Cumplesueños feliz: 20 retos viajeros que quisiera lograr - El rincón de Sele

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Cumplesueños feliz: 20 retos viajeros que quisiera lograr

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Hace pocos días fue mi cumpleaños y lo celebré marchándome de viaje al Departamento de Gers, en la Gascuña francesa, una aventura por carretera que muy pronto os contaré. Hubo quien me felicitó diciendo que “no se cumplen años sino experiencias” y esa frase me hizo pensar mucho. Y es que realmente no puedo estar más de acuerdo con ella. Cada año que pasa doy cuenta que no hay que medir nuestra existencia de 365 días en 365 días, sino que el tiempo deberíamos computarlo con experiencias, llenarlo de historias dignas de recordar… dignas de guardarlas en el baúl de nuestra vida y airearlas cada vez que no seamos capaces de sonreir.

Con una estatua de Buda en Japón

No importa que sean tropecientos años los que cumplamos mientras consideremos que los hemos aprovechado. Si no es así, lo mejor de todo, es que nunca es demasiado tarde para embarcarnos en esa preciosa tarea de salir a cazar experiencias fabulosas.

He decidido que no voy a celebrar más mi cumpleaños sino algo mucho mejor, mi cumplesueños. Cada 1 de agosto pasaré lista a las cosas buenas que me ha regalado la vida, que he vivido con mi familia, mi pareja y mis amigos. Y, por supuesto, anotaré con letras de oro los momentos sentidos que lleven escrita la palabra VIAJE, mi preferida en el diccionario. No sólo eso, deberé seguir poniendo retos, recalcar los más inmediatos y relegar los que necesiten de otros tiempos.

En Andorra

Desde hace muchos años, más de los que llega mi memoria, me puse como objetivo que mi vida fuese lo más parecido a un libro de “elige tu propia aventura”, salir al encuentro de ese lugar llamado mundo, de mil ciudades con sus gentes, mirar a la naturaleza directamente a los ojos, que no me lo contaran (o en su caso lo justo para ir preparando el paladar) y ser testigo directo de lo que hay alrededor, a diez metros o a diez mil kilómetros. Da lo mismo…

Todos los cumplesueños proyectan un lejano horizonte con el dibujo de todas aquellas cosas que quiero experimentar alguna vez en la vida. Teniendo los viajes como adicción confesable y enfermedad incurable (la hipnosis del mapamundi) es normal que la lista de sueños tenga mucho que ver con lugares y momentos buscados en distintos rincones que se pueden cazar con sólo darle vueltas al globo terráqueo que tengo junto a la mesa.

La hipnosis del mapamundi

20 SUEÑOS VIAJEROS QUE DESEO CUMPLIR

Aunque es cierto que los sueños varían con el tiempo y lo que pueda decir hoy quizás no tenga razón de ser dentro de unos años, cuento con los dedos todo aquello que me gustaría sentir dentro de un viaje. Allá van sin más prioridad, orden y concierto que lo primero que sea capaz de teclear:

– Estar cerca de los gorilas de montaña en los lugares donde aún son visibles (Uganda, Ruanda o Congo). Fotografiar un lomo plateado puede ser una locura de sensaciones.

– Llegar navegando a la Antártida, si el Paso de Drake no puede conmigo antes. Aunque más peligroso quizás es el presupuesto que se necesita para llegar al continente blanco.

– Ir al corazón de Papúa Nueva Guinea y encontrarme con algunas de las tribus que mantienen con firmeza sus tradiciones. Lo de ponerme una koteka en mis partes ya es otro cantar. A propósito, ¿sabéis que una camiseta de El rincón de Sele sí que ha estado en Papúa?

– Fotografiar la catástrofe de Chernobyl en Ucrania. La ciudad fantasma de Pripyat, dejada tal cual después del desastre nuclear, es un lugar que me quita bastante el sueño.

– Caminar por el Acantilado de Bandiagara en Malí, y conocer in situ la cultura dogón. Esto es algo que me atrae desde pequeñito. Soy muy aficionado a la cultura y al arte africano y estar allí sería uno de los mejores momentos de mi vida. Si ya presencio un baile de máscaras puedo ir tachando otra cosa más al cuadernos de sueños.

Mesa de la habitación por ti.

– Realizar la ruta de la seda entre Estambul (Turquía) y la ciudad china de Xi´an. Hasta ahora he podido llevar a cabo algunos tramos concretos de los muchos senderos de esta ruta histórica (por ejemplo Uzbekistán) pero hacer todo el viaje de una vez atravesando Asia Central sería algo increíble.

– Soy un apasionado de Oriente Próximo y de la Historia de las antiguas civilizaciones. Me encantaría viajar a la antigua Persia o, lo que es lo mismo, la actual República Islámica de Irán, con ciudades de ensueño como Persépolis, Shiraz, Isfahán y un largo etcétera. Igualmente cuenta con tramos realmente interesantes de la ruta de la seda, lo que es otro punto a favor. A pesar de ser un rincón del mundo con muy mala prensa (eje del mal, etc…) me quedo con las palabras de otros viajeros que lo describen como uno de los países más extraordinarios para conocer, con gente hospitalaria y riquezas únicas. No puedo negar que Irán se ha convertido en una especie de obsesión enfermiza para mí. CONSEGUIDO EN 2013

– Ver con mis propios ojos a los osos polares en Churchill (Canadá) cuando se retiran a hibernar, aprovechando los primeros hielos del año. Igualmente en tierras polares, más al norte, observar colonias de morsas en absoluta libertad.

– Observar cómo se rompen los glaciares e icebergs en algún recóndito lugar de esa gran isla llamada Groenlandia. CONSEGUIDO EN 2017

– Navegar por el río Amazonas desde Perú o Ecuador hasta su final en el Atlántico.

– Volver a entrar a Corea del Norte y, ójala, habiendo caído el régimen dictatorial más férreo del planeta. Iguamente viajaría de nuevo a este país aún estando Kim Jong Un y sus secuaces. Sabemos un 1% de lo que ahora está sucediendo allí realmente.

– Quedarme con la boca abierta después de ver llorar desde su tepuy al Salto del Ángel en Venezuela. Este es otro de los destinos a los que le debo una y que merece toda mi atención.

Mirarle a los ojos a un tigre de bengala antes de que la estupidez humana acabe con este gran felino. Posibilidades (muy limitadas) para hacerlo las tenemos en India, Nepal y Bangladesh. Deseo con todas mis fuerzas entrar a los lugares en los que Rudyard Kipling se basó para escribir “El libro de la Selva” y buscar a Shere Khan. CONSEGUIDO EN 2016.

– Conocer de primera mano las etnias Songye, Pende y Kuba en la República Democrática del Congo, así como los Dan de Costa de Marfil, los Bámbara/Bamana de Malí y los Bwa de Burkina Fasso.

– Acariciar un koala en Australia, así como ver saltar los canguros y atardecer en Uluru Rock. Tengo una deuda con el país más grande de Oceanía y sé que alguna vez la tengo que cobrar.

– Me gustaría retirarme de forma “definida o indefinida” lo suficientemente lejos de todo. Y a ser posible escribir un libro durante esa etapa de mi vida. Tengo varios sitios en mente, aunque al igual que esta lista darán muchas vueltas.

– Llegar a la isla más apartada del mundo, Tristán da Cunha, a mitad de camino entre el continente africano y el americano. Uno de esos lugares que podemos decir que están bien aislados. Sólo se puede llegar en barco, y no precisamente de pasajeros, que sale en contadas ocasiones al año desde Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

– Entusiasmarme con los caprichos de la naturaleza en Madagascar. Surcar su mar de baobabs y ver los ojos bien abiertos de los lemures.

– Atravesar Siberia, ese otro mundo virgen que no muchos viajeros (pero muy grandes) conocen.

– Y por último, cumplir un objetivo quizás imposible de visitar todos los países del mundo. Aunque para ello tengo que lograr antes otro sueño, la inmortalidad. Porque tenemos un mundo tan extraordinario y variado, que se necesitan más vidas que un gato para alcanzarlo todo.

Podría estar escribiendo toda la vida y no terminar, así que con veinte va que me sobra por hoy. No sé si lograré muchos o pocos de estos retos. En realidad me basta con tenerlos siempre en el horizonte y no dejar de intentar llegar hasta ellos. También estoy seguro que además de tachar algunos iré incluyendo otros, siendo definitiva esa perenne insatisfacción que acompaña al viajero durante toda su vida. Nunca es suficiente, siempre se quiere más… y ese es uno de los síntomas de lo que llega a ser una enfermedad obsesiva compulsiva (pero con muy buenas intenciones).

En el Salar de Uyuni (Bolivia)

Todo el mundo tenemos dos edades, la que recuerda cuándo nacimos y viene en el Documento Nacional de Identidad. Y la edad de la experiencia, que no mide los años sino las vivencias, lo que nuestros ojos han visto. Ya que no me gusta cumplir años (por pura coquetería y tener el llamado síndrome de Peter Pan consistente en no querer crecer) voy a poner mucho de mi parte para celebrar mi cumplesueños y medir únicamente lo que intentaré que siga siendo una vida plena de buenos momentos.

Como decía aquel… “la vida puede ser maravillosa”.

Sele

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