India 2009: Crónica de un viaje iniciático (Capítulo 3)

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12 DE ABRIL: LÁGRIMAS DE MÁRMOL

TAJ MAHAL: OTRO SUEÑO CUMPLIDO

Se ha escrito y hablado tanto del Taj Mahal que es muy difícil quedarse con una definición, con un comentario o con una metáfora. Quizás fueron Rabindranath Tagore y Rudyard Kipling los que mejor absorbieron las sensaciones que emana aquel lugar para poder trasladarlas al lenguaje humano. El primero diría del Taj Mahal que es «una lágrima en la mejilla del tiempo» mientras que Kipling, el célebre autor del Libro de la Selva, apostillaría que «parece la encarnación de todas las cosas puras, de todas las cosas santas y de todas las cosas infelices».

Dichas menciones, acertadas y explícitas, son tan sólo una manera más de expresar lo que se siente cuando se tiene delante el Taj Mahal, una de las siete Maravillas del mundo moderno, y probablemente el monumento más bello jamás construido. Esa precisamente fue la intención del emperador mogol Sha Jahan, quien roto de dolor después de la muerte de su esposa Mumtaz Mahal, decidió honrarla erigiendo un cenotafio o mausoleo tan hermoso que pudiera representar físicamente el amor infinito que le profesaba. Dicho sueño nacido de la desazón producido por el adiós de su esposa en 1633 se tornó en poema, aquel poema en una idea, aquella idea en un plano y aquel plano en un trabajo irrepetible que duró más de veinte años y que contó con más de veinte mil artistas, artesanos y obreros venidos de todo el mundo. Sin duda, vistos los resultados, Sha Jahan lo consiguió. Aquel paraíso de mármol donde descansa junto a ella les ha llevado a formar parte de algo que muy pocos logran, la Inmortalidad.

El Taj Mahal es indiscutiblemente uno de los lugares más visitados de la India, y ciertamente es muy difícil prescindir de él si se está en India, sobre todo si es la primera vez. Todo mi a pesar de que Agra, la ciudad donde se encuentra, no esté precisamente armonizada de la misma manera. Pero es que esta es una de las metáforas más reveladoras de la India, un país en el que del estiércol emergen las más relucientes pepitas de oro.

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Agra, que forma parte del llamado Triángulo Dorado junto a Delhi y Jaipur, es un destino tan concurrido como bien comunicado por ferrocarril. Lo más usual es tomar en Delhi el Shatabdi Express de las 6:15 para estar en apenas dos horas en la Estación Agra Cantonmentt, pero las posibilidades son muy numerosas si se sale de otros destinos, como por ejemplo Jaipur, de donde yo partí de madrugada para estar a primera hora de la mañana frente al monumento.

El barullo en el pasillo se mezcló con la grave voz del revisor que recordaba que en escasos minutos el tren se detendría en la Estación Agra Fort. Ésta es algo más pequeña y menos concurrida que Agra Cantt., pero mejor ubicada para iniciar las visitas a la ciudad, que no se concentran únicamente en el Taj Mahal aunque se pueda pensar lo contrario. Mi dolorida espalda, testigo de las incomodidades que me dejó el haber pasado la noche en una estrecha litera con dos mochilas encima, agradeció más que nadie la finalización de un tormentoso trayecto en el que apenas pude dormir durante brevísimos instantes.

La utilización del baño del vagón ante la cercanía de nuestra llegada era una quimera, por lo que me reservé para el que pudiera haber en la Estación en el que poder adecentarme un poco. Y aún así no hubiera habido tiempo aún estando vacío porque por fin se detuvo tras visionarse por la ventana las cúpulas de la Mezquita del viernes (Jama Masjid) ubicada al otro lado de las vías. Un pequeño mono observaba a los pasajeros sentado sobre un cartel publicitario. Salí fuera del vagón y a pesar de no ser aún las ocho de la mañana el calor era considerable. Mochila al hombro me fui a la busca y captura de un lavabo pero antes de encontrarlo hubo una persona que me encontró a mí antes, el primer falso guía ante su primer cliente potencial. Era un chaval joven que insistentemente me ofreció «su ayuda» para pasar un día «inolvidable» en Agra. Le pedí al menos que por lo menos no entrara al baño y me esperara fuera para hablar después, cosa que si no hago me acompaña hasta el váter.
Yo sabía que iba a necesitar un conductor para cumplir el plan que había previsto para aquel día, donde aunque el Taj Mahal iba a ser la Estrella principal, había otros lugares que quería visitar. Disponía de tiempo hasta las nueve y pico de la noche cuando mi segundo tren nocturno tenía prevista su salida dirección Varanasi.

Ya peinado y con la cara lavada me tocó negociar con el chico, tanteando lugares, precios por llevarme a los sitios que yo quería visitar (Taj Mahal, Fuerte de Agra, Itimad-ud-Daulah, Mehtab Bahg y Jama Masjid), y sobre todo, un lugar seguro para dejar la mochila. Haciéndome el duro aparentando que pasaba de él para no tener que pagarle tanta pasta me fui como si nada a la consigna de la Estación, aunque a eso no se le debería llamar consigna precisamente. Un cuarto con estantes de madera donde uno tenía que zafarse de las telarañas y la porquería, y charlar con un tipo que parecía que se iba a llevar la mochila a los dos segundos de entregársela. No había ni una sola maleta, ni una sola bolsa. Y como no lo vi para nada seguro no me encontré con la confianza necesaria para dejar equipaje alguno allí. Así que me marché a buscar un taxi o un rickshaw y por fin llegó la oferta firme: «Conozco un hotel con terraza al lado del Taj Mahal donde podrás dejar tu equipaje y estar allí alojado todo el día, te llevaría después del Taj a todos los sitios que tú me has dicho y te dejaría en la Estación por la noche». Arreglamos todo por aproximadamente 1000 rupias y me monté en su destartalado coche. La idea era buena, lástima que luego se comportara como un pesado y un fanfarrón cuyo mayor interés estaba en que fuera a los comercios para turistas o de hablarme de que las mujeres se caían a sus pies al verle pasar.

El hotel donde me llevó para dejar la mochila estaba situado en una zona que se conoce como Taj Ganj. Éste es el barrio más próximo al Taj Mahal y alberga la mayor y más interesante oferta para mochileros. Hay una gran cantidad de hostels relativamente discretos pero que cuentan con un valor añadido llamado «Terraza con vistas al Taj» y por las que vale la pena quedarse en ellos para pasar la noche. Desayunar mirando al edificio de mármol no tiene precio y merece todo lo que sea necesario.

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Taj Ganj así como Agra en general representan a una de las más destartaladas, abandonadas, sucias y caóticas urbes indias. Edificios de ladrillo que raras veces superan las tres o cuatro plantas se suceden los unos sobre los otros en estrechas callejuelas en las que los rickshaws se juegan la vida de sus ocupantes sorteando con dificultad a animales, personas o cosas que se cruzan en su camino. Como ciudad Agra es un horror habitado por millón y medio de personas a la que hay que añadir tres millones de turistas al año. Y entre unos y otros miles y miles de comisionistas, falsos guías, estafadores, conductores con muy mal uva o duros comerciantes que te venden hasta su madre por diez veces encima de su valor. Pero que no cunda el pánico por esta descripción de la ruinosa metrópoli de la provincia Utar Pradesh, que si es famosa será por algo. Y ese algo se llama Taj Mahal.

Pagué 200 rupias al recepcionista de un sucio hotel con terraza del Taj Ganj de cuyo nombre no quiero acordarme al igual que tampoco de las arañas de la pared o del regalito que habían dejado en el váter. Pero como sólo lo quería para dejar las cosas y marcharme inmediatamente, me bastaba. Podía «hacer uso» de la habitación hasta las nueve de la noche aproximadamente, hora a la que debía ir a la Estación Agra Fort.

Después de abandonar el hotel el chaval me llevó a una de las barreras metálicas de Taj Ganj que indicaban que estaba terminantemente prohibido internarse tras ella con un vehículo a motor. Desde hace varios años impera la norma de la imposibilidad de acceso a automóviles y demás medios contaminantes a dos kilómetros a la redonda del Taj Mahal con objeto de aminorar del deterioro que lleva sufriendo el mármol del monumento en las últimas décadas por culpa de la polución. Incluso se han impuesto medidas que controlen la emisión de gases por parte de las fábricas de la zona. Por fin los indios se han dado cuenta de que el edificio mogol es una fuente de ingresos que no deja de crecer y las medidas proteccionistas se van sucediendo para asegurar su conservación.

En dichas vallas me despedí de conductor después de emplazarle en aproximadamente tres horas que supuse duraría mi visita al Taj Mahal. No quería prisas, tan sólo tomarme el tiempo que fuera necesario para contemplar la «maravilla del mundo» desde todos sus ángulos.

Bajé por un callejón comercial que finalizaba en la Entrada Oeste del complejo (otros dos puntos de acceso son Sur y Este, quizás el último menos masificado). Las tiendas, cibercafés o bares se sucedían unos tras otros con sus dueños tratándonos de llevar a su terreno a los extranjeros que por allí pasábamos. Al final del camino estaba situada la entrada custodiada tanto por vigilantes como por militares armados hasta los dientes. Siempre se ha temido que el Taj, que recibe tanta afluencia de visitantes, sea un objetivo terrorista, por lo que las medidas de seguridad no son azarosas. La taquilla tal y como aparecía en un cartel se encontraba a apenas 50 metros sentido a la izquierda. Sin sobrepasar por mucho las ocho de la mañana no había nadie en la cola. Tan sólo indios ofreciendo postales, llaveros, recorridos en rickshaw, en camello o incluso en burro por la ciudad. La taquilla estaba dividida en «Extranjeros» y «Nacionales», y es que los precios para los que han nacido en India son bien distintos a los que tenemos que pagar los viajeros que somos de fuera.

Estamos hablando de 750 rupias (aprox. 13 euros) para nosotros contra 20 rupias (30 céntimos de euro) para ellos. No me quejo en absoluto de que los indios paguen tan poco porque está claro que la renta per cápita del país es muy inferior y la gente con menos posibles debe tener la oportunidad de disfrutar de sus monumentos. Pero lo que no me parece de buen recibo es que aprovechándose del tirón del Taj Mahal y creyendo que todos los viajeros somos ricos se ponga un precio tan abultado. Estoy seguro de que no hay ningún otro lugar en India por el que se pague tanto por entrar.

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Después de hacerme con mi preciado billete tuve que esperar a realizar otro trámite ineludible como es el de dejar mi mochila pequeña y el trípode en una consigna situada a algo menos de diez minutos de la taquilla donde me cobraron otras veinticinco rupias. Lo único que llevé conmigo fue la cámara de fotos y el móvil, a pesar de que en varias guías de viaje como Lonely Planet dicen que están prohibidos los teléfonos, cuestión que comprobé era del todo incierta.

Durante el corto trayecto que hay de la consigna a la puerta oeste del Taj aumentó a cada paso que daba la insistencia de la gente local para que comprara o montara en su medio de transporte. El acoso constante me pareció incluso abusivo pero no hay mejor truco que «hacerse el longuis» o el loco y pasar olímpicamente como si te estuvieran hablando en chino mandarín.

En el acceso oeste empezaba a acumularse más turismo (sobre todo indio) que minutos antes. Aún así supuso un visto y no visto cruzar la muralla rojiza después de mostrar mi ticket y que no llevaba ni armas, ni explosivos ni mecheros con que hacer el pirómano un rato. Por fín estaba dentro del recinto. Fue entonces cuando comencé a ponerme nervioso ante lo que en apenas un par de minutos iba a tener delante de mí. Sabía que estaba a las puertas de algo espectacular, que tantas veces había visto en los libros, en revistas, en la televisión, en internet… Me puse a recapacitar para darme cuenta de que me encontraba nada más y nada menos que en la India, a pocos metros de una visión colosal.

No se observa el Mausoleo así a primeras. Y es que hay que dejar claro que el Taj Mahal no se compone únicamente del famoso monumento blanco sino que es en realidad un enorme complejo de edificios y jardines dispuestos en un rectángulo, de norte a sur, todos incrustados en pequeños recintos de forma cuadrada, y que terminan a orillas del Río Yamuna. Por ello no es entrar por la puerta este, sur u oeste como en mi caso y presenciar rápidamente la «imagen clásica» que todos tenemos en la cabeza.

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Anteriormente se llega a un patio principal rodeado de cuidadísimos jardines donde confluyen los visitantes que han penetrado por cualquiera de las entradas. Allí justo de frente se alza la Puerta de Principal (Darzawa) de 30 metros de altura, realizada en arenisca roja al igual que las murallas exteriores, y decorada con paneles de mármol donde permanecen desde 1648 incrustados diversos y bellos motivos geométricos y florales, siempre clásicos en las construcciones musulmanas. Este exultante pórtico simboliza el paso de lo material a lo espiritual, de lo humano a lo divino. Es la más honorífica predecesora al Paraíso que viene después.

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Ya sólo quedaba entrar por ella y dar unos pocos pasos. Mi inquietud aumentó a la vez que los latidos de mi corazón. Empecé a caminar y tal y como acostumbro cuando estoy cerca de un «sitio grande» cumplí el rito de bajar la cabeza, mirar al suelo y no levantarla hasta llegar a un buen punto panorámico. La gente se amontonaba junto a mí pero ni me di cuenta de ello. No escuchaba el ruido, no sentía mis pasos sobre el suelo, no notaba que estuviera rodeado, simplemente caminaba. Fue entonces cuando me detuve al comprobar que había dejado atrás la Darzawa y después de unos segundos reflexivos que parecían formar parte de un sueño comencé a alzar el cuello para poner mis ojos en dirección a los alargados jardines, a los canalones que confluyen en una pequeña fuente central, al deslumbrante mausoleo blanco. Tenía ante mí la más bella de las imágenes posibles. Tenía ante mí la perfección absoluta.

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P1050520El tiempo se detuvo, no así como un escalofrío que recorrió mi cuerpo de pies a cabeza. Y de repente me puse a llorar. Pero no un llanto de ojos vidriosos. Estoy hablando de llorar de verdad con los lagrimones derramándose sobre las mejillas. Y es que realmente me emocioné como muy pocas veces en mi vida me había emocionado. Dicen que existen personas que reaccionan física y psíquicamente ante la sobredosis de belleza artística. A esto se le conoce como Síndrome de Stendhal. Yo no sé si fue eso lo que padecí pero el cúmulo de sentimientos que alfloraron sin cesar me impactó de una forma tan fuerte que tuve incluso que sentarme y respirar profundo.

Se puede haber viajado más o menos, se puede haber estado en muchos otros lugares o presenciado escenas realmente fascinantes, pero lo que transmite el Taj Mahal supera lo inimaginable. Nunca se ha trasladado al Arte el más hermoso de los poemas, la más bella de las historias de amor. El mausoleo que custodia las almas de los dos enamorados se asemeja a una gota de agua regresando a un cielo tan azul como deslumbrante.

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En este lugar mágico la Armonía y la Simetría se transforman en algo así como una Ciencia superior, irrepetible casi cuatrocientos años después. El conocimiento arquitectónico y artístico de los sabios de la época se trasladó por entero en un espacio privilegiado que emerge como una flor prescindiendo de la vulgaridad que hay más allá de sus murallas.

Tal y como he dicho antes la estructura total complejo corresponde a un rectángulo. Los lados mayores (norte-sur) tienen 580 metros mientras que los menores (este-oeste) cuentan con 305 metros. Rigiéndose por criterios exclusivamente simétricos, tanto los jardines como los edificios se alzan sobre formas cuadradas. El juego del artista o, mejor dicho, de los artistas fue hacer percibir a quien lo observe que la perfección existe y que nada se escapa al azar. Todo tiene un sentido. Y eso es algo que debe descubrir el viajero por sí mismo.

Donde más gente hay con diferencia es en el pedestal al que se llega desde la Darzawa o Puerta principal. Es el sitio más indicado para hacer una foto panorámica completa de todo el complejo y además apreciar cómo está estructurado. Y por supuesto para inmortalizarse con el mausoleo detrás y acopiar material suficiente para enseñar a los amigos. Vamos, presumir de Taj Mahal y de viaje a India. El «yo estuve aquí» de toda la vida.

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Tras las lágrimas de emoción, las fotografías y el atontamiento psicológico avancé para irme aproximando al Mausoleo blanco, la tumba de Sha Jahan y Mumtaz Mahal. Pero fui quedándome con detalles porque no es para nada el único partícipe de la composición, aunque cierto es que sí el más importante. No hay que olvidarse de los Jardines, que forman un cuadrado gigante de 300 x 320 m. dividido en cuatro canalones que confluyen en una pileta central y los cuales representan a los cuatro ríos del Paraíso Islámico. La función de los canalones y la fuentecilla central pasa por ofrecer un elemento acuático que ayude a profundizar en la armonía (gracias a los reflejos).

Los canalones, que no sólo simbolizan a los ríos sino también a los puntos cardinales, provocan que el jardín principal se subdivida a su vez en cuatro partes, las cuales a su vez vuelven a hacer lo mismo una vez más. En resumen, son 16 los pequeños jardines que conforman el Chahar Bagh, que traducido viene a ser la representación del Gran Jardín del Paraíso del Islam y cuyo diseño tipo proviene de la tradición persa, de la cual también bebieron los primeros mogoles que llegaron a la India.

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La fuente central es sin duda otro de esos lugares propicios para tomar fotografías y buscar el reflejo del Mausoleo, el cual depende de dónde se encuentre el Sol en ese momento. No es tan sencillo como parece realizar la fotografía perfecta de las revistas con el reflejo adecuado. Realmente desconozco cuál es la mejor hora para tomar dicha instantánea.

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Es precisamente el juego con la luz del Sol es una de las claves para concebir el Taj Mahal y lo que hace que cada momento del día tenga un encanto diferente para visitarlo. La luminosidad solar sobre el mármol no hace sino tornar las tonalidades del mausoleo creando una escena distinta cada vez. Particularmente pienso que los mejores momentos para ir al Taj es tanto a primera hora de la mañana y a última de la tarde, no sólo porque una incisión más suave a la vez que atractiva de la luz sino también porque la temperatura es mejor durante los sofocantes meses veraniegos y hay menos cantidad de turistas.

Pasado el estanque central fui acercándome más y más a la insigne Tumba de mármol pero buscando otros ángulos para no fotografiarlo únicamente de frente. Las diagonales del Taj son muy agradecidas y sobre todo las que son iluminadas por el Sol que haya en ese momento que te hacen apreciar un blanco mucho más puro. Recomiendo probar la mezcla fotográfica de vegetación + mausoleo. Salen unas imágenes deliciosas.

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El mausoleo está posado sobre un podio de mármol al que se accede subiendo por unas escalerillas. Para visitar a su interior es necesario dejar los zapatos fuera porque durante años el paso multitudinario con calzado propició severos daños en el suelo. Lo malo de esto es que cuando el sol aprieta, el suelo quema, y no conviene demasiado salirse de la sombra a no ser que se tenga bastante aguante. En el interior del mausoleo donde se encuentran las tumbas ficticias de los enamorados (las reales están más abajo) no está tan en consonancia con la deslumbrante fachada. Quizás porque no esté tan bien conservado o el mármol no luzca tanto. Pero uno tiene más fácil fijarse en los pequeños detalles, en las frías celosías que rodean el conjunto o en el eco de una cúpula por la que apenas penetra la luz. Por cierto, está prohibido hacer fotos dentro.

Lo más admirable fuera de toda duda es la elegante fachada que da forma a la construcción más famosa de la India. Sobre el ya mencionado podio cuadrangular en cuyas esquinas permanecen erigidos cuatro minaretes blancos (con una función más decorativa y visual que práctica) está levantado el soberbio y simétrico edificio-tumba coronado por una cúpula de 35 metros en forma de cebolla. Arcadas ya vistas en las Mezquitas de la Ruta de la Seda (en Samarkanda por ejemplo) e importadas por los mogoles acompañan a portones y ventanales. Ya se sabe que se mezclaron tendencias artísticas imperantes en el Norte, en Persia e incluso en la propia India (hay numerosos elementos hinduístas formando parte del Taj).

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Pero eminentemente el Taj Mahal es una construcción islámica. No hay más que mirar su preciosa cúpula de la que sale una aguja coronada por la media luna, elemento que representa al todo el mundo musulmán.

Pero el edificio goza de otra característica que lo hace envidiablemente único. Es el mejor ejemplo asiático de la plasmación de la técnica italiana de la Pietra Dura, consistente en la incrustación de piedras preciosas y semipreciosas en el mármol. El Taj Mahal no se compone únicamente de muros planos. Existe un universo de motivos florales (ya se sabe que en el Arte islámico no existen las figuras humanas) y de incrustaciones caligráficas que trasladan capítulos enteros del Corán.

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La de la «Pietra Dura» es otra influencia de la que bebieron los artistas que trabajaron en la construcción del Taj Mahal. Nada menos que fue absorbida de Florencia, la capital Renacentista de Europa, a miles de kilómetros de India. Para Sha Jahan, buen conocedor de lo que se movía en esa época, cualquier cosa le parecía poco para representar el Paraíso en el que descansara el cuerpo de su infausta esposa. Es por ello que hasta 20000 trabajadores invirtieron gran parte de su vida para realizar una obra que posteriormente se tildaría de Regalo para la Humanidad.

Dios del Mármol (Taj Mahal, India) por ti.

A ambos lados del Mausoleo hay dos edificios iguales hechos de arenisca roja al igual que la Darzawa. Coronados por cúpulas blancas y también simétricos, fueron construidos por distintos motivos. El ubicado al Este es una Mezquita y el del Oeste (Jawab) parece que se utilizó como Casa de Huéspedes. Ambos perfeccionan aún más si cabe la armonía del conjunto.

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El Taj Mahal se asoma al Río Yamuna al que le da la espalda. Al otro lado de la orilla, en lo que hoy en día se P1050505conoce como Mehtab Bagh, hay un jardín al que iríamos más tarde donde dice la Leyenda que el Emperador quiso alzar otro Taj Mahal de color negro. Su hijo, contrario al gasto que supondría una nueva construcción de esas características, encarceló a Sha Jahan en una de las Torres del Fuerte de Agra donde pasaría sus últimos días. Los historiadores realmente dudan de esta teoría del Taj Mahal negro aunque no la descartan del todo, sobre todo después de encontrar ruinas en el Mehtab Bagh que pueden dar veracidad a los planes del monarca.

Siendo verdad o no da escalofríos pensar cómo podía haber sido la totalidad del complejo, con el Yamuna en medio. Una copia en negativo del Edificio más hermoso del mundo. Un bonito sueño, ¿verdad?

Invertí en total aproximadamente tres horas en el Taj Mahal. Paseé por el complejo, recorrí hasta el más lejano de sus ángulos, lo fotografié hasta la saciedad, charlé con varias personas que estaban realmente fascinadas, me senté a la sombra a leer más detalles en la guía, admiré la mezcla de saris de colores de las miles de mujeres indias que podía haber allí en ese momento, observé la espectacular incidencia del Sol sobre un mármol convertido en blanco nuclear… y sobre todo agradecí a Dios y a la vida que me hubieran concedido la magnífica oportunidad de presenciar semejante maravilla.

PERO AGRA NO ES SÓLO EL TAJ MAHAL…

Después de recoger las cosas en la consigna retorné al mismo punto en el que me había dejado el conductor, más allá de esa valla separadora de vehículos a motor cuyo objeto es limitar la inevitable contaminación que afecta al Taj Mahal. El calor pasadas las once de la mañana era demasiado agobiante como para estar caminando tan alegremente por allí, pero el viaje debía continuar. El chaval me reconoció enseguida y me llevó hacia su coche, cuyo interior abrasaba más que cuando en las clásicas vacaciones de verano en familia regresas a él tras un largo día de playa. Se podía freir un huevo en la guantera y no extrañar a nadie.

Le pedí que encendiera el aire acondicionado (del que había presumido por la mañana) mientras íbamos directos al segundo punto del día, el Gran Fuerte de Agra. Pero llegó el chasco cuando con una sonrisa me soltó un «No funciona, con las ventanillas es suficiente». Menos mal que entre el fuerte y el Taj Ganj hay apenas cinco minutos en coche porque de lo contrario podía haberme disuelto por combustión.

El Fuerte de Agra

El conductor me dejó junto a la Puerta Principal (Amar Singh Gate) del imponente Fuerte de Agra rodeado por murallas de 20 metros de largo separadas por un hondo foso. Allí quedamos en un par de horas aproximadamente que calculé podía necesitar para ver la gran fortificación que inició el Gran Emperador Akbar y que fue utilizada por monarcas posteriores, por los británicos e incluso por el Ejército Nacional de India, que tiene allí instalaciones propias.

Al Agra Fort se le conoce también como Fuerte Rojo (Lal Qila), al igual que al existente en Delhi. Ambos comparten la utilización de arenisca roja como material principal de construcción además de formar parte de la Lista del Patrimonio de la Humanidad que elabora la UNESCO. En toda la India es más conocido y renombrado del de Delhi, quizás más por motivos que nos retraen a su declaración de Independencia que por otra cosa. Pero realmente el mejor de los dos basándonos en criterios de conservación o de una mayor cantidad de construcciones de interés artístico e histórico, es por muchos puntos el existente en Agra. Un comentario muy recurrente entre los viajeros es la mayoritaria preferencia hacia este lugar cuya visita se presenta como ineludible. Además su extrema cercanía a pie con la Estación de trenes Agra Fort limita al 100% las excusas de no pasar a verlo. Realmente merece la pena.

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La entrada para extranjeros cuesta 300 Rupias (50 Rs. menos si se visita el mismo día del Taj Mahal) a diferencia de las 20 Rs. que pagan los locales.

P1050551En el último tercio del Siglo XVI el Emperador Akbar mandó construir esta inmensa Fortaleza que forma una media luna a orillas del Río Yamuna. Rodeado de espléndidas murallas a lo largo de dos kilómetros y medio se encuentran numerosos edificios utilizados por la corte de Akbar y sus sucesores durante los tiempos en que Agra fue capital mogol. Salones diplomáticos y de recepción, dependencias reservadas sólo para las mujeres, deliciosas mezquitas donde orar a Alá, suntuosas habitaciones, salas donde se reunían los hombres fuertes del monarca para decidir su política… Todos ellos forman parte de un espléndido Palacio convertido en ciudad imperial.

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P1050525La entrada se lleva a cabo por Amar Sigh, la Puerta Sur, tras cruzar un foso del que se dice que en la época había cientos de hambrientos cocodilos. A continuación un largo corredor empinado se sumerge en el amplio Patio del Diwan-i-Aam, que recibe su nombre de la Sala sostenida por columnas de mármol donde el monarca daba Audiencia. Esta fue levantada precisamente por Sha Jahan, nieto de Akbar y en cuyo reinado realizó importantes modificaciones en el Fuerte. Además del Taj Mahal tuvo tiempo para poner su impronta personal en Palacio, precisamente el mismo que se convertiría en su cárcel y lecho de muerte después de ser apresado por su propio hijo.

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El que sin duda es el Patio más grande del Agra Fort contiene además la tumba de un lugarteniente británico llamado John Colvin, cuya presencia choca en exceso con su entorno pero que se explica por la larga presencia del Ejército de Su Majestad la Reina en este emplazamiento. Lo que ya no choca tanto son las fachadas de las Mezquitas «Moti Masjid» (de la Perla) y «Nagina Masjid» (de las Gemas), que se ven en el extremo norte del patio pero a las que no está permitido el acceso a las visitas turísticas.

P1050546Desde allí se accede por una serie de corredores y escalinatas a pequeños pero suntuosos palacetes privados de la Familia Real, destacando el marmóreo Khas Mahal del gran Sha Jahan. De este palacio precisamente sobresale la Torre octogonal de dos plantas que sirvió de cárcel definitiva al Emperador. Al menos desde allí no se perdió ni un día la magnífica vista del Taj Mahal navegando sobre el Yamuna.

La pequeña pero deslumbrante Mina Masjid (visitable en este caso) era su Mezquita particular.

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Otros lugar destacado del Fuerte de Agra son el Diwan-i-Khas, pabellón de mármol en el que se puede apreciar la técnica de la Pietra Dura y que sirvió como Salón de Audiencias Privadas. Los más insignes dignatarios rendían visita al monarca de turno que les recibía en su Trono con forma de Pavo Real (que terminaron trasladándolo a Delhi).

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En realidad si uno va paseando tranquilamente por el Fuerte irá descubriendo jardines, estanques, habitaciones privadas o la zenana que acogía a las mujeres que allí residían, todas ellas con unas fantásticas vistas al río Yamuna. Sin duda es un lugar para perderse y, sobre todo, para no perdérselo (valga la redundancia).

Lo malo estaba siendo la infernal temperatura que estábamos teniendo en Agra. Pero ya se sabe que a partir de abril el verano en India se va abriendo más y más hasta convertir de mayo en un verdadero horno. Y para mediados de junio la cosa no hace sino empeorar. El calor no se va y aparecen los temidos monzones en forma de lluvias torrenciales. Ya se sabe además: Calor + lluvias = Bochorno o calor húmedo, que para muchos es peor. Pegajoso, incómodo y encima calas la mochila en cuanto menos te lo esperas.

El chaval estaba fuera esperándome. Ya era hora de ir a comer y me fié de su criterio porque hasta el momento se estaba comportando correctamente. Me llevó a un restaurante un tanto típico para turistas, más caro de lo normal, pero a su favor bastante limpio y con una oferta gastronómica muy superior a la que había visto por el momento. Cuando entraba por la puerta me crucé con un chaval japonés que había visto precisamente en el Taj Mahal y me dijo en voz baja «Good restaurant, don´t worry». Y la verdad que no se equivocó porque comí bastante bien.

Pero fue a partir de allí cuando el conductor utilizó sus armas. Yo tenía pensado ir a ver después de comer la Mezquita de al lado de la Estación Agra Fort (Jama Masjid), al Mausoleo de Itimad-Ud-Daulah, y a esperar a que se hiciera tarde en Mehtab Bagh, los jardines opuestos al Taj Mahal donde se dice que estaba planeado construir su homólogo negro y desde el cual las vistas son asombrosas. Entonces él ya empezó a decir que Jama Masjid no valía la pena, que el Baby Taj, que es como se conoce al Mausoleo Itimad, no era para tanto y que si eso al final me llevaba a los jardines. Él proponía con todo el morro del mundo llevarme a ver tiendas y dejar tanta visita en «mi único día en Agra» para poder hacer regalos a mis familiares y amigos. Vaya, qué considerado el tío…

Le dije que bajo ningún concepto quería ir de compras, que se lo había avisado de sobra antes de subirme al coche, y que mi plan era el que le había expuesto anteriormente. No dejó de insistir e incluso acabó viniendo un señor que me dijo que era su padre y que por favor, fuera con él a unos lugares donde venden souvenirs increíbles y muy baratos. Fui nuevamente tajante y con toda la educación del mundo le pedí que continuáramos con el plan establecido. Con una mala cara y unos malos modos impresionantes arrancó el coche aceptando en un principio mis premisas. Aunque no pararía en su empeño hasta el final.

Tardamos bastante tiempo en cruzar a la orilla derecha del Yamuna porque el tráfico a esas horas era directamente lastimoso. No cesaron los frenazos y los malos adelantamientos un solo momento. Apenas a unos metros del gran Puente de hierro que separa ambas riberas un camión nos rozó reventando uno de los faros delanteros de nuestro vehículo. El chico, que decía pagaba mucho dinero por el coche, que era una auténtica basura en penosas condiciones, no quiso ni bajarse a ver qué había sucedido.

Mausoleo de Itimad-Ud-Daulah

La primera parada de la tarde la haríamos minutos más adelante en el famoso Baby Taj, que es como se le denomina informalmente al Mausoleo de Itimad-Ud-Daulad, ya que probablemente fuera el primer boceto en mármol de un futuro Taj Mahal. La entrada se encuentra en una callejuela llena de puestos de fruta antihigiénica y de chabolas que dan muestra de que más allá de los muros de las viejas glorias de sus antepasados mogoles la ciudad de Agra es un auténtico vertedero.

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Pero después de pagar las 110 Rupias en taquilla la separación de un mundo y otro es evidente. Es como entrar a otro Planeta completamente distinto, más silencioso, más refinado y por supuesto más estético, porque aunque las distancias con el Taj Mahal son absolutamente insalvables, este pequeño Mausoleo es un adelanto a la belleza proyectada en la orilla opuesta décadas después. Sin duda es otra gota de perfume caro a una metrópoli que parece haberse pegado un tiro a sí misma. Sin la supervivencia de estos tesoros no me quiero imaginar cómo sería en la actualidad.

La tumba corresponde a un Visir del Emperador Yahangir llamado Mirza Ghiyas Beg (apodado Itimad-Ud-Daulah, que significa «Pilar del Estado»), que precisamente era el abuelo de Mumtaz Mahal. La orden de construir un mausoleo para este importante personaje de la nobleza fue de su hija Nur Yahan, casada con el propio Emperador, quien quiso honrar a su padre con un hermoso repositorio de mármol donde descansara eternamente.

La grandeza y particularidad de Itimad-Ud-Daulah es que supuso una innovación para la época en la Arquitectura Mogol ya que fue la primera edificación en mármol que llevaron a cabo de forma completa. Se vulneró la tendencia de Akbar y sus antepasados de utilizar la arenisca roja (La Tumba de Humayun de Delhi es el mejor ejemplo) para comenzar con estructuras marmóreas en las que se implantara además la técnica de la Pietra Dura. A grandes rasgos se podría decir que este mausoleo sirvió de innegable fuente de inspiración para los creadores del Taj Mahal.

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Itimad-Ud-Daulad es un complejo de jardines atravesados por estrechos canales, que también asoman al Río Yamuna (aunque está en la otra orilla del Taj), donde sobresale la tumba cuadrada del Visir, limitada por cuatro torres hexagonales, profusamente decorada con técnicas provenientes de varios lugares de influencia artística como Persia o las capitales de la Ruta de la Seda. Cuando los indios se refieren a ella utilizan como símil que es algo así como «Joyero de Mármol».

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Además de ser interesante la apreciación de esas primeros intentos de incrustación de piedras semipreciosas en el mármol, no hay que perderse el trabajo de las meritorias celosías esculpidas en una sola pieza, de los elaboradísimos mosaicos y de la excelente cúpula de estalactitas en el interior de la cámara funeraria.

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Asomándome al Río Yamuna observé una interesante escena que se componía de un gran número de Búfalos trasladándose a nado de una orilla a la otra. En uno de los búfalos había subido un niño, que era el encargado de transportar a todo el ganado hacia el otro lado. Lo de las bestias a remojo es algo más que cotidiando en la India, pero que sin duda llama la atención al que lo ve por primera vez.

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Al igual que los niños pidiendo dinero, lápices y caramelos en todo momento, que por muchas veces que los veas no te acabas de acostumbrar. Fue a la salida del mausoleo donde aparecieron decenas de críos rogando con lágrimas en los ojos que les diera algo. Y qué duro es marcharse y ver que atrás dejas en el olvido un montón de vidas a las que se les arrebató injustamente la inocencia y la niñez.

Mehtab Bagh

Continuamos bordeando con el coche la ribera derecha del Yamuna durante algo menos de diez minutos para ir a P1050603otro de esos lugares que me habían contado y que me dio una nueva oportunidad para tener cara a cara el maravilloso Taj Mahal. Y es que Mehtab Bagh es un importante jardín o parque que se asoma a la parte trasera del Taj y te permite tenerlo para tí solo. Porque allí o no llega nadie o llega muy poca gente. Sea como fuere, por las 100 Rupias que costó la entrada tuve un mano a mano con el Taj Mahal sin una sola visita, pudiendo fotografiarlo a mi antojo desde esas ruinas que hablaba anteriormente de su probable homólogo en negro. Y es que ese es precisamente el lugar donde la Leyenda cuenta que se tenía proyectado levantar el lujoso y extraño monumento, la culminación en negativo de la que hoy en día es una de las Maravillas del mundo más impresionantes.

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No me líes con las compras otra vez…

Saliendo de Mehtab Bagh el conductor (siento llamarle así siempre pero no me quedé con su nombre…debía ser demasiado complicado como para recordarlo) volvió a recobrar el habla. Como si nada hubiera ocurrido comenzó a contarme batallitas amorosas o mejor dicho sexuales de una veracidad tan dudosa como poco agradable. Se las daba de gallito en el corral de una Agra en la que ninguna mujer se resistía a sus encantos. La verdad que no supe cómo decirle que no me interesaba un pimiento lo que me estaba contando. Me limité a fingir que le escuchaba mientras revisaba la gran cantidad de fotografías que había hecho ese día.

Después me habló de aquel golpe que se dio antes del puente de hierro y que la jornada le iba a salir a pagar. Que con lo que yo le iba a dar no tenía como para pagar el golpe en el faro. Y que si me animaba a ir a algún comercio «bueno, bonito y barato» de los que él conocía que quizás podría sacar algo más de dinero. Vamos, en resumen me confirmó lo ya sabido de sobra de las comisiones no sólo por venta a un turista sino por llevarles a las tiendas.

Yo le dije que es que no iba a comprar nada y que no me apetecía perder el tiempo en ver el gran Megastore de las alfombras o de las piezas de mármol. Pero como el que oye llover… Me llevó no a una sino a tres tiendas a intentar que me vieran allí y así él cobrarse la comisión que llevara establecida con ellos. Por supuesto que me enfadé y le pedí que no siguiera por ese camino. Él me dijo que si no, no podría pagarse el faro roto y que era un favor que me agradecería toda la vida (como si le fuera a volver a ver…).

Después de ponerle malas caras y de verme en medio de desconocidas calles de Agra, me hizo caso y me llevó finalmente a ver otra de las cosas que le había pedido, la Mezquita Jama Masjid, aunque lo hizo a su manera.

Jama Masjid

Jama Masjid es una interesante Mezquita de mediados del Siglo XVII, periodo de esplendor mogol en Agra, que puede recordar de lejos a la del mismo nombre en Delhi. Está prácticamente pegada a la Estación de trenes Agra Fort por lo que el conductor se limitó a dejarme en la misma e indicándome un camino que cuando me quise dar cuenta consistía en cruzar las propias vías del tren pasando por unas chabolas un tanto destartaladas. Todo porque al «graciosillo» no le daba la gana dejarme en la puerta. Así que no pude hacer más que sacar cuatro fotos desde la Estación y volver al coche para que me llevara al hotel y me dejara en paz definitivamente.

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No me había gustado para nada cómo se había comportado, tratándome como a un saco de euros y haciendo caso omiso a lo que yo le decía. Sin contar la mentira del «no aire acondicionado», las tiendas, las chulerías sin gracia y sus vanos intentos por sacarme el dinero.

Pero hay una cosa que se llama Justicia divina y que de vez en cuando aparece cuando más la necesitas. Y camino al hotel se topó delante nuestra porque por ir adelantando y conduciendo como un energúmeno en un rally se comió una mediana que le reventó los bajos del coche. Ahora sí que el día le había salido caro. Externamente me hice el apenado pero por dentro reconozco me salió la mala leche y dije en voz baja cerrando el puño… ¡¡Toma, por gilipollas!!

Atardecer en la terraza del Hotel observando el Taj Mahal

«Aquí tienes el dinero y hasta la vista» fueron mis últimas palabras después de que sin éxito intentara sacar más rupias de las acordadas aquella mañana. Subí a la habitación del hotel, aunque la palabra cuchitril le hace más justicia, y me cambié de ropa. No me atreví ni siquiera a ducharme allí porque podía ser peor el remedio que la enfermedad. El hedor del váter era tan desagradable que se trasladaba a la totalidad del cuarto, por lo que lo mejor que pude hacer fue salirme a la terraza y tomarme una coca cola.

Las vistas al Taj Mahal eran deslumbrantes. El incipiente atardecer estaba señalando de forma directa al mármol, confiriéndole diversas tonalidades a cada cual más sorprendente. Y allí sentado en una silla, enfriando la garganta y gozando de un paisaje urbano transitorio que comenzaba en las casas bajas y terminaba en el Mausoleo mogol marcó mis últimos momentos en Agra.

Conocí varios mochileros, viajeros solitarios de reciente paso por tierras indias, con los que compartí curiosidades y anécdotas en este y en otros lados del mundo. Algunos de ellos estaban dando una vuelta al Planeta durante un tiempo indefinido. Nunca dejaré de admirar a aquellos que se atreven a abandonar sus rutinas y se ponen la mochila por montera para ser ellos mismos quienes escriban la novela de sus vidas. Algún día seré yo quien desaparezca sin fecha de caducidad y me permita tener la más fascinante de las experiencias posibles. La idea de una vuelta al mundo se pasa por mi cabeza cada día.

Mientras los vecinos de viviendas aledañas echaban a los monos de sus terrazas, otros atraían a las palomas con cometas provocando que estas volaran en círculo sobre ellos. El Sol caía, el Taj Mahal se convertía en oro, las conversaciones se sucedían. No pude evitar llamar a mi gente para compartir unos segundos de aquel atardecer, de aquella última batalla de un domingo en Agra…

Cenita picante entre un español, dos japoneses, un coreano, una inglesa y una norteamericana. El Taj Mahal sorprendentemente no se iluminó por la noche. Y es que al parecer nunca lo hace debido al infinito temor a posibles ataques terroristas. Prefieren que la luz solar sea el único foco que rebote sobre los motivos vegetales y caligráficos adosados al mármol.

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Tren nocturno a Benarés

Después de la velada cada mochuelo a su olivo. Unos a dormir y yo a tomar el enésimo rickshaw para ir a la Estación de trenes Agra Fort y tomar nuevamente un tren nocturno. Esperaba que en esta ocasión tuviera un poco más de suerte y no me tocara dormir agazapado con mi mochila.

La Estación Agra Fort no es precisamente un paraíso cuando se hace de noche. Mientras un salvaje se divertía maltratando a uno de los muchos perros callejeros que moran en los andenes, un niño disminuído físico con una atrofia en la cara que mostraba al aire su mandíbula como lo haría un esqueleto se paseaba junto a los pocos extranjeros que allí nos movíamos. Nos miraba y lloraba mientras extendía sus manos enjutas pidiendo ayuda en forma de rupias. Nunca terminé de acostumbrarme a ese tipo de cosas. Hay pobreza y sufrimiento en todas partes. Hay vagabundos tirados en medio de la ponzoña, ratas trepando por la basura y perros todo hueso rebuscando donde no hay nada. Hay niños menores de cinco años mendigando entre sollozos. Y no son pocos…

Mi tren era el 4864 Marudhar Express que hacía el trayecto Agra Fort (AF) – Varanasi Junction (BSB) entre las 21:15-08:30 (936 Rs en 2AC). Tuvo un retraso de casi una hora, en la que tuve la ocasión de charlar con una pareja de Manchester, con quienes a su vez conocí a un grupo de tres chicas londinenses que estaban disfrutando de su Gap Year (un bendito año sabático muy común en los países anglosajones que se tiende a disfrutar justo antes de entrar a la Universidad o de empezar a trabajar). A ellas les sobraba precisamente un billete en clase 3AC (hileras de tres literas a cada lado de la ventana) y me propusieron ir a dormir con ellas para no hacerlo yo solo y así tener más vigilados nuestros respectivos equipajes. No lo pensé y acepté sabiendo que además de ir más entretenido me aseguraba poder dormir más tranquilo, sin estar tan pendiente de la mochila como en la noche anterior. Además curiosamente a la pareja de Manchester le tocó también nuestro camarote, por lo que todo quedaría en familia.

Una de las mayores ventajas de viajar solo es la facilidad para conocer gente y compartir distintos tramos con personas de cualquier parte del mundo. Por eso los viajes en solitario lo son simplemente a medias…

CONTINUARÁ…

Sele

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20 comentarios en “India 2009: Crónica de un viaje iniciático (Capítulo 3)

  1. Ahora, que no me salía el rectángulo este para escribir hombre!!

    Bueno Sele, me lo leí en junio, pero ahora te dejo el comentario (no me preguntes por qué, jejejeje) Me quedé con la boca abierta cuando ví que te habías pirado a India 10 días tú solito….ains qué envidia cochina insana!!

    Me ha gustado TODO. Sólo te diré dos cositas:
    1.- Por tí he sabido que existe Jaipur con ese palacio rosa que tengo que ver con mis propios ojos, cosa hermosa!!
    2.- Creo que en las fotos estás mejor sin las gafas de sol, si me permites, jeje

    Por cierto, ésta crónica está sin acabar, ¿no? pues que sepas que tienes aquí una fan, o sea YO, espera que te espera a que la acabes. Y es que no sé si soy tú mejor lectora, pero desde luego soy la más forofa de tu manía de explicar tus viajes, jajajaja

    Un abrazo amigo y no te canses.

  2. Hola Sele,
    Me ha encantado tu relato, no le falta detalle y estoy segura de que nos va a servir muy mucho para preparar nuestro propio viaje a India este próximo agosto.

    Da gusto leerte…y es por eso que estoy esperando con ansia ese capítulo cuatro de tu llegada a Benarés…porque es uno de los destinos ineludibles en India.

    Un saludo con mi admiración,

    Isabel

  3. Hola Sele;

    gracias a tu crónica pude pulir mi viaje de un mes al norte de India. Soy fan tuyo y me parece muy útil tu página para preparar viajes.

    Me uno a la lista de seguidores tuyos que te pide qu acabes tu relato a la India.

    Un saludo.

    Pasku.

    1. Pasku, tomo nota jejeje Lo terminaré. Tengo pendiente contar esos días en Benarés y en Delhi (no pude en su día porque coincidió con el cierre del spaces y tuve que reconstruir la página actual). Cuando esté al día me pongo con ello. Aunque tengo bastante lío: La charla de Olías de este sábado (antes la exposición que ha llevado mucho curro), preparar el viaje a Cambridge para el fin de semana que viene (que tendrá crónica), hacer la crónica de Atenas y mientras preparar el viaje a Camboya y Singapur que comienza el día 18 de marzo (y donde aún no he cerrado ni el itinerario ni un solo alojamiento).

      Por otra parte me alegra que hayas disfrutado al máximo la India. Lo mío fue en realidad un aperitivo, un abrir y cerrar de ojos para darme cuenta de que es un país apasionante que merece recorrerse de arriba a abajo. Ya tengo pensados distintos regresos «indios». Habrá que ver cúando.

      Gracias por dejar tu comentario!!

      Sele

  4. Hola Sele!

    Espero que tengas tiempo para acabar con el relato de la India. La verdad es que me he quedado con muchas ganas de saber como acaba.

    Saludos,

  5. Hola Sele.
    Soy una seguidora de tu rincón desde hace ya varios años y me he animado a escribirte.
    Bueno decirte que me encanta tu rincón y siempre que me voy de viaje echo un vistacillo por aquí para ver si has estado antes y hacerme una idea de lo que hay que ver.
    Me cautiva no manera de relatar tus viajes y las fotos son geniales. Me puedo pasar horas viendo fotos….
    Siempre dije que India sería uno de esos viajes «donde nunca iría». Y fíjate, con tu relato me dan ganas de ir.
    Seguiré esperando el final del relato, aunque cada vez se te complica más la cosa con tantos viajes. Que envidia me dás.
    Sigue así.
    saludos!

  6. Todavía tenía pendiente leer este viaje, esperaba que lo pudieras acabar, pero me temo que a tu ritmo es casi imposible. El viaje como todos los tuyos, genial, y las fotos sobre todo las del Tal Mahal impresionantes ¡que maravilla!.
    Saludos.

  7. Me ha encantado tu relato de la India, bueno este y todos los que sigues excribiendo.
    Pero porque no lo has acabado?, que penita. Me voy a finales de octubre a Nueva Delhi y es precisamente lo que te falta por escribir.
    Besitos

    1. Hola Mabel,

      La verdad es que me falta hablar de Benarés y Delhi. Cualquier día los termino. Lo que sucedió cuando estaba inmerso en esas crónicas que tuve que migrar «a la fuerza» el blog de spaces.live a wordpress, y fue un jaleo… justo antes de irme a África. Y preferí empezar con los siguientes. Pero a ver si retomo esa parte, que no eres la primera persona que me lo dice.

      Y me alegra que te gusten los escritos del blog. Sé bienvenida cuando quieras y comparte tu opinión siempre que te apetezca!!

      Hasta luego!

      Sele

  8. Tu relato es entretenido, documentado y da unas ganas tremendas de seguir tus pasos.En enero vamos por allí con tus comentarios y consejos en la maleta.Miles de Namaste.

  9. vale que estas por sudamerica ahora mismo pero leyendo leyendo … me acabo de quedar sin el final del viaje a India!!! 🙁 jajaja

  10. Muy bueno tu blog! Me encanta,no es la primera vez que leo algunas de tus entradas antes de emprender un nuevo viaje,buenas anecdotas y buenos consejos que animan aún más a aventurarse 😉 Este verano estoy viendo la posibilidad de irme un par de semanas a la India y he comenzado a leer tua entradas pero me he quedado con ganas de más…jooo me he quedado sin final, además anticipandonos al principio de tus entradas que algo paso para cambiar los planes y no hacer tu safari…jajjaja tu si que sabes dejarnos enganchados…te animo a acabarlo ;))))
    Namasté

    1. Tienes toda la razón, tengo que acabar esa historia algún día…. Sobre todo me gustaría hablar de Benarés, una de las ciudades que más me han gustado en mi vida..

      Saludos,

      Sele

  11. Pingback: Razones para Visitar el Taj Mahal

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