10 buenas razones que inspiran viajar a La Garrotxa

El término garrotxa procede del catalán antiguo y se refiere a un relieve abrupto y de rocas, “áspero, roto y de mal pisar”. Hoy día esta definición ni se digna a aparecer en los diccionarios actuales porque nadie usa la palabra para definir un territorio, pero se mantiene en la denominación de una comarcas muy especial y hermosa de Cataluña. Al norte de Girona, con la cordillera de los Pirineos a punto de entrar en escena, La Garrotxa nace como uno de los parajes más fértiles de toda la Península Ibérica. Un territorio verde que deja hueco a nada menos que cuarenta y dos volcanes, extensos hayedos de cuento, firmes acantilados de basalto y praderas salpicadas de masías centenarias. O una red de villas y pueblos medievales con el encanto suficiente como para convertirse en auténticas máquinas del tiempo y hacernos regresar a la época de los señores feudales y los remensas. Rincones de románico puro cuyos capiteles son capaces de narrar varios libros a la vez sin tener que pasar una sola hoja.

Castellfollit de La Roca (Pueblo medieval de La Garrotxa)

Debo reconocer que razones son muchas para viajar a La Garrotxa. No os perdáis este decálogo garrochino con el que aprender y disfrutar a la vez de una comarca con mucho que ver y hacer, que te atrapa mucho antes de que la niebla cubra las montañas y un amable payés te salude con la mirada.

¿Dónde está La Garrotxa?

La Garrotxa se ubica al norte de la provincia de Girona, casi apostada a la entrada de los Pirineos, suficientemente alejada de la Costa Brava como para poder contemplar el azul del mar Mediterráneo pero no tanto como para que éste no suavice su temperatura. La capital de la comarca es Olot, a 55 kilómetros al nordeste de la ciudad de Girona, aunque el punto de entrada predilecto por los visitantes suele ser Besalú (a 35 km), el pueblo medieval más fascinante en territorio catalán junto a Peratallada (esto es opinión, no información). Linda en el oriente con el Alto Ampurdán, Pla de l’Estany o el Gironés, mientras que al occidente queda el mítico Ripollès.

Mapa de situación de La Garrotxa (Girona, Cataluña)

¿Por qué viajar a La Garrotxa? ¿Qué ver en La Garrotxa?

A continuación me gustaría mostraros razones, así como lugares, que merecen la pena en una escapada a La Garrotxa. Todo formó parte de un viaje de tres días que combinamos con el Alto Ampurdán y en el que, por supuesto, quedó mucho por hacer. Aunque también es cierto que en particular fue mi segunda vez en la zona. Suficiente como para hacerse una composición de lugar y poder describir qué ver y hacer en la comarca.

1. La Garrotxa es zona de volcanes

¿Sabíais que en La Garrotxa se han descubierto a día de hoy cuarenta y dos conos volcánicos? Se trata, sin duda, de una zona caliente que erupcionó durante un largo periodo. Aunque no deberíamos preocuparnos demasiado, puesto que de última explosión volcánica han pasado más de 10.000 años (la cosa está inactiva pero no extinguida). El vulcanismo garrotxino marca la esencia de un relieve teñido de verde puesto que la naturaleza se ha abierto paso en el corazón de la comarca gracias a que es muy lluviosa. Ahora buena parte de la misma está protegida desde 1982 en el denominado Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa y son numerosos los volcanes los que han dejado su impronta en un suelo especialmente fértil para la agricultura y la ganadería.

Volcán Croscat (La Garrotxa, Girona)

Los volcanes más conocidos son, probablemente, Santa Margarita (con una ermita en el centro del cráter) y el Croscat. Quedan uno frente al otro, a mitad de camino entre las llanuras de Olot y la localidad de Santa Pau. Lo ideal es contemplarlos desde el aire en un apasionante vuelo en globo (lo ofrecen varias empresas catalanas por una cantidad que está entre 150€ y 200€ por persona), aunque una de las maneras más económicas y agradecidas de admirar un volcán de La Garrotxa es acudiendo al Croscat y ver cómo la minería que extraía lapilli o gredas para la construcción seccionó una parte de la montaña mostrando así las distintas coladas de lava sin vegetación que las cubra. En su momento fue una tropelía medioambiental, pero en este caso sirvió de manera indirecta para permitir interpretar un volcán a la vista de todo el mundo que lo quiera visitar (no se cobra entrada alguna).

Volcán Croscat (La Garrotxa, Girona)

2. Un territorio de paisajes bucólicos y masías

La Garrotxa se explica como un paisaje completamente verde durante todo el año, incluso durante los rigores estivales, de vastos prados y montañas pedregosas sirviendo de muralla natural a los distintos valles. Es frondosa al máximo, salpicada por ríos y bosques cerrados como la Fageda d’en Jordà, un hayedo espectacularmente inspirador. Aquí conviene bien diferenciar la Alta Garrotxa, mucho más “pirenaica” y abrupta que la Baja Garrotxa, en la que los volcanes hicieron bien su trabajo para allanar el terreno con sus intensos ríos de lava. Por medio pasa el río Fluvià, sin el cual no se comprendería la comarca pues es su esencia en forma de agua pura que se cruza con lugares fascinantes como Besalú.

La Garrotxa desde El Mallol (Girona, Cataluña)

A pesar de tener un buen porcentaje de territorio protegido como parque natural, la combinación de medidas proteccionistas y la armonización del uso del suelo por su población desde hace siglos, hace de La Garrotxa un destino sostenible en el que se hable de ecoturismo con conocimiento de causa. Sin construcciones desfasadas o estrambóticas representa un punto de encuentro perfecto entre la naturaleza y quienes pueblan el territorio, los primeros defensores de que en esta comarca cambie poco (o nada) de lo que siempre ha sido, un paraíso al que no se llega por casualidad sino con todos los propósitos del mundo.  Salvo Olot, la mayor parte de los núcleos de población son pueblos o aldeas minúsculas. Así como, por supuesto, masías que se escapan incluso a la medición por años o siglos que le hacemos a las cosas. Mansiones-granja de piedra, universos paralelos, que esconden muchas historias tras sus muros.

Joanetas en La Garrotxa (Girona)

3. Sus encantadores pueblos medievales prometen un apasionante viaje en el tiempo

El aislamiento geográfico de esta comarca le ha conferido la capacidad de ser uno de los adalides de la conservación de los espacios históricos y formas de vida ancestrales de la comarca. De ahí que La Garrotxa recopile una colección envidiable de pueblos medievales con encanto. Empezando por Besalú, el más famoso, con su judería y el imponente puente fortificado, para continuar por bellezas como Santa Pau o Castellfollit de la Roca antes de poder dar un salto a La Vall d’en Bas y descontar siglos en Hostalets, El Mallol, Sant Privat, Joanetes o Sant Esteve.

Puente de Besalú (La Garrotxa, Girona)

Pueblos y villas de peregrinos, amuralladas o enclavadas al filo de un acantilado de basalto como Castellfollit de la Roca (fotogénico a más no poder), con la posibilidad para el viajero de leer entre muros las historias de las muchas batallas entre payeses remensas y señores feudales. El Mallol precisamente  es el lugar de nacimiento del gran Francesc de Verntallat, uno de los personajes históricos más importantes de la Cataluña de la segunda mitad del siglo XV que se alzó contra los malos usos de los nobles catalanes contra la gente de campo a los que consideraban siervos con escasos o nulos derechos.

Santa Pau (La Garrotxa, Girona)

No os perdáis la lectura del artículo de este blog titulado Un paseo por los pueblos medievales más bonitos de La Garrotxa para conocer más el fondo de estas joyas que se han congelado en el tiempo.

 

Hostalets d'en Bas (La Garrotxa, Girona)

4. El románico más puro de La Garrotxa

Si hemos hablado de los pueblos medievales estupendamente conservados de La Garrotxa, no puede faltar de ningún modo otro elemento básico para comprender esta comarca catalana como es el románico. Los amantes de las iglesias, monasterios o ermitas levantadas con los principios de este estilo arquitectónico están de enhorabuena si vienen a La Garrotxa porque las encontrarán a raudales. Basta asomarse al deambulatorio del monasterio de San Pere en Besalú para leer las líneas más prodigiosas del románico catalán.

Deambulatorio del monasterio de Sant Pere en Besalú (La Garrotxa, Girona)

Columna a columna, capitel a capitel, como en el hospital de peregrinos de Sant Julià, también en Besalú, es posible descifrar las sagradas escrituras (Juicio final incluido) en figuras esculpidas que contaban (y cuentan) numerosas historias. La Biblia de los iletrados. Así llamaban a las imágenes y escenas del románico en los templos religiosos de aquella época.

Capitel románico de Sant Julià en Besalú (La Garrotxa)

Si bien toda la comarca es ideal para disfrutar del románico, la parte alta, cuanto más se acerca a los Pirineos, nos muestra más y mejores ejemplos. Sant Cristófol en la localidad de Beget es una de las obras maestras románicas no sólo de Cataluña sino de toda España.

5. Un hayedo que creció sobre una colada de lava

Sobre una llanura aplanada con el rigor de cientos de miles de años, de coladas de lava del cercano volcán Croscat, se extiende un hayedo del que el poeta Joan Maragall dijo se trataba de “un lugar verde y profundo
como nunca más hayas encontrado en el mundo: un verde como de agua adentro, profundo y claro; el verde de la Fageda d’en Jordà”. La Garroxa, y diría que Cataluña, no se comprende sin la magia de este bosque tupido de hoja caduca con la luz del sol empeñándose en acariciar una sola de las ramas de estas hayas centenarias. No existe lucha más hermosa que precisamente esa, piensas mientras pisamos una alfombra de hojas secas de este hayedo plano en el que quienes lo visitamos sólo buscamos caminar sin rumbo para perdernos a propósito, tomar fotografías de su primavera y de su majestuoso otoño u olvidar sin más, que no es poco.

La Fageda d'en Jordà (La Garrotxa, Girona)

6. Olot y sus edificios modernistas

Curiosamente la capital de la comarca, Olot, tiende a pasar desapercibida. Y no debería. No sólo por tener un volcán en el centro urbano como es el Montsacopa haciendo de parque y excepcional mirador. Sino también por su gran oferta gastronómica, con un restaurante con Estrella Michelin como Les Cols o productos 100% de Garrotxa en el mercado central o en las coquetas tiendas del centro. Pero una de las cosas que más me gustó de Olot fue poder disfrutar de las fachadas de preciosos edificios modernistas. De hecho existe una ruta del modernismo en la ciudad (en la oficina de turismo en Carrer Dr Fàbregas 6 ó www.turismeolot.com/es disponen de información al respecto) que nos muestra construcciones de finales del XIX y principios del XX como la Casa Pujador (Plaça del Conill), la Casa Gaietà Vila (Plaça del Rector Ferrer, frente a la iglesia) o la tradicional Pastelería Ferrer en Plaça Móra 6).

Casa Gaietà Vila de Olot (La Garrotxa, Girona)

Aunque sin duda la estrella de Olot es la Casa Solà Morales en la avenida de Miquel Blay, obra del gran arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner, quien se encargó, entre otros, del Palau de la Música Catalana (Barcelona) o la Universidad Pontificia de Comillas en Cantabria. Eso sí, de la Casa Solà Morales nos tenemos que conformar con el exterior. Aunque no es poco. La galería superior, con doce columnas decoradas y un tejadillo en azulejos, así como la espléndida balconada de la planta baja (que recuerda tanto a Gaudí) con las dos cariátides que modeló el escultor Eusebi Arnau, son motivos más que suficientes para hacer en Olot una parada necesaria en cualquier escapada a La Garrotxa que se precie.

Casa Solà Morales de Olot (La Garrotxa, Girona)

7. Una amplia propuesta de turismo rural (y familiar)

Olvidémonos de hoteles horteras de muchas plantas con fachadas impersonales donde reina el hormigón y el escaso gusto estético porque encontrarlos se antoja muy difícil. En La Garrotxa nada mejor que hospedarse en una casa u hotel rural con encanto, en mitad de la naturaleza, de esas con olorcillo a chimenea y ristras de ajos y embutidos caseros colgados en la cocina. Allí el concepto visual que todos tenemos de Casa Tarradellas por el anuncio de televisión es una gran verdad. De hecho este famoso spot (en su versión de pizza en familia) se grabó en Mas Garganta, una masía de La Pinya (entre Olot y Riudaura) del siglo XIV que es precisamente una de las casas rurales más acogedoras y auténticas de la comarca de La Garrotxa (De hecho, tuve la suerte de alojarme allí en mi primer viaje por la zona).

Mas Garganta (La Pinya, La Garrotxa)

En Joanetes El Ferrés no decepciona, sino todo lo contrario. Te hace sentir en casa. Con las vacas merodeando por los pastos de alrededor (puesto que sigue funcionando como masía tradicional además de alquilar habitaciones) y la sonrisa de su propietaria Carme, está muy preparada para acoger huéspedes que vienen solos o hacen turismo familiar. Al oriente, cerca de Santa Pau y de la localidad de Mieres, Cal Carreter es todo un remanso de paz. Y sus dueños pueden ser tus propios guías en La Garrotxa.

Cal Carreter (Mieres, La Garrotxa)

Esas son sólo algunas de las muchas propuestas para los amantes del turismo de naturaleza, cultural y activo. De los de venir a leer un libro o salir con la bicicleta a perderse por solitarios caminos. Muy para familias con distintas formas de plantearse una escapada.

Casa Rural El Ferrer (Joanetas, La Garrotxa)

8. La suculenta cocina volcánica

Cuando en Francia hablan de terroir para defender los productos agrícolas y ganaderos nacidos de un territorio determinado, en La Garrotxa concretan más aún si cabe para ensalzar el concepto de Cuina Volcànica (Cocina volcánica). Si a esta comarca se la considera el vergel de Cataluña lo es, en gran medida, por su particular climatología y, por supuesto, por las propiedades de un suelo dentro de una zona afectada por ancestrales acometidas volcánicas. Ahora dormidas pero que le dieron “su toque” a una tierra privilegiada de mucho sabor.

Fessols (alubias) de Santa Pau (La Garrotxa)

La red de restaurantes de la asociación Cuina Volcànica (www.cuinavolcanica.cat/es) agrupa actualmente diversos restaurantes de la comarca con el objeto de ensalzar y promover los valores de los productos de la tierra. Uno de los estandartes alimenticios de este concepto gastronómico son las alubias de Santa Pau, las deliciosas fessols, de pequeño tamaño y delgada piel que forma parte de muchas recetas de La Garrotxa.

Restaruante Cúria Reial de Besalú (Exponente de la Cocina Volcánica de La Garrotxa)

Restaurantes como Cúria Reial en Besalú (en la foto de arriba), Can Xel, en la carretera entre Santa Pau y la Fageda d’en Jordà, L’Hostalet en Hostalets d’en Bas o La Quinta Justa en Olot son algunos de los adalides de esta forma de defender los buenos productos del territorio. Una manera deliciosa de vivir también un viaje a La Garrotxa, ¿no creéis?

9. Un destino para los amantes del turismo activo

La Garrotxa es una comarca hecha para los amantes del turismo activo. Ideal para montar en bicicleta, a caballo, surcarla en globo o salir a caminar sin más. De hecho cuenta con una red de senderos con más de 2500 kilómetros conocida como Itinerànnia que recupera los caminos históricos que unían los pueblos de el Ripollès, La Garrotxa y el Alto Ampurdán (L’Alt Empordà). Así que más vale llevar buenas botas y disposición para perderse por estas vías. Sin olvidar, por supuesto, que por la comarca pasa el tramo catalán del Camino de Santiago. Y sus huellas medievales, como ya hemos comentado antes, son abundantísimas.

No fue en La Garrotxa sino en el Alto Ampurdán, concretamente en Empuriabrava, donde salté por primera vez en paracaídas o probé a flotar en el adrenalítico túnel del viento. Pero esa es otra historia a 40 km al este de Besalú…

10. Colección de piscinas naturales en La Garrotxa

La Garrotxa tiene costa pero no es por el mar Mediterráneo precisamente, que queda a casi una hora, sino por la enorme colección de piscinas naturales en ríos, cascadas y pozas. Hay decenas de ellas, ideales para refrescarse cuando llega el verano y el sol aprieta con saña. Unas más accesibles y otras más escondidas para las que hace falta caminar. Surge el concepto de La Garrotxa al fresco para darse un gustazo en, por ejemplo, la serie de pozas de riera de Sant Aniol d’Agulla en Sadernes. O cerca del Molino de Sala, pasado el pueblo de Sant Esteve, con la famosa garganta del diablo. Pero también se puede hablar de bañarse bajo el puente de Llierca en Montagut-Tortellà o a pocos metros de Sant Privat d’en Bas, que cuenta con varias piscinas naturales para elegir.

Piscina natural de La Garrotxa (Girona)

Estas han sido algunas razones para viajar a La Garrotxa y descubrir lo mucho que tiene para ver y hacer en esta comarca de carácter volcánico pero donde, a la vez, prima la sencillez de las cosas. Un destino vibrante para todo tipo de viajeros a quienes les deja clavadas de por vida unas ganas tremendas de regresar…

Sele en Sant Privat d'en Bas (La Garrotxa, Girona)

¡Salud y viajes!

Sele

PD: No os perdáis todos los artículos dedicados a Cataluña en este blog. Ni la sección general titulada RINCONES DE ESPAÑA con información sobre un montón de lugares increíbles que tenemos más cerca de lo que parece.

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