60 consejos prácticos para viajar al Tíbet

¿Qué significa viajar al Tíbet? Son demasiadas cosas en realidad. Caminar por un reino atávico y remoto con los Himalayas como barrera natural, hacer una kora alrededor de un lugar sagrado en compañía de gente apasionada y maravillosa que vive por y para su espiritualidad, asomarse por la ventanilla del tren hacia una llanura salpicada de cientos de yaks y aceptar junto al templo un té con mantequilla de estas vacas peludas aunque tenga el sabor más horrible del mundo. Realizar un viaje al Tíbet representa la posibilidad inequívoca de marcar un antes y un después en tu cuaderno de bitácora vital, como si contemplar las paredes níveas del Monte Everest, ascender por las escaleras del Potala o ver volar miles de banderas de oración de colores junto a un glaciar o un lago salado se convirtiese por un instante en lo único que te importa.

Consejos para viajar al Tíbet

Tras regresar de un sensacional viaje a Tíbet entrando en el tren de las nubes he preparado un escrito de carácter práctico con una recopilación de información que pueda resultar útil a los viajeros y viajeras que tengan interés en embarcarse en una aventura de este tipo. Por medio de anotaciones realizadas durante una intensa y emocionante experiencia en el techo del mundo nace esta lista documentada que agrupa nada menos que 60 consejos para viajar al Tíbet con los que ayudar a poner las bases para cumplir el sueño de toda una vida. Leer artículo completo ➜

Así son los paisajes que nos esperan en la Expedición Kamchatka

Ya va quedando menos para la Expedición Kamchatka. En menos de cuatro meses, concretamente el próximo 30 de agosto, arranca uno de esos viajes que prometen dejarnos sin palabras. Nos espera el extremo oriental de Siberia, un último confín en tierras rusas donde los auténticos reyes, o mejor dicho zares, son sus majestades los volcanes. Y es que pocos lugares del mundo concentran tal densidad de conos volcánicos, con nada menos que treinta considerados activos. Si a eso le sumamos su aislamiento y la vida salvaje que se despliega en esta península (con decenas de miles de osos) que tiene que ver más con Alaska de lo que cualquiera hubiéramos imaginado, es imposible no sentir la emoción ante todos los grandes momentos que están por suceder. Aún quedan algunas plazas disponibles para unirse a esta aventura. Dos semanas trepidantes para descubrir uno de los rincones más remotos e indómitos de nuestro planeta. Para esos indecisos e indecisas que aún están dándole vueltas a ser miembros de esta expedición única me gustaría compartir un vídeo de Alexander Pavlov con imágenes grabadas con drone en Kamchatka que resulten, cuanto menos, convincentes.

Si ves el vídeo, aunque sea una sola vez, realmente queda muy poco por decir. Hay trenes que pasan una vez en la vida y yo ya me he subido a uno con destino… KAMCHATKA. Pero queda sitio para que tú también te subas… Leer artículo completo ➜

Los mejores momentos de un viaje al Tíbet

Tíbet. Una tierra llena de secretos, de tesoros milenarios, de certezas de fe e incertidumbres mundanas. El lugar en el que el budismo depositó su trono sagrado a los pies de la cordillera del Himalaya. Donde el Everest mira siempre al norte y una cantidad inasumible de santuarios y monasterios mueven los hilos invisibles del presente, el pasado y el futuro de un pueblo religioso como pocos y que no deja de dar vueltas como una de las muchas ruedas de oración que despliegan mantras con tan sólo tocarlas con la mano. Tíbet no sólo es un lugar, es un estado mental, una manera honesta de mirar a la vida, de hacerle cosquillas al cielo más azul que uno pueda imaginarse, de escarbar a su vez en los infiernos terrenales y toparse con unas dosis de dignidad y pundonor envueltas para regalo en las sonrisas más sinceras.

Sele en Shighatse, un imprescindible a la hora de viajar al Tíbet

En mi última aventura en el Tíbet aprendí aliviado que mientras su gente conserve la fe, se mantendrán los preceptos y cimientos de este reino entre montañas, tiempo atrás impenetrable y desconocido. Hacer un viaje al Tíbet me ha llevado a recopilar una serie de experiencias increíbles y a tratar de asimilar una interminable sinfonía de escenas y escenarios con la lenta digestión que la mantequilla de yak es capaz de permitir en estos casos.  Leer artículo completo ➜

Rumbo al Tíbet: Arranca una gran aventura

Hay viajes que no necesitan adorno ni gala alguna para su descripción. En ocasiones basta una sola palabra para narrar una declaración de intenciones e inspirar admiración. Decir TÍBET representa volar muy alto, concretamente al techo del mundo, y recorrer con la mente un paisaje de montañas colosales, llanuras con yaks pastando amparados por su lanudo pelaje así como con inmensos monasterios budistas refugiados en el eco que provoca un viejo dungchen, la clásica trompeta que utilizan los monjes para sus ceremoniales religiosos. Espiritualidad, historias perdidas y otras más cercanas y esa ensoñación permanente que quienes aman los viajes y la aventura guardan bajo llave como un auténtico tesoro. En efecto, hasta para este tipo de cosas existen palabras mayores que infunden respeto. Y el nombre de Tíbet, no cabe duda, que entra perfectamente en esta categoría.

Monasterio de Songzanlin (Tíbet de Yunnan)

Una idea, recorrer el Tíbet entrando por tierra tras un largo viaje desde Shanghai. Una aventura con una previa magnífica y digna para todo lo que llegará después. Y muchos objetivos, como mirar a la cara al Everest desde su campo base y comprender (más que visitar) la idiosincrasia tibetana a través de sus templos, sus pueblos y su gente.  Leer artículo completo ➜

Expedición Kamchatka: La Alaska rusa. ¿Me acompañáis?

Como muchos ya sabéis, 2018 es el año en el que por fin me embarco en un nuevo proyecto que llevo mucho tiempo queriendo realizar. Y no es otro que organizar viajes de autor para poder viajar con quienes leéis El rincón de Sele y, en definitiva, sois personas con auténtico ansia de aventura. La intención es que sean viajes mayúsculos, retos en destinos bien escogidos y poco trillados. Siempre con grupos muy reducidos ávidos de experiencias de esas que decimos son una vez en la vida. Lo que os puedo asegurar es que la cosa no va de parques de Disney, ni playas del sur de Tailandia, ni Roma en Semana Santa. Pues bien, como todo es empezar, hemos puesto el listón muy alto para el primer objetivo. Nos espera la Península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, un territorio salvaje que muchos comparan con Alaska pero con una proporción de visitantes mucho menor. ¡Y por eso nos gusta! Por eso y porque tiene una treintena de volcanes activos y una cantidad ingente de fauna, entre la que destaca una densidad de osos pardos única en el mundo. Y los cuales se dejan ver pescando salmón durante los meses de julio, agosto y septiembre.

Volcán Viluchinsky en Kamchatka (Rusia)

La Expedición Kamchatka tendrá lugar durante la primera quincena de septiembre de 2018. Serán dos semanas en las que nos trasladaremos en todoterrenos (una parte del viaje será en camiones 6×6 con los que poder entrar a determinadas zonas), trataremos de acampar cerca de volcanes rugiendo (raro será que no tengamos alguno en erupción). Haremos trekking entre bosques, cráteres y fumarolas, profundizaremos en una cueva de hielo y os propondremos una experiencia increíble en helicóptero. La pregunta que me queda haceros es… ¿Os venís a Kamchatka conmigo el próximo verano?  Leer artículo completo ➜

Paisajes de Yunnan

En el país al sur de las nubes, que es lo que significa precisamente Yunnan, habita una colección de paisajes memorables. Esta provincia de la China suroccidental resulta tan variopinta que se pierde en los reflejos de ondulados arrozales para después alzar el vuelo sobre gigantestas y nevadas montañas que dan forma a una pequeña porción de Tibet. Entre medias el mítico río Yangtzé hace de las suyas en meandros y cañones superlativos, los bosques se convierten en laberintos de piedra y las tierras cultivadas mezclan tal cantidad de colores que hay quien dice que Dios perdió allí la paleta con la que pintó el mundo.

Sele en los arrozales de Yuanyang (Yunnan, China)

Yunnan es poseedora de un collage de paisajes espléndidos que varían casi a cada kilómetro. Pedacitos del Sudeste Asiático y de las estribaciones de los Himalayas, espiral blanca del dragón de jade al que adora este pueblo de pueblos. Bienvenidos a Yunnan, la atalaya de esa China profunda con la que tantos hemos soñado alguna vez.  Leer artículo completo ➜

La ceremonia de entrega de limosnas en Luang Prabang

Minutos antes de las seis de la mañana una hilera de ancianas arrodilladas en el suelo, bien de su calle o junto a los muros de un templo cualquiera, esperan pacientes y en silencio la llegada de los monjes budistas que nunca acuden tarde a su cita diaria. Tienen todo listo para cuando ellos lleguen. El arroz glutinoso ejerce su pastosa gravedad en una arrugada bolsa de plástico, así como las frutas y las especias. Muy pronto los monjes, casi todos infantes de no más de quince años, vendrán a buscar esta limosna que supondrá su única comida en toda la jornada. En Laos el conocido como Tak Bat es una costumbre bien arraigada y en Luang Prabang, la capital religiosa y cultural en ese país, no es menos teniendo en cuenta la cantidad de monasterios con los que cuenta la ciudad. Se trata de la ceremonia de entrega de limosnas, una tradición con la que se da por inaugurado el día. Para los monjes que abandonan por unos instantes sus estancias y rezos y, por supuesto, para los fieles, que con esta acción buscan desprenderse del mal karma. Turísticamente hablando se ha convertido también en un reclamo para los viajeros por esa autenticidad espiritual que uno espera en esta parte de Asia que aún mantiene el budismo como un baluarte. No cabe duda que posee un halo de magia y un colorido tal que presentarse a este ritual cotidiano, incluso desde la barrera, se convierte en una experiencia muy especial.

Monjes budistas en la ceremonia de entrega de limosnas en Luang Prabang (Laos)

Asistimos a la ceremonia de entrega de limosnas en Luang Prabang en dos lugares distintos, en la calle principal de la ciudad, próximos al templo Wat Mai, y en las afueras donde no llegan los turistas y nos acompañaron tan sólo los ladridos mañaneros de los perros.  Leer artículo completo ➜

48 horas en Delhi (Qué ver y hacer)

Si buscáramos la palabra “caótica” en el diccionario no sería para nada extraño que una foto de Delhi ilustrara la definición. Porque la capital de la India es la madre de todos los caos. Y aún así sigue siendo un excitante destino viajero como pocos, que posee valiosos lugares dentro de su condición de ser inabarcable. Además de ese ir y venir de rickshaws con su sinfonía de claxons, vacas cruzando la calle y mucha más gente de la que nos podamos imaginar, Delhi te gana con argumentos basados en un buen número de renglones sueltos de un pasado glorioso, sus propias mil y una noches.

Jama Masjid de Delhi (India)

Muchas veces la metrópoli de Delhi supone la puerta de entrada (y de salida) de quienes visitan India. Y, aunque muchos viajeros la utilizan como mero enlace a destinos muy variopintos, cuenta con rincones que merece la pena no perderse por nada del mundo. Para muestra esta selección de imprescindibles con los que disfrutar de la ciudad en dos días que sirve para demostrar que esta locura habitada por muchos millones de personas es capaz de derretir el corazoncito de cualquier viajero. Leer artículo completo ➜

10 razones para viajar a Yunnan (China)

Érase un lugar al sur de las nubes. Érase esa China profunda cuyos paisajes se esparcen en los contrastes que nos hacen confundir picos nevados con terrazas de arroz. De pronto, la lejana silueta de una caravana de caballos, que desconozco si vemos o imaginamos,  se pierde en los rudos desfiladeros del río Yangtzé. Viene de un rincón remoto donde los caminos son angostos y las voces que hablan lenguas diferentes rezan también a dioses que no son los mismos. Paredes blancas, puentes que son dragones, pagodas que apuntalan cielos llenos de pureza, grandes ventanas de colores, túnicas bermejas de monjes con los pies descalzos y mujeres cargando sobre los hombros la idiosincrasia de la región más hermosa y sorprendente se mece en territorio chino. Érase un lugar al que todos vienen a llamar Yunnan y en el que un día encontré el rumbo.

Estanque del dragón negro en Lijiang (Yunnan, China)

No soy tibio a la hora de decir que estos senderos representan esa idea que tenía de China y que creía se había perdido para siempre. Lo tengo muy claro, existen muchas (y poderosas) razones para viajar a Yunnan y que justifican la fe que muchos aún le profesamos al Lejano Oriente.  Leer artículo completo ➜

Naqsh-e Rostam, la pequeña Petra de Irán

Se podría decir que Naqsh-e Rostam es un apéndice de las fabulosas ruinas de Persépolis de las que tan sólo le separan unos pocos kilómetros. En el instante en que una gruesa montaña de piedra teñida de desierto empieza a ver crecer su cresta desde el suelo aparece esta especie de milagro arqueológico. Surgen de la nada cuatro tumbas inmensas perfectamente esculpidas en la roca como hipogeos en forma de cruz. Este lugar que fuera última morada de grandes reyes aqueménidas posee algo que hace que se le parezca mucho a la nabatea Petra, aunque realmente poco o nada tengan que ver. Quizás sus tumbas podrían pasar a lo lejos por las de Jordania, pero a reducida escala, ya que tan sólo son dos pares, los bajorrelieves que los acompañan son inconfundiblemente persas y, lo mejor de todo, no hay casi turistas.

Tumba aqueménida en Naqsh-e Rostam (Irán)

Naqsh-e Rostam, esa pequeña Petra de Irán, es una de las visitas más sorprendentes que pudimos hacer en este país. Seguimos las huellas de la antigua Persia para adentrarnos en un lugar no muy mencionado en los libros y que nos devuelve el bonito sueño de ser arqueólogos por un día. Leer artículo completo ➜

Por las tierras rojas de Dongchuan, la paleta perdida de Dios

Érase un lugar de tintes tan remotos que podríamos decir sin equivocarnos que forma parte de esa China profunda y desconocida que no aparece tan siquiera en las guías de viaje. Al sur del país, dentro de la provincia multiétnica de Yunnan y en un límite casi invisible con Sichuan, se encuadra un curioso y onírico paisaje rural definido por campos de cultivo y diminutas aldeas al que muchos se refieren con el nombre metafórico de “la paleta perdida de Dios”, puesto que allí andan esparcidos los colores del arco iris en colinas, laderas y bancales. En las denominadas Tierras Rojas de Dongchuan, con un suelo agreste de componentes ferruginosos, conviven juntas, pero no revueltas, las predominantes tonalidades rojizas con otras verdes, naranjas o amarillas. Todo ello en un marco de silencio, bancos de niebla y el paso a cámara lenta de un carro tirado por bueyes en un escenario que se maneja en otros tiempos.

Tierras rojas de Donchuan (Yunnan, China)

Durante varios días me dejé llevar por la inercia de mi cámara de fotos y mis primeras lecciones de chino mandarín para disfrutar sin prisa pero sin pausa de las Tierras Rojas de Dongchuan, uno de los paisajes más inverosímiles a los que he asistido en toda mi vida.  Leer artículo completo ➜