Dónde comer (y muy bien) en Las Hurdes

Hemos hablado largo y tendido de Las Hurdes como un viaje de leyenda a todo color, de esa postal fantástica de la naturaleza llamada Meandro del Melero, incluso de una atractiva ruta por las alquerías hurdanas como máximos exponentes de la arquitectura negra. Y después de todo nos hemos quedado con un poco de hambre. Así que, si me lo permitís y os interesa, voy a dejar anotados a continuación varios restaurantes y un bar tipiquísimo donde probar la rica gastronomía de esta pequeña comarca montañosa situada al norte de Cáceres.

Pimiento del piquillo en lata de conservas del restaurante La Meancera de El Gasco (Las Hurdes)

En todos los viajes o escapadas que se precien el tema gastronómico cuenta con bastante importancia, sobre todo si se trata de lugares con alma que van más allá de lo que cuentan sus platos. Así que, sin temor a desviarme demasiado, voy a comentar dónde comer en Las Hurdes. O, mejor dicho, dónde comer bien en Las Hurdes (y sin necesidad de rascarse demasiado el bolsillo).  Leer artículo completo ➜

El Meandro del Melero, uno de los paisajes más bonitos de España

El conocido como Meandro del Melero (o Meandro El Melero), con el río Alagón haciendo su giro más complejo, podría definirlo como una de las postales paisajísticas más hermosas de cuantas hay en España, con lo que eso supone. Cuando es contemplado en su máxima plenitud en el límite más oriental de Las Hurdes, concretamente en el mirador de La Antigua, uno se pregunta cómo no ha ido a parar antes a semejante gloria de la naturaleza patria. Y las respuestas que surgen no son más que silencio. O puede que tan sólo un suspiro escapándose con timidez entre el sosiego de un panorama de gran entidad al que de manera sorprendente no han llegado los focos que bien merece.

¿Qué pasaría si el Meandro del Melero estuviese en otro país? ¿No creéis que sería un lugar eterna y justamente inmortalizado? O quizás puede ser que la gracia de esta joya natural consista precisamente en ese factor, que garantiza la sorpresa y el encantamiento de quienes no se esperan un lugar así de ningún modo por mucho que se lo hayan contado.  Leer artículo completo ➜

Alquerías de Las Hurdes, olvidados reinos de pizarra

La leyenda negra de Las Hurdes de la que nos hablaron Buñuel, Unamuno, Marañón, Legendre, Cela y compañía fue como un puñal de doble filo clavado con cierta saña en esta apartada comarca cacereña. Por un lado sacó a la luz un periodo de miseria y pobreza de un lugar aislado que, por qué no decirlo, no se diferenciaba tanto de muchos sitios de la España de principios del siglo XX. Pero, por el otro, colocó en el mapa para siempre a una zona extremadamente peculiar en la que su autenticidad se convirtió en motivo para mirar hacia delante con orgullo. Las singularidades hurdanas hoy día brillan con luz propia en su verde mar de montañas y de meandros, de jaras en flor y nieblas matutinas, de sabor a miel y a ensalada de limones. Y, por supuesto, a través de esa red de diminutas aldeas conocidas como alquerías en las que sobreviven casas y chozos de pizarra que antaño dieron cobijo a la vida rural de Las Hurdes.

Detalle de la alquería de El Gasco en Las Hurdes

Si bien una visita a las vertiginosas tierras hurdanas suele centrarse en disfrutar de un magnífico entorno natural, hay en las viejas alquerías mucho de lo que Las Hurdes fueron, lejanos micromundos u olvidados reinos de pizarra en los que pudo escasear el pan pero no las ganas de vivir.  Leer artículo completo ➜

Las Hurdes, un viaje de leyenda a todo color

Decía Don Miguel de Unamuno sobre la leyenda negra de Las Hurdes, en la que nunca creyó, que quienes llegan a la comarca “lo hacen para corroborar o para desmentir la leyenda”. Sin duda existen dos posibilidades a la hora de visitar Las Hurdes, seguir con la venda puesta en los ojos y salir a buscar Las Hurdes míseras y extremadamente pobres del documental de Buñuel “Tierra sin pan” de 1932 o caminar con una mirada nueva y sin prejuicios para abandonar definitivamente el blanco y negro y ponerle color a una visita que siempre deja una profunda huella. El sentido mágico y absolutamente legendario de esta comarca del norte de Cáceres se encuentra en su mar de sierras, en perseguir las curvas pronunciadas de sus cinco ríos, en acariciar la pizarra de su peculiarísima arquitectura negra superviviente en pueblos y alquerías o en olfatear brezo y flor de jara para después encontrar la miel en los platos bien generosos que sirven en las tabernas típicas.

Sele en el Meandro de El Melero desde el mirador de La Antigua (Las Hurdes, Cáceres)

Las Hurdes son un viaje de leyenda a todo color, un elogio a una comarca con sabores de antaño que resurge en un entorno natural prodigioso. Su aire a lugar remoto, aunque ahora de fácil acceso, está latente en el empeño de muchos que entramos siendo ignorantes del mundo hurdano y salimos orgullosos de haber encontrado otro paraíso en tierras extremeñas. Sabedores de que hay mucho que ver en Las Hurdes y de que que no hay escapadas suficientes para abarcar este pequeño y particular universo.  Leer artículo completo ➜

Sierra de Gata, el paraíso encontrado

En el noroeste de la provincia de Cáceres, separada de Portugal por una mera línea imaginaria, vive agazapada y silenciosa Sierra de Gata, uno de los últimos paraísos de esa Extremadura que emociona y sorprende a partes iguales. Las Hurdes o los prados salmantinos son también linde de un rincón cacereño en el que aún se perciben los efectos de su prolongado aislamiento geográfico. En este universo de montaña, bosques, olivos y castañares el color verde intenso acuna los valles de la comarca. Y pueblos con encanto medieval vestidos de pizarra, barro, granito o con los entramados de madera aireando su vejez, se escapan del silencio con un habla peculiar que se escucha dentro y fuera de las paredes de las casas. Aquí todavía se escucha A Fala, lengua que mezcla desde tiempos de la Reconquista el galaico-portugués con el astur-leonés, fruto de esa bendita impermeabilización cultural y de una férrea identidad.

Casa de Robledillo de Gata (Sierra de Gata, Extremadura)

Muchas veces se dice eso de que Extremadura es la gran desconocida de España. En ese caso me apresuro a asegurar que Sierra de Gata sería algo así como “la desconocida de la gran desconocida”, ese paraíso perdido… y encontrado en el que formalizar un paréntesis de autenticidad donde poder escapar cuando lo necesitamos.  Leer artículo completo ➜

Cuando el otoño colorea el Valle del Jerte

El Valle del Jerte es uno de los mejores regalos que nos ofrece día a día la Naturaleza en Extremadura. Es, sobre todo, conocido cuando en primavera la floración de los cerezos lo envuelve todo de blanco, como si durante días hubiesen nevado pétalos de flores. Entonces acude muchísima gente venida de muchos rincones de España, y del mundo, para observar ese espectáculo que dura unos pocos días. Pero si algo sorprende a los locales, a los habitantes de Tornavacas, Cabezuela, Navaconcejo y otras poblaciones vallenses, es que muchos no hayan descubierto aún el color del otoño en el Jerte. Probablemente sea en el ecuador de la estación otoñal cuando éste se vuelve más bello, cuando los amarillos, ocres y rojos intercalan tonalidades en un paisaje campestre absolutamente soberbio. Recientemente tuve la ocasión de disfrutar de una otoñada en el Jerte y puedo decir que aquello es incomparable, extraordinario, un lienzo digno de presidir el mejor de los museos de arte del mundo.

Fotografía del Otoño en el Valle del Jerte

Cuando el otoño se desliza en el Valle del Jerte se vuelve imparable, lo baña todo con su fulgor caduco. Es como el pincel desbocado de un pintor, de un genio… Leer artículo completo ➜