Los Saltos del Monday, desconocida joya natural de Paraguay

En el mundo hay rincones sumamente extraordinarios de los que nunca o casi nunca se habla, que por alguna razón carecen de la publicidad de otros grandes lugares y que terminan siendo un auténtico regalo para quien llega hasta ellos. Tuve la suerte de que en Paraguay, muy cerca de la frontera con Brasil (Foz do Iguaçú) donde me estaba quedando a dormir para recorrer en varios días las fabulosas Cataratas de Iguazú, descubriera un tesoro natural magnífico en el que no me encontré un solo visitante. Se trata de los Saltos del Río Monday, el cual, antes de desembocar en el gran Paraná, cae estrepitosamente más de cuarenta metros rompiéndose en un lejano vacío de bruma y vapor. El estar a no muchos kilómetros de una de las 7 maravillas naturales del mundo forma la pared que lo hace invisible a la mirada del turismo, pero en el fondo es su mayor baza, y los viajeros encuentran premio seguro en lo que precisamente le falta a Iguazú, la soledad. De esa forma cuando llegué pude disfrutar de estas espectaculares caídas de agua sin más compañía que la de los pájaros o la del rumor quebradizo que se genera en semejante estallido de naturaleza. Sin duda mereció la pena salirse de las rutas marcadas una vez más y echar por tierra ese muro de desconocimiento nacido por tener un hermano mayor mucho más famoso.

Saltos del Monday (Paraguay)

A continuación os contaré más acerca de esta maravilla natural paraguaya y cómo pude llegar hasta ella. Sin duda una opción más que interesante para quienes tengan pensado estar un tiempo visitando Iguazú y quieran ir un poco más allá. Paraguay está casi al lado esperando a que paséis a conocerla y los Saltos del Monday son una gran oportunidad de darle un primer pellizco al país guaraní. Leer artículo completo ➜

Galena, el pueblo con más encanto del Estado de Illinois

Estando en Chicago y a falta de previsión ante el siguiente paso que íbamos a dar, terminamos decidiendo el último día y a última hora que nos alquilaríamos un coche en el aeropuerto y nos perderíamos por la Great River Road, una carretera escénica con mucha historia, que va bordeando todo el río Mississippi. No teníamos tiempo para hacerla completa, desde Nueva Orleans hasta prácticamente Canadá, pero sí de seguirla a través de tres estados norteamericanos como Illinois, Iowa y Wisconsin, sobre todo la primera. Teníamos ganas de vivir la América profunda, esas huellas de los colonos que en el Siglo XIX fueron avanzando paso a paso marcando el gran Mississippi como una de sus lindes. De esa manera nace uno de los pueblos más históricos no sólo de Illinois, sino de los Estados Unidos de América, cuyo nombre es Galena puesto que por la zona se extraía ese mineral grisáceo que se utilizaría más adelante para hacer posibles las primeras radios de la Historia. La ciudad histórica de Galena, según los estadounidenses, aunque tenga una población que no llegue a las 4000 personas, parece haberse detenido en la primera mitad del Siglo XIX y hoy en día es una de las poblaciones más bellas del país. Y fuera de sus fronteras una de las menos conocidas, por lo que permanece en ella ese aire que la hace única y que embelesa al viajero en cuanto cruza por uno de sus puentes o entra a alguna de esas tiendas de antaño con el cartelón de la puerta tan bien puesto.

Galena (Ilinois, Estados Unidos)

Por sus mansiones de película, sus automóviles clásicos aparcados en la calle, los comercios encantadores de Main Street, las historias de fantasmas que recorren cada casa y el saberse uno de los destinos más interesantes que se pueden hacer viajando desde Chicago, Galena se convirtió para nosotros de la noche a la mañana en una de las mejores sorpresas que destapamos en nuestro paso por los Estados Unidos. Leer artículo completo ➜

¡Esta carretera es un infierno!

No sé si aquella era la peor carretera del mundo, pero seguro que al menos se le parecía mucho. En Bolivia, el país de la conocida como “Carretera de la muerte” por sus estrecheces y sus acantilados poco seguros entre La Paz y las Yungas, se habla bastante de la peligrosidad de las vías incluso en documentales emitidos en Televisión. Pero esa tan célebre no era la ruta a la que me refiero. Mucho más al norte, entre Rurrenabaque y Santa Rosa, solitarias localidades bolivianas que se resguardan entre selvas y pantanales que preludian la Amazonía, me hallé en un contexto de barro y mucha agua, de decenas de vehículos atrapados durante días, de rabia e indignación de quienes no podían salir de allí porque se habían quedado clavados en un camino inexistente. Las lluvias torrenciales de la última noche convirtieron nuestra ruta en un lodazal, en un terreno de arenas movedizas en las que había que tener verdadera destreza para lograr avanzar unos pocos metros.

Carretera de Santa Rosa en Bolivia

Esta carretera fue un infierno que tuvimos que recorrer tanto para ir como para regresar de nuestro destino, las Pampas de Río Yacuma, el Pantanal de Bolivia. Hubo que bajar al barro y pringarse, pero nos lo tomamos con muy buen sentido del humor porque sólo con cierta actitud las cosas que parecen imposibles dejan de serlo. Leer artículo completo ➜

10 lugares que ver en un viaje a Bolivia

Érase un país llamado Bolivia capaz de enarbolar la esencia de la Sudamérica más pura y genuina. Es en este lugar donde el viento andino revuelve la arena del desierto contra las cimas de viejos volcanes nevados mientras repican las campanas de una iglesia de fachada barroca colonial con santos cristianos esculpidos junto a Inti, el Dios Sol en la mitología inca. Las lenguas que se hablan en los senderos vienen de muy atrás en el tiempo, aunque terminan encontrando en el castellano ese fondo común en el que comunicarse con el viajero, ya sea en un terreno donde pastorean las llamas y las alpacas o incluso en la calle más rocambolesca de La Paz. Este disparate de paisajes, ciudades y pueblos removidos por el soroche sube y baja montañas infinitas de la cordillera de los Andes hasta llegar a los ríos que empapan la Amazonía, ese pulmón que oxigena tanto a al continente como al mundo. Como veis, son razones más que suficientes para que tenga a Bolivia en mi recuerdo como uno de los destinos viajeros más increíbles y emocionales en los que he estado en toda mi vida.

Mujeres y niño en San Francisco (La Paz, Bolivia)

Voy a contar algunos de los lugares que ver en un viaje a Bolivia, los cuales me parecieron imprescindibles para una primera aventura en el país andino. Una lista de 10 imprescindibles bolivianos donde vivir (pero, sobre todo, sentir) la espectacularidad y autenticidad de un destino que merece la pena hacer por tu cuenta.

Leer artículo completo ➜

El instante viajero XVI: La mirada de los moáis

Moáis de Isla de Pascua

Hay que ver lo que cuesta sostenerle la mirada a un moái. Cuando te sientas frente a un grupo numeroso en el altar más impresionante de Isla de Pascua, Ahu Tongariki, con el océano a sus espaldas y a miles de kilómetros las costas chilenas, te das cuenta de que allí únicamente mandan ellos. Los moáis elaborados con piedra volcánica arrancada al Rano Raraku parecen recrear la figura de los ancestros de una aldea o tribu determinada. A pesar de que la isla es bien pequeña, había diversos grupos que no debían estar muy bien avenidos entre ellos, razón por la cual cuando el primer europeo llegó a Rapa Nui se encontró con todos los moáis (y eran cientos) tirados al suelo como si fuesen los últimos muertos de una guerra perenne. Leer artículo completo ➜

De ruta en Quetzaltenango, la Guatemala de sangre caliente

Quetzaltenango es de sangre caliente. No sólo porque su suelo esté en constante ebullición al encontrarse en una zona esencialmente volcánica, sino también por una rebeldía innata mantenida por las tres cuartas partes de población de origen indígena. Cuentan que éste fue era lugar de quetzales y de ahí deriva su nombre, aunque a los guatemaltecos les gusta llamarlo Xela derivando en quiché a Xelahú. Hoy en día, además de la segunda ciudad en importancia de Guatemala tras la capital, es el nombre de un Departamento o provincia en que viajar resulta una experiencia fabulosa, quizás por ser mucho más íntima e inédita. Y es que posee lugares nada masificados en los que la autenticidad y su carácter nativo te capturan a través de sensaciones no descritas en multitud de libros de viajes. Por eso precisamente recorrer Quetzaltenango es una continua sorpresa en la que siempre se parte con cierta ventaja.

Escena en el Mercado de Almolonga (Guatemala)

Enmarcado en el último viaje a Guatemala me aventuré a conocer algunos de los lugares que hay que ver en Quetzaltenango, en la amable y vaporosa Xela, donde el término “típico” tiene sólo una connotación local. A continuación describiré los movimientos de una ruta que quizás pueda servir a otros viajeros que deseen profundizar en ciertos rincones de Guatemala cargados de verdad.

Leer artículo completo ➜

El instante viajero XIV: La cola de la ballena

Cola de ballena en el Estrecho de Magallanes

El agua fría del Estrecho de Magallanes viene a mezclar Atlántico y Pacífico con la brisa antártica perfumando un sendero imaginario. En este área de islotes vírgenes y glaciares donde lo mismo planea un cóndor que aparece nadando una familia de leones marinos o se distingue el color blanquinegro de varios pingüinos, todo puede suceder. Esta riqueza atrae además a aquellas ballenas jorobadas que, en su tránsito hacia la Antártida, se detienen a proveerse de nutrientes durante el verano austral. De hecho se dice que la que prueba las aguas del Estrecho de Magallanes nunca regresa a el continente de hielo y escoge de por vida hacer acopio de alimento en este lugar. Aunque durante décadas la industria ballenera acabó con todas las ballenas que venían hasta aquí, la lógica y nueva mentalidad de conservación medioambiental devolvió ese carácter sagrado al mamífero más grande del mundo, convirtiéndolo en monumento natural e impidiendo su caza. Los efectos se notaron enseguida. Años después de desaparecer el último barco ballenero en aguas patagónicas las ballenas retornaron a su despensa favorita. Por eso, cada vez que uno ve emerger la cola de una ballena jorobada en ese corredor acuático que ayudó a Fernando de Magallanes a esquivar el maldito Cabo de Hornos, es posible volver a creer en que no todo está perdido en nuestro planeta.  Leer artículo completo ➜

50 consejos prácticos para viajar a Galápagos por tu cuenta

Cuando puse mis pies en islas Galápagos por primera vez sentí que acababa de cumplir un sueño. No podía creerme que por fin había llegado a uno de los destinos de naturaleza más abrumadores de todo el planeta. Y mi estancia allí no supuso menguar un ápice mis expectativas, ya que aquello me pareció aún más impresionante de lo que me hubiera podido imaginar. Siempre me había preguntado si era posible viajar a Galápagos por tu cuenta sin dejarte un riñón en el camino, a la que hoy día puedo responder con un SÍ rotundo y en mayúsculas. Habiendo reposado el regreso y tomado notas de todo lo sucedido en esta aventura maravillosa entre leones marinos, tortugas gigantes y tiburones es momento de que ponga mi granito de arena y pueda aportar información lo más útil posible para que otros viajeros puedan tenerla en cuenta a la hora de visitar las islas encantadas. Para ello he recopilado una lista de 50 consejos útiles para viajar a Galápagos por tu cuenta, con los cuales poner un poco de luz a un destino tan especial.

Iguana de Santa Fe (Galápagos)

Cuál es la mejor época para ir a Galápagos, cómo moverse, qué ver y hacer, precios, excursiones imprescindibles, vacunas, precauciones a tener en cuenta y, en definitiva, múltiples temas de interés a la hora de preparar un viaje al archipiélago en el que Charles Darwin se basó para elaborar su reconocida teoría de la evolución de las especies. Tomad papel y lápiz, que aquí viene una pila de consejos prácticos para viajar por libre a Galápagos que debemos tener presentes. Leer artículo completo ➜

El parque de las iguanas de Guayaquil

Iguana en el Parque de las Iguanas (Guayaquil, Ecuador)

En Guayaquil, la ciudad con mayor población del Ecuador, los mapas nos llevan al parque Seminario o incluso a veces a Plaza Bolívar, pero cierto es que muy pocos se refieren a dicho lugar con estos nombres. Para locales y turistas el recinto ajardinado que se sitúa frente a la fachada de la catedral metropolitana es y será por siempre el parque de las iguanas. Y no por una cuestión baladí o un capricho de cualquiera. Es la pura realidad que en en pleno centro histórico de Guayaquil el parque más conocido y frondoso sirve de residencia estable de enormes iguanas que conviven plácidamente con los viandantes de la ciudad y con una estatua ecuestre del libertador Simón Bolívar. Nadie sabe a ciencia cierta desde cuándo están allí pero es un hecho que se han convertido en las dueñas de la que durante el siglo XVII, en pleno período colonial, fuese la Plaza de Armas.  Leer artículo completo ➜

El cementerio de los trenes olvidados de Uyuni

Esqueletos de locomotoras y vagones esparcidos por el gélido suelo del altiplano, amasijos de hierros oxidados que se retuercen en su propio abandono, en su propia indiferencia… Una vez hubo una línea de ferrocarril en Bolivia, inaugurada en el último suspiro del Siglo XIX, que comunicó Uyuni con Antofagasta (ahora chileno) y que sirvió para transportar minerales como estaño, plata e incluso oro. Durante décadas fue un símbolo del progreso que parecía tocar al pueblo boliviano con la yema de los dedos pero con el tiempo y la pérdida en la guerra de su única porción de mar, resultó que no fue así y que las máquinas que se llevaban a arreglar cerca de la Estación de Uyuni, la primera del país, no volvieron jamás a deslizarse sobre raíles ni a despedir humo de sus gruesas chimeneas. Hoy el óxido decolora las piezas desgastadas de una esperanza en el conocido como Cementerio de los trenes olvidados.

Tren oxidado de Uyuni (Bolivia)

La visita al cementerio de trenes de Uyuni es una de las opciones más interesantes para el viajero romántico al que le gusta ir siguiendo las huellas de un pasado no tan lejano. Leer artículo completo ➜

Cayos Zapatillas, el lugar donde comenzó Supervivientes

En el nordeste de Panamá el mar Caribe detiene la fuerza de sus olas para quedarse completamente quieto. Las aguas, como si se hubiesen paralizado de repente, dejan ver unos fondos turquesas deslumbrantes, mecidos únicamente por infinidad de peces de colores y delfines atraídos por la riqueza de los corales. Las tortugas anidan en playas vírgenes de arena blanca que se escapan de la frondosidad de las selvas tropicales que les dan abrigo. Allí es donde nace el archipiélago de Bocas del Toro, uno de los mayores paraísos que nos deja la costa panameña, en cuyas islas no existe la prisa ni tan siquiera el tiempo. Lejanos de todo, prácticamente en un extremo, se vislumbran tímidamente dos minúsculos cayos que no están habitados más que por las aves, los cangrejos y algún que otro reptil. Son los Cayos Zapatillas, los cuales sintetizan en sí mismos toda esas historias de náufragos, robinsones varios y tesoros escondidos en la playa por piratas con parche en el ojo y pata de palo.

 Cayos Zapatillas (islas de Supervivientes en Bocas del Toro)

Llegamos al Cayo Zapatilla Mayor en la lancha motora del capitán Jeff, con quien habíamos partido de Isla Colón, para poder darnos un buen baño y hacer snorkeling en el lugar donde se rodó el primer “Supervivientes” que se emitió por televisión en España. Sin más compañía que la del mar y los cocoteros nos sumergimos dentro de una isla completamente desierta en la que sólo cabía suspirar y confirmar que definitivamente era real.  Leer artículo completo ➜