Viaje al Sur de África en 4×4 (12): Maputo e Isla Inhaca

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18 de agosto: MAPUTO, EL MALECÓN AFRICANO

Ante todo tengo que decir que los núcleos urbanos del África negra que son relativamente grandes no me gustan demasiado. Es raro que una ciudad represente la imagen física y real de un país y de sus gentes. Generalmente, salvo excepciones, las ciudades africanas son un gran collage de lo peor de la sociedad. Allí se reúnen la contaminación, la delincuencia urbana, la inseguridad ciudadana, la corruptela policial, el caos circulatorio y la suciedad en un conglomerado de edificios de dudoso gusto estético. Es por ello que sigo quedándome con los vastos paisajes ya sea de la sabana o de un bosque, o con los pequeños poblados. Desde hace mucho tiempo en la ciudad a las almas se les han puesto vendas en los ojos y se las ha hecho sobrevivir en una jungla de hormigón y asfalto mucho más dura que aquella en que moran y reinan las bestias. Sobre Maputo había leído muchas cosas antes que decían que era “esa excepción que confirma la regla” en las anodinas y ruidosas ciudades africanas, que era diferente, que era más África que muchos otros lugares del Sur. Y ciertamente no sabría que contestar porque la capital mozambiqueña no me fue indiferente ni para lo bueno, ni para lo malo. Simplemente tenía que coger la riendas y cabalgar en esa ciudad llamada Maputo que en un minuto puede maravillarte y en el siguiente hacer que desees marcharte con la música a otra parte. Quizás eso es lo más atrayente de ella, su tremenda dualidad.

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Viaje al Sur de África en 4×4 (11): El Reino de Swazilandia

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17 de agosto: SWAZILANDIA, UN VIAJE AL REINO DE LA DESESPERANZA

Una llamada a la puerta de nuestra habitación del Ermelo Inn supuso el punto y final a nuestro merecido y necesitado descanso. Era el recepcionista que avisaba que nos debíamos ir antes de que viniera su jefe. Es lo que tiene ingeniárselas para conseguir una habitación más barata. Así que después de darnos una ducha, recogimos nuestros bártulos y los llevamos al coche. Debían ser las siete y cuarto de la mañana y el día se había levantado frío, con niebla y las calles mojadas a causa de la ligera lluvia caída durante las últimas horas.

Entre Ermelo y la frontera sudafricana con Swazilandia (Oshoek) teníamos en torno a 130 kilómetros en la carretera N-17, aproximadamente una hora en la que nos sorprendió la bruma cubriendo paisajes de gran vegetación, plantaciones europeas que no corresponden al imaginario que se tiene de África. Los molinillos de viento apuntalados en viejas granjas de madera y rodeados de vastas extensiones de pinares fueron el decorado de aquel primer tramo al que le sucederían otros muchos. Porque aquel lunes nuestro objetivo era llegar a dormir a la capital de Mozambique, Maputo, después de hacer un intenso recorrido que atravesara el pequeño y desconocido país de Swazilandia, que es como una mota de polvo en medio del continente africano.

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Roma 2009: La Eternidad entre amigos

 

“Lo que hagamos en esta vida tendrá eco en la Eternidad”
Frase pronunciada por el General Maximus (Russel Crowe) en la película Gladiator

Siempre he creído fervientemente que en un trabajo uno de los aspectos más importantes es tu entorno, las personas con las que pasas jornada tras jornada. Puedes tener o no tener un buen sueldo, puede que lo que haces no te apasione, pero lo que hace en gran medida que estés o no a gusto es el buen rollo con tus compañeros. Un buen feeling entre las partes es un elemento que en mi caso considero fundamental para sobrevivir al día a día y la rutina. Afortunadamente puedo decir que en mi trabajo más que compañeros tengo amigos, gente con la que puedo hablar de todo sin tapujos, con la que me río y con la que no me cuesta nada ser yo mismo. Un reflejo de ese ambiente entre los miembros del proyecto en el que llevamos trabajando ya prácticamente dos años, fue un viaje a Suiza en febrero de este mismo año, aventura invernal que nos llevó al pico más alto de los Alpes suizos, el Jungfrau. Allí superamos los 3454 metros de altura y probamos lo que es estar a veinticuatro grados bajo cero. Fue un fin de semana excepcional entre montañas, casitas de cuento, nieve a raudales, y sobre todo de muchas risas. Obviamente nos quedamos con ganas de repetir experiencia, un weekend viajero de esos que tanto hablo en el Rincón de Sele, en el que de viernes a domingo das un golpe en la mesa de la rutina para romper con tu oficina y trasladarte a otra dimensión completamente distinta.

Así que decidimos marchar en noviembre (del 13 al 15) a Roma, una ciudad en la que dos de nosotros ya habíamos estado, pero a la que deseábamos retornar para pasar una buen fin de semana en la Ciudad más eterna de todas y darnos una vuelta a través del espacio y del tiempo.

Y es que Roma, siempre es una apuesta segura, un retorno a los orígenes de la Historia.

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Me voy a Roma. Hasta el lunes!!

Hace 2 años y 32 días en la Fontana de Trevi cumplí con el rito de tirar una moneda de espaldas, con la mano derecha y por encima del hombro izquierdo. Dice la tradición que el que lo hace se asegura volver a Roma, la bien llamada Ciudad Eterna. Cuando lo hacía estaba convencido de que dicha premisa iba a ser cierta, que como fuera tenía que retornar a la que para mí es la Capital Mundial de la Historia. Roma es algo así como mi ojito derecho, mi niña mimada.

Con mis compañeros de trabajo y mi novia, muchos de los protagonistas que conquistamos el Jungfrau en el invierno pasado, nos vamos desde el viernes por la tarde en que salgamos de trabajar hasta el domingo noche a pasar un enorme Weekend viajero a la ciudad de Roma. Una vez más gracias a los Vuelos de Bajo Coste (50 euros ida y vuelta con Easyjet) y a las ganas que teníamos todos de viajar juntos de nuevo, vamos a disfrutar de un fin de semana più bello.

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Viaje al Sur de África en 4×4 (10): El desierto del Namib

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14 de agosto: EL NAMIB, ALGO MÁS QUE UN DESIERTO…

Sonó el despertador en una de las noches en que más frío tuve en la tienda de campaña. El móvil de Bernon resonó como un cuchillo afilado a un centímetro de nuestros oídos. Y afuera, sólo oscuridad y estrellas, ni el más mínimo atisbo de luz del nuevo día. Y así tenía que ser, porque si queríamos ver el amanecer a lomos de la Duna más célebre del inmenso Desierto del Namib, la número 45, debíamos ser de los primeros en estar en la barrera cuando la abrieran. La verdad es que tanto yo como los demás del grupo estábamos que no nos teníamos en pie. Teníamos un sueño aterrador acompasado con el aire frío que resoplaba en nuestras despeinadas cabezas. Leer artículo completo ➜

Una cita con Javier Reverte y los bloggers de viajes

Hace aproximadamente un mes, dos buenos lectores de este espacio me regalaron el libro “La Aventura de viajar” de Javier Reverte. El madrileño es sin duda una luz en la tan en ocasiones arrinconada literatura de viajes en español. Y es que este escritor y periodista autor de títulos magníficos como “Vagabundo en África”, “La noche detenida”, “El corazón de Ulises”, “El río de la desolación” o el recientísimo “El río de la luz”, entre muchos otros, inició hace décadas un largo camino por el mundo con intención de contárnoslo a través de sus narraciones.

Casualidades de la vida, mientras estaba buceando en ese libro-regalo, me llegó una invitación del Hotel Kafka (Uno de los más importantes talleres de escritura de Madrid) con objeto de asistir a un coloquio del propio Reverte con algunos bloggers de viajes seleccionados para el evento. Su intención pasaba por reunir a los escritores de blogs viajeros que tuvieran “talante creativo y literario” con un personaje público en la materia. Y quien mejor que un autor de éxito como Javier Reverte para compartir unos minutos. Como para pensárselo…

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Viaje al Sur de África en 4×4 (9): Aires de Namibia

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11 de agosto: LA FRANJA DE CAPRIVI Y LA SONRISA DE UN PUEBLO

Aquel martes comenzaba una serie de etapas que nos llevarían a internarnos a un nuevo país como Namibia y, por lo tanto, a abandonar a Botswana, que queda anotada en mi lista de favoritas porque allí fue donde recibí la mayor explosión de Naturaleza salvaje que había tenido ocasión de disfrutar en mi vida. Con la premisa de “otro país al que hay que volver como sea”, recogimos nuestros bártulos para retomar el camino. Nos esperaban varios días de mucho coche, de largas distancias, y quizás de una condensación exagerada de horas en carretera que nos daría que pensar.

Teníamos dos opciones para ir a Namibia desde Kasane, o bien por el norte pasando por Zambia y llegando directamente a la población de Katima Mulilo, lo que suponía más trámites fronterizos y quizás más lentitud (sin olvidarnos que no teníamos permisos de la Oficina de Alquiler para pasarlo allí), o bien ir por el Sur del Río Chobe, atravesando aproximadamente 65 km de este Parque y entrando al país por la frontera de Ngoma Bridge (Puente Ngoma). Escogimos directamente esta última, que aunque requiere permisos para el Parque Nacional Chobe, contábamos con un salvoconducto infalible, el reverso escrito por nuestros amigos los guardas de la Mababe Gate, con el que nos iban a dejar atravesar el Chobe las veces que hiciera falta.

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Viaje al Sur de África en 4×4 (8): En las cataratas Victoria

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10 de agosto: TRAS LA PISTA DEL DOCTOR LIVINGSTONE … SUPONGO

 «Los ángeles tienen que detener su vuelo para ver un espectáculo como éste» dijo David Livingstone un soleado día de 1855 cuando después de semanas navegando por el río Zambeze se encontró de lleno con las asombrosas cataratas a las que los indígenas denominaban Mosi-oa-Tunya, que quiere decir “El humo que truena”. El explorador que abrió más rutas en África y que asistió a las atrocidades colonizadoras que se estaban cometiendo en el continente quiso dignificar a la Reina Victoria poniéndole su nombre a una de las más impresionantes caídas de agua que se pueden ver en el mundo junto Iguazú, el Salto del Ángel o Niagara Falls. No fue su único descubrimiento (para Occidente me refiero) pero sí el más sonado, lo que le otorgó una gran fama en el que entonces era el Imperio Británico. David Livingstone vivió por África y murió por África, permaneciendo incluso desaparecido durante varios años hasta que David Stanley, enviado por New York Herald, le encontró muy enfermo y solo a orillas del Lago Tanganica y le dedicó una de las frases más célebres de la historia cuando después de una difícil expedición de búsqueda le tuvo por fín cara a cara: “Doctor Livingstone, supongo.”

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Una nueva charla viajera en Radio Gáldar

microradio por ti.

Ciertamente ya estaba empezando a echar de menos esto de la radio. Este medio, al que le tengo una enorme y casi enfermiza afición, me tiene atrapado desde hace muchos años como oyente. Y de unos meses a esta parte he tenido la oportunidad de estar en antena en varias ocasiones desde que en Radio Gáldar, la emisora local de este muncipio grancanario, me invitaran a conversar con ellos sobre viajes.

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Viaje al Sur de África en 4×4 (7): La solución al problema “Chobe”

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8 de agosto: ATRAPADOS EN EL CHOBE (POR SEGUNDO DÍA CONSECUTIVO)

La agitada noche de las hienas, el leopardo y el elefante rompe-árboles había pasado una gran factura a la cohesión del grupo. El estar allí tirados sin una solución cercana a la vista hizo revivir tensiones y situaciones de nerviosismo en que se dijeron palabras que no se sentían realmente. Pero esto era una cuestión del momento, de querer pagar el pato con recriminaciones sobre lo que se debía haber hecho previamente o lo que se debería hacer después. Todo eso era lógico hasta dentro de un punto porque en medio de África sólo nos teníamos a nosotros mismos que estábamos las veinticuatro horas del día juntos desde hacía ya una semana.

En los viajes siempre hay momentos muy buenos (picos) y momentos menos buenos (valles). Cuando se está en “un valle” con un grupo donde cada uno es de su padre y de su madre es sencillo que rebroten las diferencias entre los miembros, y en realidad la solución es muy fácil teniendo paciencia y haciendo piña, sintiéndose todos partícipes de un mismo objetivo. Y ese no era otro que salir de allí, algo que para nada dependía de nosotros.

P1080285 por ti.

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Viaje al Sur de África en 4×4 (6): Noche de hienas

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7 de agosto: NOCHE DE HIENAS

“No podía asimilar que estuviera viviendo la noche más impactante de mi vida. Nunca me sentí tan rodeado, tan observado tras los oscuros árboles. Cuando aquellos ojos brillantes se acercaron hacia nosotros pensé que habría un antes y un después. Todos estábamos allí de pie inmóviles. Ella era la única que llenaba todo el espacio y cada paso que daba nos sentíamos un poco más pequeños, más vulnerables, más solos. ¿Quién me iba a decir a mí horas antes que teníamos que pasar la noche en aquel lugar tan sombrío?. Continuó viniendo hacia nosotros lentamente, sin quitarnos el ojo de encima. Todos absolutamente quietos, escuchando únicamente nuestros latidos. Parecía que estuviese contando cuántos éramos, dónde estábamos ubicados cada uno de nosotros. Parecía que estuviese oliendo su comida…”

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