Los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo (Portugal)

Desconozco si es por cómo la luz es capaz de tintar sus extensos dominios, desde la dehesa hasta el océano, o por cómo el tiempo ha ennoblecido las calles desgastadas de paredes blancas, y en ocasiones también azules, dotándolas con la pátina del encanto. O quizás por la nostalgia que imprimen los rincones auténticos, casi paralizados en la misma hoja del calendario. Sus pueblos amurallados, sus castillos de frontera, los reflejos matutinos del río Guadiana y el Lago Alqueva, el dorado de playas desiertas, ese porco a la alentejana que sabe a gloria y el recuerdo a los que no están ya en estrambóticas capillas levantadas con sus propios huesos. Por eso, y mucho más, no me canso de regresar una y otra vez a la región del Alentejo que, para mí, representa mejor que ninguna la esencia misma de Portugal.

Calle de Monsaraz (Alentejo, Portugal)

El Alentejo y el turismo rural forman un magnífico equipo. Si bien su capital, Évora, es un auténtica belleza, son, en realidad, sus pueblos quienes gozan de un merecido protagonismo. Sobre ellos precisamente trata el artículo de hoy, de mostrar una selección (completamente subjetiva, como siempre) de los que para mí son los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo, tanto de interior como de costa, y así fundamentar las claves para modelar un viaje apasionante de varios días por la región portuguesa. 

¿Qué pueblos ver en Alentejo? ¿Cuáles son los más bonitos para añadir a la ruta?

Tras varios viajes al Alentejo, desde aquella primera vez que fui en coche con un buen amigo para conocer la zona en una Semana Santa completamente improvisada hasta pasar varios días en un barco-casa navegando por el Lago Alqueva, así como la ocasión en la que pude recorrer la costa alentejana y sus playas mayúsculas, creo tener una composición de lugar para acertar en buena medida si me animo a definir cuáles son los pueblos imprescindibles que ver en el Alentejo. Los más bonitos y pintorescos, aquellos que merezcan una parada con cierto sentido, se puedan visitar con mayor o menor celeridad o incluso den para alojarse en una casa rural con encanto (aquí se pueden consultar las disponibles en el portal Escapadarural.com).

Fuente en el Alentejo (Portugal)

Siempre es complejo elegir este tipo de cosas y nunca me canso de decir que la subjetividad es clave para realizar este tipo de listas, puesto que la emoción y los momentos vividos, la experiencia completa, siempre ayuda a la hora de decantarse por unos rincones u otros. No entran aquí localidades como Évora, Ourique, Beja y Portalegre, que se trata de ciudades con un tamaño más o menos considerable. La idea es afinar el tiro en cuanto esos pueblos, en su mayoría rodeados de murallas (la hispano-lusa fue durante siglos una frontera un tanto complicada), que merecen la pena añadir a cualquier ruta que se precie por el Alentejo. Venga… ¡Allá vamos!

Elvás

Nada más atravesar Guadiana y dejar atrás la ciudad de Badajoz, cruzar la frontera y atrasar una hora el reloj, aparece Elvás en el horizonte. Completamente amurallada y coronada por un castillo medieval, agrupa un suculento laberinto de calles en cuesta y paredes blancas con la clásica calçada portuguesa acompañando los pasos de los visitantes. Y es que, no cabe duda que en este municipio el Alentejo recibe a los viajeros con los brazos abiertos. Tan sólo una frontera, tan sólo unos kilómetros… pero mucho Portugal.

Picota de Elvás (Alentejo, Portugal)

Elvás se vanagloria de poseer en su territorio el mayor número de fortificaciones de Europa (casi nada), dado que cuenta con siete bastiones y dos fortificaciones estilo Vauban (o sea, en forma de estrella) como son las de Nossa Senhora da Graça y la de Santa Luzia, declaradas Patrimonio de la Humanidad, las cuales se encuentran en un estado de conservación excelente mostrando, además, que no siempre la frontera fue tan amable como lo es ahora (ver artículo sobre este estilo de fortificaciones de estrella en la frontera hispano-lusa). Por no hablar del acueducto de Amoreira, que se empezó a construir en el siglo XVI y que supera los 8 km de longitud, siendo el más largo de la Península Ibérica.

Vistas de Elvás (Alentejo, Portugal)

Muy cerca de Elvás…

Campo Maior, apenas a 20 km al norte de Elvás por la N-373, fue durante siglos el segundo puesto militar más importante del Alentejo, permeable a las constantes guerras entre España y Portugal así como a la invasión napoleónica. Su casco urbano está amurallado y, por supuesto, también cuenta con su propio castillo, pero una de las peculiaridades más buscadas de Campo Maior tiene que ver con la capilla de los huesos, un lugar fúnebre edificado con los restos óseos de cientos de vecinos de la localidad quienes fallecieron durante la explosión del polvorín un 15 de septiembre de 1732. Algo que comparte también con Évora, la ciudad más importante del Alentejo, aunque sus dimensiones sean mucho más modestas.

 

Capilla de los hueses de Campo Maior (Alentejo, Portugal)

Estremoz

A 40 km al oeste de Elvás por la autopista que va hacia Lisboa nace una villa que ha visto mezclar su sangre regia entre lusos y castellanos. De ambos reinos se nutre su agitada historia. En su gran castillo-palacio, en la «ciudad alta» pasó sus últimos días la zaragozana Santa Isabel de Portugal, hija del monarca de Aragón, Pedro III y que contrajo nupcias con el rey Don Dinis. Tiempo después, en 1490, la primogénita de los Reyes Católicos, Isabel, se casaría precisamente aquí con el infante Alfonso, el cual moriría un año más tarde. No sería su última boda, puesto que en 1497 se convertiría en reina consorte de Portugal tras su boda con el rey Don Manuel, pero ella no sobreviviría al parto de su hijo Miguel, cambiando por completo la historia de ambos reinos. En Estremoz también Vasco de Gama, al navegante más importante que ha dado Portugal (y nacido en Sines, localidad también alentejana de la que hablaré más adelante), recibiría galones por parte de Don Manuel para viajar a la India (a la de verdad, no a la que proclamaba Cristóbal Colón).

Castillo de Estremoz (Alentejo, Portugal)

Estremoz, a medio camino entre Elvás y Évora (aprox 40km) se divide en la ciudad alta, la del castillo (ahora una lujosa Pousada portuguesa donde poderse hospedar) y en la baja, la de los palacetes, plazoletas y fuentes. Repleta de iglesias barrocas, paredes blancas y mármol, mucho mármol. Se nota que la cantera de Borba queda próxima.

Estremoz (Alentejo, Portugal)

Muy cerca de Estremoz…

Convendría no perderse la monumental Vila Viçosa (a 20 km), apodada como «la ciudad de mármol» donde impone su Palacio Ducal, así como su castillo medieval entre naranjos. Muy cerca Borba (a 8 km de Vila Viçosa) luce orgullosa el resultado de contar en su territorio con la cantera de mármol más importante del país, algo que se nota de forma notable en sus calles y edificios principales.

 

Vila Viçosa (Alentejo, Portugal)

Monsaraz

De largo Monsaraz puede tratarse del pueblo más bonito del Alentejo, y muy probablemente de Portugal. Asomado al río Guadiana (en el momento en que pasa a ser Lago Alqueva), y con cierto parecido a Marvão en cuanto a situación y estructura urbana, posee el encanto de los grandes lugares, de esos a los que no importa regresar una vez tras otra. Hablamos de un municipio no demasiado grande y ovalado en el punto más elevado de la zona. Resulta ideal para hacer por completo a pie y conocer paso a paso un conjunto histórico formidable abrazado por recias murallas de piedra de la Edad Media, las cuales contrastan con los muros encalados de casonas con solera y torres eclesiásticas. Sin olvidar, por supuesto, que Monsaraz está capitaneado por un castillo cuya torre del homenaje ha servido como eficaz vigía del Guadiana durante no pocos siglos. En la iglesia matriz reposa el cuerpo del caballero templario Gomes Martins Silvestre, su máximo benefactor. A partir de la misma, y dejado atrás el pelourinho o picota de justicia, sólo cabe dejarse llevar por el empedrado, las puertas de colores y admirar la mejor panorámica del pueblo desde Porta da Vila.

Monsaraz (Alentejo, Portugal)

Muy cerca de Monsaraz:

Reflejos en el Lago Alqueva (Alentejo, Portugal)

Mourão

A tan sólo 8 kilómetros de la frontera española (En la pacense Villanueva del Fresno), a orillas del Lago Alqueva, y muy cerca también del recién mencionado Monsaraz (a 17 km), se encuentra Mourão. Su fortín trapezoidal, a pesar del estado de ruina en el que se encuentra, se trata de uno de los castillos más románticos, encantadores y recomendables de cuantos se pueden visitar en Alentejo con sus cinco grandes puertas de acceso, elementos del gótico manuelino y la posibilidad de subirse a lo alto de las murallas (la visita es libre) que dominan este emplazamiento. Igualmente sirve para conocer mejor una historia repleta de referencias a los litigios fronterizos entre España y Portugal (definido como luso tras la firma del Tratado de Alcañices de 1297).

Mourao en Alentejo (Portugal)

Marvão

Seguimos sin despegarnos de la frontera, aunque en esta ocasión subimos algo más al norte (es típico entrar desde España por la localidad de Valencia de Alcántara) para encontrarnos con el hermano gemelo de Monsaraz, aunque a un alautra mayor que supera los 1000 metros sobre el nivel del mar. Controla la hermosa Sierra de São Mamede y un pasado muy vinculado con la época romana, ya que bajo la denominación original de de Ammaia, llegaron a vivir en el lugar nada menos que 6000 habitantes. Pero el término Marvão procede, en realidad, de una derivación del nombre del líder sufí Ibn Marwan al-Yil’liqui, el cual se rebeló contra los emires de Córdoba creando el reino de Badajoz y estableciendo su palacio fortificado en lo más alto de la actual localidad portuguesa. Si bien la forma actual del pueblo viene una vez fue tomado por los cristianos para ser un fuerte de la Orden de los Caballeros Hospitalarios. Todas las calles apuntan al castillo, permitiendo hacer completo el camino de ronda por las murallas y disfrutar tanto de las vistas de los paisajes circundantes como de las estrechas calles blancas de este pueblo imprescindible que ver en el Alentejo con evidentes aires medievales.

Marvao (Alentejo, Portugal)

Entra dentro de lo que se considera Parque Natural Tajo Internacional, por lo que el nexo con la vecina Extremadura es más que evidente.

 Festival Internacional de Música Clásica

Tiene lugar todos los años durante varias jornadas de la segunda quincena de julio. Los conciertos se celebran en distintos rincones de Marvão, incluidas iglesias, aunque el auditorio principal del evento se sitúa en el propio castillo. Más info en marvaomusic.com.

Castelo de Vide

Apenas una decena de kilómetros separan a Marvão de otro pueblo medieval indiscutible para comprender la región del Alentejo, Castelo de Vide. De hecho en el año 2000 ambos presentaron una candidatura conjunta para formar parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, algo que tarde o temprano confío les será otorgado con justicia. En el caso de Castelo de Vide destaca no sólo el castillo del rey Don Dinis o la iglesia de Santa Maria da Devesa que domina la Praça D. Pedro V sino, sobre todo, la armonía de fachadas de su casco viejo empedrado (hay cuestas tremendas). Así como la conservación ejemplar de su antiguo barrio judío, que a finales del siglo XV y principios del XVI acogió a un buen número de fieles de esta religión provenientes de la entonces hostil Castilla y afectados directamente por el Edicto de expulsión dictaminado por los Reyes Católicos en 1492.

Castelo de Vide (Alentejo, Portugal)

Una zona rica en conjuntos megalíticos

Muy cerca del pueblo permanecen numerosas construcciones megalíticas. Destacan Anta dos Coureleiros y Menhir da Meada, a 8 y 16 km respectivamente.

Serpa

Tesoro amurallado del Baixo Alentejo paralelo, ya no con Badajoz, sino con el norte de la provincia de Huelva lo que nos habla de una posición geográfica realmente meridional. De calles estrechas y adoquinadas, paredes completamente blancas y un paseo de ronda que adivina que nos hallamos en zona de viñedos. El nombre de Serpa viene de los tiempos de la antigua Roma cuando era parte de Lusitania, aunque siglos más tarde durante la conquista árabe pasó a ser Scheberim. Próximo a la frontera española, llegó a ser parte de tierras castellanas durante algún tiempo por cesión de la Orden de los Hospitalarios, aunque Don Dinis se haría con ella definitivamente. Una de las cosas más interesantes que se pueden hacer en la localidad es hacer el paseo de ronda sobre sus gruesas murallas, aunque en determinadas zonas hay fragmentos inmensos caídos en plena calle. Incluso parte de éstas se han utilizado para soportar un acueducto.

Serpa (Alentejo)

Mértola

Al sur de Serpa emerge el Parque Natural do Vale do Guadiana con un tupido bosque mediterráneo donde además se conservan aldeas ciertamente pintorescas, así como múltiples vestigios de la época prehistórica. Pero de todos los municipios de tan emblemático área natural destaca, sobre todo, Mértola, considerada un museo al aire libre y, sin duda, uno de los pueblos más hermosos no sólo del Alentejo sino también de todo Portugal. Se sabe que fue un importante puerto fenicio, aprovechando la navegabilidad entonces del Guadiana, aunque su gran valor es que ha sabido conservar una fortísima impronta árabe presente en las calles que serpentean en cuesta dentro de un casco viejo y amurallado realmente compacto.

Mértola (Alentejo, Portugal)

Imponentes vistas de la localidad se pueden encontrar en la Torre do Relógio, aunque nadie debería perderse la visita al castillo, puesto que aguarda buena parte del pasado de Mértola. Una gran torre del homenaje, así como cinco torreones en la muralla resguardan las ruinas, nada menos, que del foro romano sobre el que se levantó la alcazaba árabe antes de que la fortaleza fuese cristianizada. Lo que allí se encontró (mosaicos, objetos, etc.) se puede visitar en las instalaciones del denominado Museo Arqueológico de Forum-Alcazaba. Uno entre el fascinante cuarteto museológico de Mértola como el dedicado en exclusiva al arte islámico, el museo de arte sacro así como un valioso museo paleocristiano en lo que fuera una basílica visigótica.

Sines

Alentejo también tiene mar. ¡Ya vaya si lo tiene! La costa alentejana proporciona otro viaje completamente diferente al que se puede realizar en el interior y, además de playas fascinantes (muchas aptas para el baño y otras tantas para la práctica del surf) también cuenta con pueblos bonitos que poder ver y disfrutar. Sines, sin duda, no podría faltar en esta selección. Con playa, castillo, un núcleo urbano precioso y, cómo no, las huellas de su hijo más conocido, Vasco de Gama, quien en plena época de los descubrimientos llegó a la India desde Portugal en el hasta entonces viaje oceánico más largo de la Historia (al menos que estuviese documentado).

Estatua de Vasco de Gama en Sines (Alentejo, Portugal)

Sines se aproxima al océano en una especie de acantilado. Sus calmadas callejuelas blancas y azules llevan al paseante al viejo castillo árabe (musealizado y donde la presencia del histórico navegante a la India es más que evidente) así como a la Iglesia de Nossa Senhora das Salas, tan blanca y manuelina que forma parte de muchas de las postales que los viajeros se traen de esta hermosa localidad.

Algunas de las mejores playas de la zona

  • Praia de Melides: De una extensión interminable. De las preferidas por muchos quienes visitan la costa del Alentejo. Coincide con la Reserva Natural das Lagoas de Santo André e da Sancha, un área excepcional para el avistamiento de multitud de especies de aves acuáticas.
  • Praia de Samoqueira: Antes de arribar a Porto Covo, al sur de Sines  (unos 14 km), merece la pena acceder (no está tan a la vista como uno creería en los mapas) a una auténtica playa de postal encajada entre acantilados. Probablemente estemos ante una de las mayores bellezas del litoral alentejano.
  • Praia do Salto: En Porto Covo, también entre acantilados y con vocación nudista.

Vila Nova de Milfontes

Es posible que sea incluso delito no meter a Comporta en esta lista, localidad que no deja de ganar protagonismo cada año en la costa alentejana, pero su éxito es tal que no hace falta dedicarle más líneas. Esta vez deseo dedicar unas líneas a la que, de verdad, logró encandilarme. Vila Nova de Milfontes es, sin lugar a dudas, mi perdición del litoral del Alentejo. A escasos 40 km al sur de Sines (y unos 25 desde Porto Covo), este enclave que forma parte del Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina viste de blanco y azul muchos días y noches de verano. Ubicado estratégicamente en la desembocadura del río Mira, vive rodeado de arenales y playas de escándalo como Alteirinhos, Praia do Farol, Praia de Almograve, Praia da Franquia o Praia de Malão.

Vila Nova de Milfontes (Alentejo, Portugal)

El hermoso casco histórico viene protegido por el Fuerte de São Clemente, aunque sus callejuelas bien conservadas se encargan de ofrecer refugio a quienes no lo buscan todo en la playa. Para buenos comedores, y bebedores, Tasca do Celso (R. dos Aviadores 34, tascadocelso.com) se ocupa de surtir a su público de lo mejorcito de la gastronomía alentejana. El empujón que hace falta para tener a Vila Nova de Milfontes en tus oraciones cada mañana en la que no te encuentras allí. Sobre todo si te encuentras en la oficina y necesitas verano como el comer.

Tasca do Celso en Vila Nova de Milfontes (Alentejo, Portugal)

Y hasta aquí un paseo por los pueblos más bonitos del Alentejo (a mi juicio). Por supuesto, no sólo se aceptan sino que se agradecen otras propuestas que puedan permitirnos reconocer y admirar lugares nuevos. Y así añadir excusas, cómo si no las hubiera ya, para regresar a «la Portugal más verdadera que se me ocurre».

Sele

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