10 animales que ver en Svalbard (y fotografiar) - El rincón de Sele

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Los animales más emblemáticos que ver y fotografiar en Svalbard (Guía de fauna)

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Los safaris no suceden sólo en África, ni mucho menos. Y, si no, que se lo digan a quienes deciden embarcarse en un viaje al lejano archipiélago noruego de Svalbard. Estas islas bañadas por el Ártico más extremo y gobernadas por el hielo durante la mayor parte del año, representan una opción fantástica para colgarse los prismáticos, agarrar con firmeza la cámara de fotos y afilar bien la mirada porque son muchos los animales los que se pueden encontrar en esta aislada región del planeta. La gran cantidad de fauna ártica que habita en Svalbard, así como sus paisajes formidables plagados de punzantes montañas, estruendosos glaciares e icebergs, son atractivos con suficiente enjundia como para emprender una aventura de este calado.

El oso polar, uno de los principales animales que ver en Svalbard (Safari Ártico)

De este lugar se dice siempre que hay más osos polares que personas. Una verdad absoluta e incontestable. Tanto como poder tener la posibilidad única de contemplar la silueta del depredador terrestre de mayor tamaño del planeta. Pero, además de Su Majestad el Rey del Ártico, son numerosas las especies residentes en este territorio salvaje que linda con el Polo Norte. Y de eso trata el artículo de hoy, de esos animales que ver en Svalbard y poder capturar con la cámara. O, al menos, intentarlo. 

Breve guía de fauna de Svalbard

Confieso cierta obsesión con las islas del archipiélago de Svalbard. Quizás porque me pasé muchos años soñando con alcanzar este lugar situado a casi mil kilómetros de Cabo Norte, el último confín de Noruega (y de la Europa septentrional) en el cual había estado en edad universitaria contemplando el sol de medianoche (Bendito interrail de 2001, padre de todos mis viajes posteriores).

Mapa de situación de Svalbard en Europa

Pero estas islas, colgadas entre los paralelos 74º y 81º, que prácticamente tocan la banquisa de hielo del Polo Norte, tras ser un documental repitiéndose en bucle por mi cabeza una y otra vez, pasaron a ser una realidad en 2018 cuando, por fin, aterrizó mi avión en el diminuto aeropuerto de Longyearbyen. La isla grande de Spitsbergen, la mayor de todas, me recibió con sol de madrugada, una tibia nevada y un cartel que advertía a los visitantes que tuvieran precaución con los osos polares, ya que podían estar en cualquier del territorio. Precisamente a lo que había venido, entre otras cosas. Porque no tenía intención de regresar a casa sin ver un oso polar en estado salvaje con mis propios ojos. Aunque no fuera fácil. Al contrario, sería muy difícil.

Sele en Svalbard (Noruega)

Con este objetivo, y la cámara preparada para disparar en cualquier momento, me embarque en un viaje de navegación polar donde pasé varias jornadas viviendo una experiencia magnífica escudriñando desde cubierta y el puente de mando el fascinante litoral de Spitsbergen así como el estrecho de Hinlopen, rastreando en fiordos, glaciares, acantilados y un mar todavía de hielo. No sólo me interesaba poder admirar de cerca al gran oso de blanco pelaje, sino también a otras  especies animales que se pueden ver en Svalbard y que forman parte de este espectáculo. Llevé a cabo un safari ártico a bordo de un barco que se deslizaba por el hielo como un cuchillo untando mantequilla. No como los que surcaban estas difíciles costas cuando el archipiélago era un fondeadero de pesca desde el siglo XVII donde holandeses y vascos se pasaban largas temporadas cazando ballenas.

Paisajes árticos en Svalbard

Uno de los viajes de autor en los que iba a embarcarme con los lectores es precisamente Svalbard para primeros de junio. Se agotaron las plazas enseguida, a los pocos días de anunciarlo, pero debido a la crisis del coronavirus lo hemos tenido que posponer un año. Aún así puedo asegurar que volveremos a hacer este viaje. Si te interesa venirte en 2021 contacta conmigo.

 

Sele en Svalbard (Noruega)

La suerte y la paciencia, básicos para un viaje de naturaleza donde se pretende ver animales

A la hora de intentar ver y fotografiar animales salvajes dependemos de múltiples factores. Los conocimientos adquiridos (tanto tuyos como de quienes vayan contigo), haber escogido el lugar y el momento idóneos para ello o la experiencia previa. Y, como no, la suerte.  Sin olvidar, por supuesto, el tesón y la paciencia, madres de todo safari que se precie (recomiendo echar un vistazo a estos 20 consejos útiles para hacer un safari en África que escribí hace algún tiempo, aplicables a cualquier viaje de este tipo en cualquier parte del mundo). Lo que está claro que no nos encontramos en un zoológico y que para ver animales hay que trabajárselo un poco y no sucumbir rápidamente a la frustración. Existen días magníficos y otros en los que piensas que la tierra se ha tragado a todo bicho viviente.

Huellas de oso polar en Svalbard

¿Qué animales se pueden ver en Svalbard? ¿Cuáles son los grandes objetivos para fotografiar?

A continuación desvelo las 10 especies de animales más icónicas que habitan libremente el archipiélago de Svalbard y que durante un viaje, sobre todo en los meses de verano, se pueden observar por tierra, mar y aire. Los grandes deseados por los amantes de la fotografía de naturaleza para completar en una checklist donde no se apuntan cromos sino a los reyes de la fauna ártica con los hayamos tenido la fortuna de toparnos.

1. Osos polares, la verdadera razón de ser de un gran viaje a Svalbard.

Todos o, al menos, buena parte de quienes visitan Svalbard lo hacen atraídos bajo el lema (totalmente cierto) de que se está viajando a islas donde viven más osos polares (Ursus maritimus) que personas. Esa es una realidad y, por tanto, el objetivo número uno de quienes arriban a la región habitada más septentrional del planeta. Aún así las probabilidades de avistamiento son bastante escasas, sobre todo para quienes se quedan en el área de Longyearbyen, la capital con alrededor de 2000 habitantes, para realizar excursiones cortas de una o media jornada. Los osos polares, cuando llega el verano y el consecuente deshielo, tienden a subir hacia el norte donde tienen más probabilidades de cazar focas, su alimento predilecto. Se debe a que es latitudes cada vez más altas donde permanecen mayor tiempo esos bloques de hielo (de la banquisa o incluso icebergs) en los que resguardarse. El cambio climático se trataría de uno de los causantes de este desplazamiento cada vez mayor de los osos. De ahí que viajar en crucero polar en Svalbard se convierta en una de las opciones donde más posibilidades existe de observar a estos grandes animales.

Osos polares en Svalbard

En los meses de abril y mayo comienza el cortejo de los osos polares. Y las hembras, casi al comienzo del otoño, se retiran para excavar agujeros en la nieve y tener allí a sus crías. No saldrán de sus “madrigueras” hasta el fin de la noche polar. Después juntos durante un largo y peligroso viaje irán a buscar comida. Los machos, siempre solitarios, pasan a ser sus enemigos a evitar a toda costa, puesto que desean descendencia y no aceptarán, bajo ningún concepto, a las crías recién nacidas a las cuales no dudarán en quitárselas del medio. Surgen pues peleas y episodios cruentos que hacen disminuir, aún más si cabe, las pocas probabilidades de subsistir. Más aún cuando cada vez hay menos hielo y menos alimento. Necesario para obtener nutrientes y energía por parte de un depredador que requiere alrededor de treinta kilos de carne diarios.

Resulta más fácil encontrarse a los osos polares en el litoral, aunque también los hay en el interior (en menor medida). Comen, sobre todo, focas, aunque a veces también renos. Y animales muertos que pueden encontrarse por el camino. Su mayor suerte sería toparse con una ballena varada en la costa. Algo que cuando sucede nos trae un ejemplo maravilloso del lenguaje de la naturaleza. Esta especie extremadamente independiente y poco amiga de juntarse con otros osos, parece cumplir un acuerdo no escrito de tregua. Se respetan, cada uno en su espacio correspondiente. Como si estos animales fueran plenamente conscientes de que el hambre que pasan es demasiado grande como para pelearse y perder el suculento botín. No pueden permitírselo o morirán de desnutrición.

Osos polares en Svalbard

En Svalbard está prohibida la caza del oso polar desde hace muchos años (no así en Rusia o Estados Unidos, por ejemplo). Y si se mata uno por accidente tendrá que demostrarse que fue por defensa propia (se hacen incluso estudios forenses y las penas en caso de haberse saltado la ley son muy altas). De ahí que, a pesar de los efectos devastadores para esta especie debido al cambio climático, en Svalbard la población de osos polares se ha mantenido en estos años. Aunque, como recalqué párrafos atrás, durante los veranos se concentren en latitudes más septentrionales, alrededor del paralelo 80º en adelante, en busca de territorios congelados. Lo que no quita, por supuesto, que puedan avistarse en los alrededores de Longyearbyen (a veces se dejan ver cerca de Pyramiden). Y, en realidad, en cualquier parte de las islas. Aunque todo, ya se sabe, es cuestión de suerte.

Osos polares en Svalbard

Otros lugares del mundo donde se pueden ver osos polares

Svalbard quizás sea el destino del mundo donde quizás sea más económico y factible ver osos polares en su hábitat natural. Aunque no el único. Probabilidades y fortuna de avistamientos ofrece también la pequeña población de Churchill (Provincia de Manitoba, Canadá) en las semanas en que la Bahía de Hudson empieza a congelarse, aunque también a un mayor precio (son excursiones muy costosas en vehículos oruga). Otros lugares donde tiene presencia este gran carnívoro es el Territorio canadiense de Nunavut o Groenlandia, aunque también puede resultar más costoso. También el norte de Alaska. . Y, por supuesto, el Ártico ruso, mucho menos explorado y sin apenas visitantes. La densidad de osos polares en las islas de Franz Joseph Land (al este de Svalbard) o en el distrito autónomo de Chukotka (tanto en sus costas septentrionales como en la isla de Wrangel) es también extraordinaria.

Osos polares en Svalbard

No cabe duda de que salir al encuentro de los osos polares supone una de las experiencias más espectaculares consistentes en ver animales en libertad en todo el mundo.

2. Morsas, los colmillos que se clavan en el hielo

Ni el oso polar, el mayor depredador terrestre del planeta, saldría bien parado en un enfrentamiento con una morsa. Por eso sólo se atreve, cuando el hambre es tan atroz que no le queda otro remedio, a medrar en grupos grandes para ver si asustándolas consigue una estampida en la que alguna muera por aplastamiento. O que las crías se queden solas. Esa, en realidad, es su única oportunidad. Porque en batalla tiene todas las de perder con cualquiera de estos animales marinos de más de una tonelada de peso (un oso macho pesa alrededor de 500 kg), unos colmillos largos y afilados como estacas y un carácter feroz que utilizarán para defenderse hasta las últimas consecuencias. Además estos grandes pinnípedos de piel gruesa que habitan las regiones circumpolares suelen convivir en grandes grupos, en los cuales les resulta más sencillo garantizar su seguridad y, por tanto, su subsistencia.

Morsas en Svalbard (Crucero polar)

En Svalbard, sobre todo por medio de un crucero polar, existen bastantes posibilidades de ver morsas. O bien asomándose en el mar, tumbadas en el hielo y, sobre todo, en apostaderos donde pueden reunirse incluso varias decenas (el mayor apostadero del mundo se encuentra, al parecer, en Chukotka, Rusia, con miles de ejemplares).

Morsa en Svalbard

Un lugar del archipiélago donde salvo catástrofe se dejan ver bastantes morsas es en el promontorio de Poolepynten en la costa oriental de la isla de Prins Karls Forland. Justo en una punta de tierra suelen permanecer tumbadas en grupo mientras que otras permanecen nadando a escasos metros de distancia. Se realizan excursiones de un día desde Longyearbyen con este objetivo, aunque la duración del trayecto en barco es bastante elevada. Pero es una manera de tratar de asegurarse la suerte de observar de cerca a estos animales de aspecto antediluviano sin necesidad de embarcarse en un crucero de expedición.

Morsa en Svalbard

3. Focas barbudas, el plato grasiento que más le gusta al oso polar.

En esta parte del Océano Glacial Ártico se dejan ver varios tipos de focas, pero quizás la que suele llamar la atención a quienes visitan Svalbard es la Erignathus barbatus, más conocida como foca barbuda. Mamífero marino imponente de largos y gruesos bigotes que ronda, y a veces supera, los 300 kilogramos de peso (en las hembras, más grandes que los machos). El alimento predilecto del gran Rey del Ártico, el oso polar. En las áreas donde la banquisa de hielo es suficientemente extensa, estos depredadores realizan agujeros donde esperan pacientemente a que las focas salgan a respirar. Y cuando asoman la cabeza para tomar aire o por pura curiosidad se encuentran entonces con una desagradable sorpresa.

La foca barbuda es la comida favorita del oso polar

No suele verse a este tipo de focas tan fácilmente en mar abierto, ya que prefieren permanecer en zonas de aguas poco profundas donde haya témpanos de hielo o icebergs. Posadas sobre bloques es precisamente donde más probabilidades hay de encontrárselas durante un safari Ártico.

En esta parte del mundo está prohibida la caza de focas. No así en otros territorios circumpolares donde su número descendió notablemente durante los siglos XIX y XX. En el caso de los inuits de Groenlandia, al igual que sucede con las morsas y otros animales árticos, tienen establecidas unas determinadas cuotas de caza para alimentar a la población, no para su comercio.

Foca barbuda en Svalbard (Noruega)

Sabías quéLas crías de foca barbuda cuando nacen pesan alrededor de 30 kilos. Y sólo les bastan unas pocas horas fuera del vientre materno para saltar del hielo y sumergirse en el agua. Sólo durante el primer mes de vida, se alimentan básicamente de leche materna (beben en torno a 8 litros diarios) y crecen una media de 3 kilos cada día. El destete sucede cuando su peso llega a alrededor de 100 kilos y ya están preparadas para cazar junto a sus madres. Porque, a pesar de todo lo torpes que pueden parecer en la superficie, son velocísimas en el medio marino y se adaptan enseguida al hábitat en que les ha tocado vivir.

4. Zorros árticos, esencia del camuflaje.

Otro de los animales más elegantes y hermosos que es posible observar en estas islas es el zorro ártico. Su denso cotizadísimo pelaje ha sido su gran caballo de batalla en los últimos siglos. De hecho todavía subsisten en Svalbard los restos dejados por los tramperos, quienes no dudaban en pasarse meses incomunicados en mitad de la nada para poder atrapar a cuantos más zorros mejor y así poder vender su pelo a precio de oro. Aunque la presión sobre ellos, por suerte, se ha reducido tanto que vuelve a haber una población estable en la zona.

Zorro ártico en Svalbard

Estos zorros de rostro enjuto y orejas diminutas se dejan ver casi en cualquier parte de las islas. Hasta rondan la propia Longyearbyen (mi encuentro más cercano fue en un terreno próximo al aeropuerto). Cazan animales muy pequeños como roedores o pájaros, e incluso roban los huevos de los nidos, aunque en condiciones tan difíciles prefieren rondar los lugares donde los osos polares están comiendo para tratar de hacerse con algo de carroña. Sería una figura con un papel relativamente similar al del chacal en los desiertos y sabanas, pero cambiando por completo de clima y de compañeros de viaje. También de color.

Zorro ártico en Svalbard

Su pelo durante el invierno es completamente blanco y largo, ideal tanto para protegerse de los vientos gélidos del Ártico como para poder camuflarse en la nieve y pasar desapercibido. Pero, al final de la primavera (mayo/junio), éste comienza a cambiar para ser más corto y volverse de un color parduzco o incluso grisáceo.

5. Renos de Svalbard, enanos y endémicos.

Svalbard cuenta con una especie absolutamente endémica, el reno enano. Animal que ha tenido que lidiar durante los últimos siglos con el ser humano que lo cazó de manera indiscriminada hasta casi hacerlo desaparecer. Aunque con las rígidas normas establecidas en las islas por parte de las autoridades noruegas su población ha vuelto a crecer y en uno de los últimos censos se han contabilizado más de 20.000 animales, un número esperanzador para una especie que incluso, hoy día, se pasea como uno más incluso por las calles de Longyearbyen.

Reno enano de Svalbard

Este herbívoro de patas muy cortas, que lo hacen ser sensiblemente más pequeño que otros renos y caribúes de Norteamérica y la Eurasia septentrional, va en busca de pastos. Al igual que el zorro ártico, muda de pelaje pasando del blanquecino que les acompaña durante los meses de invierno a un tono más oscuro durante el estío. Temen, por supuesto, al oso polar, aunque las probabilidades de éxito de éste durante la caza son nimias. Porque a velocidad es imposible vencerlos, por lo que debe conformarse con quedarse agazapado o en algún escondite y esperar que uno de estos renos pase demasiado cerca. O, de lo contrario, no tendrá nada que hacer.

Crías de renos en Svalbard (Noruega)

Los renos de Svalbard son algo menos asustadizos que sus primos lejanos de otras regiones circumpolares. Y extremadamente curiosos, sobre todo las crías. Marcharse de Spitsbergen sin haber visto un reno es realmente difícil, por lo que se puede ir tachándolo de la lista.

6. Ballenas en busca de alimento.

En las frías aguas sobre las que se yerguen las islas e islotes del archipiélago de Svalbard se calcula que puede haber en torno a una docena de tipos de cetáceos, los cuales suben durante el verano a esta región apartada del planeta para poder alimentarse. Transita por estos lares la ballena jorobada, la azul, la Fin Whale e incluso se dejan ver belugas con cierta frecuencia, aunque el cetáceo más factible con el que encontrarse en Svalbard es la ballena Minke, también conocida como rorcual aliblanco, de un tamaño de entre los 6 y los 9 metros de longitud. Más pequeña por ejemplo que la jorobada (hasta 16 metros), que también se encuentra por la zona. Mucho más difícil de tachar de la lista sería la ballena azul, el animal más grande que existe (casi 30 metros), aunque a veces incluso ha llegado a entrar a Isfjorden, el fiordo sobre el que se sitúa la pequeña Longyearbyen. Por lo que, en este caso, sí es cuestión de suerte.

Ballena Minke en Svalbard

Aunque el cetáceo más deseado y casi imposible ver, cuyo aspecto resulta mitológico, lo he dejado para el final. No tengo ninguna duda de que merece su propio apartado para completar la escalera de color en este intenso safari ártico.

7. Gaviotas marfil, el deseo blanco de los ornitólogos.

De un blanco tan inmaculado que se mimetiza a la perfección con la nieve. Una de las especies de aves que residen de manera exclusiva en el extremo norte del globo. Y durante todo el año aunque, en ocasiones, con el objetod de esquivar la larga noche polar puede darse el caso puntual de que algunas bajen a otras latitudes algo más bajas. Un sueño para los fotógrafos de naturaleza y los amantes de las aves más singulares. Porque para ver a la gaviota marfil en su esplendor sólo bastan los paralelos más septentrionales posibles. Y cuando se logra, conviene prestar atención porque es probable que un oso polar ande cerca comiendo carnaza de la que la elusiva dama después se aprovecha.

Gaviota marfil en Svalbard (Noruega)

Plumaje blanco, patas cortas y oscuras, pico azulado donde se atisba una finísima punta amarilla. Así es la Pagophila eburnea (Pagophila significa “amante del hielo marino”), un fantasma silencioso en el Ártico que con suerte y buena vista puede llegar a verse en Svalbard (aunque las poblaciones más numerosas se dan en los archipiélagos del ártico ruso en Franz Joseph Land y Sévernaya Zemliá).

Sin duda uno de los “cromos” más difíciles de cualquier expedición polar que se precie.

8. Frailecillos al vuelo.

Un pájaro mucho más numeroso y no exento de colores, al menos en su prominente pico anaranjado, que también se deja ver en Svalbard es el frailecillo (Fratercula arctica). Despierta simpatía su apariencia y su ese volar aparentemente torpe, aunque es más de posarse como una balsa sobre el mar para después regresar a su nido en las paredes superiores de los acantilados. Se pasan todo el invierno en el agua sin tocar tierra, pero a partir del mes de mayo comienzan a aproximarse a este archipiélago noruego donde se permanecen hasta finales de agosto para desaparecer nuevamente los meses más fríos y oscuros del año. Son tan fieles que, salvo por razones de fuerza mayor, permanecen toda la vida con la misma pareja.

Frailecillo en los acantilados de Látrabjarg (Islandia)

Aunque en Svalbard hay una gran presencia de este ave en todas las islas e islotes, allá donde haya promontorios rocosos golpeados por el mar, se les suele ver  casi siempre volando casi al ras del agua. Muchas veces con numerosos arenques sostenidos por su gran pico. Otras simplemente flotando. Aunque conviene advertir que no se ven tantos como en Islandia o Islas Feroe donde se sitúan las poblaciones más importantes. Sobre todo porque no se suele ascender allá donde se encuentran sus nidos y hay que conformarse con contemplarlos de una manera más fugaz en movimiento.

El frailecillo es uno de mis animales favoritos. Te cuento cuando tuve la oportunidad de estar a solas con ellos en el sur de Islandia o en Latrabjarg, en los conocidos como Fiordos del Oeste.

 

Frailecillos en los acantilados de Látrabjarg (Islandia)

9. Alcas y araos, el aleteo en blanco y negro.

A la familia de los frailecillos, los álcidos, pertenecen alcas y araos. De color blanco y negro y costumbres similares a las explicadas en la anterior especie (crían en acantilados y son pescadores natos, llegando a atrapar gran cantidad de comida de una vez). Los amantes de los pájaros saben diferenciar alcas y araos, y sus distintas subespecies, prácticamente a simple vista (aunque no los no duchos en la ornitología). Lo que sí es seguro que junto a las gaviotas tridáctilas son las aves más numerosas de cuantas se encuentran en Svalbard.

Svalbard es un paraíso para las aves marinas

En pleno vuelo, incluso flotando en icebergs y, en las paredes de los acantilados, aunque no sólo se ponen arriba como los frailecillos sino que suelen anidar en todo el promontorio. Da igual la manera, pero no cabe duda que ambas especies están muy presentes en cualquier crucero polar a Svalbard que se precie.

Aunque hay un lugar de la costa oriental de Spitsbergen en pleno estrecho de Hinlopen (la lengua de mar que permanece helada casi todo el año y que le separa de Nordaustlandet, la otra isla grande del archipiélago) donde se sitúa la mayor colonia de araos de Brünnich (Uria lomvia), así como la más septentrional, del mundo. Se trata de Alkefjellet, una gran acantilado en el cual se pueden ver a la vez decenas de miles de aves de esta especie. Y, con frecuencia, a los zorros árticos aprovechando a bajar con sigilo para intentar cazar o arrebatarles sus huevos durante el estío. En invierno suelen quedarse mar adentro y salvo excepciones no tocan tierra hasta la llegada del buen tiempo.

Alkerfjellet (La mayor colonia de araos de Brunnich en Svalbard)

10. Narvales, el unicornio marino (y una misión casi imposible).

Quien logre tachar a esta especie de de la lista de animales que ver en Svalbard porque ha tenido la oportunidad de contemplarlo, aunque sea a larga distancia, puede considerar que le acaba de tocar la lotería. Porque sólo las personas más afortunadas consiguen un hecho inusual. Porque observar con tus propios ojos a un narval (Monodon monoceros) o un grupo de narvales en libertad es algo así como ver correr a un unicornio. Y lo digo de manera literal porque el narval es un unicornio de mar, un cetáceo con un largo y afilado cuerno de casi 2 metros que se retuerce de manera helicoidal como lo hacen las columnas salomónicas del Vaticano.

Estos animales de aspecto mitológico con un cuerpo de casi 5 metros de longitud y más de una tonelada de peso aprovechan para desplazarse por las grietas de la banquisa de hielo. Y aunque navegan por buena parte del Ártico más septentrional, se conoce por la geolocalización y los testimonios de algunos pescadores que hay grupos que se mueven en el archipiélago de Svalbard. Si existe alguna probabilidad de verlos, por muy pequeño que sea, será en el litoral norte de Spitsbergen, Nordaustlandet y las conocidas como siete islas.

Svalbard, el vídeo

¿Qué os ha parecido? ¿Qué animal de todos estos que he ido mostrando soñaríais con ver? Difícil quedarse con uno solo, la verdad. Si os apetece seguir soñando con viajar a Svalbard en crucero polar, por tierra o como deseéis, no perdáis de vista este vídeo de poco más de dos minutos que resume mi primera aventura en esta parte del Ártico y donde aparecen muchas de las especies mencionadas.

Como amante de los animales, los destinos de naturaleza más inhóspitos y, por supuesto, de las regiones del Ártico no puedo obviar que Svalbard cumple con todos los requisitos que requiere una gran aventura. De las de una vez en la vida.

Sele en el puente de mando del barco con el que navegó por Svalbard

Volveré. Y muy pronto. De eso estoy seguro…

Sele

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