Los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo (Portugal)

Desconozco si es por cómo la luz es capaz de tintar sus extensos dominios, desde la dehesa hasta el océano, o por cómo el tiempo ha ennoblecido las calles desgastadas de paredes blancas, y en ocasiones también azules, dotándolas con la pátina del encanto. O quizás por la nostalgia que imprimen los rincones auténticos, casi paralizados en la misma hoja del calendario. Sus pueblos amurallados, sus castillos de frontera, los reflejos matutinos del río Guadiana y el Lago Alqueva, el dorado de playas desiertas, ese porco a la alentejana que sabe a gloria y el recuerdo a los que no están ya en estrambóticas capillas levantadas con sus propios huesos. Por eso, y mucho más, no me canso de regresar una y otra vez a la región del Alentejo que, para mí, representa mejor que ninguna la esencia misma de Portugal.

Calle de Monsaraz (Alentejo, Portugal)

El Alentejo y el turismo rural forman un magnífico equipo. Si bien su capital, Évora, es un auténtica belleza, son, en realidad, sus pueblos quienes gozan de un merecido protagonismo. Sobre ellos precisamente trata el artículo de hoy, de mostrar una selección (completamente subjetiva, como siempre) de los que para mí son los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo, tanto de interior como de costa, y así fundamentar las claves para modelar un viaje apasionante de varios días por la región portuguesa.  Leer artículo completo ➜

Tajo Internacional, el último refugio transfronterizo

De los más de mil kilómetros que recorre río Tajo antes de fenecer en Lisboa son los cincuenta que separan Alcántara y Cedillo los que sirven de barrera natural entre dos países como España y Portugal. Si uno mira los mapas, existe la sensación de que el suroeste de la provincia de Cáceres olisquea con su nariz afilada los bosques mediterráneos y dehesas portuguesas. En este tramo de frontera tan privilegiado el Tajo vive su recorrido más abrupto, solitario y salvaje también el más insólito. Bien lo saben las cigüeñas negras, los buitres, alimoches y águilas que encuentran un refugio seguro en los riscos de pizarra y el mejor altar en sus cielos luminosos y limpios que secundan el curso fluvial. Desde 2016 el proclamado Parque Natural Tajo Internacional es, además, Reserva de la biosfera por la UNESCO, pero es su carácter transfronterizo el bendito culpable de proporcionar al visitante un viaje apasionante y menos concurrido de lo que cabría imaginar. Quien acude a este destino indómito no lo hace sólo para acudir en busca de paisajes hilarantes, sino además para saborear una fusión extraordinaria de elementos y matices históricos, monumentales, culturales e incluso culinarios que merecen todo el reconocimiento.

Paisaje del Parque Natural Tajo Internacional, el primer parque transfronterizo de Europa

¿Por qué viajar al Parque Natural Tajo Internacional? ¿Qué tiene entre manos la ribera salvaje y rayana del río más largo de la Península Ibérica entre Extremadura y Portugal? Un viaje por completo improvisado me llevó a desvelar las claves del último refugio transfronterizo y sonreír ante la frontera líquida que no separa sino une a dos países hermanos.  Leer artículo completo ➜

Ruta de las fortificaciones de frontera entre Salamanca y Portugal

No siempre la frontera entre los reinos de Portugal y España se caracterizó por la invisibilidad actual sino por todo lo contrario. Más bien fue una controvertida y enrevesada línea de castillos y fortines a lo largo de muchos cientos de kilómetros, desde Valença do Minho hasta Vila Real de Santo Antonio, desde La Guardia hasta Ayamonte. Un buen ejemplo, al que dedicamos esta lectura, se observa aproximándose a la raya (popular denominación fronteriza en ambos países) entre el occidente salmantino y el oriente de la Beira, la cual desvela poderosas fortalezas y ciudadelas amuralladas, espigadas atalayas, permitiendo imaginar un sinfín de sospechas y recelo que durante siglos cohabitó en esta vasta dehesa donde en una Europa sin fronteras las únicas lindes son las de las fincas ganaderas. Entonces, lo que no podían detener las lineas divisorias naturales que conforman los ríos Duero, Águeda o las aguas fluyendo raudas en el valle del Côa, lo hacían fabulosas obras de la ingeniería militar de los siglos XVII y XVIII basándose en los diseños del mariscal francés Vauban, tanto en lugares de nueva construcción como de adaptaciones surgidas en los entramados ya existentes desde la Edad Media.

Fuerte de la Concepción (Aldea del Obispo) - Ruta de las fortificaciones de frontera

En la frontera entre Salamanca y Portugal, llevamos a cabo un fabuloso recorrido en coche persiguiendo esos pequeños mundos abalartuados que, aunque en tiempo de guerra y dudas sirvieron para separarnos, conforman una buena muestra de la confraternidad entre dos pueblos, dos culturas en las que las semejanzas se ensalzan y las diferencias se disfrutan. La ruta de las fortificaciones de frontera representa algo más que una escapada entre fortines en forma de estrella, encantadoras aldeas históricas y símbolos en las rocas que miles de años antes dejaron nuestros antepasados comunes del Paleolítico. Es, al fin y al cabo, un viaje al instante en que España y Portugal se declararon enemigos íntimos para después luchar juntos de la mano y darse cuenta de que siempre habían sido hermanos.  Leer artículo completo ➜

Sintra, un cuento romántico y cinco palacios

Érase en Portugal, a un paso de la bella Lisboa, una villa encaramada a una montaña cubierta de bosque donde los castillos y palacios permiten volver a ser niños de nuevo. Se trata de Sintra, la inimitable Sintra. La niebla se balancea volupsuosa entre los árboles para ser compañera en la lectura de un cuento en el que vive la magia y el misterio. Está claro que algo tiene este lugar, que el que fuera retiro veraniego de los monarcas lusos se dedica con pasión a vestir cada estancia de locuras decimonónicas, de caprichos cuyo origen sólo se explica en los sueños. Dicen que Sintra es la capital del romanticismo, también de la nostalgia. El encanto camina por los jardines de Palacio, de mansiones extravagantes donde cada detalle tiene un significado. El viajero llega a esta villa sin parangón con la sensación de que acaban de abrírsele las puertas de un mundo paralelo como en Alicia en el País de las Maravillas donde nada es lo que parece.

Palacio da Pena (Sintra, Portugal)

La de Sintra se trata de una de las escapadas más recomendables que se pueden hacer desde Lisboa. Un destino especial como pocos en el que debemos escoger bien qué debemos visitar. Después de haber tenido la suerte de recorrer varias veces la villa me gustaría aconsejaros cinco lugares que ver en Sintra si algún día decidimos embarcarnos en este viaje de cuento.  Leer artículo completo ➜

10 razones que inspiran viajar a Madeira

Una pequeña isla portuguesa capaz de atesorar paisajes de muchas partes del mundo, que te hace plantearte si tu vida no sería mejor estando siempre a veintitantos grados entre un tupido y nublado bosque de laurisilva o un acantilado para contemplar cada día un atardecer de película en el océano. Razones como éstas son muchas las que inspiran viajar a Madeira, el corazón de un archipiélago de la Macaronesia primo-hermano de las afortunadas Canarias, así como de Azores o Cabo Verde. Una gota color verde a la deriva en el Atlántico donde ondea con orgullo y desde hace casi seis siglos la bandera portuguesa.

Casas de Santana en Madeira

Porque dando dos pasos cambias de mundo, por su clima privilegiado y su estupenda gastronomía. Por las piscinas naturales más caribeñas en esta parte del planeta. Por esa delicia de casas esparcidas en la montaña que llega hasta el puerto llamada Funchal. Por su red de levadas para perderse en uno y mil trekkings. Si estás buscando razones para viajar a Madeira no tendrás excusa.  Leer artículo completo ➜

Collage de paisajes en Madeira

De Madeira podría quedarme con sus espetadas a la brasa en una noche estrellada de verano, con el lomo curvo de una ballena confundiéndose con las olas o con la capacidad de Funchal para reinventarse a sí misma una y otra vez. Pero lo que me hace volverme un entusiasta y absoluto creyente de Ilha da Madeira es la gran cantidad y variedad de paisajes que mutan a cada kilómetro, o más bien a cada paso, dando la impresión de que este barco anclado en el Atlántico se empeñara en crear el collage más hermoso del mundo. La isla acumula tantas tonalidades y relieves que resulta complicado adjetivarlos todos, como si ésta fuese un Arca como el de Noé que en vez de animales salvaguardara bosques de laurisilva, saltos de agua, barrancos imposibles y cuevas de lava petrificada.

Islotes de Ribeira da Janela en Madeira

Sin duda Madeira se trata de una isla pequeña de tamaño pero de corazón verde. Un territorio de la Macaronesia que permite a los viajeros agarrar las nubes con las manos para después deslizarse por ellas con los pies. Porque en un lugar así resulta sencillo perder la perspectiva de si el cielo está encima o debajo de nosotros.  Leer artículo completo ➜

Carta desde Madeira, el paraíso templado

Estimado lector. Hace ya mucho tiempo alguien me habló de un lugar de Portugal que le había llegado al corazón. Contaba que en pleno océano Atlántico se desenvolvía entre nubes y silencio un archipiélago de la Macaronesia tan hermano de las islas Canarias como de las Azores o Cabo Verde. Su nombre era Madeira, dicho de manera muy castellanizada, enfatizando una i latina que los portugueses apenas sugieren al pronunciar. Precisamente desde un balcón de Funchal, su capital, donde sólo escucho el mar meciéndose a mis espaldas, preparo unas palabras para contarte esta vez yo a ti que a una distancia 500 kilómetros de las costas africanas al oeste y de Tenerife al sur, así como a 800 kilómetros de Lisboa, surge una maraña volcánica poblada de acantilados afilados, con cascadas y kilométricas levadas fluyendo por doquier. Un toque de varios verdes que consiguen los intensos refugios de laurisilva que atesora este lugar, una selva templada y nubosa que desprende deliciosos aromas naturales.

Piscinas naturales de Porto Moniz (Madeira)

Algunos dicen que Madeira es la eterna primavera convertida en archipiélago. Otros, refiriéndose sólo a la ilha principal, la definen como la perla portuguesa en el Atlántico. Permíteme, querido lector y querida lectora, que en esta breve carta te narre lo que he encontrado yo en este pequeño y tranquilo paraíso.  Leer artículo completo ➜

Rumbo a Madeira, la isla portuguesa de la eterna primavera

Todavía no me he bajado de la góndola veneciana y ya tengo las maletas preparadas para descubrir un nuevo destino. Esta vez me marcho rumbo a Madeira, enclave portugués en la Macaronesia a 700 kilómetros al norte de las islas Canarias y 800 al sur de Lisboa. La gran isla de Madeira, con Funchal como capital, un evidente origen volcánico y bosques de laurisilva protegidos por la UNESCO dentro del conglomerado de lugares que forman parte del Patrimonio de la Humanidad, se trata de uno de esos destinos a los que le tenía en la lista de espera desde hace tiempo. Por eso deseo recorrerla a fondo, salir a buscar ballenas en barco, degustar platos típicos en tabernas con espíritu luso en su vertiente más subtropical y, en definitiva, sorprenderme de un archipiélago demasiado desconocido para mi como para no haber llamado antes a su puerta.

Paisaje de Madeira

Vamos a ver cuánto pueden dar de sí cinco días en Madeira, viaje que ya ha comenzado y del que os iré contando cosas estos días para que aprendamos juntos sobre la que muchos dicen se trata de la perla lusa del AtlánticoLeer artículo completo ➜

Delfines en la costa del Alentejo: El estuario del río Sado

En Tróia, puerto del norte de la costa de la región del Alentejo en Portugal, se da un curioso caso que me llamó mucho la atención. El lugar donde va a morir el río Sado, en zona de marismas y salineras que llevan funcionando desde la época romana, cuenta con unos habitantes de lo más especiales. Un nutrido grupo de casi treinta delfines, llamados golfinhos en portugués, resisten en estas aguas tranquilas en las que han encontrado estabilidad a pesar de quedar cerca la ciudad de Setúbal, los astilleros y el paso regular de ferries y embarcaciones a motor. Tras haber menguado su población décadas atrás, parece que el declive de una colonia que estaba abocada a desaparecer se ha detenido, dándose incluso nuevos nacimientos con un elevado porcentaje de supervivencia.

Delfines en Troia (Alentejo, Portugal)

La observación de delfines en el estuario del río Sado, respetando todas las premisas del turismo sostenible y ecológico, se ha convertido en uno de los puntos fuertes en Tróia y los parajes naturales que la rodean. De hecho quienes conocen bien este lugar se saben de memoria los nombres de todos los delfines o golfinhos que se dejan ver en libertad y saltan junto a las barcas acompañados de decenas de gaviotas. Son, de una forma u otra, familia de la preciosa y salvaje costa alentejana.  Leer artículo completo ➜

Las capillas de los huesos en el corazón del Alentejo

«Los huesos que aquí estamos a los vuestros esperamos» es el mensaje de recibimiento a los visitantes por parte quienes idearon las conocidas como capelas dos ossos (capillas de los huesos) que existen Portugal. No sólo podemos encontrar un claro ejemplo en Évora, la ciudad más conocida de la región de Alentejo sin lugar a dudas, sino también en Campo Maior, un pequeño y solitario pueblo fronterizo con Badajoz. Ambas capillas comprenden un viaje a lo efímero de las cosas o, más bien, de la vida terrenal, a través de una composición macabra en la que huesos y calaveras se convierten en auténticas y ejemplarizantes obras maestras.

Calavera de la Capilla de los huesos de Campo Maior (Alentejo, Portugal)

Las capillas de los huesos en el corazón del Alentejo conforman uno de esos viajes en los que lo lúgubre se vuelve protagonista. Y, aunque la idea pueda parecer un tanto tétrica, son muchas las personas las que nos interesamos por estos funestos lugares y nos acercamos a visitarlos. Leer artículo completo ➜

Guía alternativa con esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa

Con el término olisipófilo se define a «aquella persona que ama o le tiene un afecto superlativo a la ciudad de Lisboa, la cual los romanos denominaban Olissipo en lengua latina». La vez que supe de la existencia de esta curiosa filia me di cuenta de que la padecía por los cuatro costados. Pero que no se trataba de nada malo en absoluto. Al contrario, eso explicaba que todos mis viajes a ella me parezcan pocos y que siempre me quede con ganas de más. Si bien ya había podido estar unas cuantas veces en la capital portuguesa, incluyendo petición de matrimonio en uno de los fines de semana más románticos que he vivido nunca, tuve la suerte de regresar una ocasión más abandonando los consejos de las guías de viaje y de repetir las mismas visitas a la parte más monumental de la ciudad. Tenía ganas de conocer otra Lisboa, la de los alfacinhas (que significa lechuguitas, el apodo cariñoso con el que se les conoce también a los lisboetas en Portugal por sus cultivos de lechugas en la antigüedad) y así descubrir nuevos escenarios en los que no había reparado en mis anteriores recorridos.

Tranvías de Lisboa (Portugal)

En una escapada express de 48 horas hice una visita alternativa que me sirviera para conocer esas otras cosas que ver y hacer en Lisboa. Una ruta diferente, con un toque de fado, arte urbano, cementerios que parecen museos, jardines majestuosos que no quedan a la vista, factorías reconvertidas en cultura, historias curiosísimas e incluso pastelerías donde preparan unos pastelitos de nata tan buenos o más que los de Belém (y eso es decir mucho). Y tras regresar de la ciudad de los tranvías amarillos, del Tajo, de Camões, Pessoa o del aroma al mejor café que se toma en Europa me gustaría compartir con vosotros una breve guía alternativa con la que sacarle más partido a un viaje sólo apto para olisipófilos reincidentes.  Leer artículo completo ➜