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Cuando ya había estado observando las paredes más verticales y estrechas de las famosas Gargantas del Todra, dentro de mi viaje en solitario por Marruecos conduciendo una Kangoo alquilada, tuve la curiosidad de seguir un poco más la carretera desgastada y llena de baches que iba serpenteando de la misma forma que lo hacía el río. Cada metro que avanzaba, o mejor dicho, cada metro que me tocaba esquivar un boquete en un asfalto casi inexistente, me iba dando cuenta que ya me había salido de la parte más turística de la zona y me estaba metiendo donde ni yo mismo me esperaba. La carretera iba subiendo cada vez más hasta estar a una altura media de 1700 metros y quedarse un paisaje de montañas rojas y peladas, con brillo de las nieves del recién estrenado invierno. La fiebre de la última noche y el frío que había pasado en esa habitación sin calefacción del Hotel Jasmina le habían dado el relevo a la liberación de adrenalina y a la conciencia de que venía una bonita aventura por delante. La improvisación había vencido una vez más a la planificación. Por delante estaban por llegar las imágenes más auténticas e imborrables del que fuera mi primer viaje a Marruecos. Conduciendo por los caminos del Atlas Medio, extinguida del todo la cobertura de mi teléfono móvil, me animé a no seguir un rumbo fijo y quedarme en los detalles que me iría encontrando, y que serían muchos.

Realizar una ruta bereber entre montañas, pueblos de adobe y pastores con turbante me dio una nueva lección de que lo más apasionante de viajar es, además de aprender, es perderse y salirse de los caminos más trillados.
Observar desde la ventana cómo íbamos avanzando en ese sendero de olas azules que pintaba el mar era una de mis mayores aficiones en el Costa Fortuna. En este barco de vastas dimensiones se podían hacer muchas cosas, pero la esencia la encontré en el movimiento, en la incuestionable compañía del mar en proa y en popa, a babor y a estribor. Todo lo demás me resultaba secundario, un mero acompañamiento a mi primera experiencia en un crucero transatlántico que se dirigía a Brasil y en el que pude completar una ruta realmente interesante como era la de ir de Barcelona a Tenerife deteniéndonos en ciudades como Málaga y Casablanca. Como ya he dicho en alguna ocasión, no voy a pasar ahora a ser el mayor defensor del viaje tipo crucero, porque por el momento no se ha convertido en mi forma preferida de viajar, pero sí voy a narrar las sensaciones buenas y no tan buenas que me produjo el que para mí fue un placentero experimento en alta mar.

Viajar en crucero durante varios días me ha permitido divagar, descansar y, a su vez, ofrecerme un hálito de sensatez ante una afición que engancha a muchas personas que con orgullo se declaran “cruceristas”, y que a otras no les ha logrado seducir del todo. Leer el resto de esta entrada »
Reconozco que nunca he sido muy amigo del viaje tipo Crucero, quizás porque soy demasiado culo inquieto, porque las olas me marean a rabiar y porque cuando he tenido la ocasión quizás he preferido lanzarme a otro tipo de aventuras en escenarios digamos que más abiertos. Pero siempre hay una primera vez para todo y las cosas, antes de juzgarlas, hay que probarlas. Por eso cuando la gente de Costa Cruceros me ofreció embarcarme en su mastodóntico barco Costa Fortuna para hacer un viaje por mar entre Barcelona y Tenerife, pasando por Málaga y Casablanca, y mostrarme en detalle cómo va a ser su programa en 2013, me animé y dije que sí. A este tipo de historias se le conoce como Famtrip, que es algo así como un viaje de familiarización en el que acuden agentes de viajes, prensa y en esta ocasión, bloggers de viajes, a quienes les hacen conocer en profundidad “un producto determinado”, en este caso una experiencia en una embarcación de la Compañía. Así que allá que nos vamos…

Desde hoy viernes hasta el próximo miércoles experimentaré mi primer crucero, esperaré amigos en cada puerto al que bajemos y, por supuesto, me ocuparé de contároslo en detalle a través de las redes sociales y del propio blog.

El indómito Atlántico rompe sus olas en los muros defensivos que los portugueses alzaron hace siglos para proteger la ciudad de piratas y demás embestidas procedentes del otro lado del estrecho. Las costas españolas, demasiado cerca para ser imposible la paz en tiempos complicados, eran la referencia de los conquistadores lusos que se hicieron fuertes en la antigua Arcila, ahora llamada Asilah. Aunque ellos serían uno de muchos que pasaron por esta ciudad frecuentada desde antiguo por fenicios, cartagineses, romanos y los propios árabes, que le dieron la forma definitiva. Más adelante los españoles unirían este nudo de comunicaciones a su protectorado de Marruecos dejando ligeros toques de su presencia. En unas calles laberínticas vestidas de blanco y azul de la medina más bella del Atlántico (competiría con Essaouira, con la que guarda cierto parecido) los aires de bohemia y vanguardia de principios del Siglo XX en el norte del país alauíta, y más concretamente en Tánger, recubren de arte, poesía y pintura las paredes de las casas que aguardan el brillo del Sol cada mañana. Allá, donde el pescado más fresco vuelve en pequeños botes cada mediodía, sigue deteniéndose el tiempo en la paz de unos callejones bordados de silencio, abrazados por una muralla que los protege de sí mismos más que del propio Océano.

Asilah parece un rincón lejano del mundo, pero está más cerca de lo que todos nos imaginamos. El bajo coste de los vuelos nos permitió hacer una breve incursión de fin de semana a esta ciudad del Marruecos más septentrional separada de Tánger por apenas cuarenta minutos de playas aún vírgenes (aunque por poco tiempo). Si queréis saber más de ella, quitáos vuestros relojes, olvidaros de las prisas y acompañadnos por sus calles durante un instante. Leer el resto de esta entrada »
Dicen que no hay quinto malo y este fin de semana lo comprobaremos en uno de mis países talismán, Marruecos. Creo que nunca me cansaré de volver a poner los pies en alguna de sus laberínticas medinas, de escuchar las voces que los alminares propagan por todos y cada uno de los callejones, por todas y cada una de las montañas o incluso en lo inhóspito de un desierto. El más cercano de los viajes lejanos tiene siempre a Marruecos como protagonista, uno de los pocos lugares que pueden hacernos escapar en menos de dos horas de vuelo y llevar a nuestras almas a caminar por otro ritmo mucho más pausado, pero a la vez más vibrante. La facilidad del bajo coste nos hará saltar al otro lado del Estrecho y situarnos en el país alauíta para olvidarnos de la rutina e incluso de nuestros nombres. Al son de las olas Atlántico chocando sobre las casas blancas envueltas en murallas de conquista, descubriremos la ciudad de Asilah, situada a 46 km. de Tánger cuya personalidad forma parte de la riqueza cultural e histórica de el Marruecos que los viajeros tanto amamos.

Y porque cualquier excusa es buena para regresar a Marruecos, sin importar haber estado apenas unos meses antes en la ciudad azul de Chaouen, aparece en el cercano horizonte un fin de semana en el que trataremos de saborear al máximo los secretos y vivencias que nos deparará esa Asilah de la que tantas maravillas he leído y escuchado. Leer el resto de esta entrada »
Cierro los ojos y me pongo a rebuscar en el baúl de los recuerdos aquellos lugares de Naturaleza Pura que he tenido la suerte de disfrutar a lo largo de los viajes realizados hasta el momento. Un millón de imágenes pasan por mi cabeza a toda velocidad, se mezclan las unas con las otras sin solución de continuidad, a fogonazos. De pronto creo aspirar un aire limpio y fresco y escucho de lejos cómo el agua golpea las rocas y un grupo de elefantes emiten un barrito estruendoso que rebota dentro de mis oídos. Me pierdo en las sensaciones que esta Tierra maravillosa me ha proporcionado. No existe la ciudad, ni las prisas y todo sigue su curso natural. Las imágenes que antes veía de forma fugaz ahora las tengo delante de forma nítida. Pertenecen a los cinco lugares Naturales que más me han entusiasmado en mi vida.

Cinco tesoros de la Naturaleza que estaban ahí mucho antes que nosotros, los cuales permanecen vírgenes pero que a su vez esperan que el Hombre no les ponga la mano encima. Todo parte de una lista que es y será imperfecta aunque tenga más vidas que un gato, porque son tantas las maravillas natuales que ni la inmortalidad valdría como garantía para presenciarlas todas. Pero allá va un intento de recopilar las mías. Leer el resto de esta entrada »

Existe un lugar capaz de trasladarte a otro tiempo, en el que la prisa no está ni se la espera porque dicen que mata, y que trastoca tu ritmo y tus latidos del corazón lo quieras o no. Es un Reino de calles azules y blancas, sobre todo azules, que te persiguen con sus estrecheces y juegan contigo para perderte en su laberinto de siete puertas. Cuando cae la tarde y los carpinteros rematan sus últimos trabajos, un olor proveniente de finas pipas de madera abandona las puertas entreabiertas y se cuela por los callejones para perfumar las paredes que esconden el azul del cielo hasta la mañana siguiente. El ruido de tambores de la Plaza se vuelve hueco cuando choca con las pieles curtidas que cuelgan de las azoteas. Las almenas de la Kasbah salen reforzadas de esta armonía de colores y recuerda las fortalezas y debilidades de un pueblo como ningún otro. Quizás cuando abandones este lento caminar por cuestas y recovecos te darás cuenta que nunca debías haberte marchado.

El Reino Azul no es Mitología ni Novela. Se encuentra en Marruecos, escondido en las faldas de las escarpadas montañas que siluetean la Cordillera del Rif y más cerca de lo que uno se podría imaginar. Su nombre es Chaouen y se clava en tus ojos y en tu piel como un tatuaje que no tiene vuelta atrás. El último fin de semana, utilizando Tánger como salvoconducto, nos fuimos a perder y a enamorar de este lugar que no tiene parangón. Y que por suerte para todos…existe. Leer el resto de esta entrada »
Las provisiones de té a la menta de Marruecos se terminaron. Ni si quiera logramos escuchar el canto de las mezquitas ni podemos oler ese reconocible aroma procedente de la planta del cannabis que tanto da que hablar en las montañas del Rif. Será entonces que se ha roto el hechizo de Chaouen y que otra vez más nos encontramos en Madrid inmersos en una intensa a la vez que aburrida jornada laboral. Como la cenicienta y su zapato, habrá que esperar a que la magia regrese de la mano de un nuevo destino, de una nueva ilusión que encaje a la perfección. Esta vez serán Uzbekistán y las Repúblicas Bálticas las que tengan nuestra total atención. Quedan más cerca las cúpulas de Samarkanda, pero el mejor aperitivo de unas sensaciones que prometen ser extraordinarias ha venido de la mano de ese laberinto blanquiazul llamado Chaouen, en Marruecos, prácticamente a un paso de las revueltas aguas del estrecho que separan dos países muy diferentes.

Como apenas acabamos de aterrizar desde Tánger, voy a recopilar todas las fotografías que han venido por el camino para preparar un relato casi inmediato de mi cuarto viaje a Marruecos y lo que ha logrado transmitirnos una ciudad como Chaouen. Os emplazo, por tanto, a dicho escrito y aprovecho para comentaros en este post alguna que otra cosa que no quería pasar por alto. Leer el resto de esta entrada »
26 euros ida y vuelta en avión a Marruecos con Easyjet… y facturando una maleta, es un chollo que no se puede dejar escapar. Con motivo de las revueltas en los países musulmanes hace unos meses hubo una cierta inquietud con lo que podía suceder en determinados países, entre ellos Marruecos. Eso hizo que mucha gente pospusiera sus intenciones viajeras y que encontrásemos casi sin proponérnoslo un precio realmente bueno para pasar un fin de semana en el que es indiscutiblemente uno de mis países preferidos. Volamos desde Madrid a Tánger en la tarde del viernes 10 de junio y regresamos desde esta ciudad el domingo 12 por la noche. Excusa perfecta para regresar por cuarta vez al país alauita y conocer por fín dos ciudades como son Chaouen y Tánger, de las que tanto he leído y tanto deseo tengo de ver desde hace ya mucho tiempo.

Tengo predilección por Marruecos y este fin de semana pasearemos por estas dos perlas norteñas, haremos algunas compras, saborearemos lentamente cada sorbo de té a la menta como si fuera el último y disfrutaremos como enanos del que siempre me ha parecido “el más cercano de los viajes lejanos” que podemos hacer desde España. Leer el resto de esta entrada »





















