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Cualquier excusa es buena para volver a Marruecos. Y si dicha excusa se llama “Billete de avión a Casablanca para un fin de semana por 40 euros”, pues mucho mejor. Tras dos viajes al país magrebí en 2007 y 2008, estaba deseoso de regresar, aunque fuera el tiempo suficiente para dar unos sorbitos de té a la menta, escuchar la llamada a la oración de las mezquitas, regatear en los zocos o perderme un rato en una medina diseñada como el más perfecto de los laberintos.

Las fechas: Del viernes 4 de junio al domingo 6 de junio de 2010; La compañía: Mi buen amigo, a la vez que vecino portal con portal, Pablo, compañero de muchas más incursiones en los últimos años; ¿Y el lugar? Rabat, la capital de Marruecos, una ciudad Imperial que ha permanecido siempre a la sombra de Marrakech, Fez o Meknès, y que por unas causas u otras se suele pasar por alto en gran parte de los viajes que se hacen en Marruecos. Aunque como presentía y he podido corroborar después, cuenta con numerosos motivos como para no pasarla por alto. Es como una cajita de madera que guarda pieza a pieza el puzzle de las esencias de un país realmente fascinante del que no dejaré de decir que supone el más cercano de los viajes lejanos. ¿Me ayudáis a abrirla? Leer el resto de esta entrada »

Sin asimilar mi llegada de Londres tan sólo unos días antes me ví envuelto en el Puente de diciembre en otra aventura, en concreto la última 2008. El destino fue Marruecos, casualmente el país donde comencé el año caminando en soledad por las ondulantes dunas del Desierto de Merzouga. Siempre dije que Marruecos es el más cercano de los viajes lejanos, y por ello aceleré mi regreso para lo antes posible, aunque variando la ruta en su totalidad. En esta ocasión se llevó a cabo el recorrido CASABLANCA-MEKNÈS-FEZ, basado en ciudades perfectamente comunicadas por ferrocarril. Dejé la Renault Kangoo, los senderos del Atlas y las Kasbahs de hace un año para sumergirme en lo más profundo de la Medina de Fez, escenario digno de los cuentos de las 1000 y 1 noches. O para ver los restos Imperiales y palaciegos de Meknès, olvidada en el tiempo. O incluso para visitar la majestuosa Mezquita de Hassan II de Casablanca o comer en el Rick´s Cafe que se asemeja asombrosamente al que aparece en la que para mí es una de las películas más legendarias de la Historia del Cine.




