Ruta del viaje a Uganda: Gorilas, safari y selva - El rincón de Sele

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Ruta de un viaje a Uganda: Gorilas, safari y selva

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Uganda se sostiene orgullosa sobre su apodo manido de «Perla de África», algo que ha supuesto mucho más que un eslogan turístico. Porque parece muy probable que les ampare la razón. En este país de África del Este las muchas singularidades destacadas lo convierten en un destino único. De su húmedo vientre nace la leyenda del Nilo, cuyo caudal serpentea y se desboca durante su largo camino hacia el norte. Un curso que se encarga de vertebrar una tierra en la cual la naturaleza más salvaje despliega un tapiz heterogéneo de selvas insondables, sabanas ondulantes y lagos prístinos donde unos ojos bien atentos pueden hallar la esencia misma de la existencia en su forma más primitiva. Y en medio de esta diversidad exuberante, el gorila de montaña encuentra su último refugio en bosques tildados de impenetrables. Es allí donde el gran emperador de la niebla nos recuerda la majestuosidad de la vida en su estado más puro. Y tras él, salen a tu encuentro las miradas de otros animales que tienen allí su hogar como chimpancés, leones, leopardos, rinocerontes, elefantes, veloces antílopes o grullas coronadas desfilando con elegancia sobre los humedales junto a un largo etcétera de especies capaces de conformar un elenco único que hace que Uganda sea considerada como una de las mejores propuestas posibles para llevar a cabo un viaje de naturaleza y observación de fauna.

Gorilas en Uganda (Ruta del viaje a Uganda)

Aventurándonos por senderos olvidados, sumergiéndonos en la profundidad de selvas cerradas y sabanas interminables, escuchando rugir al Nilo y a las noches estrelladas, salimos en busca de las verdades de Uganda, un lugar de África donde la vida salvaje nos guareció con toda su sabiduría. A través de este relato pretendo hacer memoria y explorar juntos los rincones ocultos de Uganda, trazando la ruta elegida y discurrida, donde nuestras botas se impregnaron tanto de asombro como barro.

¡YA DISPONIBLE! 30 Consejos prácticos para viajar a Uganda. Un artículo repleto de recomendaciones para organizar un viaje a esta maravilla de África oriental.

UGANDA, EL CORAZÓN VERDE EN ÁFRICA DEL ESTE

«Cuando te das cuenta del valor de toda la vida, hay que insistir menos en lo que es pasado y concentrarse más en la preservación del futuro» — Dian Fossey.

Entre mis muchos sueños viajeros siempre tuve por delante un objetivo muy claro, observar en su hábitat natural a los últimos gorilas de montaña del planeta. Pocas cosas he ansiado de una manera tan fuerte, tan obsesiva. Tener la mera posibilidad de contemplar y fotografiar a estos grandes primates en su propio hogar, los bosques lluviosos de un pedacito minúsculo de África Oriental repartido en tres países como Uganda, Ruanda y la República Democrática del Congo, era suficiente motivación para no olvidar cada día que aquel deseo tendría que cumplirse en algún momento. Sin duda, la de ver gorilas en libertad está entre las mejores experiencias con animales salvajes de todo el planeta. Y eso fue algo que sucedería por fin. Concretamente en Uganda, el país donde existe una mayor presencia de esta especie, en el marco de uno de los viajes de autor que organizo para llevar a cabo con las personas que gustan leer este cuaderno de bitácora de índole viajera. Pronunciar el nombre de Uganda te hace enfocar la mente de manera veloz al indomable gorila de montaña, el alma que gobierna en esos bosques primarios donde se aferra la niebla en su propio misterio. Pero, incluso aunque no existieran estos gigantes, Uganda sobresaldría como un destino de naturaleza de primer orden. En primer lugar por gozar de unos paisajes primorosos de jungla, montañas, volcanes y lagos repletos de vida. Por la vasta sabana donde se dan presencia cientos de mamíferos que nada hace envidiar a otros países del área como Kenia o Tanzania. Por permitir emerger a un río Nilo tan incipiente como visceral donde los cocodrilos se calientan al sol y los hipopótamos braman en voz alta, mientras las garzas dejan secar sus empapadas alas en una rama desnuda.

Bosque impenetrable de Bwindi en Uganda

De la mano de Pangea, con quienes llevamos ya muchas aventuras juntos, se trabajó con minuciosidad y cariño en el diseño de una ruta de diez días de duración (Gracias
Óscar y Javier por semejante empeño). Un itinerario excelentemente pensado para optimizar el tiempo disponible y donde pudiéramos sacarle provecho a muchas de las bondades que ofrece Uganda. Además con una particularidad, pues iríamos siempre in crescendo en emociones dejando el mejor momento para el final. Y es que la última actividad del equipo viajero sería precisamente el trekking de los gorilas de montaña en el Bosque Impenetrable de Bwindi. No se me ocurre mejor manera de mantener encendida la llama dentro de este viaje de naturaleza en las verdes tierras ugandesas, ¿verdad?

Mano de gorila de espalda plateada (Viaje a Uganda)

Hoja de ruta del viaje a Uganda (10 días)

Finalmente, tras darle muchas vueltas, la ruta quedaría de la siguiente manera:

Recorrido (por orden): Aeropuerto Internacional de Entebbe – Santuario de rinocerontes de Ziwa – Bosque de Budongo – Parque Nacional Murchison Falls – Fort Portal – Bigodi (Área del bosque de Kibale) – Parque Nacional Queen Elisabeth (Kasenyi, Canal de Kazinga desde Katunguru, Garganta de Kyambura, Lagos gemelos de Katinda y Mirambi, Sector de Isasha) – Bosque Impenetrable de Bwindi (Sector Rushaga para trekking de gorilas) – Lago Bunyonyi – Línea ecuatorial en Kayabwe – Aeropuerto Internacional de Entebbe. FIN DEL VIAJE.

Por supuesto que esta es una más entre las muchas maneras que se puede recorrer Uganda. Aunque probablemente sea la más lógica para una primera vez donde tocar los principales parques nacionales y reservas, además de poder vivir una experiencia única con los gorilas, así como con los chimpancés. Si bien hay muchos más viajes a Uganda posibles, incluso sin meter la actividad de gorilas, desde donde descubrir otras muchas facetas y secretos del corazón verde de África Oriental. Tanto para hacerse de manera individual como combinado con otros países limítrofes como Ruanda, Kenia, Tanzania o incluso el oeste de la República Democrática del Congo.

Rosalía y Sele en el barco del Nilo camino a las cascadas de Murchison (Uganda)

Un área en muchas ocasiones olvidada y que recuerda a los Masai Mara, Serengeti y compañía es el Parque Nacional Valle de Kidepo, justo en el extremo norte y a poca distancia de la frontera de Sudán del Sur. En la misma se pueden observar gran cantidad de felinos, así como otras especies que no se suelen ver en Uganda, como cebras o impalas. Su localización remota y su difícil acceso lo convierten en uno de los mejores parques naturales no de Uganda sino de toda África. Con ese factor tan valioso como no ser muy conocido y no entrar en un alto porcentaje de las rutas que se realizan en este país. ¡Me lo apunto para la próxima! Y es que siempre hay que dejarse sitios para tener una buena excusa de cara a regresar. La mía, sin duda, será Kidepo y llevar a cabo alguna actividad de rastreo del esquivo Picozapato. O tener también la oportunidad de observar chimpancés en el Bosque de Kibale (nosotros lo hicimos, y con bastante éxito, en Budongo y en la Garganta de Kyambura, cuyas tasas son menores y las probabilidades son también elevadas).

¿QUÉ LUGARES PUDIMOS VER EN UGANDA? RUTA DETALLADA DEL VIAJE A UGANDA

Punto de partida: Aeropuerto Internacional de Entebbe

Aterrizamos en Entebbe, localidad que acoge el único aeropuerto internacional de toda Uganda, la cual es muy cercana a la capital, Kampala. Numerosas líneas aéreas aterrizan y despegan de este aeropuerto. Como, por ejemplo, KLM, Qatar Airways, Emirates, Turkish Airways (suele hacer una parada técnica muy breve en Kigali, Ruanda, a la ida), Kenya Airways o Rwand Air. Así que, salvo que se acceda por tierra, que no fue nuestro caso sino que volamos con Turkish vía Estambul, Entebbe es el punto de partida de buena parte de los viajes que se llevan a cabo en Uganda. Un aeropuerto pequeño, manejable, con tiendas varias, casa de cambio abierta 24 horas y donde a la llegada se debe mostrar el visado turístico para viajar a Uganda que habremos gestionado con tiempo de antelación.

Avión de Turkish Airlines en el aeropuerto internacional de Entebbe (Uganda)

Entre Entebbe y Kampala hay apenas cuarenta kilómetros. Pero, al no tratarse de una ciudad demasiado interesante y no andar precisamente sobrados en días para este viaje, decidimos pasar de largo y marcharnos raudos a nuestro primer destino con el objetivo de estar cuanto antes en contacto con la naturaleza, el verdadero tesoro de Uganda. Entre rinocerontes y edificios de hormigón elijo, como no puede ser menos, a mis queridos rinocerontes. Rascacielos hay muchos. Rinocerontes, lamentablemente, cada vez menos.

Santuario de rinocerontes de Ziwa

Primera gran experiencia en la naturaleza ugandesa de nuestro viaje: Ziwa Rhino Sanctuary o, lo que es lo mismo, el Santuario de rinocerontes de Ziwa. Un auténtico faro de esperanza en la lucha por la conservación de estos adorables herbívoros. Esta reserva situada a poco más de tres horas al norte de Kampala fue fundada en el año 2005 con la loable misión de repoblar la región con estos animales majestuosos, desaparecidos por completo en territorio ugandés por culpa de guerra civil y los cazadores furtivos. Tras ir trayendo ejemplares de distintos países y aguardar los primeros nacimientos, se puede afirmar que el santuario se ha convertido en un testimonio de éxito en la rehabilitación de una especie al borde del abismo.

Cartel de precaución rinocerontes en la Reserva de Ziwa (Uganda)

Con una extensión de 7000 hectáreas y protegida tanto por vallado eléctrico como por parte de guardas armados que controlan el área las 24 horas, los 365 días del año, esta reserva natural en la que también viven libremente otras especies animales (hay multitud de antílopes, facóqueros e incluso varios leopardos) se ha convertido en el hogar de casi cuarenta rinocerontes. ¡Y todo empezó con una pareja! Si la cosa continúa así, muy pronto algunos ejemplares serán introducidos a los parques de Murchison Falls y Valle de Kidepo, lugares habitados por éstos décadas atrás, de cara a que Ziwa no continúe siendo el único espacio natural del país donde poder observar a esta especie que se había dado por extinta en esta nación en los años ochenta.

En la reserva se puede incluso pernoctar en lodge en plena naturaleza (nosotros lo hicimos en Amuka Lodge), pero, sin lugar a dudas, la actividad estrella consiste en llevar a cabo un sencillo y apasionante safari a pie con los rangers para poder observar a corta distancia a algunos ejemplares de rinocerontes. En nuestro caso, dado que el suelo estaba bastante embarrado, nos proveyeron de botas de goma mientras nos proporcionaban una breve charla sobre Ziwa, el proyecto de conservación y cómo actuar delante de los rinos en caso de toparnos con ellos. Los guardas se montaron en nuestros vehículos e hicieron que los conductores se detuvieran en un punto determinado. Allí comenzamos a caminar por un camino inexistente y hierba muy alta, aún humedecida por las últimas lluvias, tratando de mantener el silencio, ingrediente básico en trekkings de este tipo donde se pretende ver animales. Ni que decir tiene, al ser nuestro primer safari en Uganda, todos teníamos un nudo en el estómago. No todos los días uno sale a pie a buscar rinocerontes sin llevar otro escudo que nuestros propios pies.

Caminata del safari a pie para ver rinocerontes en Ziwa (Uganda)

Al cabo de quince o veinte minutos divisamos varias figuras color gris moviéndose entre la hierba. Una madre con su cría, ya crecida, mordisqueaban repetidamente lo que iban arrancando del suelo. Sus cabezas agachadas parecían ignorar por completo que estuviésemos apenas a seis ó siete metros de distancia de ellos. Los rangers eran quienes se encargaban de decirnos dónde podíamos colocarnos y dónde no. Lo más importante era no tratar de acercarse demasiado, dejarles siempre una salida y hablar en voz muy baja.

Rinoceronte en la Reserva de Ziwa (Uganda)

No tardaríamos en ver nuevos miembros. Y volvimos a aproximarnos a ellos. Aunque lo mejor fue al final, cuando pudimos seguir con la mirada una madre con una cría muy pequeña (debía contar con uno o dos meses de vida). Cerca de ellos había dos machos, uno el dominante, que hizo al otro salir corriendo en cuanto le vio. Momentos en los cuales nos agarró un aguacero bastante fuerte que duraría algo menos de media hora, pero de ahí no se movería nadie. Con los chubasqueros puestos y con bastante dificultad para fotografiar a los rinocerontes en ese rato sin que se mojara el objetivo de la cámara, aguardamos hasta que escampó. Algo que agradecimos, porque tener la oportunidad no sólo de observar sino hasta de escuchar el paso sobre la hierba mojada de estos imponentes mamíferos que ojalá muy pronto puedan corretear por otras zonas de Uganda donde su rastro se perdió hace décadas.

Rinocerontes en la Reserva de Ziwa (Uganda)

Bosque de Budongo

Camino de Ziwa a Murchison Falls (algo menos de dos horas en coche) el bosque tropical de Budongo despliega a lo largo de más de 80.000 hectáreas un tapiz verde intenso en el cual se alzan los valiosos árboles de caoba de África oriental en un dosel casi hermético donde apenas penetra la luz del sol. Un tesoro natural habitado por trescientas sesenta ​​especies distintas de aves, unas doscientas noventa de mariposas y veinticuatro de mamíferos, de los cuales nueve son primates. Aunque, de todos ellos, el rey es, sin lugar a dudas, el chimpancé. La población de estos simios en Budongo se estima en alrededor de quinientos chimpancés, lejos aún de los 1500 del Bosque de Kibale, pero cabe destacar que su número sigue en aumento constante desde la creación de la Budongo Conservation Field Station, encargada de proteger y gestionar la reserva, una vez dejados muy atrás los estragos guerracivilistas y alcanzada cierta estabilidad. El turismo, resulta obvio, ha impulsado todas estas medidas garantistas a través del cobro de tasas y la organización de actividades en el entorno de la reserva.

Bosque de Budongo (Uganda)

En nuestro caso invertimos alrededor de tres horas en rastrear a los chimpancés olvidándonos incluso de los senderos marcados y acompañados de un ranger local. Los chillidos de los chimpancés, muy agudos, nos alertaron de una familia cercana, aunque en semejante selva, incluso cien metros de distancia se convierten en un mundo. Comenzamos avistando un macho solitario subido a la copa de un árbol, el cual tardó pocos minutos en bajar y perderse entre la espesura de la jungla. Pero, más adelante, guiándonos por los sonidos que impactaban a kilómetros a la redonda en el lugar, terminamos observando una familia entera alimentándose en las ramas y pudiendo, esta vez sí, ser más certeros con nuestras cámaras de fotos.

Chimpancé en el Bosque de Budongo (Uganda)

Bajo el frondoso manto del bosque de Budongo, la vida bulle día tras día en una sinfonía de sonidos y movimientos. El susurro de las hojas y el canto de las aves se mezclan con el rugido de los primates, creando una sinfonía natural capaz de transportar a quienes lo visitan a un mundo donde la naturaleza aún reina con una inigualable supremacía. En semejante laberinto de árboles centenarios, aquella selva se convierte en un santuario de biodiversidad de gran relevancia. Allí los chimpancés se yerguen como grandes protagonistas del ritual de la naturaleza el cual nos recuerda nuestras raíces compartidas. No habíamos hecho más que comenzar el viaje y tuvimos la suerte de vivir otra gran aventura juntos.

Chimpancé en el Bosque de Budongo, Uganda

Murchison Falls National Park

Primeros safaris en la sabana en 4×4

Abandonamos Budongo y sucumbimos ante el primer vistazo en horizontal de la depresión formada por el Gran Valle del Rift, fruto de la separación gradual de las placas tectónicas que conforman una extensa fosa plana con laderas de pronunciada inclinación en los costados. Allí el caudal del río Nilo, raudo desde el Lago Victoria, se despeña en estruendosas cataratas hasta fusionarse con las aguas del Lago Alberto y continuar su largo camino al norte de África. Dichas cascadas dan nombre al Área de Conservación de mayor tamaño en el país, el celebérrimo Murchison Falls National Park, uno de esos lugares imprescindibles que ver en Uganda sí o sí. Y donde nosotros pudimos llevar a cabo nuestro primer safari en todoterreno, levantando los techos de los vehículos y rastreando junto a nuestros guías la mucha fauna que se desplegaba en aquella la sabana de pastos altos y arbusto grueso que mezclaba el color amarillo con el verde producto de las primeras lluvias de la temporada.

Murchison Falls National Park

El viaje a través de este parque nos transportó a un mundo donde la naturaleza parecía reinar sin restricciones. Muy lejos quedan los ochenta, cuando el área quedó casi esquilmada de animales. Ahora, cuarenta años después, ha vuelto a resurgir como un auténtico Arca de Noé con más de 55 especies de mamíferos y 424 de aves cuya población no cesa en su aumento. Las vastas llanuras doradas se extienden hasta el horizonte, donde las manadas de elefantes, búfalos, kobos de Uganda y otros antílopes como los alcéfalos o los diminutos oribíes deambulan plácidamente junto a centenares de jirafas de Rothschild (considerada especie en peligro pero muy presente en este parque).

Kobos de Uganda en el Parque Nacional Murchison Falls

Durante nuestro primer safari (de tarde) no pudimos tener más suerte. Porque nos volvimos locos asistiendo a formidables escenas de naturaleza capaz de evocar las emociones más profundas en nosotros. ¡Casi no faltó nadie a la cita! Como un grupo de leonas con otros miembros jóvenes de la manada arremolinados bajo la copa de un árbol absolutamente impávidos ante nuestra presencia.

Leones en el Parque Nacional Murchison Falls (Uganda)

Aunque, si hubiera que destacar uno de los momentos de la tarde fue cuando mientras divisábamos con los prismáticos un nutrido grupo de antílopes en un cerro a nuestra izquierda nuestro rastreador, llamado Innocence, se percató que justo a la izquierda y apenas a cuatro o cinco metros teníamos nítida la figura esbelta y elegante de un leopardo que nos observaba con una profunda e hipnótica mirada desde su posición privilegiada en la rama robusta de un árbol. Aquel animal era un macho imponente con su pelaje moteado e intacto. Parecía una pintura viviente cuyos ojos, intensos y dorados, se posaban durante un instante que parecía eterno, como si su mera presencia fuera capaz de revelarnos los secretos que únicamente los depredadores nocturnos conocen.

Leopardo fotografiado en el viaje a Uganda

Los afortunados asistentes vivimos con gran emoción aquel éxtasis de belleza salvaje. Durante muchos minutos fuimos incapaces de soltar nuestra mirada de aquella rama encargada de sostener al leopardo como si de su propio trono se tratara. Nosotros en el corazón de aquel reino salvaje, nos convertimos en meros observadores silenciosos de un momento mágico en el cual la naturaleza se esforzó en mostrarnos su esencia más pura. Cuando bajó del árbol desapareció por completo como un fantasma de manchas oscuras. De hecho no volveríamos a verlo más, pues sus dotes de camuflaje son excelsas. Este animal sólo se deja ver cuando el quiere, por mucho que uno lo desee con todo el alma. Y ahí está el juego y la emoción de un safari, algo así como jugar al escondite sabiéndote entre auténticos dioses de dientes afilados capaces de ocultarse de mil maneras.

Leopardo en Uganda

En apenas veinticuatro horas de viaje habíamos podido ver a los BIG FIVE de  un safari en África (contando a los rinocerontes de Ziwa), sin olvidarnos de la fortuna que tuvimos con los chimpancés de Budongo. Pero en estas cosas resulta imposible conformarse. Siempre se ansían nuevas oportunidades, un «más y mejor». Pero, por fortuna, éramos sabedores de que habíamos conseguido algo que no siempre es fácil.

La mejor luz a última hora de la tarde nos permitió gozar de los parajes del Parque Nacional Murchison Falls con un movimiento incesante de especies animales. Los búfalos abandonaban sus fangosos charcos mientras que distintos grupos de elefantes de bosque, algo más pequeños, con los colmillos hacia abajo y las orejas más redondeadas que los de sabana, nos permitieron despedir la jornada de la mejor manera.

Elefantes en el Parque Nacional Murchison Falls (Uganda)

Nos hospedamos en Pakuba Lodge, uno de los establecimientos hoteleros mejor ubicados del parque con vistas al río Nilo y donde los antílopes de agua así como otras especies tenían a bien pastar en la hierba mientras uno acudía a cenar o a desayunar.

Pakuba Lodge en Parque Nacional Murchison Falls (Uganda)

A la mañana siguiente, muy temprano y tras una noche de lluvias torrenciales, salimos a realizar un nuevo safari. Esta vez con un par de leonas lejanas que observaban desde los árboles sus posibles presas como elenco depredador, aunque, tras el espectáculo del día anterior, nos centramos más en disfrutar de otras escenas con jirafas, multitud de elefantes, monos de cola roja, antílopes de todo tipo y aves interesantísimas como los cálaos de tierra (Bucorvus leadbeateri).

Safari en Uganda

Éstos, inclinados ligeramente adelante, con su pico curvo y oscuro apuntando hacia abajo, permitían distinguir sus protuberancias rojas que les nacen en la papada mientras oteaban con efectividad el suelo. Buscaban insectos, carroña y otros alimentos en la tierra (aunque saben volar perfectamente). Sólo cuando logras tenerlos de frente, tarea harto complicada, se pueden distinguir esas pestañas que protegen del polvo esos grandes ojos redondos y oscuros cuyo plumaje azulado se empeña en maquillar.

Calao de tierra en Uganda

Calao de tierra en Uganda

Las jirafas, con su porte elegante y cuellos esbeltos, se alzaban como siluetas dotadas de gracia bajo los primeros destellos del sol. Sus manchas marrón oscuro y blanco contrastaban con la paleta cromática de la sabana, permitiendo divisar la armonía en horizontal. Sigue asombrándome ver cómo se desplazan con una elegancia serena bajo un abanico de movimientos pausados y bien acompasados que disfrazan de falsa torpeza. Agrupadas en la lejanía, erigiéndose como guardianes silenciosos de la sabana, se encargaban de sostener aquel formidable escenario.

Jirafa en Murchison Falls (Uganda)

Bajamos a una charca poblada por ruidosos hipopótamos que se arremolinaban en una pequeña porción de espacio. Allí hallaban protección ante el daño que el sol les somete y que les obliga a estar durante horas en remojo hasta que por la noche salen a devorar los pastos más frescos, llegando a recorrer grandes distancias para alimentarse.

Las cataratas de Murchison – Travesía por el Nilo en barco y a pie

El río Nilo se alza como auténtico protagonista del Parque Nacional, pues en su largo viaje desde el lago Victoria hacia el Mediterráneo, se estrecha y se ve forzado a despeñarse con toda su furia por un angosto cañón rocoso creando las increíbles cataratas de Murchison. Precisamente dicho estrechamiento obliga al Nilo a precipitarse de manera violenta a través de una abertura de aproximadamente siete metros de ancho cayendo desde una altura de unos cuarenta y tres metros, creando un rugiente y fascinante espectáculo de agua y espuma en un entorno frondoso, casi tropical, que difiere mucho de la sabana que le aguarda kilómetros después.

Cataratas Murchison Falls, uno de los principales lugares que ver en Uganda en un viaje

Para observar estas cascadas hay dos maneras, en barco y a pie. Y nosotros realizamos ambas. Hasta ellas llegamos en una navegación en una barcaza de dos plantas que duró aproximadamente hora y media, excursión que nos permitió disfrutar del Nilo más salvaje, repleto de fauna como antílopes de agua, hipopótamos a mansalva, cocodrilos y una gran disparidad de aves entre las que destacaban las garzas Goliat (llamadas así por su gran tamaño que llega a alcanzar casi el metro y medio de altura), distintos tipos del hermosísimo Martín Pescador (El Malaquita es el más pequeño, aunque se ven más los conocidos como «Píos», que son negros y blancos y nada asustadizos), abejarucos, cormoranes y no pocas parejas de águilas pescadoras, cuyas cabezas blancas destacaban sobre las ramas desnudas de los árboles de mayor envergadura.

Río Nilo en Murchison Falls NP (Uganda)

Cocodrilo en el Nilo (Uganda)

A varios cientos de metros de las cascadas nos sostuvimos en la proa para poder impulsar nuestros ojos y cámaras a tan magno espectáculo. Las cataratas de Murchison son un testimonio del poder de la naturaleza, donde el agua fluye con una fuerza imponente, generando una nube de rocío que se eleva en el aire y empapa los alrededores. La energía liberada por este caudaloso salto de agua es palpable y crea un ambiente cargado de emoción y asombro. A lo largo de los siglos, estas cataratas han sido una fuente de inspiración para exploradores, naturalistas y viajeros que han quedado maravillados por su majestuosidad. Sería el explorador británico Samuel White Baker el primer europeo en llegar hasta ellas en 1864, nombrándolas en honor a su amigo Roderick Murchison, presidente entonces de la insigne Royal Geographic Society.

Cascadas Murchison en Uganda

Nos bajamos en un improvisado embarcadero para caminar por un sendero angosto de tierra con el objetivo de aproximarnos más a las cascadas y no limitarnos a mirarlas en la distancia. Sólo fuimos unos pocos, ya que la mayor parte de las personas que estaban en el barco se dieron media vuelta. Un guía local nos acompañó en un trayecto de poco más de media hora que, si tuvo alguna dificultad, fue por una tormenta repentina que depositó su furia sobre nosotros durante unos minutos. Que fueron pocos, pero suficientes para regarnos de arriba a abajo (el chubasquero siempre es un aliado en Uganda, no puede faltar jamás en la mochila). Aunque tras el paso fugaz del temporal se quedó una luz preciosa que nos permitió contemplar los distintos ángulos de las cascadas (son varias las caídas) con el acompañamiento de arcoíris que añadían aún más belleza a un escenario de por sí colosal.

Cascadas Murchison en Uganda

Las vistas desde lo más alto son prodigiosas. Y mojan. ¡Vaya si lo hacen! Por lo que la tormenta anterior sólo hizo destaparnos uno de los secretos de la visita a los mejores miradores de las míticas cataratas Murchison, que no sólo se admiran sino que se sienten, te tocan y te permiten vibrar de un tramo del Nilo que difiere por completo de las serenas aguas con las que uno mucho antes ha navegado su largo e inmortal tramo capaz de regar a Egipto de una civilización irrepetible.

Parque Nacional de Kibale – Área de Bigodi – Cráteres lago

El Bosque de Kibale, un diamante en bruto en el corazón de Uganda, se erige como uno de los destinos más especiales del país, y de toda África, para la observación de chimpancés. Este exuberante parque nacional de alrededor de 770 kilómetros cuadrados se encuentra en el suroeste del país y alberga una de las poblaciones más grandes y diversas de estos primates cercanos a los humanos, ofreciendo a los visitantes la oportunidad de sumergirse en el misterioso mundo de estos «parientes relativamente cercanos». Se calcula, de hecho, que puede haber una población total de aproximadamente 1500 chimpancés, cifra que triplica, por ejemplo, la del Bosque de Budongo. Pero no sólo queda ahí Kibale, puesto que también cuenta con otras doce especies de primates como los cercopitecos, los colobus guereza (negros y blancos), el colobus cola roja, los babuinos, etc. También moran en este bosque alrededor de cuarenta tipos de mamíferos y más de trescientas especies de aves.

Bosque de Kibale (Uganda)

En dicho parque se organizan numerosos tipos de tours, siendo el más destacado el trekking de chimpancés por la selva (también hay posibilidad de realizar habituación con ellos y permanecer más horas, aunque te exige pernoctar en el área dos noches).

En nuestro caso, no escogimos Kibale para llevar a cabo esta actividad, puesto que nuestros intentos por poder observar a los chimpancés eran Budongo y la Garganta de Kyambura, que ofrecen bastantes posibilidades también y una tasa menor. Así que lo que hicimos fue hacer una caminata interpretativa en la zona de Bigodi, siguiendo una iniciativa que implica e impacta directamente en los locales de la aldea. Tras recoger unas botas de goma por si acaso los charcos, el barro y esas cosas, empezamos a caminar junto a varias personas que nos fueron mostrando particularidades medicinales de árboles, plantas y arbustos, además de ir viendo algunas especies de primates como el colobus guereza o el de cola roja.

Hay más de una decena de tipos de primates en el Bosque de Kibale (Uganda)

Nos habían contado que la caminata transcurría en una zona de confortables pasarelas de madera para hacer más llevadero el paseo por esta pequeña jungla pantanosa. Pero entendimos rápidamente lo de habernos dado botas de goma. Y es que dichas pasarelas eran prácticamente inexistentes. Se habían inundado y, con el agua, la madera estaba podrida, por lo que nuestra amigable y cómoda caminata sería por el agua durante un tramo de varios centenares de metros. Lo que al principio era incredulidad, terminó convirtiéndose en una aventura para todos y los gestos, incipientemente torcidos, pasaron a ser sonrisas y parte inolvidable de un gran viaje a Uganda.

Caminata por las pasarelas inundadas de Bigodi (Uganda)

Nota: De Murchison Falls NP a Kibale/Bigodi hay alrededor de 6 horas por carretera. Fort Portal es la ciudad más importante de una región plagada de bucólicos campos de té.

Paisajes de Uganda

DESPERTAR CON LAS MEJORES VISTAS DE KIBALE Y LAS MONTAÑAS DE LA LUNA

El alojamiento es también clave de un viaje a Uganda. Para la zona donde nos encontrábamos debo decir que selección fue magnífica, Isunga Lodge, un establecimiento dotado de cabañas con nombres de aves nativas, cada una con vistas prodigiosas del frondoso bosque de Kibale. Despertar con un horizonte de selva, montañas y niebla nos llevó a muchos de nosotros a contemplar esa Uganda con la que tanto habíamos soñado. Además madrugar tiene premio siempre, pues se pueden ver y fotografiar pájaros de vivos colores a gran cercanía. Como los simpáticos tejedores de plumaje amarillo o los cólibos o pájaros ratón reconocibles por la cresta de la cabeza y sus largas colas.

Vistas desde el Isunga Lodge de Uganda

Tejedor haciendo su nido (Uganda)

Desayunar una tosta de aguacate con esas panorámicas de Kibale o Rwenzori (Montañas de la Luna) fue un auténtico regalo para los sentidos.

Bosque de Kibale con niebla

Nyinambuga y otros cráteres-lago de Bunyaruguru

Entre Fort Portal, Kibale y el camino al Queen Elisabeth National Park hay decenas de cráteres-lago generados por antiquísimas explosiones volcánicas. Son conocidos como los cráteres-lago de Bunyaruguru y quienes pasan más tiempo en Uganda pueden aprovechar para conocerlos, realizar actividades náuticas (como paseos en canoa), observar aves, aunque es preferible no bañarse, pues existe cierto riesgo de contraer esquistosomiasis (enfermedad generada por parásitos). El único gran lago ugandés desprovisto por completo del parásito Schistosoma sería únicamente el Bunyonyi.

Lago-cráter Nyinambuga en Uganda

Pero asomarse a los cráteres inundados es siempre un gran atractivo. El más popular sería el Nyinambuga, cuya imagen aparece en el billete de 20.000 chelines ugandeses (el rojo). Otros también conocidos serían el Nkuruba, Nyabikere, Nyamirima, Nyanswiga, Lyantonde o Rukwanzi, aunque hay muchísimos más.

Cráter lago en Uganda

Nosotros hicimos la parada de rigor y, además, tuvimos la tremenda suerte de disfrutar de su pose en una rama al cálao carigrís (Bycanistes subcylindricus) con su poderoso casco por encima del pico. Una de las más de trescientas aves que se dejan ver por la zona.

Cálao carigrís (Ave fotografiado en Uganda)

Parque Nacional Queen Elisabeth

El Parque Nacional Queen Elizabeth se alza como uno de los destinos más emblemáticos y emocionantes para los amantes de la vida salvaje y la belleza escénica. Este parque, que toma su nombre en honor a la recién fallecida Reina Isabel II, está considerado como una de las joyas de la corona de Uganda. El tridente mágico lo compondrían Murchison, el bosque de Bwindi y Queen Elisabeth, imperdibles en cualquier viaje a Uganda que se precie, al menos en una primera vez en el país.

La importancia del Parque Nacional Queen Elizabeth radica en exhibir una biodiversidad excepcional. Con aproximadamente 1.978 kilómetros cuadrados, abraza una variedad única de paisajes y vida silvestre. Aquí, los visitantes pueden encontrarse con una amplia gama de ecosistemas, desde la sabana de la región de Kasenyi hasta las llanuras aluviales del río Ishasha o el gran espacio acuático que conforma Canal de Kazinga, encargado de unir dos grandes lagos como Lake George y Lake Edward. Dichos hábitats ofrecen hogar a una impresionante heterogeneidad de fauna, incluyendo leones, leopardos, elefantes, búfalos, hipopótamos e incluso chimpancés entre casi un centenar de mamíferos y una multitud de especies de aves que ronda las seiscientas especies.

Safari en el Parque Nacional Queen Elisabeth de Uganda

La importancia de Queen Elizabeth en la conservación y la investigación no puede subestimarse. El parque juega un papel crucial en la preservación de la biodiversidad de Uganda y en la comprensión de los ecosistemas únicos de la región. Además, su proximidad a otras áreas de conservación, como el Bosque Impenetrable de Bwindi y el Parque Nacional Kibale, crea un corredor biológico vital para multitud de especies vulnerables.

Elefantes en el Parque Nacional Queen Elisabeth (Uganda)

Queen Elizabeth National Park ofrece una experiencia completa de vida salvaje, paisajes sorprendentes y oportunidades asombrosas de avistamientos únicos. Su diversidad única de fauna y flora, junto con la posibilidad de rastrear chimpancés y disfrutar de safaris en 4×4 o en barco, lo convierte en un destino de viaje esencial en Uganda y en toda África.

Pero, dado su inmenso tamaño, pudimos abarcar cuatro áreas distintas del parque desde las cuales tuvimos ocasión de vivir unas experiencias extraordinarias.

Área de Kasenyi (Aldea de pescadores y salineras)

Grandes Euphorbia nos recibieron a nuestra entrada al Parque Nacional Queen Elisabeth. Conocidos como «árboles catedral» o «árboles candelabro», presentan tallos verdes que crecen de manera vertical, y a medida que madura, puede desarrollar ramas secundarias que se asemejan a brazos extendidos (de ahí lo de candelabro). Estos tallos son angulosos y presentan bordes afilados y prominentes, con espinas a lo largo de los márgenes, si bien nada tienen que ver con los cactus a pesar de su apariencia. Las espinas no son especialmente grandes ni peligrosas, pero proporcionan cierta protección contra el consumo por parte de herbívoros.

Mostrando en un mapa el recorrido que íbamos a hacer en el Parque Nacional Queen Elisabeth (Uganda)

Orgullosos e ilusionados de acceder a uno de los buques insignia de Uganda, empezamos a ver los primeros animales, sobre todo antílopes de agua, kobos de Uganda y algún que otro elefante en la lejanía. Pero nuestro primer objetivo era observar la convivencia entre las poblaciones locales y el espacio natural. Al contrario que sucede con el de Murchison Falls, hay varias aldeas, por lo que nos parecía interesante acercarnos a un núcleo poblacional y comprender su modo de vida. Para el caso Kasenyi es un buen ejemplo, primero porque las visitas turísticas les reportan un beneficio, así como por la posibilidad de pasear por su pequeño pueblo, llegar hasta donde se encuentran los pescadores que faenan en Lake George o incluso, algo más apartada, descubrir una laguna interior desde la cual extraen sal.

Pescadores y marabú en la aldea ugandesa de Kasenyi

La visita al pueblo de Kasenyi no fue algo que requiriera demasiado tiempo, pero sí permitió conectar con la gente, sobre todo los más pequeños que nos seguían a sol y a sombra. La mejor parte, quizás, fue la zona donde estaban las canoas, alargadas y pintadas de color verde, y una pequeña lonja cubierta donde se vendía el pescado, tilapia mayoritariamente. Allí había varios pescadores arreglando sus redes o arribando a tierra los más tardíos (suelen salir a navegar muy temprano o a la tarde, cuando se reduce el calor). A pocos metros unos cuantos hipopótamos nos observaban de cerca. Junto a ellos varios ejemplares de Martín Pescador Pío, se posaban en la proa de algunas embarcaciones, fijando esa mezcla magistral de actividad humana y naturaleza.

Niño y barcas en Kasenyi, el poblado de pescadores del Queen Elisabeth National Park (Uganda)

Volvimos a los vehículos para acercarnos a un lago salinero (Bunyampaka) donde se dejaban ver las jacanas y revoloteaba un grupo flamencos. Allí pudimos conocer cómo se extrae la sal y algunos aprovechar a juguetear con la cámara para aprovechar las áreas donde predominaba el rojo en apartados de mayor densidad salina. Justo arriba nos detuvimos unos minutos en una zona de puestos con souvenirs y artesanía a un precio interesante.

Salineras en Kasenyi (Uganda)

Canal de Kazinga (Navegación entre hipopótamos)

Uno de los espacios naturales de mayor interés del Parque Nacional Queen Elisabeth es, sin duda, el Canal de Kazinga. Se trata de un corredor natural de treinta y dos kilómetros de largo y algo más de quinientos metros de anchura media une las aguas de dos grandes lagos como Lake George y Lake Edward (este último tiene una parte dentro de territorio ugandés y otra perteneciente a la República Democrática del Congo). A este espacio del parque acuden a beber muchos animales, aunque se ha hecho conocido por albergar una de las mayores concentraciones de hipopótamos de toda África así como de cocodrilos, entre una amplísima diversidad de avifauna. ¿Y cuál es la mejor manera de descubrir esta maravilla natural? Por supuesto, en barco.

Cigüeña de pico amarillo en el Canal de Kazinga, Uganda

Salimos del embarcadero de Katunguru (hace años se salía también de otra zona distinta) y no llevábamos ni medio minuto, que ya teníamos frente a nosotros varios tántalos africanos, también denominados cigüeñas de pico amarillo (Mycteria ibis), al curioso avemartillo (Scopus umbretta) y no pocos búfalos en remojo para aliviar los rigores de un caluroso día. Pero el viaje, de aproximadamente dos horas, no había hecho más que comenzar.

Búfalos en el Canal de Kazinga (Uganda)

Desde la cubierta del barco, nos encontramos inmersos en un mundo donde los hipopótamos reinaban dentro del agua, como gigantes ajenos a todo mal empeñados en disfrutar de un largo baño. Sus cuerpos macizos y ojos curiosos se asomaban a la superficie, como guardianes del canal. Colosos serenos en su entorno, pero vigilantes a la vez que ruidosos. Por supuesto, resultaba imponente verlos tan cerca, aunque si no se les molesta ni se les corta el paso, se puede disfrutar de su presencia con total tranquilidad.

Hipopótamos en el Canal de Kazinga (Uganda)

Igualmente tendríamos la oportunidad de observar cocodrilos tomando el sol en las orillas arenosas, con sus ojos alerta y cuerpos inmóviles, aunque listos para cualquier oportunidad de caza. Otros encuentros memorables fue con los varanos (Varanus niloticus), reptiles enormes y sigilosos que se deslizaban por las orillas y la vegetación, revelando una sensación de misterio y antigüedad. Algunos de estos dinosaurios modernos, parientes africanos del gran Dragón de Komodo, se arrastraban con determinación con algún que otro enganchón en pareja (o trío).

Cocodrilo en el Canal de Kazinga (Uganda)

También se dejó ver por fin el Martín Pescador Malaquita (Corythornis cristatus), el más diminuto de la familia de los alcedínidos (donde se engloban a todos los Martines pescadores). Su aparición fue un regalo, una sinfonía delicada de colores brillantes y vibrantes que lo convierten en uno de los pájaros más bellos y conmovedores del África subsahariana.

Martín pescador malaquita (Canal de Kazinga, Uganda)

El Canal de Kazinga representa mucho más que un simple cuerpo de agua entrelazando dos lagos. Su existencia es un tributo a la naturaleza en estado puro desplegándose grácilmente en un territorio inundado de vida salvaje.

OYE, ESTÁ ENTRANDO UN ELEFANTE EN EL HOTEL

Una de las anécdotas más sonadas del primer viaje a Uganda sucedió cuando nos encontrábamos esperando a que nos dieran la llave de la habitación en nuestro alojamiento (Buffalo Safari Lodge) frente al Canal de Kazinga. Desde fuera y en voz baja, como si no fuera suficientemente impactante, escuchamos por parte de quienes fumaban un cigarrillo en la puerta que estaba entrando un elefante en el hotel. Tuvieron que repetirlo dos veces para darle credibilidad a la noticia. Y en cuanto nos levantamos pudimos reflejar con caras de asombro que aquello era verdad. Un inmenso elefante africano, de los más grandes que había visto en toda mi vida, estaba accediendo por el pasillo y dirigiéndose justo donde se encontraban las maletas de nuestro grupo de viaje de autor. Tras rebuscar en un cubo de basura fue avanzando por el jardín. Su figura imponente se deslizaba plácidamente, como un gigante silencioso que había descendido de un sueño de cualquiera de nosotros. Cada paso resonaba con un eco ancestral, y su presencia irradiaba una aura de grandiosidad inigualable. Finalmente tras evitar pasarse por la piscina, decidió salir pasando por una de las habitaciones tipo bungalow.

Elefante entra en nuestro hotel de Queen Elisabeth National Park (Uganda)

En efecto, eso también es Uganda.

Garganta de Kyambura (Rastreo de chimpancés en la grieta)

En el corazón del Parque Nacional Queen Elizabeth de Uganda, a muy pocos kilómetros al sur del Canal de Kazinga, un enigma geológico nos aguardaba para ser explorado: la Garganta de Kyambura. Este asombroso fenómeno natural se explica como una profunda y estrecha hendidura en la tierra, dentro de la cual se ha aferrado una selva tropical, brindando un contraste total con las llanuras de la sabana imperante en este vasto espacio natural protegido. El movimiento de separación de placas originó una grieta de algo más de diez kilómetros de largo y una media de trescientos metros entre sus bordes. La profundidad se estima en aproximadamente cien o ciento cincuenta metros. Y, si bien todo alrededor es llanura de escasa vegetación, la garganta se ha convertido en un fértil vergel, un hondo y exuberante bosque de árboles inmensos, sombras infinitas y el sonido del río Kyambura, que da nombre a la garganta, al que acuden a refrescarse hipopótamos y chimpancés, así como a beber algunos de los grandes felinos como leones o leopardos.

La Garganta de Kyambura es uno de los fenómenos naturales más increíbles que ver en Uganda

Lo que convierte a la Garganta de Kyambura en algo aún más especial tiene que ver con su función como un hábitat para una de las criaturas más intrigantes de la naturaleza: los chimpancés. A lo largo de de este espacio de densa vegetación, estos primates comparten su hogar con una destacada diversidad de otras especies de vida silvestre, creando un ecosistema rico y diverso. Se calcula que existen alrededor de ochenta de estos simios en «la grieta», razón por la cual se organizan experiencias de trekking donde rastrear a los chimpancés se ha convertido en uno de los grandes atractivos, aunque no el único, porque aunque no hubiera un solo primate, merece mucho la pena adentrarse en la extraordinaria cicatriz forestal dentro del Queen Elisabeth.

Imagen del centro de visitantes en la Garganta de Kyambura (Uganda)

El trekking de chimpancés en la Garganta de Kyambura es una experiencia que ha atraído a amantes de la naturaleza y aventureros de todo el mundo. Y, aunque en el bosque de Budongo habíamos tenido una gran experiencia, no quisimos ser menos. Dada la escasez de rangers en el área, nuestro grupo tuvo que dividirse en dos y salir en horarios diferentes. Fuimos acompañados de un guardián armado, pues dentro no sólo hay chimpancés sino otras muchas especies y en un safari a pie se deben extremar todas las precauciones posibles aunque el riesgo sea próximo a cero.

Senderismo en la Garganta de Kyambura (Uganda)

El descenso a las profundidades de la garganta fue más sencillo de lo esperado. Nuestras huellas se fueron mezclando con otras también recientes pertenecientes a leones, leopardos y también chimpancés. Las de estos últimos se reconocen fácilmente porque cuando caminan, clavan los nudillos de sus manos, quedándose un rastro muy notorio en la tierra siempre humedecida de este frondoso enclave tropical en mitad de la sabana. Y, aunque éramos conscientes de que verlos iba a ser tarea complicada, pusimos toda la emoción y el empeño en disfrutar cada segundo de la increíble experiencia que suponía estar ahí abajo así como en intentar seguir las pistas que iban dejando. Además, nuestro guardián acompañante era un auténtico sabueso que supo meternos en su bolsillo para lograr este propósito.

Visitantes en la Garganta de Kyambura (Uganda)

El tiempo no parecía avanzar mientras deambulábamos a través del intrincado laberinto de la garganta. Los sonidos de la selva nos tuvieron envueltos en una especie de letargo infantil que nos hacía ir con la boca abierta todo el tiempo. Nos sentíamos absolutamente diminutos dentro de aquella foresta de árboles gigantes por los cuales apenas penetraba la luz. De vez en cuando los ruidos de los hipopótamos nos ponían en preaviso.

Hipopótamos en la Garganta de Kyambura (Uganda)

En una ocasión nos paramos cerca de un río. Y, mientras charlábamos, el guía nos mandó estar en silencio, pues sentía que había elefantes cerca. Nosotros no habíamos oído absolutamente nada, pero le hicimos caso y desandamos unos metros hasta que, de repente, del mismo arbusto del que procedíamos, aparecieron tres elefantes de manera repentina. Tuvo que provocar cierto ruido con la culata de su fusil para evitar que los elefantes siguieran avanzando hacia nosotros y nos devolvió al punto de origen para reiniciar la caminata por otra parte distinta de la garganta donde, además, no tardó en afirmar que era muy probable que se hubiesen movido los chimpancés.

Río Kyambura (Uganda)

Descendimos por otro lado en busca una vez más de las orillas del río Kyambura, algo que logramos tras dejar atrás una zona taponada por telas de araña que parecía el nido de la araña gigante de Mordor que aparece en El Señor de los Anillos. Los babuinos se dejaban también escuchar por la zona. Probablemente la especie animal que más me inquieta y más desconfianza me genera. ¡No me parecería del todo raro que me sintiera más seguro y calmado caminando entre leones que haciéndolo en un área plagada de babuinos!

Telas de araña gigantes en la Garganta de Kyambura (Uganda)

Vimos regresar a otro grupo. Uno de ellos, en voz grave, nos confirmó sin demasiado entusiasmo que había visto a un grupo de chimpancés al otro lado del río. Segundos después empezamos a escuchar chillidos bien estruendosos a escasos trescientos o cuatrocientos metros de donde nos encontrábamos. Y salimos raudos, dejando atrás unas pasarelas de madera, y tratando de conectar nuestras miradas con el alboroto que presentíamos en unas ramas moviéndose. La emoción de un encuentro cercano con estos primates se fue intensificando a cada paso. Hasta que, por fin, lo logramos. Justo al frente, sobre un tronco caído en el río, un chimpancé macho nos daba la espalda. Tardó en minutos en moverse de ahí. No parecía importarle un pimiento que estuviésemos a tan sólo unos metros de él. Ni tan siquiera se giró para devolvernos la mirada. Sólo su mano rascándose el omóplato fue el único gesto que nos dedicó antes de retomar un sendero invisible que, por supuesto, fuimos siguiendo como pudimos.

Chimpancé en la Garganta de Kyambura (Uganda)

Primero se tumbó en lo que parecía una larga siesta, pero pareció pensárselo mejor y se sentó bajo un árbol apoyando su espalda en el tronco. Muy lentamente pudimos aproximarnos a él y por fin, observar con nitidez la figura de este animal tan próximo y, a la vez, tan cercano a nosotros. Su rostro reflejaba toda la calma que su afilada y desgastada dentadura dejaba apreciar entre bostezo y bostezo. Parecía estar escuchando a otros miembros de su familia que sentíamos en los árboles y arbustos de alrededor, pero que no llegábamos a ver bien. Así estuvo unos minutos hasta que subió por un terraplén muy empinado y resbaladizo.

Chimpancé en la Garganta de Kyambura (Uganda)

Nos costó llegar hasta él, que se perdió en la hojarasca, aunque nos topamos con el macho alfa, el cual descansaba a escasos metros de nosotros. Se dejó ver cuando subió a una rama gruesa, la misma a la que otros chimpancés más jóvenes accedieron en un ritual de saltos y acrobacias. El juego entre infantes es parte del aprendizaje para llegar a la vida adulta. Observarlos mientras se mueven ágilmente entre las ramas, juegan, se alimentan y se comunican nos pareció un espectáculo impresionante y revelador.

Chimpancé en la Garganta de Kyambura (Uganda)

Chimpancé en la Garganta de Kyambura (Uganda)

Pero el privilegio fue más allá. Pues vimos cómo se juntaba el grupo con más miembros, los cuales bajaron raudos de las pendientes aledañas para formar una fila única de simios en plena vorágine de chillidos. Puedo asegurar que jauría de chimpancés vociferando y dejando su eco en la selva resultó para los participantes de esta excursión una de las experiencias más apasionantes que uno puede tener en un viaje de naturaleza.

Cihmpancés en la Garganta de Kyambura (Uganda)

Sector de Ishasha (El área de los famosos leones trepadores)

El sector de Ishasha, situado en el el extremo suroeste del Parque Nacional Queen Elizabeth (cerca de dos horas de conducción desde Katunguru/Canal de Kazinga), resulta ser otro de esos rincones mágicos de Uganda donde la naturaleza se despliega en toda su inmensidad. Este área del parque destaca por unos paisajes de sabana ondulada aún más impresionantes, aunque en los últimos años se ha vuelto más popular por albergar una población de leones que trepan en los árboles y se dejan ver subidos en gran número por las ramas de las grandes higueras. Lo hacen para aliviar el calor y protegerse de algunos insectos molestos. Y, si bien no se corresponde a un comportamiento único (en el Serengueti de Tanzania pude llegar a ver una manada de leones trepadores), aquí son tan propensos a hacerlo que sucede casi cada día. Lo que no quiere decir que se vean siempre, pues el sector de Ishasha tiene un tamaño importante y no siempre resulta posible encontrarse con estos felinos. De hecho, puedo avanzar desde aquí que nosotros en dos salidas (una de tarde y otra de mañana) no tuvimos la fortuna de ver leones en la zona.

Kobos de Uganda y grullas coronadas en el sector de Ishasha (Queen Elisabeth National Park)

Las vastas llanuras de Ishasha se extienden hasta donde alcanza la vista, aunque también abundan ciertas colinas desde las cuales obtener una visión privilegiada de la sabana más hermosa de cuantas pudimos ver en Uganda. Los árboles de acacia se encargaban de puntear el paisaje, proporcionando sombra y refugio para la variada vida silvestre que habita la zona. El río Ishasha serpentea a través de este paisaje, atrayendo a una multitud de animales que dependen de sus aguas para sobrevivir. De fondo se aprecian nítidos los parajes gemelos, esta vez dentro de la República Democrática del Congo. Sin frontera de alambradas, tan sólo un destacamento militar junto al río (y donde no se pueden hacer fotos).

Topis en Ishasha (Queen Elisabeth National Park, Uganda)

Sin embargo, como ya he comentado antes, la característica más emblemática de Ishasha es su población de leones trepadores de árboles. Aquí, los leones se han adaptado de manera única para subir a los árboles y descansar en las ramas altas durante las horas de calor. Este comportamiento no parece la más usual entre la mayoría de las poblaciones de leones de África. Existe la hipótesis de que esta adaptación aquí surgida se debe a la necesidad de escapar de las tan irritantes hormigas así como hallar un lugar fresco para descansar durante las horas centrales del día.

Pero el sector de Ishasha también es hogar de una gran variedad de otras especies de vida silvestre. Los elefantes de sabana, búfalos, kobos, topis (uno de los pocos sitios de Uganda donde se hallan), babuinos, cercopitecos y una multitud de aves encuentran refugio en este entorno. Precisamente nuestra experiencia más memorable en esta parte del Queen Elisabeth tuvo lugar con elefantes, tras adivinar en el horizonte provenientes del otro lado de la frontera (RD Congo) no una manada sino varias. Llegamos a perder la cuenta pero debían ser casi doscientos paquidermos desplazándose de oeste a este. Momento que pudimos capturar, más que con nuestras cámaras (que también), con la emoción del que para todos pasaba a estar entre las mejores vivencias de todo el viaje a Uganda.

Viendo elefantes en el sector de Ishasha (Parque Nacional Queen Elisabeth, Uganda)

Porque, en medio del esplendor de la naturaleza, decenas y decenas de gigantes color gris, con sus colmillos curvados y resplandecientes como tesoros ancestrales, avanzaban a cámara lenta en una procesión majestuosa, como auténticos guardianes de aquel territorio. Una estampa de vida en movimiento donde la armonía de la naturaleza se manifestaba en su máxima expresión.

Elefantes en el Parque Nacional Queen Elisabeth (Uganda)

El Bosque impenetrable de Bwindi, el hogar de los gorilas de montaña

Los sueños se tejen con hebras de deseos y promesas. Millones de ojalás reflejan nuestros anhelos más profundos mientras se conectan en la férrea arquitectura de un mundo paralelo. Pues bien, eso era Bwindi para todos los componentes de esta expedición a Uganda. Un castillo de naipes que había empezado a erigirse mucho antes de lo que imaginamos. Desde ese primer paso fuimos poniendo una carta sobre otra con perfecto equilibrio para que no se derrumbara y seguir teniendo esperanza de culminarlo algún día. Y, justo para el final del viaje a Uganda, llegaría el momento más esperado, que es cuando colocamos la última, la más importante y deseada. Porque muy pocos sueños viajeros a cumplir son comparables con el mero hecho de penetrar en el Bosque Impenetrable de Bwindi y estar en contacto con los últimos gorilas de montaña del planeta.

Bosque Impenetrable de Bwindi (Uganda)

El Bosque Impenetrable de Bwindi, ubicado en el extremo suroccidental de Uganda, se explica como una de esas maravillas únicas de la naturaleza, un relicario sin parangón de la biodiversidad y la misteriosa y nublada belleza de la selva africana. Ese «impenetrable», que además de nombre es adjetivo calificativo, rinde homenaje a su densidad, a un inmenso y tupido laberinto de árboles, arbustos y lianas las cuales, interconectadas en su propia perfección, manteniendo en perfecta armonía a multitud de especies animales. Pero, no nos engañemos, lo que realmente imprime un hálito indiscutible de magia a Bwindi tiene que ver con que cuenta con una de las únicas poblaciones de gorilas de montaña de África y del mundo viviendo libres en su hábitat natural (Junto a Ruanda y RD del Congo en las montañas Virunga).

Quien viene a Bwindi viene a ver gorilas. ¡Faltaría más! Representa el objetivo número uno de todo viaje a Uganda que se precie, aunque el país demuestra de manera sobrada que, incluso sin ellos, seguiría conformando uno de los destinos más potentes, fascinantes, amables y agradecidos de cuantos visitar en África. Y toda la ruta se planifica en función de ese día, ese instante, el de conectar en su medio con estas magníficas criaturas. Pues existen unos cupos muy limitados para hacerlo cada día en cada uno de los sectores de Bwindi (Ruhija, Rushaga, Buhoma y Nkuringo) así como en Mgahinga (en plenos volcanes Virunga y con una única familia de gorilas) pagando una tasa para nada económica.

Gorila de montaña en Bwindi (Uganda)

A VUELTAS CON LA TASA TURÍSTICA PARA VER LOS GORILAS DE MONTAÑA (En Uganda, Ruanda y RD Congo)

Para ver los gorilas de montaña en los países donde tienen presencia, se implementó hace muchos años una tasa turística para financiar la conservación de esta especie en peligro crítico de extinción. Su importe es considerable pero los fondos recaudados se destinan a programas de protección de gorilas (personal biólogo, veterinarios, seguridad ante los furtivos, etc.), capacitación de guardas forestales, gestión sostenible de áreas protegidas y, muy importante, dar apoyo y medios a las comunidades locales. Limitar el acceso a través de la imposición de tarifas ayuda a proteger a esta especie amenazada y su singular hábitat, permitiendo además involucrarse a la gente local, la cual después de mucho tiempo entendió que a su pueblo le beneficia más un solo gorila vivo que cien muertos. Brindando a los visitantes, extranjeros y nacionales, la ocasión de observar y fotografiar a estos grandes primates en su entorno natural, contribuyendo a su supervivencia a largo plazo. Algo que se ha demostrado sobradamente, pues desde que se desarrollaron programas turísticos sostenibles en estas áreas, la población de gorila de montaña se ha cuadruplicado en los últimos cuarenta años cuando estaba abocada a una extinción irremediable.

Ver a los gorilas de montaña es uno de los grandes objetivos por parte de quienes visitan Uganda

El importe de las tarifas varía entre un país y otro. En 2024 en Uganda la tasa es de 800 dólares americanos por persona (a partir de julio) mientras que en Ruanda, el cual se está postulando como un destino de mayor lujo y que recibe un mayor número de visitas de turistas americanos, se pagan nada menos que 1500$. La versión más económica es la del Parque Nacional de Virunga en la República Democrática del Congo, donde en estos momentos se exigen 400$ por la visita, aunque la condición de país inestable e inseguro lo hace ser el menos elegido de todos.

Revisando los permisos para visitar los gorilas en Bwindi por las autoridades ugandesas

¿Qué incluye el pago de la tasa turística?

  • El permiso que le otorga el derecho de rastrear y observar a los gorilas de montaña en su hábitat natural. Cada visitante necesita un permiso individual para acceder a la experiencia de rastreo de gorilas.
  • El tiempo de estancia con una familia de gorilas, una vez es ésta es encontrada en la selva, se limita a una hora de duración.
  • Acompañamiento de guías y guardaparques: Un guía experimentado y guardaparques locales deben siempre acompañar a los grupos de visitantes durante trekking de los gorilas. Este personal experto no sólo ayuda a llegar a su objetivo a los visitantes en caminatas que pueden durar varias horas sino que además garantizan su seguridad en todo momento. Por supuesto, aportan información ciertamente valiosa sobre los gorilas de montaña y el ecosistema que habitan.
  • Se contribuye a la conservación de la especie y se revierte en el beneficio de las comunidades locales, generando incentivos para su participación en la protección y ayudando a mejorar sus condiciones de vida.

Las tasas no solo preserva a los gorilas y su entorno, sino que también fomenta un enfoque sostenible del ecoturismo que beneficia a la vida silvestre, a las comunidades locales y a los visitantes que desean conectarse con la belleza y la importancia de la naturaleza.

El trekking de los gorilas de montaña en Uganda

Siempre que se va a llevar a cabo el famoso gorilla trekking uno debe alojarse, al menos, una noche antes de la caminata. En nuestro caso, dado que se nos asignó el Sector Rushaga, pernoctamos en el Rushaga Gorilla Camp, a escasa distancia del centro de visitantes donde se inicia la ruta por el bosque para rastrear a los gorilas. Un establecimiento dispuesto en cabañas con fabulosos miradores a la prodigiosa naturaleza de tan magnífico enclave.

Terraza de la habitación Rushaga Gorilla Camp en el sector Rushaga de Bwindi (Uganda)

Tras una noche de intensísima lluvia torrencial y sueños interrumpidos por la impaciencia, los nervios y la expectativa, llegó el momento. Bwindi amanecía tal como había soñado durante toda mi vida, desplegando un bosque cubierto de manera parcial con una niebla encargada de difuminar los contornos de los árboles centenarios aportando, aún más si cabe, ese halo de misticismo que envuelve a este lugar. A mi cabeza me vinieron las historias de Dian Fossey y las imágenes de la película «Gorilas en la niebla» donde la genial Sigourney Weaver interpreta a la malograda zoóloga sin cuyo esfuerzo muy seguramente jamás hubiésemos estado allí. Creo que pocas veces en mi vida, salvo en el nacimiento de mi hijo o mi boda con Rebeca, había estado tan nervioso como entonces. Aunque, hablando con todos y cada uno de los integrantes de este viaje de autor a Uganda, me di cuenta rápidamente que las sensaciones y emociones coincidían. Éramos conscientes de que lo que estábamos a punto de vivir, nos iba a pasar por encima emocionalmente hablando.

Bosque Impenetrable de Bwindi, uno de los grandes atractivos que visitar en Uganda

Llegamos en apenas unos minutos al centro de visitantes de Rushaga y en ese preciso instante dejó de llover. Allí se expandió toda la burocracia para revisar minuciosamente los permisos y asignar una familia de gorilas a cada grupo de hasta ocho integrantes, razón por la que el nuestro se tuvo que dividir en dos. ¿Cuánto tendríamos que caminar para encontrar los gorilas? Esa es la pregunta del millón, pues puedes requerir de una hora, dos, tres o las que hagan falta, en función de qué familia se te asigne y dónde los rastreadores les hayan visto situarse por última vez (salen de noche hacia el lugar del último avistamiento para ser más certeros en su búsqueda). Cuando hay personas con menos forma física los guías de grupo suelen interceder para que no se les lleve a una familia que tienda a ponerse más lejos, pero no hay nada escrito. En nuestro caso el grupo que iba a la familia más próxima invirtió casi el doble de tiempo que a quienes nos habían asignado una más complicada de dar alcance. Porque no es matemático, los animales se mueven dentro de un área muy grande. Aún así hay que tener un mínimo de preparación física para lo que pueda suceder, ya que no hay senderos como tal, el suelo tiende a estar embarrado y resbaladizo y, en ocasiones, se deben subir pendientes empinadas.

Así de frondoso es el Bosque Impenetrable de Bwindi (Uganda)

Tras un espectáculo de danza de los nativos Batwa, grupo étnico pigmeo que siempre ha permanecido en la zona y donde reconozco arranqué a llorar como un niño de la emoción y, una vez nos asignaron a una familia de gorilas, los Kahungye (les denominan en función de las zonas del bosque donde fueron avistadas la primera vez), salimos con nuestra ranger y los guardabosques. También fueron contratados porteadores que nos acompañaran. Éstos no sólo ayudan con las mochilas, sino también a superar obstáculos y a ser puros facilitadores en la caminata (se les paga un mínimo de 20 dólares americanos + propinas aparte). Su labor es increíble, incluso para quienes están en mejor forma física. Y permite igualmente involucrar a la gente local en pequeños trabajos que aseguran una mejora de sus condiciones de vida. Forman una cooperativa y se turnan los días en los que pueden acudir al centro de visitantes para optar a que los turistas les contraten.

Baile de los Batwa en el Centro de visitantes de Rushaga (Uganda)

Surcar los inexistentes senderos del Bosque Impenetrable de Bwindi permite trasladarse por un universo de fantasía. La humedad en el aire se aferra a tu respiración mientras los parajes de jungla reverberan con una sinfonía de sonidos inclasificables, desde el canto de aves exóticas hasta el susurro de hojas bajo la suela de los zapatos. La vegetación es extremadamente densa, permitiendo que la luz del sol se filtrara a cuentagotas, creando un ambiente de misterio y maravilla. Nuestra fila iba a muy buen ritmo pues no estábamos contando con subidas complejas y, además, nos deteníamos a cada rato porque nuestra ranger no terminaba de recibir informaciones precisas sobre la ubicación de la familia de gorilas que íbamos a visitar. Al parecer, los Kahungye, constituida por diecisiete miembros, tendían a moverse en un minivalle pudiendo estar en una ladera u otra, más arriba o más abajo. De ahí que pasó casi una hora hasta que la guía tuvo certeza de dónde se hallaban. Decía que quería evitarnos caminar a lo tonto, subir para luego bajar, y prefería esclarecer, gracias al contacto con los rastreadores, la situación exacta de estos gorilas.

Caminata en el Bosque Impenetrable de Bwindi (Uganda)

En esos entretiempos aprovechamos a realizarle numerosas preguntas sobre la familia que íbamos a visitar, sobre cómo actuar ante ellos (distancia a tomar, si podemos mirarles a los ojos o no, qué hacer si se acercan, etc.), sobre los éxitos en la conservación de la especie e incluso de otros animales que viven en el entorno como elefantes de bosque y antílopes de diversa índole. Nos dejó muy claras varias cosas, que debíamos hacerle caso de cara a dónde colocarnos y hasta cuánto acercarnos (suelen establecerse siete metros), que los gorilas podían venir a nosotros y jamás deberíamos reaccionar ante ellos corriendo o mostrando miedo, que era mejor no hablar o, en caso contrario, hacerlo en voz muy baja. E importante también, debíamos ponernos las mascarillas que nos habían dado al principio, medida establecida para la protección de los gorilas ante virus transmitidos por los humanos, los cuales pueden serles realmente dañinos.

El grupo con el que subimos a ver los gorilas de montaña (Bwindi, Uganda)

Pero, de repente, recibió una valiosa información durante una de estas paradas. Los gorilas habían bajado y no andaban demasiado lejos, por lo que retomamos la marcha y, antes de que nos diéramos cuenta y descendiéramos por una empinada ladera, estábamos con una familia numerosa con buena parte de sus miembros al alcance de nuestros ojos. ¡No habíamos hecho apenas esfuerzo físico y habíamos logrado llegar hasta allí! Así que, a partir de ese instante, teníamos sesenta minutos de reloj para degustar la escena. Y, si algo puedo asegurar una vez vivido, que esa hora pasa tan rápido como un pestañeo. ¡Como para no aprovecharlo!

Detalle del Bosque Impenetrable de Bwindi en Uganda

Una hora entre gorilas

A escasos metros de la hierba que pisábamos estaba tumbado el cabeza de familia, Su Majestad el gorila de espalda plateada. Su posición no podía ser más despreocupada, colocando su enorme mano sobre la frente y dejando pasar los minutos. Justo detrás una hembra tenía agarrada una cría que no debía tener más de tres meses. El último año había sido dichoso para esta familia de primates, los Kahungye, pues se habían dado varios nacimientos, lo que ampliaba su número a diecisiete. Hasta hace no tanto eran sólo once, justo después de que hubiera una lucha de poder entre dos lomos plateados de la misma familia (en 2012 eran veintisiete miembros) y el nuevo líder se marchara con varias hembras y crías. Dicha escisión dio lugar a una nueva familia, el grupo denominado Busingye.

Gorilas en Bwindi (Uganda)

Pronto se incorporó otra figura de pelaje completamente negro a la que se distinguía una herida encima de su ojo derecho. Estábamos enmudecidos. Nadie sabía que decir. Incluso alguna que otra lágrima afloró mientras observábamos aquella escena entrañable en la que el más pequeño dejaba atrás a su madre y se subía sobre la gruesa barriga de su papá, el gran líder, para observarnos con una lindísima mirada de curiosidad e inocencia. Los gestos de estos animales recuerdan tanto a las personas que incluso en ese escenario atípico para los humanos como es una selva cerrada, nos damos cuenta de que, en realidad, no existe tanta diferencia entre nosotros. De hecho sostenía la primatóloga Jane Goodall que “No se puede observar durante mucho tiempo a los bebés de los gorilas sin darse cuenta de que tienen la misma necesidad emocional de afecto y seguridad que los niños humanos”. Resulta imposible desviar de tu cabeza ese nexo ancestral de millones de años. Por muy raro que parezca, es difícil sentirse un extraño en presencia de estos seres tan admirables, tan sociales y quienes, parafraseando una vez más a Goodall “han tenido más éxito que nosotros en cuanto a estar en armonía con el medio ambiente”.

Gorilas de montaña en Bwindi (Uganda)

Y mientras los minutos pasaban raudos como segundos, seguimos dulcificando y degustando el más mínimo movimiento que surgía. Mezclando la emoción del directo con la necesidad imperiosa de tomar imágenes y congelar en el tiempo fotografía a fotografía, plano a plano. En ocasiones cabe el temor y el riesgo de observar más por el visor que con tus propios ojos sin otro filtro que el aire humedecido y la luz colándose por la arboleda. Por eso intentaba autoexigirme limitar el uso de la cámara, aunque no siempre lo conseguía. Hay cosas que se deben grabar a fuego en la mente, aunque, por supuesto, retratar a estos grandes simios, se convierte en parte de una experiencia irrepetible.

Gorilas de montaña en Bwindi (Uganda)

¡Cómo no iba a estar obsesionada Dian Fossey con los gorilas! pensaba una y otra vez. Sólo estando con ellos de ese modo, uno acaba de comprender que esa obsesión disfrazada de sueño era irremediable. Nunca se hubiera marchado de aquellos bosques y hubiese dejado solos a sus «gorilas en la niebla». En ningún modo. Existía una conexión total entre ambas partes. Y, gracias a eso, al legado dejado por Fossey, vuelvo a repetir que nosotros estábamos allí porque quizás, sin ella, no seguirían quedando gorilas que admirar, estudiar y retratar.

Gorilas de montaña en Bwindi (Uganda)

Una de las muchas anécdotas surgidas durante la experiencia entre gorilas fue cuando de la copa del árbol que nos cubría cayeron excrementos, y más tarde orines, impregnando de todo un curso de primatología avanzada a algunos de los asistentes. Sin habernos percatado, había dos mamás gorilas con sus pequeñines comiendo justo encima de nosotros. Pero bastó una lluvia de deposiciones para darnos cuenta. Me libré por unos centímetros, pero quien no lo hizo, puede llevar lustrosa su camiseta de algodón diciendo con orgullo que esa mancha no es otra cosa que un genuino truño de gorila de montaña del Bosque Impenetrable de Bwindi en Uganda. ¡Menudo souvenir!

Sele viendo a los gorilas de montaña en Uganda

Justo a veinte metros frente al lomo plateado había más gorilas. Y, tras seguir las indicaciones de la guarda forestal, pudimos avanzar por un camino muy estrecho para estar más cerca de esa parte del grupo familiar y así observar escenas y rostros diferentes. No sin antes llevarnos el gruñido de una hembra camuflada en un arbusto. Y no fue un caso aislado puesto que cuando me agaché a mirar qué había ahí salió rauda del mismo hacia nosotros. Y, dado que no se puede ni se debe correr en esos casos, lo único que hicimos fue girar nuestros cuerpos, cerrar los ojos y aguardar que su salida hacia otra parte fuese lo más fugaz posible, como así sucedió. Conviene saber y recalcar que los gorilas, como animales salvajes, son pacíficos pero también impredecibles. Aunque, afortunadamente, nunca ha habido en este tipo de visitas a gorilas habituados, ni una sola ocasión que haya habido algo que lamentar. Estás en su casa y ellos se mueven como les plazca. Y si tienen que pasar a tres centímetros de ti, lo harán. Los visitantes somos meros observadores y huéspedes en territorio salvaje.

Gorila de montaña en Bwindi (Uganda)

Desde el nuevo punto de vista contamos con la suerte de admirar nuevas caras, nuevos gestos. Se trataban en su mayoría de hembras, algunas con su pequeño y otras jóvenes que conformaban el rebosante harén del macho alfa o espalda plateada. Llegando incluso a salir el sol, no pude evitar recordar una larga noche de tormenta donde el cielo había arrojado tanta agua como la que cae en mi ciudad en seis meses. Estábamos teniendo tanta suerte que, en ocasiones, me tenía que pellizcar para darme cuenta de que, en efecto, estaba despierto. Sensación compartida con algunos de mis compañeros de ruta en Bwindi. Sólo había que verles las caras. Todos y cada uno de nosotros éramos conscientes de que aquellos sesenta minutos, así como todo lo que había rodeado a aquel acontecimiento, nos acompañaría toda la vida.

Gorila de montaña en Uganda

Las madres gorilas bajaron de los árboles con sus cachorros agarrados de la espalda. Así que, poco a poco, el grupo se fue concentrando en torno al lomo plateado, quien continuaba sesteando como si nada, aunque tuviera que aguantar cómo los más pequeños jugaban sobre su cabeza. Una vez más «los bebés» en esa fase de curiosidad, juego y descubrimiento, se encargaron de protagonizar momentos de máxima ternura. ¿Cómo alguien alguna vez osa o ha osado a hacerle daño a esas criaturitas? ¿Qué tipo de deshumanización puede arraigar en seres considerados racionales? Ni hace un siglo los gorilas de montaña eran tildados en las crónicas de los exploradores como monstruos peludos y violentos propios los bosques tropicales de África Oriental. Hoy día, por fortuna, los gorilas se comprenden como monumentos vivientes, los últimos de una estirpe que explica el planeta que un día fue y que tenemos la obligación de proteger a toda costa.

Gorila de montaña en Uganda

La luz del sol, tímida y dorada, agonizaba para filtrarse con timidez entre las copas de los árboles, creando una atmósfera etérea. Sombras gruesas se movían entre las hojas para, segundos después, emerger de la vegetación como cuerpos fornidos, cubiertos de pelo negro y plácidos ojos marrones. Los detalles nos llenaban de asombro. Como esos dedos hábiles agarrándose a las ramas, el brillo de todos esos ojos ojos cuando nos observaban con una expresión fisgona capaz de sumar sabiduría y gentileza a esos rostros cargados de nobleza.

Gorilas de montaña en Uganda

Justo ahí debíamos decir adiós, mientras un bebé gorila hacía chasquear una rama mientras la doblaba con el peso de su cuerpecillo para venirse abajo y recibir esa mirada que sólo las madres saben hacerle a sus hijos. Última gesticulación de «humanidad» en nuestra breve y apasionante estancia en el reino de los gorilas de montaña, compartiendo tiempo y espacio con estos parientes distantes y a la vez cercanos con los que compartimos nada menos que el planeta.

Gorilas de montaña en Uganda

Y, regresando a la base, caminando sobre el barro con menos esfuerzo del esperado, rememoramos en silencio la belleza y la fragilidad de la vida salvaje, deseando que a través de la concienciación, el ecoturismo e impagables labores de conservación, generaciones futuras puedan seguir teniendo la oportunidad de admirar a estas increíbles maravillas de la naturaleza. No podemos ni debemos permitirnos que estos seres se apaguen de los bosques de África.

Gorila de montaña en Uganda

Lago Bunyonyi

De Rushaga salimos hacia nuestro último alojamiento del viaje. Sería en el Lago Bunyonyi, a un par de horas en coche, donde sumáramos nuestras reflexiones de lo que acababa de acontecer poco antes. Bunyonyi viene a significar «Lago de los pájaros» en la lengua local. Esta masa de agua dulce, con profundidades que llegan a alcanzar los mil metros, se encuentra perfectamente encajada en medio de colinas verdes y cubiertas de bosques, creando con collage de belleza rústica impresionante. Los vuelos de los ibis y el trompeteo de las grullas coronadas añadían lirismo a esta propuesta escénica presentada como la despedida ideal de un viaje magnífico. Cabe destacar que este es de los pocos lagos ugandeses donde uno se puede bañar sin riesgo a pillar parásitos.

Lago Buyonyi (Uganda)

Lo primero que llama la atención al llegar al Lago Bunyonyi es la quietud. Sus aguas tranquilas se extienden en una serenidad casi mágica, reflejando el cielo y las montañas circundantes. El lago está salpicado de pequeñas islas, nos permitía distinguir en el horizonte algunas canoas encargadas de viajar de una orilla a la otra. Horas más tarde serían las nutrias las que rompieran el silencio mientras asomaban sus cabecitas hacia un mar de nubes grises.

Lago Bunyonyi (Uganda)

Nuestro Lodge, llamado Birdnest Resort, nos permitió confraternizar nuevamente y, esta vez sí, empezar a hablar de lo acontecido en un viaje que ya tenía más pasado que futuro.

Línea del ecuador camino a Entebbe

Largo camino a Entebbe nos esperó en la última jornada. Una travesía en la que superamos pueblos con los comercios en ebullición, miles de boda-boda (ciclomotores que funcionan como taxis para la población local) adelantándose las unas a las otras, y áreas lacustres plagadas de papiros de largos tallos y copas de estrella tan propios de los países nilóticos y a los que una civilización como la egipcia sacó el máximo partido para convertir a estas plantas en el mejor soporte para su escritura. Es imposible agotarse con los paisajes ugandeses donde las tonalidades de verde tienden a infinito.

Nieblas matutinas en Uganda

Una parada clásica en este trayecto es cruzar el ecuador, esa una línea imaginaria que divide la Tierra en dos hemisferios: el hemisferio norte y el hemisferio sur. A la altura de Kayabwe, una pequeña localidad a un par de horas de la capital, se cuenta con una oportunidad singular para experimentar la sensación de estar en ambos hemisferios al mismo tiempo. El cartelón de la Línea Ecuatorial en Kayabwe marca este hito geográfico. Los visitantes se detienen, sin excepción, para jugar a estar con un pie puesto sobre el hemisferio norte y el otro en pleno hemisferio sur, así como aprender de algunas peculiaridades hemisféricas como la conocida con el nombre de «fenómeno de Coriolis», que se explica como una consecuencia de la rotación de la Tierra, la cual afecta a la dirección de objetos en movimiento, como masas de aire y corrientes oceánicas. Este efecto se manifiesta en forma de una desviación en la dirección de movimiento de estos objetos, en relación con la latitud en la que se encuentren. En el hemisferio norte, el Coriolis causa una desviación hacia la derecha, mientras que en el hemisferio sur, la desviación es hacia la izquierda. Algo que en lugares como Kayabwe (o en cualquier punto de la línea ecuatorial, aunque sea en Quito), algunos cuentacuentos tratan de demostrar en palanganas de plástico. Y, no es por quitarle hierro, pero cuando desagua en sentido a las agujas del reloj o al contrario en función de moverse un par de metros, es más bien por causas externas (la palangana en sí, la colocación, etc.) porque el fenómeno Coriolis, que es real, se demuestra en grandísimas masas de agua y no de esa manera. Lo demás son, como diría aquel… paparruchas.

Equipo del viaje de autor a Uganda en la línea del ecuador

Además de la experiencia «educativa» (entiéndase la ironía), la gracia de parar aquí tiene que ver con hacerse la foto, aprovechar para comer y estirar las piernas o dejarse los últimos chelines en una de las muchas tiendas de recuerdos donde se vende artesanía local.

Horas después nos subíamos al avión para dedicarle un hasta luego a Uganda. Porque a cualquiera se le haría demasiado duro decir «adiós» a ese lugar convertido en parte de sus sueños y de su propio destino.

Sele entre máscaras africanas en Uganda

TEST RÁPIDO SOBRE VIAJAR A UGANDA

Aquí tenéis una lista breve preguntas y respuestas cortitas y al pie sobre cuestiones de carácter práctico, aunque si deseáis profundizar, no os perdáis la recopilación de consejos útiles para viajar a Uganda:

  • ¿Hace falta visado para viajar a Tanzania?–> En efecto, el país exige este trámite, debiéndose realizar de manera online a través de la web oficial https://visas.immigration.go.ug/ rellenando un sencillo formulario y pagando el equivalente a 50 dólares americanos por el visado de una entrada para 90 días, 100€ para el de múltiple entrada en seis meses y 200€ en caso de poderlo utilizar durante todo un año. También existe el East Africa Visa, que por 100€ te permite entrar a Uganda, Ruanda y Kenia. En todos los casos se exige contar con un pasaporte vigente más de 6 meses a tener en cuenta desde la salida prevista del destino así como el certificado de vacunación de la fiebre amarilla. Te cuento al detalle cómo solicitar el visado para viajar a Uganda en este post.

Ejemplo de carta de aprobación del visado para viajar a Uganda

  •  ¿Qué aerolíneas vuelan a este destino?–> Desde Europa vuelan directas al aeropuerto internacional de Entebbe algunas compañías como, por ejemplo, KLM (vía Ámsterdam) o Brussels Airlines (vía Bruselas). Otras opciones las tenemos con Turkish Airlines (aunque hace parada técnica en Kigali a la ida) o la posibilidad de recurrir a Qatar Airways (vía Doha), Emirates (vía Dubai), Egypt Air (vía El Cairo) o Ethiopian (vía Adis Abeba). Hay vuelos diarios desde países próximos como Kenia, Ruanda y Tanzania.
  • ¿Cuántos días son recomendables como mínimo para este viaje?–> Para Uganda hay varios viajes posibles. Un recorrido por los principales parques nacionales y haciendo el trekking de los gorilas, exige un mínimo de diez días. Si se quieren hacer más zonas del país como el valle de Kidepo o cruzar a la vecina Ruanda, habría que añadir más tiempo.

Sele en Uganda

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  • ¿Es obligatoria alguna vacuna?–> Nos exigirán la cartilla de la fiebre amarilla tanto si procedemos de algún país donde ésta sea endémica como si no.
  • ¿Dónde cambiar moneda local?–> Se pueden conseguir chelines ugandeses a la llegada, en el propio aeropuerto. Y viene bien contar con algo de efectivo, porque muchas veces no admiten tarjetas (o dicen que no les funcionan los datáfonos).

Billete de chelines ugandeses

  • ¿Cómo tener internet en el móvil desde el principio? –> En mi caso me llevé una eSIM (tarjeta virtual que dejé ya instalada en el teléfono móvil antes de salir) para funcionar aquellos días. ¡Y tenía cobertura en todos los parques nacionales! Puedes adquirirla aquí con rebaja. Eso sí, añade el código descuento elrincondesele para aplicarle un descuento.
  • ¿Habrá más viajes de autor a este país con lectores de El rincón de Sele?–> En un futuro es muy posible. Lo que ya sí es seguro es realizaremos una gran ruta-safari para para mayo de 2024 donde haremos en un mismo viaje Kenia, Tanzania y la isla de Zanzíbar. Si quieres formar parte del próximo grupo, ponte en contacto conmigo.

Coche de safari en Tanzania

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Viajes de autor (Viaja con Sele)

Espero que esta información te sirva de ayuda para organizar tu próximo viaje a Uganda, aunque aquí tienes más información de carácter práctico. Si has llegado hasta este punto mereces una experiencia con los gorilas lo más dichosa posible. .

Aquí también puedes ver un vídeo vertical con un resumen musical, mucho más corto, eso sí, de lo acontecido en el viaje.

Por último, no quiero olvidarme de las personas que formaron parte del equipo de este gran viaje. Gracias a Begoña, Sara, Montse, Rosalía, Anna, Josep María, Carmen, Marta, Carla, Judit, Sebastián, Beatriz o Conchi. Por supuesto a Oscar Rodríguez por haberse implicado tantísimo en que todo saliera perfecto. Sin olvidar a nuestros aliados tanzanos al volante, quienes realizaron una labor encomiable. Por supuesto a todo el equipo de Pangea al completo por convertir una vez más uno de mis grandes sueños en realidad y continuar con una apuesta fuerte y seria por este tipo de aventuras.

Miembros del viaje de autor a Uganda

Viajo por cosas como esta…

¡Salud y viajes!

Sele

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PD: Ya disponible 30 consejos prácticos para viajar a Uganda, tierra de gorilas.

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