10 razones para viajar a la Costa Brava

Hay cuestiones a las que cuesta contestar, quizás porque no se quiera o no se tenga demasiado claro qué decir. Pero a la pregunta de por qué viajar a la Costa Brava, ya sea en verano o en cualquier época del año, las respuestas caen solas unas con otras. Su patrimonio histórico, su rica gastronomía, una cantidad ingente de playas formidables, sus festivales y, sobre todo, representar como ninguna la esencia misma del Mediterráneo que cantó Serrat al mundo, son algunas de ellas. Por Calella de Palafrugell, los caminos de ronda, un suculento aperitivo en Cadaqués, la escultura milenaria de Asclepio sobre las ruinas de Ampurias y un brindis al mar en Cap de Creus con la caída del sol. Ventanas entreabiertas y romances en los que interviene la brisa, noches de pasión, carcajadas de Dalí. La tierra del eterno verano capaz de involucrarse de lleno en la felicidad de quien llega hasta ella.

Una ventana entreabierta en Calella de Palafrugell (Costa Brava, Girona)

Muchas son las razones para viajar a la Costa Brava. Tantas que lo realmente complicado es no terminar este artículo sin sucumbir a la tentación de buscar días libres en el calendario.  Leer artículo completo ➜

Por los campos de lavanda en Brihuega (¿Dónde, cómo y cuándo ver la floración?)

Pocos hubiesen imaginado hace no demasiado tiempo que, apenas a una hora de Madrid, en la localidad de Brihuega (Guadalajara), existiera una gran superficie de campos de lavanda capaz de convertir a esta parte de la comarca de La Alcarria en un pedacito de La Provenza. El color morado se encarga de teñir unos paisajes bucólicos e inspiradores en cuanto la floración se hace presente bien entrado el mes de julio. Es entonces el momento de percibir el aroma de la lavanda, el espliego o los lavandines (la hibridación de ambos vegetales) y, por tanto, dejarse llevar por angostos carriles de tierra perfumada. Los campos de lavanda en Brihuega, insigne jardín alcarreño, se ponen de gala en esta época del año, atrayendo la presencia de un buen número entusiastas de la fotografía, parejas romanticonas y amantes de las puestas de sol más sublimes.

Campos de lavanda en Brihuega (Guadalajara)

El propio pueblo de Brihuega, que bien merece ser conocido en cualquier época del año, se acicala con los colores de de esta flor decorando calles, plazas y escaparates, montando mercados de carácter provenzal y organizando un Festival de la lavanda en los días previos a la siega. Dado que la floración de los campos de lavanda en Brihuega tiene una vida corta, me gustaría mostrarte dónde, cómo y cuándo exactamente se puede ver este espectáculo que la naturaleza ofrece en la siempre apetecible provincia de Guadalajara.  Leer artículo completo ➜

Danzas, tambores y máscaras en una ceremonia Gelede en el corazón de Benín

Quien piense que una máscara africana es un simple un trozo de madera tallado con mayor o menor acierto que, colgada en la pared o sostenida por una peana de metal, puede servir como un curioso elemento decorativo… se equivoca. Cuando se observa una máscara en un museo, una tienda de artesanía o en una casa, por supuesto que se trata de un objeto desnaturalizado. Tanto como la cabeza disecada de un león de la que no sobrevive la más mínima expresión y energía de una criatura que una vez en la sabana rugió y prendió a sus presas son sus afilados colmillos. Es in situ, en el África negra, en el olor de la tribu, entre ruidos de tambores, palmas, timbales, polvareda y el trance de los danzantes que la portan cuando una máscara encuentra todo el sentido. Esa pieza tallada de un árbol es entonces un ser tan vivo como tú y como yo, captadora de las esencias, formas de vida, miedos y deseos de una tradición cuya antigüedad no entiende de fechas sino de devoción. De una fe imposible de quebrantar.

Máscara Gelede en Benín durante una ceremonia.

Tras muchos años estudiando sobre arte africano y su presencia en los rituales de la vida y muerte de innumerables etnias del África Subsahariana tuve en Benín la inmensa suerte de asistir a una ceremonia Gelede y comprobar cómo el fervor del pueblo yoruba convertía a las máscaras en auténticos transmisores vivientes de su cultura y religión.  Leer artículo completo ➜

¿Cómo conseguir el permiso o visado para viajar a Bután?

Tras siglos de aislamiento, Bután abrió las puertas de su reino en el corazón de los Himalayas allá por los años ochenta. Desde entonces los visitantes han ido llegando de forma pausada, aunque más cada año, para conocer in situ las particularidades de un país repleto de atractivos fascinantes que se marcó como objetivo crecer de forma sostenible manteniendo su personalidad, sus tradiciones y su cultura. A diferencia de otras naciones asiáticas, no resulta posible viajar por libre a Bután, salvo que seas de India, Bangladesh o Maldivas. El resto de mortales necesitamos un visado autorizado por el gobierno butanés. Y para conseguirlo se exige seguir unas normas o cumplir unos requisitos determinados que llevan, por ejemplo, a tener que hacer el viaje organizado con guía, hoteles, transportes, etcétera…  que se costea mediante una tasa fija diaria que ronda los 200/250 dólares en función de la época del año en que se tenga previsto entrar.

Puerta de un templo budista tibetano

Por tanto, la respuesta a la pregunta de si se puede viajar a Bután por cuenta propia y de forma totalmente independiente es NO. Pero, si tienes como objetivo pasar unos días en el país del Nido del Tigre, el mismo que mide la felicidad nacional bruta de sus habitantes y cree a pies juntillas en las historias del Yeti, te recomiendo que continúes leyendo porque voy a tratar de contarte cómo entrar a Bután de la manera más sencilla posible.  Leer artículo completo ➜

10 imprescindibles que ver en Marsella (Breve guía para una escapada)

La ciudad más antigua de Francia ha sido, es y será uno de los puertos clave para comprender las rutas marítimas en el Mediterráneo. Mucho antes incluso de que los romanos llamaran a éste Mare Nostrum la vieja Masalia griega se erigía como un importante núcleo comercial que no detendría su expansión. Hoy Marsella, sólo superada por París en cuanto a número de habitantes en tierras francesas, se sigue abriendo al mundo desde su vieux port a Notre-Dame de La Garde constituyéndose como una escapada urbana repleta de propuestas apetecibles para toda clase de perfiles viajeros. Y que, además, no da su espalda a un entorno natural sorprendente cargado de idílicas playas protegidas por afilados acantilados como sucede en el macizo (y Parque Nacional) de Les Calanques. Cobijarse en las fachadas provenzales del inimitable barrio de Le Panier, entender la cultura mediterránea en sus museos, probar buenos pescados en el puerto, trasladarse al medievo en la abadía de San Víctor, recorrer la ciudad en bicicleta, buscar el mejor atardecer sobre en la hierba del Palais du Pharo, navegar e ir de calas son algunas de las muchas cosas que se pueden hacer en Marsella, la capital de la región Provenza-Alpes-Costa Azul.

El Fuerte de Saint Jean y el nuevo MUCEM son dos imprescindibles que ver en Marsella

Si no conoces todavía la ciudad que enarbola el himno de Francia, te invito a que descubras lo mejor que ver en Marsella (o que hacer en ella) a través de una serie de pistas que pueden dar pie a una escapada más que recomendable (o incluso para una escala de crucero). Incluso si ya ha estado te aseguro, que si las sigues, no vas a poder evitar que Manresa te fascine tanto como a mí.  Leer artículo completo ➜

Miradores de Venecia: ¿Dónde están las mejores vistas de la ciudad de los canales?

Venecia se paseó con la pluma de Marco Polo como principio y fin de sus grandes viajes. Tintoretto se dejó la vida adornándola como si fuese su propia capilla. Giacomo Casanova la utilizó como hogar de sus muchos flirteos. Y Canaletto nos la dibujó a todo color para convertirla en inmortal. Pero son los viajeros de hoy día quienes cuentan con la gran la suerte de disfrutar de la ciudad de los canales a través de la búsqueda de rincones que les dejen perplejos. Y los hay muchos, casi a cada paso. Pero, ¿dónde se encuentran realmente las mejores vistas de Venecia? ¿Cuáles son esos miradores venecianos en los cuales poder deleitarse de panorámicas sublimes?

Scala Contarini del Bovolo. ¿Las mejores vistas de Venecia?

Tras viajar a Venecia por segunda vez os traemos varios miradores de Venecia desde los que contemplar la ciudad con las perspectivas mejor intencionadas. Una recopilación de lugares en los que asomarse y fotografiar uno de esos paisajes urbanos que se quedan con todas tus palabras.  Leer artículo completo ➜

Aix-en-Provence, el lienzo de Cézanne en la Provenza

Se empeñaba el genio Paul Cézanne en asegurar que si bien un museo como el Louvre debía ser el libro en el que muchos pintores aprendían a leer, no parecía de recibo contentarse con retener las fórmulas de sus predecesores sino que era necesario salir de él para estudiar la hermosa naturaleza. Esa era la obsesión del posimpresionista que decidió dar un paso más para saltar antes que nadie al siglo XX y ser, sin saberlo, el padre de nuevos maestros. La naturaleza, la luz transformada en color y ésta en el medio idóneo para lograr la perspectiva de las obras. Pero su Louvre particular, su inspiración, estaría en la ciudad de la Provenza que le vería nacer. Allí donde el arte se respira en cada fachada, en cada callejón, abrazada por un entorno bucólico y verde con la montaña de Sainte-Victoire imponiéndose en la campiña. Sólo Aix-en-Provence podía ser lienzo y a la vez caballete de una de las grandes figuras del arte. Tenía, sin lugar a dudas, mucho de donde beber en esta ciudad encantadora situada apenas a unos minutos de Marsella y que representa como pocas la verdadera esencia provenzal.

Taller de Cézanne en Aix-en-Provence (Francia)

Hoy Aix-en-Provence es parada y fonda de todo viaje a la Provenza que se precie. Con un casco histórico encantador y cuidado, mercados callejeros, ese soplo de vida que provocan sus cafés y terrazas a rebosar encalles, plazas y jardines o algunos de los mejores museos de arte de toda Francia es, al igual que su peculiar catedral, una composición desenfadada de estilos que encajan perfectamente en las expectativas del espectador. No hace falta ser Cézanne para darse cuenta de lo mucho que hay que ver en Aix-en-Provence y su prodigioso entorno antes de proseguir la ruta y seguir empapándose de la luz en la que se inspiraron no pocos artistas.  Leer artículo completo ➜

Curiosidades y rarezas de un país llamado Bután

Bután resulta un destino paradójico desde el mismo momento en que existe un buen número de personas que verían difícil, o más bien improbable, situarlo en el mapa. Se trata, sin lugar a dudas, de uno de esos destinos escasamente visitados cuya suma de singularidades se convierte precisamente en virtud. Desde el mismo momento en que anunciamos las fechas e itinerario del viaje a Bután que haremos en octubre de 2019 (y para el que aún hay plazas) no he podido dejar de leer y empaparme sobre este insólito territorio arropado por la cordillera del Himalaya, con Tíbet y el nordeste de India sosteniendo con sus manos una de esas naciones-milagro que sobreviven casi por casualidad. O, quién sabe, si por la férrea actitud de empeñarse en seguir conservando una retahíla de particularidades, para muchos consideradas rarezas y por otros un claro ejemplo de lucidez, en una época histórica en la que buena parte del planeta parece haber perdido definitivamente el rumbo.

Dzong de Paro en Bután

Para conocer entre todos un poco mejor a Bután, he reunido algunas de esas curiosidades y certezas de un país que podríamos considerar atípico, aunque los términos apropiados (y ya entenderás por qué) nos deberían llevar a declararlo como fascinante e irrepetible.  Leer artículo completo ➜

Un paseo por Nimes, la ciudad más romana de Francia

No sería en absoluto arriesgado asegurar que Nimes se trata de la ciudad más romana de Francia (seguida muy cerca de Arlés, eso sí). Mucha culpa tiene para ello que la antiguamente conocida como Nemausus mantenga tanto el anfiteatro como el templo en el mejor estado de conservación posible, así como numerosos restos con más de 2000 años de antigüedad. Pero Nimes va mucho más allá de su pasado romano, en realidad. La ciudad occitana dibuja en un entramado urbano pequeño, coqueto y manejable, la metáfora perfecta de la buena vida y costumbres de la cultura mediterránea. Entre recios e imponentes monumentos teje una red de callejuelas estrechas que se desahogan en gruesos bulevares y frondosos jardines garantes de un cada vez más valioso anonimato ciudadano. Aquí gusta el terraceo, ir de tapas y se vive con fervor la afición por la tauromaquia. Lo mismo da incluso Picasso que José Tomás. Se escucha hablar el castellano en calles y cafés con cierta soltura y el sonido de las guitarras viaja por los balcones en las largas noches de feria. Porque, en efecto, a esta ciudad le va la marcha.

Maison Carrée, uno de los lugares imprescindibles que ver en Nimes (Francia)

Puente de Occitania con una Provenza que le queda muy próxima, se condimenta con un poquito de Roma, otro poco de España, una buena pizca de Francia y mucho de la cultura del Mediterráneo. El resultado, un plato delicioso e ideal para saborear en una y mil escapadas al sudeste francés. El resto de los ingredientes vienen en forma de ideas a continuación, donde trataré de narrar como pueda, tras dos viajes diferentes a esta ciudad, diez lugares que ver en Nimes y que para mí son indiscutibles. Lo mejor para aprovechar un viaje a esa ciudad que tiene por escudo un cocodrilo encadenado a una palmera y que unta brandada de bacalao para el aperitivo.  Leer artículo completo ➜

Los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo (Portugal)

Desconozco si es por cómo la luz es capaz de tintar sus extensos dominios, desde la dehesa hasta el océano, o por cómo el tiempo ha ennoblecido las calles desgastadas de paredes blancas, y en ocasiones también azules, dotándolas con la pátina del encanto. O quizás por la nostalgia que imprimen los rincones auténticos, casi paralizados en la misma hoja del calendario. Sus pueblos amurallados, sus castillos de frontera, los reflejos matutinos del río Guadiana y el Lago Alqueva, el dorado de playas desiertas, ese porco a la alentejana que sabe a gloria y el recuerdo a los que no están ya en estrambóticas capillas levantadas con sus propios huesos. Por eso, y mucho más, no me canso de regresar una y otra vez a la región del Alentejo que, para mí, representa mejor que ninguna la esencia misma de Portugal.

Calle de Monsaraz (Alentejo, Portugal)

El Alentejo y el turismo rural forman un magnífico equipo. Si bien su capital, Évora, es un auténtica belleza, son, en realidad, sus pueblos quienes gozan de un merecido protagonismo. Sobre ellos precisamente trata el artículo de hoy, de mostrar una selección (completamente subjetiva, como siempre) de los que para mí son los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo, tanto de interior como de costa, y así fundamentar las claves para modelar un viaje apasionante de varios días por la región portuguesa.  Leer artículo completo ➜

Vente conmigo de viaje a Santo Tomé y Príncipe en diciembre de 2019

Te propongo venir conmigo al último paraíso africano, a recorrer un archipiélago en el que todo es selva virgen, donde coleccionan playas de anuncio y plantaciones de cacao y café. Un pedacito varado en las aguas del Golfo de Guinea donde quienes aman el noble arte de viajar se sienten bien recibidos, se sienten seguros. Te animo a emocionarte con los paisajes de Parque Jurásico, pero bajo el son de los tambores y la danza de un pueblo descendiente de esclavos que fala portugués y sonríe a las primeras de cambio. O con el vuelo de decenas de aves de colores y el caminar lento de una tortuga antes de enterrar sus huevos en la arena. Allá donde los troncos dilatados de los baobabs reciben el soplo de la brisa marina y las palmeras hacen reverencias al sol cada atardecer. Quizás se convierta en la sorpresa de tu vida como lo fue de la mía. Quizás te apetezca venirte conmigo de viaje a Santo Tomé y Príncipe.

Pico Cao Grande (Santo Tomé y Príncipe)

Una única salida en diciembre de 2019 y muy pocas plazas para ponerle color a un viaje muy especial. Vamos a formar un equipo en el que son bienvenidas todas aquellas personas que disfruten de rincones del mundo poco transitados y que tengan ganas de caminar por el profundo bosque nublado, bañarse en aguas turquesas, ver desovar a inmensas tortugas marinas y gozar de paisajes de otro planeta mientras saborean una deliciosa taza de café. Y todo sin prescindir de la confortabilidad de un alojamiento acogedor y el sabor de la buena mesa con amalgama de frutas tropicales y pescado fresco. ¿Te apuntas?  Leer artículo completo ➜