Port Grimaud, la Venecia elitista de la Costa Azul

La Riviera francesa siempre ha estado ligada estrechamente al glamour y a las vacaciones de millonarios venidos de todo el mundo. En la franja de litoral entre Mónaco y Marsella nacieron numerosos rincones teñidos de exclusividad y elitismo. Y aunque Saint Tropez se llevó a buena parte de la Jet Set, hubo quien buscó el no va más a sólo un paso en lo que a priori no era más que un sucio lodazal. El ingenio del arquitecto François Spoerry le llevó en 1966 a construir una Venecia en estilo provenzal que se convirtió en una de obras más premiadas de Francia en el siglo XX. Su nombre es Port Grimaud y hoy día es la residencia de ricos y famosos que quisieron tener su propia ciudad de los canales.

Port Grimaud (Costa Azul, Francia)

Considerado como uno de los emplazamientos más curiosos y diferentes de la Costa Azul atrae cada vez a más gente que va en busca de esta originalidad de los años sesenta que llegó para quedarse… y deslumbrar.  Leer artículo completo ➜

Cannes, ciudad con sabor a cine en la Costa Azul

Tener una segunda residencia en Cannes fue durante los años veinte una moda entre los más pudientes de Francia y Reino Unido. El clima, la luz y la belleza del litoral que circunda la privilegiada Riviera francesa resultaban ideales para escapar de los fríos y lluviosos inviernos del norte de Europa. Surgieron villas palaciegas, hoteles de lujo y un paseo mítico: La Croisette. Aunque a muchos les suene Cannes solo por su Festival Internacional de Cine, la ciudad más elitista de la Costa Azul lleva décadas como símbolo de glamour y distinción.

Cannes (Costa Azul, Francia)

Cannes ha crecido mucho desde entonces, pero ha sabido mantener su esencia en las calles de Le Suquet, donde una vez hubo un humilde barrio de pescadores. Pasear por esta ciudad es conocer los entresijos de este icono de la Francia del sol, la playa y el placer de disfrutar de la vidaLeer artículo completo ➜

Isla de Ré, un baño de luz en la costa atlántica de Francia

Dicen que aquellos lugares acariciados por la luz con cierta persistencia son mucho más felices y se respira un cierto optimismo que supera la mera banalidad. Y estoy convencido de que en cierto modo es verdad. Hace muy poco comprobé en Isla de Ré que, sin duda, la luz es su piedra filosofal. De hecho, este trocito de paz inmerso en el Charente Marítimo, en plena Francia Atlántica, recibe al año tantos días de cielos luminosos como la célebre Costa Azul en el Mediterráneo. Una suerte en el que la brisa suave y el olor a salitre inundan los callejones de casas blancas y malvarrosas siempre a punto para ser olidas con deleite. Al otro lado de La Rochelle flota una isla marcada por pueblos cargados de hermosura y vitalidad, magníficas playas de arena fina, una historia intensa que se aprecia en la construcción de bastiones defensivos que la volvieron inmortal así como poderosos faros retando al océano que vieron saltar a más de mil ballenas.

Torre de las ballenas (Isla de Ré, Francia)

Isla de Ré (en francés Île de Ré), una de las escapadas vacacionales más sorprendentes y agradables de toda Francia, es un paréntesis de luz y tranquilidad en la bravura de un Atlántico que muestra una docilidad inusual. Posee muchos atractivos que ver y de los que disfrutar, unos imprescindibles y otros, simplemente, a gusto del consumidor. Porque hay una isla por cada tipo de viajero.  Leer artículo completo ➜

Los pueblos de interior más bonitos del País Vasco francés

Una frontera de papel dobla en dos partes la tierra del euskera, la txapela, los txikitos del aperitivo y toda una forma de ver la vida. A uno y otro lado de las montañas, ya sea desde España o desde Francia, los prados tienen una gama de verdes únicos en la paleta de colores. Y en ellos podemos descubrir algunos rincones de belleza infinita que no suelen copan demasiados reportajes turísticos ni guías. Regresando de un roadtrip por Midi-Pyrénées le dedicamos un aparte a nuestro viaje. Decidimos dejar a un lado las localidades marítimas de la costa vasca y así sumergimos en una ruta diferente por el corazón del País Vasco francés para ir en busca de los pueblos de interior más bonitos que se esconden en valles encantados y en cuyas fachadas con traviesas de madera rojas, verdes o azules se deja secar el pimiento.

Fachadas de La Bastide-Clairence, típicas del País Vasco francés

Siempre tuve un especial interés en conocer esos pueblos con encanto más allá de la frontera que conserva la tradición vasca a flor de piel. Y para ello llevamos a cabo una ruta en coche por los pueblos de interior del País Vasco francés con objeto de descubrir cuáles son los lugares más recomendables para ver en la zona. ¿El resultado? Aquí lo tenéis… Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia IV

En 1916 la Gran Guerra se había estancado y mover posiciones, aunque fueran unos pocos metros en Frente occidental, tenía consecuencias letales. Un invierno en las trincheras era convivir puerta a puerta con el frío y la lluvia incesante que convertía todo lo que tocaba en barro inmundo. La moral de los soldados que habían sobrevivido a los dos primeros años de contienda estaba por los suelos. Tras varios intentos fallidos por parte del ejército aliado compuesto por franceses y otras nacionalidades de la Commonwealth se empezó a maquinar el principio del fin de la guerra. Desgajar las líneas alemanas en le Chemin des Dames y forzar su retroceso dependería por completo de una tarea de distracción que se preparó a conciencia durante casi un año en la ciudad de Arras.

Cantera Wellington (Arras, Artois, Nord-Pas de Calais)

Durante la Batalla de Arras, en la primavera de 1917, el factor sorpresa llegaría a través de túneles excavados desde hacía varios meses por un equipo de zapadores neozelandeses expertos en minería. Más de 20.000 soldados saldrían del subsuelo como auténticos muertos vivientes para cercenar al ejército germano al otro lado de Arras. Únicamente de esa manera podrían darle un vuelco a una Primera Guerra Mundial que sólo en el norte de Francia se había llevado a más de un millón de víctimas. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia III

Felices se las prometían unos y otros al inicio de Primera Guerra Mundial de la Historia. Cuando en el verano de 1914 se desencadenó el conflicto tras el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en la ciudad de Sarajevo, los alemanes no tenían dudas de que allá por navidades estarían celebrando su entrada en París. Y los franceses, así como sus aliados, sostenían lo mismo con respecto a Berlín. La guerra, según ellos, sería cuestión de semanas o pocos meses. Pero pronto se dieron cuenta de que ya no estaban en el siglo XIX y que cientos de miles, millones de soldados en realidad, perderían la vida y la inocencia en el barro de las trincheras, rodeados de cadáveres y de ratas durante cuatro años que se hicieron eternos.

Ruinas de una iglesia destruida durante la I Guerra Mundial (Saint Nazaire, Norte de Francia)

Recuperar la colina de Notre Dame de Lorette de las manos alemanas iba a costar muy caro. Tanto como cien mil franceses en una de las grandes derrotas del inicio de la Gran Guerra. Sólo por una colina, por avanzar unos metros y no dar un paso atrás. Hoy de aquello no queda más que un reguero de tumbas y un jardín regado por las lágrimas. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia II

Algunos extractos de cartas enviadas durante la I Guerra Mundial desde las trincheras por los soldados a sus familias son demoledores, a la vez que ilustran a la perfección lo que pasaba por su mente. Encuentro especialmente significativo un texto que reza lo siguiente: “Papá. Aquí para que te evacuen hace falta reventar. Me gustaría que el Gobierno estuviera en el frente durante dos horas y vería lo que es esto. Me da igual si la carta pasa la censura, no es más que la verdad. Perdóname, no quiero que nos hablen de campo, del honor, porque yo lo llamo carnicería. Porque esta guerra no es más que un juego de masacre para nosotros en el que se nos lleva como vacas o corderos al matadero. Tu hijo desesperado por volver con vida.”Cementerio portugués en Nord-Pas de Calais (Norte de Francia)

Mientras sigo los caminos de la memoria en el frente que dividía en dos Nord-Pas de Calais, en el norte de Francia que limita con Bélgica, no soy capaz de dejar atrás una sensación extraña. Tengo una sensación amarga en la garganta cada vez que veo un nombre incrustado en una lápida o que la tierra permanece removida por el estallido de los obuses que entre 1914 y 1918 desolaron estos campos. Leer artículo completo ➜

Viaje a la Primera Guerra Mundial en el Norte de Francia

“Cuando vuelva podré contarte cómo es la guerra, no la gloria que hay en ella, sino sus horrores” se puede leer una carta oculta en un desván durante casi un siglo. Formaba parte de uno de los muchos papeles enviados por correo postal con los que un jovencísimo soldado del Imperio británico informaba a su madre de las peripecias y desencantos vividos en la I Guerra Mundial. La cruenta Batalla de Fromelles desvaneció su deseo de regresar a casa y así narrar su difícil experiencia en la Gran Guerra librada en Europa que dejaría un continente destrozado. El norte de Francia se convirtió en su tumba, así como la de millones de personas que jamás pudieron volver a sus hogares. Gente que marchó en busca de gloria pero se encontró de frente con pozos de miseria, podredumbre y muerte en el barro pringoso de una trinchera inútil.

Tumba de la I Guerra Mundial en el Norte de Francia

En Nord-Pas de Calais, más conocido como el Flandes francés, pude iniciar un viaje de varios días a la I Guerra Mundial siguiendo las principales batallas que tuvieron lugar en la región. Allí fui testigo, un siglo después de la Gran Guerra, de cómo Europa se convirtió en un gran tablero de ajedrez que se quedó sin peones.

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Una ruta por el País del Cognac en Poitou-Charentes

El color ámbar desprendido por una copa de cognac (o coñac) añejo no sólo recoge el aroma perfumado de uno de los brandys más famosos del mundo sino que también nos acaricia suavemente los labios con un pedacito de Francia. Este aguardiente surgido de la doble destilación de los vinos producidos en una pequeña región bañada por el río Charente, en el oeste del país vecino, sobrevuela los paladares de un terruño vestido de viñedos, castillos, catedrales románicas y burros de pelo largo con pantalones. Érase el País del Cognac, una ruta deliciosa por los lugares que dan nombre en Poitou-Charentes a una celebérrima Denominación de Origen de Brandy en cuya ciudad emblema vino a nacer el mismísimo Rey Francisco I de Francia, monarca de las letras y el Renacimiento galo cuya rivalidad con el Emperador Carlos V marcó por completo el siglo XVI en una Europa que no hacía más que cambiar sus mapas.

Saint-Martin-de-Ré (Isla de Ré, País del Cognac)

Ciudades como Cognac, Angulema, La Rochelle o la bella Isla de Ré forman parte de un recorrido de varios días con mucho que ver y ofrecer. Una ruta por el País del Cognac sirve en copa un viaje idílico a esa Francia donde el campo parece más verde y el cielo más azul.  Leer artículo completo ➜

Angulema, un viaje a la ciudad del cómic

Dicen que para visitar Angulema (Angoulême en francés) además de patearse las calles uno debe pasar sus hojas a todo color como si lo hiciera con un tebeo de toda la vida. Quizás porque toda ella forma parte de un gran cómic universal en el que las calles se escriben dentro de bocadillos y las onomatopeyas forman parte del argot local. En realidad basta con buscar los murales pintados con historietas de ayer y hoy que, involucrados en la vida de esta ciudad en pleno País del Cognac, dentro de la región francesa de Poitou-Charentes, pasan a formar parte de su día a día. Angulema vive de la genialidad de aquellos dibujantes que han visto cómo de las fachadas de los edificios surgen escenas, héroes y personajes nacidos de su propia imaginación. La responsable de acoger el Festival Internacional del Cómic más importante de Europa no sólo se limita a promover la lectura de un género considerado por muchos como el noveno arte, sino de convertir la ciudad en el orgullo de todos los que aman esta forma ir más allá a la hora de narrar con ilustraciones este y otros mundos.

El Jardín Extraterrestre es una de las pinturas más célebres de Angulema, capital del cómic

Escaparse a Angulema es llevar a cabo un viaje a la ciudad del cómic y ver cómo escapan por la ventana los hermanos Dalton sin que Lucky Luke se de cuenta mientras la estilizada figura de Corto Maltés busca nuevas aventuras consumiendo lentamente un cigarrillo. La fantasía de un universo paralelo está en el subconsciente de quienes visitan esta curiosa, agradable e intrépida ciudad a orillas del CharenteLeer artículo completo ➜

Guía de un viaje en coche por los pueblos de Midi-Pyrénées

Guía práctica de un viaje en coche a Midi-Pyrénées

Las rutas por carretera en el sur de Francia son inexpugnables. Mil y un vericuetos medievales en ciudades, pueblos, claustros nos esperan allá donde se cruzan varios de los senderos del Camino de Santiago francés que siguen viendo pasar por delante a los peregrinos. Midi-Pyrénées (o Mediodía Pirineos) es, en cuerpo y alma, buena parte de un tiempo que avanza despacio y que nos propusimos descubrir en un viaje en coche en busca de los pueblos más bellos en esta región meridional de Francia. Teniendo Madrid como partida decidimos iniciar nuestra aventura en Moissac para salir a descubrir rincones fabulosos como Rocamadour, Albi, Lauzerte, Cordes-sur-Ciel o la inimitable Conques, entre otros, auténticos escaparates del medievo que no se nos escaparon en un mapa arrugado con todos los trazos diseñados a lápiz.

Imagen de Rocamadour (Midi-Pyrénées, Francia)

Es mi objetivo compartir los detalles de esta ruta en coche por Midi-Pyrénées, concretamente a los departamentos de Tarn, Tarn-et-Garonne, Lot y Aveyron, mediante una pequeña guía práctica. En ella aparecen los lugares que recomendamos visitar, así como los pasos para seguir y repetir un viaje maravilloso a una zona de Francia en la que hay muchas cosas que ver y que hacer. Un viaje al corazón de la Edad Media.  Leer artículo completo ➜