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Londres, capital de Inglaterra y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, era otra de esas cuentas pendientes que con más fuerza tenía apuntada en mi cuaderno de propósitos. Hay tantos medios para ir, está tan
cerca relativamente, que fui dejando una vez tras otra mi visita a la que por muchos es una de las ciudades más cosmopolitas y recomendables del mundo. Ese lugar que nadie debería perderse y que reúne alicientes para los amantes de la Historia, del Arte, de la Fiesta, de la Música, del Teatro, de la Lectura, de las Compras, del Fútbol… Londres tiene mucho de todo esto. No obstante fue la tierra en que el mítico Shakespeare desarrolló su labor que se ha convertido en eterna. Y es el paraíso de una de las Monarquías más antiguas del mundo, que marca desde hace siglos el ser y el hacer de sus pobladores. Es el país donde se inventó el fútbol y donde salieron (y siguen saliendo) algunos de los más grandes grupos y cantantes de la Historia de la Música. Y eso se nota a cada palmo en un Londres habitado por gente de aquí y de allá que aportan un mestizaje convertido en seña de identidad. La ciudad del Támesis, frenética y dinámica, culmina una serie de tópicos típicos que ya se han hecho familiares para todos. Muchos no habíamos estado nunca allí, pero conocíamos mil historias, mil calles, mil personajes, mil leyendas… Y tarde o temprano debía llegar el momento de poner mis pies en la ciudad más grande de Europa.


Aún con las imágenes frescas del Interrail por los Países del Este me vi sin comerlo ni beberlo en en otra de las mías. Aunque en esta ocasión no fui yo el único culpable de llevar a cabo otro de mis típicos weekends viajeros que tan buenos momentos me están dando en este año 2007. Hay que pedir cuentas (positivamente hablando) a mis compañeros de trabajo, que tuvieron a bien regalarme un billete de ida y vuelta a Marsella (de Ryanair) por mi 27º cumpleaños (1 de agosto). Y es que son sabedores de primera mano de esa loca afición viajera que llevo en la sangre.
Teniendo una fecha establecida (del 7 al 9 de septiembre), y mi segura llegada al Aeropuerto Internacional de Marsella, tan sólo había que elaborar un plan para dichos días.
La visita de la ciudad marsellesa, capital provenzal y puerta histórica de la Costa Azul francesa, la tenía bastante clara. Pero faltaba un segundo lugar al que trasladarme. No debía quedar demasiado lejos de ésta, y si estuviese bien conectada con el Aeropuerto, mejor que mejor. Por ello pensé en una de las poblaciones más bonitas de Provenza (Aix-en-Provence), aquella que vio nacer al impresionista Cézanne, que dibujó como nadie las siluetas de sus montes. Pero debido un problema de disponibilidad de alojamiento para estas fechas, tuve que desviar mi objetivo más al norte. Y no pudo ser más certero… Avignon, un lugar en el que la HISTORIA se escribe con mayúsculas. Así que después de tener el itinerario planificado tan sólo me hizo falta buscar sitio donde dormir…y esperar qué me deparaba el fin de semana.

En el quinto fin de semana viajero del año 2007 hice uso nuevamente del bajo coste para regresar a una ciudad en la que había estado años antes, Oslo. La capital noruega sirvió durante el interrail 2001 de puerta a los Fiordos y a Cabo Norte, nuestro objetivo principal. Pero aquel día dedicado a la ciudad me encontré enfermo con fiebre y no quedaron en mi memoria excesivos recuerdos de la misma.
Cuando Ryanair puso base aérea en Madrid y comprobé que salían aviones en dirección al Aeropuerto de Torp Sandefjord (a 110 km de Oslo) me puse manos a la obra y convencí a dos amigos para darle una nueva oportunidad a la ciudad y animarnos a coger uno de esos billetes baratos que estaban saliendo por internet. En unos minutos nos habíamos hecho con 3 por 30€ cada uno. Estábamos a mediados de octubre por lo que teníamos tiempo de sobra para prepararlo (4 meses aproximadamente). Fue entonces cuando comenzó mi locura de fines de semana y terminé cogiendo vuelos a Dinamarca (en 3 ocasiones), Zurich (Suiza) y Munich (Alemania) como ya habréis podido comprobar anteriores relatos.
Oslo sería entonces una ciudad que redescubriría años después, ya sin fiebre pero con muchísimo frío. Y en la que hubo bastantes cosas que hacer…

El día 12 de Enero de 2007 dio comienzo el primero de los Weekends viajeros consistentes en el aprovechamiento de algunos fines de semana a lo largo del año para viajar al extranjero preferentemente con Aerolíneas de Bajo Coste que tan en boga están hoy en día. Por unas cosas y otras acabé comprando 3 billetes de avión con Ryanair para ir a Dinamarca (Madrid-Billund). Entre enero y febrero hice uso de los mismos y la experiencia me sirvió para llevar a cabo una serie de rutas alternativas en el país escandinavo. Obviamente Billund, en el corazón de Jutlandia, está alejado de la famosísima y preciosa Copenhague, pero puede ser el punto perfecto para poder llegar a los rincones más insólitos y en ocasiones injustamente desconocidos.
Después de que concluyeran dichos mini-viajes en el país nórdico he elaborado un Diario que relata minuciosamente lo sucedido durante esos días cortos pero intensos. Lo he titulado La otra Dinamarca. Crónica de tres fines de semana porque está centrado básicamente en esas zonas menos conocidas pero no por ello menos atractivas. La Península de Jutlandia y la Isla de Fionia son regiones danesas que tienen muchos alicientes para visitarlas tranquilamente. Y siempre partiendo desde el Aeropuerto de Billund.
Si queréis salir de fiesta por la noche en Aarhus, conocer Ribe (la ciudad más antigua de Escandinavia), seguir los pasos de Hans Christian Andersen en su Odense natal, visitar un castillo de cuento de hadas como el de Egeskov, caminar sobre las dunas Skagen o sentir el misticismo del cementerio vikingo de Lindholm Høje, os recomiendo que empecéis a leeros ya esta compilación de relatos.
















