Al encuentro de los osos en Alaska

Nunca me hubiera imaginado que algún día aterrizaría en avioneta en una playa desierta. Ni llevando unas botas de goma que cubriesen hasta los muslos, como esos pescadores tan entusiastas que se meten al río más allá de las rodillas. Ni mucho menos que, tras caminar por la arena con la marea baja, contemplaría la silueta a contraluz de una fila perfecta de osos pardos. Sin otra distancia que la brisa marina, sin objeto alguno que no fuera la cámara fotográfica. Delante de nuestras narices teníamos una de las escenas más impresionantes que podía regalar la naturaleza. Estábamos en Lake Clark, una zona salvaje de Alaska donde no existen ni pueblos, ni carreteras ni nada que huela a humano a cientos de kilómetros a la redonda. Aquel Edén al norte de Katmai, famoso por albergar una de las mayores poblaciones de osos pardos del planeta, nos estaba mostrando el significado de la vida, la suerte de mirar a la naturaleza directamente a los ojos.

Osos en Lake Clark (Alaska)

El gran objetivo marcado en la hoja de ruta de nuestro viaje a Alaska en autocaravana estaba justo a unos metros. En aquella playa de Lake Clark National Park los osos engañaban a su propio estómago desenterrando moluscos mientras esperaban la incipiente remontada de los salmones. Como cada verano desde hace millones de años. Nos disponíamos a ver osos en Alaska tan cerca que podíamos escuchar cómo sus garras se hundían en la arena mojada, incluso cómo nos olían en la distancia como seres extraños que éramos para ellos.  Leer artículo completo ➜

Nacido para ser un patas azules

Si existe un ave que se le pueda considerar el icono de Galápagos por su originalidad y simpatía no se me ocurre otro mejor que el piquero de patas azules. Este tipo de alcatraz que pesca su alimento lanzándose al agua como un auténtico misil, y que bien parece diseñado por la factoría Disney, es una de las fotografías más buscadas de las islas encantadas. Su largo pico y el color de sus curiosas patas pintadas de azul celeste le confieren un carácter amigable y es símbolo identidad de un lugar en el que la cotidianidad se viste de naturaleza insólita.

Patas azules de un piquero de patas azules (Islas Galápagos, Ecuador)

A pesar que durante nuestro viaje a islas Galápagos lo habíamos podido observar en múltiples ocasiones, no éramos capaces de estar próximos a él y fotografiarlo como sí habíamos hecho con pingüinos, leones marinos, tortugas, iguanas u otras muchas especies que habitan el archipiélago. Hasta que en los túneles de lava de isla Isabela, tras una angustiosa navegación en lancha, alcanzamos unas rocas utilizadas por los piqueros de patas azules para anidar y alimentar a sus crías. Aquel sería el lugar en el que no sólo podríamos contemplar esta especie en calma y en absoluta cercanía sino también donde presenciaríamos la llegada a este mundo de un polluelo que lentamente fue rompiendo su cascarón para nacer delante de nuestras narices. Leer artículo completo ➜

12 especies animales que ver y fotografiar en un viaje a Alaska

No hay mayor dicha en Alaska que ser testigo de la vida silvestre en un territorio tan gigantesco. La observación de fauna en este paraíso natural de Norteamérica se convierte en uno de los atractivos, sino obsesiones, de quienes visitamos un destino al que la palabra salvaje se le queda incluso pequeña. Porque viajar a Alaska no sólo consiste en disfrutar de paisajes superlativos por tierra, mar y aire sino de comprender que todos aquellos bosques, montañas, islas y bahías enfriadas por glaciares e icebergs son el hogar de un elevado número de animales que los habitan en completa libertad.

Cría de oso pardo en Alaska (Lake Clark)

Os proponemos pasear durante un instante a tierras indómitas en el extremo noroeste de los Estados Unidos, que toméis la cámara, así como papel y lápiz y pasemos juntos lista a esas especies animales que tuvimos la suerte de ver y fotografiar haciendo un viaje por Alaska (así como a otras que se nos resistieron).  Leer artículo completo ➜

El viaje de la extinción a la esperanza de la gacela Mhorr

En las áridas planicies del Sáhara, en esa parte del norte de África en el que quema la tierra, hacía décadas que no se disfrutaba del elegante salto de una gacela dama (también conocida como gacela Mhorr o Mohor). Tras las guerras, el furtivismo descontrolado y cierta desatención las consideradas como gacelas más grandes del mundo fueron erradicadas de su propio territorio. La labor ardua y arriesgada del naturalista José Antonio Valverde, más conocido por su férrea defensa de Doñana, sirvió para sacar del Sáhara in extremis a once ejemplares, probablemente los últimos, de las garras de la muerte. Era el año 1971, un punto de inflexión para una especie hasta entonces abocada a ser vista únicamente en las hojas de polvorientos libros con fotos de animales desaparecidos por culpa del ser humano. La intención del biólogo ante una extinción inevitable fue poder salvar a un pequeño grupo de gacelas con las que poder trabajar en diversos proyectos de reproducción y así tratar de reintroducirlas en el futuro en su hábitat natural. De ese modo estas auténticas supervivientes fueron llevadas a Almería y de ahí a distintas instituciones y centros de conservación para lograr el arriesgado propósito del profesor Valverde.

Gacelas Mhorr

Durante décadas de un Sáhara sin gacelas Mhorr, los muchos trabajos llevados a cabo con el linaje salvado en el último momento han permitido conseguir en pleno siglo XXI que la palabra “extinta” quizás no resulte definitiva para estos animales. Y es que ya ha visto la luz la reintroducción de las mismas al que siempre fue su hogar.  Leer artículo completo ➜

Tres minutos con los osos panda de Chengdú

Hace algunas semanas os narraba los pormenores de una visita que pude hacer a los osos panda en su casa de Chengdú en los comienzos de un gran viaje al suroeste de China (Yunnan y Sichuan). Estos animales, que son un “peluche de sí mismos”, tienen algo que provoca que no puedas dejar de mirarles cuando están delante. Y en el Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante de Chengdú hay tantos osos panda que aquello es un reguero ilimitado de onomatopeyas más blandas que el anuncio de la Lotería. ¡¡¡¡Pero es que son tan bonitos!!!!!

Oso panda en el Centro de Conservación y Cría de Chengdú (China)

He preparado un vídeo en el que podremos estar tres minutos con los osos panda de Chengdú. Imágenes grabadas durante mi paso por el centro de conservación del panda más importante del mundo donde estas estas ricuras dan lo mejor de sí mismos.  Leer artículo completo ➜

2 minutos en las Lagunas de Villafáfila

Hace algún tiempo comentamos en este blog que uno de los mejores lugares de España para observar aves migratorias durante el invierno era la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila, en la provincia de Zamora. Dentro de un paisaje estepario y uniforme del que fuera y es el granero de Castilla nace un espacio del todo idóneo para que no pocas especies de pájaros pasen aquí sus inviernos huyendo de los fríos glaciales del norte de Europa. Es el caso de los ánsares, las grullas, las avefrías, ánades y distintas aves que vacacionan en un entorno acuático que varía la monotonía de hectáreas de llanura en las cuales se viene cultivando el cereal desde tiempos inmemoriales. Por otro lado se dejan ver las enormes avutardas entre pastos secos y baldíos mientras huyen de cualquier presencia humana que ose incomodarlas. De ese modo surge en pleno corazón de Tierra de Campos un rincón fascinante de naturaleza en el que llevar a cabo una ruta ornitológica en la que ver y fotografiar aves invernantes es sólo uno de los muchos atractivos de la recia y legendaria planicie zamorana.

Gansos en las Lagunas de Villafáfila (Zamora)

Para que podáis seguir comprobando lo que ofrece esta reserva natural he preparado un vídeo en el que se narra lo que pueden dar de sí dos minutos en las Lagunas de Villafáfila. Y ya veréis que no es poco… Leer artículo completo ➜

Una visita a los osos panda en su casa de Chengdú (China)

Leía hace algún tiempo en un reportaje de National Geographic que eso de que los osos panda nos resulten tan irresistibles tiene incluso explicación científica. Al parecer durante toda la vida retenemos en nuestro subconsciente ciertas características infantiles y cuando observamos un animal con la ternura de un bebé se estimula nuestra producción de oxitocina, la considerada como “hormona del amor”.  Internet está lleno de vídeos de adorables ositos panda con números récord en visualizaciones. Y sí, reconozco que a mí también me encantan. Así que cuando planeé viajar al suroeste de China me detuve unos días en Chengdú para visitar, entre otras cosas, el Centro de Investigación y Cría del Panda Gigante y así contemplar de cerca a estos animales a los que entran ganas de achuchar como a un peluche.

Oso panda de Chengdú (China)

Aunque son oriundos de las montañas de Sichuan, en Chendú desde 1987 llevan haciendo una labor encomiable que les ha llevado a lograr más de 200 nacimientos de una especie que hasta hace muy poco rozaba su propia extinción. Hoy día el centro es una de las atracciones más importantes con las que cuenta la ciudad china.  Leer artículo completo ➜

Delfines en la costa del Alentejo: El estuario del río Sado

En Tróia, puerto del norte de la costa de la región del Alentejo en Portugal, se da un curioso caso que me llamó mucho la atención. El lugar donde va a morir el río Sado, en zona de marismas y salineras que llevan funcionando desde la época romana, cuenta con unos habitantes de lo más especiales. Un nutrido grupo de casi treinta delfines, llamados golfinhos en portugués, resisten en estas aguas tranquilas en las que han encontrado estabilidad a pesar de quedar cerca la ciudad de Setúbal, los astilleros y el paso regular de ferries y embarcaciones a motor. Tras haber menguado su población décadas atrás, parece que el declive de una colonia que estaba abocada a desaparecer se ha detenido, dándose incluso nuevos nacimientos con un elevado porcentaje de supervivencia.

Delfines en Troia (Alentejo, Portugal)

La observación de delfines en el estuario del río Sado, respetando todas las premisas del turismo sostenible y ecológico, se ha convertido en uno de los puntos fuertes en Tróia y los parajes naturales que la rodean. De hecho quienes conocen bien este lugar se saben de memoria los nombres de todos los delfines o golfinhos que se dejan ver en libertad y saltan junto a las barcas acompañados de decenas de gaviotas. Son, de una forma u otra, familia de la preciosa y salvaje costa alentejana.  Leer artículo completo ➜

Particularidades sobre los safaris para ver tigres en India

Recientemente tuvimos la ocasión de buscar la mirada del tigre de Bengala en el corazón de la India. Nos centramos en los parques de Kanha y Bandhavgarh, al sur del Estado de Madhya Pradesh, puesto que según todo los censos es donde encuentra la mayor densidad de tigres en el continente asiático. Y, por tanto, donde existen ciertas posibilidades para ver ver y fotografiar en libertad a estos grandes felinos. Aunque para ello sean necesarias altas dosis de paciencia y, sobre todo, de suerte.

Tigre de Bengala en Kanha (India)

A continuación he recopilado algunas particularidades sobre este tipo de safaris para ver tigres en India para conocer mejor cómo funcionan, sus diferencias con los safaris en África y, de ese modo, poderle sacar el mejor partido a uno de los viajes de naturaleza más apasionantes que se pueden llevar a cabo en el mundo.  Leer artículo completo ➜

A solas con los frailecillos en Islandia

Los viajes no se componen tan sólo de lugares. Son, en realidad, los momentos que pasamos en ellos, todo lo que nos va sucediendo en el camino, lo que configura esa aventura que recordaremos mientras vivamos. Tras un largo viaje en coche por Islandia en el sentido de las agujas del reloj a finales de abril, esperaba con ansia la llegada primaveral de las aves más características del país, los frailecillos, quienes regresan siempre por esta época procedentes de fríos y duros meses de pesca en las aguas del Ártico. Muchos islandeses me habían dicho que esperara y fuera paciente, que poco antes de llegar mayo empezaría a ver frailecillos en los acantilados, donde acuden cada año para tener a sus crías. Faltaba un día para que terminara el viaje (así como mayo), y justo en la última oportunidad que me quedaba antes de marcharme de vuelta a casa llegué a horas tardías, aunque con algo de luz, al promontorio de Dyrhólaey, en el sur de Islandia, donde nevaba con gran intensidad. ¡Ahora o nunca! – me dije mientras buscaba altura en una estrecha carretera donde no pasaba un sólo coche.. Aparqué mi vehículo y comencé a caminar. No necesité dar más de tres pasos para ver la mirada de una pareja de curiosos frailecillos al filo del acantilado. Ya estaban aquí…

Frailecillos en Islandia

El cielo encapotado y los copos de nieve no me impidieron apreciar la escena y que me acercara lentamente hacia ellos. Entonces los dos frailecillos se multiplicaron por cien, por doscientos, por trescientos… Lo que tenía delante era una gran colonia de hermosos puffins, nombre con el que se les conoce en casi todo el mundo a los frailecillos (lundi es en islandés). Entonces me senté a apenas un par de metros de ellos, tomé fotografías, grabé algún pequeño vídeo (que os mostraré a continuación) y disfruté en silencio de uno de los momentos más memorables y emocionantes de mi viaje a IslandiaLeer artículo completo ➜

Érase una vez en India la aldea de El Libro de la Selva

Érase una vez en India la aldea de los hombres, el lugar donde Mowgli regresara después de ser criado en la naturaleza por una manada de lobos y aprender a comunicarse con los animales. La historia de El Libro de la Selva está presente en los tupidos bosques del sur de Madhya Pradesh, con Kanha y Bandhavgarh, así como Pench, como máximos exponentes con los que contextualizar esta recopilación de cuentos que publicara en 1894 el británico Rudyard Kipling y después fuera llevada al cine por Disney en 1967. El temible Shere Kahn, el gran tigre de Bengala, y su descendencia siguen dejándose ver ocasionalmente en la espesura del que siempre fue su territorio. Y algunos pueblos que no han cambiado nada en siglos sobreviven a las puertas de la jungla. Como aquella aldea sin nombre que encontramos al borde de Kanha en la que el azar nos detuvo para contemplar cómo la vida sigue igual en una de las zonas rurales más auténticas y sorprendentes de toda India .

Aldea de Madhya Pradesh en India

Un pueblo anónimo disfrazado de blanco y azul salió a nuestro encuentro una tarde cualquiera. Y aquella podía ser la aldea de los hombres que imaginara Kipling porque tenía todos los ingredientes para ser su escenario.  Leer artículo completo ➜