60 consejos prácticos para viajar al Tíbet

¿Qué significa viajar al Tíbet? Son demasiadas cosas en realidad. Caminar por un reino atávico y remoto con los Himalayas como barrera natural, hacer una kora alrededor de un lugar sagrado en compañía de gente apasionada y maravillosa que vive por y para su espiritualidad, asomarse por la ventanilla del tren hacia una llanura salpicada de cientos de yaks y aceptar junto al templo un té con mantequilla de estas vacas peludas aunque tenga el sabor más horrible del mundo. Realizar un viaje al Tíbet representa la posibilidad inequívoca de marcar un antes y un después en tu cuaderno de bitácora vital, como si contemplar las paredes níveas del Monte Everest, ascender por las escaleras del Potala o ver volar miles de banderas de oración de colores junto a un glaciar o un lago salado se convirtiese por un instante en lo único que te importa.

Consejos para viajar al Tíbet

Tras regresar de un sensacional viaje a Tíbet entrando en el tren de las nubes he preparado un escrito de carácter práctico con una recopilación de información que pueda resultar útil a los viajeros y viajeras que tengan interés en embarcarse en una aventura de este tipo. Por medio de anotaciones realizadas durante una intensa y emocionante experiencia en el techo del mundo nace esta lista documentada que agrupa nada menos que 60 consejos para viajar al Tíbet con los que ayudar a poner las bases para cumplir el sueño de toda una vida.

DOCUMENTACIÓN NECESARIA PARA VIAJAR AL TÍBET. ¿HACE FALTA VISADO? ¿Y OBTENER UN PERMISO ESPECIAL?

Passport control

– Para entrar a China como turista es indispensable obtener un visado expedido por las autoridades competentes de la República Popular China a los ciudadanos extranjeros. Se trataría del tipo L, que es el válido para hacer turismo por el país. Dicho permiso cuenta con tres características diferentes que se definen en la validez del mismo (suele ser de 3 meses desde el momento de su expedición, no de la petición), el número de entradas permitidas (Si se piensa ir a Tíbet es 1 entrada. Serían dos en el caso de ir a Hong Kong y Macao) así como el número de días que puedes permanecer en el país.

Puerta tibetana

– La gestión del visado no se puede realizar online, aunque sí de manera presencial o por mensajería. En España existe una dualidad realmente curiosa. Mientras que para Barcelona se siguen haciendo las gestiones desde la oficina consular  (En Carrer de Lleó XIII, No.34, web http://barcelona.chineseconsulate.org/esp) para el resto de España se tiene que gestionar a través del Centro de solicitud de visados chinos en Madrid situado en la Calle C/ Agustín de Foxá, 29, 4ºA (web oficial: https://www.visaforchina.org/MAD_ES). La cuestión es que mientras que el visado de una entrada obtenido en Barcelona viene a costar 60 euros, si se gestiona desde el centro madrileño (como así indican que se debe hacer en toda España salvo Cataluña) cobran la friolera de 126,50 euros. Y ante eso no hay nada que hacer.

Maldita burocracia para obtener el visado chino y los permisos para viajar al Tíbet

– Los trámites (presencialmente) se hacen en cinco días laborables, aunque por una cantidad mayor se pueden obtener en dos días (servicio express) o en uno solo (servicio urgente). Y es necesario entregar la siguiente documentación:

  • Pasaporte original con una vigencia mínima de 6 meses en el momento de la solicitud. Éste debe tener, al menos, dos páginas en blanco.
  • Fotocopia de la hoja del pasaporte donde aparecen los datos personales.
  • Formulario de solicitud rellenado junto con una foto reciente de tamaño carnet (se puede imprimir en la web https://www.visaforchina.org/MAD_ES)
  • Billete de avión de ida y vuelta.
  • Reserva de hotel de al menos la mitad de la estancia o carta de invitación (si vas con agencia te lo gestionarán ellos y te entregarán dicha carta).

– La Región Autónoma del Tíbet, además del consiguiente visado chino, exige aparte un Permiso de Entrada (Tibet Entry Permit) emitido por la Oficina de Turismo del Tíbet (Tibet Tourism Bureau). Y esto sólo puede tramitarlo una agencia de viajes con licencia, generalmente la compañía con la que vas a realizar el viaje. Porque ahí está el hándicap de un viaje de este tipo: No está permitido bajo ningún concepto a turistas viajar al Tíbet por libre. Para más inri, en el caso de ampliar el viaje y no ceñirse a Lhasa queriendo visitar, por ejemplo, el Campo Base Norte del Everest u otras zonas consideradas protegidas o restringidas, es necesario también el PSB Permit, un permiso especial para extranjeros. Aunque eso queda en manos también de la agencia y dichas autorizaciones se recogen en lugares establecidos para ellos en Shigatse, Gyantse o Shegar. De todas formas este último trámite, así como el anterior, es completamente invisible para el cliente que contrate el viaje por agencia.

Sele e Isaac con los permisos de entrada al Tíbet

– Entonces, ¿no es posible viajar al Tíbet sin agencia? La respuesta es clara y contundente. No se puede. Tienes que unirte a un tour, ya sea con un grupo diverso o de manera privada tú solo o sola, con amigos o familia. Es la única manera de viajar legalmente a Tíbet. Eso no significa que haya que estar atado a un guía las 24 horas, ni mucho menos. Se pueden hacer viajes a medida de los lugares que se quieran visitar y uno puede estar en Lhasa u otras ciudades tibetanas completamente solo (tienes que ir acompañado únicamente en el Potala o el Jokhang). Ir con agencia, en todo caso, es requisito imprescindible y los grados de moverse más o menos libremente se ajustan entre clientes y la compañía, siempre que entre dentro de lo lógico. Es preferible y mucho más cómodo un viaje a medida que ofrece mayor libertad que unirse a una excursión desde, por ejemplo Nepal, en un autobús con treinta o cuarenta personas más.

Tibetanos en Shighatse (Tíbet)

¿CON QUÉ AGENCIA HEMOS VIAJADO AL TÍBET?

En nuestro caso todo lo gestionamos con la agencia española y experta en Tíbet Youlan Tours. A tenor de los días con los que contábamos así como con las particularidades de entrar desde China y pasar unos días previos de aclimatación, hicimos una ruta completamente personalizada que además de lo clásico nos permitiera acampar junto a un lago o visitar algunos monasterios fuera de ruta. Se encargaron de los permisos, de conseguir plaza en el tren de las nubes, del hospedaje, actividades, tener guía y acompañante de habla española. Hemos tenido comunicación constante con la agencia, tanto antes en España como después en China y Tíbet. La experiencia muy recomendable.

– Tanto el visado chino como los permisos de entrada al Tíbet se pueden obtener en mucho menos tiempo si se está en Katmandú. Una ruta usual es la de la carretera de la amistad partiendo de Katmandú y terminando en Lhasa. Si bien muchos van directamente al Everest sin aclimatación alguna y es algo que ensombrece la experiencia por el temido mal de altura.

– Los turistas que están visitando la Región Autónoma del Tíbet deben llevar siempre su pasaporte encima, así como el permiso, puesto que lo solicitarán en diversas ocasiones (mejor tener copias). En este papel aparece la ruta autorizada con letras chinas. Aunque normalmente el guía suele llevar ya varias copias de dichos permisos para aligerar los diversos controles, normalmente en carreteras.

– Hay zonas de China que son histórica y culturalmente tibetanas (lengua, religión, costumbres, etc.). Están en provincias como Yunnan, Sichuan, Qinghai y otras. Estas áreas, en cambio, no requieren permiso extra alguno para ser visitadas.

Monasterio Songzanlin (Yunnan, China)

¿CÓMO LLEGAR AL TÍBET?

– No es posible volar al Tíbet de manera directa desde España o cualquier país europeo. Sí desde China o Nepal. La mayoría de los viajeros deben elegir si entrar desde uno de estos dos países. Si se hace por China uno puede hacer el tramo internacional, por ejemplo, con la aerolínea Finnair, que es la que utilizamos nosotros, con la posibilidad de llegar a seis ciudades chinas diferentes como son Pekín, Chongqing, Guangzhou, Nanjing, Shanghái y Xi’an con escala previa en Helsinki (el vuelo desde allí es de apenas 8 horas). Si bien nosotros por varias razones entramos al país por Shanghái, lo más aconsejable y reconfortante es empezar este viaje por Xi’an. Después una de dos, o se toma un avión chino a Lhasa (Aproximadamente un par de horas de duración y no son muy baratos precisamente) o se continúa la ruta en el famoso tren transtibetano, también llamado tren de las nubes, por ejemplo en Xining, capital de la provincia de Qinghai, mientras uno se va aclimatando a la altitud. El viaje terrestre ayuda, y mucho, a mitigar los efectos del temido mal de altura.

Finnair a China

– El tren transtibetano se puede tomar en ciudades chinas importantes como Pekín, Chengdú, Xi’an o Shanghai, entre otras, pero todas estas rutas pasan por Xining. Paisajísticamente hablando el mayor interés está desde esta última y, dado que no es un tren excesivamente confortable, mejor hacer este trayecto en 24 horas que en unas infumables 48 horas. Las plazas son muy limitadas dada la alta demanda, aunque lo ideal es que te las gestione la agencia con la que estás organizando tu viaje al Tíbet. En el caso de que me dieran a elegir un punto de partida para este viaje sería Xi’an para disfrutar de la ciudad y sus famosos guerreros de terracota, para después pasar un par de días en Xining.

Los guerreros de Xi'an

ALGUNAS PARTICULARIDADES DEL TREN DE LAS NUBES O LHASA EXPRESS TRAIN

  • Hay camarotes con cuatro camas tipo litera (ni uno solo de dos) a las que llaman “blandas” (Soft Sleeper Cabin), otros de seis camas más duras (Hard Sleeper Cabin), aunque con puerta corredera, sí como otra versión semejante pero sin puertas ni separación. La demanda de plazas es tal que a veces incluso es complejo que te den dos sitios en el mismo camarote.

Camarote del tren transtibetano (Tren al Tíbet)

  • El espacio para el equipaje es mínimo y si se lleva una maleta grande no quedará más remedio que meterla también en la cama.
  • Si bien se dice que es un tren que va presurizado como un avión, realmente no es así (vimos ventanas abiertas, por ejemplo en los baños, y entraba aire en las puertas de entrada y salida). También es cierto que los vagones se van oxigenando de manera automática y existe en cada camarote una especie de surtidor de oxígeno para quien lo pase peor y lo necesite. Siempre va, como mínimo, un médico chino a bordo. Lógico si tenemos en cuenta de que hay muchas horas en las que no se baja de los 4500 metros de alitud sobre el nivel del mar.
  • El vagón restaurante tiene el menú en chino, por lo que sería conviene llevar un traductor o diccionario chino-español descargado en el teléfono móvil, dado que es complicadísimo encontrar allí a alguien con nociones mínimas de inglés que te ayude. El traductor fotográfico de Google (a través de una imagen identifica las palabras) funciona de una manera bastante aceptable, pero es necesario que llevarlo descargado de antemano.

Sele en el vagón restaurante del tren de las nubes al Tíbet (tren transtibetano)

  • Las vistas de la meseta tibetana son muy sugerentes. Ríos helados, praderas repetas de yaks, pequeños pueblos con casas típicas tibetanas… Eso sí, la mejor parte con diferencia está en las dos o tres últimas horas previas a la llegada a Lhasa, cuando se ven las montañas más de cerca.
  • Hay un solo enchufe por camarote. Se encuentra bajo la mesa, próximo a la cama inferior de la derecha. También hay enchufes en los pasillos junto a una especie de banquetas reclinables. El tren no dispone de wifi, pero si se lleva un router portátil es posible encontrar red a menudo. Si bien es una red extremadamente lenta y puntual.
  • Hay que llevar y mostrar los permisos de entrada al Tíbet. Sin ellos no lograrás, si quiera, subirte al tren. Los pueden pedir de nuevo en cualquier momento del trayecto. Los revisan con una minuciosidad, a mi juicio, exagerada.

 

Sele en el tren de las nubes al Tíbet (Transtibetano)

– Los vuelos para viajar al Tíbet desde la propia China tienen unos precios elevadísimos, en ocasiones superiores al tramo internacional desde Europa o América. Sobre todo desde Pekín y Shanghai (la demanda supera la oferta). Se van reduciendo cuanto más cerca estemos de la Región Autónoma del Tíbet. Suelen ser bastante más competitivos si se parte de Chengdú o Xining.

– Es posible entrar por tierra al Tíbet desde Nepal (con tours organizados y que hacen la carretera de la amistad). Incluso también hay vuelos de Air China y Sichuan Airlines que parten de Katmandú y tienen una duración aproximada de hora y media. No se puede, en cambio, entrar al Tíbet de manera directa desde Bután, India o Myanmar.

Recomiendo la lectura del reportaje “De Shanghái a Lhasa por tierra: El largo camino al Tíbet” donde cuento todos los días previos a nuestra llegada a la capital tibetana. Un recorrido por China tocando ciudades futuristas, templos perdidos en la montaña que han servido como escenario de varias películas, una aldea de piedra e incluso cómo fue nuestra experiencia de pernoctar en un antiquísimo templo zen.

¿CUÁL ES LA MEJOR ÉPOCA PARA VIAJAR AL TÍBET?

– El clima del Tíbet es extremadamente seco y no se depende tanto de las lluvias como en otros lugares de Asia, salvo que vayamos a escalar alguna montaña en la que sí puede haber épocas de mejor visibilidad. Realmente es más conveniente preparar un viaje de este tipo en un período que va de la primavera al otoño (abril a octubre). Abril y mayo son algo más frescos (sobre todo de noche) pero con una probabilidad de lluvias mucho menor (así como una presencia de turistas mucho más reducida). En el verano “europeo” puede llover algo más, pero de manera insignificante si lo comparamos con el Sudeste Asiático o incluso las vecinas Nepal e India. Aunque aquí el hándicap más que el clima es, por supuesto, que hay mucha más gente. La presencia de turismo turismo chino y extranjero (aunque este sea una millonésima parte de éste) es bastante más pronunciada en verano que en primavera o en otoño.

Detalle del Palacio de Potala (Lhasa, Tíbet)

– Más que del clima referido a la meteorología conviene estar muy atentos al clima político del momento. Los últimos años están siendo relativamente tranquilos, pero las autoridades chinas “abren y cierran el Tíbet” a los extranjeros a su antojo. Conviene saber, además, que normalmente durante febrero y marzo (coincidentes con los festejos de los años nuevos chino y tibetano) no suelen concederse permisos de entrada a la Región Autónoma del Tíbet. Así que la temporada turística, queramos o no, tiene su inicio en abril. Por otro lado el 1 de octubre se celebra el Día Nacional de China y muchos utilizan varios días de sus vacaciones para desplazarse por el país. Así que no se recomienda viajar, al menos, en la semana que vaya a coincidir con esta fiesta que acaba de manera fulminante con todas las plazas de avión, tren, hotel, etc.

– En el Tíbet hay una enorme oscilación térmica que puede regalarte una mañana espléndida a 20 grados centígrados e irte a la cama muy cerca de cero. Fuera de Lhasa y, por tanto, a mayor altura, esto es aún más acuciante. Esto es así en cualquier época del año, incluido el invierno, aunque el termómetro puede bajar de una manera mucho más notable cuando el sol se oculta tras las montañas.

Acampada en el Lago Yamdrok (Tíbet)

¿HACE FALTA VACUNARSE PARA VIAJAR AL TÍBET?

Vacunas en Irán

– Para viajar al Tíbet o a China no existe ninguna vacuna obligatoria y recomendadas son las mismas que deberíamos tener puestas de siempre (Hepatitis A + B, Tétanos, etc…). Generalmente resulta extraño que la gente se vacune para ir a Tíbet. De todas formas para el tema de vacunas lo más adecuado es consultar bien a un médico o leer las recomendaciones que nos ofrezca el Ministerio de Sanidad de nuestro país y ser consecuentes con nuestra decisión.

EL MAL DE ALTURA EN EL TÍBET (CONSEJOS PARA PREVENIRLO Y MINIMIZARLO)

– Dado que en el Tíbet nos encontramos siempre a una altitud bastante considerable (Lhasa está a 3650 metros sobre el nivel del mar) resulta lógico sentir algunos síntomas del mal de altura por la falta de oxígeno. Como, por ejemplo, mareos, dolor de cabeza, náuseas, insomnio o falta de energía física. No todo el mundo los padece, ni necesariamente se tienen todos, aunque lo más repetido es sentir agotamiento con el mínimo esfuerzo físico (subir unas escaleras, etc.), sobre todo los primeros días. Localidades como Gyantse, Shigatse o Shegar se sitúan por encima de los 4000 metros y el Campo Base del Everest está a 5200, por lo que la cosa casi siempre va a ir in crescendo. Aún así hay ciertas recomendaciones, que comento a continuación, que si seguimos es más fácil mitigar estos efectos y que no nos amarguen el viaje.

Monte Everest (Tíbet)

– Lo ideal es irse aclimatando a la altura para que el cuerpo se vaya acostumbrando. Si tenemos la posibilidad de entrar al Tíbet por tierra una opción interesante es estar en altura un par de días (Xining, por ejemplo). En caso de venir en avión conviene quedarse en Lhasa un mínimo de tres días antes de ir a otra parte. Y reducir los esfuerzos lo máximo posible durante la primera jornada. Por cada 1000 metros que vayamos a subir (aunque hay quien dice que por cada 600) debemos aclimatarnos, al menos, un día.

Mujer poniendo banderas de oración en el Lago Qinghai

– Es imprescindible beber mucha agua para transportar mayor cantidad de oxígeno a las células. Nada como hidratarse bien para aliviar los efectos del mal de altura. Así que varias botellas de agua en el coche y en la habitación nunca van a estar de más.

– Sobre el mal de altura o soroche existe un dicho popular muy acertado que si aplicamos los primeros días de viaje tenemos casi todo hecho. Sus tres mandamientos son: “Comer poquito, caminar despacito y dormir solito“. Si los hacemos caso y no pretendemos hacer la visita al Everest o al Potala el primer día (tiene muchas escaleras), bebemos mucha agua, evitamos comidas grasientas y copiosas y habremos avanzado mucho.

– En ocasiones el médico para prevenir el mal de altura puede recetar acetazolamida (aunque es tan diurético que pide ir al servicio más de lo habitual). El ibuprofeno se ha comprobado que también ayuda bastante. En mi caso no tomé ningún medicamento y lo único que sentí fue la inevitable fatiga a la hora de hacer esfuerzos. Por otro lado en las farmacias del Tíbet suelen vender pequeñas botellas de oxígeno a 10 euros aproximadamente, aunque sólo debemos utilizarlas cuando de verdad las necesitemos. Si “nos aficionamos” a estos chutes de oxígeno nuestro cuerpo puede entender que no necesitamos que haga un esfuerzo extra y después nos encontraremos peor. Si se compra una que sea para un “por si acaso”.

Botellas de oxígeno en una farmacia de Lhasa (Tíbet)

– El mal de altura tiene un condicionante psicológico muy alto. Si nos obsesionamos y estamos cada dos minutos narrando la sintomatología es mucho peor. Hay que dejar de darle vueltas y estar a lo que tenemos que estar, que es a disfrutar de un viaje espectacular. La cabeza juega muy malas pasadas y no debemos volvernos unos hipocondríacos, que no es para tanto.

LA CASA DE CAMBIO: TEMAS DE MONEDA Y TARJETAS DE CRÉDITO EN EL TÍBET

– La moneda oficial en Tíbet es la misma que en China, el yuan o renminbi (RMB) por lo que uno se maneja en Lhasa como lo haría en Shanghái o Pekín. Lo más recomendable es cambiar dinero en el aeropuerto a la llegada a China, puesto que en el Tíbet resulta un proceso engorroso que se debe llevar a cabo en un banco, si es que no se desean pagar comisiones por sacarlo de un cajero (éstos los ves, y mucho, en las ciudades). Da igual si se cambian 10 euros o 500, te hacen rellenar varios impresos y normalmente el personal del banco no habla inglés, así que, lo dicho, mejor entrar al Tíbet con suficientes yuanes ya cambiados (En Shigatse nos pasamos casi una hora para cambiar dinero). No encontramos un solo hotel que quisiera cambiar euros o dólares a yuanes.

– En Tíbet es extremadamente complicado pagar con tarjeta de crédito. Muy pocos hoteles lo permiten (como mucho algún cinco estrellas). En el caso de tiendas o restaurantes mejor olvidarse. O en cash o nada. Afortunadamente en algunos comercios aceptan euros o dólares como medio de pago. Eso puede salvarnos en caso de no disponer de efectivo en yuanes.

SOBRE ALGUNOS RINCONES IMPRESCINDIBLES QUE VER EN EL TÍBET (Y COMENTARIOS)

Lhasa, la base (y alrededores)

– Lhasa, la capital del Tíbet, es mucho más que el Palacio de Potala, aunque para visitarlo solamente da para una mañana entera. Para quedarse en Lhasa recomiendo, como mínimo, tres días completos (cuatro estarían ya bien) y no dejar de ver cosas tanto en la ciudad como en sus alrededores. Barkhor o, lo que es lo mismo, la zona genuinamente tibetana que bordea el imprescindible y venerado templo de Jokhang (el más sagrado del Tíbet) permite seguir una kora que está animada día y noche (aunque sobre todo a horas tempranas). Por otro lado hacer la kora del Potala es sumamente agradable. Y la tercera de la ciudad, la kora de Lingkhor, es mucho más amplia y permite seguir rincones de Lhasa que de otra manera pasarían desapercibidos.

Kora de Barkhor alrededor del Jokhang (Lhasa, Tíbet)

– La entrada al Palacio de Potala está extremadamente regulada dada sus connotaciones así como el número ingente de visitantes y sólo se puede hacer con guía. Hay un tiempo máximo para estar en las dependencias interiores (una hora), aunque uno puede quedarse más en los alrededores y aprovechar a buscar buenos ángulos para fotografiar el gran palacio del Tíbet desde el quinto Dalái Lama. Los controles son estrictos y no se permiten tomar fotos en el interior del mismo.

Sele en el Palacio de Potala (Lhasa, Tíbet)

– Los mejores ángulos para fotografiar el Palacio de Potala son, por supuesto, la plaza que queda al frente del monumento con fuentes danzarinas y un estanque privilegiado para observar su reflejo tanto de día como de noche, el mirador que surge tras las tres estupas blancas que hacen esquina así como la parte trasera del mismo, con otro gran estanque y melocotoneros que florecen en primavera. Este último ángulo se puede hacer el día que se entra al Potala, ya que se sale por detrás. Lamentablemente a la colina que tiene una horrenda antena de telecomunicaciones no se puede subir desde hace años, aunque con toda probabilidad desde allí se han tomado las imágenes más legendarias del palacio.

Palacio de Potala por detrás (Lhasa, Tíbet)

– En los alrededores de Lhasa se encuentran tres de los principales monasterios de la secta Gelugpa (o de los gorros amarillos) en el Tíbet (los otros serían Tashilhunpo en Shigatse y Kumbum en Qinghai, este último fuera de la región autónoma). Sera, Drepung y Ganden (en este último está enterrado el fundador Je Tsongkhapa). Merece mucho la pena visitar los tres. Son como pequeñas ciudades entre las montañas y viven grandes comunidades monacales.

– En el monasterio Sera cada tarde los monjes salen a debatir entre ellos a través de una serie de preguntas y respuestas relacionadas con la religión y filosofía budista. Esto realmente sucede en todos los monasterios tibetanos, pero dado el número de miembros participantes y las facilidades que se dan a los visitantes para observarlo (incluso se permiten fotografías… con teléfono móvil), resulta el más espectacular de presenciar. Ganden también es muy relajado con las visitas, aunque hay muchísimas menos que en Drepung y Sera. Con suerte por la mañana, alrededor de las 11:00, se puede coincidir con la lectura de los textos sagrados por parte de los monjes en la gran sala de la asamblea. Por una módica donación de 20 yuanes (ni 3€) permiten fotografiar o filmar las escenas allí surgidas. Una oportunidad única de retratar lo que sucede en el interior de un monasterio, algo normalmente no permitido y sujeto bajo cuantiosas multas.

Debate de monjes en el monasterio Sera (Lhasa, Tíbet)

El encanto de Gyantse

– Si tuviera que decantarme por una ciudad tibetana que no sea Lhasa no tendría dudas en recalcar el encanto de Gyantse (en la carretera de la amistad y a algo más de una hora de Shigatse). Es de las pocas que ha sabido (o podido) conservar su esencia tibetana. Y no sólo por su antiguo chörten (estilo nepalí) en el monasterio amurallado o su dzong vigilando desde la colina sino, sobre todo, porque continúa siendo un pueblo con cierta armonía arquitectónica en el que todavía las vacas permanecen tumbadas junto a las puertas de las casas. Tíbet 100%. Y casi sin turistas.

Gyantse (Tíbet)

Shigatse, una kora muy especial y las mejores panorámicas urbanas del Tíbet

– En Shigatse sí encontramos la fotografía que nos hubiera gustado hacer del Potala. De hecho en esta ciudad a su dzong o palacio de gobierno le dicen “el pequeño Potala” por su gran parecido. Haciendo la kora alrededor del monasterio de Tashilhunpo y del barrio antiguo, desde unas rocas, disfrutamos de una panorámica de la ciudad y el dzong que nos dejaron sin aliento. Muy recomendable pasarse, como mínimo, medio día en la ciudad que fuera y es sede del Panchen Lama (la 2ª figura en importancia para los tibetanos tras el Dalái Lama) en uno de los monasterios más espectaculares de la Region Autónoma del Tíbet.

Sele en Shigatse (Tíbet)

Además esta kora no la hace prácticamente ningún turista y es posible charlar (en la medida de lo posible) con los peregrinos así como vislumbrar la devoción con la que hacen este círculo sagrado. Además son bastante más proclives a las fotografías que en Lhasa. Con una condición, que quieren ver si han quedado bien. ¡Los tibetanos y tibetanas son gente muy coqueta!

Monje budista haciendo la kora alrededor del monasterio Tashilhunpo en Shigatse (Tíbet)

El Everest, algo más que un objetivo

– La práctica mayoría de quienes soñamos con viajar al Tíbet tenemos en mente una montaña. No puede ser otra que el Everest, el lugar más alto del planeta con 8848 metros sobre el nivel del mar. Y no hablo de subir a la cumbre, algo sólo apto para locuras inquebrantables, sino de contemplarl sin máso junto a otros colosos en la gran cordillera del Himalaya (desde algunos miradores se ven junto al Everest más “ochomiles” tipo Lhotse con 8516 msnm, Makalu y sus 8462 msnm, así como varios sietemiles). Os aseguro que no es poco. Ni mucho menos. Arribar al Campo Base Norte y dormir en una tienda de campaña frente al Everest es de esas cosas que no se olvidan. Y lo que en Nepal requiere un trekking de casi una semana para llegar, en Tíbet existe una accesibilidad apta para todos los públicos. Eso sí, hay que ir bien aclimatado puesto que hablamos de pernoctar a 5200 metros de altitud.

Monte Everest desde el Tíbet (cara norte)

– Ir al Campo Base del Everest, disfrutar del monte atardeciendo o durante el amanecer, requiere un permiso aparte (PSB Permit) que tramita la agencia que organiza el viaje y se recoge en Shigatse, Gyantse o Shegar (es decir, no nos tiene que preocupar en absoluto). Ya lleva implícita la tarifa de entrada y, por supuesto, cuenta con la pernoctación en una tienda tipo nómada con estufa en la caben varios ocupantes (normalmente hasta 8). Eso sí, hacer un trekking a otros campos base más elevados requiere más permisos y otro tipo de tasas, aunque para quienes no tengan pensado hacer “cosas demasiado potentes”, basta con llegar al primer Campamento Base Norte así como acceder al monasterio más elevado del mundo, el Rongbuk. A mi juicio, éste es el mejor lugar para alejarse y concentrarse en el lento atardecer que viste de fuego la cara norte del Everst.

Sele observando el Everest (Tíbet)

– El frío, sobre todo por la noche y primera hora de la mañana, en el Campo Base Norte del Everest es bastante considerable, descendiendo muy por debajo de los cero grados. Para esa jornada conviene llevar más capas que una cebolla. A mediodía y hasta el atardecer hará ropa en exceso, pero es ocultarse el sol y convertirse en un auténtico congelador.

Los lagos sagrados

– En Tíbet los lagos tienen cierta consideración religiosa desde mucho tiempo antes de que existiera el budismo y esconden muchas bellas historias tras ellos. Sagrados sagrados, de los de recibir peregrinos, hay nueve, de los cuales los más conocidos son el Yamdrok, Namtso, ambos ya excursiones clásicas de un día desde Lhasa (aprox a 4 horas cada uno). En el caso del Yamdrok, que para los tibetanos nació con la transformación de una diosa, se suele visitar cuando se hace en un sentido u otro la carretera de la amistad. E incluso se puede acampar en sus orillas, cosa que hicimos nosotros, para disfrutar al atardecer y amanecer de la tonalidad extremadamente turquesa de sus aguas. En el Namtso se suelen ofrecer vuelos en helicóptero e intentamos hacerlo, pero resulta que no es una actividad permitida a los turistas extranjeros.

Lago Yamdrok (Tíbet)

Los mejores monasterios que visitar en el Tíbet

– Sin duda la visitar los monasterios budistas es la actividad estrella a la hora de viajar al Tíbet. Mucha gente va en busca de estos santuarios sagrados que durante siglos albergaron valiosos tesoros y que incluso tiempo después de la revolución cultural que asoló muchos de ellos, continúan dando lustre a salones y capillas de estas auténticas ciudades habitadas por monjes. Hay centenares, miles, repartidos por toda la región. Pero, ¿cuáles elegir en un viaje al Tíbet? ¿Cuáles son los más recomendables? Aquí una lista orientativa con algunos de los monasterios más importantes y pintorescos:

  • El monasterio Ganden: A tres cuartos de hora de Lhasa fue mandado construir en 1409 por el fundador de la escuela gelugpa, Tsongkhapa. Destaca por ubicación, número de monjes que lo habitan y además no recibe demasiados turistas. De los pocos que permiten ver las lecturas y debates de los monjes.

Lectura de los monjes del monasterio Ganden (Tíbet)

  • El monasterio Sera: A pocos minutos del centro de Lhasa es muy conocido por los debates de los monjes en uno de los patios. Además permiten tomar fotografías de ese momento.
  • El monasterio Drepung: También a las afueras de Lhasa cierra la trilogía de los monasterios más importantes de la secta gelugpa próximos a la capital tibetana.
  • El monasterio Tashilhunpo: En Shigatse, la segunda ciudad más poblada de la Región Autónoma del Tíbet, se ubica la sede monacal (también gelugpa) del Panchen Lama, la segunda autoridad religiosa del budismo tibetano. Las partes más interesantes son las que albergan las tumbas de diversos Panchen Lama así como la mayor escultura dorada de Buda en todo el Tíbet (26,2 metros, lejos aún del gran Buda de Leshan, que es el mayor construido en piedra con más de 70 metros de altura). Hacer la kora alrededor del monasterio es altamente recomendable.

Monasterio Tashilhunpo (Tíbet)

  • El monasterio Rongbuk: A los pies de la montaña más alta del mundo como es el Everest. Su mera ubicación (a 5200 metros sobre el nivel del mar junto al Campo Base Norte) lo convierte en un lugar sumamente simbólico.

Monasterio Rongbuk (Tíbet)

  • El monasterio Samding: Erigido sobre una colina frente al Lago Yamdrok es el único monasterio tibetano liderado por una mujer, que está considerada la reencarnación de una deidad como es Dorje Pakmo y además es la tercera autoridad religiosa tras el Dalái Lama y el Panchen Lama.
  • El monasterio Sakya: Desviándose de la carretera de la amistad camino al Everest (o regresando de él) se encuentra un monasterio que por fuera se asemeja a una fortaleza, el cual es poseedor de uno de los interiores más prodigiosos de cuantos monasterios visitamos en el Tíbet. La sala de la asamblea de los monjes no sólo está sustentada por columnas que son auténticos troncos de árboles de un grosor considerable sino también por una de las mejores colecciones de libros antiguos que existen en todo el país. Los estantes superan la decena de metros de altura y no queda un hueco libre. Una biblioteca que deja realmente con la boca abierta. La escuela budista Sakya, además, es la única cuyo liderazgo se transmite de manera hereditaria. El Sakya Trizin es el “sostenedor del lonaje Sakya” desde el 1073 después de Cristo y siempre recae en un miembro de la familia Khön.

Monasterio Sakya (Tíbet)

  • El monasterio Palcho o Pelkor Chode de Gyantse: El centro religioso de Gyantse destaca por convivir en un solo lugar tres de las escuelas más importantes del budismo tibetano como son la gelugpa, la sakya y la kadampa. Dentro del mismo destaca el Kumbum, una enorme estupa o mandala tridimensional de nueve niveles e infinidad de capillas que se visitan haciendo una visita en círculo hasta llegar a la última terraza donde espera un Buda gigante.
  • El monasterio Ralung:  Una vez se pasa el Karo-la, uno de los puertos más formidables de la carretera de la amistad con vistas a un enorme glaciar, existe la posibilidad de desviarse a mano izquierda por un camino de tierra. A tan sólo 5 kilómetros espera Ralung, un monasterio que no es muy visitado y que buena parte está restaurado pero mantiene valiosas ruinas que quedaron cuando el ejército chino lo destruyó durante la revolución cultural (tenía un mandala tridimensional o chorten como el de Gyantse del que queda poco). Sólo la llegada al mismo por ese camino deja un buen sabor de boca. Además de Ralung partió Shabdrung Ngawang Namgyal a comienzos del siglo XVII para terminar en Bután y unificar este territorio. Hoy día este personaje está considerado el padre de la patria butanesa. No hay que olvidar que este país está a decenas de kilómetros de Ralung.

Ruinas del monasterio Ralung (Tíbet)

– La ruta que hicimos nosotros en el Tíbet sirve como recomendación para un itinerario de aproximadamente 10-12 días. Fue la siguiente: Entrada por tierra en el tren de las nubes desde Xining – Lhasa (con visitas a los alrededores para ver los monasterios de Drepung, Sera y Ganden) – Lago Yamdrok – Monasterios de Samding y Ralung – Paso de Karo-la – Gyantse – Shigatse – Monasterio de Sakya – Shegar – Campo Base Norte del Everest – Regreso a Lhasa – Fin del viaje.

– En el extremo occidental del Tíbet resulta realmente interesante poder hacer uno de los peregrinajes por antonomasia, la kora del Monte Kailash. Este lugar es sagrado para budistas e hinduístas (muy buena época septiembre y octubre, aunque desde abril se puede visitar) permite una kora a lo grande, no sólo porque tiene 52 kilómetros (y la tradición pide hacerla en un solo día, aunque casi nadie lo consigue) sino también por la gran cantidad de tibetanos que la siguen. Puede hacer miles haciéndola al mismo tiempo.

– No demasiado lejos del Kailash se encuentran las ruinas del antiquísimo y poderoso Reino Guge. Es una zona del Tíbet que recuerda a Ladakh en India y que recibe escasísimas visitas. Sin duda una zona para incluir en un itinerario de larga duración en el Tíbet o, más bien, para un segundo viaje a la Región Autónoma. Hablamos de 1800 kilómetros al oeste de Lahasa.

– La parte oriental del Tíbet deja a un lado la aridez clásica de la meseta tibetana para volverse verde y frondosa. No suele tener muchos visitantes, ni chinos ni extranjeros, y alberga algunas de las paradas importantes de la conocida como ruta del té y los caballos que durante siglos comunicaron el sudeste de China con el país de las montañas. Los chinos intercambiaban el considerado mejor té del mundo, el pu’er (sur de Yunnan) por los caballos tibetanos que necesitaban para la guerra. Es un viaje que, combinado con la parte tibetana histórica de Yunnan y Sichuan, goza de una riqueza cultural e histórica asombrosas.

Meandro del río Yangtzé en el Tíbet de Yunnan (China)

EL ALOJAMIENTO EN TÍBET

Alojamiento

– Existe un buen número de hoteles en el Tíbet de todo tipo de categorías. De lo más granado a lo más cutre. En Lhasa es más fácil encontrar buenos hoteles con estándares de lujo cuatro y cinco estrellas, así como en Shigatse. No hay problemas para estar realmente cómodos, salvo, como es obvio, en el Campo Base Norte del Everest, donde se pernocta en tiendas de campaña compartidas (aunque hay un humilde guesthouse frente al monasterio Rongbuk para quien no desee compartir cuarto). Incluso en hoteles de categoría media puede haber problemas ocasionales con el agua caliente, así como con la prohibición expresa de no arrojar papel higiénico al váter por riesgo de obstrucción (En Lhasa también). Wifi tienen todos y no funciona nada mal. Suele costar más de lo habitual que en muchos hoteles fuera de Lhasa el personal tenga la más mínima noción de inglés y más difícil aún es encontrar un hotel que sirva un buen desayuno.

 

Habitación del hotel de Shigatse (Tíbet)

NO DEJES DE LLEVARTE AL TÍBET…

– Imprescindible tener a mano crema solar con la protección más alta posible. Hablamos de uno de los lugares con mayor radiación en todo el mundo.

– Dada la sequedad del ambiente y el aire frío en el Tíbet es muy necesario traer protector labial. De lo contrario a los pocos días (u horas) tendrás cortes en los labios. Incluso usándolo volví con los labios más secos que un canapé de cemento.

Protector labial

– En cuestión de ropa llevar, por supuesto, abrigo, pero aplicar la ley de vestirse por capas como una cebolla e irse quitando y poniendo en función de los cambios climatológicos. La oscilación térmica en el Tíbet es más elevada de lo normal, pudiendo pasar en unas horas de cero grados a veinte y viceversa. Una bufanda o una braga de cuello siempre protege de esos fríos y vientos traicioneros que terminan ajándote la garganta.

POR SI ACASO, VIAJA SEGURO (Y CON SEGURO)

– Siempre que viajamos al extranjero conviene estar perfectamente cubiertos por lo que pueda pasar, razón por la que nunca viajamos a ninguna parte sin el correspondiente seguro de viaje. Nunca aconsejaría realizar un viaje de este tipo sin una buena póliza que nos cubra en en el Tíbet o China ante posibles accidentes, enfermedades (si nos afecta el mal de altura) o contratiempos que puedan suponernos un sobrecoste inasumible. En nuestro caso para viajar al Tíbet (así como por todo el territorio chino) utilizamos Seguro IATI Estrella (añadiendo el suplemento de aventura) para estar cubiertos ante trekkings de hasta 5000 metros de altura. Cuenta con una cobertura superior a la media (100.000 euros), te adelantan el dinero si sucede algún problema y ofrecen un trato personalizado. Los lectores de este blog pueden contratar el Seguro de viajes de IATI que mejor se adecué a lo que están buscando con un 5% de descuento (que se aplica de forma directa entrando a través este enlace).

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– La Región Autónoma del Tíbet es bastante segura para viajar. Aunque no porque sus índices de criminalidad y delincuencia sean ínfimos debemos no ser precavidos. Y, sobre todo, consecuentes con que nos encontramos en una zona del planeta a una altura media que supera los 4000 metros. Personas con problemas respiratorios o de corazón deberían consultar a su médico antes de partir. Ese ese el verdadero inconveniente que hay que tener en cuenta. Mucho más que la situación política, en estos momentos bastante calmada.

CÓMO SALTARSE LA CENSURA EN INTERNET CUANDO VIAJAS A CHINA/TÍBET

– Los brazos de la censura en internet tanto en China como en la Región Autónoma del Tíbet son muy pero que muy largos. Los bloqueos de la “nueva gran muralla” afectan a páginas esenciales en cualquier país del mundo como Google (y, por tanto, a los que tengan cuenta de correo en gmail) así como a las redes sociales Facebook, Twitter o Instagram. También toca a buena parte de la prensa (tanto española como internacional) e incluso el whatsapp ha dejado de funcionar últimamente en territorio chino.

– Afortunadamente este inconveniente incomprensible en pleno siglo XXI tiene solución. Si se piensa viajar al Tíbet o a cualquier lugar de China (excepto Hong Kong o Macao, que son entes especiales) y existe especial interés en conectarse a internet para visitar algunas páginas o ponerse en contacto con la familia o amigos por medio de las redes sociales de siempre así como whatsapp, conviene utilizar un Virtual Private Network (VPN). ¿Qué es esto? Una conexión dirigida a servidores distribuidos por el mundo (se pueden elegir un montón de países) y que permiten conectarse a internet sin censura. Es decir, mediante un programita fácilmente instalable en móvil y ordenador (así como tablet), aunque estemos en China nos estaremos conectando a Estados Unidos, Alemania, España o Filipinas, por poner varios ejemplos. Es navegar realmente fuera de este país y es algo ampliamente usado por turistas y extranjeros que viven aquí.

VPN para China

– Cuando viajo a países donde hay censura en internet suelo funcionar con ExpressVPN. Tiene un precio de alrededor de 10€ al mes y te puedes suscribir y borrar cuando te de la gana (no hay acuerdo de permanencia alguna). Eso sí, hay que instalarlo (y probarlo, a ser posible) antes de emprender el viaje. Una vez en China no se puede hacer nada de nada. Otro programa de VPN que funciona fenomenal es VyprVPN y las tarifas son parecidas.

INFORMACIÓN PARA PERSONAS DISCAPACITADAS

– Las facilidades para discapacitados en Tíbet son prácticamente inexistentes, tanto en ciudades, pueblos como, por supuesto, entornos naturales. No se ven apenas accesos (ni en hoteles ni monumentos) para personas que necesitan silla de ruedas. El braille brilla por su ausencia en hoteles, establecimientos y monumentos, por lo que aquellas personas que tengan alguna enfermedad visual, les puede resultar un destino aún no demasiado sencillo. Ni, por supuesto, para viajeros o viajeras con algún tipo de discapacidad física.

POPURRÍ DE CONSEJOS PARA VIAJAR AL TÍBET

– Los WC del Tíbet están, probablemente, en el TOP de los baños más guarros del mundo (los chinos a su lado lucen como los chorros del oro). No así los de los hoteles y algunos restaurantes. Conviene armarse de paciencia y taparse la nariz cuando no haya más remedio que utilizarlos (afortunadamente la meseta tibetana ofrece múltiples posibilidades en plena naturaleza). Por supuesto, llevar papel higiénico en la mochila. Mejor no contar con que haya.

–  Si bien la cocina tibetana no es de las más interesantes y seductoras de Asia, hay platos tradicionales como los momos (empanadillas al vapor o fritas con carne de yak y, raras veces, de verduras o pollo) que resultan deliciosos. El influjo de la comida china es evidente y se pueden encontrar muchos platos típicos donde destacan los noodles (tallarines) así como la carne con verduras y arroz. Por otro lado los tibetanos son, como los chinos, muy aficionados a los restaurantes hot pot en el que se hierben a la vez verduras, carnes, etc… y se monta un festín gastronómico que puede durar horas. No muchos restaurante meten algún plato internacional en su carta.

Momos del Tíbet (empanadillas)

– A los tibetanos les gusta mucho el té y lo beben durante casi todo el día, pero se trata de una variante de té que puede no resultar lo más placentera posible para la mayoría que viene de fuera. El té con mantequilla de yak es ya más un alimento que una bebida por toda la carga energética que lleva. Pero para el que lo prueba por primera vez es como si le diesen un líquido putrefacto y maloliente difícilmente tolerable. En el caso de querer té, lo mejor es pedir el té dulce, que es con leche y no lleva mantequilla de yak, resultando bastante más agradable su sabor y aroma.

– En Tíbet, así como en buena parte de China, lo normal es que haya enchufes para clavijas planas (tanto de tres como de dos), pero todos los hoteles (independientemente de la categoría) permiten utilizar enchufes de clavija redonda (como en Europa). La tensión eléctrica es la misma que en España. No son necesarios adaptadores.

Enchufes válidos en Tíbet y China

– En un viaje de este tipo es fácil tener muchos momentos “Lost in translation” puesto que los locales (ni chinos ni tibetanos) hablan nada o muy poco de inglés. Quizás los tibetanos un poco más que los chinos. Eso sí, con los primeros la comunicación gestual suele ser algo más sencilla porque ponen bastante de su parte para tratar de comprender lo que estás diciendo así como de intentar hacerse entender. Aún así en el Tíbet los guías que suelen liderar los tours hablan inglés (y cada vez hay más que hablen español, en nuestro viaje nos acompañaba alguien que hablaba perfectamente el castellano). De todas formas no está de más tener descargado en el teléfono móvil un traductor de chino. ¡Siempre ayuda! Al menos para pedir comida.

– Aprender unas cuantas palabras de tibetano y atrevernos a saludar, dar las gracias o despedirnos (algo básico) siempre despierta la atención de los locales. Al encontrarnos con alguien un “tashi delek” sirve para decir hola  y además desearle buena suerte en su día. Gracias es “tukjeche”. No se esperan para nada que hablemos nada de tibetano y es algo que agradecen bastante.

Niño tibetano

– Ir con unas nociones mínimas sobre budismo (y si es de budismo tibetano mejor) puede ayudarnos a comprender muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor en el Tíbet, sobre todo en templos y monasterios. Para quien no tenga ni idea de los conceptos que rigen esta religión (y filosofía) hay un libro extremadamente sencillo de entender escrito por Gabriel Shaw titulado “Budismo para principiantes: Una guía para las enseñanzas budistas, meditacion, atención plena y paz interna” donde hace un repaso a las particularidades de lo que en el Tíbet y en otros países asiáticos no sólo es una creencia sino una forma de vida. Y es que el budismo tibetano se profesa también en Bután, norte de India, Mongolia, Nepal y en algunas zonas de Rusia (como Buratia, Kalmukia y Tuvá).

Budismo para principiantes (libro de Gabriel Shaw)

– Podemos tener unas opiniones políticas o convicciones concretas con respecto al Tíbet y su relación con China, pero mostrarlas en público estando allí no es la mejor idea, puesto que puede ser causa de muchos problemas. Basta con aplicar un poco de sentido común y no tener las pocas luces de llevar la camiseta del Dálai Lama cuando vayamos a visitar Potala ni pasearse por el Everest con pancartas si uno no quiere vérselas con la policía china.

– Para comprar recuerdos, sobre todo de artesanía u objetos que forma parte de la religión budista, la mejor zona es Barkhor en Lhasa. Mucha variedad de artículos (antigüedades, estatuíllas, pulseras, pendientes, cuencos tibetanos, etc.) y bastante más barato es el mercado que ponen cada día alrededor del monasterio Tashilhunpo de Shigatse. De este último me llevé, por ejemplo, una trompeta a un precio cinco veces menor a como la tenían en Lhasa. Igualmente hay puestos en distintas paradas turísticas, incluidas las de carretera, donde se pueden encontrar cosas a buen precio. Los thangkas, exquisitas pinturas que van en altares portátiles, si son buenas son muy caras (si son baratas, más vale desconfiar y pensar que son copias malas). Muchas veces con un precio superior a los 1000 euros. Esos, mejor en tiendas especializadas donde muestran un trabajo minucioso que puede llevar meses. Son auténticos micro-museos con obras de arte de gran valor.

Sele tocando una trompeta tibetana

– En el Tíbet se regatea a la hora de comprar. Y no me refiero a bajar un 10% del precio sino de tener paciencia porque siempre nos dirán, como mínimo, el doble de lo que realmente cuesta. De hecho hay ocasiones en que te piden directamente que les digas qué es lo que estás dispuesto a pagar. Lo dicho, mínimo el 50%.

Y EL CONSEJO MÁS IMPORTANTE DE TODOS A LA HORA DE VIAJAR AL TÍBET

Ninguno de la sesentena de consejos para viajar al Tíbet que acabo de escribir son tan importantes como el de disfrutar de cada segundo que se pase en el país de las montañas. Se trata de uno de esos viajes de una vez en la vida, un sueño compartido por muchos. Recorrer el techo del mundo va más allá de visitar ciertos monumentos o incluso mirarle a la cara al Everest. Tiene que ver con indagar en los ojos de la gente y perseguir las sonrisas de quienes habitan este lugar y cuya actitud es un aprendizaje continuo para quienes hemos tenido la suerte de llegar hasta allí.

Sele

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PD: Si quieres seguir leyendo sobre el Tíbet no te pierdas el artículo en el que repasamos los mejores momentos del viaje.

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3 comentarios en “60 consejos prácticos para viajar al Tíbet

  1. Fantástico. El Tibet es uno de de nuestros viajes soñados aunque me parece que se nos iría un poco de presupuesto, pero bueno, ahí está anotado y todas tus recomendaciones bien guardadas por si acaso.

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