Una postal furtiva desde un minarete de Isfahán - El rincón de Sele

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Una postal furtiva desde un minarete de Isfahán

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Cúpula de Isfahán

Encuentro en Isfahán una mezcla entre Samarkanda y Bukhara con una buena dosis de gente amable, tradicionalidad y poemas persas que hablan de mercaderes partiendo a tierras lejanas con relojes de arena en las alforjas. La Plaza de Naqsh-e Jahan es un buen compendio del arte y el saber estar persa en algo más de 500 metros de longitud. Los safávidas la convirtieron en lo que se llamó “la mitad del mundo” y, como tal, sólo podía contar con un preciosismo inigualable e incalculable. Un ejemplo de este prodigio es la Mezquita del Shah, que eleva el arte islámico hasta las más altas cotas. Con sus cuatro minaretes y la profusión de puertas y salones muestra la meticulosidad a la que el ser humano podía llegar con sus manos. Precisamente a uno de estos minaretes hemos logrado ascender hoy tras unas cuantas conversaciones con un amigo que conocimos en el zoco y el respectivo soborno a un guardia de seguridad de la que probablemente sea la mezquita más famosa de Irán.

Me ha tocado vestir oscuro para pasar desapercibido y enroscarme junto a Isaac por unas escaleras de caracol estrechas y totalmente oscuras salvables con linterna, que no recomendaría a ningún claustrofóbico. El resultado ha sido disfrutar de un ángulo de la plaza y de la ciudad completamente diferente, que nos ha dejado a ambos boquiabiertos y que nos ha recordado precisamente la razón por la que estamos haciendo este viaje. Los colores de la cúpula de la Mezquita del Jeque Lotf Allah, una de las más bonitas que he visto nunca, han respondido a muchas de mis preguntas sobre por qué me gusta viajar.

Aunque por la mañana ya nos habíamos subido a las endebles cubiertas del zoco (últimamente creo que nos hemos vuelto completamente locos), ascender a escondidas al minarete de la Mezquita del Shah ha sido realmente divertido, toda una aventura en la que nos hemos sentido como unos chiquillos jugando a Indiana Jones.

Por hoy me despido recalcando que el internet en Irán es un desastre. No hay ni quien lea la prensa porque tienen censurados hasta los diarios deportivos, además de, como os dije, redes sociales, flickr, páginas de vídeos, muchos cuadernos de bitácora, y un sinfín de lugares que no termino entender a qué afecta al régimen de los ayatolás. Por fortuna aún no me han cortado el acceso al blog, y por eso puedo traeros postales como la de hoy, que espero os gusten.

Sele

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