Rumbo a Madeira, la isla portuguesa de la eterna primavera

Todavía no me he bajado de la góndola veneciana y ya tengo las maletas preparadas para descubrir un nuevo destino. Esta vez me marcho rumbo a Madeira, enclave portugués en la Macaronesia a 700 kilómetros al norte de las islas Canarias y 800 al sur de Lisboa. La gran isla de Madeira, con Funchal como capital, un evidente origen volcánico y bosques de laurisilva protegidos por la UNESCO dentro del conglomerado de lugares que forman parte del Patrimonio de la Humanidad, se trata de uno de esos destinos a los que le tenía en la lista de espera desde hace tiempo. Por eso deseo recorrerla a fondo, salir a buscar ballenas en barco, degustar platos típicos en tabernas con espíritu luso en su vertiente más subtropical y, en definitiva, sorprenderme de un archipiélago demasiado desconocido para mi como para no haber llamado antes a su puerta.

Paisaje de Madeira

Vamos a ver cuánto pueden dar de sí cinco días en Madeira, viaje que ya ha comenzado y del que os iré contando cosas estos días para que aprendamos juntos sobre la que muchos dicen se trata de la perla lusa del AtlánticoLeer artículo completo ➜

Delfines en la costa del Alentejo: El estuario del río Sado

En Tróia, puerto del norte de la costa de la región del Alentejo en Portugal, se da un curioso caso que me llamó mucho la atención. El lugar donde va a morir el río Sado, en zona de marismas y salineras que llevan funcionando desde la época romana, cuenta con unos habitantes de lo más especiales. Un nutrido grupo de casi treinta delfines, llamados golfinhos en portugués, resisten en estas aguas tranquilas en las que han encontrado estabilidad a pesar de quedar cerca la ciudad de Setúbal, los astilleros y el paso regular de ferries y embarcaciones a motor. Tras haber menguado su población décadas atrás, parece que el declive de una colonia que estaba abocada a desaparecer se ha detenido, dándose incluso nuevos nacimientos con un elevado porcentaje de supervivencia.

Delfines en Troia (Alentejo, Portugal)

La observación de delfines en el estuario del río Sado, respetando todas las premisas del turismo sostenible y ecológico, se ha convertido en uno de los puntos fuertes en Tróia y los parajes naturales que la rodean. De hecho quienes conocen bien este lugar se saben de memoria los nombres de todos los delfines o golfinhos que se dejan ver en libertad y saltan junto a las barcas acompañados de decenas de gaviotas. Son, de una forma u otra, familia de la preciosa y salvaje costa alentejana.  Leer artículo completo ➜

Las capillas de los huesos en el corazón del Alentejo

“Los huesos que aquí estamos a los vuestros esperamos” es el mensaje de recibimiento a los visitantes por parte quienes idearon las conocidas como capelas dos ossos (capillas de los huesos) que existen Portugal. No sólo podemos encontrar un claro ejemplo en Évora, la ciudad más conocida de la región de Alentejo sin lugar a dudas, sino también en Campo Maior, un pequeño y solitario pueblo fronterizo con Badajoz. Ambas capillas comprenden un viaje a lo efímero de las cosas o, más bien, de la vida terrenal, a través de una composición macabra en la que huesos y calaveras se convierten en auténticas y ejemplarizantes obras maestras.

Calavera de la Capilla de los huesos de Campo Maior (Alentejo, Portugal)

Las capillas de los huesos en el corazón del Alentejo conforman uno de esos viajes en los que lo lúgubre se vuelve protagonista. Y, aunque la idea pueda parecer un tanto tétrica, son muchas las personas las que nos interesamos por estos funestos lugares y nos acercamos a visitarlos. Leer artículo completo ➜

Guía alternativa con esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa

Con el término olisipófilo se define a “aquella persona que ama o le tiene un afecto superlativo a la ciudad de Lisboa, la cual los romanos denominaban Olissipo en lengua latina”. La vez que supe de la existencia de esta curiosa filia me di cuenta de que la padecía por los cuatro costados. Pero que no se trataba de nada malo en absoluto. Al contrario, eso explicaba que todos mis viajes a ella me parezcan pocos y que siempre me quede con ganas de más. Si bien ya había podido estar unas cuantas veces en la capital portuguesa, incluyendo petición de matrimonio en uno de los fines de semana más románticos que he vivido nunca, tuve la suerte de regresar una ocasión más abandonando los consejos de las guías de viaje y de repetir las mismas visitas a la parte más monumental de la ciudad. Tenía ganas de conocer otra Lisboa, la de los alfacinhas (que significa lechuguitas, el apodo cariñoso con el que se les conoce también a los lisboetas en Portugal por sus cultivos de lechugas en la antigüedad) y así descubrir nuevos escenarios en los que no había reparado en mis anteriores recorridos.

Tranvías de Lisboa (Portugal)

En una escapada express de 48 horas hice una visita alternativa que me sirviera para conocer esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa. Una ruta diferente, con un toque de fado, arte urbano, cementerios que parecen museos, jardines majestuosos que no quedan a la vista, factorías reconvertidas en cultura, historias curiosísimas e incluso pastelerías donde preparan unos pastelitos de nata tan buenos o más que los de Belém (y eso es decir mucho). Y tras regresar de la ciudad de los tranvías amarillos, del Tajo, de Camões, Pessoa o del aroma al mejor café que se toma en Europa me gustaría compartir con vosotros una breve guía alternativa con la que sacarle más partido a un viaje sólo apto para olisipófilos reincidentes.  Leer artículo completo ➜

Un paseo en blanco y negro en el Cementerio de los Placeres de Lisboa

El Cémiterio dos Prazeres (en castellano Cementerio de los Placeres) es a la ciudad de Lisboa lo que Père-Lachaise a París, La Recoleta a Buenos Aires o San Isidro a Madrid. Camposanto de ilustres que quisieron hacerse eternos en la fría piedra de sus túmulos, en esos panteones convertidos en hogares que albergaran la que fue su vida antes de apagarse definitivamente. Una devastadora epidemia de cólera forzó el levantamiento en 1833 de un cementerio en lo alto de una colina de Campo de Ourique, con vistas al río Tajo, muy cerca de donde vivía la aristocracia portuguesa, así como quienes se habían hecho ricos o habían pasado a ser verdaderas celebridades en el primer cuarto del siglo XIX. A diferencia del Cemitério do Alto de São João, en la parte oriental y más humilde de la ciudad, los Placeres se convirtieron el último reposo de pudientes lisboetas que buscaron alcanzar la inmortalidad refugiados en la fría piedra de sus jazigos o panteones.

Detalle del Cementerio de los Placeres de Lisboa

Una ruta más allá de lo típico de la capital portuguesa nos llevó a conocer el Cementerio de los Placeres de Lisboa de manera guiada y explicada por locales. Os propongo hacer con nosotros un lento paseo fotográfico en blanco y negro en busca de los símbolos de la vida pasada, la muerte y la eterna saudadeLeer artículo completo ➜

Sintra, un cuento romántico y cinco palacios

Érase en Portugal, a un paso de la bella Lisboa, una villa encaramada a una montaña cubierta de bosque donde los castillos y palacios permiten volver a ser niños de nuevo. Se trata de Sintra, la inimitable Sintra. La niebla se balancea volupsuosa entre los árboles para ser compañera en la lectura de un cuento en el que vive la magia y el misterio. Está claro que algo tiene este lugar, que el que fuera retiro veraniego de los monarcas lusos se dedica con pasión a vestir cada estancia de locuras decimonónicas, de caprichos cuyo origen sólo se explica en los sueños. Dicen que Sintra es la capital del romanticismo, también de la nostalgia. El encanto camina por los jardines de Palacio, de mansiones extravagantes donde cada detalle tiene un significado. El viajero llega a esta villa sin parangón con la sensación de que acaban de abrírsele las puertas de un mundo paralelo como en Alicia en el País de las Maravillas donde nada es lo que parece.

Palacio da Pena (Sintra, Portugal)

La de Sintra se trata de una de las escapadas más recomendables que se pueden hacer desde Lisboa. Un destino especial como pocos en el que debemos escoger bien qué debemos visitar. Después de haber tenido la suerte de recorrer varias veces la villa me gustaría aconsejaros cinco lugares que ver en Sintra si algún día decidimos embarcarnos en este viaje de cuento.  Leer artículo completo ➜

El placer de navegar en un barco-casa por el Lago Alqueva

Hace algo más de una década el Guadiana a su paso por el Alentejo en Portugal se transformó en el lago artificial más grande de Europa occidental tras la construcción de una gran presa que inundó más de 25.000 hectáreas de dehesas con encinares, olivares, viñedos y aldeas centenarias. El Lago Alqueva o Grande Lago, como titulan los portugueses a un proceso que necesitó de varias décadas para materializarse, es una especie de mar de interior y agua dulce el cual ha logrado armonizarse a las mil maravillas con el entorno recreando un paraje natural de primer orden. Y un espacio acuático donde poder navegar a tus anchas en alguno de los barcos-casa que no necesitan permisos y que alquilan en el muelle de Amieira Marina, lugar al que nos dirigimos para ponernos al timón durante unas vacaciones entre amigos y así recorrer el Lago Alqueva y algunos de los rincones imprescindibles que ver en él.

Atardecer en el Lago Alqueva (Alentejo, Portugal)

Me gustaría hablaros del placer de navegar en un barco-casa sin permiso en el Grande Lago Alqueva, de una opción de turismo vacacional no demasiado conocida e ideal para descubrir una de las facetas más extraordinarias e interesantes de la región del Alentejo, esa Portugal que aún sigue siendo tan de verdad.  Leer artículo completo ➜

10 castillos que no perderse en un viaje al Alentejo

No es novedad mi afición apasionada a visitar castillos, la cual es una parte de ciertos viajes a la que le presto una atención que podría definir incluso de desmedida. En cuanto menos me lo espero termino subido en lo alto de un torreón o haciendo el paseo de ronda que antes recorrieron valerosos centinelas. La historia recogida en cada uno de ellos hace que constituyan por sí mismos verdaderos signos de identidad de ciudades y pueblos enteros que se han levantado a su alrededor. Por ello en los dos viajes que llevo hechos hasta ahora a la región de Alentejo, en Portugal, no he evitado dar protagonismo a esas imponentes fortalezasque siluetean y engrandecen pueblos de frontera o villas insignes de casas blancas y vistas prodigiosas desde las dehesas hasta el océano. Alentejo es tierra de castillos que conforman un paseo a tiempos medievales en los que el más fuerte era el que estaba más reforzado militarmente y gozaba de una envidiable situación estratégica.

Castillo de Beja (Alentejo, Portugal)

Visitar estas almas de piedra rematadas con almenas ha sido, por mi parte, una gustosa obligación, por lo que ahora es momento de confesar cuáles son esos diez castillos que más me han llamado la atención en el Alentejo. Son recomendaciones personales con justificación histórica e incluso diría que emocional. Porque, ¿qué es un viaje más que un recorrido a través de las emociones?  Leer artículo completo ➜

Ruta en coche por la costa del Alentejo

A pesar de que el Algarve sea la región que se lleva todos los focos del turismo en el litoral portugués, la costa del Alentejo representa una de las mejores sorpresas que esconde el país vecino en cuanto a playas salvajes y el encanto de pequeños pueblos de tradición pesquera se refiere. A través de 200 kilómetros que mantienen a nuestro lado las olas y acantilados del Océano Atlántico nos encontramos la autenticidad de las villas marineras tal cual eran, primitivos puertos de palafitos sostenidos de puro milagro, playas de ensueño sin primeras líneas de edificios torpedeándolas, así como rincones de naturaleza casi virgen en los cuales incluso se llega a ver saltar los delfines. De la costa alentejana, concretamente de Sines, era Vasco de Gama, el navegante que enlazó por mar Europa con la India. No nos hará falta en este viaje atravesar como él lo hiciera el Cabo de las Tormentas, sino más bien tomar un automóvil para hacer un recorrido muy especial por este precioso y desconocido litoral en el sur de Europa.

Una calle cualquiera de Odemira, a mitad de camino entre Lisboa y El Algarve (Alentejo, Portugal)

Os propongo me acompañéis por los lugares más significativos de una ruta en coche por la costa del Alentejo, entre la Península de Troia y Vila Nova de Milfontes, para conocer qué se puede ver y hacer en una región que parece haber sido tocada con una varita mágica.  Leer artículo completo ➜

Monsaraz, probablemente el pueblo más bonito del Alentejo

De las llanuras alentejanas, donde la dehesa viste de verde casi todo el año, surge inquebrantable la huella húmeda del Guadiana, límite natural que separa desde hace siglos a España y Portugal. En el Alentejo más extremeño, así como en la Extremadura más alentejana, el río salpica en gotas diversas poblaciones fortificadas que recuerdan cuitas entre hermanos y tambores de guerra. Uno de estos pueblos de frontera que hoy día resulta una auténtica bendición visitar en esta parte de Portugal es Monsaraz, cuyos silencios son tan sólo una metáfora que choca con lo que llegó a ser ruido de armaduras, afilar de espadas y calma tensa en este confín ibérico. Encaramado a una colina en la que siempre sopla el viento no se ha olvidado de sí mismo pero yace taciturno disimulando su edad, que no parece medirse por cientos sino a través de una imparable parálisis en sus tiempos. Es como si todavía quisiese estar lustroso para seguir siendo la voz cantante en una red de fortificaciones lusas que se protegían de posibles e imposibles al otro lado del río. Por eso quizás haya quien dice que probablemente Monsaraz sea el pueblo más bonito del Alentejo y, quién sabe si de Portugal.

Monsaraz (Alentejo, Portugal)

Mi segundo viaje al Alentejo, siete años después de mi primera vez en aquella zona , me llevó a degustar este maravilloso pueblo de frontera justo antes de retornar a casa, dejándome el paladar con un regusto dulce que me pedía (y me pide) regresar. La visita a Monsaraz fue, sin pretenderlo, una de las mayores sorpresas que me he llevado en mis muchas incursiones por tierras portuguesas, la puerta medieval del Alentejo más longevo, tierno y batallador.  Leer artículo completo ➜

Lisboa fue la ciudad del sí quiero…

Nunca lo había pensado. O quizás sí. Pero tengo la impresión de que la ciudad más romántica del mundo es Lisboa. Siempre fiel a sí misma, dulce, melancólica y tan de verdad, que no se siente uno dentro de un decorado repetido. Lisboa es única, desde Baixa hasta el Barrio Alto, desde Chiado hasta la Alfama, parando antes en Belém para degustar unos deliciosos pastéis y seguir la marcha. Será por su pátina desgastada, el tranvía 28 escondiéndose detrás de la catedral o todas y cada una de las noches del miradouro de Santa Luzia donde a lo lejos se escucha un fado desgarrador. Por eso y muchas cosas más preparé un fin de semana especial para pasar con mi chica. Y por eso guardaba en el bolsillo un anillo de compromiso con el que pedirle a ella, a Rebeca, que se casara conmigo.

Atardecer en Lisboa

Yo, que siempre fui de las personas que huían del compromiso y que pensaba que no necesitaba estar enamorado, me sentía como un flan esperando el momento perfecto para hacer la pregunta de mi vida y escuchar las palabras mágicas de “Sí, quiero”. Leer artículo completo ➜