Sierra de Gata, el paraíso encontrado

En el nordeste de la provincia de Cáceres, separada de Portugal por una mera línea imaginaria, vive agazapada y silenciosa Sierra de Gata, uno de los últimos paraísos de esa Extremadura que emociona y sorprende a partes iguales. Las Hurdes o los montes salmantinos son también linde de un rincón cacereño en el que aún se perciben los efectos de su prolongado aislamiento geográfico. En este universo de montaña, bosques, olivos y castañares el color verde intenso acuna los valles de la comarca. Y pueblos con encanto medieval vestidos de pizarra, barro, granito o con los entramados de madera aireando su vejez, se escapan del silencio con un habla peculiar que se escucha dentro y fuera de las paredes de las casas. Aquí todavía se escucha A Fala, lengua que mezcla desde tiempos de la Reconquista el galaico-portugués con el astur-leonés, fruto de esa bendita impermeabilización cultural y de una férrea identidad.

Casa de Robledillo de Gata (Sierra de Gata, Extremadura)

Muchas veces se dice eso de que Extremadura es la gran desconocida de España. En ese caso me apresuro a asegurar que Sierra de Gata sería algo así como “la desconocida de la gran desconocida”, ese paraíso perdido… y encontrado en el que formalizar un paréntesis de autenticidad donde poder escapar cuando lo necesitamos.  Leer artículo completo ➜

Cuando el otoño colorea el Valle del Jerte

El Valle del Jerte es uno de los mejores regalos que nos ofrece día a día la Naturaleza en Extremadura. Es, sobre todo, conocido cuando en primavera la floración de los cerezos lo envuelve todo de blanco, como si durante días hubiesen nevado pétalos de flores. Entonces acude muchísima gente venida de muchos rincones de España, y del mundo, para observar ese espectáculo que dura unos pocos días. Pero si algo sorprende a los locales, a los habitantes de Tornavacas, Cabezuela, Navaconcejo y otras poblaciones vallenses, es que muchos no hayan descubierto aún el color del otoño en el Jerte. Probablemente sea en el ecuador de la estación otoñal cuando éste se vuelve más bello, cuando los amarillos, ocres y rojos intercalan tonalidades en un paisaje campestre absolutamente soberbio. Recientemente tuve la ocasión de disfrutar de una otoñada en el Jerte y puedo decir que aquello es incomparable, extraordinario, un lienzo digno de presidir el mejor de los museos de arte del mundo.

Fotografía del Otoño en el Valle del Jerte

Cuando el otoño se desliza en el Valle del Jerte se vuelve imparable, lo baña todo con su fulgor caduco. Es como el pincel desbocado de un pintor, de un genio… Leer artículo completo ➜