Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia III

Felices se las prometían unos y otros al inicio de Primera Guerra Mundial de la Historia. Cuando en el verano de 1914 se desencadenó el conflicto tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en la ciudad de Sarajevo, los alemanes no tenían dudas de que allá por navidades estarían celebrando su entrada en París. Y los franceses, así como sus aliados, sostenían lo mismo con respecto a Berlín. La guerra, según ellos, sería cuestión de semanas o pocos meses. Pero pronto se dieron cuenta de que ya no estaban en el siglo XIX y que cientos de miles, millones de soldados en realidad, perderían la vida y la inocencia en el barro de las trincheras, rodeados de cadáveres y de ratas durante cuatro años que se hicieron eternos.

Ruinas de una iglesia destruida durante la I Guerra Mundial (Saint Nazaire, Norte de Francia)

Recuperar la colina de Notre Dame de Lorette de las manos alemanas iba a costar muy caro. Tanto como cien mil franceses en una de las grandes derrotas del inicio de la Gran Guerra. Sólo por una colina, por avanzar unos metros y no dar un paso atrás. Hoy de aquello no queda más que un reguero de tumbas y un jardín regado por las lágrimas. Leer artículo completo ➜

Peratallada, un viaje a la Edad Media en la Costa Brava

Si alguna vez me preguntan cuál es el pueblo catalán más bonito que he visto en mi vida diré que aún me quedan muchos viajes a Cataluña para descubrirlo. Pero si me vuelven a insistir , aunque sea un poco, probablemente deba mojarme para confesar que para mí Peratallada, ubicado en la comarca gerundense del Baix Empordà, lo que viene a ser Costa Brava tierra adentro, se trata del pueblo medieval más hermoso y auténtico de cuantos he visitado en este territorio. Quizás sea porque allí mi reloj no sumó minutos sino todo lo contrario, se atrasó una madeja de siglos para convertir una escapada ampurdanesa en todo un viaje a la Edad Media.

Peratallada, quizás el pueblo medieval más bonito no sólo de Costa Brava sino de Cataluña

Sus laberínticas calles de piedra, su castillo de cuento y las enredaderas estrangulando muros y ventanas recuerdan a lo mejor de la Toscana. Son escenarios de los libros de caballerías, con ese repique solemne de campanas, ese chirriar de espadachines imaginarios y el perfumado aroma de las buganvillas colándose en los callejones. Peratallada bien vale un viaje en el tiempo.  Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia II

Algunos extractos de cartas enviadas durante la I Guerra Mundial desde las trincheras por los soldados a sus familias son demoledores, a la vez que ilustran a la perfección lo que pasaba por su mente. Encuentro especialmente significativo un texto que reza lo siguiente: “Papá. Aquí para que te evacuen hace falta reventar. Me gustaría que el Gobierno estuviera en el frente durante dos horas y vería lo que es esto. Me da igual si la carta pasa la censura, no es más que la verdad. Perdóname, no quiero que nos hablen de campo, del honor, porque yo lo llamo carnicería. Porque esta guerra no es más que un juego de masacre para nosotros en el que se nos lleva como vacas o corderos al matadero. Tu hijo desesperado por volver con vida.”Cementerio portugués en Nord-Pas de Calais (Norte de Francia)

Mientras sigo los caminos de la memoria en el frente que dividía en dos Nord-Pas de Calais, en el norte de Francia que limita con Bélgica, no soy capaz de dejar atrás una sensación extraña. Tengo una sensación amarga en la garganta cada vez que veo un nombre incrustado en una lápida o que la tierra permanece removida por el estallido de los obuses que entre 1914 y 1918 desolaron estos campos. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia

“Cuando vuelva podré contarte cómo es la guerra, no la gloria que hay en ella, sino sus horrores” se puede leer una carta oculta en un desván durante casi un siglo. Formaba parte de uno de los muchos papeles enviados por correo postal con los que un jovencísimo soldado del Imperio británico informaba a su madre de las peripecias y desencantos vividos en la I Guerra Mundial. La cruenta Batalla de Fromelles desvaneció su deseo de regresar a casa y así narrar su difícil experiencia en la Gran Guerra librada en Europa que dejaría un continente destrozado. El norte de Francia se convirtió en su tumba, así como la de millones de personas que jamás pudieron volver a sus hogares. Gente que marchó en busca de gloria pero se encontró de frente con pozos de miseria, podredumbre y muerte en el barro pringoso de una trinchera inútil.

Tumba de la I Guerra Mundial en el Norte de Francia

En Nord-Pas de Calais, más conocido como el Flandes francés, pude iniciar un viaje de varios días a la I Guerra Mundial siguiendo las principales batallas que tuvieron lugar en la región. Allí fui testigo, un siglo después de la Gran Guerra, de cómo Europa se convirtió en un gran tablero de ajedrez que se quedó sin peones.

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Costa Brava, territorio festivalero

No hay mejor momento que el verano para darse a los festivales de música y disfrutar de conciertos al aire libre. Este mes de agosto he tenido la oportunidad de vivir un concepto festivalero muy diferente en la Costa Brava. La provincia gerundense, y no sólo durante el estío, se encarga de organizar múltiples eventos culturales en entornos privilegiados. Escenarios como un castillo, un saliente que se asoma al mar o una plaza medieval bajo las estrellas son la parte y el todo de una experiencia tan enriquecedora que va más allá de una mera actuación.

Julieta Venegas en el Festival de Cap Roig

La Costa Brava es territorio festivalero. De eso no tengo ninguna duda. Me han bastado tres días en tres festivales completamente diferentes para captar la esencia mediterránea más pura endulzada con los acordes y grandes voces de los artistas a los que he ido a ver tocar.  Leer artículo completo ➜

Aprendiendo a volar en el túnel del viento de Empuriabrava

Recientemente una conocida marca de refrescos utilizó el siguiente lema para un divertido anuncio de televisión: “La increíble sensación de venirse arriba”. Recurro a él porque no encuentro frase más apropiada para definir la primera vez que pude volar en el túnel del viento. En Empuriabrava, Girona, junto al lugar donde salté en paracaídas años atrás, pude disfrutar de una de las experiencias más divertidas y adrenalíticas de toda mi vida. Este simulador compuesto por turbinas de viento en un enorme tubo de cristal lleva décadas siendo utilizado por los paracaidistas profesionales para obtener la sensación real de la caída libre y así entrenar sus saltos. Afortunadamente los avances tecnológicos y normativos permiten que hoy día sea utilizado como actividad turística para toda clase de personas que deseen aprender a volar utilizando su cuerpo y así ser capaces de sentirse Superman por unos minutos.

Sele en el túnel del viento de Empuriabrava (Costa Brava, España)

En el túnel del viento de Empuriabrava aprendí a ser consciente de que volaba, de que el más mínimo movimiento de mi cuerpo acarreaba consecuencias que me permitían subir o bajar a mi antojo. Y de que no existen imposibles, sino el tiempo necesario para alcanzarlos. Leer artículo completo ➜

Las Barrancas de Burujón, un paisaje de anuncio en Toledo

A veces no hay que irse demasiado lejos para viajar a paisajes deslumbrantes que uno imaginaría en países remotos. Cuando contemplé por primera vez Las Barrancas de Burujón , apenas a 30 kilómetros de la ciudad de Toledo, con motivo de una escapada corta de media tarde a este rincón de la provincia, me vinieron a la mente las semejanzas de lo que tenía delante. Por una parte los colores dorados del Gran Cañón del Colorado, por otro la forma caprichosa de las montañas que miran al Mar Muerto e incluso algún que otro áspero escenario del Death Valley californiano. Pero a su vez resultaba tan diferente, tan especial y, sobre todo, desconocido para lo que era capaz de transmitir que muy pronto me olvidé de parangones y me dediqué a disfrutarlo sin más.

Barrancas de Burujón (Toledo)

Las Barrancas de Burujón representan a uno de esos rincones de naturaleza deslumbrantes que tenemos a dos pasos y los cuales a veces pasan desapercibidos de puro milagro. En este caso aparecer fugazmente en un anuncio de Coca-Cola rodado en España hace varios años le sacó del anonimato. Lo que para muchos nos parecía el Gran Cañón resultaba estar en Toledo. Y eso, tenía que verlo con mis propios ojos.  Leer artículo completo ➜

Hotel Termal Burgo de Osma, el balneario renacentista

El balneario regresa a la universidad. Y no me lo estoy inventando. Si no, qué mejor ejemplo que remitirnos a lo que sucede en la bella localidad soriana de Burgo de Osma, la cual ha visto renacer un antiguo edificio del siglo XVI de la que fuera la Universidad de Santa Catalina para dar lugar a uno de los mejores complejos termales que existen en Castilla y León. Bajo el amparo de una deliciosa fachada plateresca y un hermosísimo claustro renacentista donde las gárgolas observan fijamente un cuadrado dominado por arcos de medio punto, nos hacemos Doctores cum laude del agua y el relax. Las habitaciones dan al patio y a una cúpula transparente donde surge el corazón de un hotel termal con una gran piscina de chorros y burbujas donde se ofrecen los mejores avances de la hidroterapia, una zona de contrastes convertida en una auténtica máquina del placer y todos aquellos espacios en los que venir a relajarse sientan cátedra.

Patio interior del Hotel Termal Burgo de Osma

Con el Hotel Termal Burgo de Osma rebrota la idea humanista de centrarse en uno mismo, cuidarse y sacarle todo el partido a una forma ancestral de relajarse como es el de disfrutar de un buen baño y aprovechar las propiedades que ofrece. Y todo en un entorno espectacular y con mucha historia como es una universidad del Renacimiento en el corazón de la provincia de Soria. Bienvenidos al balneario renacentista donde se imparte el doctorado de las aguas.  Leer artículo completo ➜

Sintra, un cuento romántico y cinco palacios

Érase en Portugal, a un paso de la bella Lisboa, una villa encaramada a una montaña cubierta de bosque donde los castillos y palacios permiten volver a ser niños de nuevo. Se trata de Sintra, la inimitable Sintra. La niebla se balancea volupsuosa entre los árboles para ser compañera en la lectura de un cuento en el que vive la magia y el misterio. Está claro que algo tiene este lugar, que el que fuera retiro veraniego de los monarcas lusos se dedica con pasión a vestir cada estancia de locuras decimonónicas, de caprichos cuyo origen sólo se explica en los sueños. Dicen que Sintra es la capital del romanticismo, también de la nostalgia. El encanto camina por los jardines de Palacio, de mansiones extravagantes donde cada detalle tiene un significado. El viajero llega a esta villa sin parangón con la sensación de que acaban de abrírsele las puertas de un mundo paralelo como en Alicia en el País de las Maravillas donde nada es lo que parece.

Palacio da Pena (Sintra, Portugal)

La de Sintra se trata de una de las escapadas más recomendables que se pueden hacer desde Lisboa. Un destino especial como pocos en el que debemos escoger bien qué debemos visitar. Después de haber tenido la suerte de recorrer varias veces la villa me gustaría aconsejaros cinco lugares que ver en Sintra si algún día decidimos embarcarnos en este viaje de cuento.  Leer artículo completo ➜

Sierra de Gata, el paraíso encontrado

En el nordeste de la provincia de Cáceres, separada de Portugal por una mera línea imaginaria, vive agazapada y silenciosa Sierra de Gata, uno de los últimos paraísos de esa Extremadura que emociona y sorprende a partes iguales. Las Hurdes o los montes salmantinos son también linde de un rincón cacereño en el que aún se perciben los efectos de su prolongado aislamiento geográfico. En este universo de montaña, bosques, olivos y castañares el color verde intenso acuna los valles de la comarca. Y pueblos con encanto medieval vestidos de pizarra, barro, granito o con los entramados de madera aireando su vejez, se escapan del silencio con un habla peculiar que se escucha dentro y fuera de las paredes de las casas. Aquí todavía se escucha A Fala, lengua que mezcla desde tiempos de la Reconquista el galaico-portugués con el astur-leonés, fruto de esa bendita impermeabilización cultural y de una férrea identidad.

Casa de Robledillo de Gata (Sierra de Gata, Extremadura)

Muchas veces se dice eso de que Extremadura es la gran desconocida de España. En ese caso me apresuro a asegurar que Sierra de Gata sería algo así como “la desconocida de la gran desconocida”, ese paraíso perdido… y encontrado en el que formalizar un paréntesis de autenticidad donde poder escapar cuando lo necesitamos.  Leer artículo completo ➜

Culto al tiempo en la villa medieval de Pedraza

Acurrucada entre murallas y con la Sierra de Guadarrama como telón de fondo, Pedraza respira el aire gastado de los siglos. Pocas, muy pocas, tienen la fortuna de estar consideradas como una de las villas medievales mejor conservadas no sólo de SegoviaCastilla y León, sino también de España. Este pequeño universo de casonas blasonadas, plaza porticada, iglesia románica e incluso su propio castillo en el cual hubo reos de sangre real, juega a no cumplir años, a dejar que el tiempo sólo pase para los demás, para sus habitantes y visitantes que acuden a admirar el porte recio de la que para muchos es una escapada incapaz de decepcionar.

Castillo de Pedraza (Segovia)

A poco más de una hora y media en coche desde Madrid, Pedraza nos ofrece un paseo por el tiempo donde, por supuesto hay mucho que ver, pero sobre todo que sentir y saborear. Leer artículo completo ➜