Historias de un rodaje en Jordania

En mi vida pensé que iba a vivir una experiencia similar. ¿Que alguien iba a grabar mi viaje a Jordania? ¿Realizar un vídeo-reportaje que recogiera mis pasos por este país de Oriente Medio? ¿Contar a los demás su historia, cultura y naturaleza? No me lo pensé dos veces cuando a finales de 2012 me propusieron este reto profesional tan apasionante y con una sonrisa en mis labios me embarqué a una aventura a Jordania muy diferente junto a Albert Merino, un cámara fabuloso con quien ya había trabajado anteriormente en un pequeño documental videográfico realizado en la provincia de Castellón. Con nuestro plan de viaje, nuestro guión de lugares a filmar pero sin olvidarnos de la improvisación y espontaneidad en la mayor medida de lo posible, marchamos al Reino Hachemita para sacarle todo el partido y llevarlo a vídeo narrando grandes lugares cargados de magia, paisajes de otro planeta y las costumbres de sus gentes siempre hospitalarias.

Sele grabando en Jordania

A continuación pretendo desgranar esta vivencia, con las sensaciones muy a flor de piel, las anécdotas y momentos tenidos lugar en una grabación bastante intensa. Así se rodó… mi último viaje a Jordania. Leer artículo completo ➜

Resumen de un 2014 de viajes… y mucho amor

Beso en la boda de Sele y Rebeca

No sabéis la pena que me da despedir este año en el que enorme vivencias han marcado todas y cada una de las hojas del calendario. La diferencia estriba, entre otras cosas, en que en uno de los dedos que aporrean el teclado para escribir estas palabras hay puesto un anillo con un nombre y una fecha marcada. El nombre es Rebeca y la fecha el 13 de septiembre de 2014, el día exacto en que los dos nos dimos el sí quiero para convertirnos en marido y mujer. Casi nada, ¿verdad? Realmente este año nació con la boda en la mente (y en el corazón) para el final del verano, aunque el antes, durante y después ha estado bien cargado de viajes y de momentos dignos de enmarcar. ¿Por dónde empezar?  Leer artículo completo ➜

El síndrome de Vietnam

 Sele en Saigon (Vietnam)

Han pasado apenas unos días desde que hemos regresado de nuestro viaje de novios a Vietnam y a la provincia laosiana de Luang Prabang y todavía me golpean las imágenes y los sonidos que han formado parte de esta aventura nupcial por el Sudeste Asiático. Supongo que es lo normal cuando la experiencia te ha marcado, pero en esta ocasión creo haber sufrido un síndrome que es similar al de Estocolmo, pero en una versión propia de este peculiar país. Se denomina “El síndrome de Vietnam”, y aunque no está descrito por los facultativos, estoy convencido de que muchas de las personas que han viajado a la Bahía de Halong, Hanoi, Hoi An y compañía lo han padecido y saben perfectamente a qué me refiero. Leer artículo completo ➜

Cuando el amor es el mejor viaje

Tengo unos minutos después de regresar del que hasta ahora ha sido el mejor viaje de mi vida para escribir unas palabras con el corazón. Casarme con Rebeca, la princesa de mis sueños, ha superado cualquier pensamiento que pudiera haber tenido de este gran día. Ha sido perfecto… ¡No! Ha sido más que perfecto. Me siento afortunado de haber vivido algo semejante en compañía de la familia y los amigos a los que nunca podré agradecer lo suficiente su implicación en esta boda. Y también a todos los seguidores de este blog que nos habéis hecho sentir vuestra cercanía en todo momento (Rebeca no para de decirme que os de las gracias).

Sele y Rebeca en la boda del año

Aún estoy emocionado y describir con imágenes todo lo sucedido el pasado sábado me vuelve a hacer asomar esas lágrimas que no se marcharon de mis mejillas durante toda la ceremonia. Llorar no es malo cuando es de alegría (o cuando se asomen las tristezas). Ni decir te quiero las veces que haga falta. Precisamente este 13 de septiembre ha sido la manera de decir públicamente y en compañía de nuestra gente que nos queremos, que el amor envuelto en caprichos del destino es la energía que mueve el mundo y por la que nos sentimos siempre vivos.  Leer artículo completo ➜

Unas vacaciones como las de antes

Playa gallega (Rías Bajas)

Necesito una vacaciones como las de antes. Necesito desconectar el cerebro de razones y obligaciones, pasear por la playa, ir de chiringuito en chiringuito y que mi máxima preocupación sea decidir cuándo paralizar el coma tras una siesta de sobremesa a lo Camilo José Cela, con pijama, orinal y persianas completamente cerradas. Como un viaje a la niñez, apenas a un mes y medio de convertirme en “marido de”, me escapo a vivir unos días muy buscados al otro lado de un largo trayecto de carretera para dejar el teléfono móvil en el cajón de la mesilla y el correo electrónico en lo más profundo de ese abismo de ceros y unos. Está siendo un año intenso, con un camino de miles de kilómetros en los zapatos… y los que están por venir. Para coger fuerzas y cargar las pilas me largo a mi paraíso de siempre en un lugar de las Rías Bajas cuyo nombre no quiero (ni debo) acordarme, donde poder olisquear marisco y acariciar la brisa de las olas.  Leer artículo completo ➜

Un viaje a través de los objetos II

El argentino Ernesto Sabato escribió una vez que vivir consistía en construir futuros recuerdos. En los viajes, al igual que en la vida, cada destino que conocemos, cada persona con la que hablamos y cada historia nueva que aprendemos, nos permite edificar momentos que jamás se irán de nuestra memoria. Pero por si acaso, porque no nos fiamos ni de nuestra propia mente, tratamos de apropiarnos de objetos que nos refresquen nuestras mejores experiencias. Es ahí donde nace la necesidad de traerse cosas de un viaje, para poder vivir de nuevo esos instantes y recordar dónde y cuándo fuimos nosotros mismos.

Objetos mexicanos

Hace algún tiempo hicimos en este blog el primer viaje a través de los objetos, con una selección de recuerdos que regresaron conmigo de distintos lugares del mundo. ¿Qué tal si hoy os muestro otros tantos que me siguen inspirando viajes y aventuras? Leer artículo completo ➜

Resumen de un 2013 de viajes y emociones

Me remonto a las campanadas de 2012. Era una nochevieja diferente, en la que por dentro tenía la melancolía de despedir el año más especial de mi vida, hasta entonces. Había tomado la decisión de cambiar de rumbo, de terminar con un trabajo de chaqueta y corbata y hacer un viaje sin billete de vuelta a América, sin más planes que los que pudiera llevar en la mochila y en la cámara de fotos. Quería dar un vuelco radical a todo, cerrar una vida profesional de muchos años y empezar otra nueva relacionada con lo que de verdad amaba, amo y amaré. Siempre pensé que aquello era insuperable, que 2013 por muy bueno que pudiese ser nunca me proporcionaría las cotas de felicidad del anterior. Pero me equivoqué, este año he crecido (o al menos eso creo) no sólo profesionalmente hacia el rumbo deseado sino a nivel emocional con las personas a las que más quiero y con las que quiero pasar todo el tiempo del mundo. Despedí un año con la nostalgia de un viaje a la libertad. Y éste lo empiezo ilusionado porque será el año en el que celebre mi boda con Rebeca y un montón de sueños nuevos se abran en el horizonte.

Foto en la ciudadela de Rayen (Irán)

Hoy me gustaría hacer un resumen de un 2013 en el que aprendí a vivir peligrosamente, pero sobre todo a vivir. Leer artículo completo ➜

Un viaje a través de los objetos

Siempre he pensado que los objetos tienen vida propia. Están cargados de la energía que dan las experiencias y tienden a estar coloreados con la pátina de los recuerdos, ese don que nos permite revivir escenas y sensaciones incluso con los ojos cerrados. Cuando viajo acostumbro a traerme alguna cosa que tenga significado para mí, que guarde relación con el contexto de un determinado lugar. De esa forma, si estoy en casa y lo acaricio con mis manos o huelo su aroma, puedo regresar de nuevo a donde procede a través de lo que representa por sí mismo. Es otra manera de viajar mucho tiempo después de deshacer el equipaje, la mejor máquina de teletransportación que conozco y creo conoceré. Porque los objetos no son seres inertes, ni mucho menos. Tienen la vida que tú les quieras dar en todo momento y la capacidad de trasladarte a lugares realmente lejanos en apenas décimas de segundo.

Buda y ajedrez

Os propongo hagamos juntos un viaje a través de los objetos, de algunas cosas (no necesariamente bellas) que traje de distintos países del mundo para invadir mi casa y mi vida de recuerdos felices.  Leer artículo completo ➜

Lisboa fue la ciudad del sí quiero…

Nunca lo había pensado. O quizás sí. Pero tengo la impresión de que la ciudad más romántica del mundo es Lisboa. Siempre fiel a sí misma, dulce, melancólica y tan de verdad, que no se siente uno dentro de un decorado repetido. Lisboa es única, desde Baixa hasta el Barrio Alto, desde Chiado hasta la Alfama, parando antes en Belém para degustar unos deliciosos pastéis y seguir la marcha. Será por su pátina desgastada, el tranvía 28 escondiéndose detrás de la catedral o todas y cada una de las noches del miradouro de Santa Luzia donde a lo lejos se escucha un fado desgarrador. Por eso y muchas cosas más preparé un fin de semana especial para pasar con mi chica. Y por eso guardaba en el bolsillo un anillo de compromiso con el que pedirle a ella, a Rebeca, que se casara conmigo.

Atardecer en Lisboa

Yo, que siempre fui de las personas que huían del compromiso y que pensaba que no necesitaba estar enamorado, me sentía como un flan esperando el momento perfecto para hacer la pregunta de mi vida y escuchar las palabras mágicas de “Sí, quiero”. Leer artículo completo ➜

5 lugares del mundo donde me gustaría retirarme algún día

A veces me da por pensar en lugares donde me iría a vivir durante un tiempo indefinido, algo así como un plan imaginario de lo que sería una fuga o un retiro soñado. No hablo precisamente de la jubilación, porque quiero creer que me queda mucho para eso, sino de esos rincones del mundo en los que desaparecería por un tiempo, me dedicaría a poner las cosas en su sitio, escribir, descansar y vivir la vida mucho más despacio. Y es que, a lo largo de estos años viajando, he conocido y experimentado esa sensación de felicidad y paz interior en escenarios a los que me gustaría regresar para algo más que una mera visita.

Arrozales en Bali (Indonesia)

Hoy os planteo cinco lugares donde retirarse a tiempo sería una victoria, un paréntesis con mucho fundamento y mucha pasión. Y es que viajando me he dado cuenta de que sé dónde deseo estar en todo momento. Leer artículo completo ➜

Cumplesueños feliz: 20 retos viajeros que quisiera lograr

Hace pocos días fue mi cumpleaños y lo celebré marchándome de viaje al Departamento de Gers, en la Gascuña francesa, una aventura por carretera que muy pronto os contaré. Hubo quien me felicitó diciendo que “no se cumplen años sino experiencias” y esa frase me hizo pensar mucho. Y es que realmente no puedo estar más de acuerdo con ella. Cada año que pasa doy cuenta que no hay que medir nuestra existencia de 365 días en 365 días, sino que el tiempo deberíamos computarlo con experiencias, llenarlo de historias dignas de recordar… dignas de guardarlas en el baúl de nuestra vida y airearlas cada vez que no seamos capaces de sonreir.

Con una estatua de Buda en Japón

No importa que sean tropecientos años los que cumplamos mientras consideremos que los hemos aprovechado. Si no es así, lo mejor de todo, es que nunca es demasiado tarde para embarcarnos en esa preciosa tarea de salir a cazar experiencias fabulosas. Leer artículo completo ➜