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10 de agosto: TRAS LA PISTA DEL DOCTOR LIVINGSTONE … SUPONGO

«Los ángeles tienen que detener su vuelo para ver un espectáculo como éste» dijo David Livingstone un soleado día de 1855 cuando después de semanas navegando por el río Zambeze se encontró de lleno con las asombrosas cataratas a las que los indígenas denominaban Mosi-oa-Tunya, que quiere decir “El humo que truena”. El explorador que abrió más rutas en África y que asistió a las atrocidades colonizadoras que se estaban cometiendo en el continente quiso dignificar a la Reina Victoria poniéndole su nombre a una de las más impresionantes caídas de agua que se pueden ver en el mundo junto Iguazú, el Salto del Ángel o Niagara Falls. No fue su único descubrimiento (para Occidente me refiero) pero sí el más sonado, lo que le otorgó una gran fama en el que entonces era el Imperio Británico. David Livingstone vivió por África y murió por África, permaneciendo incluso desaparecido durante varios años hasta que David Stanley, enviado por New York Herald, le encontró muy enfermo y solo a orillas del Lago Tanganica y le dedicó una de las frases más célebres de la historia cuando después de una difícil expedición de búsqueda le tuvo por fín cara a cara: “Doctor Livingstone, supongo.”

8 de agosto: ATRAPADOS EN EL CHOBE (POR SEGUNDO DÍA CONSECUTIVO)
La agitada noche de las hienas, el leopardo y el elefante rompe-árboles había pasado una gran factura a la cohesión del grupo. El estar allí tirados sin una solución cercana a la vista hizo revivir tensiones y situaciones de nerviosismo en que se dijeron palabras que no se sentían realmente. Pero esto era una cuestión del momento, de querer pagar el pato con recriminaciones sobre lo que se debía haber hecho previamente o lo que se debería hacer después. Todo eso era lógico hasta dentro de un punto porque en medio de África sólo nos teníamos a nosotros mismos que estábamos las veinticuatro horas del día juntos desde hacía ya una semana.
En los viajes siempre hay momentos muy buenos (picos) y momentos menos buenos (valles). Cuando se está en “un valle” con un grupo donde cada uno es de su padre y de su madre es sencillo que rebroten las diferencias entre los miembros, y en realidad la solución es muy fácil teniendo paciencia y haciendo piña, sintiéndose todos partícipes de un mismo objetivo. Y ese no era otro que salir de allí, algo que para nada dependía de nosotros.


7 de agosto: NOCHE DE HIENAS

“No podía asimilar que estuviera viviendo la noche más impactante de mi vida. Nunca me sentí tan rodeado, tan observado tras los oscuros árboles. Cuando aquellos ojos brillantes se acercaron hacia nosotros pensé que habría un antes y un después. Todos estábamos allí de pie inmóviles. Ella era la única que llenaba todo el espacio y cada paso que daba nos sentíamos un poco más pequeños, más vulnerables, más solos. ¿Quién me iba a decir a mí horas antes que teníamos que pasar la noche en aquel lugar tan sombrío?. Continuó viniendo hacia nosotros lentamente, sin quitarnos el ojo de encima. Todos absolutamente quietos, escuchando únicamente nuestros latidos. Parecía que estuviese contando cuántos éramos, dónde estábamos ubicados cada uno de nosotros. Parecía que estuviese oliendo su comida…”

6 de agosto: DE SAFARI EN EL COTO DE MOREMI
Safari es una palabra proveniente del swahili que significa “viaje”, aunque muy pocas personas conocen esta acepción original. Más conocida es la que se utilizó tanto en el Siglo XIX como a principios del XX para referirse a aquellas expediciones de colonos blancos en África que tenían como objetivo máximo cazar toda clase de animales exóticos, cuyas cabezas eran tratadas como verdaderos trofeos. Hay que “agradecer” a estos cazadores, entre otros muchos, la estrepitosa merma de la fauna africana hasta el límite mismo de la extinción.
Afortunadamente el significado de safari en nuestros días ha variado para reducirse casi de forma exclusiva a meras
expediciones de viajeros cuya inocente misión es avistar y, por supuesto, fotografiar a las distintas especies que habitan los Parques y Reservas de Naturaleza. Normalmente los safaris suelen ser organizados y estar encabezados por guías locales que conocen el terreno y tienen una mayor capacidad de encontrar “las piezas” de esta caza fotográfica. Pero en casos como en el viaje que estábamos llevando a cabo no había más guía que nuestros ojos ni más rifles que nuestras inocentes cámaras de fotos. Éramos nosotros los responsables de nuestro destino a través de los senderos de los distintos Parques del Sur de África y ver o no ver animales dependía del azar y, sobre todo, de la paciencia. Aunque en lugares como Moremi muy mal se tiene que dar la cosa como para no disfrutar de de una fauna rica y abundante en un entorno realmente hermoso.

5 de agosto: EL SILENCIO SALVAJE DEL MOKORO
Madrugamos para estar a las 8:30 en el Old Bridge Backpackers de Maun, hora y lugar donde estábamos emplazados para comenzar nuestra incursión acuática al Delta del Okavango. Allí nos esperaba un camión descubierto por los laterales, preparado para safaris terrestres, que sería el que nos trasladara hasta la orilla de uno de los canales. En el camping nos proveyeron de la comida pic-nic, aunque no estaba incluida la bebida. Ya nos habían avisado que el agua debíamos traerla nosotros. Y para una excursión de 8 horas de duración en un día soleado, no llevar agua hubiera sido un incómodo descuido.
El camión-safari nos dejó en la cabecera de un canal bastante caudaloso y allí nos pidieron que subiéramos a una enorme lancha motora para adentrarnos al comienzo del parque, a una parte ya alejada suficientemente de la población y así utilizar por fín las canoas.



4 de agosto: EL DELTA DEL OKAVANGO EN AVIONETA
Desde que el Río Okavango nace en una de las zonas más húmedas de Angola tienen que pasar más de mil kilómetros para que desemboque en la sequedad de un Desierto como el Kalahari. Este es un caso poco usual de creación de un falso delta interior, que además se expande en un área de sequedad casi extrema. En el noroeste de Botswana reside este fenómeno natural que abarca algo más de 16000 metros cuadrados bañados por una explosión de agua que da forma a cientos de lagunas, charcas e isletas interiores donde habita una gran cantidad de animales, muchos de los cuales viven totalmente aislados y en ocasiones pasan toda su vida sin avistar jamás a un ser humano.
El río Okavango no es precisamente uno de los más anchos y caudalosos, pero cuando derrama sus aguas en Botswana, lo hace con fuerza. Sus formas se asemejan a las de la copa de una palmera o incluso a la de un brazo que finaliza en una mano abierta. Los dedos (o ramas) representarían en los límites de un poderío fluvial que termina desapareciendo bajo la dura y seca tierra del desierto. Se podría decir del Delta que es el mayor oasis del mundo, una irrupción casi milagrosa de vida donde nadie la esperaba.


2 de agosto: TOMANDO PROVISIONES Y CORRIENDO A LA FRONTERA CON LOS LAND ROVER
Ahora sí que sí, por fín estábamos en África. Nuestro avión aterrizó a la hora esperada en Johannesburgo, que contrariamente a lo que muchos pueden pensar NO es la capital de Sudáfrica. Sí es la ciudad más poblada (7 millones de habitantes) y su Aeropuerto Internacional es el que más tráfico aérereo produce del continente, pero quienes mantienen rango de capitalidad son Pretoria (capital administrativa), Ciudad del Cabo (capital legislativa) y Bloemfontein (capital judicial). Aunque sí es Sede de la Corte Constitucional, probablemente uno de los órganos más importantes del país.


Hay experiencias que jamás se olvidan. Es más, las hay que se te quedan grabadas a fuego en la piel y en el corazón, y que forman ya parte de tu ser, de tu vida y de tu historia personal. Cuando uno vuelve de un viaje como este, cargado de vivencias únicas, no puede evitar sentir la necesidad de compartirlas con los demás, gritar a los cuatro vientos lo maravillosa que es la vida, y estar orgulloso de haber pertenecido por unas semanas a un devenir que siempre se había visto de lejos, por la pantalla de la televisón o por el negro sobre blanco de los libros. En este viaje africano no han sido las cámaras de National Geographic las que han captado el sigiloso descender de un árbol de un elegante leopardo, el aullido de hambrientas hienas en la oscuridad de un bosque impenetrable o la risa de unos niños emocionados de que extraños foráneos visiten su poblado. En esta aventura por el Sur del continente negro los protagonistas, los cámaras, los observadores, los conductores, los supervivientes… hemos sido ocho, con nombres y apellidos, quienes hemos tenido la fortuna de que nadie nos lo cuente.


En ningún viaje de los hasta ahora realizados he podido recopilar tal cantidad de anécdotas y de historias como en este del Sur de África. Ese es sin duda un claro indicador de que lo vivido en estos veinticinco días ha superado las generosas expectativas creadas y de que el Continente negro me ha dejado una huella imposible de borrar.

Con más de mil fotografías en las tarjetas de memoria de mi cámara de fotos, y aún con arena del desierto del Namib en mi ropa (literal), me siento hoy por primera vez desde mi vuelta en el ordenador para gritar con todas mis fuerzas que la AVENTURA vivida ha sido FANTÁSTICA, EXCITANTE, AGOTADORA, que he creído formar parte de un documental de National Geographic y que tengo muchas cosas que contaros.
* Fecha de inicio del viaje: 31 de julio de 2009
* Fecha de fin del viaje: 24 de agosto de 2009
* Países incluídos en la ruta: Emiratos Árabes Unidos (24 horas en Dubai), Sudáfrica (lugar de partida en África), Botswana, Zimbabwe (Cataratas Victoria), Namibia, Mozambique, ¿¿Swazilandia?? (sin confirmar)
* Alistados al viaje: Alberto, Ana, Bernon, Chema, Juanra, Pilar, Rebeca y Sele
* Medios de transporte a utilizar: Avión, Coches todoterreno (Land Rover Freelander 2) y Mokoros (canoas)
Todos los viajes que uno se plantea en su vida tienen algo especial, diferente, único. Y cuando se está a las puertas de iniciar la marcha es muy usual pensar que se está ante la aventura más esperada y deseada. En el caso de este viaje no exagero si digo que es el viaje que emprendo con más ganas en los últimos años.



