancas y una pequeña collalba gris antecediéndose al paso de una enorme manada de caribúes. Una zodiak acercándose a la pared de un glaciar imponente como el Qaleraliq. Una muralla de hielo de color azul y no pocas sonrisas. Un iceberg a la deriva convertido en una esporádica catedral de sí mismo y un campamento de domos blancos en mitad de la nada donde podíamos escuchar cómo se quebraba el hielo cada noche. Unos crampones y un equipo bajo la insignia de Tierras Polares caminando en fila por un inexistente sendero glaciar. Hielo derritiéndose, el reflejo de unas gafas de sol, un pajarillo y la bandera groenlandesa ondeando al viento. Un kayak entre icebergs así como una bandada de eideres volando al ras de la bahía de Tasiusaq. Y una misión cumplida. ¡Así es un minuto en el sur de Groenlandia!

Os presento un breve vídeo que resume un viaje a Groenlandia en apenas un minuto a través de una sucesión de imágenes y momentos únicos. El recuerdo de una aventura por las estribaciones más meridionales de un territorio formado por el hielo casi en su mayor parte pero al que los vikingos denominaron “Tierra verde” cuando entraron por mar.  Leer artículo completo ➜

Hoja de ruta de un viaje a Alaska en autocaravana

Alrededor de 2300 millas fueron añadidas al cuentakilómetros de la autocaravana con la que viajamos por Alaska. Al menos por una parte con carreteras asfaltadas o pistas de grava, consideración que veo necesaria sobre todo cuando más del 80% del Estado es absolutamente salvaje y carece de las mismas. Existen pocos roadtrips más emocionantes que cuando te embadurnas de paisajes radiantes de montañas, bosques, taiga, tundra y un buen puñado de glaciares rompiéndose a cada minuto delante de tus narices. Donde los únicos peatones pueden ser alces o, mejor aún, los osos que se sienten libres en el que consideran su territorio. Recorrer Alaska vive mucho de impulsos, de emociones capaces de arrugar mapas y adivinar gasolineras donde sólo se advierte un Ford de los años cuarenta tan oxidado como las historias de los antiguos buscadores de oro.

Viaje a Alaska en autocaravana a vista de drone

Durante un par de semanas hicimos una hermosa ruta por Alaska como mandan los cánones, con una casa rodante a cuestas. Y como primerizos, no sólo en el destino sino también a la hora de ponernos al volante de lo que más bien parecía un autobús de nueve metros de “eslora”. ¿Queréis saber qué ver y hacer en un viaje por Alaska en autocaravana como el nuestro? A continuación os mostraré todos los lugares que formaron parte de un itinerario tan improvisado como estimulante.  Leer artículo completo ➜