Lier, la ciudad de Flandes donde se celebró la boda de Juana la Loca y Felipe el Hermoso

Resulta cuanto menos curioso que momentos y lugares precisos que marcaron la Historia para siempre, pasen a menudo desapercibidos, e incluso sean olvidados. Una decisión estratégica pero arriesgada de un auténtico juego de tronos entre familias de la realeza, el encuentro apasionado de una pareja de jóvenes herederos de dos importantes territorios que debía contraer matrimonio a la fuerza y del que brotaría un imperio nunca visto. Un amor por consumar, celos enfermizos e intrigas a escondidas de una corte de la que no se puede confiar porque nada ni nadie son lo que parece. Recuerdan a los ingredientes de una gran película o serie basada en hechos reales. Pero sucedió, vaya si lo hizo. Los protagonistas fueron Juana de Castilla, más conocida como Juana la Loca, y el Duque de Borgoña, Felipe el Hermoso. La fecha, el 20 de octubre de 1496. Y el lugar, Lier, una diminuta y tranquila ciudad medieval al norte Flandes, como la insólita e inesperada elegida para celebrar una boda que, de una forma u otra, cambiaría el mundo conocido hasta entonces. Parece exagerado, pero no lo es, os lo aseguro.

Lier (Flandes)

Más de cinco siglos después de aquel magno evento al que acudieron miles de personas, en Lier (y sólo en Lier), se siguen recordando las nupcias de Juana y Felipe, cuyo destino les llevaría a plantar la semilla de un poderosa dinastía. Y, por esa razón, tuve a bien viajar a Lier y descubrir las huellas de aquel enlace y de una constatada y duradera presencia española, buscar respuestas a numerosas preguntas. También, ya de paso, disfrutar de una de las ciudades flamencas más hermosas e injustamente desconocidas a pesar de su innegable importancia. 

Cuando el destino viene escrito con letras borrosas

Se dice que si algo está destinado a suceder no tendrás que perseguirlo porque ese algo será quien te persiga a ti. En aquel tiempo, finales del siglo XV, el destino de los miembros de la realeza venía marcado de antemano, y escapaba por completo a su control. Las bodas no se hacían por amor sino por claro interés, por pura estrategia política, económica y territorial con la que disponer a las familias reales en una mejor posición. Los Reyes Católicos Isabel y Fernando designaron los casorios de todos sus hijos en una política matrimonial meticulosamente establecida para no sólo aislar al enemigo, Francia, sino aumentar su poder e influencia lejos de sus reinos. Idearon cómo levantar un castillo de naipes imposible de batir, pero las cartas, aunque marcadas de antemano, se fueron cayendo una tras otra.

Reyes Católicos Isabel y Fernando

Nunca hubieran imaginado sus católicas majestades que su primogénito Juan, a quien casarían con Margarita de Austria, fallecería tan pronto. Ni que sucedería lo mismo con la joven Isabel, segunda en la línea sucesoria y consorte del rey de Portugal, al dar a luz a su bebé Miguel de la Paz, el cual no tardaría en secundar los pasos de su madre. Y mucho menos que las esperanzas para la sucesión y unión definitiva de las dos coronas pasara por Juana, quien no se había caracterizado por sus deseos de gobierno (su preparación tampoco estuvo enfocada para ello) y cuya fe cristiana se mecía en un mar de dudas o, más bien, de indiferencia. Y eso, en aquel tiempo, no era poco precisamente.

Juana I de Castilla, más conocida como Juana la Loca

Antes de que las muertes de sus hermanos tuvieran lugar y de que los planes configurados se tambalearan, Juana fue obligada a partir a Flandes para contraer nupcias con Felipe de Borgoña, apodado “el Hermoso” por su gran fama de mujeriego pero considerado uno de los mejores partidos de la nobleza europea. Se trataba del primogénito de Maximiliano, archiduque de Austria y Rey de Romanos y futura cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico. Duque de Borgoña y supuesto enemigo irreconciliable de la familia Valois que manejaba los hilos de Francia. A Juana le acompañó una flota no vista hasta entonces en una misión de ese tipo. De hecho se sabe que partieron diecinueve buques (con una tripulación que superaba las 3500 personas) y más de sesenta barcos mercantes. Todo era poco para impresionar a su nueva familia y a los futuros súbditos. Llegaría la infanta a Flandes junto a su numeroso séquito castellano en el otoño de 1496 para conocer a su futuro marido. Inocente, también asustada, no podía presagiar todo lo que sucedería después y que le llevaría a ser reina, madre de uno de los hombres más poderosos de la historia, esposa enamorada y desesperada por quien le traería más amargos que dulces así como repudiada por los suyos hasta el final.

Galeones

Lier, 1496: La gran boda de Juana y Felipe

El viaje de Juana a Flandes no fue precisamente placentero. Los vientos no jugaron a favor y la flota llegó a permanecer varios días en la inglesa Portland hasta que pudieron desembarcar en Middelburg (sur de Holanda) en septiembre de 1496. Hubo cuantiosas pérdidas, incluida la carraca en la que viajaba la hija de los Reyes Católicos, que quedó encallada y en la cual tuvieron que dejarse joyas, ropajes y múltiples pertenencias suyas y de su séquito más próximo. Lógico sería, entonces, que Juana no se tomara de buen grado que Felipe, el Duque de Borgoña, no saliera a recibirla por todo lo alto. De hecho no apareció en semanas. Ni en el puerto ni tan siquiera en Amberes, donde ella arribaría el 1 de octubre. La supuesta razón, que éste se encontraba en el Tirol y no había sido informado a tiempo de la inminente llegada de su prometida. Aunque hay quien asegura que los consejeros de Felipe no veían con buenos ojos el enlace con la castellana y preferían encauzar relaciones con Francia, por lo que tuvieron a bien demorar a propósito un encuentro que, más pronto o más tardío, tenía que llegar. Juana, mientras tanto, marchó a Lier, a una corta distancia de Amberes, a la espera de que el encuentro por fin se produjera.

Mapa antiguo de Lier en Flandes

¿Por qué Lier?

Una pregunta muy repetida por parte de los historiadores que han escrito sobre este momento de la Historia tiene que ver con las razones que llevaron a que tanto el encuentro como la boda de Felipe y Juana tuviera lugar en Lier y no en una ciudad más grande y preparada para albergar semejante acontecimiento como Gante, Brujas, Bruselas, Malinas o la propia Amberes. Quizás los miedos a posibles algaradas tuvieran que ver, así como no dar demasiadas pistas a los enemigos de este enlace matrimonial. Se trataba de una ciudad leal a la causa y fácilmente controlable. Aunque todo apunta a la amistad y cortesía de la familia Berghes, procedente de Lier, y quienes se ocuparon de que todo saliera de la mejor manera. También se habla de la devoción por San Gumaro, patrón de la ciudad y santo venerado en la iglesia donde se celebraría la boda, por parte de Margarita de York, “abuelastra” de Felipe.

 

Lier (Flandes)

La incertidumbre, la desazón y el miedo posados sobre el rostro de Juana desde que fuera sabedora de la política matrimonial de sus padres con respecto a ella y sus hermanos, se esfumaron en un segundo. Lo que tardó la entonces infanta en mirar a los ojos por primera vez a la persona con la que debía contraer matrimonio. Cuentan las crónicas que entre ellos saltaron chispas cuando se encontraron. Tanto que ese mismo día, un 18 de octubre de 1496, se desposaron por la noche en una pequeña iglesia de Lier durante una misa celebrada por el Capellán Mayor de Juana, Diego Ramírez de Villaescusa, futuro obispo de las diócesis de Astorga, Málaga y Cuenca. Con pocos asistentes y bajo el único motivo de poder consumar el matrimonio sin más dilación. Ese fuego no podía permanecer encendido tanto tiempo.

Juana la Loca y Felipe el Hermoso

Dos días más tarde, el 20 de octubre, se celebró en la iglesia de San Gumaro, con dimensiones catedralicias, la ceremonia de la velatio o misa de velación, es decir, que aunque ellos ya estaban casados oficialmente llevaron a cabo la liturgia católica, ya con miles de asistentes (tanto venidos de Castilla como de Flandes y otros territorios europeos) para serles concedidos la bendición nupcial con todos los rituales sagrados habidos y por haber. De hecho se sabe que San Gumaro entonces estaba en plena construcción y su boda se celebró en una pequeña capilla del fondo. La gran joya del gótico brabantino en Lier recuerda este hecho desde hace siglos en las vidrieras que regaló a la iglesia Maximiliano I donde aparecen él y su esposa, así como los jovencísimos contrayentes.

Juana y Felipe en las vidrieras de San Gumaro en Lier (Flandes)

Los festejos se sucedieron en la ciudad y cuentan que la entrega del público fue máxima. Tanto que los habitantes de Lier repiten constantemente la anécdota de que cuando los novios pasaban su noche de bodas en el edificio de la Corte de Malinas muchos ciudadanos de Lier, así como extranjeros, se acercaron a un puente de madera sobre el río Nete para ver si podían ver (o escuchar) algo de los acalorados encuentros de los recién casados. Tanta fue la asistencia que dicho puente se vino abajo y todos los que se habían aproximado allí para curiosear cayeron al río. Algunos incluso desaparecerían bajo el agua.

Puente de Aragón y la iglesia de San Gumaro en Lier (Flandes)

La consecuencia

El resto de la historia nos lleva a una relación de más de 200 años entre España y Flandes, al florecimiento de un gran imperio en Europa y América, a las nuevas rutas de navegación en el tiempo de los exploradores y conquistadores. El nacimiento en Gante del primer hijo varón de Juana y Felipe, Carlos, el futuro Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Rey de España, fue la gran noticia con la que arrancó el siglo XVI. Pero la suerte no estuvo del lado del matrimonio consumado en Lier. Más bien la desdicha. Felipe el Hermoso, infiel hasta el exceso, trajo por la calle de la amargura a su esposa, cuyos celos fundados pero enfermizos, llevaron a la corte una serie de vergonzosos sucesos que a los Reyes Católicos les hicieron saber a ciencia cierta que su hija no era la persona idónea para la sucesión. Y él mucho menos.

Posesiones durante el reinado de Felipe IIPosesiones españolas durante el reinado de Felipe II en 1580

Después de la muerte de la reina de Isabel, y la ya consabida desdicha de sus hermanos, Juana y Felipe se convirtieron en los reyes de la Corona de Castilla. Pero él moriría en extrañas circunstancias en Burgos en 1506, dicen que tras beber agua helada, aunque la sombra de su suegro era demasiado larga como para creer en casualidades. Ella acompañaría su féretro camino a Granada durante meses recorriendo tierras castellanas. Cuentan que hacía abrir la tumba todas las noches y que fue la gota que colmó el vaso de un juicio que quedó para siempre en entredicho.

Juana la Loca junto a la tumba de su esposo

Fue confinada en Tordesillas (Valladolid) por su padre Fernando de Aragón para una larga reclusión de 46 años en unas difíciles condiciones que Carlos endurecería a pesar del apoyo de su madre de cara al gobierno de los territorios que realmente le correspondían a ella. No quiso ser un impedimento para Castilla, aunque fue reina hasta su último día. Quizás la Historia fue injusta con ella y el gran complot urdido para quitarla del medio fuese uno de los capítulos más negros de aquel tiempo.

Lier, siglo XXI: Una encantadora sorpresa en Flandes.

Han pasado más de quinientos años desde la boda en Lier de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, pero curiosamente éste es un hecho que una gran mayoría, sea en España o en Flandes, desconoce. Hace algún tiempo, en uno de mis muchos viajes a Bélgica, estuve haciendo la ruta del Emperador Carlos V en Flandes buscando lugares que tuvieran relación con este personaje así como de la presencia española en esta parte de Europa. Fue entonces cuando documentándome para la elaboración de un reportaje acerca de este tema supe no sólo sobre Lier sino de que además esta pequeña ciudad guardaba muchos de los escenarios que tenían que ver con aquel acontecimiento de octubre de 1496. Así que para la siguiente ocasión que regresara a tierras flamencas, no dudaría en poder visitar, aunque fuera por tan sólo unas horas, la urbe medieval bañada por el río Nete. Y así fue. Hablamos de un cuarto de hora en tren desde ciudades como Malinas o Amberes. Y poco más de media hora de Bruselas. Se trataba, sin duda, de la escapada que estaba buscando y que traté de combinar con mi primera visita a Lovaina, así como a un par de castillos del Brabante flamenco que tenía anotados en mi agenda viajera.

Reflejos de Lier (Flandes)

¿Qué ver en Lier? Breve guía con los imprescindibles para visitar en la ciudad

Grote Markt, el corazón de Lier

Desde la estación de Lier hasta la Gran Plaza del Mercado tan sólo tuve que salvar el río, que da una vuelta casi completa a la ciudad, así como la calle comercial Antwerpsestraat (calle de Amberes) que desemboca en el corazón de esta localidad de poco más de 30.000 habitantes. La Grote Markt, como se le llama en la lengua flamenca, era y es el centro de todo lo que sucede en Lier. Al igual que con las principales urbes de la región de Flandes todos los caminos llegan hasta ella, con su vasto espacio rodeado de casas y el consistorio municipal con una torre campanario o beffroi del siglo XIV convertido en regio faro de piedra. Afortunadamente este elemento civil (protegido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad como otros veintidós del mismo tipo en Bélgica, Francia u Holanda) se salvó de los bombardeos de la I Guerra Mundial que destrozaron buena parte de la plaza. El resto de construcciones fueron reconstruidas con cierto mimo, en un estilo similar al que se observa en Lovaina o en Arras (norte de Francia). Sólo una casa, la que hace esquina en la calle que se dirige al museo municipal, sobrevivió a las llamas, por lo que su fachada luce intacta.

Grote Markt de Lier (Flandes)

Me imponía pensar que en aquel octubre de 1496 esta torre y esta plaza fueron testigos de la gran boda de la hija de los Reyes Católicos con el heredero designado por Maximiliano I para seguir sus pasos. Realmente es hermosa y salvo por delatoras fechas grabadas en las fachadas, sería difícil discernir qué arte de la Grote Markt (casi toda) fue pasto de las bombas alemanas.

Fachadas de Lier en Flandes

El edificio del ayuntamiento, en el que ondean varias banderas, es la sede de la oficina de turismo (web visitlier.com), la cual funciona estupendamente y donde se explican al visitante las muchas posibilidades que tiene para ver y hacer en Lier. Sus turistas son, sobre todo, belgas y holandeses. También escandinavos, puesto que muchos van buscando las huellas de Cristian II, el último rey de la conocida como Unión de Kalmar en que las tres monarquías nórdicas (Noruega, Suecia y Dinamarca) fueron una sola. Lo más curioso es que su esposa, que también se quedó en Lier hasta el fin de sus vidas, era la infanta Isabel hija de, cómo no podía ser menos, Juana I de Castilla y su amado Felipe. Todo nos lleva al mismo punto, ¿no os parece? En esta oficina de turismo, cuyo interior merece bastante la pena (conviene no perderse su escalera de madera), informan a los visitantes de uno de sus recorridos de mayor éxito: El paseo español. ¡Vaya, vaya!

Escaleras del edificio municipal de Lier (Flandes)

Sabías quéEn el suelo empedrado de la Grote Markt de Lier hay una marca algo más oscura que la distingue de las demás piedras. Se trata de una señal que indica que en ese mismo lugar se colocaban las piras donde eran quemadas brujas, practicantes de hechicería y, en definitiva, los herejes que eran acusados de mancillar la religión católica con supuestas artes oscuras. En Flandes, al igual que en prácticamente toda Europa y algunos países de América, las brujas eran castigadas con la muerte más cruel y dolorosa, la del fuego en mitad de la plaza y con miles de personas como testigos.

 

Marca en el suelo de la Gran Plaza de Lier que indica que allí se quemaba a brujas y herejes.

La capilla de Santiago

Sin salir de la Grote Markt, justo detrás del ayuntamiento, destaca una pequeña construcción religiosa de techumbre puntiaguda. Se trata de la capilla de Santiago, del siglo XIV, templo al que entraban a rezar los peregrinos que además se hospedaban en un albergue que tenía un costado. A pesar de ser destruida en diversas ocasiones, una de ellas durante las conocida como guerras de religión, los soldados de los tercios acudían aquí a rezar por lo que pasó a ser más conocida como la Spaanse Kapel, que viene a significar “capilla española”.

Capilla de Santiago en la Grote Markt de Lier en Flandes

Si bien no hay constancia documentada de que este lugar lo visitara Juana de Castilla durante su estancia en Lier, es altamente probable que así lo fuera. El interior está completamente restaurado tras caerle una bomba durante la I Guerra Mundial. Se conservan numerosos epitafios de tumbas de personajes castellanos allí enterrados que, con la fachada, es lo más interesante de la capilla.

Información útilLa capilla de Santiago forma parte de la ruta que la oficina de turismo de Lier bautizó como “El paseo español”. Dichos escenarios poseen una placa metálica dorada con las efigies de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, así como con un código QR en el que se puede obtener en el smartphone y de manera inmediata información útil y en varios idiomas (también castellano) sobre los mismos.

 

Placa del paseo español de Lier con la efigie de Felipe el Hermoso y Juana la Loca

A pocos metros del pequeño templo conviene fijarse en los edificios con las típicas fachadas escalonadas flamencas. Algunos cuentan con más de siete siglos de antigüedad.

Los reflejos de Lier

Seguimos por la estrecha calle que separa las casas del ayuntamiento y entramos por una puerta arqueada para continuar unos metros por la Brouwerijstraat (que significa calle de la fábrica de cerveza) hasta Vismarkt, la plaza donde se vendía pescado y que se asoma al río Nete. Es entonces cuando surge una de las estampas más hermosas de Lier. Porque atrás queda el beffroi de la gran plaza pero delante se contempla una sucesión de reflejos del casco viejo de la ciudad absolutamente maravillosos. Ya se deja ver en el horizonte la torre del campanario de la iglesia de San Gumaro, el centro del paseo español y el testigo directo de la boda de 1496, pero conviene detenerse unos minutos, sino más, para disfrutar de la Lier más fotogénica y encantadora.

Reflejos de Lier en Flandes

Personalmente ya estaba sorprendido con la experiencia que me estaba deparando Lier, pero en este tramo del río y los edificios antiguos reflejados en el agua, no tuve la menor duda de que la ciudad era un auténtico bombón. Lo más insólito es que no haya sido portada de múltiples reportajes. En literatura de viajes queda muy a la zaga de Brujas, Gante, Malinas, Amberes o Lovaina. El bueno de Thomas Buys, quien fuera mi cicerone en la ciudad durante unas horas, me dio un apelativo de Lier bastante acertado. Se refirió a su ciudad como “La Brujas de la campiña flamenca”. ¡No le falta razón! Plaza, torre del campanario, un importante río con sus respectivos canales, edificios medievales, una agitada historia y hasta su propio beaterio. Lier sería así como una representación a escala con lo mejor de las ciudades flamencas.

Lier reflejada en el río Nete

El eje del Puente de Aragón

A mano izquierda, dejando atrás definitivamente la plaza del marcado y situándonos en la confluencia de las calles Aragonstraat y Vredebergstraat llegamos a uno de los puntos culminantes del paseo español y las huellas de la boda de los grandes herederos designados para gobernar buena parte de Europa. Nada menos que posee cuatro puntos destacados en aquel mes de octubre de 1496.

Imagen de Lier con la iglesia de San Gumaro al fondo

Una fachada de una pequeña iglesia que casi no se diferencia de una vivienda normal y que ahora es centro cultural, ocupa el lugar donde tuvo lugar la primera boda de Juana y Felipe (18 de octubre). La pared no es la original de cuando se celebraron los desposorios pero la conocida como Kapel Vredebergklooster marcaría, según la tradición, la vía de escape utilizada por los novios para poder entregarse al amor esa misma noche con la bendición de Dios. Los jóvenes, al parecer, no pudieron evitar la consumación de ese amor a primera vista del que hablan las crónicas.

Vredebergklooster en Lier (Flandes)

Dejamos atrás la capilla y nos dirigimos hacia el puente de Aragón en la calle de Aragón y miramos a la Corte de Aragón (Hof van Aragon), pidiendo disculpas por las inevitables redundancias, donde tras la boda en San Gumaro del 20 de octubre, se llevó a cabo la celebración correspondiente. Aquí se encontraba la posada del abad y presumiblemente se trate del lugar donde Juana pernoctó no pocas noches mientras esperaba que su futuro esposo se dignara a recibirla en condiciones. Hoy día Hof van Aragon es un buen hotel en una ubicación excelente. Y, curiosamente, mucha gente acude al mismo a darse el sí quiero y perpetuando una tradición de más de cinco siglos.

Hof van Aragon de Lier (Flandes)

A mano derecha, frente a frente con la Corte de Aragón, se sitúa la que fuera la Corte de Malinas. Obviamente no se trata del mismo edificio del siglo XV (Ha llegado a ser cervecería, la fábrica textil e incluso colegio), pero sí el mismo lugar en el que los recién casados pasaron su tórrida noche de bodas. Este enclave, con el campanario de San Gumaro como testigo (le dicen el molinillo de pimienta por su curiosa forma), nos lleva por último al puente que fuera de madera y se viniera abajo por no poder soportar el peso de una gran muchedumbre que acudió para ser testigo de la intimidad de los contrayentes y terminó cayéndose al agua. Por fortuna el puente de Aragón es de piedra y soporta lo que sea necesario, aunque no suele verse demasiado concurrido, al igual que todo Lier, una ciudad que vive realmente sosegada.

Corte de Malinas en Lier (Flandes)

San Gumaro, la iglesia testigo de la gran boda

Próxima parada, San Gumaro, el punto más importante para vestir la imaginación y asistir, aunque sea con la mente, al enlace de Juana la Loca y Felipe el Hermoso. Esta iglesia, considerada como uno de los mejores ejemplos religiosos del gótico brabantino , estaba todavía en obras cuando se celebró la gran boda entre los vástagos de las familias más poderosas de Europa. Aún así la ceremonia estuvo amenizada por los músicos de la corte de Felipe y acudió tanta gente que hubo no pocos obligados a quedarse fuera. Por supuesto, los padres de la novia, sus católicas majestades Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, no pudieron ser partícipes in situ de la misma, pues tenían importantes menesteres en sus reinos y además en esa época la salud de la reina no se caracterizaba por ser de hierro. Aún así era extraño entonces que los monarcas se arriesgaran en un viaje tan largo y peligroso. Tradición, la de la prudencia, que dejó de cumplirse con el Emperador Carlos V, famoso por sus ausencias de la Corte y por estar viajando de manera casi constante por los dominios que regía. Tan sólo Yuste, su último destino, le mantuvo parado. Y porque era inevitable, pues allí se retiró a morir.

Iglesia de San Gumaro en Lier (Flandes)

Si por fuera San Gumaro sorprende, en el interior sobrecoge. ¡Qué bóvedas tan magistrales! ¡Menuda colección de vidrieras! De hecho veinte años después del enlace vino a Lier el hijo de la pareja, Carlos, para conocer el templo en el que se casaron sus padres. Con él llegó además un regalo de Maximiliano de Austria, entonces emperador, de unas coloridas vidrieras donde aparecían él y su esposa, así como los contrayentes, Juana y Felipe. En la actualidad, y por tiempo indefinido, dichas vidrieras están en un largo proceso de restauración, aunque se puede ver la que representa a la Coronación de la Virgen (basada, según se cuenta, en un boceto que pudo llevar a cabo Van Der Weiden muchos años antes) y muchas otras. Las vidrieras de San Gumaro en Lier están consideradas como las mejores de la región de Flandes.

Iglesia de San Gumaro en Lier (Flandes)

Información útilLa iglesia de San Gumaro abre sus puertas para las visitas todo el año salvo entre la fiesta de Todos los Santos (1 de noviembre) y la Semana Santa de 10:00 a 12:00 horas y de 14:00 a 17:00 horas. Sábados, domingos y festivos se puede visitar sólo por las tardes de 14:00 a 17:00. Es posible ascender a lo más alto del campanario, aunque son nada menos que 296 escalones los que hay que hacer. Las vistas de Lier desde arriba son maravillosas.

 

Iglesia de San Gumaro en Lier (Flandes)

Conviene no perderse el relicario de plata repujada del siglo XVII que alberga las reliquias del patrón del templo, las cuales sacan en procesión el primer domingo después del 10 de octubre. Aunque también, si es posible, es aconsejable entrar al pequeño museo de la sacristía y observar una copia de la Sábana Santa de Turín donada al templo por Margarita de Austria.

Vidriera en la iglesia de San Gumaro (Lier, Flandes)

También custodia numerosas obras pictóricas, destacando sobre todas el tríptico Colibrant pintado por Goswin van der Weyden, nieto del gran Rogier van der Weyden quien pintara “El Descendimiento de la Cruz” que se puede observar en el Museo del Prado en Madrid. Este tríptico, que muestra en su panel central una boda en San Gumaro, cuentan que tiene como base la alianza de Juana y Felipe de 1496, algo bonito de imaginar pero harto improbable pues fue pintado casi veinte años después. Aunque la cosa no fuera muy distinta a lo que muestra dicha obra.

Tríptico colibrant del nieto de Van der Weyden en la iglesia de San Gumaro (Lier)

Maestros flamencos in situ

 

A partir de abril de 2019 el tríptico Colibrant pintado por Goswin van der Weyden formará parte del proyecto “Los maestros flamencos in situ” cuyo objetivo es dar valor a obras de arte que se encuentran lejos de las rutas turísticas más conocidoas. Tiene que ver con la suerte de estar en pequeñas ciudades o aldeas flamencas, fuera de los circuitos más habituales, donde los visitantes podrán admirar los cuadros de los genios de Flandes en su ubicación original.  Más información de ésta u otras acciones relacionadas con los maestros flamencos en https://www.flemishmasters.com/es/

La puerta española

Saliendo de San Gumaro por Deensestraat tomamos la calle Bril para volvernos a reencontrar con el río. Unos metros antes una fachada completamente amarilla hace referencia a la Spaanse Poort o Puerta española, puesto que en el lugar estuvo el cuartel general de los tercios de Flandes en Lier. Éste fue muy importante durante las guerras de religión, pues durante mucho tiempo albergó soldados españoles y mercenarios de otros países a pocos kilómetros de la frontera holandesa.

La puerta española en Lier (Flandes)

La torre Zimmer

En la otra orilla del río Nete, pasado otro espacio donde durante la primavera y el verano suele haber embarcaciones que pasean a los turistas por el corazón de la ciudad, llegamos a uno de los emblemas de Lier, aunque nada tiene que ver ya con el paseo español o la famosa boda. La torre Zimmer (antes llamada de Cornelius) allí erigida desde el siglo XIII como parte de la doble muralla que defendía Lier, llama la atención por su curioso estudio astronómico de los años 30. Obra de su hijo predilecto, Louis Zimmer, fabricante de relojes y astrónomo aficionado, no sólo lleva un reloj que da la hora sino que permite observar las estaciones, los signos del zodiaco y hasta la franja de luz en el mundo (aparece de otro color en el mapamundi Bélgica y el entonces Congo Belga). Cada mediodía, puntual, salen de una ventana roja que hay al costado las efigies de personajes importantes tanto de Bélgica, como sus monarcas, así como de los ilustres nacidos en Lier donde no podía faltar el literato Felix Timmermans.

Torre Zimmer en Lier (Flandes)

El entorno de la torre Zimmer está siempre muy animado, sobre todo por las noches de los fines de semana de verano cuando la plaza se llena de terrazas, llegando a pocos metros de la antigua prisión municipal.

Torre Zimmer en Lier (Flandes)

Beaterio

Antes comentaba que Lier poseía un poco de todo lo que no le falta a las ciudades flamencas más afamadas. Ni su gran plaza, ni su torre civil, ni sus canales… ¿Cómo iba a faltar entonces un beaterio o beguinaje? Lo tiene, por supuesto, con alrededor de un centenar de casas, en su mayoría de los siglos XVII y XVIIII (aunque el beaterio existe desde el siglo XII). Buena parte de las mismas cuentan con su pequeño jardín tapiado y en el centro una iglesia con fachada barroca. Este barrio, al igual que en Lovaina, Brujas, Gante o Ámsterdam, estaba preparado para ser habitado por mujeres solteras o viudas que formaban una parte de una comunidad religiosa no conventual (no eran monjas y podían salirse de la misma cuando deseasen) y con la que podían llevar a cabo una vida de oración y ayuda a las personas más desfavorecidas. Una cooperativa de mujeres en una época difícil para serlo, no cabe duda. Y cuyo distrito se cerraba cada noche y se abría con las últimas luces del día.

Beaterio de Lier en Flandes

Museo de la ciudad

De regreso a la gran plaza del mercado o Grote Markt, tomando la calle Florent Van Cauwenberghstraat merece la pena detenerse en el número 14 donde se ubica el museo municipal, aunque quien prefiere denominarlo directamente por su nombre oficial deberá decir que se trata del Stedelijk Museum Wuyts-Van Campen en Baron Caroly que hace referencia a los apellidos y títulos de sus máximos benefactores de la colección pictórica exhibida, Jozef Wuyts y el Barón Georges Caroly.

Sele en el Museo de Lier (Flandes)

El museo no sólo narra las particularidades de la ciudad desde la Edad Media sino que además exhibe obras de arte de maestros flamencos como Brueghel el Joven, Rubens Van Dyck o Davir Teniers. Aunque lo más sorprendente es una copia de un esqueleto de mammut hallado en Lier y ahora expuesto en Bruselas. El museo narra las tradiciones de Lier, su pasado y, de paso, presume de obras de arte. Por cierto, tienen una Virgen con el niño que en el año 2009 se supo que se trataba de un Murillo original.

Cuadro de Murillo en el Museo de Lier

Información útilEl precio de la entrada al museo de Lier es de 4€ la general. Abre sus puertas de martes a domingo de 10:00 a 17:00 horas (sólo cierra los lunes). Más información en la web oficial http://www.stadsmuseumlier.be/.

Queda mucho por descubrir en Flandes

Seguir los pasos de la Historia que relaciona a España con Flandes me llevó hasta la pequeña Lier, lugar que se quedará para siempre conmigo como una de las mejores sorpresas que me he llevado viajando últimamente por Europa. Y que me da pie para reafirmarme en lo que siempre he pensado acerca de la gran región de la mitad norte de Bélgica, que da para mucho más que las clásicas Brujas, Gante y compañía. Que tiene una campiña espectacular, estupendos castillos medievales, pequeños tesoros en forma de ciudad, silenciosas aldeas e innumerables rutas para quienes gustan de moverse en bicicleta.

Lier en Flandes

MÁS INFORMACIÓN:

 

+ Toda la región de Flandes en la web oficial: www.flandes.net (En castellano y catalán. Te envían folletos gratis a casa y cuenta con múltiple información sobre imprescindibles, eventos, cicloturismo, etc.).

Queda mucho por descubrir en Flandes. Y mi intención es, mientras pueda, seguir contando lugares que no siempre forman parte de las rutas más habituales.

Sele en Lier (Flandes)

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