Un viaje a Botswana contado en 13 momentazos

Ha pasado muy poco tiempo para no dejar de escuchar en mi cabeza los rugidos nocturnos que acostumbran a hacer los leones, los aullidos agudos e inquietantes de las hienas o el sonido de tambor que provocan las orejas del elefante cuando la mueven Viajar a Botswana en un safari móvil pernoctando en el interior de los parques y siendo partícipes de un intenso rastreo de huellas, señales y ruidos nos ha llevado a una especie de Edén en el que los animales corren en libertad y el adjetivo salvaje se convierte en el más bello de los epítetos. Encomendándonos a la Madre Tierra, a una pizca de la experiencia de otros viajes de naturaleza y, por supuesto, a la suerte, hemos tenido la ocasión de ver y fotografiar animales por encima de nuestras posibilidades. Tras haber realizado no pocos safaris en mi vida, puedo decir sin equivocarme que lo que ha sucedido estos días en Botswana ha sido tan grandioso que todas mis expectativas han sido superadas. Y eso que era mi regreso al país. Lo que quiere decir que debo eliminar cuanto antes de mi vocabulario esa frase que asegura que segundas partes nunca fueron buenas. Porque no es así.

Leona fotografiada en un safari en Botswana

Con mi cuaderno de notas aún caliente me gustaría comenzar contando a ráfagas de emoción cómo ha sido este viaje a Botswana. Y para abrir boca, he pensado en hacerlo a través de trece momentazos comentados de manera cronológica. Escenas increíbles que parecen haber pasado de la pantalla de televisión con un documental de animales de fondo a la memoria de una cámara de fotos que todavía arrastra polvo procedente de los senderos más inescrutables del África australLeer artículo completo ➜

Viaje al Sur de África en 4×4 (8): En las cataratas Victoria

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10 de agosto: TRAS LA PISTA DEL DOCTOR LIVINGSTONE … SUPONGO

 «Los ángeles tienen que detener su vuelo para ver un espectáculo como éste» dijo David Livingstone un soleado día de 1855 cuando después de semanas navegando por el río Zambeze se encontró de lleno con las asombrosas cataratas a las que los indígenas denominaban Mosi-oa-Tunya, que quiere decir «El humo que truena». El explorador que abrió más rutas en África y que asistió a las atrocidades colonizadoras que se estaban cometiendo en el continente quiso dignificar a la Reina Victoria poniéndole su nombre a una de las más impresionantes caídas de agua que se pueden ver en el mundo junto Iguazú, el Salto del Ángel o Niagara Falls. No fue su único descubrimiento (para Occidente me refiero) pero sí el más sonado, lo que le otorgó una gran fama en el que entonces era el Imperio Británico. David Livingstone vivió por África y murió por África, permaneciendo incluso desaparecido durante varios años hasta que David Stanley, enviado por New York Herald, le encontró muy enfermo y solo a orillas del Lago Tanganica y le dedicó una de las frases más célebres de la historia cuando después de una difícil expedición de búsqueda le tuvo por fín cara a cara: «Doctor Livingstone, supongo.»

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Viaje al Sur de África en 4×4: Introducción y Guía Práctica

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Hay experiencias que jamás se olvidan. Es más, las hay que se te quedan grabadas a fuego en la piel y en el corazón, y que forman ya parte de tu ser, de tu vida y de tu historia personal. Cuando uno vuelve de un viaje como este, cargado de vivencias únicas, no puede evitar sentir la necesidad de compartirlas con los demás, gritar a los cuatro vientos lo maravillosa que es la vida, y estar orgulloso de haber pertenecido por unas semanas a un devenir que siempre se había visto de lejos, por la pantalla de la televisón o por el negro sobre blanco de los libros. En este viaje africano no han sido las cámaras de National Geographic las que han captado el sigiloso descender de un árbol de un elegante leopardo, el aullido de hambrientas hienas en la oscuridad de un bosque impenetrable o la risa de unos niños emocionados de que extraños foráneos visiten su poblado. En esta aventura por el Sur del continente negro los protagonistas, los cámaras, los observadores, los conductores, los supervivientes… hemos sido ocho, con nombres y apellidos, quienes hemos tenido la fortuna de que nadie nos lo cuente.

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