El ansia de viajar

Recuerdo que en una ocasión, sentado sobre una duna en el desierto Líbico de Egipto, una persona que formaba parte de la expedición la cual estaba sentada a mi lado me preguntó el significado que tenía para mí viajar. Y tras unos segundos de silencio sólo fui capaz de contestarle que “viajo por estar en lugares como éste y vivir momentos así”. No hacían falta muchas palabras. Porque en el escenario estaba la respuesta. Pero ahora, estando en casa en un día gris y aburrido, tecleando en mi ordenador sobre una mesa llena de cosas sin más orden que la casualidad, me ha dado por pensar de nuevo en esa cuestión. ¿Por qué me gusta viajar? ¿Por qué no soy capaz de atreverme a mirar a la vida sin tener un nuevo viaje en el horizonte? Y me he puesto a escupir una serie de reflexiones que me gustaría compartir con vosotros.

Desierto del Sáhara en Egipto

Algunas veces lo llamo la hipnosis del mapamundi. Aunque prefiero decir que todo se debe a una enfermedad no diagnosticada y sin cura. Se llama el ansia de viajar…  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XVIII: Amanecer extraterrestre en Uyuni

Amanecer en el Salar de Uyuni (Bolivia)

Aquella mañana no es que hiciera frío. Más bien parecía que el mundo entero estuviese hibernando a casi cuatro mil metros de altura. Con el cielo aún oscuro un viento más gélido imposible se ocupaba de segar la poca piel que no habíamos sido prudentes de mantener a cubierto. Nunca había deseado con tantas ganas la llegada del amanecer. Pero la motivación que teníamos por delante justificaba de manera sobrada aquella espera que se hacía eterna. Porque en el instante en que comenzaron a asomarse las primeras luces del alba, del invierno pasamos a un verano de ánimos, de palpitaciones incontrolables. El paisaje que teníamos frente a nosotros correspondía a lo que nos habían contado del Salar de Uyuni, el desierto blanco de Bolivia, que a esas horas teñía sus siluetas con tonalidades fucsias, azules y violetas las cuales se mecían sinuosas en un gran horizonte de agua, cielo y salLeer artículo completo ➜

La tecnología que viene en aviones de pasajeros y aeropuertos

Hace tiempo que algunos que crecimos viendo las aventuras de Marty McFly dejamos de imaginar ese futuro lejano y que nunca llega de coches voladores y calzado deportivo que se abrocha solo. La aparición de internet se ha ocupado desde el principio de dibujar el futuro cada día. Y el corto y medio plazo se han vuelto la mar de interesantes. En lo que nos ocupa a nosotros, los viajes y el turismo, sobra decir que se han visto impactados enormemente por las nuevas tecnologías que nos afectan a la hora de reservar, de informarnos sobre un destino, de realizar trámites online que antes eran un engorro y de comunicarnos con los demás estando de viaje. No sé si somos o seremos capaces de asimilar todos los cambios que estamos teniendo en muy poco tiempo. Como poder compartir con tus amigos una foto tomada cinco segundos antes y en alta resolución desde la otra punta del planeta (incluso cuando sobrevuelas Zimbabwe), o tener una videoconferencia con tus padres sentados en el salón de casa mientras tú estás tomándote algo, por ejemplo, en una izakaya de Tokyo (y además gratis). O entrar a un avión sin haber necesitado imprimir un solo papel. No nos engañemos, no hace tanto que podemos hacer eso.

Robot Spencer en el aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol

Recientemente estuve en un evento de innovación y tecnología aplicable a las compañías aéreas y espacios aeroportuarios y se pusieron sobre la mesa elementos como la realidad aumentada o virtual, la robótica, la biometría y los asientos inteligentes y configurables con un smartphone. Elementos de un futuro más inmediato de lo que nos podamos imaginar.  Leer artículo completo ➜

El sendero de los Gobbins o el arte de caminar por los acantilados en Irlanda del Norte

En la escarpada península de Islandmagee, en el corazón del condado de Antrim, se creó hace más de cien años un enrevesado y divertido sendero costero con pasarelas, túneles y puentes colgantes que lo convirtieron entonces en la mayor atracción turística de Irlanda del Norte, incluso por encima de la famosa Calzada del Gigante. Pero esta ruta diseñada para quienes viajaban en tren de vapor desde Belfast a territorios norteños fue abandonada por completo pasada la II Guerra Mundial. En 2015, tras varios intentos fallidos previos, se reabrió por fin el que se conoce como sendero de los Gobbins. Meses después tuve la oportunidad de conocerlo y dar un paseo de tres kilómetros en los que pude vivir la experiencia de caminar por el filo de los acantilados para vislumbrar uno de los mejores paisajes de la costa norirlandesa.

El sendero de los Gobbins en Irlanda del Norte

El sendero de los Gobbins ha regresado para devolver a la realidad el sueño de su creador original, Berkeley Deane Wise, con el que deseaba demostrar a los demás que asomarse al Mar de Irlanda desde las rocas puede ser algo maravilloso.  Leer artículo completo ➜

Medinaceli y el arco del tiempo en Soria

Sobre un cerro asomado al valle del Jalón surge un reino en piedra cincelado durante milenios por celtíberos, romanos, árabes y cristianos viejos. Todavía la soriana Medinaceli sigue recibiendo a sus visitantes por su arco de tres puertas que en tiempos del Emperador Domiciano (siglo I d.C) servía como acceso a esta ciudad situada en la calzada romana que comunicaba Emerita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaraguza). El gran arco de Medinaceli sería algo así como un gran portón desde el que poder llevar a cabo un viaje en el tiempo a través de uno de los pueblos más encantadores y sugerentes de la provincia de Soria.

Imagen de Medinaceli (Soria) desde la carretera

A escasas dos horas en coche desde Madrid, Medinaceli nos regala un casco histórico excepcional y armonioso donde, por supuesto hay mucho que ver, por lo que os propongo nos demos juntos un paseo por esta villa sin igual.  Leer artículo completo ➜

Kakku, el bosque de las estupas milenarias en Myanmar

Myanmar está inundado de lugares asombrosos, muchos de los cuales se van descubriendo poco a poco en un país que no deja de abrirse al mundo tras décadas de oscuridad y manos de hierro. Además de nombres como Mandalay, Bagan o Yangón surgen escenarios que sólo creíamos escondidos en ciertas novelas de aventura e incluso en nuestros propios sueños. De eso modo nace Kakku como un inmenso bosque de estupas budistas ubicado en la tierra de los Pa-O, una minoría étnica que habita desde antiguo el Estado Shan. Se calcula que son más de 2500 las estupas o chedis las que se amontonan en un recinto de aproximadamente un kilómetro cuadrado. Y que forman no sólo un lugar sagrado desde hace casi tres milenios sino uno de los mayores símbolos religiosos de este pueblo.

Kakku (El bosque de estupas de Myanmar)

El bosque de estupas de Kakku se encuentra a algo menos de tres horas desde Nyaungshwe, la ciudad principal a orillas del Lago Inle. Durante nuestro viaje a Myanmar nos regaló uno de los mejores momentos vividos en el país asiático. Y es que en la que hace algún tiempo fuera llamada Birmania aún quedan rincones por los que soñar despiertos.  Leer artículo completo ➜

Flandes, cinco ciudades y cinco restaurantes

Flandes no se mide sólo en ciudades bonitas, en las muestras de genialidad de la pintura flamenca o en la puntualidad de unos trenes que te llevan de una punta a otra de la región en apenas treinta minutos. Porque tras montar en bicicleta junto a los canales de Brujas, recorrer Gante de arriba a abajo, emocionarnos con la Grand Place de Bruselas, sorprendernos con la belleza de Malinas o perseguir lo que queda de Carlos V y de los famosos Tercios, siempre llega el instante de sentarnos a la mesa, refrescar el gaznate y deleitarnos con una oferta gastronómica amplia que va más allá de la típica fusión Moules-frites hecha a base de patatas fritas y mejillones.

Restaurante Lieven en Brujas (Bélgica)

Os propongo hacer un viaje con mesa y mantel a través de cinco ciudades y cinco restaurantes en los que saborear la buena cocina nacida en los fogones de Flandes. Leer artículo completo ➜

Delfines en la costa del Alentejo: El estuario del río Sado

En Tróia, puerto del norte de la costa de la región del Alentejo en Portugal, se da un curioso caso que me llamó mucho la atención. El lugar donde va a morir el río Sado, en zona de marismas y salineras que llevan funcionando desde la época romana, cuenta con unos habitantes de lo más especiales. Un nutrido grupo de casi treinta delfines, llamados golfinhos en portugués, resisten en estas aguas tranquilas en las que han encontrado estabilidad a pesar de quedar cerca la ciudad de Setúbal, los astilleros y el paso regular de ferries y embarcaciones a motor. Tras haber menguado su población décadas atrás, parece que el declive de una colonia que estaba abocada a desaparecer se ha detenido, dándose incluso nuevos nacimientos con un elevado porcentaje de supervivencia.

Delfines en Troia (Alentejo, Portugal)

La observación de delfines en el estuario del río Sado, respetando todas las premisas del turismo sostenible y ecológico, se ha convertido en uno de los puntos fuertes en Tróia y los parajes naturales que la rodean. De hecho quienes conocen bien este lugar se saben de memoria los nombres de todos los delfines o golfinhos que se dejan ver en libertad y saltan junto a las barcas acompañados de decenas de gaviotas. Son, de una forma u otra, familia de la preciosa y salvaje costa alentejana.  Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer en La Haya, la Corte de Holanda

Si bien la ciudad de Ámsterdam se la considera como la capital oficial de los Países Bajos, si hablamos de manera política, administrativa, diplomática e incluso en términos de monarquía, deberíamos decir que todo el engranaje lo lleva desde hace mucho tiempo La Haya. Esta metrópoli holandesa es desde donde se gobierna el país y reside la realeza. La Haya sería, por tanto, ciudad y Corte de Holanda, la tercera en número de habitantes y una de esas escapadas imprescindibles si se está visitando el país. Muy conocida por albergar el Tribunal Internacional de Justicia sorprende por la cantidad de edificios históricos que alberga, una inmensa oferta de museos con gran reconocimiento mundial y por tener kilómetros de playas absolutamente salvajes dominadas por el recio oleaje del Mar del Norte.

Binnerhof en La Haya

La Haya regala a los viajeros una visita más que recomendable en Holanda, la cual puede dar mucho de sí. Y no sólo para pasar un único día si decidimos entrar a muchos museos y recorrer su desconocido litoral. Así que si estás planificando una escapada en tren o coche desde Ámsterdam te recomiendo tengas en cuenta esta serie de propuestas con nada menos que 12 cosas que ver y hacer en La Haya. Ideal para preparar un viaje a la Corte de Holanda. ¿Te animas? ¡Pues allá vamos! Leer artículo completo ➜

Las capillas de los huesos en el corazón del Alentejo

“Los huesos que aquí estamos a los vuestros esperamos” es el mensaje de recibimiento a los visitantes por parte quienes idearon las conocidas como capelas dos ossos (capillas de los huesos) que existen Portugal. No sólo podemos encontrar un claro ejemplo en Évora, la ciudad más conocida de la región de Alentejo sin lugar a dudas, sino también en Campo Maior, un pequeño y solitario pueblo fronterizo con Badajoz. Ambas capillas comprenden un viaje a lo efímero de las cosas o, más bien, de la vida terrenal, a través de una composición macabra en la que huesos y calaveras se convierten en auténticas y ejemplarizantes obras maestras.

Calavera de la Capilla de los huesos de Campo Maior (Alentejo, Portugal)

Las capillas de los huesos en el corazón del Alentejo conforman uno de esos viajes en los que lo lúgubre se vuelve protagonista. Y, aunque la idea pueda parecer un tanto tétrica, son muchas las personas las que nos interesamos por estos funestos lugares y nos acercamos a visitarlos. Leer artículo completo ➜

10 cosas que ver y hacer en Malinas, corazón calmado de Flandes

El único pecado de Malinas es haber nacido en Flandes junto a dos de las ciudades más hermosas de este mundo como son Brujas y Gante. Sólo ese. Y, créeme, que en el pecado lleva la penitencia. Cómo sí no, entonces, se justifica que no reciba ni la cuarta parte de visitas que las otras dos. Pero eso para los viajeros que llegan hasta ella es todo lo contrario a un problema. Más bien una bendición. Malinas (Mechelen en neerlandés) trae tras de sí una gran historia, ya que fue corazón de los Países Bajos, la casa y escuela del gran Carlos V durante casi quince años y el rostro más afable de la poderosa Margarita de Austria. Y su dicha se pasea plácida en sus calles, canales, iglesias, beaterios o en una de las plazas mayores más radiantes en toda Bélgica. Incluso en la cerveza, que se elabora con la receta original que tanto deleite provocó al Emperador durante toda su vida, y a la que no halló jamás otra que le hiciera sombra.

Edificios en la Grote Markt de Malinas (Flandes, Bélgica)

Malinas se trata una visita altamente recomendable en Flandes , ideal para pasar un día. Tras haber viajado hasta ella en tren desde Bruselas me gustaría proponerte que la recorramos juntos a través de una lista con 10 cosas que ver y hacer en Malinas. ¿Me acompañas? ¡Pues allá vamos! Leer artículo completo ➜