Chile en 10 experiencias imprescindibles (Qué ver y hacer en Chile)

Pocos países en el mundo como Chile poseen una conexión semejante con la naturaleza que le rodea. En una larga y delgada franja de más de 4300 kilómetros, abrazada en ambos lados por la cordillera de Los Andes así como por la inmensa muralla líquida que forman olas del océano Pacífico, se deslizan paisajes tan diversos como categóricos. De los desiertos más áridos del planeta y vaporosos géiseres altiplánicos del norte pasamos a un territorio de picos nevados, glaciares que se quiebran en inmensos bloques de hielo y colas de ballena ocultándose en solitarias bahías. También surgen de la nada lagos que reflejan conos humeantes de volcanes aún activos, grandes extensiones de viñedos que se pierden en el horizonte y, por supuesto, islas que nos permiten volver a creer en la existencia de los imposibles. En la tierra del mapuche, el rapanui, el atacameño o el yagán viaja por todos los rincones la lengua castellana que Pablo Neruda convirtió en pura artesanía.

Moáis de Isla de Pascua (impresdincibles que ver en Chile)

Me gustaría hacer un recorrido juntos y contaros algunos de los lugares que ver en un viaje a Chile, los cuales me parecieron esenciales para una primera aventura en el país más largo del planeta. Una lista de 10 experiencias imprescindibles chilenas donde ser testigos de toda una colección de paisajes espectaculares y pueblos con carácter.

Chile, el amor platónico de Neruda

Dijo una vez Pablo Neruda que “hay un cierto placer en la locura que sólo el loco conoce”. En su caso esa locura se llamaba Chile, a quien amó mirando por la ventana de su casa de Isla Negra o viajando por el mundo durante su exilio. Pero todo el que conoce este país se da cuenta rápidamente que dicha pasión es compartida por todos y cada uno de sus habitantes. Que nadie dude que la religión de los chilenos es CHILE. Y que todo aquello que abarca la soñada Patagonia, el litoral que sobrevuelan los pelícanos de norte a sur, la madera pintada de las casas de Valparaíso, los atardeceres de Viña del Mar y las araucarias estirando sus ramas al sol es motivo más que suficiente para narrar un amor que para algunos desde fuera llega incluso a exasperar.

Catedral alemana de Puerto Varas (Chile)

Consejos sobre qué ver y hacer en un viaje a Chile

Chile formó parte de una de las partes más importantes de mi viaje sin billete de vuelta por Latinoamérica, la plasmación de un sueño que nunca hubiera creído que llegaría a cumplir. Tras una bonita etapa en Argentina llegué una tarde algo fría a Punta Arenas, al sur del sur del país con mayor longitud del planeta. Pasaría en Chile cuarenta días con sus correspondientes cuarenta noches tratando de ir cubriendo etapas y dejándome llevar por la improvisación. Precisamente eso, improvisar y no tener límite de tiempo, nace una combinación difícil de conseguir pero imbatible a la hora de conocer destinos nuevos.

Sele en los géiseres del Tati (Atacama, Chile)

Durante mi estancia en Chile tuve la fortuna de navegar entre un largo corredor patagónico, observar pingüinos rey en libertad (e infinidad de la especie magallánica), perseguir a las ballenas en el Estrecho de Magallanes, admirar las Torres del Paine o llamar a las puertas de las casas sobre palafitos de Chiloé. También pasé muchas tardes contemplando el reflejo de los volcanes en la región de los lagos y la silueta de los moáis de piedra de la Isla de Pascua. Busqué el alma de Neruda es sus refugios de Santiago y Valparaíso y terminé encontrándome a mí mismo en el desierto de Atacama antes de traspasar los senderos altiplánicos e iniciar otra nueva etapa en Bolivia.

Pelícanos en Chile

Chile es un país que necesita, sobre todo, tiempo y dedicación en profundidad para atrapar algunos de los momentos y rincones imprescindibles que jalonan su espigado territorio. A partir de mi paso por éste y, a sabiendas de que no es fácil seleccionar un número determinado de lugares que ver en Chile, me gustaría compartir con vosotros una lista de esas experiencias que no deberíais perderos por nada del mundo si algún día le dais una oportunidad al país sudamericano. Y lo haremos de sur a norte, que el sendero es largo y por algún sitio hay que empezar:

1. Vive una experiencia salvaje en el Estrecho de Magallanes y Tierra del Fuego:

Chile tiene la capacidad de hacerte sentir en los confines del mundo, de subirte al Beagle con Charles Darwin como pasajero de excepción o, mucho mejor, ser Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano para evitar el temido Cabo de Hornos y navegar por aguas más quietas rodeados de islas deshabitadas. En el Estrecho de Magallanes y la indómita Tierra del Fuego chilena tus compañeros de viaje pueden ser las ballenas, los pingüinos y los leones marinos. Y el paisaje de montañas, cruces del sur y glaciares a medio romper.

Sele en el glaciar de Santa Inés (Patagonia chilena)

La base para vivir una experiencia de este tipo puede ser la ciudad de Punta Arenas, y desde allí salir a descubrir rincones de los que se ha adueñado la fauna salvaje. En Isla Magdalena uno puede embarcarse para admirar los pingüinos magallánicos (aunque pueda suceder que no llegue a buen puerto como me pasó a mí), aunque desde hace algunos años se ha establecido de forma espontánea e inesperada una colonia de pingüinos rey en Bahía Inútil (Tierra del Fuego) que permite observar escenas magníficas que uno sólo se imaginaba en áreas más antárticas.

Pingüinos Rey en Bahía Inútil (Tierra del Fuego, Chile)

En el Parque Marino Francisco Coloane (el primero de Chile) bordeando Isla Riesco, la Isla Carlos III y parte de la península de Brunswick se llevan a cabo grandes expediciones para observar, fotografiar y catalogar las ballenas jorobadas que acuden allí a alimentarse puesto que prefieren los nutrientes de esta zona a los de la Antártida. Suelen ser rutas de varios días (y no económicas precisamente) en barcos a los que se suben científicos, oceanógrafos y fotógrafos, y que permiten no sólo disfrutar de unos paisajes absolutamente vírgenes sino también de una increíble exhibición de fauna marina. Observar el baile de las ballenas en el Estrecho de Magallanes es una de las mejores experiencias que se pueden vivir en Chile sin lugar a dudas.

Cola de ballena en el Estrecho de Magallanes

2. Haz trekking en las Torres del Paine y navega por los canales patagónicos

El Parque Nacional Torres del Paine está considerada como la capital del trekking en territorio chileno. Los famosos cuernos del Paine o el Glaciar Grey son algo más que un icono 100% patagónico. Al otro lado quedan los kilómetros y kilómetros del blanco del Campo de Hielo Sur. El Parque Nacional Los Glaciares de Argentina queda a un corto vuelo de pájaro, pero a pie es una muralla infranqueable. Afortunadamente los senderistas tienen en este lugar uno de los mejores lugares en todo el mundo para practicar su pasión.

Parque Nacional Torres del Paine (Chile)

Para hacer BIEN las Torres del Paine y no de manera panorámica hay dos tipos de rutas muy bien definidas y estudiadas. La ruta W (80 km y 4 días de duración) y la ruta O (130 km y 8 días de duración). Esta última es la más completa pero la primera ya permite disfrutar de buena parte de los highlights de este parque. Si bien no hace falta ser Jesús Calleja para hacer cualquiera de las dos rutas, conviene tener un mínimo de condición física y haberse estudiado mínimamente el itinerario así como los refugios donde poder dormir. Os dejo un timelapse precioso que hicieron los hermanos de Viajaporlibre.com, cuyos trabajos sobre la zona están excelentemente documentados, para que os hagáis una idea de lo que le espera al viajero que llega hasta aquí.

Puerto Natales es la ciudad más cercana al parque y, por tanto, un evidente punto de acceso a éste (aunque hay aún unos cuantos kilómetros hasta las Torres del Paine). También desde Puerto Natales sale el barco que va hasta Puerto Montt (el mítico Ferry Navimag) atravesando los canales patagónicos en cuatro días y tres noches. Las panorámicas durante todo el viaje son maravillosas (islas desiertas, glaciares, etc.), salvo cuando se sale al Golfo de Penas (Su denominación no es azarosa) y el océano Pacífico anda tan revuelto que te acuerdas de la familia de quien le puso ese nombre que, por cierto, fue Fernando de Magallanes. Se dejan ver leones marinos, ballenas, delfines y un montón de aves, entre las que destaca el gran cóndor.

InformaciónAtravesar el corazón de la Patagonia chilena en barco es uno de esos viajes que no olvidas nunca, pero conviene saber que entre Puerto Natales y Puerto Montt el Navimag zarpa los martes a las 6:00 (aunque el check-in y el embarque se hace siempre en lunes), mientras que entre Puerto Montt y Puerto Natales zarpa los viernes a las 16:00 horas (el check-in y el embarque se hace ese mismo día por la mañana). El precio aproximado es de 550 dólares la habitación compartida (y de ahí para arriba) y las plazas se agotan enseguida, por lo que conviene reservarlo con antelación. Más info en www.navimag.com

3. Conduce por la carretera austral (y vive una experiencia 100% patagónica)

La CH-7 forma parte con justicia en la selección de las rutas por carretera más impresionantes del mundo. Una especie de Ruta 66 en versión patagónica (aunque con no muchos tramos asfaltados) por la que atravesar los soberbios paisajes que salen a tu paso entre Puerto Montt y Villa O’Higgins. A lo largo de 1240 kilómetros se suceden inacabables postales de la Patagonia más insólita y silenciosa. Aysén es un territorio mayúsculo de montañas, lagos, ríos y, por supuesto, hielos perpetuos.

La época perfecta para hacer la carretera austral es entre octubre y marzo para evitar periodos más lluviosos (y de nevadas) que puedan afectar a algunos tramos de la ruta. Desde finales de abril la cosa puede empezar a complicarse…

NOTA: Para hacer este recorrido en coche (ida y vuelta) es posible alquilar vehículo en Puerto Montt (ver disponibilidad, precios y posibilidad de reserva con antelación). También hay quien lo hace en moto o bicicleta, incluso por etapas en distintos autobuses, aunque durante el verano austral (diciembre, enero y febrero) es más fácil que se agoten las plazas de los mismos.

4. Visita las iglesias de madera de Isla Grande de Chiloé (y que aprende mitología chilota)

Cuando los españoles vieron por primera vez el archipiélago de Chiloé lo llamaron Nueva Galicia. Las similitudes entre ambos territorios van más allá del paisajístico. Los chilotes son tan amigos de las leyendas como los gallegos (El Caleuche es su versión de la Santa Compaña) y en ambos el marisco se trata de un manjar común que forma parte de muchos de los platos de su gastronomía. Y no demasiada gente conoce que éste fue el último bastión de la Corona española en territorio chileno y que sus ciudadanos fueron leales hasta el final para ponerle cortapisas a una anexión inevitable.

Casa de Chiloé (Chile)

Chiloé es un universo paralelo en Chile, una maraña de inmensos bosques, con casas de colores sostenidas por pilotes de madera que resultan auténticos puertos palafíticos y una idiosincrasia muy particular. Castro es la capital de Isla Grande de Chiloé y en ese lugar nacen todas las rutas habidas y por haber en este alejado rincón chileno. Aunque la entrada se hace por barco desde Puerto Montt, situado en ese límite casi invisible de la Región de los Lagos con Patagonia.

Postal de Isla Grande de Chiloé (Chile)

Hay dos grandes atractivos (entre otros muchos) para quien viaja a Chiloé. Por un lado está visitar las iglesias de madera de los siglos XVIII y XIX que forman parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO (son 16) que engloba a los templos levantados por las misiones jesuíticas y franciscanas en este territorio. Y el otro acudir a una cocinería en el mercado de abastos de cualquier puerto chilote y pedirse un buen curanto, que consiste en la mezcla de mariscos (sobre todo mejillones y almejas), pescado, patatas y carne de cerdo, entre otras cosas según el gusto de cada localidad, que se calienta todo junto a fuego lento. Si bien los que se encuentran fácil en cualquier restaurante están elaborados en olla, el más tradicional y más demandado es el curanto en hoyo, cuya diferencia se basa en que la cocción se hace en un agujero en la tierra. Éste, con piedras piedras calientes al fondo, se tapa durante horas con unas hojas grandes a las que llaman pangue.

Iglesia de madera de Isla Grande de Chiloé (Chile)

Si queréis saber más sobre mucho de lo que os podéis encontrar en esta parte de Chile no os perdáis el artículo titulado “Chiloé y la magia que me atrapó” en el que cuento mi experiencia en Isla Grande.

5. Haz turismo activo (o reflexivo) entre lagos y volcanes

El rey de la Región de los Lagos es Su Majestad el Volcán Osorno. Admirarlo desde las orillas del lago Llanquihue, bien en una ciudad de pasado y estética germana como Puerto Varas o en la bucólica y tranquila Frutillar, es brindar con la versión chilena del Monte Fuji de Japón. Las formas del Osorno, sobre todo cuando está completamente nevado, son las de un volcán perfecto, las que un niño de cuatro años sabría dibujar perfectamente.

Lago Llanquihue con el volcán Osorno al fondo (Chile)

Utilizando Puerto Varas como base se puede bordear el Llanquihue por el margen derecho e ir disfrutando de unas vistas fascinantes que en los Saltos del Petrohué y sus caídas de agua en color celeste se vuelven sublimes. Al final del camino, con la trasera del Osorno pisándonos los talones, el Lago de Todos los Santos nos muestra un mar en calma en mitad de Los Andes. Si se continúa la navegación por éste es posible llegar a la localidad argentina de San Carlos de Bariloche, uno de los destinos andinos por excelencia en el país vecino.

Cráter del volcán Osorno (Región de los Lagos, Chile)

A aproximadamente cinco horas en bus al norte de Puerto Varas se encuentra Pucón, una de las capitales chilenas del turismo activo. Ésta forma parte de la Araucanía y su Osorno particular se llama Volcán Villarrica, también de forma perfecta, del cual se observa de manera constante una fumarola que responde a una actividad que no parece menguar.

Cráter humeante del volcán Villarrica (Chile)

Se puede subir al cráter del Villarrica (salvo cuando las autoridades lo impidan porque aumente la actividad), aunque ya sólo llegar en coche hasta la base del cráter es toda una aventura. La excursión a los ojos del Caburga y al propio Lago Caburga, hacer rafting, montar a caballo o relajarse en alguna de sus termas (este territorio es un auténtico balneario al aire libre), entre las que destacan las llamadas “geométricas”, son algunas de las muchas cosas que se pueden hacer utilizando Pucón como base. Esta localidad tiene buenos hostels y guesthouses en los que pasar varios días en los que el tiempo pasa pero no se pierde.

Lago Caburga (Chile)

Os cuento mi experiencia en la zona de los volcanes Osorno y Villarrica en el artículo titulado “En tierra de volcanes y espejos” que escribí estando allí.

6. Surca las aguas del lago Budi y encuentra el corazón mapuche

El pueblo mapuche está considerado como una de las culturas indígenas más antiguas de toda Sudamérica. Si bien también hay mapuches en territorio argentino, es en Chile donde es posible tener un encuentro más cercano e integral con esta población con un gran orgullo identitario. En la región de Araucanía, donde se da una notable presencia mapuche desde tiempos ancestrales, la zona del lago Budi fue declarada Área de Desarrollo Indígena (ADI), puesto que cuenta con más de un centenar de comunidades que mantienen muchas de sus tradiciones, su lengua (el mapudungun) y una economía de subsistencia basada en los recursos naturales.

Lago Budi (Chile)

En este lago salado situado a 10 kilómetros al sureste de Puerto Saavedra y a 82 kilómetros al oeste de Temuco permite fusionar en un visita los conceptos de naturaleza y cultura indígena y, de ese modo, aprender las formas de vida de los mapuches así como una larga historia de resistencia que continúa hoy día.

7. Persigue las huellas de Pablo Neruda en Santiago, Valparaíso e Isla Negra

No ha tenido ni tendrá Chile mejor embajador que Pablo Neruda, el autor de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. Son muchos quienes viajan a este país buscando sus huellas, esos lugares en los que el escritor encontró la inspiración. Y, por fortuna, tres de sus casas se conservan para goce de los seguidores de este escritor inmortal al que nadie conoce por su nombre real, que era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (pregunta típica de Trivial). Pero no se trata de casas cualquiera, sino de espacios absolutamente vivos que tienen la personalidad de su propio dueño.

Graffiti de Neruda en Chile

En Santiago de Chile se encuentra La Chascona, que hace mención a su esposa Matilde Urrutia. Situada en pleno barrio de Bellavista (una zona deliciosa para pasear en la capital) es todo un homenaje al otro gran amor de Neruda, el mar. Lejos de éste y a la vista de las montañas nevadas de la Cordillera de Los Andes, Neruda pasó largas temporadas en este barco figurado con sus propios mascarones de proa y una grandiosa colección que fue capaz de llevarle las olas del mar a su ventana.

La Chascona (Casa de Neruda en Santiago de Chile)

En Valparaíso, la ciudad de la bohemia y las casas de colores, y probablemente la más hermosa de cuantas tiene Chile (imprescindible en todo viaje a este país), Neruda residió en La Sebastiana desde 1961 hasta su muerte en septiembre de 1973. Se trata de otro museo del autor con una reunión de objetos de todo el mundo que le acompañaron al final de sus días. Se procuró tener una deliciosa visión panorámica 360 grados de su amada Valparaíso y hoy día son los visitantes de La Sebastiana los que pueden disfrutar de ella.

Sebastiana (Casa de Neruda en Valparaíso, Chile)

Ninguna de las casas de Pablo Neruda fue tan poética e inspiradora como Isla Negra. Fue su primera casa, comprada en 1939 y a la que también le dio un toque absolutamente marítimo. Allí fueron depositados sus restos y los de su inseparable Matilde Urrutia, tras un trasiego de casi veinte años. Posee una colección que supera los 3500 objetos que se reparten en distintas estancias de la casa. Máscaras del mundo, botellas con barcos dentro, diablillos de cerámica mexicanos, mapamundis, planisferios, relojes, caracolas, instrumentos de navegación y un sinfín de fotografías con muchos de los personajes que le dieron forma al convulso siglo XX en que le tocó bregarse.

Toda la información sobre las casas de Pablo Neruda, horarios de visitas, precios de entrada, etc. se puede consultar en la web de la Fundación Neruda www.fundacionneruda.org

8. Contempla un atardecer entre moáis en Isla de Pascua

¿Quién no ha soñado alguna vez con contemplar una fila de moáis de Isla de Pascua? La mítica Rapa Nui conforma uno de los retos vitales de todo viajero y la experiencia en esta diminuta isla polinesia en mitad del océano Pacífico a 3700 kilómetros de las costas chilenas no puede ser más agradecida. Allí aguarda uno de los grandes misterios de la Humanidad, el cómo pudieron trasladar y levantar esas estatuas de piedra de varias toneladas que según los historiadores representaban a los antepasados. En la isla hay centenares de estos moáis, la mayoría en el suelo como encontraron los primeros colonos provenientes de Europa, que provienen en su mayor parte de la piedra del cráter de un volcán, Rano Raraku. En el considerado como el vivero de moáis pascuenses se quedaron decenas de moáis a medio hacer, como si se hubiese detenido su elaboración de la noche a la mañana.

Ahu Tongariki (Isla de Pascua, Chile)

Otro volcán esencial para comprender Isla de Pascua es el Rano Kao, con su vastísimo cráter, al que merece la pena subir porque las vistas son fantásticas, y la vieja aldea ceremonial de Orongo donde se celebraba cada año la tradición del Hombre Pájaro, que era la manera que tuvieron los rapanuis de distintas aldeas de decidir, a base de fuerza, resistencia y sabiduría, quién debía gobernar la isla.

Cráter del volcán Rano Kao (Isla de Pascua, Chile)

Pero hay dos momentos que no pueden faltar en Rapa Nui. Uno es admirar Ahu Tongariki y su colección de una quincena de moáis puestos en fila, y el otro poder presenciar un atardecer en Ahu Tahai y ver cómo el sol logra interponerse entre las siluetas oscuras que forman esas figuras que nadie sabe cómo llevaron hasta allí. Eso y la suerte de que poder vivir las noches estrelladas típicas de Isla de Pascua, que no son cualquier cosa.

Atardecer en Ahu Tahai (Isla de Pascua, Chile)

Si queréis conocer qué ver y hacer en un viaje a Rapa Nui no os perdáis el reportaje titulado “Escenas y escenarios de mi viaje a Isla de Pascua”.

9. Practica el enoturismo en Chile (y recuerda que si bebes, no conduzcas)

A medida que vamos dejando cada vez más atrás los fríos patagónicos y encontramos un clima más suave, entre la cordillera y el océano van apareciendo los fértiles valles de cuyos viñedos saldrán deliciosos vinos. Chile es un destino enoturístico de primer nivel y permite experimentar un viaje por del mundo del vino en valles como Colchagua, Casablanca, Maule, Maipo así como otros nombres imprescindibles.

Valle de Colchagua (Chile)

Entre los meses de marzo y abril se celebran numerosas fiestas de la vendimia en la que los visitantes están invitados para formar parte de una de las tradiciones más importantes de Chile. Pero para todo el año hay señalizadas diversas rutas del vino consideradas auténticos clásicos para los amantes del vino. Algunas a tener en cuenta son:

  • Ruta del vino Valle de Colchagua
  • Ruta del vino Valle de Casablanca
  • Ruta del vino Valle de Curicó
  • Ruta del vino Valle del Maule

Pasear entre viñedos, conocer a fondo las bodegas más prestigiosas de Chile, hacer catas con expertos para sentirse como un auténtico sumiller… Sin duda es otra opción para vivir un país andino que guarda con mimo ciertas tradiciones mediterráneas.

Vinos chilenos

Y, por supuesto, en el norte, sobre todo en las regiones de Atacama y Coquimbo, el protagonista es el clásico del que se enorgullecen (y reivindican) todos los chilenos, el pisco. Al igual que con el vino también se hacen rutas de pisco en el Valle de Elqui, del Huasco o del Limari. El turismo pisquero cada vez cuenta con más adeptos y son muchas las plantaciones que están abiertas a la llegada de nuevos visitantes.

10. Viaja a otro planeta en el desierto de Atacama

Unos pueden decir que Atacama es el desierto más seco que existe, que hay zonas en las que no se ha registrado una sola gota de lluvia, que se hace fuerte entre el litoral norte de Chile y los tramos más elevados de la antojadiza Cordillera de los Andes. Son datos y son verdad. Pero cuando se está en Atacama las cifras no valen de nada y sí la incredulidad de unos paisajes que no parecen ni de nuestro planeta ni de nuestra propia Galaxia. La tierra ebulle por todas partes, recrea formas caprichosas en piedra, despliega por igual lagunas saladas visitadas por los flamencos que humeantes géiseres a más de 4000 metros de altura. Y además conserva parte del espíritu nativo de América atrayendo la inmodesta inquietud de los viajeros que vienen a perderse en esta linde de arena y rocas inusuales en los que una noche estrellada resulta ser algo más que eso. Atacama no es de este mundo.

Valle de la luna en el desierto de Atacama (Chile)

Me es imposible ser objetivo con Atacama. Sencillamente no puedo. Quizás es el embrujo de San Pedro que atrapa a todos los viajeros que se juntan precisamente en sus calles blancas donde el viento sopla polvo del desierto y las estrellas brillan con su máximo fulgor. O quizás ser consciente de que hay lugares en el mundo que realmente podrían pertenecer a otro planeta. Os aseguro que Atacama es uno de ellos, que Atacama no es de este mundo.

Géiseres del Tati (Atcama, Chile)

Para mi hay tres pilares básicos en Chile que son capaces de hacerte jurar que estás haciendo el viaje de tu vida: Patagonia, Isla de Pascua y Atacama. Y terminar la aventura chilena precisamente aquí, justo antes de cruzar la frontera altiplánica con Bolivia para proseguir en aquel país por otros menesteres (Salar de Uyuni, Potosí y compañía) es la mejor rúbrica posible.

Lo ideal en esta parte del viaje es contar con una base, San Pedro de Atacama y hacer rutas diarias a rincones estupendos como:

  • El Valle de la Luna.
  • Los géiseres del Tatio.
  • Las lagunas altiplánicas (Miscanti y Miñiques).
  • La Laguna Chaxa.
  • La Laguna Céjar y los ojos del salar.
  • Salar de Tara.

Coche dirigiéndose a las Lagunas altiplánicas (Chile)

Por si acaso, viaja a Chile seguro (y con seguro)

Siempre que viajamos al extranjero conviene estar perfectamente cubiertos por lo que pueda pasar, razón por la que nunca viajamos a ninguna parte sin el correspondiente seguro de viaje. Y Chile no es una excepción. Nunca aconsejo realizar un viaje de este tipo sin una buena póliza que nos cubra en Chile ante posibles accidentes, enfermedades o contratiempos que puedan suponernos un sobrecoste inasumible. En mi caso caso para viajar no sólo a Chile sino por toda Sudamérica utilicé el Seguro de viajes de IATI que incluía todos los países de mi recorrido porque cuenta con una cobertura superior a la media (Más de 60.000 euros en muchas pólizas), te adelantan el dinero si sucede algún problema y ofrecen un trato personalizado. Los lectores de este blog pueden contratar el Seguro de viajes de IATI que mejor se adecué a lo que están buscando con un 5% de descuento (que se aplica de forma directa entrando a través este enlace).

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Y hasta aquí nuestro recorrido por tierras chilenas. Por supuesto que faltan cosas para un segundo viaje en el que profundizar en rincones fabulosos como Viña del Mar, el archipiélago Juan Fernandez con la mítica isla Robinson Crusoe, Iquique, el Parque Nacional Pali Aike, la Laguna San Rafael y muchos otros en que, como veis, la naturaleza forma parte siempre de toda ensoñación en la que tenga a Chile como protagonista.

Sele

* ¿Has visto cuántas cosas hay que ver en Chile? Pues recuerda que puedes leer más artículos sobre Chile o seguir todos los pasos de este viaje en MOCHILERO EN AMÉRICA

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8 comentarios en “Chile en 10 experiencias imprescindibles (Qué ver y hacer en Chile)

  1. Muy interesante, estoy planeando viajar a Chile y me sirvieron mucho tus experiencias.
    Voy a tener que elegir que ver de todo esto en dos semanas 🙂
    Gracias por compartirlo

    1. Hola Sergio,

      Date cuenta que mi viaje a Chile fue de casi mes y medio. A todo no te da tiempo nunca. Y me dejé un montón de cosas, pero creo que en esta serie de diez abarca bastante.

      Un fuerte abrazo y feliz viaje!!

      Sele

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