Danzas, tambores y máscaras en una ceremonia Gelede en el corazón de Benín

Quien piense que una máscara africana es un simple un trozo de madera tallado con mayor o menor acierto que, colgada en la pared o sostenida por una peana de metal, puede servir como un curioso elemento decorativo… se equivoca. Cuando se observa una máscara en un museo, una tienda de artesanía o en una casa, por supuesto que se trata de un objeto desnaturalizado. Tanto como la cabeza disecada de un león de la que no sobrevive la más mínima expresión y energía de una criatura que una vez en la sabana rugió y prendió a sus presas son sus afilados colmillos. Es in situ, en el África negra, en el olor de la tribu, entre ruidos de tambores, palmas, timbales, polvareda y el trance de los danzantes que la portan cuando una máscara encuentra todo el sentido. Esa pieza tallada de un árbol es entonces un ser tan vivo como tú y como yo, captadora de las esencias, formas de vida, miedos y deseos de una tradición cuya antigüedad no entiende de fechas sino de devoción. De una fe imposible de quebrantar.

Máscara Gelede en Benín durante una ceremonia.

Tras muchos años estudiando sobre arte africano y su presencia en los rituales de la vida y muerte de innumerables etnias del África Subsahariana tuve en Benín la inmensa suerte de asistir a una ceremonia Gelede y comprobar cómo el fervor del pueblo yoruba convertía a las máscaras en auténticos transmisores vivientes de su cultura y religión.  Leer artículo completo ➜

¿Cómo conseguir el permiso o visado para viajar a Bután?

Tras siglos de aislamiento, Bután abrió las puertas de su reino en el corazón de los Himalayas allá por los años ochenta. Desde entonces los visitantes han ido llegando de forma pausada, aunque más cada año, para conocer in situ las particularidades de un país repleto de atractivos fascinantes que se marcó como objetivo crecer de forma sostenible manteniendo su personalidad, sus tradiciones y su cultura. A diferencia de otras naciones asiáticas, no resulta posible viajar por libre a Bután, salvo que seas de India, Bangladesh o Maldivas. El resto de mortales necesitamos un visado autorizado por el gobierno butanés. Y para conseguirlo se exige seguir unas normas o cumplir unos requisitos determinados que llevan, por ejemplo, a tener que hacer el viaje organizado con guía, hoteles, transportes, etcétera…  que se costea mediante una tasa fija diaria que ronda los 200/250 dólares en función de la época del año en que se tenga previsto entrar.

Puerta de un templo budista tibetano

Por tanto, la respuesta a la pregunta de si se puede viajar a Bután por cuenta propia y de forma totalmente independiente es NO. Pero, si tienes como objetivo pasar unos días en el país del Nido del Tigre, el mismo que mide la felicidad nacional bruta de sus habitantes y cree a pies juntillas en las historias del Yeti, te recomiendo que continúes leyendo porque voy a tratar de contarte cómo entrar a Bután de la manera más sencilla posible.  Leer artículo completo ➜

10 imprescindibles que ver en Marsella (Breve guía para una escapada)

La ciudad más antigua de Francia ha sido, es y será uno de los puertos clave para comprender las rutas marítimas en el Mediterráneo. Mucho antes incluso de que los romanos llamaran a éste Mare Nostrum la vieja Masalia griega se erigía como un importante núcleo comercial que no detendría su expansión. Hoy Marsella, sólo superada por París en cuanto a número de habitantes en tierras francesas, se sigue abriendo al mundo desde su vieux port a Notre-Dame de La Garde constituyéndose como una escapada urbana repleta de propuestas apetecibles para toda clase de perfiles viajeros. Y que, además, no da su espalda a un entorno natural sorprendente cargado de idílicas playas protegidas por afilados acantilados como sucede en el macizo (y Parque Nacional) de Les Calanques. Cobijarse en las fachadas provenzales del inimitable barrio de Le Panier, entender la cultura mediterránea en sus museos, probar buenos pescados en el puerto, trasladarse al medievo en la abadía de San Víctor, recorrer la ciudad en bicicleta, buscar el mejor atardecer sobre en la hierba del Palais du Pharo, navegar e ir de calas son algunas de las muchas cosas que se pueden hacer en Marsella, la capital de la región Provenza-Alpes-Costa Azul.

El Fuerte de Saint Jean y el nuevo MUCEM son dos imprescindibles que ver en Marsella

Si no conoces todavía la ciudad que enarbola el himno de Francia, te invito a que descubras lo mejor que ver en Marsella (o que hacer en ella) a través de una serie de pistas que pueden dar pie a una escapada más que recomendable (o incluso para una escala de crucero). Incluso si ya ha estado te aseguro, que si las sigues, no vas a poder evitar que Manresa te fascine tanto como a mí.  Leer artículo completo ➜

Miradores de Venecia: ¿Dónde están las mejores vistas de la ciudad de los canales?

Venecia se paseó con la pluma de Marco Polo como principio y fin de sus grandes viajes. Tintoretto se dejó la vida adornándola como si fuese su propia capilla. Giacomo Casanova la utilizó como hogar de sus muchos flirteos. Y Canaletto nos la dibujó a todo color para convertirla en inmortal. Pero son los viajeros de hoy día […]

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