Lo mejor de un viaje a Svalbard en barco: En busca de los osos polares

Toda la vida soñando con un instante y ahí lo teníamos delante de nuestras narices. La proa de nuestra embarcación con la que estábamos haciendo un gran viaje a Svalbard, capaz de avanzar por el hielo como quien rasga una hoja de papel con las tijeras, se había convertido en el mejor punto de observación posible. El mar congelado reflejaba la hilera de huellas que precedieron la escena que teníamos al frente. Una pareja de osos polares, macho y hembra, correteaban sin respiro, se tiraban al agua y, se restregaban en la nieve, ajenos a nuestra presencia. Aquel cortejo tardío entre los grandes depredadores blancos no resulta nada fácil de ver en junio, pero la naturaleza es caprichosa y todo lo que se había resistido en las largas jornadas de navegación bajo una luz perpetua, nos lo regaló en uno de los últimos episodios que discurrieron en el asombroso estrecho de Hinlopen. Así es el Ártico. Así es un viaje de expedición en Svalbard, el lejano archipiélago noruego que coquetea con el Polo Norte incluso más allá del paralelo 80.

Oso polar en Svalbard

Mi cabeza no deja de dar vueltas y más vueltas a aquella aventura. Cierro los ojos y creo seguir sintiendo frío en las manos. Contemplo con nitidez los mejores momentos de un viaje en barco por Svalbard en busca de los grandes osos polares. Como aquella sucesión de glaciares y fiordos, la sensación incomparable e indescriptible de navegar por un mar solidificado y agrietado en color blanco. El eco de aquellas aves marinas que se contaban por decenas de miles en un acantilado de ciencia ficción o las morsas arrastrándose por el suelo y clavando sus colmillos en la arena. Incluso sin el esquivo oso polar, os aseguro que esta aventura ártica me hubiera seguido pareciendo memorable. Leer artículo completo ➜

Rumbo a Svalbard: Misión oso polar

Hacía muchísimo tiempo que no iniciaba un viaje con tantos nervios. Es como si, de un plumazo, se hubiesen borrado de mi memoria las incontables ocasiones en las que he agarrado el equipaje para marchar al aeropuerto porque un nuevo destino me estaba esperando. Siento, al igual que en los primeros viajes, una tensión temblorosa, la ilusión inocente del aprendiz que nada sabe y todo quiere. La aventura a la que estoy a punto de embarcarme, y que realmente nació hace ya demasiados sueños, es la causante de todas estas emociones de primerizo. Hoy me marcho de viaje al archipiélago de Svalbard, un conjunto de islas noruegas allá bien arriba en el Ártico, rozando las banquisas de hielo del Polo Norte y que se definen en una frase de gran contundencia: “Un lugar habitado por más osos polares que seres humanos”. En este aspecto se basa lo que he venido a llamar “Misión oso polar”. Y es que, probablemente nunca, pueda estar tan cerca del mayor depredador terrestre de nuestro planeta.

Me voy de viaje a Svalbard

Arranca hoy el viaje de mis sueños. Aquel en el que veo ballenas, focas y morsas con un telón de fondo de glaciares, icebergs y montañas escarpadas. Los silencios sonoros del Ártico, a casi un millar kilómetros del Cabo Norte, se suben a un barco de expedición donde seguir y contemplar la estela de los osos polares y demás fauna que se balancea entre los paralelos 78 y 80.  Leer artículo completo ➜

Látrabjarg, el acantilado de los frailecillos en los Fiordos del Oeste (Islandia)

Siempre me he sentido atrapado emocionalmente por aquellos lugares considerados confines. Umbrales geográficos donde el término del latín Finis terrae alcanza todo su sentido. Durante mi último viaje al norte de Islandia indagué en solitario por la región de los Fiordos del Oeste, un territorio que fusiona el mar con las montañas mientras que permanece casi desconectado con el resto del país. Mi intención no era otra que arribar al extremo más occidental de Islandia, Látrabjarg, no por mero capricho, sino con el objeto de ver y fotografiar frailecillos en el que se considera uno de los mejores acantilados del país para hacerlo, con perdón de Dyrhólaey (en el sur), Borgarfjördur y las islas Vestman. Las horas que requiere llegar hasta este lugar, así como el estado de la carretera en su mayor parte de grava, sigue siendo hoy día una manera eficaz de disuadir a los visitantes. De ahí que no sea un rincón de Islandia demasiado concurrido, lo que ayuda bastante a disfrutar sobremanera de una gran experiencia que os aseguro va más allá de contar con la presencia de estos simpáticos pájaros voladores de picos coloreados a pincel, los cuales cuando vuelan dan la sensación de que fueran aviones con los motores escacharrados.

Frailecillo en Látrabjarg (Fiordos del oeste, Islandia)

Los acantilados de Látrabjarg, así como sus solitarias playas anaranjadas, convierten al límite más meridional de los Fiordos del Oeste en lo más parecido al lienzo de un genio impresionista de finales del XIX. Allí, embelesado por la mejor luz de Islandia, conviví con largas y silenciosas mañanas caminando por la arena, el viento revolviendo algunos libros de viajes que traje en la maleta e intensas tardes de fotografía en compañía de mis queridos frailecillos.  Leer artículo completo ➜

20 especies animales que ver y fotografiar en un safari en Botswana

Un destino ideal para amantes de los animales. De eso se trata Botswana, de un viaje a la naturaleza más auténtica, de la suerte de ser testigos del ciclo de la vida en los humedales del Delta del Okavango, en reservas como Moremi, en los canales de Savuti o en las orillas del río Chobe donde llega la mayor concentración de elefantes que se conoce en el Planeta Tierra. El país del sur de África, del que siempre digo me parece el mejor para hacer safaris de ensueño, recoge las huellas de un número ingente fauna que se deja observar y fotografiar en libertad. Pero, ¿cuáles son esas especies que podemos encontrar en Botswana?

León macho en Chobe (Botswana)

Hoy os propongo que nos subamos a un 4×4, agarremos la cámara, tomemos papel y lápiz y hagamos una selección de 20 especies animales que ver y fotografiar en un safari en Botswana. Se trata, en realidad, de un tipo de checklist que ir tachando en un viaje de estas características. Y es que las especies más impresionantes están ahí esperándonos. ¿Empezamos? Leer artículo completo ➜

Vídeo de nuestra experiencia con los osos en Alaska

Una de las razones por la que nos animamos a emprender una aventura en Alaska a bordo de una autocaravana era tener la posibilidad de ver y fotografiar osos salvajes en libertad. En pocos lugares del mundo hay una densidad semejante de osos pardos y a principios de verano, cuando los salmones están preparando su última remontada al río en el que nacieron con el objeto de desovar, los osos bajan de las montañas para alimentarse lo suficiente y así soportar un largo invierno de hibernación. En Lake Clark National Park, al norte de Katmai, estos grandes grizzlies de costa, bajan desde principios de junio a la playa para desenterrar moluscos y así hacer más llevadera la espera de los primeros salmones de la temporada. Y allí fue precisamente donde aterrizamos con una pequeña avioneta, en una lengua de arena con marea baja, para poder salir al encuentro de un buen número de osos y vivir nuestra mejor experiencia en Alaska.

Oso en Lake Clark (Alaska)

Durante varias horas pudimos acercarnos a una decena osos aproximadamente para poderlos filmar a una distancia tan mínima como inusual. Algunos con sus crías, otros enormes machos solitarios. Pero todos ellos con un mismo fin, la supervivencia. Al respecto nos gustaría mostraros un vídeo resumen de lo sucedido aquel día. Os aseguro que os va a encantar…  Leer artículo completo ➜

Isla Plaza Sur, el planeta rojo de Galápagos

Justo al nordeste de la gran isla Santa Cruz nacieron dos islotes gracias a las corrientes subterráneas de lava que emergieron espontáneamente del océano. Esta creación nada extraña en el archipiélago de las Galápagos, dentro de un evidente origen volcánico, se la conoce hoy día como Islas Plazas, nombre puesto en recuerdo del decimosexto presidente de la República del Ecuador, Leónidas Plaza. Ambas formaciones, Isla Plaza Norte e Isla Plaza Sur, cuentan con aproximadamente dos kilómetros de extensión cada una y se miran frente a frente desde su única frontera, un canal de agua cristalina de no más de cien metros de ancho donde la vida marina se despliega con especial intensidad. Esta delgada línea de mar es suficiente para que la evolución de las especies que habitan las islas haya ido de distinta manera como, por ejemplo, que sólo haya iguanas terrestres en sólo una de ellas (la sur). Dado que la isla Plaza Norte no admite visitas turísticas normalmente debido la presencia de investigadores, sí que logramos llegar a Plaza Sur, de la que puedo decir que nos regaló una de las excursiones más recomendables en barco que pudimos hacer desde Santa Cruz.

Isla Plaza Sur (Galápagos)

En isla Plaza Sur nos encontramos con una porción de tierra vestida con el rojo de los pocos vegetales que se han aferrado a ella junto a gigantescos cactus, alimento de las grandes iguanas amarillas que se aferran a la vida al igual que los leones marinos, las gaviotas de cola bifurcada o los multitudinarios grupos de pufinos que sobrevuelan el acantilado. Es uno de los lugares más pintorescos y originales de Galápagos, con una belleza que podríamos tildar de otro planeta.  Leer artículo completo ➜

Al encuentro de los osos en Alaska

Nunca me hubiera imaginado que algún día aterrizaría en avioneta en una playa desierta. Ni llevando unas botas de goma que cubriesen hasta los muslos, como esos pescadores tan entusiastas que se meten al río más allá de las rodillas. Ni mucho menos que, tras caminar por la arena con la marea baja, contemplaría la silueta a contraluz de una fila perfecta de osos pardos. Sin otra distancia que la brisa marina, sin objeto alguno que no fuera la cámara fotográfica. Delante de nuestras narices teníamos una de las escenas más impresionantes que podía regalar la naturaleza. Estábamos en Lake Clark, una zona salvaje de Alaska donde no existen ni pueblos, ni carreteras ni nada que huela a humano a cientos de kilómetros a la redonda. Aquel Edén al norte de Katmai, famoso por albergar una de las mayores poblaciones de osos pardos del planeta, nos estaba mostrando el significado de la vida, la suerte de mirar a la naturaleza directamente a los ojos.

Osos en Lake Clark (Alaska)

El gran objetivo marcado en la hoja de ruta de nuestro viaje a Alaska en autocaravana estaba justo a unos metros. En aquella playa de Lake Clark National Park los osos engañaban a su propio estómago desenterrando moluscos mientras esperaban la incipiente remontada de los salmones. Como cada verano desde hace millones de años. Nos disponíamos a ver osos en Alaska tan cerca que podíamos escuchar cómo sus garras se hundían en la arena mojada, incluso cómo nos olían en la distancia como seres extraños que éramos para ellos.  Leer artículo completo ➜

Nacido para ser un patas azules

Si existe un ave que se le pueda considerar el icono de Galápagos por su originalidad y simpatía no se me ocurre otro mejor que el piquero de patas azules. Este tipo de alcatraz que pesca su alimento lanzándose al agua como un auténtico misil, y que bien parece diseñado por la factoría Disney, es una de las fotografías más buscadas de las islas encantadas. Su largo pico y el color de sus curiosas patas pintadas de azul celeste le confieren un carácter amigable y es símbolo identidad de un lugar en el que la cotidianidad se viste de naturaleza insólita.

Patas azules de un piquero de patas azules (Islas Galápagos, Ecuador)

A pesar que durante nuestro viaje a islas Galápagos lo habíamos podido observar en múltiples ocasiones, no éramos capaces de estar próximos a él y fotografiarlo como sí habíamos hecho con pingüinos, leones marinos, tortugas, iguanas u otras muchas especies que habitan el archipiélago. Hasta que en los túneles de lava de isla Isabela, tras una angustiosa navegación en lancha, alcanzamos unas rocas utilizadas por los piqueros de patas azules para anidar y alimentar a sus crías. Aquel sería el lugar en el que no sólo podríamos contemplar esta especie en calma y en absoluta cercanía sino también donde presenciaríamos la llegada a este mundo de un polluelo que lentamente fue rompiendo su cascarón para nacer delante de nuestras narices. Leer artículo completo ➜

12 especies animales que ver y fotografiar en un viaje a Alaska

No hay mayor dicha en Alaska que ser testigo de la vida silvestre en un territorio tan gigantesco. La observación de fauna en este paraíso natural de Norteamérica se convierte en uno de los atractivos, sino obsesiones, de quienes visitamos un destino al que la palabra salvaje se le queda incluso pequeña. Porque viajar a Alaska no sólo consiste en disfrutar de paisajes superlativos por tierra, mar y aire sino de comprender que todos aquellos bosques, montañas, islas y bahías enfriadas por glaciares e icebergs son el hogar de un elevado número de animales que los habitan en completa libertad.

Cría de oso pardo en Alaska (Lake Clark)

Os proponemos pasear durante un instante a tierras indómitas en el extremo noroeste de los Estados Unidos, que toméis la cámara, así como papel y lápiz y pasemos juntos lista a esas especies animales que tuvimos la suerte de ver y fotografiar haciendo un viaje por Alaska (así como a otras que se nos resistieron).  Leer artículo completo ➜

El viaje de la extinción a la esperanza de la gacela Mhorr

En las áridas planicies del Sáhara, en esa parte del norte de África en el que quema la tierra, hacía décadas que no se disfrutaba del elegante salto de una gacela dama (también conocida como gacela Mhorr o Mohor). Tras las guerras, el furtivismo descontrolado y cierta desatención las consideradas como gacelas más grandes del mundo fueron erradicadas de su propio territorio. La labor ardua y arriesgada del naturalista José Antonio Valverde, más conocido por su férrea defensa de Doñana, sirvió para sacar del Sáhara in extremis a once ejemplares, probablemente los últimos, de las garras de la muerte. Era el año 1971, un punto de inflexión para una especie hasta entonces abocada a ser vista únicamente en las hojas de polvorientos libros con fotos de animales desaparecidos por culpa del ser humano. La intención del biólogo ante una extinción inevitable fue poder salvar a un pequeño grupo de gacelas con las que poder trabajar en diversos proyectos de reproducción y así tratar de reintroducirlas en el futuro en su hábitat natural. De ese modo estas auténticas supervivientes fueron llevadas a Almería y de ahí a distintas instituciones y centros de conservación para lograr el arriesgado propósito del profesor Valverde.

Gacelas Mhorr

Durante décadas de un Sáhara sin gacelas Mhorr, los muchos trabajos llevados a cabo con el linaje salvado en el último momento han permitido conseguir en pleno siglo XXI que la palabra “extinta” quizás no resulte definitiva para estos animales. Y es que ya ha visto la luz la reintroducción de las mismas al que siempre fue su hogar.  Leer artículo completo ➜

Tres minutos con los osos panda de Chengdú

Hace algunas semanas os narraba los pormenores de una visita que pude hacer a los osos panda en su casa de Chengdú en los comienzos de un gran viaje al suroeste de China (Yunnan y Sichuan). Estos animales, que son un “peluche de sí mismos”, tienen algo que provoca que no puedas dejar de mirarles cuando están delante. Y en el Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante de Chengdú hay tantos osos panda que aquello es un reguero ilimitado de onomatopeyas más blandas que el anuncio de la Lotería. ¡¡¡¡Pero es que son tan bonitos!!!!!

Oso panda en el Centro de Conservación y Cría de Chengdú (China)

He preparado un vídeo en el que podremos estar tres minutos con los osos panda de Chengdú. Imágenes grabadas durante mi paso por el centro de conservación del panda más importante del mundo donde estas estas ricuras dan lo mejor de sí mismos.  Leer artículo completo ➜