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5 de agosto: EL SILENCIO SALVAJE DEL MOKORO
Madrugamos para estar a las 8:30 en el Old Bridge Backpackers de Maun, hora y lugar donde estábamos emplazados para comenzar nuestra incursión acuática al Delta del Okavango. Allí nos esperaba un camión descubierto por los laterales, preparado para safaris terrestres, que sería el que nos trasladara hasta la orilla de uno de los canales. En el camping nos proveyeron de la comida pic-nic, aunque no estaba incluida la bebida. Ya nos habían avisado que el agua debíamos traerla nosotros. Y para una excursión de 8 horas de duración en un día soleado, no llevar agua hubiera sido un incómodo descuido.
El camión-safari nos dejó en la cabecera de un canal bastante caudaloso y allí nos pidieron que subiéramos a una enorme lancha motora para adentrarnos al comienzo del parque, a una parte ya alejada suficientemente de la población y así utilizar por fín las canoas.


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4 de agosto: EL DELTA DEL OKAVANGO EN AVIONETA
Desde que el Río Okavango nace en una de las zonas más húmedas de Angola tienen que pasar más de mil kilómetros para que desemboque en la sequedad de un Desierto como el Kalahari. Este es un caso poco usual de creación de un falso delta interior, que además se expande en un área de sequedad casi extrema. En el noroeste de Botswana reside este fenómeno natural que abarca algo más de 16000 metros cuadrados bañados por una explosión de agua que da forma a cientos de lagunas, charcas e isletas interiores donde habita una gran cantidad de animales, muchos de los cuales viven totalmente aislados y en ocasiones pasan toda su vida sin avistar jamás a un ser humano.
El río Okavango no es precisamente uno de los más anchos y caudalosos, pero cuando derrama sus aguas en Botswana, lo hace con fuerza. Sus formas se asemejan a las de la copa de una palmera o incluso a la de un brazo que finaliza en una mano abierta. Los dedos (o ramas) representarían en los límites de un poderío fluvial que termina desapareciendo bajo la dura y seca tierra del desierto. Se podría decir del Delta que es el mayor oasis del mundo, una irrupción casi milagrosa de vida donde nadie la esperaba.


Hay experiencias que jamás se olvidan. Es más, las hay que se te quedan grabadas a fuego en la piel y en el corazón, y que forman ya parte de tu ser, de tu vida y de tu historia personal. Cuando uno vuelve de un viaje como este, cargado de vivencias únicas, no puede evitar sentir la necesidad de compartirlas con los demás, gritar a los cuatro vientos lo maravillosa que es la vida, y estar orgulloso de haber pertenecido por unas semanas a un devenir que siempre se había visto de lejos, por la pantalla de la televisón o por el negro sobre blanco de los libros. En este viaje africano no han sido las cámaras de National Geographic las que han captado el sigiloso descender de un árbol de un elegante leopardo, el aullido de hambrientas hienas en la oscuridad de un bosque impenetrable o la risa de unos niños emocionados de que extraños foráneos visiten su poblado. En esta aventura por el Sur del continente negro los protagonistas, los cámaras, los observadores, los conductores, los supervivientes… hemos sido ocho, con nombres y apellidos, quienes hemos tenido la fortuna de que nadie nos lo cuente.


En ningún viaje de los hasta ahora realizados he podido recopilar tal cantidad de anécdotas y de historias como en este del Sur de África. Ese es sin duda un claro indicador de que lo vivido en estos veinticinco días ha superado las generosas expectativas creadas y de que el Continente negro me ha dejado una huella imposible de borrar.

Con más de mil fotografías en las tarjetas de memoria de mi cámara de fotos, y aún con arena del desierto del Namib en mi ropa (literal), me siento hoy por primera vez desde mi vuelta en el ordenador para gritar con todas mis fuerzas que la AVENTURA vivida ha sido FANTÁSTICA, EXCITANTE, AGOTADORA, que he creído formar parte de un documental de National Geographic y que tengo muchas cosas que contaros.
* Fecha de inicio del viaje: 31 de julio de 2009
* Fecha de fin del viaje: 24 de agosto de 2009
* Países incluídos en la ruta: Emiratos Árabes Unidos (24 horas en Dubai), Sudáfrica (lugar de partida en África), Botswana, Zimbabwe (Cataratas Victoria), Namibia, Mozambique, ¿¿Swazilandia?? (sin confirmar)
* Alistados al viaje: Alberto, Ana, Bernon, Chema, Juanra, Pilar, Rebeca y Sele
* Medios de transporte a utilizar: Avión, Coches todoterreno (Land Rover Freelander 2) y Mokoros (canoas)
Todos los viajes que uno se plantea en su vida tienen algo especial, diferente, único. Y cuando se está a las puertas de iniciar la marcha es muy usual pensar que se está ante la aventura más esperada y deseada. En el caso de este viaje no exagero si digo que es el viaje que emprendo con más ganas en los últimos años.
Ayer cuando presentaba el nuevo logo del Rincón de Sele os decía que el dibujo correspondía a la fotografía de una
Ranita de Ojos Rojos tomada en Cahuíta (Costa Rica) en mayo de 2007 cuando tanto mi amigo Inti como yo nos dejamos seducir por sus vivos colores y simpática apariencia. Personalmente a partir de ese momento siempre consideré que aquella imagen acabaría siendo una metáfora de mi proyecto viajero escrito-fotográfico. Y es que la ranita representa el exotismo, la lejanía, aquellos lugares tan escondidos que parecen inalcanzables, la luminosidad y el color de un mundo lleno de sorpresas que esperan ser descubiertas por nosotros. Es por ello que me gustaría homenajear a tan insigne anfibio dedicándole el primer artículo de este nuevo Rincón.
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Desde el sábado 28 de abril de 2007 y durante 3 semanas estuve gozándolo en tierras paradisiacas de Centroamérica. Costa Rica por entero y el privilegiado Archipiélago de Bocas del Toro, en Panamá, fueron los lugares escogidos para llevar a cabo uno de los viajes más deseados desde hace mucho tiempo.
No sólo porque supuso la primera vez en cruzar el charco para pasar a América sino también porque fue algo muy diferente a lo que estaba acostumbrado. La razón es muy simple, no es un destino donde destacan las ciudades o los monumentos. Al contrario, es una zona en que la protagonista al 100% es la Naturaleza. Selvas tropicales, manglares, volcanes, playas de ensueño, animales salvajes, aves de mil colores… Exotismo puro y casi virgen.

















