La noche de las tortugas en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Las playas paradisíacas de Santo Tomé y Príncipe durante los meses de octubre a febrero, aunque sobre todo en diciembre, son una larga alfombra roja para las tortugas marinas que acuden a ejercer la propia supervivencia de su especie. Es decir, vienen a desovar al mismo sitio donde nacieron años atrás. Su misión, poner tantos huevos como les sea posible y enterrarlos en un hoyo que con cierta meticulosidad logran escavar en la arena utilizando unas aletas más acostumbradas a las corrientes oceánicas que a labores terrestres. Si logran esquivar las muchas amenazas de una solitaria noche cerniéndose sobre ellas y marchar de nuevo al agua, habrán logrado su propósito. Sólo faltaría que el nido quede a salvo para que alrededor de un par de meses después, de aquellos huevos salgan raudas al mar decenas de pequeñas tortugas guiadas por su propio instinto natural. Pero eso sus madres jamás lo sabrán. Tras una noche de trance y un esfuerzo titánico, se sabrán recompensadas por el mero hecho de haber sobrevivido al desove. Algo que, por desgracia, no siempre sucede.

Tortuga marina en pleno desove en Santo Tomé y Príncipe

En una noche cualquiera del mes de diciembre nos hallábamos en el lugar idóneo y en el momento más oportuno. Al sur de la isla grande de Santo Tomé, en concreto en Praia Inhame, aguardábamos en la arena de la playa que se alinearan los astros y poder asistir al desove de las tortugas, uno de los motivos del viaje que estábamos llevando a cabo en Santo Tomé y Príncipe. Antes de que pudiéramos imaginarlo estábamos siendo testigos de uno de los mayores espectáculos que la naturaleza es capaz de ofrecer. 

La noche de las tortugas

Tres veces en Santo Tomé y Príncipe y jamás había podido presenciar el desove de las tortugas marinas (algo que sí pude llevar a cabo años atrás en Panamá, Costa Rica o Sri Lanka). Siempre había viajado al pequeño país africano al final del invierno, coincidiendo con la época de la eclosión de los huevos, algo también hermoso porque se ven numerosas tortuguitas buscando su propio horizonte líquido. Pero en esta ocasión había coincidido con el mes clave en el que más miembros de esta especie acuden a desovar, diciembre, y tenía junto a mí en Praia Inhame a todos o casi todos los participantes del último viaje de autor que había organizado junto a Pangea a estas islas tan aisladas como desconocidas del Golfo de Guinea. Islas las que no me canso de volver. Y a las que soy consciente de que miraré a los ojos en más ocasiones. Porque hay amores que se quedan contigo para siempre. Cada vez tengo más claro que mi idilio con esta ex colonia portuguesa varada a 250 kilómetros de las costas de Gabón me va a llevar un día de estos a la locura total…

Sele en Santo Tomé y Príncipe

Antes de que me evada del relato y vuelva a ver palmeras en vez de edificios frente a la ventana del pequeño cuarto de mi querida Madrid en que estoy perfilando estas palabras, propongo regresar de nuevo a lo sucedido en esa playa desierta, probablemente la más meridional de la isla de Santo Tomé. Inhame junto a Praia Jalé son los mejores escenarios posibles para asistir al desove de las tortugas marinas. Y aquella noche no amenazaba lluvia, por lo que después de cenar en la mesa larga del ecolodge (Praia Inhame Ecolodge) donde pernoctaríamos hasta el día siguiente, nos fuimos a caminar por la arena de la playa. Siguiendo uno de los protocolos innegociables para ello, que es no utilizar luces blancas de linternas o móviles sino rojas, las únicas que no resultas molestas a las tortugas. Íbamos equipados con varios frontales que despedían una tímida luz roja, a priori ligera pero cuando los ojos se acostumbran a la oscuridad, es más que suficiente para ver lo que tienes delante. Y esquivar los cangrejos, que a esas horas deambulaban de un lado a otro como una legión encargada de vigilar aquella maravilla. Al frente el islote de Rolas y unas pocas luces. Hacia allí iríamos en bote por la mañana. Pero teníamos por delante algo increíble.

Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)
Praia Inhame, una de las playas donde más desoves de tortugas se registran en Santo Tomé y Príncipe.

Mientras caminábamos casi a tientas, por mucha luz roja que portáramos, nos topamos con uno de los guardas que se encargaban de vigilar y asegurar el correcto desarrollo de un fenómeno natural como es el desove de las tortugas marinas. Nos dijo que estaba habiendo movimiento esa noche y que ya había visto varios intentos de «desembarco» de varias tortugas. Estaban iniciando el proceso de escoger el terreno adecuado para la puesta de huevos. Y eso puede llevar horas. A veces días de merodeo de orillas antes de dar el paso definitivo. Nos pidió que esperáramos un poco y decidimos sentarnos en la arena aguardando instrucciones. Yo tenía claro que sería aquel vigilante de este pedacito de costa meridional «saotomesa» quien nos llevaría a vivir uno de los grandes momentos del viaje. Y no estaba equivocado.

La lucha en Santo Tomé y Príncipe para la preservación de las tortugas marinas

Cría de tortuga marina en una playa de Santo Tomé y Príncipe

 

Hay que recordar que hasta hace muy pocos años (y, de hecho, aún se sigue haciendo furtivamente) las tortugas eran cazadas sin contemplaciones en muchas de las playas del archipiélago por ser muy apreciada su carne así como valorado su caparazón. Pero afortunadamente ha habido una labor de concienciación muy importante y planes establecidos como el Programa Tatô han permitido avanzar de manera notable en adquirir un mayor compromiso por parte de las comunidades locales, biólogos y técnicos, tanto locales como extranjeros, para luchar por la conservación de las cinco especies que desovan en Santo Tomé y Príncipe. Se ha legislado al respecto y se están aplicando unas leyes cada vez más severas y los resultados saltan a la vista con unas cifras de desoves/nacimientos muy superiores de una década a otra. Y todo ello con la participación de las comunidades costeras, una red de «guardianes» en las playas más prolíficas para el desove y una mayor implicación global con el turismo también como aliciente.

 

Crías de tortugas marinas dirigiéndose al océano (Santo Tomé y Príncipe)

Sentados en la arena comenzamos a hablar sobre lo que estábamos convencidos íbamos a poder contemplar en apenas unos minutos. Todo el grupo permanecía nervioso, impaciente o, más bien, emocionado. Veníamos de pasar un gran día en la isla y aquel, el de las tortugas, era el motivo de más de uno para formar parte de este viaje a uno de los países menos visitados del planeta. Con el objeto de crear cierta expectación y ponernos en situación cuanto antes, les conté el largo proceso, la rueda de casualidades infinitas que traerían a esta playa a estos animales «prehistóricos» a dejar descendencia. Siempre me gusta repetir que cuando se observa en libertad a una tortuga marina se está asistiendo a un auténtico milagro. Porque son tantas las desventuras que debe pasar este animal que de cada mil, tan sólo una o dos tortugas que salen del huevo alcanzan la edad adulta. Su tasa de supervivencia es mínima, una ridiculez si lo comparamos con otras especies. Tanto por culpa del ser humano (pesca de arrastre, caza indiscriminada, basura arrojada al mar, esas estúpidas pajitas y otros plásticos que se clavan en ellas, escasez de playas salvajes donde desovar…) como por las propias amenazas que de por sí le impone el curso lógico de la naturaleza (mamíferos que atacan los nidos, aves rapaces en busca de las crías, otras criaturas marinas que se alimentan de las más pequeñas, etc.).

Tortuga verde en Galápagos

Apareció raudo el vigilante y nos pidió que le siguiéramos en silencio, repitiéndonos que el único uso de luces que permitiría es el de las que fueran rojas y que le hiciéramos caso en todo lo que nos pidiera. Aunque ni entonces ni después sería muy prolijo en palabras. Con él llevaba tan sólo un cuaderno de notas y un cubo de color negro. Y, sin más explicaciones, se puso a caminar a un paso acelerado. Era evidente que no requería de ayuda alguna para esquivar los troncos de palmeras caídas, las raíces que sobresalían de la arena y las hojas aún mojadas por la última pleamar.

Tortuga número 1 de la noche: La mano blanca

Aquel hombre no tuvo que caminar demasiado porque enseguida apareció la primera tortuga marina. Se trataba de un ejemplar de tortuga verde (Chelonia mydas), especie que en Santo Tomé y Príncipe es más conocida como Mão Branca (mano blanca). Su caparazón oscuro debía medir cerca de un metro de longitud. Su pretensión era terminar de remontar una pequeña pendiente de arena. El obstáculo a dicho propósito era un un recio tronco de palmera semienterrado. La tortuga debía haber salido del agua hacía muy pocos minutos y estaba en plena fase de empezar a revolver el terreno playero para iniciar la construcción de su nido. Suele suceder que realicen varios agujeros en la tierra, aunque el nido sólo vaya en uno. Bien porque no les termine de convencer el sitio elegido y, sobre todo, para despistar a posibles alimañas en busca de huevos de tortuga. Y es que, de ese modo, era mucho más difícil localizar a posteriori el lugar exacto de la puesta.

A pesar de la oscuridad se divisaba a la perfección el rastro de la tortuga desde que abandonara la orilla. Podría decirse que las huellas de las tortugas marinas en la arena se asemejan bastante a las de un camión de gran tonelaje. En el caso de la laúd, que es la más grande de todas (que superan los dos metros de longitud), serían más bien comparables al paso de un tractor.

Tortuga verde desovando en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Aquella mão branca estaba en el inicio de un largo proceso de desove que podía durar cuarenta minutos, una hora o dos si la cosa se alargaba. Nos colocamos detrás de ella, siempre dejándola espacio suficiente para lo que viene a ser una especie de «parto prolongado» (entiéndase esta metáfora mamífera para un animal ovíparo), aunque nunca llegue a ver nacer a sus hijos. Ya empezaba a aletear con sus extremidades delanteras y traseras, arrojando arena a los cuatro costados. Si no fuera por el sonido de las olas diría que muchos de nosotros podíamos percibir incluso su profunda respiración. Se dice que cuando una tortuga está en pleno desove se encuentra en un estado de trance y de concentración, lo que le hace permanecer ajena a todo o casi lo que le rodea. Toda su energía, todas sus fuerzas, están enfocadas a crear el nido y depositar los huevos. Una misión relativamente sencilla en una playa en las que se les garantiza cierta protección, pero no así allá donde hay otras criaturas al acecho o perversos cazadores que no dudarían en clavar una estaca en su cabeza para matarla y llevársela de allí. Eso ha sucedido y sigue sucediendo en miles de playas de nuestro planeta que ya no son seguras para ellas.

Tortuga marina desovando en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Aún le quedaba trabajo por hacer. Y según las indicaciones del guarda, si avanzábamos un par de minutos más nos encontraríamos con otra sorpresa. Cosa que hicimos, mientras dejamos a aquella tortuga verde que continuara con un desove que se presumía largo.

Tortuga número 2 de la noche: La indecisa

No iba desencaminado el guarda en sus especulaciones. Cien metros más de playa y una segunda tortuga, también de la especie Chelonia Mydas (Tortuga verde), se hallaba a un metro escaso de la orilla. Según él debía llevar varias horas oteando el terreno y regresando al mar nuevamente. No debía haber encontrado el lugar idóneo o, quién sabe, puede que no hubiera llegado momento. De un tamaño similar a la anterior, avanzaba con movimientos un tanto errático y no parecía tener claro dónde iba a ponerse a excavar. En un instante se acercó justo donde aguardábamos dos de nosotros para observar al animal. Una de las premisas esenciales ante un desove, además de dejar espacio, es no ponerse nunca delante de la tortuga ni entorpecer su camino. Así que antes de que se siguiera aproximando, nos fuimos moviendo muy levemente a un costado para dejar vía libre y, de ese modo, poder seguir explorando la tierra en la que debía depositar sus huevos.

Tortuga verde en pleno desove en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Aquellos segundos pesaron como horas en unas mejillas, que en más de uno de los allí presentes, habían humedecido bajo la emoción lacrimógena del momento. No todos los días se asiste a un proceso de este calibre, ni se observa con tanta nitidez cómo una criatura salvaje de proporciones mayúsculas se despoja de su coraza acuática para volver a tocar tierra años después de abandonarla. Y, de repente, pasar a convertirse en un ser absolutamente vulnerable. Todo para sumar vida y continuar con un instinto tan poderoso que, por fortuna, les hace ignorar que las posibilidades de supervivencia son tan nimias que tener descendencia se puede catalogar de misión casi imposible.

Aquella tortuga que llevaba varias jornadas indecisa decidió una vez más que debía esperar para desovar en aquella playa limpia y preciosa de Santo Tomé y Príncipe llamada Inhame. Se dirigió a la orilla y desapareció bajo una ola que la arrastró al océano. Con las escasas luces de Rolas como faro de una noche con la luna en cuarto creciente.

Tortuga verde en pleno desove en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Tortuga número 3 de la noche: Big Turtle

Tras la segunda tortuga de la noche de nuevo el guarda nos pidió que nos apresuráramos lo máximo posible. ¿Acaso habría alguna más? Porque haber visto dos tortugas marinas en apenas unos minutos lo firmaría siempre en cada intento. Y más después de haberme vuelto de vacío en tantas ocasiones. Pero aquella se trataba de una noche mágica, de la noche de las tortugas. Por lo que nuestro pequeño convoy humano de lucecitas rojas en una playa de arena fina sin otros testigos que las palmeras y todos aquellos cangrejos y ermitaños que esquivaban nuestro paso torpe y atropellado se encontró de frente con otro milagro. ¡Y ya iban tres!

Tortuga marina desovando en una playa de Santo Tomé y Príncipe

De nuevo una mão branca (Tortuga verde), aunque con un tamaño muy superior al de las anteriores. El proceso de desove iba realmente avanzado. Tanto que ya había realizado un primer gran boquete en la arena y lo que estaba a punto de iniciar era el agujero definitivo, de una anchura similar a la de un balón de fútbol, en el que introducir los huevos. Así como el primer hoyo, que sería de algo más de dos metros de circunferencia, lo hace con cierta voracidad e impaciencia y utilizando sus cuatro aletas, para el nido propiamente dicho estaba utilizando únicamente una de sus aletas traseras.

Tortuga verde desovando en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Nos pusimos detrás de ella para poder observar cómo llevaba a cabo este proceso. Sus movimientos eran tan minuciosos que más que una aleta parecía una mano escavando suavemente y dejando la arena a un costado. La delicadeza mostrada en esos instantes reflejaba tanta ternura que era imposible no conmoverse. Agazapados en aquella playa escudriñábamos con la mirada cada movimiento. Con nosotros viajaban dos zoólogos con los que repasábamos todas las etapas del desove. Y a la pregunta de cuándo dejaría de escavar ese mini-agujero llegó la respuesta evidente de que la profundidad es semejante a la longitud de la aleta «desenterradora».

Tortuga desovando en una playa de Santo Tomé y Príncipe

La cosa estaba a punto de caramelo. Con el nido preparado sólo quedaba que aquella tortuga hiciera la puesta. Y tras unos minutos en que permaneció detenida, quizás por el agotamiento (no sólo por el propio desove sino porque muy probablemente pudo haber viajado cientos de kilómetros antes de arribar a esa playa), su cuerpo empezó a contraerse y estirarse como un acordeón. Su órgano ovipositor, oculto bajo la arena, estaba en acción. Era el momento de soltar un huevo tras otro, con el esfuerzo que eso supone. Y se sabe que una tortuga verde puede depositar en su nido más de un centenar de huevos, a veces incluso llegando hasta los doscientos.

Testigos del desove de una tortuga marina en Santo Tomé y Príncipe

Tras aproximadamente veinte minutos de movimientos de contracción prolongada terminó el proceso y avanzó levemente hacia delante. Casi no le quedaban fuerzas pero debía enterrar todo lo que había hecho y marchar de nuevo al mar. Así que empezó a ponernos perdidos de arena mientras que el guarda recogía los huevos que acababa de poner (en efecto, eran más de cien) para introducirlos en un el cubo negro que portaba con él. Dado que a esa playa acuden perros o cerdos, que hurgan en la arena comerse las puestas y que incluso las propias tortugas pueden destrozar los nidos ajenos, en muchas playas se delimitan para su protección unos recintos de incubación donde se vuelven a enterrar los huevos. De ese modo se tiene un control estricto a la hora de que éstos eclosionen y se pueda permitir una salida al mar «vigilada» para evitar el proceso más complejo de la vida de una tortuga, que son esos metros que separan su nido del agua. Que es cuando aparecen para comérselas un buen número de aves marinas, reptiles o incluso cangrejos de gran amaño que las capturan con sus fuertes tenazas.

Guarda de salvamento de tortugas marinas en Praia Inhame (Santo Tomé y Principe)

Ya con el trabajo realizado dejamos a la tortuga enfilando su camino hacia el océano. No sin antes ser anillada para su control y estudio, así como medida (sólo el caparazón tenía 1,02 metros de largo por 97 centímetros de ancho). Sin duda aquel era un buen espécimen. De alrededor de treinta o cuarenta años según las estimaciones del guarda, quien tomó muchas notas en su cuaderno en el que llevaba apuntados todos y cada uno de los desoves que había habido en esa playa en las últimas semanas. Le pregunté si por casualidad había desovado últimamente una tortuga laúd, que es la más grande de las sietes especies de tortugas marinas que existen, y revisando sus notas me confirmó que justo dos semanas antes había llegado una.

He aquí un pequeño videoclip de la experiencia:

Tortuga número 4 de la noche: La enredada

Nos marchábamos de vuelta al ecolodge pasada la medianoche y con el corazón aún a mil por hora debido a todo lo que acabábamos de vivir. Realmente aún no nos creíamos que hubiésemos tenido tanta suerte no sólo por ver aquellos desoves sino, sobre todo, por cómo los habíamos visto. Mejor, realmente imposible…

Pero aún quedaba una última emoción, aunque en este caso no tan bucólica como las anteriores. Y es que cuando estábamos a punto de llegar a nuestro destino nos percatamos de que había una tortuga marina volteada completamente y enredada entre raíces. Se trataba de un miembro de la especie toruga carey (Eretmochelys imbricata), conocida en este país como tartaruga sada y en peligro crítico de extinción en el Atlántico. Afortunadamente continuaba con vida. Debía haber llegado hacía una hora como máximo y parecía haberse caído intentando localizar el lugar exacto para desovar. Así que entre varios cortamos varias de las raíces que la mantenían atrapada para después tanto el guarda con la ayuda de uno de los viajeros del grupo, Pedro Pastor, voltearla de nuevo y dejarla cerca de la orilla. Que con el esfuerzo de aquella noche es muy probable que desistiera de su empeño de poner los huevos y aguardara unas horas o unos días más para retomar la misión más importante y difícil de su existencia.

Ayudando a una tortuga marina (Carey) enredada en unas raíces (Santo Tomé y Príncipe)

Santo Tomé y Príncipe, un destino para amantes de las tortugas marinas

Aquella noche desde la cama de la cabaña en la que no dejaba de dar vueltas el ventilador de techo no se me fue de la cabeza todo lo que había sucedido. Sólo por ese día, sólo por esas horas… había merecido la pena proponer este viaje. Santo Tomé y Príncipe es un destino para «tortugueros» de corazón como la mayoría que habíamos tenido la inmensa fortuna de haber presenciado en vivo y en directo las aventuras y desventuras de nada menos que cuatro tortugas marinas.

Nuestras cabañas de Praia Inhame Ecolodge en Santo Tomé y Príncipe

Ne me gustaría cerrar este escrito sin dedicárselo a Lina, Fernando, Katina, Marina, Rosa, Teresa, Juan Antonio, Pedro, Elena, Andrés, Luz y Alessandro, testigos de toda esta historia, pues fue con ellos con quienes tuve la ocasión de vivir un viaje maravilloso a Santo Tomé y Príncipe con el que dar carpetazo a un gran año como ha sido 2019.

Equipo del viaje de autor a Santo Tomé y Príncipe de diciembre de 2019

Sabías qué

 

 

De las siete especies de tortugas marinas que hay en el mundo, cinco de ellas vienen a desovar a las playas de Santo Tomé y Príncipe. Algunas de ellos en grave peligro de extinción.

 

Tortuga marina

 

En concreto las siguientes:

  • Tortuga Verde –> Nombre científico: Chelonia Mydas. La que más presencia tiene. En las islas es conocida como la Mão Branca.
  • Tortuga Laúd –> Nombre científico: Dermochelys Coriacea. La más grande que existe en el planeta con hasta dos metros de longitud. Los locales la llaman coloquialmente «Ambulancia» por su increíble tamaño.
  • Tortuga Carey –>Nombre científico: Eretmochelys Imbricata. Algo más pequeña que las anteriores, reconocible por su caparazón grueso al que suelen adherirse moluscos. Allí se la conoce como «Tartaruga sada» y su presencia en el archipiélago ha disminuido mucho en los últimos años.
  • Tortuga Golfina –>Nombre científico: Lepidochelys Olivacea. A medio camino entre la carey y la verde, aunque muy reconocible por su color oliváceo. En Santo Tomé y Príncipe se la denomina «tartaruga tatô».
  • Tortuga Boba –> Nombre científico: Caretta Caretta. De un tamaño similar a la verde, aunque a veces incluso mayor. Sus aletas son muy amarillas. En el país se refieren a ella como «cabeça grande».

El próximo mes de julio de 2020 si todo va bien regresaré una cuarta vez a Santo Tomé y Príncipe junto a otro pequeño grupo de once personas. Pero no vamos en época de tortugas sino que coincidiremos con la época ideal para observar ballenas jorobadas, las cuales acuden a esa zona del mundo para alimentarse junto a sus crías recién nacidas. Y esa será otra historia… que anunciaré muy pronto (aunque l@s interesad@s pueden irse poniendo en contacto conmigo).

Ballena asomando su cola

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PD: Se pueden consultar aquí reunidos todos los artículos sobre Santo Tomé y Príncipe realizados hasta la fecha.

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3 comentarios en “La noche de las tortugas en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

  1. Hola ¿Qué tal?
    La verdad que el desove de las tortugas tiene que ser un verdadero espectáculo.
    Y además, muy completa tu publicación, felicidades.
    Un saludo

    1. La verdad que sí se trata de un espectáculo digno de ver. Había visto la eclosión dos veces en Santo Tomé y Príncipe, pero no el desove (sí en Costa Rica, Panamá o Sri Lanka). Y fue algo realmente maravilloso.

      Un saludo!

  2. No cabe duda que una de las mejores cosas que podemos hacer es viajar!!! Si quieren aprender Ingles y otros idiomas pues eligrup.cat es un centro independiente dedicado a la enseñanza de idiomas desde 1986.

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