Chile en 10 experiencias imprescindibles (Qué ver y hacer en Chile)

Pocos países en el mundo como Chile poseen una conexión semejante con la naturaleza que le rodea. En una larga y delgada franja de más de 4300 kilómetros, abrazada en ambos lados por la cordillera de Los Andes así como por la inmensa muralla líquida que forman olas del océano Pacífico, se deslizan paisajes tan diversos como categóricos. De los desiertos más áridos del planeta y vaporosos géiseres altiplánicos del norte pasamos a un territorio de picos nevados, glaciares que se quiebran en inmensos bloques de hielo y colas de ballena ocultándose en solitarias bahías. También surgen de la nada lagos que reflejan conos humeantes de volcanes aún activos, grandes extensiones de viñedos que se pierden en el horizonte y, por supuesto, islas que nos permiten volver a creer en la existencia de los imposibles. En la tierra del mapuche, el rapanui, el atacameño o el yagán viaja por todos los rincones la lengua castellana que Pablo Neruda convirtió en pura artesanía.

Moáis de Isla de Pascua (impresdincibles que ver en Chile)

Me gustaría hacer un recorrido juntos y contaros algunos de los lugares que ver en un viaje a Chile, los cuales me parecieron esenciales para una primera aventura en el país más largo del planeta. Una lista de 10 experiencias imprescindibles chilenas donde ser testigos de toda una colección de paisajes espectaculares y pueblos con carácter. Leer artículo completo ➜

Viaje a los 5 desiertos más hermosos que he visto jamás

Qué tendrán los desiertos que resultan tan sugerentes, que desprenden un poder místico y embaucador. Provocan un chantaje directo a las emociones más profundas y algo que se parece mucho a la hipnosis. Desiertos, lugares que inspiran por su silencio, su inmensidad y la capacidad de hacerle sentir a uno como un minúsculo grano de arena, la metáfora de un mundo más solitario de lo que nos llegamos a pensar. Feligrés de pro ante esta clase de paisajes deshabitados busco acariciar su esencia en la contemplación y en la meditación, en escuchar su voz. Los hay muchos, muy diferentes y a cada cual más inspirador, pero hoy os voy a hablar de los 5 desiertos más hermosos que he visto en mi vida viajera.

Desierto del Sáhara

Un viaje a cinco desiertos (en realidad a seis) tan extraordinarios como sugerentes que me han regalado un mar de sensaciones, amaneceres imposibles y puestas de Sol de ensueño. Desiertos que se han quedado con parte de mí y que me han regalado momentos inolvidables.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XVI: La mirada de los moáis

Moáis de Isla de Pascua

Hay que ver lo que cuesta sostenerle la mirada a un moái. Cuando te sientas frente a un grupo numeroso en el altar más impresionante de Isla de Pascua, Ahu Tongariki, con el océano a sus espaldas y a miles de kilómetros las costas chilenas, te das cuenta de que allí únicamente mandan ellos. Los moáis elaborados con piedra volcánica arrancada al Rano Raraku parecen recrear la figura de los ancestros de una aldea o tribu determinada. A pesar de que la isla es bien pequeña, había diversos grupos que no debían estar muy bien avenidos entre ellos, razón por la cual cuando el primer europeo llegó a Rapa Nui se encontró con todos los moáis (y eran cientos) tirados al suelo como si fuesen los últimos muertos de una guerra perenne. Leer artículo completo ➜

El instante viajero XIV: La cola de la ballena

Cola de ballena en el Estrecho de Magallanes

El agua fría del Estrecho de Magallanes viene a mezclar Atlántico y Pacífico con la brisa antártica perfumando un sendero imaginario. En este área de islotes vírgenes y glaciares donde lo mismo planea un cóndor que aparece nadando una familia de leones marinos o se distingue el color blanquinegro de varios pingüinos, todo puede suceder. Esta riqueza atrae además a aquellas ballenas jorobadas que, en su tránsito hacia la Antártida, se detienen a proveerse de nutrientes durante el verano austral. De hecho se dice que la que prueba las aguas del Estrecho de Magallanes nunca regresa a el continente de hielo y escoge de por vida hacer acopio de alimento en este lugar. Aunque durante décadas la industria ballenera acabó con todas las ballenas que venían hasta aquí, la lógica y nueva mentalidad de conservación medioambiental devolvió ese carácter sagrado al mamífero más grande del mundo, convirtiéndolo en monumento natural e impidiendo su caza. Los efectos se notaron enseguida. Años después de desaparecer el último barco ballenero en aguas patagónicas las ballenas retornaron a su despensa favorita. Por eso, cada vez que uno ve emerger la cola de una ballena jorobada en ese corredor acuático que ayudó a Fernando de Magallanes a esquivar el maldito Cabo de Hornos, es posible volver a creer en que no todo está perdido en nuestro planeta.  Leer artículo completo ➜

Mecidos por el altiplano en Bolivia: De San Pedro a Uyuni

Hay rutas que te sacan de tu mundo como si tal cosa. Durante días desapareces por completo, no existes salvo para ti y los que te acompañan en el camino. Ni cobertura, ni conexión de red, ni la confortabilidad del hogar o de un hotel con sábanas limpias. Nadie te observa, sólo respiras tu aventura estando a expensas de la fortuna y de tus propios recuerdos. Cuando estuve haciendo el viaje de mochilero en América viví algunas experiencias de este tipo, aunque probablemente una de las que más se adecúen a lo que deseo expresar fue el recorrido que realicé en varias etapas entre San Pedro de Atacama y el Salar de Uyuni. Cuando se atraviesa el altiplano de Chile a Bolivia (o viceversa) no sólo se cruza la frontera, se despliega un mundo de contrastes inmenso, de noches gélidas y volcanes ardientes, de puro desierto y lagunas de colores recubiertas de vida, donde lo inhóspito se vuelve hermoso y lo hermoso se vuelve cruel, donde el cielo te quita el aire y a cambio te ofrece un campo de estrellas relucientes. Los paisajes altiplánicos son lo más parecido a nada que jamás haya podido contemplar. El polvo del camino se mezcla en ocasiones con bloques de hielo incapaces de derretirse, con las suaves vicuñas corriendo hacia ninguna parte y con las rodadas de un 4×4 que se guía con un criterio que poco tiene que ver con los que rigen en una carretera corriente. Todo ello a más de cuatro mil metros de altura y con la sensación de que, efectivamente, vivimos en un Planeta Solitario.

Mecidos por el altiplano es la historia de esa ruta y de cómo, junto a otros viajeros que resultaron cruciales en este viaje, alcanzamos Uyuni desde el Desierto de Atacama pasando por lugares que no tienen parangón con nada que hubiésemos visto antes. Leer artículo completo ➜

El barco que nunca llegó a Isla Magdalena

Fue durante este viaje, en mis primeros días en Chile. Me encontraba en Punta Arenas, la ciudad más importante de la Región de Magallanes, dispuesto a navegar por el Estrecho del mismo nombre para llegar a Isla Magdalena, un área únicamente poblada por pingüinos magallánicos. Era una excursión de una tarde que parecía se iba a orientar por cauces normales, pero el destino quiso gastarnos una broma y jugar con nosotros en un barco pesquero que, aunque parezca mentira, nunca llegó a atracar en el islote. Os presento la divertida y mareante historia de El barco que nunca llegó a Isla Magdalena. Un vídeo que resume un conglomerado de circunstancias disparatadas, el movimiento alocado de las olas, las chisposas ocurrencias de la tripulación y las divergencias de un pasaje que aseguro nunca olvidará esta experiencia.

Si no visualizas el vídeo directamente haz clic aquí para verlo en Vimeo

Este es un claro ejemplo de que en los viajes no todo sale a pedir de boca, que a veces dependemos de factores que se nos escapan, pero que aún así es siempre posible dibujar una sonrisa y tomarnos las cosas con buen humor.

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Atacama no es de este mundo

Unos pueden decir que Atacama es el desierto más seco que existe, que hay zonas en las que no se ha registrado una sola gota de lluvia, que se hace fuerte entre el litoral norte de Chile y los tramos más elevados de la antojadiza Cordillera de los Andes. Son datos y son verdad. Pero cuando se está en Atacama las cifras no valen de nada y sí la incredulidad de unos paisajes que no parecen ni de nuestro planeta ni de nuestra propia galaxia. La tierra ebulle por todas partes, recrea formas caprichosas en piedra, despliega por igual lagunas saladas visitadas por los flamencos que humeantes géiseres a más de 4000 metros de altura. Y además conserva parte del espíritu nativo de América atrayendo la inmodesta inquietud de los viajeros que vienen a perderse en esta linde de arena y rocas inusuales en los que una noche estrellada resulta ser algo más que eso.

Valle de la Luna en el desierto de Atacama (Chile)

La última etapa chilena de este viaje me llevó a saborear las hermosas extrañezas de un territorio único desde mi atalaya en San Pedro de Atacama. Y hoy tengo empeño en demostraros con hechos la razón por la que Atacama no es de este mundo. Leer artículo completo ➜

Escenas y escenarios de mi viaje a Isla de Pascua

Rapa Nui posee una mística que muy pocos lugares en el mundo son capaces de igualar. Apenas es un punto minúsculo en el océano Pacífico a una distancia ingobernable de otros lugares habitados, pero su historia y su cultura es realmente inmensa a la vez que desconocida. Levantaron figuras gigantescas de sus antepasados conocidas como Moáis, aunque nadie sabe a ciencia cierta cómo lo lograron, desarrollaron una escritura jeroglífica aún indescifrable conocida como Rongo Rongo, llegó a tener una población considerable (cuatro veces mayor que la actual) dividida en tribus que se batían cada año en la Ceremonia del Hombre Pájaro, digna de ser la más dura de las competiciones. Pero además toda ella está llena de secretos que se fueron para siempre en los barcos de esclavistas sin escrúpulos que durante el Siglo XIX esquilmaron a la isla de casi toda su población. Como cuando la llave de un gran cofre se arroja al mar la certeza se convirtió en hipótesis, la arqueología en la medicina que cura todas las heridas y la Leyenda en algo que crece día a día con cada intento que se hace por interpretar lo que jamás dejará de ser un misterio. De siempre Isla de Pascua ha sido un reto para los viajeros, para los amantes de lo enigmático y de los lugares remotos que no parecen formar parte de este mundo. Para mí fue un sueño de la infancia, incluso diría una obsesión, que acabo de hacer realidad. Puedo contar que un día llegué a ver Rapa Nui con mis propios ojos. Pero aún me pregunto si no he debido despertar porque creo sentir que aún sigo en la isla.

He intentado no sólo estar en Rapa Nui sino vivir Rapa Nui, hablar con los lugareños, aprender lo que jamás me contaron los libros o los documentales. Me he sentado horas frente a los moáis, he caminado por volcanes extraordinarios, he visto romperse el mar contra los acantilados, he llorado atardeceres. De esa forma pude sentir el inmenso poder de la isla y perder en ella una parte de mi alma que vagará para siempre en sus costas rocosas.

Y, aunque mi intención es escribrir con frecuencia en este blog las cosas que he aprendido en la isla, me gustaría compartir en principio con vosotros unas imágenes con las que puedo explicar las sensaciones en caliente a pocas horas de mi regreso. He escogido distintas escenas con las que navegaremos juntos a este rincón del mundo que os aseguro no se parece ningún otro… Leer artículo completo ➜

En tierra de volcanes y espejos

En Chile hablar de tierra firme es decir mucho. Nadie se atrevería a apostar por aquí que el suelo que uno pisa es inamovible por los siglos de los siglos, ni que esa pared rocosa llamada Cordillera de los Andes no se la siente respirar. Al contrario, en este país las palabras terremoto, maremoto o volcán forman parte del vocabulario habitual, del diccionario de todos y cada uno de los chilenos. Los últimos pasos de mi viaje, centrados en la Región de los Lagos y en la Araucanía, me han llevado a contemplar grandes colosos volcánicos, cuyos cráteres son como la boca de unos Dioses que una vez fueron adorados por la población indígena apegada a su hogar, la Naturaleza. Concretamente fueron dos volcanes convertidos en símbolos para todo Chile los que atrajeron mi atención y mi admiración, el Osorno y el Villarrica. Si dibujáramos un volcán perfecto se parecería mucho a cualquiera de ellos. Formas sublimes, conos amenazantes y humeantes por momentos, hielos atrapados en las rocas, laderas arrugadas por los ríos de lava que un día salieron de sus fauces voraces e incontrolables.

El Volcán Villarrica

Cuando se viaja a esta tierra de volcanes uno no se cansa de mirar una y otra vez a las montañas, a los cráteres que se niegan a cicatrizar las heridas de su cuerpo. Y por fortuna, siempre hay algún lago que actúa como espejo para que no dejes de verlo cuando das media vuelta. Leer artículo completo ➜

Chiloé y la magia que me atrapó

Hace apenas unos meses si me hubiesen preguntado por el Archipiélago de Chiloé, en Chile, me hubiese costado decir poco más que borrosas divagaciones. Y ahora, que puedo echar la mirada atrás y contar a ciencia cierta las sensaciones reales de mi experiencia chilota, no puedo dejar de ensalzar un destino absolutamente auténtico e imprescindible en todo viaje a tierras chilenas. Pero, ¿qué tiene Chiloé que te envuelve en su maraña de misterios y mitos del bosque y el mar? ¿Por qué logra seducir a todo el que toma un barco de veinte minutos desde Puerto Montt? ¿Cómo es capaz de hacerte saltar en el tiempo y en las formas, y dar un vuelco a todo lo que habías visto en el camino? Son tantas cosas las que lo hacen ser especial que buscar razones es una parte más del viaje que lleva a darse cuenta de que su secreto está en la sencillez.

Palafitos de Castro (Chiloé, Chile)

Preguntas y respuestas de Chiloé, cuestiones y afirmaciones nacidas de unos días recorriendo su rutina, su paso cambiado, su alma… Leer artículo completo ➜

Bailando con las ballenas en el Estrecho de Magallanes

Cuando se escucha por primera vez el soplo de una ballena puede parecer un sonido tosco y rugoso fuera del mar, o quizás, la más hermosa y genuina de las melodías que uno puede alcanzar a apreciar en su vida. Y si son tres, cuatro o incluso seis soplos los que se producen en un mismo instante, rompiendo la quietud de un agua mecida por islas tan vírgenes como inhóspitas, nace una canción irrepetible, tan llena de fuerza que jamás se retirará del todo de tu mente. Subirme al buque inglés M/N Forrest y navegar durante tres días por las corrientes más inaccesibles y solitarias del estrecho de Magallanes me regaló la experiencia de observar, e incluso participar, en el baile de las ballenas jorobadas que se aposentan en estas aguas en busca del alimento que les de la vida. Seguir sus pasos en popa o en proba, a babor o a estribor, o incluso en una pequeña zodiak, me permitió descubrir ese milagro de la naturaleza que se remonta a millones de años.

Aleta caudal de una ballena jorobada

La Expedición Fitz Roy, que nace en las aguas chilenas del Estrecho de Magallanes, suma la labor de investigación de quienes protegen el recién nombrado Parque Marino Francisco Coloane y, a su vez, ofrecen una experiencia única a un grupo reducido de pasajeros que se convierten, sin saberlo, en otro granito de arena que ayuda a que las ballenas sigan mostrando sus aletas y sus soplos en un rincón del que hace veinte años se les presumía haber desaparecido. Leer artículo completo ➜