Maravillas que ver en Bután: La tierra del dragón del trueno

Los butaneses se refieren a su propio país como Druk-Yul incluso con mayor frecuencia que Bután, el nombre oficial por el que se conoce a este pequeño reino abrazado a las montañas más altas del mundo entre el Tíbet e India. Significa «la tierra del dragón del trueno». Se debe a la creencia ancestral de que existen dragones que moran en una red de cavernosas galerías de la cordillera del Himalaya. El sonido de los truenos en realidad se trataría del impetuoso y desesperado rugido de estas gigantescas criaturas mitológicas. Así es Bután, un compendio de leyendas, creencias y tradiciones que fijan la idiosincrasia e ideales de un país a la sombra de colosos y empeñado en mantenerse fiel a sí mismo. Una rareza inmensa en una diminuta nación anclada en filosofar sobre la verdadera felicidad de sus habitantes, lo necesario de hacerse perpetua repitiendo mantras milenarios y que asegura a quien la visite un refugio confortable entre valles infinitos, imponentes fortalezas y monasterios habitados por la propia sabiduría.

Elemento religioso en Bután (valle de Tang, Bumthang)

Recientemente tuve la suerte de averiguar en Bután que la felicidad, en ocasiones, se trata de un lugar. Y tras llevar a cabo una ruta de diez días por la tierra del dragón de trueno me gustaría comentar esos sitios imprescindibles y maravillosos que ver en Bután en un viaje distinto a cualquier otro.  Leer artículo completo ➜

Bután, cuando la felicidad es un lugar

Arranco una hoja más de mi vieja libreta de papel garabateada de forma inútil donde suelo tomar notas durante esos instantes de tranquilidad en mi habitación de hotel. Se me hace tan complicado describir todo lo que este viaje a Bután me está haciendo sentir, que tengo la percepción de no ser capaz de lograr transmitir ni la mitad de algo que ha superado todas mis expectativas. Aún quedan unos minutos para reunirnos abajo en el comedor y asimilar juntos un prolongado adiós al pequeño país al que dan sombra los Himalayas que tantos buenos momentos nos ha regalado. Me asomo al balcón y contemplo absorto los arrozales del valle de Paro bajo los intensos colores que denotan su inminente recolección. Más lejos, en los cortados rocosos de una inmensa montaña verde, algunos templos blancos languidecen entre una neblina espesa y danzante. No quito ojo al Nido del Tigre, la razón por la que estoy aquí, una magnífica excusa por la que un día deseé con todas mis tocar este paraíso de paredes blancas y techos dorados con propias mis manos y, por el cual, dejarme persuadir por los encantos, que son muchos, de un Reino el cual, sonrisa a sonrisa, me ha demostrado que existen ocasiones donde se demuestra que, en efecto, la felicidad es un lugar.

Sele en el Nido del Tigre (Bután)

Ya no caben más vueltas en el molino de oración en este viaje. Todos los mantras se han esparcido por los cielos despejados en el lado sur de la gran cordillera del Himalaya. Los colores de las banderas en los pasos de montaña ilustran las plegarias de los valles más verdes y puros que recuerdo, de cada fortificación, de cada monasterio…de cada estupa cargada con las creencias de los lugareños que saben que mientras su fe se mantenga en alza, sobrevivirá un lugar único en la Tierra. Porque Bután, lo creamos o no, es un conmovedor ejemplo de que mientras siga existiendo tal y como es, podremos tener motivos para la esperanza en el mundo en que vivimos.  Leer artículo completo ➜

Rumbo a Bután: Arranca una nueva aventura

Hoy inicio una nueva aventura hacia Bután, el pequeño reino de los Himalayas, un lugar donde las historias de dragones, tigres voladores y el abominable hombre de las nieves se encuentran con el sentido de las tradiciones más ancestrales. Creo que no olvido de nada y en apenas unos minutos salgo hacia el aeropuerto para encontrarme con el grupo con el que me embarcaré en este nuevo y deseado viaje de autor. Llevamos semanas hablando de los preparativos pero estoy deseando conocerlos en persona. Han pasado ya muchos meses desde que surgiese la idea de indagar en un país de montañas mágicas, templos perdidos y leyendas imperecederas. Y, una vez formado el equipo, es momento de salir a conocer uno de esos rincones del mundo que permanecieron cerrados e inalterados durante muchos siglos. Un gran tesoro con monasterios colgados en acantilados y el orgullo de un pueblo aferrado a su cultura.

Escena en Bután

Muchas horas de vuelo por delante, pero prácticamente cuando estés leyendo esto, habrá dado comienzo un gran viaje a Bután del que prometo tomar buenas notas para después contarlo, como siempre, en este cuaderno de bitácora nacido hace más de una década.  Leer artículo completo ➜

¿Cómo conseguir el permiso o visado para viajar a Bután?

Tras siglos de aislamiento, Bután abrió las puertas de su reino en el corazón de los Himalayas allá por los años ochenta. Desde entonces los visitantes han ido llegando de forma pausada, aunque más cada año, para conocer in situ las particularidades de un país repleto de atractivos fascinantes que se marcó como objetivo crecer de forma sostenible manteniendo su personalidad, sus tradiciones y su cultura. A diferencia de otras naciones asiáticas, no resulta posible viajar por libre a Bután, salvo que seas de India, Bangladesh o Maldivas. El resto de mortales necesitamos un visado autorizado por el gobierno butanés. Y para conseguirlo se exige seguir unas normas o cumplir unos requisitos determinados que llevan, por ejemplo, a tener que hacer el viaje organizado con guía, hoteles, transportes, etcétera…  que se costea mediante una tasa fija diaria que ronda los 200/250 dólares en función de la época del año en que se tenga previsto entrar.

Puerta de un templo budista tibetano

Por tanto, la respuesta a la pregunta de si se puede viajar a Bután por cuenta propia y de forma totalmente independiente es NO. Pero, si tienes como objetivo pasar unos días en el país del Nido del Tigre, el mismo que mide la felicidad nacional bruta de sus habitantes y cree a pies juntillas en las historias del Yeti, te recomiendo que continúes leyendo porque voy a tratar de contarte cómo entrar a Bután de la manera más sencilla posible.  Leer artículo completo ➜

Curiosidades y rarezas de un país llamado Bután

Bután resulta un destino paradójico desde el mismo momento en que existe un buen número de personas que verían difícil, o más bien improbable, situarlo en el mapa. Se trata, sin lugar a dudas, de uno de esos destinos escasamente visitados cuya suma de singularidades se convierte precisamente en virtud. Desde el mismo momento en que anunciamos las fechas e itinerario del viaje a Bután que haremos en octubre de 2019 (y para el que aún hay plazas) no he podido dejar de leer y empaparme sobre este insólito territorio arropado por la cordillera del Himalaya, con Tíbet y el nordeste de India sosteniendo con sus manos una de esas naciones-milagro que sobreviven casi por casualidad. O, quién sabe, si por la férrea actitud de empeñarse en seguir conservando una retahíla de particularidades, para muchos consideradas rarezas y por otros un claro ejemplo de lucidez, en una época histórica en la que buena parte del planeta parece haber perdido definitivamente el rumbo.

Dzong de Paro en Bután

Para conocer entre todos un poco mejor a Bután, he reunido algunas de esas curiosidades y certezas de un país que podríamos considerar atípico, aunque los términos apropiados (y ya entenderás por qué) nos deberían llevar a declararlo como fascinante e irrepetible.  Leer artículo completo ➜

¿Te vienes conmigo a Bután? ¡Nuevo viaje de autor a la vista!

¡Nuevo viaje de autor a la vista! De fondo, las elevadas montañas que conforman la cordillera del Himalaya sirviendo de muralla natural a uno de los últimos fortines de esa Asia aún recóndita. Su interior alberga un pequeño reino atrapado en el tiempo donde el budismo tibetano llegó por sus sinuosos senderos y la vida continúa su ritmo pausado entre creencias y tradiciones ancestrales. Hablamos de Bután, el país donde se mide la felicidad de sus habitantes en un índice mucho más lleno de humanidad que el PIB y en donde las leyendas han ubicado la tierra natal del Yeti, el abominable hombre de las nieves. Un lugar donde monasterios y templos cuelgan de forma milagrosa de gruesas paredes verticales, los ríos tienen género y el aislamiento durante milenios es motivo de orgullo de sus simpáticos habitantes, que no conocen aún el turismo de masas, puesto que su número de visitantes es escaso. Bután se trataría de uno de esos confines que justifican una gran aventura. Y ese descubrimiento del reino de la felicidad me gustaría hacerlo… contigo. ¿Con quién mejor?

Nido del Tigre (Viaje de autor a Bután con Sele)

Durante la segunda quincena de octubre de 2019 daremos un salto a las montañas más altas del planeta desde Katmandú. La capital nepalí, que también degustaremos con sapiencia, será nuestra lanzadera para hacer un viaje intenso a los profundos valles y gargantas de un país donde el tiro con arco es deporte nacional y que tiene entre sus maravillas el conocido como Nido del Tigre, uno de esos templos tan inverosímiles que arrebatan la respiración. ¿Te vienes conmigo a Bután el próximo otoño?  Leer artículo completo ➜