Una postal de Abyaneh, corazón de adobe en el Irán más rural

Las casas que se cuelgan a las faldas del Monte Karkas son la metáfora de un pequeño y encantador pueblo iraní llamado Abyaneh, que se aferra a un carácter y una tradición que no entiende de revoluciones. Allá donde las mujeres caminan con vestidos floridos que nada tienen que ver con el negro del chador, los hombres van a trabajar en burro y los dátiles se dejan secar en los tejados, uno halla un pedacito del Irán rural y amable, del Irán más auténtico.

Abyaneh

80 kilómetros separan Abyaneh de Kashan, con una carretera mareante que deja entrever distintas (y polémicas) instalaciones nucleares vigiladas por militares armados hasta los dientes que ven pasar el tiempo sobre tanquetas. Acompañados por una conductora kamikaze que parecía encontrarse más cómoda en el carril contrario que en el suyo propio, llegamos a lo alto del pueblo para recorrerlo minuciosamente y ver cómo las manecillas del reloj corrían mucho más despacio.

Un laberinto de adobe rojizo, calles sin asfaltar y grandes balcones de madera conforman la impronta de un pueblo como Abyaneh, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y que se exhibe hermosísimo desde una fortaleza de barro que parece deshacerse poco a poco. Da la impresión que el turismo no ha terminado de aterrizar de todo aquí, por lo que las cosas si cambian, lo harán muy despacio.

Natanz sirvió de escala antes de llegar definitivamente a Isfahán, una de esas ciudades que poseen lo mejor del arte persa y las cúpulas turquesas brillan como diamantes recién pulidos. Tras vagabundear por el bazar y maravillarnos con una plaza que, me temo, nos va a encontrar en no pocas ocasiones estos días, dejo estas breves palabras antes de apagar las luces de la habitación y seguir soñando, aunque esta vez con los ojos cerrados. Que con los ojos abiertos se sueña en Irán todo el tiempo…

Sele

PD: El amigo Isaac también cuelga cosas en su blog. No os perdáis Persia: La aventura en ruta.

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4 comentarios en “Una postal de Abyaneh, corazón de adobe en el Irán más rural

  1. Qué sensación tan bonita sentir este viaje con vosotros… Como disfrutais y a la vez como nos haceis disfrutar a nosotros…¡NO TIENE PRECIO! Gracias de verdad…
    Un abrazo a los dos Sele.

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